Artxibo rtf
(38 - 2006ko Apirila)

El libro de Arnaldo Otegi

Propósito del libro:

En el contexto de la nueva situación creada en Euskadi tras las elecciones al Parlamento Vasco de Abril del 2005, y dado el vuelco del escenario político vasco por la oferta política y de paz de Batasuna y el alto el fuego permanente proclamado por ETA, el libro de Otegi posee un interés indudable, aunque a estas alturas las claves del mensaje político y de las situaciones posibles sean habas contadas y, por tanto, no pueden enseñarnos muchas novedades.

El libro parece elaborado con la intención de insuflar de optimismo a una militancia que ha vivido durante años instalada en el desencanto y la pérdida paulatina de motivación. No hay duda que la radical ciaboga de noviembre del 2004 en Anoeta, y la posibilidad, regalada en bandeja, de romper la barrera de la ilegalidad y presentarse en las elecciones del Parlamento Vasco, hace reverdecer los laureles de un MLNV duramente castigado desde los diversos frentes legal, político y policial.

El libro de Otegi es, en ese sentido, un canto a las esencias tradicionales del MLNV y una evocación de la historia de los últimos 30 años, dejando atrás las sombras del franquismo y valorando la política desde el mismo principio de la transición democrática en Euskadi y España.

Es, también, un relato pormenorizado de la alternativa que ofrece el MLNV al pueblo vasco en la que se propone una nueva política de alianzas y un nuevo proceso de institucionalización, basado en los organismos creados por el MLNV para ello, y se plantea la posibilidad de un "proceso de paz" (en el cual, como afirma Otegi –p. 234-, todavía no nos encontramos) que, por los indicios que da este libro, promete ser de una dilatación casi interminable.

No es extraño que el jefe de la unidad popular Batasuna, creada por la organización original del MLNV; ETA, plantee un proceso político largo y complicado que puede revertirse en cualquier momento, en coherencia con la idea de Guerra Popular Prolongada maoísta que es patrimonio tradicional del movimiento. Todo sea al servicio de que la lucha armada prolongue, lo más posible, su efecto de amedrentamiento y de distorsión del orden político democrático. Porque para eso fue puesta en acción. Y porque durante el mismo periodo de tregua, la lucha armada está presente, como amenaza de su recomienzo.

Este plus armado en ninguna parte es más visible que en el caso de Irlanda, donde el IRA y el Sinn Feinn, dentro de un proceso de paz con muertos, con persistencia de extorsión a empresarios, con aherrojamiento de las comunidades a los servicios de orden de los grupos paramilitares, han conseguido ponerse en el centro del escenario dosificando al máximo sus concesiones y persistiendo en actividades ilegales de reaprovisionamiento.

 

Un poco de historia

Otegi comienza su relato retrospectivo trayendo a colación un episodio insignificante de la historia de Euskadi, pero al que se le pretende dotar de gran importancia. Este episodio es la reunión en Chiberta, el mayo 1977, entre algunos partidos, entre los que se contaban también ETAm y el PNV. Y dice:

"La izquierda abertzale hizo una propuesta nítida a la salida del franquismo, buscó en Txiberta una alianza de todas las fuerzas democráticas vascas en torno al derecho de autodeterminación y les propuso abrir una interlocución de carácter nacional que buscara la ruptura con el franquismo e instalar en el país un escenario de democracia. Esa fue la propuesta de la izquierda abertzale que después ha mantenido constantemente a lo largo de treinta años" (p. 18).

Para dotar de mayor vigor dramático a este escenario Otegi cita una anécdota de la reunión en la que José María Beñaran, Argala, el jefe político de ETAm por aquel entonces, "puso una pistola encima de la mesa para decir "la lucha armada se acaba si aquí hay un acuerdo que permita abrir una negociación como pueblo con el Gobierno español". Es decir, no había en la posición de ETA una estrategia de defensa numantina de la lucha armada" (p. 20).

La opción del PNV de apostar por su estrategia institucional y legalista, avalada por la existencia del Gobierno Vasco en el exilio, de pactar con el gobierno español la restauración de ese organismo creado durante la 2ª República y un consiguiente estatuto de autonomía –estrategia en la que convenían otros partidos de influencia en Euskadi, como el PSOE- es considerada, de esta manera, como responsable de la pervivencia de la acción de ETA. A ese respecto, afirma Otegi que, por su apuesta autonómica "es la estrategia del PNV la que ha generado el sufrimiento" (p. 21).

