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(Número 12. Zenbakia - Abendua 2000 Diciembre)
En el aniversario en el que ETA decidió dar por terminada la
tregua, se han publicado numerosos artículos que hacen balance de
este “año de plomo”. Pero, sin lugar a dudas, de todos los artículos
periodísticos que hemos podido leer, el editorial de Gara del 29/11/00
es el que más interés nos ha suscitado. Como podremos apreciar más
adelante, bajo el título de “La solución, ir a la raíz”, los editorialistas
de dicho medio han elaborado un escrito, dirigido al electorado abertzale,
donde muestran -y ocultan- al lector, las líneas de actuación que
mantiene el MLNV.
Para su mejor comprensión hemos estructurado este documento
sobre la base de las ideas principales en las que se articula el propio
editorial, analizando las mismas y obteniendo nuestras particulares
conclusiones, quedando de la siguiente forma: 1.
La pérdida de perspectiva histórica. 2.
Las claves para la resolución del conflicto. 3.
Por el camino de la desobediencia civil hacia la segunda tregua. 4.
Ante una autodisolución de ETA. 1.
La pérdida de perspectiva histórica.
Para comenzar, en su primer párrafo, el editorial adelanta
los errores de análisis que han efectuado los distintos partidos políticos
al valorar esta efemérides: “(...)La intensa y dura
actividad mantenida por la organización armada y la virulencia con
la que se vienen expresando también las diferencias entre los partidos
políticos, se reflejaron en que algunas de las valoraciones de ayer
perdieran perspectiva histórica y se dejaran arrastrar tanto por los
condicionantes más inmediatos como por las necesidades propias de
cada partido.”
Según parece, se ha perdido perspectiva histórica. La crudeza
con la que castiga ETA a nuestra sociedad y a la sociedad española,
nos está limitando a realizar, prácticamente, comunicados de condena
y de rechazo, siempre a remolque de las acciones de ETA. Inexorablemente,
nos estamos acostumbrando a la macabra realidad de que con una periodicidad
casi semanal nos despertemos con un nuevo atentado. ETA, y por extensión
el MLNV, están marcando de tal manera la agenda política que no tenemos
tiempo material para echar la vista atrás y realizar un balance de
todo lo acontecido desde que se dio la tregua.
Sin embargo es preciso, tal como lo “exigían” los editorialistas
de Gara, que al realizar una valoración del aniversario de la ruptura
de la tregua, mantengamos cierta perspectiva histórica.
Hagamos por tanto un poco de memoria, retrocedamos dos años.
En el extenso comunicado hecho público por ETA el 16 de septiembre
de 1998 en el que anunciaba la “suspensión ilimitada” de sus atentados,
afirmaban: “El marco institucional vigente en Euskal
Herria” así como “la política de pactos que los españoles han impuesto”
en la última década están “agotados”. Y añadían: “Quienes
apostaron a favor del autonomismo (los partidos nacionalistas EA y
PNV, el sindicato ELA y muchos abertzales honestos) se han dado cuenta
de la esterilidad de ese camino, y ahora han demostrado la voluntadad
de acometer una nueva vía.”
Apreciamos en el escrito que daba a conocer el inicio de la
tregua un discurso marcadamente anti-institucional, concretándose
en las instituciones vascas. Añadían también, con relación al electorado
nacionalista democrático, que “han demostrado la voluntad de acometer
una nueva vía”. Hay que tener en cuenta, hemos de tener la suficiente
“perspectiva histórica”, de que por aquel verano del 98 la sensación
de agotamiento de nuestro marco jurídico-político no era equiparable
a la que tenemos hoy en día. Cabría preguntarse si esta ola soberanista
que nos engulle, hasta qué punto ha sido una contrapartida a las promesas
realizadas por ETA para que tuviéramos la tregua. Creemos sinceramente,
que era el peaje que debíamos pagar los abertzales para que la tregua
pudiera darse, era el precio político por una posibilidad de paz no
garantizada. Más adelante, en el punto
segundo, volveremos a tratar la cuestión del coste político más concretamente
cuando leamos unas declaraciones de un significado miembro del MLNV.
