GOIZ ARGI

Artxibo doc

La persistencia de la memoria: ayer y hoy del PNV

Este trabajo, dividido en tres partes, verá la luz en tres entregas diferentes. En la primera se hace un análisis crítico de la situación del nacionalismo vasco, y una mención especial a la Ponencia del PNV actualmente en vigor. Mención especial en lo que a la cuestión de la paz se refiere. Es la parte que corresponde a este número de GOIZ ARGI. En la segunda parte se analiza la actuación del Gobierno Provisional Vasco de 1936, bajo el mandato del entonces Lehendakari Jose Antonio Aguirre. En un momento como el actual, de crisis del nacionalismo, no está de más echar la vista atrás para recordar cómo ante retos incluso más difíciles que los actuales, los nacionalistas vascos, al contrario que hoy, supieron estar a la altura de las circunstancias. La última parte, la tercera, pretende ser una comparación entre ambas épocas. Una comparación que muestra que, el nacionalismo vasco, lejos de solucionar sus problemas y los de la sociedad vasca al albor de los cantos de sirena de los nuevos teóricos y expertos que promueven salidas tan innovadoras como ineficaces, debe inspirarse en su propia historia. El nacionalismo vasco busca adaptarse a la modernidad. Y para ello ha olvidado su pasado. Pero este empeño de dejar a un lado sus propios principios y el legado recibido, es lo que no le está perdonando, curiosamente, la sociedad vasca.

 

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"Un cristianismo democrático, un liberalismo fundado en principios democráticos y finalmente un socialismo humanista y por lo tanto fiel a los principios de la democracia son los elementos que bajo un denominador común respetuoso con la libertad política y social que el hombre reclama, constituyen los elementos sobre los cuales ha sido posible realizar un ensayo que yo deseo sirva de ejemplo y de eficaz instrumento de progreso y de orden en los tiempos presentes y en los que han de venir".

(Discurso de gestión del Gobierno Vasco 1936-1956. París, 1956.)

Jose Antonio Aguirre, Lehendakari

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0 El nacionalismo tradicional vasco vive en la actualidad en una situación de pérdida de sus propias referencias sin parangón en toda su historia. Los actuales dirigentes jelkides, lejos de estar sirviendo al pueblo, a todo el Pueblo Vasco, están obedeciendo a la hora de actuar a sus propios y exclusivos intereses partidistas. Y ello no solo ha creado y está creando crispación entre los ciudadanos no nacionalistas, sino que está sembrando la desilusión y la desorientación entre sus propias filas.

Aun salvando obviamente las diferentes situaciones históricas que le está tocando vivir al nacionalismo vasco, si las comparamos con el que quizás sea el referente más prestigioso, el del Gobierno Autónomo Vasco de 1936, me voy a permitir una breve comparación de aquella época con la actual. Y más en concreto, una comparación entre el programa de gobierno del que se dotó el ejecutivo del Lehendakari Jose Antonio Aguirre al iniciar su mandato en la preguerra civil (incivil) española y la Ponencia política del PNV aprobada en asamblea en enero de este mismo año.

Es obvio que aquella grave situación que desencadenaría tanto sufrimiento con posterioridad a nuestro pueblo no es, afortunadamente, comparable con la actual situación . Aunque esta pueda ser preocupante. Pero si aquel momento supuso una auténtica encrucijada para el PNV, de la que supo salir de forma airosa, a pesar del coste que a medio y largo plazo le supuso, con exilio incluído, décadas después me temo que este partido, de nuevo ante el reto de luchar por conseguir la paz, no saldrá tan bien parado.

Entonces, ante una situación no provocada por el nacionalismo vasco, los dirigentes del PNV supieron encarar la dificultad de gobernar para todos en medio de enormes dificultades y presiones, con la ética y la defensa de la vida de todos los ciudadanos vascos como referente principal de su programa de acción. Labrándose de esa manera el prestigio posterior no solo ante los ojos de España sino del mundo. Hoy, décadas después, ante otra amenaza que atenaza a tantos y tantos vascos, aunque los sujetos y motivos que la provocan sean bien diferentes, hoy digo, los actuales dirigentes del PNV y el Gobierno Vasco parecen estar contribuyendo al enquistamiento de los problemas, provocando con su actuación protestas de indignación ante la falta de desmarque real (veremos en qué quedan estos últimos movimientos de manifestaciones en contra de ETA) y cambio de rumbo tras la aventura de Lizarra. Indignación al no saber cortar colaboraciones improcedentes con quienes no respetan lo que el PNV siempre ha respetado.

