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(Número 12. Zenbakia - Abendua 2000 Diciembre) La
persistencia de la memoria: ayer y hoy del PNV (2) Un
humanismo de hechos 2 “Fue una de esas tardes grises de nuestra patria, en las que
la alegría del paisaje vasco pierde su sonrisa baja la tristeza del
cielo (...) nubes tupidas
parecerían querer amparar nuestra inconsciencia contra los propósitos
criminales de los aviones alemanes que acecharían a pocos kms. de
distancia”. Así describe el Lehendakari Aguirre sus sentimientos
de aquel día en el que prestó juramento ante el Arbol de Gernika,
símbolo de las libertades de los vascos. No son los actuales momentos
de Ibarretxe peores que los del Lehendakari Aguirre. Ibarretxe se
está jugando el sillón. El Lehendakari Aguirre se jugaba su vida y
el devenir de su Pueblo. En el salón del parlamento, Aguirre, en uno
de los más dramáticos momentos de Euskadi prestaba el siguiente juramento:
“El pueblo vasco ha hecho mucho más que sufrir,
porque las penas pasadas, y las que en el presente aquejan a sus hijos
tienen una razón, una motivación basada en la defensa de altos ideales,
el primero de los cuales es la defensa de la libertad. No somos los
únicos que en el mundo han pasado por trances semejantes, ni seremos
tampoco los que cerremos este capítulo de desdichas humanas” Así comienza el Lehendakari Aguirre su discurso
de gestión, haciendo un repaso de la actuación del Gobierno Vasco
en la guerra, veinte años más tarde, en París. El problema era que
la República estaba en peligro, y con ella, el Pueblo Vasco. El PNV supo ver que la lucha por la defensa de las
libertades era “el primero de los altos ideales”. Y que defender la
libertad pasaba irremediablemente por defender el marco vigente en
aquel momento. No el marco querido, sino el razonablemente posible
en aquellos días. El Estatuto de Autonomía simbolizaba el nexo de
unión entre las diversas formaciones políticas en Euskadi. Por eso
no tuvo complejos en aliarse con miembros del PSOE o del PCE para
formar aquel primer gobierno. Lo que estaba en juego era mucho más
importante que un programa político, o unas legítimas aspiraciones
políticas. Lo que estaba en juego eran las libertades de todo un pueblo
que peligraban ante el fascismo, que con el pretexto de la “cruzada
católica” quería borrar la identidad propia de Euskadi mediante el
alzamiento militar. “Al levantar nuestras banderas de libertad y
de justicia en defensa contra una agresión que no podía tener justificación
moral, continuamos la historia de nuestro pueblo poco propicio a soportar
el yugo que impone la violencia. Así fueron nuestros padres, y en
nuestros días no hemos hecho otra cosa que seguir su ejemplo. Hubiese
sido un contrasentido del que jamás podríamos perdonarnos el haber
roto, por adoptar una actitud de cobardía o de simple aquiescencia,
el hilo de nuesta historia” No hay justificación moral para soportar el yugo
de la violencia. No es perdonable la aquiescencia o la cobardía ante
la violencia. Para un abertzale
es romper con el hilo de su historia. Es traicionar a sus antepasados.
Un contrasentido. Si algo teníamos claro los vascos era que con quien
mata no hay nada de que negociar. Sin necesidad de justificaciones
filosóficas. En nuesta tradición oral, existen diversas muestras de
ello. No hay patria, proyecto político o religión que justifique la
violencia. El lehendakari era profundamente católico. Pero ante el dilema de optar entre apoyar
a los sublevados de la “cruzada católica” o negarse a hacerlo, y defender
la legalidad vigente, contrariando así al Vaticano, optó por lo segundo.
Optó por su conciencia. Una conciencia que le decía que la violencia
era intolerable: “Ni en nombre
del patriotismo, ni en el cristianismo, ni en el orden social entendimos
que era lícito abrir el surco por donde habría de discurrir por torrentes
la sangre del pueblo. Pero la originalidad fue que Euskadi, pueblo
mayoritariamente cristiano, recogió y expresó con impresionante unanimidad
la voz de todas las familias espirituales que lo componían acercando
las finalidades e ideales de aquellos que tienen un concepto humanista
de la vida, con aquellos otros que la subliman, siguiendo los preceptos
del Evangelio. De aquí que el pueblo vasco aceptara una posición singular,
al unirse todos sus hijos en el ideal de la libertad y de la justicia,
superando las divisiones artificiosas y muchas veces hipócritas de
izquierda y de derecha, para fundirse en defensa del derecho y del
respeto a la libre voluntad del pueblo enfrente de aquellos que tienen de la
vida un concepto basado en la violencia erigida en sistema y en la
dictadura militar o totalitaria como única expresión aplicable a una
sociedad compuesta de seres racionales. Se nos atacó, y la agresión
nos unió a todos” Ni constitucionalistas o estatutistas. Ni monárquicos o republicanos.
