GOIZ ARGI

Artxibo rtf

La desobediencia civil y el proceso Batasuna: el engaño que viene

Las ilusiones ideológicas

No es la primera vez que el MLNV hace uso de una idea legítima para doblegarla a su visión múltiple de lucha contra lo establecido. No es la primera vez que a la “pluralidad” del movimiento (pluralidad puramente funcional y complementaria, en la que entran en juego sindicatos, movimientos sociales diversos, organizaciones juveniles de todo tipo, organizaciones armadas, etc) constituye el pretexto de abordar nuevos sectores sociales y políticos mediante un acercamiento formal a sus planteamientos. El objetivo está claro: la abducción de una serie de ideas y métodos, el vaciamiento de las filosofías que los conforman, para atarlos al proyecto general del MLNV, en el cual junto con esa pluralidad de caretas y formas de lucha y organización se encuentra una dirección de hierro, oculta y enterrada, que a su debido tiempo y con dosis graduales impondrá el modelo disciplinario que su proyecto de sociedad emana.

Le toca ahora a la desobediencia civil. Antes le tocó al nacionalismo. Ambas ideas legitimas, con filosofías consistentes a sus espaldas, son víctimas del mecanismo totalitario del MLNV. Y eso se debe a que tanto el nacionalismo como la desobediencia civil responden a formas de desajuste de la sociedad, en tanto la existencia de un estado de cosas que permite su manipulación revolucionaria. El MLNV hace suya la aplicación de la Guerra Popular, o Lucha Popular, mediante el aserto de que política, revolución y guerra son la misma cosa, o son manifestación diversa del juego de fuerzas, del enfrentamiento, que constituye el motor del cambio social.

Esta es la verdad medular de su filosofía. Todo lo demás es el terreno de las “ilusiones ideológicas”, de las formas de manipulación de masas, que cada etapa exige como motor de la guerra, de la revolución y de la política, en sus diferentes ámbitos y en su convergencia en la lucha contra el actual modelo de sociedad. La desobediencia civil y el nacionalismo, entre otras muchas cosas, son los factores de concienciación por medio de los cuales el MLNV se hace fuerte, sin necesidad de mentar al pueblo sus verdaderos objetivos y su verdadero modelo de sociedad: el modelo disciplinario marxista-leninista, el control social férreo, el acogotamiento del adversario político, la destrucción mediante la escalada de la espiral de enfrentamiento de la propia sociedad en la que actúa.

La desobediencia civil, dentro de los esquemas pacifistas, presuponía el enfrentamiento a un estado de cosas injusto mediante la no violencia. Su filosofía radica en la concepción de que las formas de generación de violencia tienen que clausurarse en la libre aceptación del sufrimiento que el militante pacifista asume ante el poder del estado. Frente a las injusticias de la sociedad, el no violento incide en ellas mediante la desobediencia civil, ofertándose como víctima propiciatoria, para que la sociedad pueda percibir con más fuerza el agravio de tal injusticia. De esa manera se rompe el esquema de reproducción de violencia al que responden muchos enfrentamientos políticos y, a la vez, se pone en práctica una forma de acción social que acomete directamente a la injusticia. Se evita, así, la tentación mesiánica del cambio global como momento de ruptura y de baño de sangre y se conserva lo mejor de la tradición revolucionaria, en el sentido no ideológico, no sacral, de incidencia en las injusticias que nuestra sociedad mantiene y de acción permanente contra esas injusticias.

La lucha antimilitarista ha sido un claro ejemplo de lo benéfico de la desobediencia civil. Un sistema de servicio militar obligatorio centenario ha caído bajo la presión de los grupos de solidarios y jóvenes que han dado con sus huesos en la cárcel para mostrar su disconformidad con la clausura de las garantías y derechos civiles que suponía el servicio militar. No sería justo olvidarlo: los antimilitaristas, los no violentos, los pacifistas que han luchado en este proceso galvanizaron la opinión popular frente a una injusticia, que ha sido eliminada. Evidentemente existen otras. Ese es el terreno de una nueva acción de desobediencia civil. Pero también el terreno de su manipulación por parte del MLNV.