Las afirmaciones de Otegi entremezclan cosas verdaderas y falseamientos evidentes de la realidad. Pues si es verdad que en los últimos treinta años ETA y el conjunto del MLNV han repetido propuestas que responden, en general, al tenor descrito por Otegi (y la propuesta de Anoeta no es más que un indisimulado maquillamiento de este planteamiento), no es cierto que ETA, en ningún momento, planteara en serio –más allá de gestos de cara a la galería y a las viñetas de la historia- la desaparición de la lucha armada bajo las condiciones de una democracia representativa, como la que se gestó en el estado español durante aquellos años.

En noviembre de 1974, con motivo de la escisión entre ETAm y ETApm, la primera de las organizaciones elabora su documento fundacional, el denominado Agiri (ETAren agiria). Este documento fue obra del histórico líder José María Beñaran Ordeñana (Argala), citado por Otegi como adalid del desarme a cambio de determinadas condiciones. Es un documento interesante, puesto que se inscribe en la conciencia de una segura transición del régimen franquista al de una democracia representativa. Tras hacer un breve balance de las distintas familias políticas del franquismo, y tras constatar que el sector ultra se encontraba en franca minoría, el escrito se detiene en la cuestión del asesinato de Carrero Blanco y afirma: "Su muerte habría de significar (...) la verificación de la irreversibilidad del proceso democrático". Es decir: no sólo se afirma el hecho "irreversible" de la creación de un sistema de democracia parlamentaria tipo liberal sino que la propia acción de ETA había contribuido a ello. Por otro lado:

"(...) el desarrollo de la estrategia aceptada en la V Asamblea, no nos ha llevado a una situación de guerra popular de liberación, sino que, junto a la lucha del resto de los pueblos del Estado Español, nos ha conducido a las puertas de un proceso democrático burgués (...) El pueblo vasco no ha conseguido crear un ejército popular de liberación, pero su lucha junto a la de los pueblos vecinos, y los límites que el desarrollo económico impone la estructura dictatorial del Estado, impiden a la oligarquía continuar sosteniendo el sistema fascista".

A las puertas de la transición democrática, ETAm plantea claramente que su acción armada ha servido de acelerador del proceso de descomposición del régimen franquista, y que ello, además, ha sido positivo. Aunque el objetivo contemplado en la V Asamblea, que era la creación de un "ejército popular de liberación" como fruto de "una situación de guerra popular de liberación" no se había conseguido. Tras apuntar los dos aspectos de la coyuntura en la que se encuentra, el problema residiría en cual tendría que ser el papel de la lucha armada, de la violencia, en el contexto de la nueva situación que se avecinaba:

"(...) tampoco podemos jugarnos todas las cartas a la democracia (que de ningún modo puede considerarse el marco político donde los trabajadores vascos puedan ser libres) porque ello significa liquidar el único elemento verdaderamente inasimilable por la burguesía, la única garantía de conseguir nuestros objetivos finales: la lucha armada".

El Agiri de 1974 contemplaba la necesidad de encuadrar a la masa social dispersa que quería apoyar la alternativa política de ETA. Pero, asimismo, remarcaba el papel de la lucha armada como "garantía de conseguir nuestros objetivos finales" ya que constituía "el único elemento verdaderamente inasimilable por la burguesía". La función de la lucha armada, pues, dentro de la nueva situación, poseía una doble perspectiva: combinarse con la acción política y de masas derivada de la efervescencia popular de aquellos años; y señalar el punto de no retorno de la lucha, en cuanto a la lucha armada como elemento no sujeto a la jurisdicción de ningún tipo de orden democrático "burgués". Por un lado, la acción política y social de los órganos encuadradores de la autodenominada "izquierda abertzale" debía acogerse a los beneficios de un régimen de libertades "burgués"; pero, por otro, la lucha armada constituiría la fuerza ejemplificadora de reserva que impediría que la dinámica general del movimiento fuese asimilada por los mecanismos de integración del nuevo orden.

