GOIZ ARGI
(Número 4. Zenbakia - Martxoa 2000 Marzo)

4. Había rumores persistentes que señalaban que ETA declararía, "motu propio", una nueva tregua tras las elecciones generales. Este nuevo comunicado, żacerca o aleja esta posibilidad? żEn que condiciones sería hoy posible una tregua?

En efecto. Algunos analistas políticos, en parte convencidos de una evolución del proceso político semejante al caso de Irlanda del Norte y en parte convencidos de la evolución del MLNV hacia una política más dependiente de los buenos resultados en las urnas, han creído que, una vez demostrado que la capacidad de fuego de ETA se encontraba intacta, podría convenirles declarar un nuevo "alto el fuego" que les diera otra vez la iniciativa política, otorgara un respiro a Lizarra y a los partidos nacionalistas y aprovechara un previsible cambio en la política de pacificación del Estado. Hoy, esto último se sabe imposible. La victoria de Aznar por goleada en España y con suficiente claridad en Hego-Euskalerria no augura ningún cambio significativo. El comunicado de ETA que venimos comentando no cierra la puerta a un "alto el fuego" aunque no es de ningún modo posible que se retorne a un nuevo escenario de tregua sin que haya contrapartidas de los partidos nacionalistas (PNV y EA) en forma de compromisos más explícitos y más atados que los que apalabraron o firmaron en verano de 1998.

El director de EGIN, Joaquín Salutregi anticipaba, en su análisis semanal del 27 de febrero, los términos en los que, a su criterio, ETA podría volver a abrir "un nuevo horizonte de tregua", "poner el cuentakilómetros en cero y preparar una nueva andadura por el camino de la construcción nacional de Euskal Herria".Una nueva andadura que podría comenzarse con nuevos y efectivos datos sobre la magnitud del problema. Nuevos datos de muerte con los que ETA quiere señalar cual es el nivel mínimo de sus exigencias que han de ser tenidas en cuenta para que no retornen los "días de plomo. Según Salutregi, "quién tenga responsabilidades de gobierno, como la propia sociedad, tendrán grabadas a fuego en su memoria los datos suficientes para gestionar de un modo más inteligente la ilusión y la voluntad de una paz más justa".Así, obviamente, "preparar una nueva andadura por el camino de la construcción nacional de Euskal Herria" va a suponer compromisos muy serios para PNV y EA. Y, hoy, muy probablemente, compromisos mayores que en verano de 1998.

El nuevo comunicado ni acerca ni aleja, en sí mismo, la posibilidad de una nueva tregua de ETA. Sitúa, como siempre, la posibilidad de un "alto el fuego" de esta organización en la evolución de los demás. ETA concibe el progreso del "proceso" como si fuera la ascensión de una escalera. Cuando cree consolidado el suelo, el punto de apoyo más bajo, tira sus exigencias hacia arriba. Lo que, en estos momentos quiere esta organización violenta es elevar el listón del compromiso para los demás. En este sentido, ETA ha creído, en sus análisis internos, que "si no hay ‘saltos’ el Estado sí que revierte contra nosotros la lucha armada, porque conseguiría con medios politico-ideológicos lo que no ha conseguido, es decir, desactivar la lucha armada". Y, considera que es el momento en que debe haber un ‘salto’. Es decir, ETA sostiene la apuesta estratégica que ha realizado con una acción de catarsis. Fiel al método, pretende resolver y superar las contradicciones ahondando en ellas, agudizándolas. Por eso, hablando en términos mercantiles, la tregua del 2000 es más cara en contrapartidas que la de 1998. Leamos la reflexión que, tras Argel, hizo ETA al respecto: "debería quedar claro que las treguas deben llevar aparejadas contrapartidas suficientemente importantes para que no pierdan su efectividad". Dice también: "la tregua no se agota en contrapartidas, sino que debe ofrecer una auténtica virtualidad a los avances del proceso, tanto en consolidación como a nivel de capitalización posterior que de ellos haga el MLNV en general, y HB en particular". Y seguimos dando la palabra a la propia ETA: "Si el ritmo [de avances del proceso] que se plantea es lo suficientemente lento como para que ellos [los enemigos] nos arrastren a una situación o dinámica de concatenación treguas durante un periodo medianamente largo, dándose una situación de aparente ‘pacificación’ –sobre todo en el sentido que el enemigo concede a este término-, sin actividad armada por parte del MLNV, sin que existan como contrapartida elementos importantes, sin que exista un avance real, sin una introducción en discusión de contenidos políticos en la línea de avanzar hacia una solución política negociada, está claro que puede darse al término de esos periodos de distensión más o menos largos una situación en la que la sociedad vasca (incluso sectores proclives al MLNV) entre en una dinámica de perdida de "punch", pérdida del "pressing" necesario, de fuerza, en definitiva, donde el retome de la actividad operativa (ante la previsible marcha atrás, estancamiento, o falta de contrapartidas mínimas) pueda tener costes importantísimos". Y, tomamos el aire tras esta larguísima frase, y continua ETA: "El problema no radica, en este sentido, en la Organización como tal, pues su solidez y determinación están aseguradas, sino en los costes importantes que ello supondría de cara a la Unidad Popular y a su periferia y aledaños en particular".

Las nuevas condiciones –"las contrapartidas"- que hoy harían posible una nueva tregua las señala con claridad el comunicado de ETA del 9 de marzo de 2000 que estamos comentando: optar por construir un sujeto político desconectado de las realidades estatales o de sistema existentes. La desconexión, la "ruptura con el orden legal" o la "salida del sistema" es una condición necesaria para poner en crisis la estabilidad del Estado como tal y avanzar, mediante un "salto", entendido como movimiento real en el camino al socialismo. Hoy, las siete condiciones que ETA expresa en su declaración inciden en la exigencia imprescindible de "superar tantas y tantas contradicciones mantenidas hasta ahora; exige acabar con las instituciones surgidas de la imposición española, una de las cuales es la CAV",...y exige, asimismo, asentar los pilares para provocar la ruptura, superando "los límites autonómicos y estatales". En la medida en que el lendakari Ibarretxe se interponga y siga ejerciendo de "usurpador" de la "lehendakaritza de Euskal Herria" será un "obstáculo" que habrá que remover. Con esta afirmación, ETA señala un germen de antagonismo futuro, un futuro a breve plazo. No un antagonismo respecto al PNV sino respecto a las instituciones autonómicas y sus responsables. ETA, de esta manera, emplaza a Ibarretxe a retomar el camino de alianzas con EH que ha roto tras el asesinato de Fernando Buesa. Así, anuncia ETA, nos pondríamos "en el camino de superar el conflicto armado" que vivimos. Un camino que, aún bajo esas condiciones, no lleva a alcanzar la meta de la paz. Un camino que, a pesar de la aceptación de las condiciones impuestas, se aventura muy largo y doloroso y no parece que lleva al deseado abandono de la violencia y las armas.