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Relaciones entre PNV y ETA: la cruzada contra JEL

Como nació ETA

Dos últimos trabajos periodísticos, el uno escrito por José Felix Azurmendi y el otro por el historiador José María Lorenzo Espinosa en DEIA, han incitado directamente a esta reflexión. El tema posee la actualidad de la experiencia derivada del reciente acuerdo de Lizarra. Las vicisitudes que le han acompañado ha puesto de relieve la necesidad clarificar la naturaleza de las relaciones entre estas organizaciones y realidades históricas. Es como si la evocación retrospectiva de estas relaciones pudiera arrojar alguna luz sobre el actual escenario político. Lo que no es ninguna tontería. Pasemos al tema.

Entre las afirmaciones de Azurmendi hay una que es muy cierta y que al no tenerse en cuenta presupone la generación de cantidad de confusiones: los fundadores de la sigla ETA y aquellos que en la V Asamblea decidieron llevar adelante la lucha armada eran diferentes. El intervalo entre la fundación de la organización –cuando sí tenía realmente una relación, aunque fuera externa, con la organización del PNV- y el momento en que ésta asume una determinada identidad ideológica (marxista-leninista) y el uso de unos determinados medios (la lucha armada en su versión de Guerra Popular maoísta) marca dos situaciones cualitativamente distintas. Es más: la segunda parte de la V Asamblea es el contexto donde la mayor parte de los antiguos fundadores de la organización (Txillardegi, Imaz Garay, etc) abandonan ETA en la conciencia, plenamente explicitada por ellos, de que se había convertido exclusivamente en una organización marxista-leninista, sin ninguna espacio para el socialismo humanista o la socialdemocracia que ellos propugnaban.

Es necesaria esta aclaración previa porque, de esta manera, la afirmación dada por José María Lorenzo Espinosa, en el sentido de que ETA nace "no tanto por diferencias estratégicas graves" respecto al PNV "cuanto por un paternalismo jerárquico o autoritarismo mal entendido por parte, sobre todo, del BBB de Ajuriaguerra", cae por su propio peso. Esas diferencias eran asimilables a principios de los 60, cuando efectivamente existían relaciones directas entre ETA –o mejor dicho EKIN, ya que la sigla ETA surge una vez rotas las relaciones con el viejo partido- y el PNV. En el año 1966, una vez concluido un largo periodo de adecuación ideológica en el que la Oficina Política de ETA queda en manos de "comunistas españoles" –en palabras de Federico Krutwig y Txillardegi- para pasar, en la V Asamblea, a manos de marxista-leninistas vascos, el PNV no era sino la "burguesía nacional", uno de los "grupos cebadores" de ETA –junto con sindicatos como CCOO o las juventudes parroquiales u otros grupos de índole cultural o política- es decir, un espacio más de recolección de militantes bajo el pretexto de la falta de actividad del nacionalismo o de la inefectividad de la militancia antifranquista en general.

ETA nace con la V Asamblea. En ese momento se plantea una adecuación entre una teoría (revolucionaria) y una práctica (armada, pero también cultural, política, social, etc, es decir, la forma múltiple de lucha derivada de la concepción de la Guerra Popular maoísta). En ese momento no sólo se propugna sino que se pone en marcha la espiral de reproducción de violencia acción-represión-acción. Como decía Patxo Unzueta, la ETA de la V Asamblea se distinguía no tanto por una determinada definición ideológica como por la voluntad de hacerla vigente: lo que no es sino pura "filosofía de la praxis", es decir, puro marxismo-leninismo.

La crítica de Etxebarrieta

Este punto de diferencia ideológica es el que Lorenzo Espinosa trata constantemente de desvirtuar, recalcando los argumentos –históricamente reiterados por Federico Krutwig y los hermanos Etxebarrieta- acerca del "escapismo" resistente del lehendakari J. A. Agirre, acerca del carácter de "orden y prudencia, prestigio, serenidad, calma, cordura, sensatez, negocio, negocio, negocio" de los líderes del PNV –donde, para más inri, ya se lanza la consabida puyita del carácter "burgués" o "negociante" del viejo partido. También, y Lorenzo Espinosa sigue recogiendo muy bien la crítica de los dirigentes de la V Asamblea, se refiere al carácter "legalista" del PNV en el sentido de sentirse comprometido por la legalidad republicana española.