Ni vascos o españoles. Ni izquierdas ni derechas. La línea divisoria
en todo conflicto es la concepción humanista de la vida, por un lado,
“enfrente de aquellos que tienen de la vida un concepto basado en
la violencia erigida en sistema”. No hay posibilidad de acercamiento
con quien utiliza la violencia como sistema. En frente. Se está en
frente de los que agreden, sean estos vascos, españoles o de otra
nacionalidad. Para un vasco no podía ser de otra manera. El Lehendakari
vio la necesidad de luchar y defenderse ante el franquismo. Podría
haber sopesado otras posibilidades: negociar, convencer, consensuar...
No lo hizo. Con una visión profética, intuyendo lo que se le
venía encima, se dispuso a combatir el autoritarismo. Para las conversaciones
y los acuerdos se necesita no sentir la amenaza de las bombas. De
lo contrario, esas conversaciones están demasiado condicionadas y
corren el riesgo de derivar en una claudicación. No haría tal cosa. No traicionó a sus antepasados.
En lugar de ello preparó la defensa. LA CARTA CONSTITUCIONAL DE LOS DERECHOS
El Gobierno Vasco decidió establecer unos mínimos
de actuación, unos mínimos ante los cuales no se pensaba transigir.
Y para ello el Lehendakari se rodeó de un equipo formado por miembros
de las diferentes fuerzas políticas en Euskadi, que antepusieran el
valor y la defensa de las libertades en peligro a todo lo demás. Así
comienza la declaración programática: “Al constituirse el Gobierno provisional vasco,
nacido de la voluntad popular en cumplimiento de los preceptos que
contiene el Estatuto de autonomía de Euskadi aprobado por las Cortes
de la República española, expone ante el pueblo vasco los puntos fundamentales
del programa al que someterá su actuación, y que, siendo el centro
de coincidencia de todas sus fuerzas políticas que lo constituyen,
tiene por finalidad el supremo designio de conseguir la victoria y
establecer y organizar definitivamente la pàz, como gabinete de guerra
que es, en toda significación que este vocablo encierra” El lenguaje utilizado en esta declaración programática
es un lenguaje bélico, duro y claro, propio de la época. Estamos en
el año 1936, en una situación de guerra declarada por el franquismo,
en donde el fascismo va a utilizar poco tiempo después Gernika como
lugar de ensayo de cara a la 2ª Guerra mundial. Pero las claves éticas
fundamentales nos son perfectamente válidas en la Euskal Herria de
hoy. Frente a quienes declaran la guerra, Hay que defenderse. El camino para ello no
es el que siguió Chamberlain con Hitler, haciendole firmar papeles
que el militarismo históricamente siempre desprecia si se le presenta
la ocasión de continuar con sus ambiciones conquistadoras. Ante el que desprecia a la mayoría de un pueblo no se puede mantener una
posición daltónica, tratando de ver hipotéticas buenas voluntades.
Quien mata trata de imponer. Y quien trata de imponer, no quiere razonar.
Quiere negociar para ganar, aunque diga lo contrario.
