GOIZ ARGI

Artxibo rtf

Sobre la desobediencia civil

Ante la polémica suscitada por la estrategia de desobediencia civil puesta en marcha por el MLNV, la presencia en la manifestación donostiarra a favor de la misma de EA y el artículo publicado el domingo pasado en este periódico por Gorka KnörrLas cosas en su sitio”, me he animado a escribir un artículo sobre este tema que quiero compartir con los lectores de Goiz Argi. En la primera parte trataré sobre la historia y la naturaleza de esta filosofía y en la segunda sobre la actitud que se esconde detrás de la estrategia del MLNV y lo desafortunada que es, en mi opinión, la presencia del nacionalismo institucional en este tipo de estrategias.

Primera parte

Las raíces filosóficas de la desobediencia civil se remontan profundamente en el pensamiento occidental. Podemos encontrar justificaciones de la conducta basadas en la virtud y en su armonía con leyes morales anteriores a la legislación humana en Cicerón, Santo Tomás de Aquino, Locke, Thomas Jefferson y Henry David Thoreau. Fue éste último ensayista, poeta y filósofo norteamericano el que acuñó el término desobediencia civil en su ensayo más famoso Civil Disobedience publicado en Mayo de 1849 bajo el título “Resistance to Civil Government” y posteriormente en A Yankee in Canada, (1866). En el ensayo, Henry David Thoreau argumentaba su propia decisión de no pagar impuestos al gobierno de Massachussets, como protesta por la esclavitud de las personas de color en el sur de los Estados Unidos, así como para la guerra emprendida por su país contra México. Su defensa de la conciencia individual plasmada en este ensayo recibió poca atención hasta la llegada del siglo XX, en donde encontró una gran acogida por parte de los movimientos anticoloniales que se estaban desencadenando, para los que su mensaje no estaba desfasado pues siempre habría una ley superior a la ley civil que debería ser seguida incluso bajo riesgo de pena y condena. Encontraban, por tanto, la justificación para sustentar las políticas de resistencia pasiva del pueblo a un gobierno ilegítimo, tiránico y oligárquico, injusto o gravemente inoperante e ineficaz.

Sin embargo el hombre que más claramente formuló el concepto de desobediencia civil fue Mahatma Gandhi. Investigando en las fuentes del pensamiento occidental y oriental, Ghandi desarrolló la filosofía de satyagraha que primeramente la ensayó en 1906 durante su estancia en Transvaal (Sudáfrica) y más tarde en la India contra la ocupación colonial inglesa. Fundó en 1920 el movimiento civil de no cooperación, en 1930, el movimiento de desobediencia civil y finalmente en 1942 el movimiento a favor de la independencia de la India. Inspirados en el ejemplo de Gandhi, el movimiento por los derecho civiles de la comunidad afroamericana adoptó la estrategia ghandiana para sus reivindicaciones desde 1950 a 1970, teniendo su máximo exponente en Martin Luther King. El principio de desobediencia civil ha alcanzado un cierto reconocimiento en la legislación internacional tras los juicios de Nüremberg, al concluir la segunda Guerra Mundial, en donde se afirmaba que bajo determinadas y especiales circunstancias un individuo podía ser exculpado de incumplir las leyes de su país.

La desobediencia civil, también llamada resistencia pasiva, consiste en la negación a obedecer las leyes o las directrices de un gobierno o un agente que ejerce el poder sin empleo de la violencia. Su propósito es forzar al gobernante y conseguir una serie de concesiones políticas requeridas por el que ejerce la desobediencia. La desobediencia civil ha sido empleada como táctica práctica y filosófica por parte de los movimientos nacionalistas africanos e indios, en los movimientos civiles por los derechos de la minoría negra en Estados Unidos y por movimientos pacifistas y de trabajadores en muchos países del mundo, convirtiéndose en un símbolo ritual de la violación de una ley, más que en la negación completa del sistema. Las personas que emplean esta táctica se ven obligadas a ejercer el desacato a la autoridad o a incumplir los deberes legales para con el Estado, infringiendo deliberadamente sus leyes, movidas por principios extralegales superiores de características morales a las que se les considera por encima de las leyes de un determinado gobierno o de un Estado.

Es por este motivo por el que la práctica de la desobediencia civil es ilegal, aunque para el que la ejerce siempre queda la esperanza de convertirse en un ejemplo moral que a la larga provocará cambios políticos, sociales y económicos  en el gobernante. Bajo este imperativo, los mayores defensores de la desobediencia civil insisten que las acciones ilegales que promueven no son violentas. Ha habido una gran variedad de críticos a la filosofía de la desobediencia civil y a su puesta en práctica. Desde la crítica ejercida por la filosofía radical se condena la resistencia pasiva porque acepta las estructuras políticas existentes. Las escuelas conservadoras del pensamiento por el contrario, ven en ella y en la extensión de su práctica una tendencia clara al anarquismo en el caso de que el individuo ejerza su derecho a romper cualquier ley que considere injusta de un gobierno. Muchos activistas también están divididos en la interpretación de la desobediencia civil como una filosofía global para el cambio social o únicamente como táctica puntual que únicamente debe ser empleada cuando el movimiento de protesta carece de otras vías para canalizar sus reivindicaciones. Desde el punto de vista práctico, la eficacia de la desobediencia civil depende siempre de la aceptación por parte del Estado de algunas de las reivindicaciones de carácter moral reclamadas por los que la ejercen.