La crítica antimilitarista al estado y al MLNV

Un grupo de antimilitaristas navarros (Andoni Romero, Fernando Mendiola, Lucio Tabar, Perico Oliver, Teo Llorens, Lander Aurrekoetxea y Jaxinto Gómez) escribía un artículo en el GARA (8-10-2000) tocando este tema tan candente. Se refería a las últimas acciones del juez Garzón dentro de la operación “Itzali”, que había dado como fruto la detención de algunos militantes pacifistas, como Patxi Azparren. Esta operación muestra a las claras los niveles de imbricación del MLNV con colectivos que no apoyan su ideario pero que, en momentos determinados, pueden dar lugar a acciones en común. El desconocimiento de este factor, o la pura voluntad de desactivar esos colectivos, motivó la acción judicial. Ya lo dicen los antimiliaristas: “No es la primera vez que desde el Gobierno se intenta desprestigiar a desobedientes civiles, relacionándolos con ETA y la violencia... tanto el juez Garzón como el ministro Mayor Oreja reconocen abiertamente que su objetivo es acallar cualquier tipo de disidencia que quiera alterar el orden establecido”.

Está claro que el Gobierno, en el caso del nacionalismo vasco, ha emprendido un camino de asimilación de colectivos diversos a la misma tipología de identificación entre ideario y violencia. Este parece ser también el caso. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, es posible aplicar el “todo vale”, con una sentencia judicial en la mano, hacia aquellos que puedan alterar el status quo, aunque lo hagan por medios legales y bajo principios irreprochablemente democráticos. Esta es una terrible consecuencia de la situación que vivimos: frente a la acción múltiple y omniabarcante del MLNV, el estado multiplica leyes y controles sobre la sociedad. Ni que decir tiene que ese es el objetivo del MLNV: extender la situación de excepcionalidad. Igual que los jóvenes de la kale borroka se escudan en la multitud de personas que aparecen en la fiesta de un pueblo para que la fuerza pública cargue de forma indiscriminada, y sirva como agravio y justificación para seguir reproduciendo estos hechos, el MLNV adopta el antimilitarismo y la colaboración con sus colectivos como cobertura a las acciones militaristas de ETA y de los grupos de fuerza del MLNV.

Tras la crítica a la acción del gobierno los antimilitaristas hacen una serie de afirmaciones de tipo ideológico. La más clara es aquella que pretende incompatibilizar lucha armada y desobediencia civil: “Paradójicamente, se acusa a los ahora detenidos de ser los tentáculos de ETA para impulsar la desobediencia civil, olvidando que ETA desprecia olímpicamente este tipo de lucha popular y participativa con su estrategia militar de vanguardia”. Aquí nuestros antimilitaristas caen en el mismo error que los nacionalistas: en pensar que las cuestiones de principio tienen algún valor más allá del criterio del resultado práctico o rentabilidad momentánea que la dirección del MLNV considere en cada etapa.  No existe incompatibilidad entre la lucha armada y la desobediencia civil, en tanto “instrumentos”, del mismo modo que el MLNV compatibiliza la lucha política, la de masas y la militar dentro de su esquema múltiple de “guerra popular”. El ponente de la ponencia Piztu (dentro del proceso Batasuna, de EH), Karmel Etxebarria inscribe claramente la desobediencia civil dentro de la “lucha de masas”. Más tarde hablaremos de sus contenidos. Pero una cosa son los principios de la desobediencia civil y otra cosa la desobediencia civil como instrumento de lucha. En estas últimas coordenadas están inscritos los planteamientos del MLNV.

Los autores del escrito aceptan el componente revolucionario de la lucha no violenta. Y por ello lanzan al MLNV dos guiños revolucionarios. El primero se refiere a cuestiones de efectividad, en una supuesta visión de objetivos comunes: “La lucha armada, además de pisotear derechos como la vida o la libertad de expresión, desvía el debate público de los objetivos que dice perseguir, para situar sus “acciones” como eje del problema”. Evidentemente. Pero seríamos muy inocentes si pensásemos que este, y no otro, es el efecto que se quiere lograr. “Los objetivos que dice perseguir” el MLNLV, la liberación nacional, la autodeterminación, una sociedad más justa, etc, son las “ilusiones ideológicas” mediante las cuales acercan y abducen a los incautos a su estrategia consustancial de la Guerra Popular. Las “acciones” son eje del problema en tanto que el problema no es nacional ni social: es la pugna por el monopolio de la fuerza respecto al estado. Y nacionalistas y pacifistas somos los peones del MLNV, y del estado, en este tablero.