Con el enemigo (el que declara la guerra se declara enemigo,
por mucho que la otra parte no lo quiera) no valen pactos. Hay que
luchar. Entonces con las armas. Hoy con otros medios como la palabra
y la no violencia activa. Curiosamente, en Euskadi, la desobediencia
civil ha demostrado que puede ser un instrumento válido para hacer
frente a la imposición militar. El uso de la palabra y la negativa
a toda colaboración con el ejército español, que con tan buenos resultados
se ha aplicado, podría ser perfectamente utilizable frente a la organización
militar ETA. El problema es que es más fácil hablar de diálogo que
enfrentarse, aunque al hablar de diálogo no se aclare en qué consiste
tal, qué premisas se deben de seguir o bajo qué principios pretende
dialogar cada uno. Es más fácil mostrarse dialogante, aunque sea por
miedo, que reconocer que no se está dispuesto a “soportar el yugo
que impone la violencia”. Nuestros dirigentes nacionalistas hace tiempo
que han adoptado esa actitud de cobardía o aquiescencia de la que
decía renunciar el Lehendakari Aguirre, sin que les hierva la sangre ante el hecho
de que tantos ciudadanos o ciudadanas
vascas tengan que convivir con escoltas, en un “estado de excepción”
decretado por el MLNV, en la que tantas personas, sin delito alguno,
viven en la incertidumbre de si pueden ser ejecutados por un grupo
armado sin ningún tipo de garantías procesales. Y todo esto mientras
el PNV pretende sentarse con los representantes políticos que justifican
a quienes no muestran bajo qué reglas sentencian y ejecutan a la gente,
cuando para lo único que se deberían de sentar, si así lo hicieran,
es para dar un puñetazo en la mesa y dejarles muy claro que aunque
cesen los muertos, no hay nada que negociar políticamente con ellos.
Que por no ir, no irían con ellos ni a heredar. El Lehendakari Aguirre afirmaba orgulloso, veinte años más tarde,
que no desertaron de la tradición, que fueron fieles a la historia
de nuestro pueblo al no ceder ante Franco. Hoy comprobaría apesadumbrado
que sus descendientes flirtean con quienes han declarado la guerra
a tantos y tantos ciudadanos vascos. Que los actuales dirigentes del
PNV siguen esperando un cambio cualitativo de quienes les responsabilizan
de la ruptura del alto el fuego. Hoy el Lehendakari Aguirre comprobaría
que los actuales dirigentes desprecian unas instituciones
y un marco jurídico como el del Estatuto de Autonomía (sin
ofertar nada que lo supere), conseguido gracias a que el pueblo vasco,
mayoritariamente, dijo sí a un PNV que liderara ese momento por la
memoria de Aguirre, Irujo, Ajuriaguerra... ya que los entonces nuevos
dirigentes nacionalistas eran absolutamente desconocidos tras 40 años
de dictadura. Y comprobaría que no son capaces, no ya de constituir
un gobierno vasco con un referente humanista, sino que despreciando
ese criterio, tras pactar y ser abandonados por socios que
utilizan o justifican la violencia como sistema, se han convertido
en los principales responsables del “impasse” al que está sometido
un parlamento que no legisla porque el ejecutivo es incapaz de gobernar.
Perdido y sin saber donde está la salida del túnel en el que se ha
metido. Utilizando los parámetros de abertzales y españoles, nosotros
y los de Madrid...que en esta tesitura, en la que no se pueden templar
gaitas, resultan del todo improcedentes. Crear udalbiltzas, realizar
declaraciones de autodeterminación en el vacío y saltos cualitativos
, a las bravas, y sin apoyos certeros nunca ha sido propio de la actuación
del PNV. Entonces, como hoy, lo que estaba en juego, fundamentalmente,
era la integridad física de los vascos, independientemente de su religión,
creencias o ideología política. Lo que estaba en juego era la convivencia
social. Y eso, que todos entendían como fundamental, estaba por encima
de las disquisiciones políticas. El PNV
de 1936 nunca tuvo dudas a este respecto.
Por ello estableció en su declaración programática estos principios
que están considerados como fundamentales por la propia declaración.