Segunda parte

El domingo pasado Gorka Knörr, Secretario General de Eusko Alkartasuna, publicaba en las páginas del Grupo Correo el artículo “Las cosas en su sitio” (http://www.diariovasco.com/141100/suscr/opinion16.htm) en donde justificaba la presencia de EA en la manifestación que tuvo lugar en San Sebastián el pasado 28 de Octubre a favor de la desobediencia civil. Tras haber explicado en un artículo anterior los antecedentes y la naturaleza de dicha filosofía política hoy me centraré en la oportunidad de apoyar o no en Euskadi dicha estrategia.

En primer lugar la manifestación estuvo convocada por ­tres agrupaciones (ABK, Fundación Zumalabe y Bai Euskal Herriari­) vinculadas a la izquierda abertzale y al MLNV. Que en ellas colaboren otras personas ajenas a HB no significa que no estén teledirigidas hacia los fines promovidos por ésta. No tenemos más que estudiar el proceso de reestructuración que está viviendo la izquierda abertzale y ver cuales son las ponencias que se han presentado en la puesta en marcha de Batasuna, la plataforma que configurará la nueva marca electoral de HB. La ponencia Bateginez compatibiliza, en la “Herri Borroka” formas de lucha institucional e ideológica con la práctica de la desobediencia al marco legal, para crear una estructura institucional que, “de facto”, vaya desvinculándose del citado marco. Esta nueva estructura desvinculada vendría garantizada por el ejercicio de la violencia por parte de ETA. Esta ponencia, que va a ser elegida como base para proseguir el debate del proceso Batasuna, será enriquecida con aportaciones provenientes de las otras ponencias en liza, muy en especial con las propuestas “Piztu Euskal Herria” y “Mailua eta Igitaia”. Bateginez ha sido apoyada por un considerable número de miembros de la mesa nacional de HB y su contenido supone un jarro de agua fría para los que aspiraban a que se produjera un salto cualitativo en el abandono de los métodos violentos por parte del brazo político de ETA.

Los documentos están disponibles en la dirección electrónica http://www.batasuna.org para estudio de especialistas y profanos. No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta que la inmensa mayoría de las personas que asistieron a la manifestación en San Sebastián, estaban vinculadas de una u otra forma a HB y que son esas personas, muy especialmente su dirección política, las responsables de un cinismo vergonzante que les hace adalides y defensores de la desobediencia civil mientras son incapaces de tener una mínima autonomía frente a ETA y a sus atroces crímenes. Está meridianamente claro que no se puede defender al mismo tiempo la resistencia pasiva frente a una presunta injusticia promovida desde el poder y apoyar con su silencio y/o militancia el terrorismo en Euskadi. Ha sido, por consiguiente, un grave error participar en esa manifestación, porque con la presencia de algunos miembros de la Ejecutiva de EA, lejos de poner de manifiesto las contradicciones de HB, se ha apoyado indirectamente su estrategia.

Desde el punto de vista táctico también ha sido un descomunal error participar en esa manifestación, especialmente cuando el Lehendakari Ibarretxe está propiciando un entendimiento con otros partidos políticos, concretamente con el PSE. Ha supuesto una gran deslealtad con el Lehendakari y ha cuestionado la importante labor que ejercen diariamente los consejeros de EA en el Gobierno Vasco. ¿Es consciente Gorka Knörr  de los devastadores efectos que una política poco premeditada, de Fanta y Coca Cola, pueden tener en Euskadi? Quizás sería más prioritario para el desarrollo de Euskal Herria no darle tanta importancia a un carné de identidad, los ciudadanos se sentirían más libres sin ellos y hay países como Estados Unidos e Inglaterra que prescinden de los mismos, y aunar esfuerzos en torno a proyectos como el tren de alta velocidad o la regeneración de la bahía de Pasaia. Proyectos que requieren interdependencia y colaboración interinstitucional. Creo que el futuro candidato a la lehendakaritza por EA debería tener muy presentes estos puntos de vista.

La izquierda abertzale vuelve, una vez más, a apoyar los métodos violentos (terrorismo y kale borroka) junto con estrategias más políticamente correctas como la desobediencia civil, en una mezcla explosiva cuyo principal objetivo es la destrucción del sistema democrático. HB y el MLNV no tienen ninguna intención de abandonar sus formas de lucha para destruir el sistema institucional vigente. De esta forma todos los motivos e imágenes nacionalistas insertadas en su programa (reunificación territorial, autodeterminación, euskera) son meros instrumentos tácticos para ir obteniendo la hegemonía en el campo nacionalista, mediante el engaño dialéctico. Un engaño favorecido por el desconocimiento del método dialéctico que es la guía de análisis y de acción que utilizan HB y el MLNV. El MLNV actúa  siempre con dos manos y quienes desconocen esto a menudo sólo reparan en los movimientos que hace con una de ellas y ven únicamente lo que ofrecen con esa mano. Pero detrás de esta forma de lucha, su mal entendido concepto de la desobediencia civil y de sus objetivos que dicen pretender, se esconden los puntos esenciales que se ocultan en la siniestra mano de la izquierda totalitaria vasca: el salto revolucionario y la destrucción del sistema democrático. Esperemos que el nacionalismo institucional no caiga más veces en esta trampa.

Arturo Goldarazena Lafuente (Universidad de Florida) Miembro de la Asamblea Nacional de EA