GOIZ ARGI

Artxibo doc

ÍTACA

Cuando salgas de viaje para Ítaca,
desea que el camino sea largo,
colmado de aventuras, de experiencias colmado.
A los lestrigones y a los cíclopes,
al irascible Poseidón no temas,
pues nunca encuentros tales tendrás en tu camino,
si tu pensamiento se mantiene alto, si una exquisita
emoción te toca cuerpo y alma.
A los lestrigones y a los cíclopes,
al fiero Poseidón no encontrarás,
a no ser que los lleves ya en tu alma,
a no ser que tu alma los ponga en pie ante ti.
Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas estivales
en que  -y con que alegre placer!-
entres en puertos que ves por vez primera.
Detente en los mercados fenicios
para adquirir sus bellas mercancías,
madreperlas y nácares, ébanos y ámbares,
y voluptuosos perfumes de todas las clases,
todos los voluptuosos perfumes que te sean posibles.
Y vete a muchas ciudades de Egipto
y aprende, aprende de los sabios
.
Mantén siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Pero no tengas la menor prisa en tu viaje.

Es mejor que dure muchos años
y que viejo al fin arribes a la isla,
rico por todas las ganancias de tu viaje,
sin esperar que Ítaca te va a ofrecer riquezas.
Ítaca te ha dado un viaje hermoso.
Sin ella no te habrías puesto en marcha.
Pero no tiene ya más que ofrecerte.
Aunque la encuentres pobre, Ítaca de ti no se ha burlado.
Convertido en tan sabio, y con tanta experiencia,
ya habrás comprendido el significado de las Ítacas.

Camino de Ítaca

Parece evidente que el nacionalismo vasco democrático está atravesando unos momentos históricos decisivos, trascendentales para su futuro próximo. Un nacionalismo que lleva 30 años prestando servicios a una sociedad compleja y plural, bien en solitario o con el consorcio de fuerzas no nacionalistas. Un nacionalismo que ha conseguido para Euskadi importantes cotas de autogobierno a pesar de que el actual marco no satisfaga plenamente las legítimas aspiraciones que tiene planteadas en su ideario. Sin embargo, la política que ha realizado durante los dos últimos años culminada con la firma del pacto de Lizarra y el fracasado acuerdo con la banda terrorista ETA, han puesto de manifiesto lo negativo que pueden ser los atajos y las prisas para alcanzar nuestros destinos, nuestras Ítacas.

Tenemos la impresión de que nuestro viejo nacionalismo debe liberarse de unos pesados lastres para llegar a Ítaca. Creemos que para abordar el diálogo sobre nuestro futuro, con todas las fuerzas políticas representativas de Euskal Herria, debemos superar las aproximaciones de tipo etnicistas, nativistas, biológicas o incluso historicistas. En un país que entra de lleno en el siglo XXI, el valor de la ciudadanía vasca debe estar por encima de esas alforjas propias de un nacionalismo del siglo pasado y cualquier proceso decisorio de lo que realmente queramos ser debe basarse en el deseo plenamente democrático de toda la ciudadanía vasca. No debemos buscar atajos que disfracen de forma engañosa el proceso de modelado de nuestro país. Un proceso que siempre debió estar abierto a todas las sensibilidades de Euskal Herria: a las nacionalistas vascas en Navarra y a las constitucionalistas españolas en la Comunidad Autónoma Vasca. Sólo desde la integración podremos avanzar en un acuerdo de mínimo común compartido para Euskal Herria. Esta es la razón por la que muchos nacionalistas hemos criticado la política de frentes desencadenada tras el acuerdo de Lizarra. Nunca el nacionalismo democrático debió haber aceptado el tristemente famoso documento de ETA, especialmente ese tercer punto donde se acordaba la exclusión de los partidos no nacionalistas en el diseño de la política vasca. Ni con anotaciones al margen, hechas desde la improvisación, ni sin ellas. Porque para avanzar hacia Ítaca no es aceptable una política que, por integrar a quienes hoy se encuentran al margen de la convivencia política, sacrifique la unidad social y política actual y cree nuevas fracturas sociales no deseables para el futuro del país. Los esfuerzos titánicos que ha realizado el nacionalismo vasco para conseguir el cese de la actividad terrorista de ETA, no pueden hacerse a costa de la exclusión de la mitad de la sociedad vasco-navarra.

