GOIZ ARGI
(Número 4. Zenbakia - Martxoa 2000 Marzo)

1. El último comunicado de ETA ha sido negativamente valorado en medios nacionalistas. De hecho, ha vuelto a extenderse la opinión que sentencia: "ETA nos ha engañado".

Vayamos por partes. En primer lugar, quiero traer a colación aquella conocida frase de Albert Camus en la que el escritor francés indicaba que "nombrar mal las cosas representa aumentar las desgracias en el mundo". Me parece una frase muy adecuada para comenzar el análisis del último comunicado de ETA. ETA encabeza todos sus comunicados "nombrando" su identidad, autodenominándose, identificándose. En el comunicado del pasado día 9 de marzo de 2000, señala –insisto, como siempre- "Euskadi Ta Askatasuna, Organización Socialista Revolucionaria Vasca para la Liberación Nacional".

El desdén de los analistas ante lo que ETA quiere significar cuando presenta esta "tarjeta de visita" está propiciando uno de los mayores errores de los líderes políticos e institucionales vascos y no vascos. La más simple lectura de la autodefinición de ETA lleva a deducir que la "Liberación Nacional" es función operativa de la esencia o identidad que viene sustantívamente descrita por el nombre "Organización Socialista Revolucionaria Vasca".

Ante esto, se puede aludir la contradicción que se crea ante la falta de concordancia existente entre una organización cuya identidad no es nacionalista y una tarea que se prescribe como de "liberación nacional". Y se puede argüir que, en la medida en que es esta tarea la que tiene consecuencias más directas en la política real, esa discordancia se puede resolver ignorando la autocaracterización de ETA como "Organización Socialista Revolucionaria" o, considerando a ésta como un adorno sin efectos prácticos, que es mejor no tomar siquiera en consideración. Craso error. Esta línea de argumentación elude el diagnóstico en profundidad del problema, sólo percibe como tal problema lo que es visible, confunde las erupciones epidérmicas que provoca con la misma raíz del problema y se conforma con el tratamiento sintomático. Así se hace imposible pronosticar la evolución más previsible que vaya a tener en el futuro y se hace imposible conocer si la terapia puesta en práctica es la adecuada.

No vamos a negar la contradicción sujeto-objeto, identidad-tarea, que se deduce de la misma denominación de ETA. Pero, ¿cómo resuelve ETA dicha contradicción al servicio de una estrategia socialista revolucionaria? Dice Antonio Negri que el socialismo revolucionario, el comunismo, es todo aquel movimiento real que, en tanto que proceso de liberación, destruye el estado de cosas actual. He aquí vinculadas las ideas que forman parte de la contradicción antes descrita: el socialismo revolucionario busca destruir el estado de cosas como proceso de liberación. La definición de socialista revolucionario califica y globaliza en un mismo proyecto el sentido del proceso de liberación . A esto sólo queda añadir lo que el carácter nacional aporta a dicha liberación. El nacional, aunque aparezca como móvil central, es uno sólo de los aspectos en los que se expresa dicho proceso de liberación. El movimiento revolucionario vasco conoce que la mayor amenaza potencial contra la integridad del Estado proviene de la exasperación de los conflictos nacionales. Según Daniel L. Seiler, director del "Institut d’Études Politiques de Burdeos" y colaborador de Francisco Letamendía, "el problema revolucionario endémico de muchos países occidentales no ha estado ligado a la cuestión social, sino a la cuestión nacional". El local Iñaki Gil de San Vicente lo expresa aún más claramente: "La praxis revolucionaria desarrolla su pleno radicalismo, su heroicidad más consciente y su decisión de luchar hasta vencer o morir, cuando es praxis de liberación nacional del pueblo trabajador". Lo nacional, por lo tanto, sublima lo revolucionario hasta ofrecer el paradigma de la plena entrega, del máximo sacrificio por la causa, el "martirio" de muchos jóvenes vascos.

La llamada "liberación nacional", por lo tanto, es el mecanismo que acelera el motor de la máquina que busca la destrucción de lo que está establecido. Lo que nos lleva a dos conclusiones. Primero, es un mecanismo que, agregado a la máquina, mejora su rendimiento revolucionario. Segundo, es un mecanismo-agregado que no tiene precedente en la tradición del nacionalismo vasco. El nacionalismo vasco no es rupturista y ha repudiado siempre el recurso a la violencia ilegítima.

Un ejemplo para cada afirmación. El primero, de discurso. El segundo, de comportamiento. Ambos, forman parte del bagaje ideológico del nacionalismo vasco. En primer lugar, tal y cómo diría Manuel de Aranzadi, portavoz nacionalista, en su discurso en las Cortes del 16 de abril de 1918: "nuestras demandas no contienen programas de odios ni rencores, (...)nosotros trabajaremos por que unos y otros, unidos por vínculos de afecto, con unión libremente aceptada , laboremos por la prosperidad de todos". Unión que, por ser libre, se pretende solidaria y no desintegradora. En segundo lugar, en lo que al desafecto político y moral al uso de la violencia se refiere, es un hecho probado y apreciado hasta en el campo de lo no-nacionalista vasco. Dice, por ejemplo el poco sospechoso de filonacionalismo Jon Juaristi: "ni un solo gudari, ni un solo nacionalista cometió un acto de saqueo, de venganza. Muchas veces los de mi generación hemos hablado con sorna de su ingenuidad política, de su beatería... Pueden resultar insoportables, con su aranismo primario y los abrumadores relatos de sus hazañas bélicas, repetidos inmisericordemente por la televisión autonómica. Pero, cuando he estrechado la mano de uno cualquiera de los gudaris del 36, lo he hecho a sabiendas de hallarme ante uno de los raros ejemplares que han pasado a través de las matanzas de este siglo sin mancharse con la sangre de inocentes ni de enemigos inermes".

ETA nos ha engañado, ciertamente. ETA consigue bordar el engaño cuando se le otorga la representación, aunque sólo sea la más radical, del sentimiento nacionalista. Pero, ETA nos ha engañado valiéndose del poco interés que los líderes políticos y responsables institucionales manifiestan por el estudio y análisis del método, la ideología y las prácticas de la organización armada y su entorno político. Podríamos decir, más certeramente, que nos hemos auto-engañado. ETA nunca ha dicho que es lo que no es. ETA ha actuado como acostumbra. Con dos manos. Hemos sido fascinados por lo que ofrecía con una de ellas: la tregua. No hemos prestado importancia a lo que exigía a cambio con la otra: un programa de ruptura radical política y social con exigencia de graves compromisos a los partidos nacionalistas. La falsa convicción, más propia de un irresponsable despiste que del conocimiento de la realidad política, de que sin violencia una mayoría social y política nacionalista se abriría paso con mucha mayor facilidad y eficacia ha alimentado también el espejismo de la identidad estratégica entre el nacionalismo del PNV y EA, y el MLNV. La inconsciencia de la "apuesta política" de estos dos partidos ha favorecido, finalmente, la embestida política del Gobierno neocanovista de Aznar.