GOIZ ARGI
(Número 4. Zenbakia - Martxoa 2000 Marzo)

7. La abstención significa, según EH, apostar por "desconectar" o por funcionar de hecho sin tener en cuenta la legalidad existente. ETA, en su último comunicado, pone esta cuestión cómo condición mínima para parar la lucha armada. Habla de un "proceso constituyente". La cuestión es cómo se conforma el "poder constituyente" si se desprecia a la representación política e institucional real de los vascos?Qué viabilidad tiene este planteamiento?

La desobediencia, la abstención, pueden comprenderse en el marco del siguiente razonamiento-interpelación de Rafa Díez, secretario general de LAB, a la afirmación de José Elorrieta de que "ETA sobra": "Qué nivel de movilización social, huelgas generales, huelgas de hambre...estaríamos dispuestos a impulsar desde ELA, LAB, EA , HB, PNV...reivindicando ese marco democrático básico? Qué estamos dispuestos a hacer en el terreno institucional y social para que militantes vascos pudiesen valorar que la lucha armada no es imprescindible?" Y es que ETA no sólo tutela, sino que se pretende la locomotora, la vanguardia, de este proceso. ETA es la garantía de que la apuesta política de Lizarra no va a acabar con el encantamiento o la asimilación del MLNV por la generosidad de los bienes o servicios que el Estado ofrece a quienes se rinden a sus simpatías. ETA es el aval que necesita el proceso para que no se convierta en un "proceso de paz aséptico", en un cheque en blanco que pueda ser cobrado por el Estado. Es, en definitiva, la garantía de que el "poder constituyente" que impulsa el "proceso constituyente" no va a acabar en "poder constituido", limitado, domesticado y asimilado. ETA simboliza lo que nunca puede asimilar ni domesticar ningún Estado: el cuestionamiento del monopolio de la violencia.

Sin embargo, de la respuesta de Rafa Díez y de la lectura de los comunicados de ETA se puede decir que ETA puede llegar a parar las acciones armadas, en el caso que se diera una alianza política, que incluyera a PNV y EA, que optara por la desobediencia generalizada. Y es que el mecanismo de la desobediencia es también inasumible por el sistema. Es la permanente deslegitimación del "poder constituido". Es el cuestionamiento del orden y la armonía institucionales. Es el órdago permanente al Estado y, además con una gran capacidad de socialización y arrastre de masas. Es lo que se ha ensayado -sólo ensayado, y así hay que valorarlo como un ensayo- con la abstención ante las elecciones españolas.

Un "poder constituyente" que aspira a generar un "proceso constituyente vasco" no puede sostenerse en los partidos proclives a institucionalizarse, a remansarse en el cauce de las instituciones. El "poder constituyente" no lo forman los votos, ni los militantes de los grandes partidos. El "poder constituyente" reside en la capacidad política de los movimientos y organizaciones que actúan en las "aguas bravas" de la política, obligando a ésta a desbordarse de continuo. Más claro que yo lo indica Patxi Erdozain, uno de los líderes del movimiento "Autodeterminaziorantz" perteneciente al pacto de Lizarra, "Igual las direcciones sindicales y políticas se sentirán satisfechas con sus declaraciones cambiantes, creyéndose respaldadas por delegaciones y votos silenciosos. Pero, no me cabe duda que su labor pasa por potenciar la participación y compromiso de las "bases" en la construcción de Euskalerria, en lugares más amplios que su estructura. Antes que vertebrar un pueblo en partidos y sindicatos, hay que hacer ese pueblo. Cuando hablamos de problemas claves, el protagonismo de los partidos debe de supeditarse a la participación popular; esto es lo que hay que impulsar y llegado el momento representar con total respeto" (recogido de "Bietan Jarrai, J. Rekondo). Bueno, sin comentarios.

Mientras la "cosa" que ha descrito Erdozain no tenga suficiente vigor autónomo (vigor que depende muy importantemente de la apuesta política por la desobediencia) para desarrollarse por sí implicando a los partidos nacionalistas, ETA seguirá ejerciendo de "poder constituyente". La viabilidad, total o parcial, de estos planteamientos estratégicos dependerá de la evolución de muchos factores. Me interesa resaltar, de entre los factores de índole política, la importancia que tiene que el nacionalismo vasco recupere la brújula política, abandone la deriva en la que está sumido y sea capaz de regenerar un proyecto político de tipo constructivo que vuelva a ilusionar al país. De lo contrario, el caldo de cultivo para la implantación de un proyecto degenerativo como éste está servido.