GOIZ ARGI

(Número 2 Zenbakia - Otsaila 2000 Febrero)

Artxibo doc

LAS TRES COMPAÑIAS

Afirma un dicho empresarial: "hay tres clases de compañías: aquellas que hacen que las cosas ocurran; aquellas que esperan que las cosas ocurran; y aquellas que se sorprenden por lo que ha ocurrido".

La afirmación se refiere a tres planteamientos estratégicos que se corresponden con tres tipos psicológicos de práctica empresarial. Al ser "tipos" poseen una validez universal no necesariamente reducible al mundo de las compañías. Y al ser "estratégicos" siempre tienen algo que ver con todas aquellas disciplinas que implican la previsión o proyección de algo, sea un producto o una ideología.

La realidad política de Euskadi da pie a que podamos ver a los partidos y las estrategias dentro de este esquema. Y que esta visión nos sea útil más allá de lo puramente descriptivo. Tratemos de responder a la pregunta: ¿Cuál es/son el/los partidos "que hacen que las cosas ocurran", "que esperan que las cosas ocurran" y "que se sorprenden de lo ocurrido"?

Aquellos que hacen que las cosas ocurran.

Nadie podrá negar a la tregua y a su posterior ruptura fuerza de condicionamiento considerable. El ejercicio de la lucha armada es uno de los factores que "hacen que las cosas ocurran" en Euskadi. Y eso se ha hecho notar con quizá más fuerza en este periodo donde no han ocurrido atentados. La propia organización armada ETA decía recientemente que la función de la lucha armada era "influir de manera notoria en la situación política". Y refiriéndose a la tregua: "sólo que en este caso, al contrario, se ha conseguido encauzar esa capacidad de influencia decisiva mediante la interrupción de la lucha armada".

Entonces para ETA, la "lucha armada" y la "interrupción de la lucha armada" no son más que caras de la misma moneda, modos de "influir de manera notoria en la situación política". A este esquema, a esta combinación entre paz y guerra, entre legalidad e ilegalidad, se denomina en términos técnicos "guerra popular" o "lucha popular" ("herri borroka"). La combinación de medios heterogéneos e incluso contradictorios de lucha caracteriza la "guerra popular".

La tregua se declaraba casi en el aniversario del asesinato de Miguel Angel Blanco y de la mayor reacción social por parte de la sociedad vasca en contra de ETA. Los propios escritos de la organización armada recalcan la negra situación del año 97. Este año se caracterizaba por los golpes policiales, el agotamiento de la exclusiva estrategia de "socialización del sufrimiento", el encarcelamiento de la mesa nacional de HB -ante la indiferencia o aprobación de la sociedad. Parte de la opinión pública -y de la clase política- consideraba la tregua como prueba de la debilidad del MLNV.

La tregua se identificaba como un cambio de rumbo, como una evolución, casi como una conversión o una muestra de recapacitación del MLNV.

Como hemos subrayado anteriormente la tregua era un instrumento táctico ya previsto dentro del arsenal logístico de ETA. Para ETA, ya desde 1997, antes del asesinato de Miguel Angel Blanco, la tregua no era más que un instrumento de ordenación de intensidades. Decía la organización en aquel año: "Mediante una disminución de la "kale borroka" sobre sus intereses, conseguiremos confundir nuevamente al PNV y a EA, e iremos preparando una nueva tregua que consiga romper definitivamente sus amarras con el Estado español". La "disminución de la "kale borroka" contra los intereses de PNV y EA, la declaración de la tregua -o técnicamente hablando la "interrupción" de la lucha armada (ETA, Zutabe, Marzo 1998)- constituye un elemento de "confusión" en el sentido que antes hemos indicado: la tregua se identifica con un cambio -casi de identidad- de la organización armada, cuando esta la inserta en un esquema bélico, donde "confundir" al enemigo tiene una función vital.

Dice ETA que "durante los primeros meses del Acontecimiento (la tregua) se dio un cambio radical en la situación política" derivado "de un cambio de correlación de fuerzas". La tregua, pues, era la condición de posibilidad de una unidad de acción con los partidos nacionalistas y con IU y con ello "de un cambio de correlación de fuerzas" de un desplazamiento del eje demócratas/violentos hacia el de constitucionalistas/autodeterministas. La defunción súbita del Pacto de Ajuria Enea y la creación del Pacto de Lizarra formalizaba ese desplazamiento.