Todos ellos encaminados, como ya he dicho, hacia el objetivo de “conseguir
la victoria y establecer y organizar definitivamente la paz”. “Respetará y garantizará los derechos
individuales y sociales de todos los ciudadanos vascos, y en consecuencia,
la libre práctica de las confesiones y asociaciones religiosas, la
seguridad de sus componentes y la de sus bienes, dentros siempre de
las prescripciones establecidas por la Constitución. El carácter religioso
no eximirá de las responsabilidades que se deriven de actuaciones
políticas contrarias a la ley” El lehendakari Aguirre manifestó en el discurso de París,
20 años más tarde, que el juramento realizado ante el roble de Gernika
en 1936 seguía en pie. Ibarretxe, como los lehendakaris anteriores,
utilizó las mismas palabras del Lehendakari Aguirre para hacerse cargo
del ejecutivo. La misma fórmula. Los mismos principios. El juramento
hoy también sigue en pie, y es deber del Gobierno Vasco respetar y
garantizar los derechos individuales y sociales de los vascos. De
todos. Entonces quemaban iglesias. Hoy cajeros automáticos, sedes
del PSOE, coches u otros bienes. Entonces había un gobierno de concentración
que se oponía con su actuación a los ataques producidos contra los
bienes públicos y privados. Hoy
no hay gobierno. “El Gobierno provisional vasco llevará a través
de su presidente y del departamento de defensa, la dirección suprema
de la guerra; establecerá el mando único y militarizará rápidamente
todas las milicias con sujeción al código de Justicia Militar, entendiéndose
incluídos, tanto los elementos pertenecientes a la marina mercante
como aquellos que trabajan en las industrias movilizadas” Una de las primeras medidas que se tomaron en
1936 fue la de distinguir la presidencia del gobierno, la “Lendakaritza”,
de la pertenencia de Jose Antonio Aguirre al PNV. El lo denomina en
su discurso como “detalle de gran importancia”. El Lehendakari tenía
que ser el Lehendakari de todos los vascos, no únicamente el Lehendakari
del PNV. “O el presidente vasco representaba al país, o su función
desmerecía o quedaba en entredicho. Y me eximió (el PNV) de disciplina
política” Hoy no se sabe si el gobierno está dirigido por Ibarretxe
o por Arzalluz. ¿Quién negoció el alto el fuego de ETA? ¿Quién decide
si se convocan o no las elecciones? ¿Por qué ante las mociones de
censura del PP y PSOE a Ibarretxe, sale respondiendo la plana mayor
del PNV, en vez de hacerlo el ejecutivo? ¿Cómo es posible que Ibarretxe
lidere una manifestación que le ha organizado el PNV tras el funeral
de Fernando Buesa, olvidándosele que el acto iba encaminado a protestar
por el atentado, y no a utilizar la manifestación como acontecimiento
de desagravio al Lehendakari?. “El Gobierno vasco mantendrá inexorablemente
el orden público, llegando, si preciso fuere, a la adopción de medidas
extremas y excepcionales. Vigilará cuidadosamente la población civil
de retaguardia, extirpando severamente toda clase de espionaje. Procederá
con la mayor urgencia a la formación de un cuerpo de policía foral
organizado moderna y eficazmente con arreglo a las necesidades presentes” El
Departamento de Gobernación organizó y dirigió la creación de la policía
“Ertzaña”. El mismo Lehendakari Aguirre manifiesta que sus jefes y
subjefes eran seleccionados por los partidos políticos, gentes de
“completa confianza” y dedicados a labores de “vigilancia de la retaguardia,
informes, confidencias, registros y detenciones”. No soy especialmente
partidario de las policias, sean estas vascas o no. Pero es indudable
que no hay nada peor que una policía no operativa que no es capaz
de mantener el orden público, recibe órdenes contradictorias de sus
superiores, o no tiene claro
si tiene que disolver una concentración de protesta ante un atentado,
o una contraconcentración. El Gobierno Provisional consiguió que la
Ertzaña fuera una policía al servicio de Euskadi, en coordinación
con todos los ayuntamientos a los cuales se les restableció en su
función, conviertiéndose desde ese momento en servicio y auxilio constante
al Gobierno. En todos los aspectos, fundamentalmente en cuanto al
mantenimiento del orden público y el abastecimiento de la población.