En la misma línea dicen: “Frente al enconamiento y sufrimiento que deja tras de sí la lucha armada, la desobediencia civil tiene un claro componente pedagógico, clarificador de ideas, y de invitación a no cooperar con las injusticias”. Pero también la lucha armada posee un componente pedagógico. La lucha armada, y las formas de violencia subsidiarias a ella, crean comportamientos, obligan, crean sumisiones, crean colaboraciones. Es verdad que tales hechos no son fruto del entusiasmo participativo pero, desde la perspectiva del MLNV, sería absurdo jugar con desventaja respecto al estado. Quien no cumple la ley del MLNV es sujeto de castigo. Y eso lo sabe cualquiera que viva en Euskalerria. Nada hay más clarificador, más pedagógico, que el tormento o la amenaza de tormento.

Ni que decir tiene que estos militantes al menos proponen la transgresión de “la libertad y la vida”, y el “enconamiento y sufrimiento” como valores negativos. Pero no son valores incompatibles con un proyecto revolucionario: ahí tenemos las escombreras de la historia cubiertas con millones de cadáveres. Kolyma, los gulags, el Gran Salto Adelante, Pol Pot, la Cuba de Castro, son testigos de hasta que punto las garantías cívicas resultan prescindibles para la idea y la práctica revolucionaria.

Los antimilitaristas, sin embargo, reconocen la gran labor que tienen por delante, de hacer ver y asimilar los valores del pacifismo a la ciudadanía, para que esta no se quede con el envoltorio vacío de una determinada forma de acción social: “a pesar del éxito de la campaña de insumisión en Euskal Herria, ha faltado un discurso y una estrategia antimilitarista que intente aportar una mirada diferente sobre un conflicto de profundas raíces políticas”. Este es el gran problema. También es el problema del nacionalismo. Que nuestros principios puedan perdurar y manifestarse y ponerse en práctica para huir del doblete represión/revolución al que parece que nos estamos abocando. Para que solucionando el problema de Euskadi acometamos, de paso y conjuntamente, a la reparación de las injusticias que aquejan a nuestro actual modelo de sociedad.

El proceso Batasuna

Dicen los antimilitaristas: “Hasta ahora, desgraciadamente, no hay ninguna señal de que el MLNV haya intentado de manera seria y coherente una estrategia de desobediencia civil como eje de su lucha”. Esta afirmación, hoy en día, hay que relativizarla. Una de las ponencias del proceso Batasuna, la denominada Piztu, centra su labor en la imbricación de la desobediencia civil dentro de la lucha de masas. Su naturaleza de “eje” la dará el propio proceso de lucha. Las diversas formas de lucha son eje en tanto muestran una acumulación de fuerzas determinada. Más adelante profundizaremos en ello.

Primero hay que resaltar el baile de mascaras que caracteriza al proceso Batasuna. Es algo usual dentro del MLNV. Se tiene que cambiar la imagen y la marca para dar impresión de efervescencia y para canalizar la posible efervescencia por los cauces disciplinarios pertinentes. ¿Qué representa, en este sentido, el proceso Batasuna?

Las cinco ponencias presentadas (Piztu –Encender- Arragoa –Crisol- Bateginez –Haciendo uno- Aralar, y Igitaia eta Maillua –La hoz y el martillo-) con sus nombres simbólicos que representan otras tantas realidades posibles o actuantes, son las cinco caras de la ortodoxia del MLNV. En otros partidos, las diferentes tendencias se ven acompañadas por una fuerte refriega política que representa contradicciones reales en tanto contradicciones con el criterio principal del partido de turno o en cuanto a una lucha interna por el poder. Aquí no pasa lo mismo. El MLNV es un movimiento donde la disciplina externa e interna posee gran importancia. Donde la disidencia, si es auténtica, se paga con la muerte o el destierro. El criterio fundamental,  de la Guerra Popular y los Sujetos Múltiples revolucionarios, es por todos aceptado, con los matices debidos a la crítica revolucionaria sujeta a una perspectiva de eficacia en la tarea común: destruir el actual modelo de sociedad utilizando todas las armas posibles, las legales y las ilegales. Las cinco caras del proceso Batasuna se complementan perfectamente.