Sólo desde el restablecimiento de la mutua confianza y respeto entre las comunidades presentes en Euskal Herria podremos arribar con buen rumbo a Ítaca. No podemos consolidar ningún proyecto de futuro desde un presente caracterizado por el antagonismo y la confrontación continuada entre proyectos con identidades diametralmente opuestas. Es por tanto necesario y urgente que creemos condiciones para el diálogo en una Euskal Herria en donde la tradición e identidad vasca pueda convivir en armonía con otras tradiciones culturales. El nacionalismo vasco nunca debe perder de vista que el éxito de Euskadi depende de que las diversas tradiciones y proyectos de identidad que existen en el país puedan desarrollarse y convivir de forma interactiva, complementaria y por lo tanto, mutuamente enriquecedora.

Queremos un nacionalismo que se adapte a los profundos cambios que están afectando a los Estados nacionales por arriba (la globalización) y por abajo (la subsidiariedad), y que los asuma y los tenga en cuenta en el diseño y la formulación de nuestro modelo de país. Un nacionalismo que asuma que la construcción nacional debe estar basada en una construcción social y que los verdaderos problemas políticos no residen en la División Brunete, (ni la militar ni mucho menos la mediática), ni incluso en la Constitución española. Es la propia pluralidad de la sociedad vasca la que modera los planteamientos del movimiento revolucionario de ETA y HB, que han despreciado históricamente los elementos intrínsecos que frenan su modelo de autodeterminación y de país. Un modelo que todavía hoy en día sigue conteniendo la semilla del totalitarismo. Por eso nuestra definición y concepción del nacionalismo y nuestras estrategias deben alejarse completamente de los planteamientos del integrismo terrorista, cuya praxis conducirían poco a poco a la extinción al nacionalismo vasco democrático. Debemos dejar muy claro que no solamente nos separa de HB y ETA la apología y el empleo de la violencia, sino su concepción dogmática y absolutista del nacionalismo.

Necesitamos que el nacionalismo sirva para cohesionar y vertebrar Euskal Herria, reforzando la adhesión social de la ciudadanía a nuestras instituciones. Un nacionalismo abierto a toda la sociedad vasca a la que debe servir. El Estatuto y el Amejoramiento no están muertos, como han intentado propagar las fuerzas antisistema del MLNV. Hoy más que nunca necesitamos abordar un amplio debate que abra camino a un consenso suficiente en materia de modelo de sociedad, explorando el desarrollo de la disposición adicional del Estatuto.

Deseamos ir hacia una Ítaca desde la integración, sin ruptura del marco político vigente. Como diría Antón de Irala, en un proceso de "burujabetza", un proceso extrovertido, dinámico, permeable, permanentemente inacabado, como un quehacer siempre abierto, Bere buruaren jabe izan, (Francisco Garmendia, homenaje a Antón de Irala, Iralar Elkartea). Ansiamos proyectos en los que podamos disfrutar del viaje y del camino, abierto siempre a las aportaciones diversas y creativas de todas las opciones presentes en nuestro país, aprendiendo las lecciones contenidas en el hermoso poema del poeta griego Constantinos Cavafis, Ítaca: "Cuando salgas de viaje para Ítaca, desea que el camino sea largo. Mantén siempre a Ítaca en tu mente. Llegar allí es tu destino. Pero no tengas la menor prisa en tu viaje. Es mejor que dure muchos años y que viejo al fin, arribes a la isla, rico por todas las ganancias de tu viaje sin aguardar a que Ítaca te enriquezca. Ítaca te brindó tan hermoso viaje. Sin ella no habrías emprendido el camino. Pero no tiene ya más que ofrecerte. Aunque la halles pobre, Ítaca de ti no se ha burlado. Convertido en tan sabio, y con tanta experiencia, ya habrás comprendido el significado de las Ítacas".

Arturo Goldarazena Lafuente

Profesor de la Universidad de Florida y miembro de la Asamblea Nacional de EA