No es de recibo repetir la cantinela de la existencia dentro del nacionalismo de una línea legalista y otra radical. Esas dos líneas siempre han confluido dentro del PNV. La utilización de la lucha armada, la ruptura con la legalidad republicana –a la que gran parte de los vascos, socialistas, republicanos y comunistas, también estaban ligados- y la crítica al modelo de democracia representativa de Europa Occidental por parte de ETA poseen una lógica más compleja y global que el simple radicalismo: presuponen una profunda ruptura de valores no sólo respecto al nacionalismo sino respecto a la propia tradición vasca de defensa de su identidad.

Pero vayamos por partes. J. A. Etxebarrieta, en su opúsculo "La Tercera Guerra Carlista" exponía ya claramente su crítica al nacionalismo de la preguerra. Esta se basaba principalmente en tres puntos: 1) Una crítica global al antifranquismo –incluido el hispánico- donde denunciaba la falta de un proyecto de destrucción del "estado franquista" entendido como ordenamiento general –de ahí la necesidad de la lucha armada; 2) Una crítica al PNV y al proyecto Jagi-Jagi –en cuanto a que tanto unos como otros, unos por reformistas y otros por idealistas no ofrecieron un proyecto auténtico de ruptura respecto a la legalidad española; 3) La necesidad, en base a la teoría revolucionaria de Lenin, de compaginar legalidad e ilegalidad, programa máximo y programa mínimo, lucha armada y lucha política, cara a superar esas deficiencias.

La crítica de J. A. Etxebarrieta era voluntariamente ambivalente. Realizada desde una perspectiva formal nacionalista, se deslizaba imperceptiblemente a la cuestión de los medios. Etxebarrieta reconocía la imposiblidad de que en el contexto de la guerra del 36 hubiera la posibilidad de alguna otra opción que la que realmente se tomó. Y pese a que la opción del PNV fue inevitable sirve a Etxebarrieta para atacar al PNV y proponer su propio proyecto.

La perspectiva previa del análisis lo condicionaba totalmente, ya que este partía de la necesidad providencial de una organización armada que, en el contexto de los años 60, no podía ser otra cosa que una organización de liberación nacional al estilo de los grupos tercermundistas/marxista-leninistas surgidos por aquella época. Desde la crítica de su ineficiencia, el nacionalismo quedaba vaciado de su contenido histórico. Y desde la nueva etapa histórica, ETA aparecía como la manifestación de la nueva naturaleza del nacionalismo en el contexto de la lucha contra el capitalismo mundial.

La crítica de Federico Krutwig

Krutwig planteaba su crítica de una manera todavía más radical. Si Etxebarrieta planteaba una racionalización de la estrategia del nacionalismo y la coherencia, como consecuencia de su fracaso, de la necesidad de ETA, Krutwig arremete contra los símbolos personales del nacionalismo. El lehendakari Agirre, el lehendakari Leizaola, los líderes históricos del PNV, son todos cubiertos con la serie más desbocada de epítetos que pueda imaginarse. Aquellos vascos que, bajo el franquismo, todavía guardaban fidelidad al recuerdo y a la directriz del Gobierno Vasco en el exilio tenían que ser despertados de su ilusión.

Pero la crítica fundamental de Krutwig se refiere a los valores que sustentaban al nacionalismo y, concretamente, a su lema JEL (Jaungoikoa eta Lege Zarrak). "Sólo JEL sobra" es el título de uno de sus trabajos al respecto. El lema creado por Sabino Arana no era sino la transposición nacionalista del viejo lema usado por carlistas, liberales y republicanos vascos "Dios y Fueros". Este lema ligaba la causa nacional al ser histórico de Euskalerria, en cuanto a un sistema institucional y social privativos, en cuanto a que los vascos, por muchas deficiencias que hayamos tenido respecto a nuestro ser nacional, tuvimos conciencia cierta de nuestra libertad a lo largo de la historia y supimos defenderla frente a reyes y estados.

