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(40 - 2006ko Abendua) MUTATIS MUTANDIS El
23 de marzo ETA elaboraba un segundo comunicado en el que aclaraba que
el objetivo del citado proceso, es un cambio político que supere el
actual marco de negación, partición e imposición, marco, añadimos, que
viene definido política y jurídicamente por la constitución española
del 78. En
definitiva ETA volvía a reproducir, como los nudos a desatar para la
resolución del llamado conflicto vasco, sin aludir expresamente a ellos,
lo que en la anterior tregua de 1998 definía como mínimos democráticos:
el reconocimiento del derecho de autodeterminación y la territorialidad,
mínimos que ha vuelto a reproducir en el número 111 de
Zutabe. Para ETA no existe
alternativa entre lo que define como el autonomismo divisor y la soberanía
en la autodeterminación y la territorialidad, por lo que resulta necesario
superar el actual marco político-constitucional
y superar la división institucional y estatal. Superar significa generar
un proceso que vaya más allá de El 21 de junio del
2006 ETA volvía a emitir un comunicado exigiendo que ninguna legislación,
ordenamiento jurídico ni Constitución sea un obstáculo o limite, en
el desarrollo de la decisión que, mayoritariamente, adopte el Pueblo
Vasco. Este comunicado era
respondido por el presidente del Gobierno español Jose Luis Rodríguez
Zapatero, a través de una declaración institucional emitida el 29 de
junio en la que el Gobierno en la que, tras manifestar
que los vascos decidieron libremente de su futuro, se comprometía
a respetar las decisiones que los ciudadanos vascos adopten libremente,
respetando las normas y procedimientos legales, los métodos democráticos,
los derechos y libertades de los ciudadanos, en ausencia de todo tipo
de violencia y de coacción, expresando el compromiso absoluto del Gobierno,
con los valores, principios y reglas de De este juego de
sutilezas semánticas, cuando no de proyecciones de imágenes distorsionadas
al conjunto de ciudadanos vascos, se concluye que
ETA mantiene las mismas claves que las contenidas en En ambas posiciones
hay, sin embargo, un elemento común: si los mimbres para ETA parten
de la negación de la voluntad de los vascos, libremente expresada y
consensuada en el Estatuto de Gernika, los mimbres para el Gobierno
español parten del encorsetamiento de esa voluntad en un texto constitucional
que no fue avalado por la mayoría de los vascos, lo que Zapatero definió
en la expresión si vivimos juntos decidimos juntos.
Sobre semejantes
bases, del todo irreconciliables, no es posible construir un proceso
dirigido a las llamadas pacificación y normalización de Euskal Herria,
términos que, a pesar de haber hecho fortuna en el lenguaje político,
distan mucho de la realidad sociológica de nuestro país, pacífica, salvo
por la intransigencia, el fanatismo y la actuación violenta de unos
pocos y normalizada, pese al incumplimiento estatutario por parte de
los sucesivos gobiernos habidos en el estado, que decidieron proceder
al incumplimiento sistemático del Estatuto vasco, cuando llegaron a
la convicción de que dejaba de ser un instrumento útil para acabar con
ETA. La
pacificación de Euskal Herria vendrá por tanto, no por el libre juego
de las voluntades de los actores que han asumido el protagonismo negociador,
sin llegar al pesimismo del ...uomini non fanno mai buon a meno che la necessità
le guidi ad esso, sino
por la imposición democrática de la ciudadanía vasca. El único beneficiado
del fracaso del proceso negociador,
único, porque aunque haya dos mesas de negociación, ETA condiciona los
acuerdos habidos en una a los resultados existentes en la otra, es la
organización terrorista, que hará responsable del mismo al Gobierno
español, con la complicidad del PNV, por su política represiva y la
negación de ambos mínimos democráticos, con lo que su pretensión de
convertirse en portavoz y garante de la voluntad de los vascos saldrá
nuevamente reforzada. Son dos los factores
que están retrasando esa ruptura:
a)
Por un lado su convicción de que la oferta de tregua
está agudizando las contradicciones en el seno del nacionalismo vasco,
al existir sectores que entienden que estamos en una nueva fase, en
la que no se trata de avanzar en el autogobierno vasco a través de un
proceso de reforma estatutaria, con un incremento de nuestro nivel competencial, sino que el derecho a decidir y la asunción de la realidad
de que hay un problema territorial, que puede tratarse con fórmulas
conciliadoras por parte de todos, son puntos ineludibles y si no es
posible el consenso político habrá que ir a un proceso de rompe
y rasga con el estado español. Lo que ETA ha definido en alguna
ocasión como ruptura democrática
[1]
.
