GOIZ ARGI

Artxibo rtf

LA CUESTION DE ZANCO PANCO:

EL AMBITO VASCO DE DECISION
(9
- 2000ko Iraila)

De natural, son las ideas las que deben perfilar el lenguaje y no a la inversa. Este hecho favorece la función social de la lengua como medio de comunicación. Habitualmente, cuando no se habla no hay comunicación. Y, cuando se habla el mismo idioma, con los mismos significados, con la misma construcción sintáctica y el mismo vocabulario, lo normal es que haya comunicación y entendimiento. Pero, tambien puede darse el caso contrario.

Zanco Panco, en la obra de L. Carroll "Alicia a través del espejo" insistió a Alicia con cierto desdén: "Cuando yo uso una palabra quiere decir lo que yo quiero que diga... ni más ni menos". La sorprendida Alicia le respondió: "la cuestión es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes". Zanco Panco zanjó la discusión de manera ciertamente expeditiva: "La cuestión es saber quién es el que manda... eso es todo". En nuestro país, lamentablemente, hay mucho Zanco Panco con responsabilidades en la política.

Soy de los convencidos de que mucha de la confusión que anida en la política vasca podría resolverse sólo con que intentáramos que las mismas palabras reflejen los mismos significados y que para iguales significados se usen iguales palabras. Sólo usando el mismo lenguaje podrá ser factible el diálogo que preconizan, aunque también con significado diferente, casi todos los partidos políticos.

Un ejemplo de esta ceremonia de la confusión es el llamado ámbito vasco de decisión. El PP acaba de criticar al lehendakari de tratar de introducir, como "de matute", de manera tramposa, el "ámbito vasco de decisión" en el diálogo entre partidos políticos que quiere iniciar en Ajuria Enea.

Pero, ¿qué es el ámbito vasco de decisión en realidad? ¿Es algo ajeno al orden estatutario? Como ejemplo de la visión nacionalista sobre esta cuestión, mi partido Eusko Alkartasuna considera, en su documento político constituyente (1987), que el acuerdo del Estatuto (1979) consistió en "un pacto libremente consentido" que ratificado en un referéndum por los vascos, ha determinado "las cuotas de poder político que retiene el pueblo vasco".

El propio texto estatutario confirma este criterio. La disposición adicional presenta al pueblo vasco como sujeto que acepta el texto pactado, pero que "no renuncia" a los derechos históricos que no hayan sido todavía restituidos. Si el texto estatutario reconoce al pueblo vasco la legitimidad de "aceptar" lo pactado y "no renunciar" a los derechos restantes, ello mismo debiera implicar el reconocimiento de la legitimidad de reclamarlos cuando lo crea procedente, "mediante la expresión de su voluntad en cada momento". Es una decisión que corresponde adoptar, en el ámbito jurisdiccional derivado del Estatuto vasco, a ese pueblo vasco que se tiene por titular de derechos sin restituir o actualizar. Este es el ámbito vasco de decisión que, hoy indiscutiblemente, tiene total vigencia legal.

Tras la aprobación del Estatuto de Gernika, el ámbito vasco de decisión estará conformado en adelante por los territorios históricos de Araba, Gipuzkoa y Bizkaia, con la posibilidad garantizada por las leyes de que también se incorpore Nafarroa en un futuro.

Por otra parte, el Pacto de Ajuria Enea, reivindicado como paradigma de unión política por los partidos españoles, contiene similares consideraciones. Especialmente en el Preámbulo se reconocen en el Estatuto los mecanismos necesarios "para poder acceder a su eventual reforma" y se apela para ello a que el pueblo vasco exprese "su voluntad en cada momento"; también en el punto 2a, que reitera que "el estatuto de Gernika representa la expresión de la voluntad mayoritaria de los ciudadanos vascos"; y el punto 2c, que recuerda que "es la voluntad mayoritaria del pueblo, a través de sus representantes legítimos, quien debe juzgar en cada momento de la validez o invalidez del Estatuto como instrumento de autogobierno y decidir, en su caso, su reforma y desarrollo mediante los procedimientos contemplados en el propio Estatuto y en la constitución, estando siempre legitimado el mismo pueblo para reivindicar cualquier derecho que, de acuerdo con las Disposiciones Adicional Primera de la constitución y única del estatuto, le hubieran podido corresponder".

Si el Estatuto de Gernika y el Pacto de Ajuria Enea reconocen que la voluntad de los vascos es el criterio definitivo para resolver las cuestiones que afectan a su futuro político, no tiene mucho sentido contraponer ambos documentos al "ámbito vasco de decisión". Excepto, claro está, que el significado de las palabras Estatuto o Ajuria Enea se quieran hacer depender de algún Zanco Panco que tiene muy claro que "la cuestión es saber quién es el que manda... eso es todo".

Sin embargo, el respeto a la voluntad popular de los vascos en lo que se refiere a las cuestiones que afectan a su futuro no es una cuestión de interpretación de palabras. Pedir que se respete la voluntad mayoritaria no es una reclamación ilegal o ilegítima, ni siquiera nacionalista. Es, simplemente, una cuestión democrática. No se puede imponer a nadie lo que no quiere ser. Ni para ganar a ETA ni para apaciguarla con "pistas de aterrizaje" ni para implantar proyectos "mesiánicos" que pretenden redimir al hombre de su alienación. Y este argumento debiera valer para todos, para nacionalistas, populares, socialistas y revolucionarios vascos. Es, sin duda, la cuestión clave del presente y, sin duda, será también la cuestión clave del futuro.

Joxan Rekondo