Krutwig ataca esta tradición y plantea un modelo de sustitución. Krutwig ataca al nacionalismo y sus líderes por ser demócratas –por ser occidentalistas- en un momento en el que la causa del progresismo era simbolizada por el comunismo universal; ataca al legalismo del PNV –en cuanto a que la causa vasca debe ser fundamentalmente "ilegal", es decir, revolucionaria; y ataca el cristianismo del PNV, porque los valores cristianos se oponen a toda teoría de reproducción de violencia, como era la teoría de Guerra Popular asumida por ETA; los frenos de la moralidad serían factores coadyuvantes en el mantenimiento del status quo.

La crítica a la ineficiencia del PNV esconde un proyecto de destrucción de los valores del nacionalismo y del pueblo vasco como sujeto histórico. Sólo el surgimiento de ETA podía librar a Euskadi de la lacra de ser un país atado a una causa reaccionaria e ineficiente. Por ello, antes de luchar directamente contra el franquismo, ETA y su movimiento (definido en varios frentes, siguiendo la teoría maoísta) lucharon contra la hegemonía del PNV dentro de las ikastolas, de los sindicatos, de los grupos culturales. Esta lucha –que no fue precisamente blanda y que quedó eclipsada por la necesidad de una convergencia de las fuerzas antifranquistas en contra del régimen- es la que ha definido y define todavía la relación entre ETA y el PNV. ETA nace de la exigencia una ruptura respecto a unos valores y una trayectoria histórica determinada y esa ruptura no se consumará hasta que el nacionalismo vasco haya sido machacado y fagocitado por el MLNV.

Conclusión

Lorenzo Espinosa no hace más que reproducir el modelo de engaño dialéctico utilizado por J. A. Etxebarrieta. Sigue hablando de una "ruptura con España", de la "asombrosa y consistente ligazón del PNV con la legalidad española". Esta crítica está dirigida fundamentalmente al apoyo del PNV a la legalidad en cuanto a tal legalidad –en cuanto a la aceptación de comportamientos democráticos a la hora de dirimir problemas políticos- y no en cuanto a España como sujeto nacional determinado. żO es qué el MLNV acepta el modelo de "democracia representativa" vigente en Europa Occidental? Está claro que no.

La ideología marxista-leninista del MLNV, en lo que se refiere a una metodología de lucha revolucionaria en amplios frentes incluido el armado, ha absorbido todo lo que podía tener el MLNV de componente histórico vasco. El movimiento no es más que la expresión de una forma de organización ligada a la tradición comunista de la revolución mundial. Es manifestación concreta de un fenómeno universal que se dio en los años 60 y que tiene manifestaciones diversas en distintos países. Su forma de organización, su ideología, su misma estética, se corresponde con esos movimientos revolucionarios esparcidos por el mundo mucho más que con el nacionalismo o con la trayectoria histórica del pueblo vasco. ETA, y el MLNV en general, son un fenómeno internacional, son expresión de un modelo de globalización revolucionaria. Las nuevas generaciones del MLNV están educadas precisamente en esta idea de internacionalismo –de comunidad con los movimientos guerrilleros y anticapitalistas del mundo en contra del capitalismo mundial. Las necesidades concretas de la construcción nacional de Euskadi quedan subordinadas a este tipo de geopolítica. Cuando muchos nacionalistas no entienden las acciones de ETA o la evolución del MLNV en general y ven que son contraproducentes para los esfuerzos de liberación nacional de Euskadi no se dan cuenta de que ese contenido revolucionario condiciona, de modo fundamental, su devenir. Los niveles de crispación, desestructuración y fractura que provoca la estrategia del MLNV son factores voluntariamente buscados. Responden a la lógica leninista del cuanto peor mejor. Y lo que es bueno para la revolución, se está demostrando más claramente estos últimos años, es malo para la construcción nacional.