Por todo esto, está claro que para ETA (y para el conjunto del MLNV) –en contra de lo que de forma deliberadamente confusa pretende dar a entender Otegi cuando dice que "no había en la posición de ETA una estrategia de defensa numantina de la lucha armada" - la lucha armada es un elemento medular e irrenunciable, ya que sostiene una cuestión de principio: el principio de ruptura con el orden "burgués", con el orden de la democracia representativa. Aquí, una vez más, vemos traslucirse el nulo nacionalismo de ETA que se escuda en el planteamiento de un acuerdo con planteamientos formalmente nacionalistas para justificar la adaptación de la violencia a las nuevas circunstancias de un régimen democrático cuyo advenimiento, además, se atribuye como mérito propio.

 

El MLNV y el nacionalismo vasco

Este libro es notable por una serie de cuestiones que explicita Otegi. Si bien algunas de ellas han sido dichas en ocasiones diferentes, hay otras que merece la pena subrayar por su espíritu novedoso. En relación con el PNV, Otegi afirma que, "si tiene un modelo es diferente al nuestro. Legítimo, pero diferente al nuestro. Entonces, nosotros no podemos llegar a un acuerdo con el PNV ni en materia de proyecto final –cosoberanía versus independencia- ni en modelo social" (p. 198). Y lo repite: "cada cual tiene modelos diferentes para la construcción de este país en los social, en lo nacional y en lo institucional" (p. 200). Dice también que el MLNV se posiciona en contra de "los modelos de UPN y PNV en su apuesta por la partición territorial y falta de soberanía." Si bien eso es algo que quedaba claro por las praxis opuestas entre el nacionalismo vasco y el MLNV en lo referente a la opción institucional y sus visiones diferentes de lo que son los derechos humanos, resulta reconfortante que Otegi quiera quitarse la máscara de hijo pródigo e iguale a UPN y al PNV en lo que, para él, resulta lo fundamental: el posicionamiento de derecha, de representación de una determinada clase social en el ámbito de la CAV y de Navarra, de ambos partidos.

Afirma de forma terminante que "la izquierda abertzale" "rompió con esta tradición etnicista y basada en criterios raciales (de Sabino Arana). Eso se rompió ya en el franquismo, cuando la izquierda abertzale se decantó por posiciones de izquierda, abiertamente incompatibles con criterios etnicistas" (p. 211). Resulta evidente que, entonces, la violencia de ETA nada tiene que ver con los criterios etnicistas atribuidos a Sabino Arana pero que, a pesar de todo, sigue siendo violencia. No quiero abundar más en este tema que, creo, queda bastante claro con la cita de Argala. Sólo señalar el que Otegi habla de la "violencia estructural" de los estados, ante la cual la violencia de ETA es una "violencia de respuesta" (p. 204), y dice que, además de en Euskadi, "eso es una evidencia en Palestina, en Irlanda, en El Salvador, en Colombia..." (p. 185), extendiendo el mapa de las preferencias ideológicas del MLNV y lavando la cara a la violencia de ETA en función de la constatación de una opresión global.

Esta claro que el "modelo" del PNV está basado en la instauración del Gobierno Vasco, como primera institución vasca con vocación nacional, y en todo el capital simbólico y político derivado de la guerra del 36 y de la resistencia durante el franquismo y contra el nazismo (cosa que Otegi niega, pero que afirman testigos de la época, como Txillardegi). La valoración de Otegi, que es la del MLNV, respecto a la restauración del Gobierno Vasco y la consecución de un estatuto de autonomía es abiertamente negativa. Otegi niega el valor positivo del Concierto Económico (p. 146), de la existencia de una Policía Vasca (p. 144), de la existencia de una televisión pública vasca (p. 145) y ni siquiera entra a valorar Osakidetza, la enseñanza pública y la universidad en euskara derivada del Estatuto de Gernika.

El "modelo" de Batasuna se basa, en cambio, en instituciones u organismos como el Foro Nacional de Debate (p. 129) o Udalbiltza (p. 74), que han sido creados por el propio MLNV y donde la representatividad de los partidos políticos queda desdibujada dentro de un marasmo de organismos sectoriales del MLNV. Es evidente la voluntad que muestra Otegi de negar legitimidad y capital simbólico a las instituciones verdaderas del país y de ensalzar sus propias construcciones, gobernadas por la burocracia del MLNV.