La discusión política posterior a la declaración de la tregua, bajo la exigencia del MLNV de plantear la cuestión del marco jurídico y la inhabilitación del Estatuto de Gernika, era la situación ideal para que el debate acerca de la violencia quedase en un segundo plano. La "violencia residual" de la kale borroka y los sabotajes se interpretaban al albur de pervivencias de elementos aislados -cuando ETA explícitamente hablaba de la "disminución" de la kale borroka, evocando la mano que modula un termostato.

La organización armada había dejado de golpear con sus muertos las conciencias de las personas. La ilusión de normalidad, más las voces tranquilizadoras de muchos, se añadía a la situación. Este era el clima propicio para poner en la palestra el debate acerca del "marco-jurídico".

La acción combinada del Gobierno español -planteando un discurso de terror, de "hacer las maletas", de inamovilidades constitucionales- y del MLNV -con los cantos de sirena de una Euskadi independiente en cuatro días- creó las condiciones adecuadas de una radicalidad verbal absolutamente sin contenido -sin contenido en cuanto a la perspectiva inmediata de la materia que se estaba hablando.

Cada paso de la construcción nacional virtual que lideraba el MLNV se correspondía con posturas de total cerrazón constitucional por parte del Gobierno español. El hecho de que los nacionalistas no clarificaran posturas -en cuanto a la irrealidad de las propuestas del MLNV y la transgresión del marco estatutario por parte del PP- ayudó a que el clima de bipolaridad mediática se tradujese en una realidad electoral con esa tendencia. El MLNV, de una manera consciente, estaba tratando de hacer emerger una fractura social en función de un debate político previamente cocinado.

El contexto de este debate y la ordenación de fuerzas creada durante la tregua constituían así el escenario perfecto para la reanudación de la lucha armada. El MLNV ya había previsto esta nueva etapa y curándose en salud -tratando de no perder el impulso de optimismo social generado durante la tregua- decidía su no participación en las próximas elecciones generales. La cota de retroceso electoral que le podía tocar quedaba desdibujada dentro de la nebulosa de la abstención técnica.

Esta estrategia perjudicaba mayormente a EA a PNV. Su función era presionar a los partidos nacionalistas de tal manera que no les quedase otro remedio que seguir el camino de ruptura institucional propugnado por el MLNV. Esa ruptura iba acompañada de la propuesta de ETA de crear una asamblea constituyente de los siete errialdes de Euskalerria.

Frente a la deslegitimación del sistema representativo vigente, el MLNV propone otro sistema de representación. Y mientras propugna la abstención ante las elecciones generales, ese otro sistema elaborado sobre sus propuestas posee características muy "democráticas". Decía Otegi, "No estamos planteando ni aventuras ni rupturas traumáticas o violentas; planteamos un modelo de insumisión civil y democrático por parte de la ciudadanía vasca (...) Si en nuestra propuesta sólo participa el 40%, más un 30% de abstención técnica, sería ya unos comicios con el suficiente aval democrático".

Frente a los males de la "democracia representativa" burguesa el MLNV propone un sistema de "democracia participativa" en el cual la participación de un 40% del electorado ya es suficiente.

Estas son las características de la "construcción nacional" del MLNV. El periodo de tregua ha servido para poner en marcha mecanismos de contrapoder y alianzas varias que (ya con una lucha armada actuante, pues como dice Otegi, atentados y colaboración con los nacionalistas, "no tienen porque ser incompatibles") deben cumplir sus proyecciones sociales de crear un sistema alternativo institucional sobre las ruinas del anterior. Antes que "construir" hay que "destruir", siguiendo el viejo espíritu revolucionario marxista-leninista.

El elemento de destrucción se apoya paradójicamente en una propuesta de construcción de una "asamblea constituyente" para los siete errialdes de Euskalerria; el MLNV propugna una virtualidad política como guía de ruptura de la legalidad vigente; utiliza la idea nacionalista como horizonte, que en la práctica inmediata presupone el enfrentamiento civil y político de la sociedad vasca. Desde las contradicciones surgidas a partir de la acción combinada de la lucha armada y la acción política nacerán nuevas ocasiones de "hacer que las cosas ocurran".