Volviendo al comunicado de tregua de ETA, nos damos cuenta
que fueron únicamente los partidos abertzales, imbuidos por su buena
fe, los que le dieron una interpretación en clave de paz. Al contrario,
dicho escrito tiene más visos de haber sido redactado en clave de
construcción nacional. Para ahondar más en este sentido, fijamos el
espíritu del que fue la iniciativa más importante que tomó la Organización
en los últimos años: “Entre todos los pasos, uno de los que
más importancia tiene será la superación de la división institucional
y estatal. Para ello, será necesario dar los pasos eficaces para que
se cree una institución única y soberana que acoja en su seno a Araba,
Bizkaia, Gipuzkoa, Lapurdi, Nafarroa y Zuberoa”.
Por lo tanto, queda claro que los parámetros por donde se movía
ETA y por donde querían que se moviera - por acción de los partidos
nacionalistas-, no convergían en absoluto. Hoy todos sabemos que ETA
y su entorno han ofrecido “paz por proceso político”. Lo que se había
presentado como la preparación de una “pista de aterrizaje “ para
facilitar la renuncia del MLNV a la violencia, y para incorporarlos
a la normalidad institucional, ha degenerado en un proceso político
que pretende que sirva para conseguir el dominio político para el
rupturismo de siempre.
Esta y no otra es la conclusión que debemos obtener al realizar
un análisis de los acontecimientos que dieron lugar a la tregua y
su posterior ruptura. Dicho esto, humildemente, creemos que ya contamos
con suficiente “perspectiva histórica” como para abordar los demás
apartados del editorial del Gara. 2. Las claves para la resolución del
conflicto.
En este período de confusión en el que vivimos, donde la sociedad
reclama a la clase política que no siga enzarzada en debates que dividen,
y que sean capaces de dar una respuesta unitaria a la espiral de terror
a la que nos tiene sumidos ETA, en este contexto decimos, Gara nos
adelanta la salida a tanto sufrimiento. Y para ello nos remite a explorar
las claves que se dieron durante el período de tregua, y afirman:
“Hoy, los cauces de resolución del contencioso se encuentran
en los mismos parámetros en los que se situaban ya
antes del final de la tregua.”
Sorprenderá a aquellos que depositaron sus esperanzas de paz
en el período de la tregua, que después de que ETA la diera por finalizada
y se abalanzara a una orgía de sangre y fuego durante todo este año,
las claves para solucionarlo residan, invariablemente, en los mismos
términos.
¿Y cuáles son pues dichos términos? Los editorialistas no tardan
en darnos la llave mágica: “La vía para la resolución definitiva
del conflicto viene claramante definida en los principios democráticos
recogidos en el acuerdo de Lizarra-Garazi y pasa por depositar en
el conjunto de la ciudadanía vasca la potestad de decidir libremente
su futuro.”
Queda clara la apuesta que está realizando la izquierda abertzale
por querer reeditar aquel pacto, con todo lo que ello conlleva, intentando
bascular a dirigentes de partidos nacionalistas hacia dichos parámetros.
¿ Y qué es lo que conlleva el haber firmado el Pacto de Lizarra
?. Para responder a esta pregunta tiraremos de hemeroteca. Nada más
haberse firmado el Pacto, Rafa Díez, secretario general de LAB, adelantaba
algunas cuestiones acerca de la interpretación que hacía el MLNV sobre
el acuerdo: “El acuerdo de Lizarra tiene que ser
un auténtico abrelatas político que aceleraría los compromisos de
todos los firmantes por impulsar un marco de paz y democracia para
Euskal Herria, un punto de inflexión irreversible para que se modifique
el escenario político vasco.”
y añade, “ ...con esta declaración, la mayoría de la sociedad vasca
aislaría las posiciones del PP y del PSOE y yo creo que se escenificaría
el fin de los pactos de Ajuria Enea e Iruña.”
