GOIZ ARGI

(Número 6. Zenbakia - Maiatza 2000 Mayo)

Artxibo doc

¿Quousque tandem?

ETA ha vuelto a asesinar. José Luis López Lacalle es la cuarta víctima mortal desde que la organización terrorista anunciara el fin de tregua iniciada en septiembre de 1998 y que ha dado lugar al más dilatado periodo sin atentados mortales desde los años setenta. Los documentos publicados la semana pasada sobre los acuerdos tácitos fracasados entre el nacionalismo democrático y la banda terrorista, demuestran como la ausencia de obituarios durante estos 15 meses ha provocado el fortalecimiento de fuertes lazos ideológicos y políticos entre el nacionalismo democrático y el universo de ETA. Muchos hemos advertido de los peligros que suponía negociar con la banda mesiánica, desde la dificultad que ha supuesto la crítica a la metodología de Lizarra-Garazi dentro de un nacionalismo que se ha dejado la piel a tiras en la consecución de un proceso de paz. Lo cierto es que a día de hoy Lizarra-Garazi ha fracasado en sus dos objetivos fundamentales: la consecución de la paz y la democratización de Herri Batasuna y su plena incorporación a las Instituciones vasco-navarras. Sin embargo, el fracaso no significa que no se debiera haber intentando aprovechar la situación creada por el periodo de alto el fuego, pues la ausencia de violencia creaba dinámicas propias favorables para la paz.

Una cuestión importante respecto a la pacificación, es que no se puede dar una paz a cualquier precio. Este planteamiento además de injusto, no puede llevar nunca a una paz duradera. La reconciliación entre las partes y sobre todo el convencimiento por parte de los victimarios de que no hay ninguna posibilidad de obtener beneficios políticos de la violencia, son puntos fundamentales para avanzar en el camino de la pacificación. ETA debe interiorizar un arreglo entorno a paz por presos y todo acuerdo político debería darse entre los partidos que representan a la ciudadanía vasco-navarra. Obviamente un marco de entendimiento entre todas las fuerzas políticas exigiría a HB que asumiera la incompatibilidad entre sus legítimos intereses políticos y la permanencia de la kale borroka u otros métodos de coacción y de la violencia de ETA.

En la gestión del proceso de paz y de entendimiento con ETA, el nacionalismo vasco democrático ha actuado con ingenuidad y lo que es todavía más grave desde una inusitada improvisación, como si no conociera cuales son los objetivos de ETA con respecto al nacionalismo democrático: su progresivo debilitamiento y pérdida de influencia política para convertirse en los referentes del nacionalismo en una Euskal Herria fuertemente polarizada. ETA quiere "volver a la Casa del Padre", para desalojar a EA y PNV y quedarse con la casa y el solar. Sólo en un ámbito de polarización, de ulsterización, de frentismo político extremo, podrían desarrollar su estrategia de terror basada en el triunfo de la muerte y perpetuarse sin problemas.

El fracaso de todo este proceso parece indicar un futuro nada halagüeño para las soluciones menos traumáticas al problema de la violencia en Euskal Herria. El autoconvencimiento de ETA que conllevara su autodisolución forzosa a través del diálogo o de forma unilateral, ha fracasado.

Puede que durante estos próximos meses, de continuar ETA con su infernal escalada terrorista, observemos un goteo de significativos militantes de Herri Batasuna que abandonan la formación. Pero no parece probable que Herri Batasuna rompa amarras con ETA, ante la vergonzante dejación de independencia política que ha demostrado a lo largo de este proceso y de su historia como partido. HB ha sido sumisa a la organización terrorista y el apoyo de muchos de sus militantes a ETA está anclado en profundas raíces sociológicas al considerar a la banda como un mito con el que autotranscienden personal y políticamente. Sólo una ruptura de EH-HB con ETA o su autodisolución permitirían la supervivencia política de HB como partido político, haciendo menos traumática la salida de este túnel. Pero desgraciadamente, la realidad que estamos viviendo no nos permite ser muy optimistas. El retorno a los asesinatos, la perpetuación genética de la violencia en un sector importante de la juventud vasca a través de la kale borroka, y la ulsterización social del País, pueden llevarnos a un progresivo aislamiento y debilitamiento político de Herri Batasuna que sufriría un abandono progresivo de sus dirigentes más moderados. Mientras tanto, cobraría fuerza la solución meramente policial para acabar con ETA sin que ésta hubiera siquiera conseguido solucionar el problema de sus presos y exiliados. Con un conflicto enquistado, en el que el diálogo entre las partes estuviera ausente, el nacionalismo democrático se vería seriamente afectado, especialmente de mantenerse cualquier devaneo de colaboración política con el mundo de HB.

El nacionalismo vasco democrático no puede tirar por la borda 30 años de esfuerzos basados en la integración, el respeto a la pluralidad de la sociedad y la construcción nacional basada en el afianzamiento y evolución de las actuales Instituciones vigentes (Diputaciones Forales, Parlamentos y Ayuntamientos). Un nacionalismo que ha basado su concepto de libertad en la hospitalidad y en la solidaridad. Un nacionalismo vasco que debe ser crítico cuando sus dirigentes aluden a criterios de "natividad" para azuzar conflictos que actualmente no existen en la sociedad vasco-navarra. ¿Acaso pretendemos ulsterizar el País?. Porque somos muchos los nacionalistas que queremos entendernos en nuestras diferencias, respetando los diferentes planteamientos políticos y los valores singulares e íntimos de cada ciudadano. Por eso queremos la Paz, pero una paz basada en la libertad y en el reconocimiento de la memoria todas las víctimas del conflicto vasco.

Arturo Goldarazena Lafuente