GOIZ ARGI

(Número 5. Zenbakia - Apirila 2000 Abril)

Artxibo doc

Crítica y autocrítica dentro del nacionalismo

Las vicisitudes de este periodo posterior a la tregua han sumido al nacionalismo en una etapa de grandes perplejidades. Muchos no querían creer realmente en las palabras que se desprendían del comunicado en el que ETA anunciaba el inicio de la lucha armada. Muchos reponían que existía una tregua de hecho, pese al anuncio de su finalización. Incluso cuando fueron incautados los planes de ejecución de determinados políticos y se encontraron diversas cargas explosivas, algunos declaraban que tales cargas no eran para atentar contra nadie. La culminación de este vals de incredulidades culminó con las declaraciones de Joseba Egibar donde este decía que pese a la ruptura del alto el fuego ETA había decidido ya finalizar la lucha armada. Tres muertos y ataques casi diarios de kale borroka no han apagado todavía el eco de la lógica de no creer en lo que ETA dice que va a hacer y hace.

El segundo comunicado de ETA, con motivo del asesinato de Fernando Buesa y su escolta, venía a ratificar su primera versión: EA y PNV son los responsables máximos de la ruptura de la tregua por no implicarse suficientemente en la interpretación del camino de Lizarra que realiza la organización armada. LAB y EH, de diferentes maneras, han ido extendiendo ese mensaje. El nacionalismo no se ha querido encarar con la triste realidad de que el MLNV no dirige sus críticas a Madrid más que a un nivel cosmético, para reafirmar la imagen que quieren vender de salvadores de la patria. Cuando los líderes nacionalistas acusan de "inmovilista" al Gobierno español, el MLNV lanza esa acusación contra el nacionalismo. Y el nacionalismo responde al MNLV con plena perplejidad, como si no creyera realmente en lo que se le dice y en lo que se le hace. Porque, en eso existe un refrendo general, las acciones violentas y la política abstencionista del MLNV perjudican primordialmente al nacionalismo.

El objetivo concreto del MLNV es dejar a EA y al PNV sin estrategia y sin identidad política. De ahí sus críticas de no implicación. Pues implicación, para el MLNV, supone la renuncia a una trayectoria histórica y a los rasgos que han caracterizado a esta: respeto del juego democrático y adhesión al consenso del Estatuto de Gernika. El MLNV pretende que el nacionalismo asuma un Lizarra con muertos y violaciones de derechos humanos y que se arrumben las instituciones vascas en función de una construcción nacional que sólo existe en un papel.

En este contexto, la cuestión de la crítica y la autocrítica dentro del nacionalismo se impone de manera radical. No es posible escuchar serenamente las palabras tranquilizadoras de los líderes del nacionalismo respecto a EH y el "proceso de paz" y vivir diariamente el deterioro del nacionalismo a un nivel social y los aguijones de enfrentamiento civil que genera la estrategia del MLNV. Frente a la venta de una esperanza en continua degradación, esperanza que cada vez más se convierte en una autocaricatura, es necesario reivindicar un espacio de crítica dentro del nacionalismo.

Todos los que escribimos en Goizargi somos plenamente conscientes de la oleada de calumnias e intoxicaciones que se están lanzando por parte de los medios de comunicación españoles y por parte del Gobierno central contra el nacionalismo y sus líderes. Pero una cosa es el contexto de recrudecimiento verbal en el que estamos envueltos (y del que, en parte, tenemos la culpa también los nacionalistas, en cuanto a que no damos racionalidad y serenidad al debate) y otra cosa es el papel de la función crítica desde una perspectiva abertzale.

Desde los diferentes órganos de comunicación del MLNV se están elaborando listas de nacionalistas desafectos. De nacionalistas que, viendo el cariz que está tomando la situación, están inquietos por el futuro del nacionalismo y pretenden sentar las bases de una reflexión en profundidad. Estos nacionalistas son objeto de criminalización por no dar crédito a las explicaciones tranquilizadoras que los líderes del MLNV imparten para poner compresas frías a los acontecimientos dolorosos que nos rodean.

El escepticismo de estos nacionalistas va a la par de la gran desorientación y desilusión que embarga a gran parte de las bases nacionalistas, tras el fracaso de Lizarra. No es de recibo decir que no se puede dar "marcha atrás" o de que no existe otra alternativa. Cuando el camino hacia delante y la única alternativa presuponen dar crédito una y otra vez, y en contra de lo que está sucediendo, a los discursos tranquilizantes de la dirección del MLNV, entonces el camino de la crítica es el que se nos impone desde la pura conciencia de los peligros de la situación.

Pues no nos engañemos: seguiremos sufriendo durante bastante tiempo muertes y ataques a personas y propiedades. Ante esto no cabe la menor concesión. No podemos hacernos participes de una estrategia que por un lado pone la labor política y por otra lleva a cabo acciones militares y de sabotaje. El mayor engaño es, precisamente, el de oponer una cosa a las otra, ocultando las dosis de complementariedad que hay entre ellas. La campaña abstencionista en estas elecciones generales son un ejemplo clarísimo de convergencia de ambas vías.

La excusa de la "construcción nacional" esgrimida por el MLNV está poniendo en crisis a los instrumentos reales de construcción nacional, como son el Gobierno Vasco y su lendakaritza. Y en esto se ha establecido una convergencia entre los adalides de "Ibarretxe dimisión", representados por los partidos estatalistas, y la propia organización armada. Como en una nueva República de Weimar los extremos políticos pugnan por acabar con el ordenamiento democrático.

Los nacionalistas debemos responder con energía ante estos retos. Para ello necesitamos una crítica que evite personalismos; que entienda el esfuerzo que se ha hecho para lograr la paz; que entienda que esta voluntad existe realmente; que denuncie, asimismo, las campañas de intoxicación informativa lanzadas desde los centros de poder. Que ponga, por encima de todo, el valor de la convivencia entre los vascos y los pasos reales hacia la construcción nacional.

La situación que vive el nacionalismo no es como para seguir haciendo ejercicios de autocomplacencia y como para seguir echando la culpa al Gobierno español o a los despropósitos de ETA. Son necesarios espacios de reflexión y la reflexión sin crítica es algo inútil. De ese intercambio fecundo de opiniones puede surgir la regeneración del nacionalismo. Que ante la crítica constructiva y genuina nadie alce la voz, como ya se ha hecho, tratando de acallarla con apelaciones a la fidelidad o la lealtad. La fidelidad y la lealtad se deben a un proyecto y a una idea política nacionalista: se tendrá que juzgar las opiniones en función de estos; no midiendo adhesiones personales o silencios interesados. Los nacionalistas debemos hablar y debemos criticarnos a nosotros mismos. De ahí puede surgir la claridad de criterio que nos guíe hacia un verdadero camino de libertad para Euskadi.

Xabier Iparragirre