GOIZ ARGI

(Número 3. Zenbakia - Martxoa 2000 Marzo)

Artxibo doc

LAS URGENCIAS DEL MOMENTO

La última acción de ETA, el bestial asesinato del exvicelehendakari, Fernando Buesa, y del ertzaiña, Jorge Diez, ha provocado una enorme conmoción y un aturdimiento general en el país. Las preguntas afloran a borbotones: ¿por qué? ¿qué pretende ETA? ¿quiere realmente la paz? ¿se ha equivocado? ¿quedan opciones para la paz? ¿Qué se puede y qué se debe hacer?

En la muerte de ambos, se ha buscado, por parte de quienes lo han diseñado y ejecutado, consumar una agresión directa a las instituciones propias del país. Con el atentado contra Buesa, que fue la segunda autoridad de los vascos, y contra Diez Elorza, miembro de la policía vasca, ETA ha indicado que no hay y no habrá paz que pueda ser compatible con el mantenimiento de dos instituciones como las que representaban ambos, el Gobierno y Parlamento Vascos y la injustamente denostada Ertzantza. Con este atentado, ETA ha expresado que sigue aferrada a su dogmatismo revolucionario y que desprecia precisamente lo que reclama para disolverse: el respeto a la voluntad democrática de los vascos.

ETA ha pretendido engañarnos. No nos engañemos nosotros. Sería mucho peor. Este crimen político (que por serlo, lo hace más grave y repudiable aún) no demuestra ni la impotencia ni la derrota política de sus ejecutores. ETA no se ha equivocado. Ha golpeado allá dónde quería hacerlo. De nosotros depende ahora que no provoque los efectos que pretendía provocar con su terrible acción. ETA puede ser derrotada, como dice la Declaración Institucional de las Juntas guipuzcoanas, por "la libertad y la palabra" pero no se ha equivocado.

¿Qué se puede hacer para combatir este rebrote de la violencia, de la violencia de ETA y de la Kale Borroka? No voy a proponer cosas muy concretas, no voy a realizar un inventario de medidas. Me limitaré a decir que es un momento muy crítico en que las urgencias pasan porque los partidos políticos realicen un verdadero esfuerzo de superación de esa guerra de posiciones, de esa política de trincheras, que amenaza con arrastrar al embrutecimiento y a la ruina a la propia sociedad vasca.

Es necesario pasar por encima del monolitismo de las alianzas, es necesario mirar a todos los lados, es necesario recuperar la pluralidad del país, la porosidad de los proyectos políticos. Es necesario desprecintar los discursos políticos, deshacer los bloques, abandonar los blindajes, gestionar las apuestas políticas sin someterse a las pretensiones hegemonistas de los ejecutores de la violencia. ETA quiere golpear y blindar; asesinar a unos y maniatar a los otros. Su interés en el blindaje de Lizarra sólo proporcionaría ventaja y hegemonía a quién, como ETA, puede administrar este proceso desde la coerción, a quién puede poner en cualquier momento en crisis la paz, o administrarla a conveniencia. Blindar dicha alianza en estas condiciones, haya o no retorno a una eventual tregua, supone más tensionamiento, en muy buena línea con la teorización que incluye el nuevo "corpus ideológico" que ha aprobado HB en su reciente Asamblea General.

La pregunta más común es, sin embargo, ¿no es un lastre la presencia de ETA en la política vasca? ¿No perjudica a los intereses de la coalición EH? En la lógica del grupo armado, sin embargo, la exasperación de los conflictos, la antagonización de las posiciones, la reducción de referencias a sólo dos conmigo o contra mi, la creación de dos bloques de fuerzas políticas enfrentados son los factores que han facilitado el progreso de sus posiciones en la política vasca. La sóla presencia de ETA, mucho más cuando irrumpe con violencia, intensifica la ruptura y el tensionamiento y, la enorme resaca antinacionalista que se ha generado tras la conmoción del asesinato, ayuda a recrear el vergonzoso muro que separa del enemigo externo al que ETA ha señalado y hay que vencer.

Es, a estas alturas, muy evidente que la necesidad y el deseo de acabar con la violencia ha hecho aceptar a los partidos nacionalistas una determinada cuota de coste político. La cuestión es que ETA, por lo que parece deducirse de lo que dice y de lo que hace, quiere ver logrados sus objetivos antes de abandonar la vía violenta. Para ello, busca maximizar el "coste político" de los partidos nacionalistas y para todos los demás y minimizar el riesgo para sí. La cuestión es como impedir que esta pretensión, que no deja de encontrar gente dispuesta a venderla como paz o como pasos hacia ella, triunfe.

A pesar del gran respeto que me merece el tremendo e incomprendido esfuerzo de persuasión que los representantes nacionalistas han realizado en las reuniones de Lizarra, creo que es un error que busquemos la condena a este acto terrorista en aquel lugar. La clave de la batalla contra la violencia no reside en que conquistemos mínimas aproximaciones de lenguaje o gestos imperceptibles en confusos comunicados de Plenarios de Lizarra en cuya gatera, además, dejamos pelos y pellejo en cantidades abundantes.

La urgencia es restaurar la permeabilidad de las relaciones entre las distintas sensibilidades políticas. La urgencia es crear un clima de confianza entre los partidos políticos que favorezca la discusión y la toma de decisiones políticas, de cualquier decisión política. La urgencia es apostar por la libertad de todos frente a la coerción ilegítima. La clave es no confundir paz con desarrollo democrático, lo que excluye la tentación de bloquear el cumplimiento de la voluntad democrática de los vascos porque no hay paz y excluye asimismo atentar contra la paz porque no se acepta la "alternativa democrática". La clave es también que el proceso político sea institucional. Ello exige reponer en manos de las instituciones vascas capacidad e instrumentos de liderazgo y exige, por otra parte, buscar una relación fluida, un entendimiento eficaz, un diagnóstico en común con las instituciones del Estado. El objetivo ha de ser integrar en la lucha por la libertad. Ese luchar por la libertad que el lendakari Agirre identificaba como el "deber de los vascos siempre y en todo lugar donde fuera necesario". Hoy, Aguirre lo vería necesario. Hoy, es necesario aquí y ahora.

Joxan Rekondo