Aquellos que esperan que las cosas ocurran.

El Gobierno español, y los partidos españoles en general, no dependen de las eventualidades del problema vasco. Su jurisdicción abarca la totalidad del estado. Euskadi, con toda su importancia simbólica, no juega un papel destacado como realidad electoral que decida un gobierno u otro.

La estrategia del MLNV durante estos últimos años favorece sobremanera la prestancia social de los partidos españoles y sobre todo, ha impulsado la ascensión electoral del PP. Una ascensión electoral, todo hay que decirlo, pagada con el asesinato y el acoso sobre sus militantes; la reacción de indignación social mayoritaria frente a la "socialización del sufrimiento" ha revertido en la progresión electoral del PP.

El Gobierno y los partidos españoles han visto aquí la ocasión de erosión social del nacionalismo, su minorización dentro de Euskalerria y la posibilidad de creación de una mayoría constitucionalista. Esperando, viendo las cosas venir tal como las tenía planificadas el MLNV, se encuentran ante un escenario donde la posibilidad de hegemonía política está al alcance de la mano -con unas instituciones vascas en minoría, con una colaboración por parte de EH totalmente conflictiva para sus socios de gobierno, con un nacionalismo atenazado por las ansias de consecución de paz y, por tanto, dependiente de los cantos de sirena provenientes del MLNV; con una realidad electoral en la clave bipolar que interesa al MLNV para construir una realidad de trincheras y enfrentamiento.

Para el Gobierno español la cuestión vasca constituye una cuestión de estado. Todas las fuerzas políticas y mediáticas españolas deben converger en el combate contra el nacionalismo. La identificación nacionalismo/violencia, identificación que por muchas razones posee una credibilidad social, se considera el instrumento propagandístico adecuado para conseguir esa mayoría constitucionalista.

Si la bipolarización favorece al MLNV, al dejarle como único referente nacionalista con la bandera de un maximalismo puramente táctico, también favorece al Gobierno, en cuanto a que la destrucción del espacio central nacionalista se contempla como la antesala de la derrota general del nacionalismo.

La consecuencia práctica sería la de una Euskadi fracturada y dividida entre dos modelos de funcionamiento -el constitucionalista y el revolucionario- mutuamente excluyentes pero que convergen en su labor de quitar de en medio la fuerza de estabilidad social y política que ha supuesto el nacionalismo en Euskadi desde principios de la transición.

Lo que se ha dado en llamar la "ofensiva españolista" constituye, por otro lado, un factor muy viejo de la política vasca. Es en estos momentos cuando la acción del MLNV consigue que tal ofensiva llegue a calar y llegue a tener credibilidad -no por su propio impulso, sino porque el MLNV esgrime la bandera de la "construcción nacional" en oposición a la legalidad constitucional. El MLNV pretende impulsar un tremendo retroceso en el ámbito de la construcción política en Euskadi -que posee instrumentos fundamentales de configuración nacional, como es el Estatuto de Gernika- para llevarnos a un contexto de enfrentamiento abierto con el estado, como si nada hubiera pasado durante estos veinte años.

El análisis del discurso españolista nos lleva a la conclusión de que es constante y de que tiene raíces en la época franquista. Los trazos gruesos de este discurso van por el camino de la identificación nacionalismo/violencia, basado en la identidad entre PNV-EA y el MLNV -identidad desmentida durante los últimos veinte años pero que mediante el espejismo de Lizarra ha adquirido una validez virtual. Si en la época franquista se oponía al nacionalismo "la sacrosanta unidad de la patria española" ahora se le opone "la sacrosanta unidad constitucional de la patria española". En nombre de los valores eternos de la España imperial o en nombre de los valores de la democracia constitucional española, la actitud es la misma: imponer un modelo acabado de integración territorial, donde el poder recae en una mayoría necesariamente española. Para cualquier nacionalista vasco eso es inaceptable.