Cuando el dirigente de LAB es interpelado hasta cuatro veces
por el periodista en el sentido de si el acuerdo servirá para alcanzar
la paz, responde: “ Eso es algo que compete exclusivamente
a ETA (...) para ETA el contenido del acuerdo puede ser un factor
político a considerar. A partir de ahí no puedo entrar en especulaciones.”.
Y ante la pregunta de si en la izquierda abertzale
se ha llegado a la reflexión del agotamiento de la violencia de ETA: “ Esa reflexión no se ha realizado,
al menos yo no la conozco, y sí hay una convicción de que en la sociedad
vasca... hay un marco estatutario y un amejoramiento agotados”.
Lo dicho, la apuesta “paz por proceso político” que nos quisieron
vender aparece en su forma más descarnada. Es decir, el precio que
han de pagar los partidos políticos vascos por una paz no garantizada,
“eso es algo que le compete exclusivamente a ETA”, es el abandono
de su estrategia y la devaluación de las instituciones democráticas
vascas y el marco que las envuelve. Se niega el suelo institucional
y jurídico existente para la creación de una nueva dinámica cuyos
presupuestos nadie conoce. Es, según Joseba Arregi, “hacer tabla rasa”
o “punto cero de partida”, con el ánimo de buscar una situación de
ruptura, potencialmente revolucionaria, donde los niveles de expectativa
y de movilización se correspondan con la dinámica generada conscientemente
por el MLNV.
Queda por conocer la respuesta de cuánto tardarán nuestros
dirigentes nacionalistas en asumir el hecho de que pretender reeditar
un pacto político al estilo de Lizarra para conseguir una segunda
tregua es caer otra vez en el mismo error. Aunque esa parece la apuesta
que están realizando, “paz por proceso político”, a tenor de la propuesta
de “República” lanzada por EA.
Sin embargo, las consecuencias pueden ser aún peores, ya que
la situación no es la del 97. Contamos con un nacionalismo vasco casi
sin memoria ni identidad histórica propia, carente de iniciativa y
por otro lado, con un gobierno español que fía su fuerza en la presión
mediática, en el apoyo social y en la acción policial. Con el añadido
del recientemente firmado Pacto PP-PSOE, al que parece se irán añadiendo
las demás fuerzas políticas dejando aislados a los nacionalistas.
Este es el escenario perfecto para que una escalada de violencia destruya
y desacredite al nacionalismo. 3.
Por el camino de la desobediencia civil hacia la segunda tregua.
Pasamos a un capítulo muy importante en el editorial de Gara.
Vamos a transcribir íntegramente todo el párrafo por la importancia
que nos merece: “Pero incluso si no se pretende ir hasta
el fondo de la cuestión y se intenta, como dicen PNV y EA, evitar
las consecuencias dolorosas que conlleva la utilización de la violencia
en el enfrentamiento con el Estado, ETA...” está dispuesta “... a sustituir
la lucha armada por un enfrentamiento comprometido y radicalmente
democrático del conjunto del movimiento abertzale con quienes niegan
a la ciudadanía vasca la palabra y la decisión sobre su propio ser.”.
Este párrafo tiene su miga, ¿no les parece? Intentaremos desgranarlo
paso a paso.
Cabría preguntarse primero cuál es “...el fondo de la cuestión.”
Es sabido que el MLNV estratégicamente, impulsa la ruptura del actual
marco democrático institucional mediante la creación de “ilusiones
ideológicas”, (nuevos marcos, nuevos parlamentos,...), que se articularían
en base a su “democracia participativa”, su modelo disciplinario marxista-leninista,
a través de su control social, agotando al adversario político, destruyendo
la propia sociedad.
Sin embargo, tácticamente, intenta tender puentes con el nacionalismo
democrático en aspectos sectoriales tales como la desobediencia civil,
el euskera etc. que le son muy necesarios en estos momentos de “exclusión”
que está “sufriendo” el movimiento. Este sería el mensaje que intentaría
trasladar la izquierda abertzale a PNV y EA al lanzar el guiño de
que no sería imprescindible llegar al fondo de la cuestión.