Es por ello que parte de la insistencia de Batasuna y de Otegi en la cuestión de la territorialidad es una de las formas de, bajo el pretexto de un concepto jacobino como el de la "territorialidad", otorgar legitimidad a esas instituciones del MLNV creadas ad hoc en la conciencia de que deben sustituir a las otras. Es por ello que Otegi repite una y otra vez que la mayor virtualidad del acuerdo de Lizarra-Garazi es dar por muerto el Estatuto de Gernika. Pretende, así, construir su modelo sobre las ruinas de nuestro pueblo y de nuestro autogobierno.

 

Cinismo y derechos humanos

Uno de los componentes fundamentales del discurso de Arnaldo Otegi es el uso metodológico del cinismo. Otegi, que se considera marxista (p. 222), es consciente de que su visión del mundo es diametralmente opuesta a la del resto del arco político, y eso se nota en la forma que tiene de valorar las cosas. Por ello algunas de sus afirmaciones pueden parecer al resto de los mortales que viven en Euskadi cuanto menos escandalosas. Pero son afirmaciones coherentes con una postura ideológica, con unos valores, o mejor dicho, con unos anti-valores, ya que los valores del MLNV, como los de cualquier grupo marxista revolucionario, se definen siempre en combate con los valores establecidos, en este caso con respecto a los valores de la democracia representativa tal como se entiende en Occidente. Cuando habla de la necesidad de "una auténtica revolución cultural, una revolución ética y de los valores (p. 229) y de "sustituir el paradigma neoliberal por el socialista" nos está afirmando la aplicación presente del MLNV de sus "valores", entre los cuales se cuentan la valoración positiva de la violencia de ETA, la estrategia contraria a las instituciones vascas, la consideración de los derechos colectivos con exclusión de los individuales, etc. Por no mencionar la connotación siniestra que tiene el uso del término "revolución cultural", cuyo original en China supuso una depuración y masacre que se llevó la vida de millones de personas.

Reivindicando la excepcionalidad del MLNV respecto al resto de los grupos políticos actuantes en Euskadi, Arnaldo Otegi llega a decir que "todo el mundo sabe que los partidos se financian ilegalmente, salvo, curiosamente, la izquierda abertzale" (p. 148). Resulta paradójico que el cobro del "impuesto revolucionario" y la muy presente andanada de bombas y amenazas a empresarios y sus familiares sea considerado, por parte de Otegi, como "legal", ya que, seguramente, así entiende la labor que hace ETA extorsionando a tantos cientos e incluso miles de empresarios y profesionales diversos. Más allá de que la gestión de Batasuna en muchos pueblos ha seguido el patrón de la opacidad más absoluta, de uso del poder municipal para perjudicar y favorecer a determinadas personas, con cargos de candidaturas del movimiento encausados por casos de corrupción.

Pero resulta claro que, en contra de lo que se llega a decir cuando se denuncian "actitudes mafiosas" por parte del MLNV, el objetivo fundamental del movimiento no es el dinero. Y, en ese sentido, la afirmación de Otegi no deja de ser razonable: cuando se dispone del poder sobre la vida y del bienestar de miles de personas, y se condiciona la vida política por medio de la combinación de medios políticos y militares, el dinero llega a ser algo secundario. Es la voluntad de consecución y ampliación este poder sobre las personas y las cosas de lo que se alimenta el espíritu del MLNV.

Otra afirmación controvertida es la denuncia de acciones determinadas de la Ertzaintza en aplicación de la ley de partidos y en contra de manifestaciones de Batasuna. Otegi llega a decir lo siguiente: "Quiero imaginar que, si en este país se habilita alguna vez un proceso de resolución del conflicto, también habrá que poner encima de la mesa el tema de la Ertzaintza, sobre sus responsabilidades, sobre su vocación de futuro y sobre cómo se convierte de verdad en una policía democrática. De esa violencia también quiere hablar la izquierda abertzale" (p. 145). La omisión, por parte de Otegi, de que los ertzainas son objetivo de ETA y el asesinato por parte de este grupo armado de una decena de los mismos, así como los ertzainas gravemente heridos y mutilados por la acción de manifestaciones de simpatizantes del MLNV, y el acoso domiciliario y callejero al que se ve sometida la policía vasca, confirma su cinismo metodológico que pretende enturbiar el juicio moral mediante el sectarismo político.

