GOIZ ARGI

Artxibo rtf

LA “KALE BORROKA” Y SUS VICTIMAS

El presente texto se presentó como aportación personal al Congreso de Víctimas del Terrorismo celebrado en Donostia entre los días  21 y 23 de septiembre. Algunos de los puntos desarrollados en este trabajo (en concreto, los puntos 1 a 10 del texto) han sido abordados ya, aunque con menor profundidad, en algún Goizargi anterior. Los apartados 1 al 15 del presente texto fueron expuestos en el citado Congreso en los mismos términos en que ahora se presentan para Goizargi. En el debate que prosiguió a la presentación de este documento se planteó la cuestión de la identidad o naturaleza ideológica del MLNV. Sobre la base de la respuesta que en aquella ocasión ofrecí a los participantes en aquel evento, he desarrollado los apartados 16 al 21 de este mismo documento, confiando en que ayudarán a formar una idea más precisa de la cuestión.

          1.- La seguridad es un factor que ayuda a la integración, en condiciones de igualdad y libertad, del hombre en la sociedad. El hombre se siente bien cuando se cree seguro y mal cuando tiene miedo. Ante este último caso, busca protegerse, ubicarse en un estado de mayor seguridad. Para ello, espera que haya alguien capaz de garantizar la paz social, entendida ésta como seguridad pública. Este hecho, que caracteriza la propia naturaleza social del hombre, es utilizado sin piedad como herramienta política. De esta manera, la violencia en las calles y espacios públicos trata de poner en crisis la seguridad pública -término al que los que ejecutan la violencia acusan de encubrir una realidad de control social a favor de la reproducción del “statu quo”- para imponer, en un clima de inseguridad, sus propias pautas de control social.

2.- Razonar así esta cuestión es clave para entender el “por qué” de la aparición generalizada de la violencia callejera o “Kale Borroka”. La “Kale Borroka” no es, esencialmente, un tipo de violencia de irrupción espontánea, de absurda justificación y practicada por seres desesperados o excluidos de los beneficios de la sociedad moderna. Tras la “Kale Borroka”, sobre todo, se entrevé destreza en el manejo de los útiles y tecnología de conocimiento e intervención social; tras cada una de las acciones de violencia, se reconoce un estudio minucioso de objetivos a golpear, estudio y objetivos que se inscriben en el marco de una línea de discurso coherente con la estrategia del MLNV; tras los actos de “Kale Borroka” existe, en definitiva, una práctica consciente por el control social. El control sobre la conducta del hombre es fácil si se le aísla, si se impide que llegue a organizarse. Decía Madison que: “la razón humana es, como el propio hombre, tímida y precavida cuando se la deja sola...y adquiere fortaleza y confianza en proporción al número de personas con las que está asociada”. Por eso, si, una y otra vez, a los adversarios se les impide organizarse, si se amenaza o agrede a sus referentes, se impide su movilización, se puede reducir a la nada la reacción social.

3.- El discurso político, los eslóganes y la propaganda y las ekintzas del MLNV no buscan persuadir sino organizar y movilizar, con el objeto de crear un clima conminatorio que en el que perviva como predominante una sensibilidad de ruptura y acabe con los referentes públicos de estabilidad.  Dice Noelle-Neumann: “Cuando el orden de cosas permanece estable, la mayor parte de la gente no choca con la opinión pública si no viola las normas corrientes de decencia...Lo que hay que hacer o decir o dejar de decir es tan obvio que la presión de la conformidad actúa como la presión atmosférica bajo la que vivimos: no nos damos cuenta de ella”. En épocas inestables y agitadas, sin embargo, se puede perder la confianza y la seguridad de lo que hay que alabar y condenar. En un clima de desorientación e inseguridad, los individuos aislados llegan a perder la confianza en sus sociedades. En realidad, entre la presión coactiva y el escepticismo, la movilización de la  sociedad se llega a desvanecer.

4.- En resumen, la “Kale Borroka” –que, insisto, no es meramente un impulso pasional o violento motivado por la injusticia política o social- busca crear un “clima de inseguridad” que favorezca la domesticación de la sociedad, desacredite el “estado de cosas” y encubra la impunidad de la violencia; pretende debilitar la opinión pública y desacreditar a los poderes públicos a los que corresponde el monopolio legítimo de ejercer la fuerza para garantizar la paz social y arrebatar a éstos la capacidad de tutelar la seguridad pública.