Decía el viejo líder del PNV Eli Etxeberria –burukide del GBB entre 1934 y 1970: "Estuve desde el PNV en el origen de ETA. Y ETA nació contra Franco, si, pero sobre todo, contra el PNV". Quien quiera ver esta afirmación como pura parcialidad no hay más que recoger la declaración que hacía Julen Madariaga, el único fundador de ETA que siguió en la organización en la V Asamblea y que era marxista: "La liberación de Euskadi pasa por la destrucción del PNV". Si: destruir al PNV pero haciendo acopio de su capital humano y social; destruir el proyecto del PNV, su trayectoria histórica y, con ello, el hilo que liga a Euskadi con su ser nacional, con su tradición de pervivencia y de libertad.

El testimonio de Kepa Aulestia, otro ex miembro de ETA, ingresado en la organización a los 17 años, apresado el año 1975 y amnistiado en 1977, viene a matizar todavía de modo más preciso esta cuestión:

"Lo que nuestros mayores nos dijeron fue que la guerra es un horror que no trae nada bueno, que genera odio y miseria. En silencio, guardaron su rencor. Hubieran deseado otro final para el 36, pero no querían dejar el odio como herencia para sus hijos. Muchos habían perdido familiares y amigos; muchos más lo habían pasado realmente mal inmediatamente después de la victoria franquista. Pero el mensaje que, entrecortadamente, trataban de depositar en el secreto del hogar familiar podría ser de rabia impotente, pero no de revancha y odio.

Isa González Katarain, que fue también militante de ETA, escribe a su hermana Yoyes: "El atxona [abuelo], con su mal castellano, también nos hablaba de la guerra, de los carlistas, de los nacionalistas, de los que robaban, de los muertos, de las batallas entre la casa y el río... No entendimos, hasta muchos años después, por qué estaba en contra de la guerra." Esta era la actitud real de la inmensa mayoría de quienes participaron o sufrieron las consecuencias de una Guerra Civil que en Euskadi sólo duro siete meses, que fueron suficientes para desear borrarla del recuerdo. No es la sublimación del gudari lo que heredamos como recuerdo de aquella guerra. No es lo que heredó Yoyes. La sublimación del gudari es una recreación producida en nuestra propia generación, y a partir de ahí revivida como revancha por algunas personas de la anterior".

Lo extraordinario de este caso, del caso de la transmisión de la tradición nacionalista en Euskadi en las décadas de los 50 y los 60, es que se da un proceso inverso. Dice Aulestia: "Si, fuimos nosotros quienes les engañamos, les convencimos de que los gudaris de hoy eran la reencarnación de los gudaris de ayer". Es la "nueva generación" la que se encarga de "engañar" a sus mayores y convencerles de la persistencia de un hilo de continuidad entre la lucha de ETA y la de los gudaris del 36. El mismo autor detalla la función de ese engaño: "Fue la generación que no conoció la guerra la que engañó a sus mayores. El reproche a su pasividad pretendía enmudecerlos lo suficiente como para que se dejaran convencer de que eran los hijos los llamados a lograr la restitución de aquello de lo que los padres habían sido despojados en la derrota".

A este engaño se liga el artículo de Lorenzo Espinosa. Una vez más los voceros del MLNV quieren que comulguemos con ruedas de molino bajo los auspicios de una construcción nacional ficticia. Aquellos que tienen en su haber la gloria de pertenecer al nacionalismo vasco, al nacionalismo que en una guerra cruenta no cometió crímenes y que en la larga noche del franquismo mantuvo el espíritu cívico del pueblo vasco firme contra la ilegalidad franquista, a ellos se pretende engañar, para que renuncien a todo aquello que han construido con tanta paciencia y sufrimiento. Los valores de decencia, defensa de los derechos humanos y de la democracia que han caracterizado a los vascos a través de la historia se han visto traicionados y combatidos por el MLNV. Quienes nos prometen la libertad de Euskadi por medio de la planificación de crímenes están negando a Euskadi. "Antes soy hombre" decía Manuel de Irujo cuando era ministro de gobernación de la República, afirmando claramente el humanismo y el cristianismo inherentes a los valores del nacionalismo y del pueblo vasco. Siendo fieles a esa causa logramos los nacionalistas el apoyo de nuestro pueblo. Sólo reafirmándonos en ello, en la raíz más íntima de nuestra tradición de libertad, podremos los nacionalistas recuperar redoblado el respaldo de las personas que viven en Euskadi.

Imanol Lizarralde