b)
Por otro lado,
la interiorización de que hay sectores de su base social, que en la
actualidad se muestran dubitativos con el ejercicio de la violencia
como método de acción política y que la única forma de acabar con su
debilidad revolucionaria y su actitud revisionista, es reideologizándoles
en la convicción, de que todos los intentos de cese de la violencia
por parte de la organización han tenido como respuesta una estrategia
represiva por parte del estado, con la complicidad nacionalista, para doblegar a la izquierda abertzale o acabar
con ella. Esto es: la búsqueda de una nueva legitimación para el ejercicio
de la lucha armada. El fracaso de este
proceso al que le va a traer costes electorales es al gobierno socialista,
especialmente en el electorado del resto del estado, porque más allá
del voluntarismo que ha demostrado hasta la fecha, no va a poder justificarlo
si permanece anclado en posiciones inmovilistas. Creer que con la aproximación
de los presos a las cárceles de Euskal Herria y la concesión
de excepcionales medidas de gracia, además de la legalización de Batasuna
,se va a acabar con el ejercicio de la violencia por parte de ETA es
no entender su planteamiento estratégico. El PP que ha hecho del proceso
negociador, un injustificable y demagógico casus belli le
estará esperando. La cuestión ante
este escenario es que debe hacer el nacionalismo vasco, cómo canalizar,
sobre bases democráticas, un acuerdo construido en claves de enfrentamiento. Las
bases para el camino adecuado, no se encuentran lejos de las que está
sosteniendo EAJ-PNV que, -aunque puntualmente pudiera parecer que hace
un ejercicio excesivo de prudencia, al no reclamar una mayor participación
en el proceso de pacificación, del que, no debe olvidarse que sus principales
víctimas han sido ciudadanos vascos, a los que nuestros poderes públicos
tienen la obligación de tutelar-,
está acreditando una notable responsabilidad política. Así, el presidente
del EBB, Josu Jon Imaz ha planteado la necesidad de un acuerdo político
[2]
primero entre vascos, acerca de cómo nos construimos
desde el pluralismo de la sociedad vasca el respeto a los diferentes
sentimientos identitarios, tratando de integrarlos en un esquema de
pacto y compromiso- y el respeto a nuestra libre decisión, desde un
principio de no unilateralidad, a través de un pacto con el Estado,
pacto basado en la aceptación de las reglas del juego democrático, el
respeto a los marcos legales actuales, así como la posibilidad real
de su modificación. Frente
a los que creen que la transversalidad esconde un derecho de veto, más
allá de las legítimas aspiraciones que los nacionalistas vascos podamos
tener a la libertad como sujeto colectivo, se nos impone la actual realidad
sociopolítica de nuestro país,
en la que de cumplirse los augurios del fracaso del proceso negociador,
el socialismo español se va a ver en la obligación de tener que dar
cobertura a sus expresiones de respeto a la voluntad de los ciudadanos
vascos y, el nacionalismo vasco, si sigue manteniendo el sentido de
país que ha acreditado hasta la fecha, tendrá que evitar caer en la
estrategia de confrontación y conflicto social que tiene a ETA como
su vanguardia. Contribuir
al llamado proceso de pacificación en clave democrática requiere, por
consiguiente:
a)
La desoberanización
[3]
del debate político vasco sobre bases más democráticas:
el desarrollo de la libertad y el
incremento de la justicia social para el conjunto de los ciudadanos
de Euskal Herria, en una sociedad cada vez con tics más autoritarios,
con una progresiva pérdida de valores y con un desigual reparto de la
riqueza.
b)
Un esfuerzo didáctico, dirigido a exponer con claridad
al conjunto de los ciudadanos vascos, las posiciones político-estratégicas
que están adoptando los actores principales en este proceso.
c)
Un proceso participativo por medio de
la movilización democrática frente a ETA, como organización enemiga
del Pueblo Vasco.
d)
El refuerzo de la legitimidad democrática del Estatuto
de Gernika, -de todo el estatuto, incluida su disposición adicional
única-, que constituye hasta el día de hoy, el único pacto jurídico-político
refrendado por la mayoría de los ciudadanos vascos de tres de nuestros
territorios históricos.
e)
Un proceso de profundización democrática mediante la
adecuación estatutaria a nuestras justas aspiraciones a un mayor autogobierno,
aspiraciones que anhela la base social del nacionalismo vasco y aceptan
los vascos que comparten su sentimiento identitario con el español,
al comprobar la mayor eficacia de un sistema descentralizado horizontal
y verticalmente. Kepa Bilbao Gaubeka Deustu 2006/11/05
[1]
Para ETA en la transición
democrática democrática española se produjo una encrucijada entre «la
reforma basada en el constitucionalismo español o la ruptura democrática
sustentada en el derecho de autodeterminación». El triunfo de la primera
apuesta, según remarca, ha provocado «la prolongación del conflicto
y la multiplicación de sus desgraciadas consecuencias en todos estos
años». Ahora, considera, «es tiempo de intentar la segunda opción, es
hora de hacer un esfuerzo firme por recuperar todos los derechos que
se le niegan a Euskal Herria y por superar el conflicto». 2 DEIA, 29 de junio de 2006 3 Patxi López: defendemos una única soberanía con dos ámbitos de decisión. Deia, 22-10-2006
[1]
Para ETA en la transición
democrática democrática española se produjo una encrucijada entre
«la reforma basada en el constitucionalismo español o la ruptura democrática
sustentada en el derecho de autodeterminación». El triunfo de la primera
apuesta, según remarca, ha provocado «la prolongación del conflicto
y la multiplicación de sus desgraciadas consecuencias en todos estos
años». Ahora, considera, «es tiempo de intentar la segunda opción,
es hora de hacer un esfuerzo firme por recuperar todos los derechos
que se le niegan a Euskal Herria y por superar el conflicto». [2] DEIA, 29 de junio de 2006 [3] Patxi López: defendemos una única soberanía con dos ámbitos de decisión. Deia, 22-10-2006 |