GOIZ ARGI

Artxibo doc

Reflexiones caribeñas

Hace quince días estuve en Miami en un asunto de trabajo y aprovechando el viaje, mis compañeros de facultad me llevaron a conocer Cayo Hueso, Key West, a unas 5 horas en coche de la "pequeña Habana". Los cayos son espléndidos, pero lo que más me impactó fue el color del agua del Caribe, de un poderoso verde turquesa, que según contaban los isleños era único en todo el área. La puesta de sol en la playa coincidió con un desfile de bohemios y saltimbanquis, entre los que había una hippie que estaba recitando de forma tenebrosa y entrecortada una estrofa del "Entierro de los Muertos"..... :

Ese cadáver que plantaste el año pasado en tú jardín,

¿ha empezado a retoñar? ¿florecerá este año?

¿O la escarcha repentina le ha estropeado el lecho?

¡Ah, mantén lejos de aquí al perro, que es amigo del hombre,

o lo volverá a desenterrar con las uñas!

Casualidades de la vida, que aquella mujer tuviese entre su repertorio este pasaje de La Tierra Baldía, que por cierto fue traducido del inglés al euskera por Gabriel Aresti dejando un poso importante en gran parte de la obra del poeta vasco.

El poema de Eliot presagia cambios próximos y se esfuerza en reconocer los signos de ese cambio inminente. Habla de muerte, pero también de resurrección, menciona el invierno pero resalta el comienzo y el esplendor de la primavera, incide en la crisis y el fracaso del hombre pero también adivina su triunfo perpetuo.

Creo que el nacionalismo vasco tiene futuro, pues la sociedad vasca no puede entenderse sin nacionalismo. Un nacionalismo que debe articularse en un proyecto sólidamente democrático respecto a los contenidos que debe defender para nuestra sociedad vasco-navarra. Es necesario recorrer críticamente toda la estrategia que hemos seguido desde hace unos cuantos años, antes incluso que la gestación del Pacto de Lizarra-Garazi.

Una crítica que debe ser serena, algo que en estos momentos se ve dificultado por el grado de ofuscación y agresividad a que están sometidos todos los partidos, muy especialmente EA y PNV. Por desgracia, los partidos nacionalistas se encuentran acorralados y son rehenes de su propia estrategia, que ha sido utilizada despiadadamente por el PP y el PSE, provocando una situación de crisis institucional sin precedentes en la corta historia de Euskadi.

Debemos aprender la lección que día a día los ciudadanos de la CAV y de Navarra nos han impartido. Y frente a los fáciles reduccionismos de crear ejes mayoritarios, exclusivistas, frentistas y homogéneos, ellos nos han dicho que los mejores gobiernos son aquellos que suman nacionalistas y españolistas, gobiernos que conjugan a las dos comunidades presentes en la sociedad vasca. Hoy mas que nunca la sociedad vasca reclama un gobierno plural que conjuge ambas sensibilidades, que diera estabilidad a las instituciones del país y un gobierno PNV-EA-PSE sería el más adecuado para satisfacer estas demandas.

Hay que trabajar por la pluralidad en Navarra, pero hay que ser coherentes también en donde el nacionalismo vasco es mayoritario y resulta incoherente que si reclamamos la presencia y el respeto por la ikurriña en la ribera del Ebro no seamos capaces de respetar la simbologia española en Bermeo, por poner dos ejemplos. En este sentido creo que es muy acertadas la idea de Joxan Rekondo cuando afirma que es necesario y urgente crear condiciones sociales para que las diversas tradiciones y proyectos de identidad que existen en el país puedan desarrollarse y convivir de manera interactiva y enriquecedora (Bietan Jarrai, Jalones para una política vasca de integración democrática).

Otro punto importante es que el nacionalismo debe de asumir y asimilar que la paz no puede ser resultado de satisfacer los deseos de los violentos, las demandas de la ETA. Hay que separar los conceptos de pacificación y de soberanía o problemas de corte político. Esta idea ya ha sido explicada con reiteración desde los primeros números de Goiz Argi hace casi ya un año, pero es importante tenerla en cuenta en estos momentos que vivimos las amargas consecuencias del fracaso de la estrategia de Lizarra-Garazi.

El nacionalismo debe asumir la pluralidad como algo enriquecedor, no por mero motivo estético, sino porque nuestra sociedad se beneficia de este crisol de formas de entender Euskadi. La creatividad, la vitalidad de la sociedad, su potencialidad, radica en la "biodiversidad" de los vascos y por tanto nuestro proyecto político nunca debe olvidar o hacerse ignorando al 50% de la sociedad vasca y mucho menos marginándolo políticamente en estrategias de corte segregacionista impulsadas por un deseo ciego de pacificación que conculque la libertad.

La renovación del nacionalismo tiene que interiorizar la transformación Europea y su globalización, especialmente la transformación del concepto de "estatalidad", pues la construcción de la nación cívica depende cada vez menos de la simbología del arcaico Estado Nacional. Una construcción social de la nación que no depende tanto de la territorialidad, especialmente en una situación tan compleja como la nuestra, sino de la aplicación de medidas concretas y del desarrollo de todas las herramientas que el ciudadano vasco necesita diariamente para vivir, en unos tiempos harto difíciles que a menudo requieren interdependencia.