Los actuales dirigentes del PNV podrían estar dilapidando todo el tesoro que heredaron de sus antecesores al dejar de lado, precisamente, lo principal. Lo que siempre les ha caracterizado: que por encima de su sentimiento abertzale, o mejor dicho, que en el ser abertzale, iba implícitamente unido el ser defensor y solidario con aquellos que aun no compartiendo su ideario político, sufren injustamente. Por todo ello, el nacionalismo resultaba respetable a los ojos de toda la sociedad vasca. Así fueron vistos siempre. Así no son vistos ahora.

No voy a negar que el PNV haya arriesgado lo suyo por conseguir algo tan loable como la paz en Euskadi. De haberla conseguido, hoy todos estaríamos admirando los pasos dados para lograr tal propósito. Nada habría que objetar si con ello el PNV señalara las dificultades y reticencias que hubiera tenido que soportar injustamente, y las incomprensiones recibidas. Pero el hecho es que en política las buenas intenciones, solas, no bastan. Y quien hace una apuesta, aun con toda la buena voluntad, asume un riesgo. Y si asume un riesgo, se hace responsable de esa apuesta. Si se gana, se sale en la foto como el gran pacificador. Se pasa a la Historia con mayúsculas. Pero si se pierde, en lugar de despotricar a distro y siniestro, hay que apechugar con la derrota. Estaban seguros de su apuesta. Y por ello alguno hasta se aventuró a concretar sus consecuencias, de no acertar en el empeño: si no sale bien, nos iremos y reconoceremos nuestro error. Asumiremos la responsabilidad. Egibar habló de dimitir.

No ha salido bien. No se han ido. No rectifican en la apuesta. No asumen el engaño en el que cayeron. Se han convertido en parte del problema, porque no pueden ser pacificadores quienes no cumplen sus promesas y por ello, pierden su credibilidad. No puede el actual Gobierno Vasco liderar y guiar esta sociedad cuando la propia sociedad se da cuenta de que no solo no han acertado, si no que se niegan a admitirlo. Empecinándose en culpar a los demás de los errores propios. Permitiendo que la situación política se deteriore hasta tal punto que, desde la oposición, se preparen dos mociones de censura porque el contexto social actual permite pensar tanto al PSE como al PP en la posibilidad de rentabilizar el "gesto".

 

 

EL OLVIDO DE LAS ESENCIAS

 

1 La confrontación social que padecemos hoy en Euskadi viene fundamentalmente de la mano del MLNV. Tras el salto cualitativo que supuso la Ponencia Oldartzen dentro de la estrategia general de la Izquierda Abertzale, y la presentación por parte de ETA de su "Alternativa Democrática", el PNV inició una serie de conversaciones con la anterior dirección de HB, su Mesa Nacional. Conversaciones que posteriormente cristalizaron en esa apuesta más arriba mencionada tal y como aparece recogida en la actual ponencia "Ser para decidir", del PNV, aprobada en enero de este mismo año:

(...) Hoy parece claro que tras la reformulación de la "Alternativa KAS" con la propuesta de abril de 1995, su oferta de diálogo a los gobiernos socialista y popular, y la última formulación de "dar la palabra a Euskal Herria", ETA busca un camino por el que relevar su actividad armada, siguiendo los pasos de otros grupos que, dado el pulso de los tiempos, han sabido evolucionar, sustituyendo su estrategia militar en aras de procesos democráticos.

Ya en febrero de 1997, EAJ-PNV a través de una declaración pública del Euzkadi Buru Batzar, anunciaba , a la vista del nuevo horizonte que se abría, que...el PNV está dispuesto a arriesgar y a moverse para conseguir la paz, sin llegar hasta el punto de dejar de ser lo que somos, adoptando o dejándonos llevar a estrategias, tácticas o colaboraciones incompatibles con nuestro ser político, ya muy definido durante cien años. Es decir, sin abandonar ni desvirtuar nuestra alternativa ni nuestra estrategia política" (...)