La ponencia Piztu, representada por Karmel Etxebarria, apuesta por la desobediencia civil como arma entre otras formas de lucha: “De cara al futuro –dice Etxebarria en Egunkaria- tenemos que utilizar la potencialidad revolucionaria de la desobediencia civil”.  La ponencia Arragoa, representada por Arantza Urkaregi, apuesta por la integración de los diferentes colectivos sociales que pueden ser afines, desde una perspectiva nacionalista o de izquierda: “Tenemos que crear algo nuevo que sea capaz de agrupar el mayor número de gente posible y que nos haga sentirnos cómodos a todos”. Karlos Rodriguez, con la ponencia Bateginez, representa el punto de contacto del resto de las ponencias, el ámbito englobador de las mismas. Iñaki Aldekoa, con Aralar, representa la cara bonita, la disidencia admitida, que es capaz de departir admirablemente con compañeros que aceptan la lucha armada aunque la critique y que quiere proyectar sobre la sociedad el componente “democrático” del MLNV: “Además de decir que queremos una Euskadi socialista e independiente, tenemos que resaltar explícitamente que tiene también que ser democrática”. Finalmente, David García, de Igitaia eta Mailua, representa las esencias, el recordatorio de la genealogía ideológica del MLNV: “En los últimos años la izquierda abertzale ha dejado de lado ciertos planteamientos y valores de la izquierda y hay que recuperarlos”.

He aquí la composición de lugar: la proposición de una nueva forma de lucha (Piztu), la reivindicación de un ámbito “cómodo” para los compañeros de viaje y para los desencantados y temerosos (Arragoa), el planteamiento integrador (Bateginez), la disidencia con función mediática e interna de canalizar contradicciones (Aralar) y la ortodoxia comunista como recordatorio de los valores fundacionales del movimiento (Igitaia eta Mailua). Cada una de las ponencias se encuentra en relación de interdependencia y complementariedad con las otras. Es más: se nos presenta al representante de “la línea comunista”, David García, bajo la cobertura de una tendencia que no es tal. ¿No estamos hablando de una “Unidad Popular”? ¿No es esta construcción una representación determinada del movimiento comunista, como lo es la organización armada y la dirección oculta del MLNV, EKIN? David García tienen la función de guardián de las esencias, no representa una tendencia ideológica, ya que todos los demás, igualmente, comparten su ideario.

Esta apariencia de pluralidad siempre ha sido un instrumento de engaño que el MLNV ha utilizado de una manera interna y externa. Interna, para canalizar los descontentos por diferentes vías sin que se desmanden o abandonen el proyecto; externa, para ofrecer, de cara a la sociedad, la impresión de un movimiento variopinto. Desde la perspectiva de la convergencia de las ponencias en un objetivo común, no existe nada más precocinado y programado que el proceso Batasuna. La enésima versión de cambiarlo todo para que nada cambie.

Piztu, desobediencia civil y MLNV

Para ejemplo de ello cabe analizar la entrevista que le hizo Gara a Karmel Etxebarria, ponente de Piztu (15-11-2000). Su planteamiento general coincide con el resto de las ponencias: “uno de los errores más graves de una organización revolucionaria es que sea conservadora... hay que abrir las puertas par a par, necesitamos nuevos aires”. Lo mismo dice Karlos Rodriguez en tanto localizar “la necesidad de un nuevo modelo organizativo”. ¿Cuál es la razón de tanta apertura? Karmel nos lo deja claro: “no basta con vencer, necesitamos convencer”.

Es natural. En un contexto de redoblamiento de la lucha armada, donde la clase política y el pueblo en general son víctimas de ataques directos por parte de los organismos coactivos del MLNV necesitan “convencer”, además de “vencer” –es decir, además de meter miedo hay que generar ilusión e implicación. Vamos a ver por que medios pretende Karmel Etxebarria llevar a cabo un trabajo tan loable.

Etxebarria dice: “Creemos que  gracias a Garzón la estrategia de la desobediencia civil, que proponemos como modelo de lucha que va a condicionar la estrategia de futuro y que se va a desarrollar en todos los ámbitos de la sociedad”. Nos está proponiendo una forma de espiral, de reproducción de enfrentamiento. En función de las deficiencias judiciales, en función de la confusión de colectivos que el MLNV proyecta, la desobediencia civil se conforma como una forma de lucha eficiente.

Dice también: “En esta nueva fase el instrumento de trabajo principal de la unidad popular debe ser la lucha de masas que se fortalecerá y ampliará a través de la desobediencia civil”. La “lucha de masas” no es sino la forma de lucha particular que asumen diferentes colectivos y segmentos sociales para converger contra el estado de cosas vigente. Es evidente que al lado de determinadas “luchas populares”, como una especie de extensión de valor a las manifestaciones e interpelaciones, existe un servicio postalgarada que se traduce en la amenaza y el castigo de los enemigos que según el caso se escojan. El caso de las Empresas de Empleo Temporal es evidente: al lado de una labor de concienciación, movilización y de ocupación, también hay un trabajo de amenaza y castigo a personas y destrucción de bienes privados. La desobediencia civil cabe entenderla, en las palabras de Karmel, como otra forma de “extensión de valor” de la lucha de masas. En combinación con todas las demás.