La separación de Euskadi para formar un Estado independiente se ha justificado casi siempre en nombre de la imposibilidad de garantizar de otra manera el libre desarrollo de la identidad vasca. Pero creo que esta argumentación no es correcta y que la independencia y la estatalidad de Euskadi, aun siendo una opción legítima y democrática, no es la más acertada para dar respuesta a esta cuestión. No sólo no es una buena respuesta, sino que afirmo que es una respuesta mala, de las peores que se pueden ofrecer, pues está provocando la ulsterización del País, su disgregación y la mayor "españolización" por erosión de las bases sociológicas del "centro político" del que históricamente se ha nutrido el nacionalismo vasco.

Pero es que además, ETA en su famosa carta a los intelectuales (junio de 1965), en un documento que aspiraba a resumir la ideología del movimiento en el momento de su publicación decía que: "si bien, para nosotros la forma más adecuada es la creación de un Estado vasco, existen sin duda otras formas posibles, como una federación, un Estado supranacional europeo, etc., todas ellas compatibles con la vida de la nación como tal" ( La Historia de ETA Elorza et al., Ed. Temas de Hoy, 1999).

Y es que la identidad de la sociedad vasca, después de los 30 años de autogobierno, con todos los problemas que hemos tenido, dista mucho de estar amenazada o en peligro de extinción. Creo que si miramos como se está desarrollando y expandiendo el euskera, incluso en Navarra y creo que muy pronto mejorará sensiblemente en Iparralde ( –son esperanzadores los acuerdos firmados por Seaska y el Gobierno francés y el notable avance en el tema corso puede extenderse a otras minorías y aliviar el espíritu uniformizador republicano), vemos como la identidad vasca no está en una situación de tanta opresión ni de extinción como nos intentan vender nuestros amigos de la izquierda aberchale (sic). Una vez más hay que recalcar que la independencia no puede ser nunca un fín en sí mismo y que la supervivencia del Pueblo Vasco es más importante que los marcos con los que podamos dotarnos, como muy bien explica Joseba Arregi en su último libro, La nación vasca posible.

No creo que haya que insistir mucho en la invertebración de Euskadi, por cierto también de España, para pensar que efectos tendría un hipotético referéndum de independencia. Sería un auto de terminación del propio País. ¿Dónde se tendría que efectuar el recuento? ¿También en Navarra? ¿Sólo en la Comunidad Autónoma Vasca? ¿Quizás también en Iparralde? ¿Y si un territorio exige que se haga sólo en su marco y decide abandonar Euskadi?. Pensemos antes en Álava, Navarra e Iparralde antes de iniciar una estrategia suicida y autolítica.

Por tanto, apuesto por el gradualismo y la legalidad como metodología para ir avanzando en la construcción social de "lo vasco", frente a toda esta estrategia que ha engañado al nacionalismo por aquellos que únicamente pretender destruir lo que hemos construido con tanto esfuerzo a lo largo de nuestra corta historia democrática.

Estas preguntas no son baladíes..... ¿Qué ocurriría si el resultado a la independencia fuera favorable en Guipúzcoa , y contrario en Álava, en Navarra y en Iparralde? ¿Qué ocurriría si un 51% de los vizcaínos votan a favor y un 49% en contra?

¿Mediante qué criterio definimos la unidad mínima que posee ese derecho a la autodeterminación? ¿Es este el mecanismo para conseguir un País más cohesionado, atendiendo a la pluralidad estructural que caracteriza a la compleja sociedad vasca?.

Desde mi punto de vista, apostar por este tipo de estrategia sólo favorece la destrucción del País, su disgregación y la aparición de fenómenos provincialistas (como Unidad Alavesa) y la potenciación de UPN. Creo que el nacionalismo debe tener una concepción no obsesiva en el estatalismo y en conceptos como la territorialidad, pues es sueño del zazpiak bat puede quedarse reducido, como mucho, a un Goiherri independiente provocando una auténtica atomización de Euskadi. ¿Es este el mecanismo que vamos a seguir para conseguir un país más cohesionado, atendiendo a la pluralidad estructural que caracteriza a la compleja sociedad vasca?.

El nacionalismo necesita florecer y recuperarse del larguísimo invierno que está asolando nuestro país. Una gélida mortandad invernal que ha puesto en solfa la credibilidad de la ideología nacionalista y que ha tirado por la borda gran parte de la capacidad de integración que tenía. Lo que tanto costó construir se ha malogrado en un segundo, llevando a los ciudadanos al marasmo y a la desesperanza.

Sin embargo, no quiero acabar esta reflexión en negativo porque como decía más arriba el nacionalismo tiene mucho futuro en Euskadi y en Europa. Esta resurrección esperanzada que deseo que tenga el nacionalismo, debe estar basada en el retorno a una política central que atienda los deseos de una sociedad plural; plural en lo cultural, en lo ideológico, en sus adscripciones, en su forma de entender Euskal Herria... Un proyecto que prime el desarrollo social e intercultural frente a viejos fetiches jurídico-institucionales. Un retoño que brote en torno a un proyecto que aliente la participación de una mayoría social, como ya lo hizo hace una década, en donde el nacionalismo vivió su particular y fructífera alegoría primaveral que nos sugiere el poema de Eliot.

Arturo Goldarazena Lafuente

(Miembro de la Asamblea Nacional de EA)