GOIZ ARGI

Artxibo rtf

Tolerancia
(9 - 2000ko Iraila)

Visitando el museo de Dalí en Saint Petersburg(Florida) uno se encuentra a salvo de la insoportable levedad de la cultura Disney que inunda los alrededores de Orlando. El museo estaba repleto de gentes de distintas nacionalidades, razas, religiones y etnias que intentan convivir en paz en este país, Estados Unidos, caracterizado por poseer una de las sociedades multiculturales más desarrolladas. Una sociedad que pese a todos sus problemas de integracion, está sustentada en regímenes de tolerancia crecientes, en donde las diferencias de grupo y la defensa del pluralismo van ganando la partida a la "cultura de la guerra". Unas ideas incorporadas incluso en el discurso de George W. Bush, en donde se considera a las minorías inmigrantes como un "tesoro" para el paíis. Un pluralismo cultural que coexiste con la ciudadanía común, caminando de la mano en el marco de una democracia fuerte que pretende ser cada vez más igualitaria.

La tolerancia sostiene a la vida misma, algo que desconocen los que siguen practicando su particular apocalipsis sangriento en Euskal Herria. Y la sustenta, porque la persecución conduce con frecuencia a la muerte, pero también porque sostiene nuestra vida en común en nuestros pueblos y ciudades, pues articula las diferentes comunidades que caracterizan a la compleja y plural sociedad vasco-navarra. Como afirma Michael Walzer (Universidad de Princenton), la tolerancia hace posible la diferencia y la diferencia hace necesaria la tolerancia. La metodología excluyente que se ha desprendido del pacto de Lizarra-Garazi ha roto la confianza que existía entre las diferentes comunidades presentes en Euskadi. Y nuestro país y España no pueden articularse sin confianza entre las partes. Necesitamos recuperar los entendimientos entre las diferentes concepciones de entender la Comunidad Autónoma Vasca, Navarra y España. Con acuerdos basados en el respeto del sistema democrático y de los marcos que hemos alcanzado juntos desde los últimos 30 años. Porque los sistemas de tipo federal y confederal, y España avanza hacia ese marco, están sustentados en la lealtad y en la confianza entre los diferentes grupos que forman parte de la confederación. Con un marco de entendimiento compartido, cada grupo vive con seguridad de acuerdo a su idiosincrasia y puede vivir libremente su propia cultura tanto en su ámbito familiar como el espacio público. Lo que provoca la ruptura de las comunidades es el temor a que una de las partes altere el balance, por el uso de la fuerza, y amenace las pautas establecidas en ese pacto de común acuerdo que acordaron las partes. Esto es lo que provoca la banda totalitaria ETA y sus turiferarios de Herri Batasuna, verdaderos adalides de la destrucción nacional que por desgracia han sido legitimados por los errores subyacentes a la estrategia que el nacionalismo democrático ha ido desarrollando en los últimos dos años.

Necesitamos fomentar el pluralismo en la sociedad vasca, la aceptación de la diferencia y potenciar esa confianza entre los vascos nacionalistas y los que se sienten españoles o vasco-españoles. Hay que admitir de forma entusiasta la diferencia, no solo por un mero motivo estético, sino porque ésta es funcionalmente buena para conformar un país más integrado, más cohesionado, en donde la cultura romance y la euskaldun se entremezclan y deben ser defendidas y apoyadas por un amplio abanico de ciudadanos con independencia de su adscripción política a una u otra comunidad.

Tolerancia que también necesitamos para comprender nuestras diferentes adscripciones identitarias presentes en la mayor parte de la ciudadanía vasco-navarra. Nuestro primer espacio existencial es aquél donde nacemos y vivimos, esos valles vasco-navarros a los que nos sentimos ligados por muy lejos que nos toque residir en nuestro particular periplo vital. Este espacio nacional está incluído en los Estados en los que convivimos, Espana y Francia, con unas culturas de las que también formamos parte y conforman parcialmente nuestro acervo cultural. Pero la nación y el Estado rodean concéntricamente a un nuevo marco todavía en período de formación, la Unión Europea, que está transformando la vieja concepción de los estados forjada en el siglo XIX.

Y cómo olvidarnos de los miles de vasco-navarros que participaron en el descubrimiento del Nuevo Mundo y hoy forman comunidades bien asentadas en toda Hispanoamérica y en los Estados Unidos!. Es precisamente esta riqueza de adscripciones identitarias, que se superponen unas a otras como círculos concéntricos con diferente fuerza, lo que diferencia a los nacionalistas vascos de los que únicamente poseen una o dos esferas identitarias. No son mayoritarias las personas que se sienten exclusivamente vascas, españolas o francesas. La inmensa mayoría participan de identidades múltiples que interactúan unas con otras.

Necesitamos tolerancia y flexibilidad para conseguir acuerdos políticamente estables basados en la lealtad de los miembros de las comunidades que tenemos diferentes concepciones de Euskal Herria. Porque la coexistencia, exige acuerdos políticamente estables y moralmente legítimos articulados en base a acuerdos entre mayorías sociales que vayan ampliando el cauce del río sobre el que construir esa Euskadi basada en el compromiso con la diferencia y la tolerancia.

Arturo Goldarazena Lafuente
(Universidad de Florida),miembro de la Asamblea Nacional de EA