Finalmente, Otegi señala como un gran paso por parte de ETA el levantamiento de la amenaza de muerte contra cargos políticos y públicos del PSOE y del PP. Resulta sarcástico que tras los atentados islámicos del 11m –y la necesaria reconsideración del asesinato político tras esa fecha, que supone la irrupción, en el estado español, del terrorismo global- y tras los inmensos problemas operativos que muestra ETA en estos últimos años, se pretenda vender algo que corresponde al mero pragmatismo, nacido de la inconveniencia y de cierta medida de impotencia, como un gesto o un paso positivo, cuando ETA está haciendo de la necesidad virtud.

Es necesario remarcar que el cinismo e inhumanidad que muestra Otegi es estricto producto de su ideología política, que no reconoce a las personas individuales como sujetos de derecho. A lo largo de su libro, Otegi habla innumerables veces del reconocimiento de "todos los derechos de los vascos y las vascas". Pero cada vez que se refiere a ello habla de estrictos derechos colectivos (derechos sociales, derecho de autodeterminación…) y no cita, en ninguna ocasión, la existencia de derechos individuales o derechos de la personas individuales. Es por ello que cuando dice que su objetivo es un modelo sociopolítico, un socialismo, centrado en "el hombre", Otegi habla en términos de una determinada "humanidad" (identificada en exclusiva, además, con su facción política y sus homologados internacionales) y no de seres humanos individuales, con todo lo que tiene de abstracción y, por tanto, de insensibilidad frente al dolor humano cuando este se da en el campo de lo que el considera es el enemigo.

Lo peor es cuando esa insensibilidad se trata de vender como sensibilidad, como cuando Otegi habla del asesinato de Miguel Angel Blanco y afirma que "no se puede pensar que la izquierda abertzale es un islote. Es más, es especialmente sensible al sufrimiento porque vive el sufrimiento en primera persona (…) el conflicto se expresa a veces con esas consecuencias que alteran el ánimo de todo el mundo y el suyo [el del MLNV] en primer lugar" (p. 58). Ese doble lenguaje, de magnificar lo que se consideran agravios contra los propios (en el caso de las acciones de la Ertzaintza) y de usar eufemismos (y apuntarse el tanto de la sensibilidad) cuando se trata del dolor causado, mediante el asesinato, por los miembros del MLNV, es la imagen de marca de la degeneración moral de todo un movimiento, que ha normalizado este tipo de reacciones y de lenguaje.

 

 

Que proceso de paz

Digamos primero que el cambio que se da en Anoeta no es de planteamientos (que es remodelación de la Alternativa KAS y la Alternativa Democrática de ETA) sino de interlocutores: la propuesta la hace Batasuna, y no ETA. ETA no es ya la vanguardia que abre el camino a base de muertos. La iniciativa corresponde a Batasuna y ETA se constituye en el omnipresente elemento disuasorio. Pero los avances se tienen que dar en el terreno del juego estrictamente político. Otegi pone especial empeño en remarcar los aspectos metodológicos de la cuestión porque es en ese terreno donde se juegan esos avances. Y el principal objetivo de Otegi es negar la existencia de órganos de representatividad democrática en los distintos territorios vascos como motor de su propio modelo de construcción que con el Foro Nacional de Debate y Udabiltza ya posee dos embriones, alrededor de los cuales giran los organismos creados por el MLNV y que constituyen su anti-estado en marcha.

Decía Marshall MacLuhan que la mejor manera de predecir el futuro es mirar al pasado. Tras el anuncio de "alto el fuego permanente" por parte de ETA, y en la conciencia de lo que ETA proclama como la antesala de "un proceso democrático en Euskal Herria", dos son los ejemplos que nos cita Otegi como modelos retrospectivos de lo que nos puede venir: la negociación de Argel y el Pacto de Lizarra. La interpretación que hace Otegi de estos dos hechos tiene la máxima importancia. Nos comunica algo de sus intenciones reales respecto a esta nueva etapa.

Refiriéndose a las luces y las sombras de la negociación de Argel, y señalando "la gran conquista de Argel. El Estado español reconoce la interlocución de ETA y la legitima como agente político" (p. 28), Otegi afirma "que un proceso de negociación es un proceso de lucha de distinta manera. Que la lucha no se acaba al llegar a una mesa, sino que la propia negociación es la lucha política expresada de otra manera".