Todos remando en la misma dirección. Teniendo claros los objetivos,
a pesar de que la situación era entonces más angustiosa. No una policía
cuya actuación varía en función dc las críticas de los medios
de comunicación y de las “treguas”. “Sobre las bases mínimas de la legislación social
del Estado, el Gobierno desarrollará una política de acusado avance
social, respondiendo al principio de que todo ciudadano tiene obligación
de contribuir con su trabajo, su capital y su actividad intelectual
al bienestar general del país; recíprocamente tiene derecho a participar
en los bienes sociales según el progreso civil” La legislación social fue uno de los capítulos más avanzados
de aquel gobierno. Parece increíble. ¡En plena guerra!. Para ello,
se promovió el acceso del trabajador al capital, a los beneficios
y coadministración de las empresas, y se arrendaron tierras y caseríos
a sus cultivadores, exigiendo indemnizaciones a aquellos que contribuyeran
“de manera positiva al movimiento insurreccional”. Resulta curioso
que en la actualidad, por el contrario,
desde el gobierno vasco se realicen apoyos
tan “estéticos” como irrelevantes a aquellos que utilizan la
desobediencia civil para subvertir el actual marco jurídico, mientras
se está cobrando un sueldo de esa institución que se desprecia. Lejos
de conceder premios a los traidores de la causa vasca, el Gobierno
Provisional Vasco exigió indemnizaciones económicas “a cuantas entidades
y personas hayan contribuído de una manera positiva al movimiento
insurreccional”. Respetar los derechos humanos de quienes estaban
en contra del orden imperante, fue para ellos un deber moral. En esto
se adelantaron al mundo. Ayudar o negociar con los que contribuyeron
a hacer sufrir al pueblo, no. Les exigieron responsabilidades. “Resolverá rápidamente la situación de los presos
políticos y militares sometiéndolos sin dilación a los tribunales
populares creados por la ley” La humanización de la guerra fue otro de los propósitos
del Gobierno vasco. En toda guerra existen prisioneros. Pero ni aun
en plena guerra el gobierno vasco dejó al margen la ley. Mientras
en el bando franquista se fusilaba y se asesinaba sin garantías ni
juicios, la actuación del Gobierno Provisional fue ejemplar. Diplomáticos
extranjeros visitaron las cárceles vascas, entrevistando a los detenidos
y admitiendo en documentos oficiales la limpieza ética con la que
se actuó en todo momento. Pero en ninguna circunstancia se utilizaron
los presos para negociar contrapartidas políticas. Tenían un concepto
de justicia del que no renunciaron. Se crearon Tribunales Populares,
aplicándose las leyes de la República, con todas las garantías procesales.
Sin cometer ninguna tropelía: “el pueblo pedía justicia, y era menester
otorgársela, pero al mismo tiempo había que hacerle comprender que
no estábamos dispuestos a dar paso a la demagogia que es la negación
de la justicia”. Nada de arbitrariedades. De los Tribunales Populares...”podemos
exibir y proclamar su actuación como laudable, a pesar de que el sesgo
revolucionario de estas instituciones excepcionales suelen alejarse
de la moderación. No fue este nuestro caso”. No lo fue, porque siempre
despreciaron a quienes cometían arbitrariedades. Hoy el nacionalismo
vasco pretende conseguir la paz a base de hacer tábula rasa,
de obviar el ordenamiento jurídico, de provocar una amnesia
colectiva que nos haga olvidar las responsabilidades de los que tanto
están haciendo sufrir al pueblo vasco. “Revisará escrupulosamente los escalafones de
todos los funcionarios públicos, examinando su lealtad a las Instituciones
republicanas en beneficio del mayor rendimiento de los distintos servicios” Parece de perogrullo. Pero es una lección histórica
no aprendida. Entonces se sustituyeron
las personas que no merecían la suficiente confianza. Hoy no
solo se avala y premia con los máximos puestos a quienes ho hace mucho
se mostraban revolucionarios y se manifestaban como enemigos ideológicos
del PNV, sino que contamos con miembros del
PNV que manifiestan públicamente que el Estatuto mediante el
cual se rigen sus puestos está agotado. Cómo entender que se puedan
mantener un solo día más en una institución como el Parlamento, si
reniegan del Estatuto que la rige. “Garantizará a los ciudadanos vascos de posición
precaria el libre acceso a los grados de las enseñanzas media y superior,
condicionado solamente por la aptitud y vocación. Cumpliendo los requisitos
constitucionales en materia de instrucción pública, regulará las condiciones
de la enseñanza libre y el uso del euskera en todos los grados y establecimientos
docentes” Para
el 17 de Noviembre, el Gobierno Provisional había creado la Universidad
Vasca en su Facultad de medicina, dando facilidades a los que se encontraban
en otras facultades para que no interrumpieran sus estudios. Toda
la instrucción, tanto primaria como secundaria, se reguló económicamente.
Se ocuparon de los maestros, garantizándoles no solo de su colocación
en las escuelas docentes, sino también del cobro de “haberes retrasados”.