5.- La “Kale Borroka” ha conseguido –por medio de una violencia que se ha cronificado y que se extiende a todo tipo de víctimas sin discriminación- que la percepción que la sociedad tiene de su propia seguridad sea mucho menor que en lugares de criminalidad estadísticamente menor. En realidad, la “Kale Borroka” no es sólo el sabotaje o la algarada; es también el aislamiento, es la picota, que hacen que una buena parte de la opinión pública opte por escudarse en el silencio, en el disimulo o la ocultación y relegue sus opiniones políticas a una esfera de privacidad. La presión física o psicológica, de mayor o menor intensidad, que se deriva de todo ello busca el control social o embridar la opinión pública hasta su domesticación.

6.- La “Kale Borroka” es más horizontal, más extensiva, que la violencia de ETA. Según el documento “Karramarro 2”, la violencia callejera “ha hecho suyos algunos frentes que pertenecían a ETA y ello da opción a ETA para incidir más directamente en el núcleo central del conflicto”. ETA, de esta manera, actúa contra el enemigo más enemigo. La “Kale Borroka” no actúa con el cedazo. Su función, según el citado documento atribuido a ETA, es “multiplicar la presencia de la lucha política de un modo muy cercano e incómodo”.

7.- La “Kale Borroka” tiene un marcado carácter ejemplarizante. La víctima de la acción no puede ser ajena a la causa por la que se le ha agredido. En ese hacerle conocedor de los motivos por los que se le ha represaliado, reside el verdadero correctivo. La coacción no vale por sí sola: debe ser, además, “didáctica, inteligible, cercana” (“Karramarro 2”). La “Kale Borroka” crea una “tela de araña” social en torno a ella. Dice el repetido documento: “la izquierda abertzale no solamente justifica lo que está sucediendo sino que de algún modo incita y empuja a tomar parte en la KB con lo que da cobertura a quienes la practican o están a punto de participar en ella”.

8. Es un error creer que la “Kale Borroka” tiene un interés propagandístico. Y, consecuentemente, es un error creer que, para no caer en el juego, es preciso silenciar los actos de “Kale Borroka”. La “Kale Borroka” tiene, sobre todo, el interés de someter, de controlar el tejido social, de ejercer un contrapoder que neutralice los mecanismos de poder establecidos, de aislar y golpear al que no se somete. En sus documentos internos, el MLNV critica a los que –entre ellos- buscan notoriedad. Se cree que “medir el valor de una ekintza en función del impacto mediático que se logre” es una “tendencia peligrosa” (Documento “Situación política actual, apuesta del Estado y necesidad de revitalizar nuestra dinámica política”).

9. El MLNV dice que “el movimiento popular tiene que generar conflicto... si un movimiento trabaja realmente en la buena dirección, necesariamente, molestará a los que dominan el orden establecido y surgirá el conflicto”. La “Kale Borroka” es un “instrumento” vinculado a ese conflicto social o político, que debe servir a él, violentándolo o intensificándolo. Al MLNV no le gusta, o al menos lo critica, que haya militantes que únicamente se dediquen a la “Kale Borroka”: “están apareciendo reacciones inapropiadas entre quienes se implican; existe la sospecha de que se está creando un molde de militancia que sólo se dedica a esto... Un modelo de militancia que no se implica en otras dinámicas sociales y constructivas del pueblo” (Documento “Situación política actual, apuesta del Estado y necesidad de revitalizar nuestra dinámica política”).

