(Número
1 Zenbakia 1999)
Artxibo doc
Acerca
de una entrevista de Txema Montero
La figura de Txema
Montero tiene un brillo especial. Este antiguo eurodiputado de HB, admirador
de la República Democrática Alemana de Honecker, apologeta de Saddam
Hussein en el Parlamento Europeo, un hombre para el que la burguesía
existía de la misma forma que existían las prostitutas, se encuentra
ahora encumbrado en las alturas de la Fundación Sabino Arana. Por mucho
que en la pura ubicación de su labor se de un cambio aparente, sus opiniones
no dejan de retrotraernos a sus raíces ideológicas. En este sentido,
la coherencia de Montero es ejemplar.
Es una pena que el periodista que le hizo una de sus últimas entrevistas
(El Mundo, 18-4-99) no recordara aquella frase de Clausewitz que en
momentos determinados salió de los labios de Txema Montero: "paz improbable,
guerra imposible". Eran otros tiempos. El MLNV volcaba su violencia
contra la sociedad vasca con un anhelo exhaustivo, y, por tanto, era
menester relativizar las consecuencias del acogotamiento social mediante
esa expresión paradójica. De repetir esa frase en las actuales circunstancias,
habría que decir que Mayor Oreja se ha constituido en uno de sus mejores
discípulos, como gran obstáculo de la paz ergo también, en términos
monterianos, promotor de la "guerra imposible".
Lo primero que llama la atención en la entrevista es el tono de ponderación
y realismo que destila. Txema Montero considera realmente, en todo su
peso concreto, las afirmaciones de Arnaldo Otegi y ETAm en cuanto a
que todavía no nos encontramos en un proceso de paz. Da a esas afirmaciones
el valor neto que dirigentes nacionalistas quisieran soslayar buscando
un clima de ilusión y optimismo sobre el cual caen como jarro de agua
helada. Para Montero, y es de agradecer que nos lo recuerde, "todo esto
que estamos viendo ha sido posible, a mi juicio, por duro que parezca
pero es real, por obra y gracia de ETA, que en un momento determinado
ha dicho "así no vamos a ningún lado, vamos a intervenir en política".
Creo firmemente que si la dirección de ETA no toma la decisión, ese
proceso no se hubiese dado dentro del MLNV. Pero de igual manera puede
darse, y eso sí que es irreversible, que si ETA existe con su liderazgo
carismático indudable dentro del MLNV, con sus líneas formales e informales
de poder dentro del MLNV, y dice "¡media vuelta, ar!", pues media vuelta,
ar".
Con este símil sacado de la imaginería bélica, Montero nos da a entender
que del mismo modo que se ha propiciado una situación de tregua, y los
organismos del MLNV han actuado en consecuencia, cabe darse la situación
contraria, en la que si "el atajo es lo que les puede dar más resultados
políticos y el atajo es la utilización de la violencia" ETA volverá
a tomar las armas y los organismos sectoriales del MLNV, que ahora se
dedican a atacar a militantes del PP y del PSOE, a jueces, a cajeros
automáticos, etc, extenderán más el radio de sus acciones como en los
mejores tiempos de la socialización del sufrimiento. Montero nos señala
correctamente esos peligros. Ahora tenemos que analizar su terapia.
Txema Montero considera que "no es buena ni para HB y debo decir ni
para el resto de la sociedad" que ese partido desautorice la kale borroka.
Insistiendo en ese punto, afirma que la finalización de la lucha armada
"no puede dar en absoluto la impresión de ser una derrota, que pueda
parecer que es la renuncia, el rechazo, el arrepentimiento a lo que
fuiste". La apelación a la condena moral de los medios violentos, a
los daños causados por los mismos tanto en lo político como en lo social,
o, como decía el obispo Setién, "la condena de las estrategias que avalan
a la violencia", serían, al parecer de Montero, elementos claramente
negativos dentro de la etapa que nos toca vivir.
Nosotros nos preguntamos, acaso de forma ingenua, si es posible o probable
una paz en la que los ejecutores de los actos de violencia consideren
que sus medios y su acción han sido plenamente legítimos e incluso útiles,
hasta que llega un determinado momento en que las iniciativas políticas
han tomado el relevo. Las afirmaciones de Txema Montero nos llevarían,
en este sentido, a una reconstrucción del Bietan Jarrai. Del mismo modo
que el MLNV puede, en determinado momento, apostar por la dejación del
asesinato político (aunque otras formas de lucha, como la kale borroka,
perduren), ello no quita para que se pueda dar otra ocasión en la cual
bajo el mismo criterio de la utilidad y la legitimidad la lucha armada
no pueda producirse nuevamente. Nos estamos refiriendo a la filosofía,
a las estrategias, que contemplan el uso de la violencia, lo que en
términos marxistas sería la "superestructura" o la ideología, la normativa
moral y política que avala la utilización de medios violentos.
Montero establece conscientemente una confusión entre la necesidad de
una paz "sin vencedores ni vencidos" y los requisitos necesarios para
acabar con el conflicto. Puesto que, entre estos requisitos, entraría
una honda reflexión ética y política acerca de las consecuencias del
uso de la violencia, las responsabilidades compartidas (entre ETA y
el Estado), etc, etc. Montero, en improbable alianza con Fernando Savater,
plantearía, así, en la práctica, una división estricta entre ética y
política, donde esta última, reducida a un mero juego de poderes, podría
desenvolverse sin la necesidad entrar en el resbaladizo terreno de los
valores, o, lo que es lo mismo, podría prescindir de la evaluación de
las responsabilidades morales que han dado como fruto la situación de
conflicto.
Hablando del ritmo que tiene que llevar el actual proceso político,
Montero, con un símil relativo a los gloriosos tiempos de antaño, nos
señala "como decía el Che Guevara, que la marcha del pelotón guerrillero
en la sierra la tiene que dar el soldado que va más lento. Es decir,
que igual resulta que en este proceso de cambio estratégico, tienen
que ir al paso de los que van más lentos en la partida y que son los
que todavía no acaban de comprender". "Los que van más lentos en la
partida" serían aquellos que todavía contemplan el uso de la violencia,
los "que todavía no acaban de comprender".
¿No resulta curiosa la utilización de una metáfora bélica para describir
un "proceso de paz"? ¿Existe alguna sutil ironía, algún guiño, que al
lector convencional, deseando escuchar las sesudas recomendaciones de
este consejero áulico, se le pueda escapar? Lo cierto es que Txema Montero
nos dice que habrá que subordinar el proceso al ritmo que marquen aquellos
que todavía defienden la lucha armada. Espléndida paradoja. ¿Es este
el camino seguro hacia la paz? Un camino que prescinde de reflexiones
éticas, que apuesta por no atosigar a los que siguen utilizando la coacción
como medio de lucha política, que, además, convierte a aquellos que
no creen en la paz en los guías que nos llevan hacia ella. Ciertamente,
aquellas gentes que, por impotencia y por carencia de iniciativa, han
dimitido de la consecución de una solución propia de este problema,
pueden correr el peligro de quedar deslumbrados ante tanta sutileza,
y dejarse llevar por sus arrullos.
Como Jonan Fernández, como Patxi Zabaleta, como tantos otros, Txema
Montero pertenece a esa casta especial de políticos que ha conseguido
la hazaña de revestirse de credibilidad sin traicionar un ápice a sus
orígenes. O lo que es más: ha logrado que su actual máscara de hombre
alejado del MLNV sea la mejor cobertura para defender las tesis más
radicales de éste. Y desde dentro de la fundación Sabino Arana. Tiene
su mérito.
Joxe Morate