En plena guerra, mientras fue posible, no se interrumpió la función
docente. “El Gobierno vasco salvaguardará las características
nacionales del pueblo vasco, prestando al fomento de las mismas toda
la consideración y protección a que le obliga el reconocimiento de
la personalidad vasca, de la que es exponente y garantía este Gobierno,
viniendo por ello obligado a la defensa de la libertad y de los valores
espirituales y sociales reconocidos por la ley y sellados por la sangre” El
idioma vasco, lengua oficial junto con el castellano, no quedó desatendido.
Se creó un Colegio Oficial de Profesores de Euskera con las siguientes
funciones: determinar y verificar a los aspirantes al título el grado
de conocimiento de la lengua vasca. Estudiar y aprobar las medidas
más eficaces para su enseñanza. Vigilar y comprobar en centros y oficinas
públicas la suficiente preparación euskérica de los funcionarios.
Y para terminar, preparar y crear la norma de maestras de la lengua
vasca para que la enseñaran en las zonas euskaldunes del país, además
de para el aprendizaje paulatino del idioma en el resto de Euskadi,
al mismo tiempo que el castellano. El prestigio que se ganaron los
nacionalistas permitió que
la preocupación por lo vasco se extendiera
no solo entre los nacionalistas, sino que alcanzara también
a las demás formaciones políticas. Todos asumieron salvaguardar las
características nacionales del pueblo. Por increíble que parezca,
hoy es el día en que todavía no nos ponemos deacuerdo en un problema
que ya fue resuelto por el Gobierno Vasco de 1936. “No afectando la situación actual a las buenas
relaciones que han de mantenerse con cuantos países respeten la soberanía
y derechos de la República y de Euskadi, El Gobierno vasco cuidará
celosamente de que los extranjeros y sus representantes y agentes
sean respetados en sus derechos y libertad en lo que no fueren obstáculo
a las operaciones militares; especialmente estrechará los vínculos
que le unen a los pueblos que mantienen las formas democráticas de
gobierno y singularmente con aquellos otros en los que viven importantes
colectividades vascas” Vínculos
con los que mantienen las formas democráticas. Ganando adeptos para
la causa. Siendo respetados en todo el mundo. El Lehendakari Aguirre,
durante su exilio, fue un auténtico embajador de la causa vasca, admirado
y respetado por su integridad democrática. Hoy, lamentablemente, tras
cada coche bomba, todos, incluso en el extranjero, miden si las palabras
de condena del PNV son lo suficientemente claras.
Muchas veces de forma injusta. Pero la duda ofende, o deviera
de ofender. Esta fue, a grandes rasgos, la actuación de aquel
ejecutivo ante el ataque a las libertades de nuestros antepasados.
Una actuación firme y a la vez democrática tal que el mundo entero
quedó admirado por su civismo. Una actuación que por su coherencia,
por su no transigencia con los que impusieron el “nuevo orden” llevó
a tantos vascos al exilio. La mayor afrenta para un vasco: “Porque para los vascos
dejar nuestra tierra es algo que es el exilio” Pero el alto precio que tuvieron que pagar mereció la pena, porque como
dice el Lehendakari Aguirre en su discurso de París, el Pueblo vasco
creó un nuevo tipo humano con su propia filosofía: “Un cristianismo democrático,
un liberalismo fundado en principios democráticos y finalmente un
socialismo humanista y por los tanto fiel a los principios de la democracia
son los elementos que bajo un denominador común respetuoso con la
libertad política y social que el hombre reclama, constituyen los
elementos sobre los cuales ha sido posible realizar un ensayo que
yo deseo sirva de ejemplo y de eficaz instrumento de progreso y de
orden en los tiempos presentes y en los que han de venir. Constituye
este bloque de hombres a los que el Gobierno de Euskadi ha representado,
la plataforma más importante que hoy podemos ambicionar para mirar
al futuro con esperanza de seguridad (…)
Este conjunto de posiciones espirituales y prácticas han constituido
un hecho nuevo por lo cual se llamó a nuestra posición “el caso vasco”.