A las puertas de un nuevo milenio, con la experiencia secular que nos asiste y, fundamentalmente, con el nivel de permeabilidad que nuestra porosidad social tiene, estamos convencidos de que asistimos al final de la actividad armada de ETA. Y en tal percepción reafirmamos lo ya dicho en 1997: que estamos dispuestos a arriesgar para que esta página de nuestra historia pase para siempre".

Estos párrafos están extraídos del Capítulo III de la Ponencia, bajo el título de "La paz". Para el tema que nos ocupa, me han parecido los estractos más significativos. En la Ponencia se abordan otras cuestiones, no menos interesantes, como la globalización, o la inmigración. Dejo las mismas a un lado, por no ser objeto de análisis en este trabajo.

Antes de pasar a comentarlos, quisiera indicar que en la ponencia se hace mención a la solidaridad y a esa "visión humanista de la vida, que pone a la persona como centro de la acción política y no supedita la dignidad del ser humano ni sus derechos fundamentales a ningún otro objetivo (punto 2.5 solidaridad, pág 24). Es procedente mencionarlo y sería una injusticia hacia el PNV el no hacerlo.

El problema está en que esta declaración de principios humanista no se ve correspondida después en la actuación política del día a día. El problema está en que los ciudadanos no perciben que la defensa por la vida, y la lucha por la libertad ante tantas personas amenazadas, sea el eje central de la actuación del actual Gobierno Autónomo. Es decir, que lo fundamental queda relegado en. Cayendo precisamente en aquello que en la ponencia del PNV se dice que nunca va a ocurrir.

Y si no, veamos estos ejemplos. ¿Cuál es la actuación del PNV con respecto al MLNV? : moverse, aunque no se sepa en qué dirección, para conseguir la paz. Llegando al punto de dejar de ser lo que son (manifestaciones conjuntas con HB por los presos, creación de Udalbiltza, asumir términos no propios, como independencia... todo ello encaminado no a solidarizarse con esas reivindicaciones, sino a conseguir otro objetivo distinto). Dejarse llevar por estrategias, tácticas y colaboraciones incompatibles con su "ser político" de cien años. O...si no, ¿cómo el ideario del PNV puede funcionar formando un Gobierno Vasco apoyado por un grupo rupturista, antiinstitucional- revolucionario- marxista?. Caer en lo que no es el PNV, al pensar que mantener acuerdos, sean municipales o de otro tipo, con el MLNV, allí donde todavía no hay muertos, es una vía eficaz en el intento de "integrarlos" en las instituciones. Seguir hablando de conversar y dialogar para encontrar una salida que les haga parar...

La situación es cada vez más insostenible. Pero a pesar de ello, en vez de hacer lo más lógico y eficaz a medio y largo plazo, rectificar y asumir que la apuesta ha sido errónea, porque el MLNV está en su mundo autónomo e impermeable, el PNV sigue hablando de mesas multipartitas, con la esperanza de que así la violencia cese. Se mantiene a toda costa en el Gobierno, mientras su socio principal, insatisfecho a pesar de tantos movimientos jelkides, lo ha abandonado. Y la oposición unida a la hora de bloquear el Parlamento Vasco. Todo ello dejando de lado lo fundamental. El variar su estrategia en la dirección que clamorosamente le está demandando la mayoría de la sociedad: que proteja a los que están sufriendo en estos momentos. Que el principal deber del gobierno vasco es salvaguardar la vida de los ciudadanos, apoyar a las víctimas, y ponerse enfrente de los que no lo hacen. Pero esto supone enfrentarse al lobo que se quiere domar, y se considera que la firmeza no es "estratégicamente válida". Lo que está haciendo el PNV es, precisamente, lo que no hizo el gobierno vasco del 36 ante la falta de libertades. Esto es lo que diferencia a este gobierno de aquél. Es la razón por la cual ya ha perdido el prestigio que tuvo. No lo recuperará hasta que desaparezcan del escenario político los actuales dirigentes.