 

10.- Romper el orden social, destruir toda forma instituida, desbordar los seguros límites de lo establecido exige necesariamente poner en crisis toda forma de convivencia o cohabitación o paz social. Nada es válido. Todo lo que es ha de ser cuestionado. La violencia es una de las formas, aunque no la única de cuestionarlo. Toda ética supone valores y normas, por tanto límites y medida. Sin embargo, para el MLNV ni hay medida, ni debe haberla. Esto es necesario para que la historia continúe progresando. En su libro “El pensamiento cautivo”, Milosz denuncia esta lógica: “No hay crueldad alguna. Sólo se mata a los que había que matar. Sólo se tortura a aquellos cuyas confesiones son necesarias, y sólo se deporta a aquellos grupos sociales que hay que deportar”. No se reconoce que pueda haber víctimas en este sistema. Milosz de nuevo: “Mi amigo piensa que quienes sufren en el nuevo sistema sólo pueden culparse a sí mismos. El pasado los oprime a tal punto que son incapaces de comprender las leyes del progreso. Si las comprendieran, nada malo les ocurriría, y sus vidas serían creadoras y serenas”. En efecto, el sufrimiento soportado por los increyentes o los ajenos al proyecto de redención subyacente a la ley del conflicto –lejos de reflejar la realidad de la injusticia cometida- los delata como enemigos. Si no se es amigo, se es enemigo. Para el MLNV, no hay inocentes. Quién así se considere, se autoinculpa. No estás conmigo, luego estás contra mí.

11.- El MLNV ha creado su propia sociedad, su universo particular, que vive dentro de la sociedad, que la combate y que aspira a sustituirla. Ello es particularmente perceptible entre la juventud del movimiento. El sociólogo del movimiento, Jakue Pascual,  habla de un “proletariado vasco juvenil” que “resurge como sujeto” y lucha “por la consecución de espacios juveniles colectivos”, libres del “control sistémico-paternal”. En estos “espacios liberados” se desarrollan a tope “las prácticas de los movimientos que inciden en la actual Euskal Herria”. Pascual cultiva la idea de que “estamos sentados sobre un polvorín de polarización social”, debido a “las condiciones sociales de existencia, la pauperización progresiva de la sociedad y el efecto que tiene la misma sobre sectores importantes de la juventud, unido a los sentimientos de pertenencia a una comunidad que se considera diferente”. Para este colectivo, el enemigo esta fuera. Es el sistema que “pone en marcha todos los dispositivos a su alcance para la creación de una conciencia domesticada, vacía de referentes y activada mediante consignas publicitarias”. La descalificación sistemática de ese mundo exterior que nadie puede defender vacuna contra las tentaciones de salir del colectivo. Salir del mismo, es convertirse en enemigo. Pascual considera evidente la existencia en el País Vasco de “dos extremos juveniles que empiezan a constituir formas antagónicas de relaciones sociales y de maneras de entender la vida”. Parece que salta de alegría cuando concluye que “la crisis impone el fin del reformismo” y que, de esta manera, queda objetivamente restaurando “el antagonismo social al restituirse las distancias de clase”. Se produce, según esta manera de pensar, “una mentalidad antagonista” que “no entiende de  aplazamientos tácticos” que plantea la confrontación de clase de una manera “horizontal y directa”. Dicho con mayor claridad, la nueva “mentalidad” busca al enemigo en su entorno más cercano y lo combate de manera directa, con la violencia que sea necesaria. Aunque, ello no quiere decir que la “Kale Borroka” sea una expresión de violencia local, ya que según el mismo autor, “la característica que la determina es el `actuar localmente y pensar globalmente´ “. Es decir,  que los actos de “Kale Borroka”, cada uno de ellos, responden a un programa global de trabajo. Conocer estas cuestiones es muy útil para conocer un poco más el mundo de la “Kale Borroka”.

12.- Hasta aquí, dos salvedades. Primera, los puntos que anteceden he querido plantearlos más desde un punto de vista descriptivo que ideológico. Segunda, he conocido la “Kale Borroka” en un lugar y momento en el que ha operado con todas estas características en acción. Pero, es cierto que no ha operado de la misma manera y con la misma intensidad en todos los sitios. Por eso, he querido limitarme a definir la pretensión, el objeto de la irrupción de este fenómeno violento.

13.- Muchas víctimas de estas acciones han ensayado, a la búsqueda de garantías de seguridad, la mediación y el diálogo con los representantes públicos de EH-HB. La inmensa mayoría de los casos que conozco han acabado en fracaso rotundo. En realidad, esta gestión –consecuencia de la percepción de inseguridad e impunidad que se ha asentado en muchas de las víctimas- puede terminar socavando lo que quiere garantizar: los propios pilares de la seguridad pública.