Siguiendo con la lectura del editorial, en este párrafo nos
encontramos con una apuesta de ETA al menos sorprendente, al estar
la organización dispuesta “... a sustituir la lucha armada por
un enfrentamiento comprometido y radicalmente democrático del conjunto
del movimiento abertzale con quienes niegan a la ciudadanía vasca
la palabra y la decisión sobre su propio ser.”.
En lo que concierne a la apuesta novedosa en la cual ETA abandonaría
la lucha armada, siendo ésta una invitación expresa a PNV y EA a sumarse
a la fiebre de la desobediencia civil, suena además a una condición
a asumir por los partidos nacionalistas ante una eventual 2ª tregua.
Y nos preguntamos lo evidente: ¿Cuánto tardaría ETA en hacer
público que las condiciones en las que se diera esta hipotética 2ª
tregua, dejarían de tener validez, y retornase al ejercicio del terror?
Lo que es evidente es que ETA no se va a dedicar a “...un enfrentamiento
comprometido y radicalmente democrático...”, simplemente, porque
no es lo suyo. Para eso el MLNV cuenta con otros organismos, en consonancia
con las formas de lucha complementarias que desarrolla.
No siendo más que una hipótesis de trabajo el hecho de que
esta propuesta de ETA fuera un requisito para una 2ª tregua, lo que
si queda claro es que la vía de forzar a los nacionalistas a apostar
por la desobediencia civil entronca con el proceso Batasuna y sus
ponencias a debate. 4.
Ante una autodisolución de ETA.
Para terminar, nos encontramos con este engaño en toda regla: “También cabe apuntar la posibilidad
de que ETA decida su autodisolución. Y si ésta se produjera sin una
resolución clara del conflicto de fondo la pregunta científica es:
¿conociendo la historia de este pueblo, cuánto tiempo tardaría en
surgir otra organización que siguiera su mismo camino?
Es decir, si no se resuelve de forma clara el conflicto de
fondo, tendremos ETA para rato, u otra organización al efecto. Y nos
preguntamos, ¿la ETA de ahora y la de antes de la tregua son la misma?
Hemos de recordar que en un comunicado hecho público por la organización
en plena tregua, aseguraba que la misma no volvería a retomar las
armas. En parte no nos ha mentido, puesto que los militantes que actualmente
englosan los comandos, provienen de la inagotable cantera de la Kale
Borroka. Lo que queremos mostrar con esto, es que el MLNV utiliza
los cambios de siglas, las nuevas etapas, los nuevos procesos para
ocultarse formalmente ante la sociedad, pero que mantienen la misma
función y siguen complementándose con los demás organismos. Y a las
pruebas nos remitimos: Haika es el más fiel exponente de lo comentado,
y el incipiente proceso Batasuna concluirá con la nueva marca electoral
de HB. Por lo tanto, si quisiéramos responder a la pregunta de “cuánto
tiempo tardaría en surgir otra organización que siguiera su mismo
camino?”, nosotros responderíamos que : Ninguno.
Al inicio de este último punto hemos hablado que el párrafo
en cuestión rezumaba a engaño. Pues bien, el engaño reside en lo siguiente:
Aunque no dudemos que exista un conflicto político, el ejercicio de
la lucha armada es cuestión de voluntad, y mientras no haya voluntad
de dejarlo se seguirá mezclando interesadamente, que la violencia
es necesaria para resolver el conflicto. El uso de la violencia no
se halla sujeta a la resolución del conflicto. Lo fundamental es cómo
se resuelven los conflictos. Y es en este punto donde muchos creen
que hemos perdido el discurso y la posición que nos había llevado
a liderar la transición política en el país.
Nuestra apuesta y nuestros esfuerzos deben ir encaminados a
retomar el liderazgo mediante un discurso que no contribuya a fracturar
nuestra sociedad, que ayude a construir una nación que integre sectores
sociales no homogéneos cultural y políticamente. Y esta construcción
nacional es incompatible con la violencia de ETA, con su justificación,
con el sabotaje, con la destrucción, con la fractura social, y con
el engaño y la confusión. Seguiremos denunciándolo. Iban Etxaniz |