Por otra parte, dada la situación en la que nos encontramos, está claro que la intuición política de la dirección jelkide, al contrario de la de sus predecesores, no es su fuerte. Resulta patético, y vuelvanse a leer las citas extraídas más arriba, que tras la afirmación de que ETA busca un camino por el que relevar su actividad armada con la intención de sustituir su estrategia militar por la actuación democrática, hayamos sufrido, o mejor dicho, estemos sufriendo, desde enero, una de las mayores ofensivas violentas e intimidatorias de ETA y el MLNV de los últimos años, amén de la utilización de la tregua-trampa, así denominada por ellos mismos, de forma estratégica. Utililización de la tregua para recomponer comandos y reclutar a nuevos activistas para la lucha armada. "Una nueva generación" como dijo Otegui. ¡ Vaya demostración de "evolución" desde lo militar "en aras de procesos democráticos!

Pues bien, a pesar de todas estas evidencias, e insisto una vez más en ello, la actual dirección del PNV sigue empeñada en tender puentes inconstruibles al MLNV. Intentando atraerlos hacia su órbita, cuando el MLNV les está dejando claro que lo que quieren no es ni la órbita del PNV, ni la de la Tierra. Sino un sistema planetario propio más allá de Plutón. Insiste el nacionalismo en esperar un cambio en ese mundo. Una segunda tregua de ETA, por ejemplo, que no se sabe muy bien, dada la situación de división social a la que nos ha llevado la primera, lo que nos va a solucionar.

Con todo, lo más grave a mi entender es que se está jugando con una doble moral. Mientras se sacude a la parte más débil, obviando que es la que más está sufriendo, y se muestra muy contundente al condenar campañas antinacionalistas orquestadas desde Madrid. Mientras se culpa a los medios de comunicación de intoxicaciones y manipulaciones y se condena a seudointelectuales por sus excesos verbales y poco rigor a la hora de razonar lo que está ocurriendo, cuestiones todas ellas que comparto, no existe esa misma contundencia y radicalidad para hacer mostrar al MLNV dónde están los límites de lo aguantable. Ante estos últimos la contundencia desaparece, y se insiste una y otra vez en llegar a un acuerdo con ellos. Con una energía y paciencia inexistente respecto a otras formaciones políticas. Pese a que una y otra vez el MLNV muestra su inmovilismo, con sus exigencias maximalistas combinadas de atentados por parte de ETA que nos alejan de poder pensar que haya la más mínima voluntad de diálogo para dejar las armas, el PNV actúa obviando lo evidente."Algo hay que hacer", "mesas multipartitas", "esfuerzos, intentos y ensayo de nuevos escenarios".Esta ha sido la tónica dominante hasta ahora. A ver si hay suerte. Traicionando lo que tan categóricamente se afirma en su propia Ponencia:

"EAJ-PNV considera como propios e irrenunciables los conceptos de nacionalidad y derecho de unidad del Pueblo Vasco; los conceptos de soberanía, autodeterminación e independencia. Colaborará para su realización o aplicación con cualquier organización siempre que no utilice la violencia, la extorsión, el miedo o la amenaza, y que admita operar dentro de las reglas de comportamiento democráticas, tal y como las han entendido los vascos y lo entienden el mundo europeo al que pertenecemos" (Pags. 15-16)

Y mientras tanto, esperando el milagro, dispuestos a olvidar lo que ha ocurrido en lo que llevamos de año. Es una situación asumible, aunque cada vez menos, mientras los muertos no sean los de casa. Pero: sorpresa. Cuando asesinan al Presidente de Adegi, las reacciones adquieren mayor indignación: "Han pegado al núcleo duro del nacionalismo", "a uno de los nuestros". El Diputado General de Gipuzkoa, Román Sudupe, abandona el lenguaje ecléctico y "pacificador". El Lehendakari Ibarretxe llora. Entonces, ante la nueva situación no prevista para los grandes estrategas del nacionalismo, en medio de la perplejidad, las mesas multipartitas quedan a un lado. Hasta que, tras reaccionar de la conmoción, como ocurre después de cada atentado, transcurridos unos días, Egibar y Arzalluz pueden volver a atreverse a hablar de lo que no podían ni mencionar ante un cadáver caliente.

¿Defenderán los dirigentes nacionalistas la misma estrategia si el MLNV, por un casual, les acusa de ser traidores? ¿Han siquiera sopesado la posibilidad de que quizás en ese momento los muertos puedan ser cargos nacionalistas? ¿Cómo justificar entonces el viraje estratégico, si la vida es siempre igualmente valiosa, y otros llevan tiempo sufriendo y soportando las consecuencias de esa política invariable tras la pérdida de tantas vidas? ¿Mantendrán, por el contrario, "conversaciones", "escenarios" y ese lenguaje conciliador ante la (hipotética) nueva situación creada por el MLNV, esta vez de riesgo para los nacionalistas vascos?