14.- Resolver no es fácil. No hay recetas. Hay procesos que, hoy mismo, han de ser de muy incierto resultado. En mi opinión, es importante impulsar procesos socio-políticos que mejoren los niveles de integración en las comunidades locales. Cuando hablo de integración me refiero a algo, a una red de relaciones, de diálogo o lucha, que consiga un adecuado tratamiento de las diferencias políticas. No hay que confundir integración con consenso. La reclamación de consenso puede ser una arma eficaz para el que no se quiere someter a la legitimidad de las mayorías. Integrar no tiene por que ser necesariamente potenciar lo que nos une y marginar lo que nos diferencia. Lo que nos diferencia es, precisamente, lo que enriquece la democracia. Para que un proceso de integración sea de calidad las diferencias han de aflorar con naturalidad y es muy inconveniente evitar que se manifiesten. Eso exige un trabajo comprometido contra la intimidación, prestigiar los poderes garantes de la paz social –en Euskadi, la Ertzantza-, que no haya impunidad y que la sociedad local recupere el sentimiento de estar segura. Ante problemas de seguridad y libertad, el discurso de la no-violencia y la oposición terminológica democratas-violentos no sirven. Existe la violencia legítima, democrática, conformada, en este caso, por voluntad de la mayoría de los vascos. El discurso que opone diálogo, presentado como democrático, a violencia, presentada como antidemocrática “per se”, sólo sirve a la causa de la violencia ilegítima, que gana en impunidad.

          15.- La “Kale Borroka” o el propio terrorismo de ETA se identifica –por simplificación, pereza o puro interés- con el nacionalismo. De esta manera, se ha construido el mejor escondite para que el carácter íntimo de la “Kale Borroka” permanezca oculto, fuera del conocimiento de quienes la sufren e incluso de quienes tienen la responsabilidad de combatirla. Ello ofrece la mejor de las ventajas posibles, una coartada tan perfecta como falsa, a sus instigadores y ejecutores. La “Kale Borroka”  es el mejor y más moderno reflejo de aquel espíritu revolucionario que preconizaba “la destrucción de lo viejo para sustituirlo por lo nuevo”; un espíritu para el que no existe medida excepto aquella que es garante de la continuidad del impulso revolucionario. La “Kale Borroka” no es, pues, agresividad sabiniana ni aceleración soberanista. Es lo que es. Y ocultar lo que verdaderamente es, sólo ayuda a encubrirla.

          16.- De hecho, la Kale Borroka es un instrumento que, al inicio, centró sus ataques de una manera especial contra el nacionalismo. El antes citado Karramarro 2 explica el porqué: “la izquierda abertzale ha logrado remover en cierta medida la posición del PNV, tanto mediante la incidencia política de ETA (llevando a cabo acciones muy selectivas en contra de la Ertzantza) como gracias a la presión de la Kale Borroka”. Bastaría una leve mirada a las estadísticas de la Kale Borroka de los años 94, 95 y 96 para comprobar cómo afectó la violencia callejera entre los nacionalistas.

17.- La Kale Borroka es una herramienta más de las que dispone la caja de herramientas –denominada “Herri Borroka”, la guerra popular maoísta que preconizaba la acción combinada de recursos de todo tipo, legales e ilegales, institucionales y de masas, pacíficos y militares,...- del movimiento revolucionario vasco. Movimiento revolucionario vasco que impulsa, con estas herramientas, el “proceso revolucionario vasco cara a la consecución de un estado vasco independiente, socialista, reunificado y euskaldun como paso previo a la consecución de la sociedad comunista mundial” (Errotik-1). Un movimiento revolucionario vasco que es, además, el que, dada “la derrota de las estrategias revolucionarias en el estado cuya reconstrucción será fruto de largos años” (Errotik-1), constituye “la única esperanza” de una revolución en el Estado que “sólo puede venir de y desde Euskadi Sur” (E-1).

