GOIZ ARGI
Artxibo rtf

Fin de ciclo

Al parecer, entre las intenciones de ETA nunca estuvieron las de considerar la acción politica y la práctica de la violencia como elementos incompatibles para el desarrollo de Euskal Herria. Los 5 asesinatos y el último coche bomba demuestran hasta qué punto la tregua resultado del acuerdo de Lizarra-Garazi ha sido una cortina de humo, detrás de la que se escondía la imposición de un modelo político sobre la voluntad real de la ciudadanía vasca. En cuanto las mesnadas del movimiento agit-prop han percibido que la pista de despegue para su mesiánica e irreal concepción del país se topaba con el obstáculo de la complejidad de la propia sociedad, han decidido poner fin a algo en lo que nunca creyeron realmente, ese año ilusionante en el que las voces ancestrales que cohabitan en su sique no fueron alimentadas con la sangre de víctimas inocentes. Los que lo hemos venido advirtiendo desde hace mucho tiempo, porque nunca confiamos en la metodología que se desprendía de la aplicación del pacto de Lizarra, hemos asistido impotentes cómo se ha ido desarrollando todo este proceso hacia un final desastroso, desde nuestras posiciones sometidas al aislamiento intra partidario puro y duro.

Resulta todavía más difícil entender cómo se ha tardado tanto tiempo en reaccionar ante el monumental engaño en el que se ha visto sumido el nacionalismo vasco democrático. La ruptura de la tregua y su trágica materialización debía haber sido contestada enérgicamente con la ruptura de toda colaboración institucional con la nueva marca electoral de HB.

Ruptura institucional no es sinónimo de ostracismo. No significa que se cortaran los puentes de comunicación con el MLNV. Siempre es bueno tender la mano y sondear la posible evolución de los que hoy en día operan desde esquemas antisistema para, cual caballo de Troya, destruir el sistema Institucional vigente en la Comunidad Autónoma Vasca y en Navarra. Pero una cosa es dialogar y ser receptivo a escuchar a la otra parte y otra bien distinta compartir programas de gobierno con aquellos que miran hacia otro lado cuando se vulneran los derechos humanos, cuando se atenta contra los derechos individuales de las personas.

Los actuales pactos que EA y PNV mantienen en los ayuntamientos con HB socavan las bases morales de la convivencia en Euskal Herria. Erosionan las bases éticas contenidas en el noble ejercicio de la política. Las razones son más que evidentes: no se puede compartir un proyecto de construcción nacional con socios que mantienen una absoluta dependencia de los dictados de ETA. Porque el nacionalismo vasco democrático siempre ha sustentado su acción política desde la integración a lo largo de los 20 años de autogobierno, combinación que por cierto no ha interesado a los medios masivos de comunicación ni a los analistas de los gobiernos españoles que han sucumbido a una injusta y desaforada identificación entre nacionalismo vasco y violencia. No quiero ocultar mi rechazo casi automático al pacto institucional con HB, porque creo que al nacionalismo vasco democrático le separa algo más que la metodología del proyecto Batasuna. No compartimos ni los medios, ni muchos de los fines presentes en una concepción totalitaria de algo que en realidad no corresponde con la esencia del nacionalismo humanista que ha caracterizado a nuestros representantes a lo largo de una historia centenaria.

No es, por consiguiente, un problema de estrategia. Es un problema ético-moral de primer orden, que de continuar, podría supeditar los inequívocos posicionamientos a favor de la libertad y del respeto a la integridad de las personas y la democracia en pos del interés partidario a favor de un engañoso proyecto político. A decir verdad, y analizando cómo se ha desarrollado todo el proceso, es como si durante toda esta larga etapa de conversaciones que precedieron a la tregua, el nacionalismo vasco democrático hubiera asumido como propio el diagnóstico que del conflicto vasco tiene el propio MLNV. Es aquí donde radica una parte importante de lo que nos está aconteciendo desde hace dos años. Porque pese a que hay problemas relacionados con el recorte de los poderes políticos vascos por parte del Estado, no tenemos más que repasar las hemerotecas de estas últimas semanas para observar atónitos cómo hay todo un esquema para someter la capacidad de autogobierno de las instituciones vascas, tampoco se puede olvidar que en la violencia de ETA hay un flagrante desprecio por la democracia. Así lo ponía de manifiesto el análisis de Jose Antonio Ardanza y Jose Luis Zubizarreta que posteriormente cristalizaría en el por desgracia ignorado Plan Ardanza.

Todavía recuerdo con ilusión la noble actuación de nuestro alcalde de Villava, Peio Monteano, cuando hace año y medio, muy lejos de la actual coyuntura de ruptura gota a gota, decidió pasar a la oposición ante las amenazas vertidas por el mundo radical contra un concejal de UPN-PP. Esa concepción de la política, aquella que antepone la defensa de la libertad frente al ventajismo político, es la que miles de vascos abertzales reclaman a las direcciones de sus partidos. Nos piden que recuperemos valores, fines, criterios para articular un discurso renovado para reforzar la confianza en el proyecto nacionalista en el que confiaron.

Un proyecto que debe basar el proceso de normalización del país en la reivindicación de la valía indiscutible de las instituciones vasco-navarras en la tarea de liderar la construcción democrática de la nación vasca. En la defensa radical de la voluntad democrática de los vascos -expresada libremente en el pasado, vigente aún en el presente y abierta a posibilidades sin límites en el futuro- frente a las estrategias que pretenden sustituirla por la imposición de instituciones ajenas al país o por la coacción de minorías rupturistas. No podemos contribuir en la fractura de nuestra sociedad, que ponga en peligro nuestra propia supervivencia como pueblo, apostando en políticas que disfrazadas de nacionales, provocan una progresiva desestructuración del país y una constante deserción de vasquidad al socavar las bases sociales de las que historícamente se ha nutrido el nacionalismo vasco. Por ello, hoy más que nunca, se hace necesario mostrar ETA y a su corífeos que el nacionalismo vasco no puede compartir con ellos un proyecto político mientras no se aparten definitivamente y sin ambigüedad de ETA y asuman sin complejos su imperiosa democratización.

Arturo Goldarazena Lafuente (Florida State University)

Miembro de la Asamblea Nacional de EA.