Se apostó por Lizarra, con toda la buena voluntad si cabe. Pero se excluyó a la mitad de la sociedad vasca, al no contar con el sector constitucionalista a la hora de apostar por este acuerdo. Vaya en favor del PNV que Lizarra se ha satanizado por los no nacionalistas, llegando incluso a plantearse que el acuerdo era ¡inconstitucional!. Pudo valer, habiendo desarrollado y concretado más su contenido. Dejando claros desde el principio los límites inasumibles para cada parte, en lugar de embarcarse con una retórica ambigua, en la esperanza de ir solventando los obstáculos que se pudieran presentar a golpe de hechos consumados. Pudo valer si el diagnóstico de que era una pista de aterrizaje para el MLNV hubiera sido el correcto. Pero seguimos sin diagnosticar correctamente ni la naturaleza del problema, ni los verdaderos objetivos del MLNV. Y sin diagnóstico certero del problema, sucede como en botica. El remedio, además de no curar la enfermedad, resulta ser contraproducente.

El hecho es que Lizarra ya no sirve. Lejos de mejorar, la crispación social ha ido en aumento tras la ruptura del alto el fuego de ETA. De los dos objetivos que perseguía el PNV en Lizarra, el alto el fuego y la participación de HB en las instituciones democráticas, no se ha conseguido ninguno de los dos. ETA ha retornado al año 1998. Y EH ha abandonado el Parlamento Vasco. Creandole al nacionalismo, para variar, su actual crisis. Si antes del alto el fuego estábamos mal, ahora estamos peor. El "moverse" no siempre resulta ser la mejor opción.

A la vista está que en algo habrá fallado el PNV cuando en vez de recoger adhesiones, aunque el intento de lograr la paz sea un objetivo encomiable, no solo se obtiene el desprecio y peticiones de dimisión por todas partes, sino que el partido que más se opone a la actual política del PNV, el Partido Popular, resulta ser el más beneficiado políticamente. Ante esta situación, los políticos de talla no responden culpabilizando a otros de que el camino que se ha emprendido haya resultado estéril. Ibarretxe no es el primer dirigente de la historia que tiene problemas. Formó un gobierno con el apoyo de EH que no ha durado ni dos años. Pudo formarlo con el PSE. Pero se obnubilaron, no se sabe con qué nefastos criterios, con la "apuesta nacionalista". EH les ha abandonado. De eso, al menos, no parece ser culpable ni la prensa ni la oposición.

En mi opinión, el PNV lleva manteniendo durante años una política errática a la hora de ofrecer un proyecto ilusionante a la sociedad. Se ha convertido en un partido político gestor, poco idealista. No se ha encargado de formar política e intelectualmente a las nuevas generaciones, tal y como sí lo ha hecho, por el contrario, el MLNV. Los dirigentes del PNV han fomentado un abertzalismo facilón y cómodo. Un abertzalismo retórico, de grandes principios programáticos, pero que no lleva consigo ni reflexión ni compromiso personal en el proyecto. Se aplaude y compite por manifestar ser "más abertzale que nadie", creando cuadros acríticos con la línea oficial del partido. Purgando a todos aquellos elementos válidos, que tengan criterios propios, pero no estén dispuestos al servilismo. Abertzalismo facilón, no comprometido, irreflexivo y de culto al líder. De Fanta y Coca Cola. De puestos a los que acceder y otras prebendas. Este diagnóstico es extensible al nacionalismo vasco en general. Y en esta cuestión, los demás partidos políticos tampoco pueden presumir demasiado.

El nacionalismo se encuentra ante un momento difícil, de pérdida absoluta de sus propios valores y referencias. Está ante un nuevo reto. En situaciones como esta, no suele estar de más aprender de las lecciones de la historia. Cualquier pasado no siempre fue mejor. Pero puede ayudar el aprender de aquellos que, ante duras y difíciles pruebas, supieron actuar ejemplarmente, dadas las circunstancias que les tocó vivir.

Jaxinto Albizu