Que el fundamento de tal visión sea el de la democracia representativa no quita un ápice a la concepción totalitaria del ordenamiento jurídico que esgrimen los partidos españoles y sus adláteres intelectuales. Una mayoría social española crea un marco de referencia política y los vascos nos tenemos que subordinar a ella. Es una visión totalitaria porque no admite la democracia más que en los términos formales establecidos -la Constitución española; todo lo que esté más allá o más acá de ella cae en la jurisdicción de lo no legal. La interpretación española de la democracia es meramente jurídica; la democracia no constituye un proceso dinámico de adecuación de un determinado marco al cambio social, sino que es un cortijo jacobino fuera del cual sólo deambulan los parias, los nacionalistas.

Desde esta perspectiva, las conculcaciones de pactos vigentes -como el del Estatuto- están justificados en base a los objetivos extraconstitucionales de los nacionalistas. El Estatuto debe subordinarse no al espíritu de un pacto entre fuerzas políticas plurales sino al de la unilateral interpretación jurídica de tribunales hispánicos. El resultado de todo esto es la precarización de las instituciones vascas -sujetas a los vaivenes de los impulsos destructivos de la cerrada visión constitucional de la jurisprudencia española- y el constante estado de alarma de los nacionalistas, que ven como cada acuerdo y cada pacto exige un esfuerzo sistemático de rearme político.

La situación creada por ETA con la ruptura de la tregua favorece, a corto plazo, el ascenso de las fuerzas españolas. De ahí la estrategia de "verlas venir" por parte del Gobierno: contempla un contexto maduro donde el PNV y EA podrían ser descabalgados de sus cotas de poder institucional y la posibilidad para el PP de una hegemonía electoral dentro de Euskadi. Tras la destrucción política del nacionalismo -piensan- solucionar el problema de la violencia será cosa sencilla.

Con un MLNV fuerte y una masa nacionalista frustrada y decepcionada tal "sencillez" es algo muy relativo. La bipolarización y el enfrentamiento civil sólo favorecen a los que propugnan la guerra y las posturas maximalistas. Mientras tanto, los partidos españoles "esperan que las cosas ocurran".

Aquellos que se sorprenden de que las cosas ocurran.

Los partidos nacionalistas han sido las víctimas propiciatorias de todo este proceso. Pero esa categoría de "víctima" no les quita responsabilidad de su propia difícil situación. Los partidos nacionalistas firmaron el Pacto de Lizarra bajo dos presupuestos: que el Gobierno español se "movería" -en política penitenciaria, en dar una salida legal al contencioso; y que ETA no tendría más remedio que mantener de forma irrevocable su tregua. Ambos presupuestos han fallado de forma escandalosa; luego los líderes nacionalistas "se sorprenden que las cosas ocurran".

Resulta innegable el esfuerzo que han hecho los partidos nacionalistas para llegar a una paz justa. La propuesta de Ardanza a los partidos políticos, poco antes del fin de su mandato, constituyó un último esfuerzo por mantener el consenso entre fuerzas plurales dando una salida al problema político. La cuestión de la "salida" -la conciencia por gran parte del nacionalismo de que el MLNV, en un estado de supuesta debilidad, necesitaba una excusa política para integrarse en el juego democrático- fue también una de las razones de la firma del Pacto de Lizarra. En esto también el diagnóstico de los nacionalistas estuvo radicalmente errado.

Tanto la propuesta de Ardanza, como la ponencia elaborada el mes pasado por el PNV, como la Ponencia Política de EA aprobada en el congreso de noviembre de 1999, son intentos de configurar una apertura política hacia mayores cotas de poder y de autogobierno. Pero todas ellas poseen un elemento inasimilable por parte del MLNV. Mantienen una ligazón con el marco actual, con el Estatuto de Gernika, con los pasos reales, que no virtuales, que hasta ahora se han dado a favor de la construcción nacional. Desde la base de salvaguardar los pasos dados hasta ahora, se plantea un nuevo horizonte.