Respecto a Lizarra-Garazi, y refiriéndose al PNV, dice Otegi que "intencionadamente o no, se pretendió vender que ETA necesitaba una pista de aterrizaje y que iban a hacer un teatrillo para darle una salida (...) Había continuas declaraciones sobre la pista de aterrizaje, a las que nos veíamos obligados a responder diciendo que, en realidad, era la pista despegue para la construcción de este país" (p. 74). La conclusión es que, en el caso de Lizarra-Garazi, "cometimos el error de dar al PNV excesivo poder de condicionar el propio proceso. Ese es un error que no volveremos a cometer" (p. 75).

Estos datos extraídos de las lecciones que Otegi y por extensión Batasuna sacan de esas dos ocasiones sirven para extraer dos conclusiones: la negociación/negociaciones que se den en las mesas o foros que sean constituyen "un proceso de lucha de distinta manera", con lo cual el acuerdo constituye un factor secundario y de lo que se trata es seguir la lucha "de otra manera". La segunda conclusión es que no nos encontramos en un proceso que vaya a ser interpretado, desde el MLNV, como "una pista de aterrizaje" sino, muy al contrario, como "una pista de despegue".

Y volvemos al planteamiento de Argala de 1974. El gran problema de ETA y sus organizaciones derivadas era, entonces, que la acción represiva se cebaba en los organismos políticos y sociales nacidos a partir de ETA. Era necesario para la organización, junto a la acción ilegal y clandestina, la existencia de unas organizaciones legales, dentro del marco de una democracia representativa en el estado español. Tras la ilegalización de Batasuna en el 2002, el MLNV tiene que reconstruir el esquema diseñado por Argala. La presencia de EHAK en el Parlamento Vasco marca un paso hacia delante; el próximo paso es la presencia en instituciones de base como son los ayuntamientos.

Gracias al libro de Arnaldo Otegi, sabemos que estos movimientos, incluyendo el alto el fuego permanente de ETA, son fruto de una comunicación entre Batasuna y el PSOE de hace cinco años, una comunicación con "niveles blindados, que es algo importante. Hemos hablado en todas las ocasiones, pasara lo que pasara" (p. 131). Afirma también de que nos encontramos en una época, no "de gestos unilaterales, sino de gestos pactados" (p. 133). Es importante señalar las características de "blindaje" de interlocución, y de que los movimientos de los que somos testigos obedecerían, por lo general, a esa naturaleza de ser "gestos pactados" en el sentido de algo acordado de antemano pero no explicitado ningún documento.

El problema reside en deducir cuando puede terminarse esta dinámica de blindaje y de gestos pactados, cual es el punto de ruptura posible. Primeramente, hay que señalar que Otegi nos plantea un proceso largo en el tiempo ("nos tomamos esto con la debida calma", p. 242, "será un proceso largo en el que habrá obstáculos y parones", p. 238, "un proceso de estas características va a ser un proceso largo", p. 234), en consonancia con la perspectiva de Guerra Popular Prolongada que es constitutiva de la ideología del MLNV. En segundo lugar, el propio Otegi señala que este proceso puede frustrarse (p. 243). También que "la izquierda abertzale está en bloque en esta apuesta" (p. 243).

Finalmente, hace un planteamiento de lo que considera que son condiciones irrenunciables de este proceso, el planteamiento previo que todos deben aceptar de una forma u otra.

"Las bases sólidas, los principios fundamentales, están resumidos en el Acuerdo Democrático de Bases. Ese acuerdo de garantías recíprocas tiene que recoger cuáles son los principios y los compromisos compartidos por todos durante el proceso, cuál es el objetivo de ese proceso y del acuerdo que queremos suscribir a futuro, cuál es la composición de la mesa y cuál es el método de la toma de decisiones, y cuál es la implicación internacional que necesita este proceso. Esas son las bases sólidas. Y se pueden resumir en que el proceso debe garantizar la participación efectiva del conjunto de ciudadanos del conjunto del país" (p. 239).