18.- Para entender el papel que cumple la reivindicación de la independencia en una estrategia revolucionaria nadie ha hablado tan claro como lo hicieron, unos cuantos años antes, los presos de la cárcel de Soria al dirigirse al Biltzar Ttipia de ETA en los términos siguientes: “La independencia de Euskadi es una opción revolucionaria por la que luchar desde ahora. Es una necesidad revolucionaria precisamente porque debemos acumular contra la oligarquía el máximo de fuerzas y con la mayor radicalización posible... Un marxista-leninista puede y debe optar por la independencia de su pueblo nacionalmente oprimido si cree que esta es la opción que más favorece los intereses de la clase obrera: es en este contexto en el que se debe analizar el significado del internacionalismo proletario dentro de nuestra lucha... porque pensamos que es la lucha por la independencia de nuestro pueblo –única solución al problema nacional que la oligarquía no puede asimilar- la que con mayor dureza y eficacia nos enfrenta al estado de la oligarquía cuya destrucción es el objetivo esencial de la lucha de la clase obrera de todo el Estado español”

19.- En pocas palabras, en Euskadi habita, desde hace muchos años, la vanguardia de los revolucionarios de la península con toda la intención, a resultas de este texto, de que Euskadi y el problema vasco sean el detonador-trampa del estallido político en el conjunto de la península. ¿Es imposible? Es muy probable que lo sea. Pero, al parecer, es la intención que se persigue. El esquema es simple: en Euskadi hay una falla geopolítica; provocando una conmoción tras otra en el epicentro de la falla se activaría un enorme y duradero terremoto político en su periferia, un verdadero estado de inestabilidad, temblores, sacudidas y crisis permanentes que podría llegar a acabar con el estado de cosas vigente. Hay que activar los conflictos, todos los conflictos posibles, ya que es así la única manera de que estos mismos conflictos se resuelvan en un sentido de progreso, de revolución y socialismo.  Así, rastrear todos los puntos de quiebra y antagonismo potencial, agudizar los mismos y llevarlos a la ruptura real es la ley del conflicto que mueve la historia.

20.- Por eso, Justo de la Cueva, promotor de la “Basque Red Net” internauta, adherido a la ponencia oficial “Bateginez” dice que “en Euskal Herria vamos bien. Porque se están agudizando todas las contradicciones. Y sólo así nos acercamos a la posibilidad de resolverlas y superarlas”. Para Justo de la Cueva, “cada día se plantea más crudamente el dilema: comunismo o caos”. No hay más remedio, para él que “los vascos aceleremos la consecución de la independencia y el socialismo...que implantemos la República Socialista Vasca que camine hacia el comunismo, hacia la sociedad sin clases, sin estado, sin explotación del hombre por el hombre” (Todas estas citas provienen de sus análisis de la web “basque-red.net”).

21.- Creer, como cree Aznar, que ETA es “la expresión del nazismo en la Europa actual”, de un nacismo que, según el presidente del Gobierno español, pretende “instaurar un Estado totalitario marxista-leninista” es propiciar una grave confusión. El nacismo es racismo, es demagogia y propaganda –para determinada escuela marxista, no pasa de ser un simulacro revolucionario-, ha propugnado la alianza histórica de clases y además, cuenta entre sus presupuestos con un antimarxismo de principio. El nacismo es un movimiento homólogo al fascismo. ETA participa de la tradición política del anti-fascismo, su opción no es racista sino de clase, de lucha irreconciliable entre clases, y su objeto es mantener en situación de inestabilidad permanente el epicentro vasco con el fín de generar un terremoto político que acabe, en diversas fases, con el capitalismo en toda Europa. La imputación de “nazismo”, por lo tanto, en este caso no tiene ningún valor descriptivo y tampoco político. Llamar “nazis” a ETA tiene, insisto, escaso valor. Acaso, en esta era de la comunicación en la que vivimos, en la que es más importante parecer que ser, la imputación de nacismo tiene mayor potencialidad como descalificación. En todo caso, “la apariencia siempre engaña”. La cuestión es que la historia ha probado suficientemente que para cambiar la realidad es necesario conocerla. Y la cuestión es, en definitiva, si vamos a sepultar la realidad bajo esa “publicidad engañosa” que nos ayudará, a corto plazo, a vender un producto irreal que, sin embargo, a medio plazo va a demostrar su inutilidad más absoluta

Joxan Rekondo