El MLNV, sin embargo, no puede defender un modelo institucional que lo condena a ser minoría y que, para más inri, constituye un elemento de "integración" del nacionalismo dentro del sistema de democracia representativa. Por eso habla "del solar sobre el que se construirá Euskal Herria", de la necesidad de que "limpiar el proceso de instituciones e interferencias institucionales que promueven la partición del pueblo". Alude a un "solar" -a un territorio "limpio" de "interferencias institucionales"- es decir, a un espacio vacío de lo que es previo, desde donde "construir Euskal Herria".

Al contrario de los nacionalistas, para los cuales resulta obvio que no partimos de cero y de que por muy insuficientes que sean los poderes de las instituciones vascas son fundamentales para el presente y para el futuro, el MLNV prevé un primer movimiento de "destrucción" de la realidad fijada vigente, para que obtengamos un espacio libre de interferencias desde donde construir a su gusto. Ese ámbito de "destrucción" no se limita a las estructuras políticas sino que abarca la estrategia histórica del PNV y de EA, de una construcción nacional con referentes muy concretos, como el Gobierno Vasco, previos a la realidad constitucional y con una carga de legalidad propia muy fuerte. El modelo de "construcción" del MLNV pasa por la destrucción del nacionalismo y de sus logros políticos.

Dentro del fuego cruzado de iniciativas del MLNV y de estrategia de la espera del Gobierno español, el nacionalismo ha mostrado una capacidad de maniobra muy escasa. Hasta tal punto que mucha gente empieza a dudar de si realmente es la fuerza decisiva que puede solucionar el problema que nos ocupa. Y es que el nacionalismo asume dos premisas profundamente erróneas: la primera es que, como hemos dicho antes, el MLNV necesita una "salida", un "campo de aterrizaje"; la segunda es que los proyectos políticos entre el MLNV y el nacionalismo son compatibles dentro de una andadura conjunta.

La colaboración con EH dentro de las instituciones ha mostrado claramente que es un socio mucho menos llevadero que el PSE-EE. A una "Unidad Popular" de ideología y conformación revolucionaria, la gestión del poder público le interesa muy poco. Pero es una manera efectiva de presionar a sus socios de gobierno, de tenerlos en precario, sin darles ninguna garantía y con la posibilidad siempre de, en cualquier momento, dejarlos en la estacada. El sabotaje institucional es también un medio eficaz de lucha: la aprobación de los presupuestos del Gobierno Vasco y el rechazo de los presupuestos de la Diputación de Guipuzcoa por parte de EH ha permitido a la agrupación dar la impresión de una entente de gobernabilidad con los nacionalistas y, en la práctica, reventar su capacidad de gestión por medio del veto en Guipuzcoa -donde, no nos olvidemos, EH, en un alarde extremo de cinismo, ha votado con el PP y el PSOE.

Los nacionalistas chocan constantemente con estos escollos debido al falso diagnóstico respecto a la naturaleza de sus socios de EH. Todavía se oyen voces en cuanto a que el MLNV tiene que acostumbrarse a una política de gestión, hay que enseñarles, etc. Esta perspectiva responde al supuesto de que el Movimiento tiene una concepción rudimentaria de hacer la política.

Lo cierto es que el MLNV es la maquinaria política más sofisticada que existe en Europa Occidental. Nutrido de las construcciones ideológicas más exquisitas de las universidades progresistas europeas, del espíritu de antagonismo radical respecto al capitalismo que caracterizaba a los movimientos revolucionarios tercermundistas, poseedor de un sistema múltiple de organizaciones y movimientos, que están controlados por un férreo ejército de comisarios políticos y que como en un juego de espejos quieren dar la impresión de variedad, el MLNV no tiene nada que "aprender" acerca de la política de la democracia representativa. Su función es la de sabotearla y reventarla, si es posible también desde dentro. Su perspectiva de antagonismo con el actual modelo vigente de sociedad es total y se proyecta en cada una de las acciones que acometen.