Karmel Etxebarria no habla, evidentemente, de los principios que sustentan históricamente a la desobediencia civil. Habla de que hay que inscribir a la desobediencia civil, como forma de lucha, dentro de la estrategia del MLNV con un fin muy concreto, la “acumulación de fuerzas”: “Para que esta (la Unidad Popular) acumule fuerzas para esos objetivos de los que hemos hablado planteamos la lucha de masas y dentro de ella la desobediencia civil, pero sin olvidar la lucha institucional y electoral. La interrelación complementaria y contradictoria de esas formas de lucha que tiene que desarrollar la lucha popular nos llevará a la acumulación de fuerzas”.

Tomemos el concepto de “la interrelación complementaria y contradictoria de esas formas de lucha”. Resuena potente el lenguaje del materialismo dialéctico. Estas palabras, que para algunos pueden suponer mera retórica, nos hablan claramente de la naturaleza profunda de la diversidad del MLNV: lo “contradictorio” y lo “complementario” son la misma cosa, en función de la percepción externa (de formas de lucha contradictorias) y de la función interna (complementarlas hacia un fin común). La desobediencia civil, en esta tesitura, también es “contradictoria y complementaria” con la lucha armada y con la kale borroka. Esto tienen que valorarlo, y muy seriamente, aquellos que piensan que comparten fines y no métodos con el MLNV o que comparten métodos concretos (como la desobediencia civil). La globalidad del proyecto del MLNV, su inclusión de formas coactivas intolerables, lo desacreditan de una manera absoluta.  

El ponente de Piztu se permite dar una potente vuelta de tuerca a la ironía que preside su entrevista: “El que desconfía de otras formas de lucha puede ver la necesidad de apostar por la desobediencia civil”. Que tranquilizador. En la línea de “comodidad” marcada por Arantza Urkaregi de cara a los compañeros de viaje o a aquellas personas desencantadas con “otras formas de lucha”, como por ejemplo la lucha armada. Esas personas no tienen porque pringarse personalmente en esas formas sucias de lucha. Pueden apostar por la “desobediencia civil” dentro del MLNV, en la conciencia muelle de que la mano derecha no sabe lo que hace la mano izquierda, o, al menos, no lo comparte, aunque pertenezcan a un cuerpo y una estrategia común.

Final

El proyecto que sustenta Karmel Etxebarria, igual que el resto de los ponentes, tiene como referencia el ideal clásico del MLNV desde que en la V Asamblea ETA se constituyó en grupo marxista-lenininista y abrió camino a un tipo de organización plural donde todas las formas de lucha pudieran conjuntarse mediante el esquema de la Guerra Popular. Su declaración de principios no deja el menor resquicio a la duda:

“Por un lado, proponemos un modelo abertzale, porque la independencia de Euskal Herria es la única forma de garantizar su futuro. Además, la única posibilidad de ser dueños de nuestro destino y de hacer frente a la uniformidad que nos quieren imponer a través de la globalización económica, social y política es la que nos da una Euskal Herria libre e independiente. Por otro lado, defendemos el socialismo, porque es el único sistema que puede dar la vuelta a este capitalismo injusto, pero será un socialismo adecuado a la realidad de Euskal Herria, en el que la profundizaremos desde la democracia. Al fin y al cabo, si llevamos la democracia al último extremo se convierte en socialismo”.

Nuestro ponente prosigue con su metodología dialéctica de cascada de ironías: la independencia es necesaria porque se opone al proceso de globalización capitalista; el socialismo es bueno porque es el único sistema que “puede dar la vuelta a este capitalismo injusto”; la democracia es buena porque al fin y al cabo “si se lleva al último extremo se convierte en socialismo”. El proyecto monolítico del MLNV queda claro. El nacionalismo sirve contra el proceso de globalización; y la desobediencia civil es buena como “arma de lucha”. Entramos en el discurso de las “ilusiones ideológicas” que tienen que dar cobertura a la Guerra Popular, al milenio revolucionario, al comunismo. ¿Hasta cuando seguirá produciéndose este engaño?

Xabier Iparragirre