Es pues, nuestra manera de
concebir la vida temporal basado en ideales de humana fraternidad
y la manera de concebir el gobierno de lo temporal contando siempre
con la voluntad de los gobernados, lo cual ha dado singularidad y
permanencia a nuestra acción”. Siempre haciendo lo que creían que debían de
hacer, al margen de lo que los fascistas hicieran. Con un mandato
consensuado entre las diversas fuerzas políticas democráticas del
que no renegaron en ningún momento. Elevando la voz contra el crimen,
sin cálculos de eficacia. Con una humanidad e integridad moral que
siguieron corroborando todos. Veinte años después del alzamiento,
en el exilio, el Lehendakari Aguirre seguía tan firme como siempre
en la defensa de sus valores: Nos opondremos
terminantemente, yo por lo menos, cumpliendo el mandato jurado bajo
el árbol de Gernika, que nada sea contra la voluntad popular, y en
este caso contra la voluntad vasca, sea impuesto por la violencia,
por la fuerza, llámese monarca, llámese como se quiera” Ni Lizarra, ni la Constitución…nada
en contra de la voluntad popular, “llámese como se quiera”. Ibarretxe
ha jurado sobre el recuerdo de nuestros antepasados. Ante la sublevación
actual, hay que organizar la defensa. No sé lo que hoy diría, viendo
la situación de nuestra Euskadi, el Lehendakari Jose Antonio Aguirre.
Pero sí realizó una petición en el París de 1956 a las futuras generaciones: Meted
en vuestros ánimos y en vuestra alma la idea de la confianza. Si en
la causa no hay fe personal, no es posible que marche la causa política.
Meted en vuestra alma la fe en la libertad. Vamos a seguir la historia
de nuestros mayores. Este es un cometido de honor y dignidad. Seamos
generosos con todos. No seamos egoistas, luchando solo por nuestra
libertad; luchemos por la nuestra, como he dicho, y luchemos por la
de España, que necesita nuestra ayuda urgente e inmediata, y lo hemos
de decir valientemente; yo por los menos, lo digo lealmente. Están matando a gente inocente en nombre
de la causa vasca. El Lehendakari Aguirre se dio cuenta de que una
causa manchada de sangre es una causa muerta. Había que estar con
los españoles que lucharon contra los sublevados. Hay que estar con
los que están cayendo ahora. De lo contrario no habrá causa que defender.
Y los vascos habremos perdido el honor y la dignidad. El honor y la
dignidad por los que nuestros antepasados arriesgaron sus vidas. &&&&&&&&&&&&&&&&&&& Para corroborar la humanidad
de estos hombres, voy a terminar narrando dos episodios. Uno protagonizado
por el propio Lehendakari Aguirre. Años después de la guerra, en Panamá,
se encontró con Juan Astigarrabia, el consejero miembro del partido
comunista que formó parte en el Gobierno Provisional. Ambos se abrazaron,
luego comieron juntos y hablaron largas horas. “Llevo dos años y medio
de meditación. Yo sigo siendo comunista” le dijo Astigarrabia. “Deme
usted la mano” le contestó el Lehendakari Aguirre. “Así me gustan
los hombres. Si usted me hubiese dicho ahora, porque me ve usted hablando
en la Universidad de Panamá o porque me recibe el presidente de la
República, que usted no lo es, no le hubiese creído. Esta confesión
le honra. Deme usted la mano. A mí me gustan los hombres que dicen
las cosas tal como son”. El
otro episodio es el siguiente: horas antes de morir ejecutado el doctor
Espinosa Uribe, la primera víctima del Gobierno Vasco, escribió en
los últimos momentos una carta a sus compañeros. Entre los retazos
de la misiva dice: “Quiero dirigirte (al Lehendakari) un ruego antes
de que vuelva al seno de la tierra, y es el siguiente: cuando condenen
los tribunales a alguno a muerte, mi voto desde el otro mundo es siempre
por el indulto, pues pienso en que pueden tener madre o esposa e hijos,
y su terrible condena siempre la sufrirán personas inocentes. Pide
tú a mis compañeros, en mi nombre, lo que yo te pido, y os suplico
no hagáis represalias con los presos que tenéis, pues bastante han
sufrido, como sufro yo. Al que no esté procesado en estos momentos,
ponerlo en libertad. Sin que esto quiera decir que no esté vigilado.
Dile a nuestro pueblo que un consejero del Gobierno muere como un
valiente y que gustoso ofrenda su vida por la libertad del mismo.
Diles, asímismo, que pienso en todos ellos con toda mi alma y que
muero no por nada deshonroso, sino todo lo contrario, por defender
unas libertades y sus conquistas legítimamente ganadas en tantos años
de lucha” Jaxinto Albizu |