|
El polo estratégico A la vista de las consecuencias
de las elecciones vascas, el gran juego de la política vasca
está marcando continuidades sustanciales: la consolidación de la espiral
que enfrenta a quienes hacen de Euskadi cuestión
de Estado y a quienes quieren que nuestro país sea foco
de antiEstado. Aunque, también se han
producido modificaciones decisivas que afectan directamente al lugar
que ocupan las fuerzas políticas más importantes y, consecuentemente,
al papel que estas desempeñan, papel que a partir de estas elecciones
puede ser muy diferente. Uno de los cambios más importantes
que se ha producido afecta al inquilinato del Gobierno Vasco. Y este
es un tema importante por varias razones. El nacionalismo había cifrado
casi toda su expectativa de contribuir a superar la dialéctica Estado/antiEstado en la conservación del poder institucional vasco,
con imagen y cualidades de Estado, abandonando pretensiones de organizar
de una sociedad fuerte, articulada, ámbito en el que se ha movido mejor
el antiEstado. Desde el Gobierno, el nacionalismo
ha tenido éxito prácticamente en todos los terrenos, cultural, económico
y político, al representar su acción en ese justo medio,
en ese cauce central donde se cimenta la armonía
social, a recaudo de las tentaciones de orillarse y fragmentar la sociedad.
Hoy, sin el Gobierno, el nacionalismo se encuentra sin el instrumento
de cauce central. El Gobierno, por el contrario,
se ha conformado con criterio de Estado. El pacto imposible ha sido
posible: el nacionalismo vasco había de ser derrotado o domesticado,
inaccesible esta opción, el nacionalismo vasco ha sido derrotado. Hasta
los graves problemas de gobernabilidad de España han cedido paso a este
acontecimiento histórico: en Ajuriaenea se
sentará al fin un político leal al Estado. El antiEstado
lo ha identificado ya así: el Estado está nítidamente identificado en
Gasteiz-Ajuriaenea, sólo hay dos
proyectos, el del Estado burgués y el independentista antiEstado
como dice el responsable de relaciones exteriores de Batasuna
Iñaki Gil de San Vicente el 31 de marzo del 2009 hay que acabar con el Estado burgués y hay que crear uno, dos, tres
cien Estados obreros y populares, independientes e internacionalistas;
Y Arnaldo Otegi en una entrevista del 30 de
noviembre: construir un Estado desde la izquierda.
Para ello, las palabras más repetidas son, una y estrategia:
una estrategia eficaz (Otegi,
misma entrevista y siguientes comparecencias, Antxon
Etxebeste, vísperas Aberri
eguna)), una estrategia nacional (Eztabaidagunea, aberri eguna), estrategia
única (ETA, aberri eguna).
Hay que construir un muro
(ETA, durante el Aberri Eguna),
una línea de frente que busca fracturar el país, entre amigos y enemigos,
víctimas y verdugos,
Ambas estrategias confluyen
en la espiral o el foco. Confluyen y luchan, combaten antagónicamente
entre ellas, el Estado reconoce en el antiEstado
su mayor enemigo y el antiEstado lo hace en
el Estado. El mensaje de ambos al nacionalismo
vasco es el mismo: o conmigo o contra mí. Es un emplazamiento
que acarrea graves riesgos a un nacionalismo, hoy más institucional
(así se le llega a llamar, lamentablemente) que social, que ve como
esa perdida institucional (parcial) le sitúa con menos margen de maniobra
política para enfrentarse a la espiral entre Guatemala y Guatepeor.
De ahí la angustia en la que se vive en muchos ambientes nacionalistas
de cierta responsabilidad. ¿Qué hacer? Ya se ha dicho
en otras ocasiones: sólo una línea de cauce central puede integrar.
Hay que evitar echarse en brazos, alistarse, integrarse, buscar abrigo
en cualquiera de esas dos orillas. Los nacionalistas tenemos que tener
nuestra propia estrategia de afrontamiento de la situación. El punto
de partida consiste, para el nacionalismo, en definir quien es el enemigo
y quien es el amigo. No haría falta realizar un ejercicio de elevación
del listón ético para concluir que el enemigo es ETA y que, dentro de
los límites del Árbol de Malato, tenemos que
combatirlos hasta su renuncia o derrota. Y el enfrentamiento en el Parlamento
Vasco, la oposición debe ser al gobierno, a las medidas del gobierno,
y no al sistema, ya que son las instituciones vascas las que deben salir
fortalecidas. La mirada a los agentes que
militarán en las dos estrategias Estado/antiEstado
no puede ser por lo tanto equidistante, ya que las instituciones vascas,
que el MLNV incluye dentro del Estado, ahora con más redundancia, son
una articulación política que busca la realización de fines y voluntades
de los ciudadanos mientras que el antiEstado
es también antisociedad, es la forma social que tiene el MLNV de condicionar
a los ciudadanos mediante sus movimientos populares y sus grupos clandestinos
de lucha, destruyendo la normalidad política por medio del condicionamiento
de la convivencia ciudadana. Dentro de este esquema de
confrontación, el MLNV campa a sus anchas. Por qué ha culminado un objetivo
que durante Lizarra-Garazi
y en los momentos inmediatamente posteriores, en 1999-2001, no consiguió,
aunque lo tuviera in mente: el descabalgamiento
del nacionalismo del Gobierno Vasco y de Ahora, en cambio, los estrategas
del MLNV tratan de conformar el gemelo de Lizarra-Garazi, el polo de acumulación de fuerzas, el que llamamos
polo estratégico porque representa la unidad de fuerzas
de izquierda y abertzale. Así dice ETA en su último comunicado:
mientras se de el paso de
los discursos a las palabras que nadie pida ETA que deje la lucha con
las armas en contra del enemigo. Esta frase retorcida escrita
en pasiva en el original euskérico, traducida
en español a un modo activo adquiere una mayor claridad: ETA puede dejar
de usar las armas, si los grupos y partidos reclamados se inclinaran
al proyecto y las intenciones de ETA. Este es el mismo esquema que
el de Lizarra-Garazi.