El MLNV es "nacionalista" en el mismo sentido que Franco era "demócrata". Su concepción del nacionalismo es puramente instrumental, en cuanto a que la problemática nacional vigente en Euskadi constituye un elemento sobredeterminante del conflicto planetario entre modos antagónicos de sociedad. El carácter instrumental que el nacionalismo tiene para el MLNV pasa por dos tipos de ruptura; la primera sería respecto a los mecanismos legitimadores del sistema político, como tal "sistema"; y la segunda en cuanto a expresar la ficción de un cambio político que se sobrepone a la realidad de la evolución social (¿o es que alguien piensa que Euskadi ahora es más nacionalista que en el año 1979?). El maximalismo táctico de ETA va a la búsqueda de un escenario de enfrentamiento civil, como paso previo a una "construcción" hecha a la medida del reforzamiento de sus intereses.

La única alternativa realmente nacionalista operante en Euskadi es aquella que se deriva del pacto estatutario, que es un pacto abierto y dinámico. El Estatuto de Gernika posee una reserva de poderes que significa una reserva de principios, unidos a la historia de los territorios vascos: reserva de principios que asumían históricamente todos aquellos que reconocían el carácter libre y pactado de la integración territorial de las regiones vascas con España. En este sentido, los nacionalistas vascos recogen una tradición vasca que se encuentra más allá de la adscripción al nacionalismo como doctrina o ideología. Recogen un principio general que es el que permite a Euskadi alzarse como sujeto nacional.

Desdeñar esta realidad política, convertida en realidad social tras veinte años, presupondría romper con la propia genealogía de la defensa de la identidad vasca, tal como se ha producido a lo largo de la historia. El Estatuto es el hilo conductor que nos une con todos aquellos que han luchado por la libertad de Euskadi. Y es además una producción con valor de integración territorial (en cuanto a que contempla la incorporación, vía referéndum, de Navarra) y social (en cuanto a que está asumida por los ciudadanos vascos no nacionalistas). Propugnar la destrucción de esta base con elementos jurídicos, políticos y sociales de gran calado constituye impulsar la estrategia más desnacionalizadora posible: aquella que condena al nacionalismo a la pérdida de su identidad real y concreta.

Conclusión.

Los dirigentes nacionalistas se sorprenden constantemente de las acciones del MLNV porque este movimiento actúa bajo una lógica que no es la suya. ¿No queremos todos la "construcción nacional"? No entienden que bajo la parafernalia de símbolos y consignas acerca de la libertad de Euskadi hay un proyecto de sociedad esencialmente antagónico al que poseen PNV y EA y contradictorio con las propias necesidades de una verdadera construcción nacional. No entienden que las peticiones aparentemente maximalistas del MLNV no son más que instrumentos de ofuscación ideológica. Son guías de ruptura con el objetivo de manipular el sentimiento nacionalista.

Mediante la "construcción nacional" -en función de instrumentos virtuales como Udalbiltza o como la futura "Asamblea Constituyente de los siete herrialdes de Euskalerria"- el MLNV diseña un escenario de enfrentamiento civil, de destrucción nacional en suma. Ya que lo primero es tener un "solar" previamente habrá que tener el terreno libre de "interferencias institucionales". Y dado que somos los nacionalistas los que poseemos la clave de ese poder institucional en Euskadi lo primero es que PNV y EA se queden sin proyecto por la vía de la simple impotencia institucional. Ahí esta una de las claves de la cooperación de EH en la gestión de gobierno.

Mientras tanto el Gobierno español juega a la identificación entre el nacionalismo y entre el MLNV, atribuyéndoles, de modo totalmente falso, una misma estrategia y unos mismos objetivos. De este modo legitima a ETA y al MLNV, y desprestigia al PNV y a EA. Legitima al MLNV porque le otorga una naturaleza -la nacionalista- que no es la suya, ocultando su aspecto revolucionario fundamental; y desprestigia a EA y PNV al adjudicar al nacionalismo vasco los medios que utiliza ETA como consustanciales a su naturaleza.

Los nacionalistas no tenemos que dejarnos atrapar entre ese doble juego. Para eso hace falta un diagnóstico adecuado acerca de la situación del nacionalismo, del retroceso social del nacionalismo en los territorios vascos, de la verdadera naturaleza del MLNV y del juego sucio del Gobierno español. Estamos huérfanos de fe y de realismo. Sólo desde una evaluación realista de lo que es la sociedad vasca y de su tablero político tendremos derecho a levantar con toda nuestra fe la bandera de la libertad de Euskadi.

Xabier Iparragirre