Otegi mezcla diferentes géneros de lenguaje, donde se combinan aspectos metodológicos y condiciones que, de tapadillo, se plantean como irrenunciables, tales como "la implicación internacional" y "la participación efectiva del conjunto de ciudadanos del conjunto del país", entendida esta como participación de los ciudadanos de la CAV, de la Comunidad Navarra y de Euskadi Norte. Y sigue remachando "nosotros consideramos que los principios de ese acuerdo no tienen que ser alterados (…) El documento en sí no es un tótem para nosotros, pero sí los principios fundamentales para la solución democrática del conflicto que recoge el Acuerdo" (p. 240). Otegi rechaza cualquier solución que suponga "reformas estatutarias" (p. 135), y plantea que el PSOE "tiene que aceptar (…) que aquí hay un pueblo que tiene derecho a decidir".

Cuando es interrogado Otegi acerca de la disposición del PSOE a llegar a un acuerdo de estas características, los argumentos que utiliza son de inferencia e interpretación: "El PSOE, el Gobierno español, está inmerso en una reforma del Estado que responde, por un lado, a sus contradicciones intrínsecas y, por otro, a la lucha de la izquierda abertzale en todos estos años. Estoy seguro de que cualquier gobernante sensato tiene que pensar que ya metidos en gastos… Lo lógico es que aproveche para solucionar este conflicto, que además le dará réditos si consigue la paz" (p. 134).

Dado que nos encontramos con un largo proceso, donde ya se han dado gestos, pactados o no, (presencia de EHAK en el Parlamento Vasco, documento del parlamento español para negociar con ETA, alto el fuego permanente de ETA…) y donde, presumiblemente, estos seguirán produciéndose durante largo tiempo, es lícito preguntarse si este proceso puede romperse dado que tanto los presupuestos que explícitamente plantea el PSOE como los que ahora nos trae Otegi no parecen poder compatibilizarse en ningún momento. Esta no es una cuestión baladí, que se soluciona diciendo que cada una de las partes rebajará sus posiciones, ya que la política tanto en Euskadi como en España se encuentra en un momento de especial complicación que puede ser aprovechado por todos los aventadores de tempestades. ¿Se romperá la cuerda? ¿Cuándo podría ocurrir eso?

Lo que está claro es que Otegi quiere dilatar el proceso en la medida de su conveniencia y tratará de recuperar el status de legalidad y la presencia en las instituciones para Batasuna. Según Otegi parece que aquí como en Lizarra-Garazi la kale borroka no entraría en los términos de tal alto el fuego ya que, refiriéndose a la misma, afirma que "hay que entender que cualquier tipo de proceso va a encontrarse con obstáculos por parte de los estados y que va a haber a veces respuestas de carácter popular" (p. 73). Por otro lado, hay indicios de que la recaudación del "impuesto revolucionario" se hará por medio de otros agentes y con otro tipo de amenazas. Como Irlanda, las estructuras de la violencia seguirán en pie en tanto va dilatándose el "proceso".

El libro de Otegi nos ofrece un proceso interminable, sometido a la agenda política de Batasuna, con construcción de instituciones para sustituir a las presentes, con el objetivo de la "autodeterminación" como horizonte. Una "autodeterminación" evidentemente ficticia y táctica, ya que presupone, en el proyecto de Batasuna, la participación de la CAV, de Navarra y de Euskadi Norte en la misma. Y como conseguir tal logro, en las actuales circunstancias, es improbable, por mucho que Otegi pretenda sembrar expectativas y por mucho que haya nacionalistas inocentes que están dispuestos a gastar las suelas de sus zapatos siguiendo la estela de su iniciativa, tenemos ya visualizado el esquema de ruptura del proceso, en el mismo punto en el que ETA recomenzó la lucha armada en 1999.

También es verdad que las circunstancias han forzado a ETA a plantear un alto el fuego permanente. Pese a que el MLNV no da muestras de renunciar a nada, ni siquiera a la lucha armada, nos encontramos ante la oportunidad de un periodo de tiempo en el cual la amenaza de muerte ha sido cancelada. Eso es algo positivo. La acción de los partidos democráticos y la actitud del pueblo vasco serán decisivas para que la perspectiva unilateral del MLNV no trate de romper el proceso a su conveniencia, tal como ocurrió en 1999. Esperemos que la experiencia pasada sirva para algo.

Imanol Lizarralde