No estamos todavía en una fase de paz negociada, sino en la fase previa
de acumulación de fuerzas, en la que el polo estratégico (el antiEstado,
el que busca la confrontación con el Estado) pretende dar a la lucha
un talante más ofensivo, aunque sea dentro de un alto el fuego. No hay
más que recordar lo que decía Rafa Díez para hacer Lizarra
(19-10-1997): la pregunta sobre el acoplamiento o no
acoplamiento de la lucha armada hay que hacerla de otra manera: ¿qué
estamos dispuestos a hacer en las instituciones y en el campo social
para que los militantes vascos consideren que la lucha armada no es
necesaria? Pero si este nuevo proceso
posee analogías con el de Lizarra-Garazi,
también tiene diferencias claras. El fin estratégico de la acumulación
de fuerzas no se limita a la territorialidad de Euskalerria
y a la proclama de su capacidad de decisión. Es verdad que estos objetivos
continúan siendo, desde la perspectiva del MLNV, la base de la solución
del conflicto. Son los mínimos para ello. Pero la solución del conflicto
no es el objetivo estratégico, sino un simple puente para
seguir adelantando por el camino del socialismo. Y la simple resolución
del conflicto, conseguida la territorialidad y la capacidad
de decidir, no garantiza esa resolución sino la puede capitalizar la
izquierda radical, convirtiéndose en la primera fuerza política vasca.
Y para conseguir esta hegemonía, hay que deshacer el espacio político
que conforman el PNV y EA. Primero, convirtiendo al PNV en enemigo.
Segundo, llevando a EA al espacio del MLNV. Por eso esto constituye
una remodelación del antiguo Lizarra, un Lizarra
nuevo. Es por ello que decía Antxon Etxebeste, el viejo líder
de ETA: la cuestión estratégica no es la autodeterminación, la cuestión
estratégica es el modelo de sociedad. Este nuevo Lizarra
será para aquellos que toman la independencia y el socialismo como una
misma cosa. El polo, más que soberanista,
tiene que ser socialista. Por eso mismo, para ETA el tema estratégico
actual no es el del proceso de paz. En torno al polo estratégico/polo
soberanista, precisamente, se desarrolla el
epicentro de la mayor inestabilidad política. Afecta a Batasuna,
EA y Aralar. Se desarrolla conforme a un guión
que puede llevar aparejado, en el momento en que sea preciso, un
cese de actividades armadas por parte de ETA. El último comunicado
de ETA establecía las condiciones mínimas, ya citadas, para ello. Como
contraprestación, ETA obligaría a que el polo se estableciera como muro
de resistencia, para conservar sus virtualidades en el seno del foco
decisivo de la lucha revolucionaria en el interior del capitalismo internacionalista. Pero, se entrevé que la estructura
del polo no será monolítica. Que, manifestará al menos tres grados de
compromiso: 1. El mínimo táctico (mínimo
común a todos), formulado como resolución de conflicto, articulado en
torno a la autodeterminación y el cuestión territorial. 2. El mínimo estratégico,
como identificación de socialismo con anticapitalismo, anticapitalismo
con antiestatalismo y antiestatalismo
con independentismo, y que buscará la creación de un frente que se valga
del estímulo de masas que podría generar una resolución del conflicto
exitosa para aspirar a la hegemonía política. De esta vertiente, ELA
(por ahora) quedaría al margen y Aralar también. 3. El máximo esencialista, los comprometidos con que las apuestas táctica
y estratégica no diluyan la virtualidad estructural del foco revolucionario
vasco. Todo esto, que duda cabe,
ha hecho estallar la crisis interna en EA, obligando a su sector minoritario,
(aunque más poderoso institucionalmente) que ha estado viviendo un periodo
asambleario, de debates y consultas internas y externas, de
gran intensidad, a tomar decisiones graves y transcendentales, como
la creación de un nuevo grupo político, Alkarbide.
Podría provocar un distanciamiento paulatino del modelo Aralar
respecto del esquema de polo soberanista,
también en lo referente al modelo táctico de resolución del conflicto.
Y podría abrir una fisura, a más plazo, entre los compromisos estratégico
y esencialista, por los diferentes requerimientos que a ambos
puede hacer la realidad social vasca. Conclusión: A corto plazo,
el panorama vasco a la izquierda del PNV se puede atomizar y, aunque
la fuerza más importante siga siendo Batasuna,
es una Batasuna que no podría aspirar -ni con la agrupación con otras
fuerzas- a más de 150.000 votos, muy lejos de sus registros históricos.
Andoni Sanz, Xabier Iparragirre |