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(39 - 2006ko Abuztua)

EL HECHO NACIONAL DESDE EL PRISMA ZUBIRIANO

 

Artículo inspirado en el libro “HABLANDO CON XAVIER ZUBIRI-Sobre la identidad nacional (desde “Sobre la esencia”) de José Antonio Artamendi Muguerza.

 

  1. INTRODUCCIÓN.

 

José Antonio Artamendi a través del prisma de la filosofía Zubiriana nos invita a una serie de profundas reflexiones acerca de la identidad nacional. En este libro, J.A. Artamendi se  sumerge en el interesante  mundo conceptual de Zubiri y tomando sus aportaciones filosóficas como lente de análisis, se lanza a pensar y repensar sobre el concepto de identidad nacional, así como, sobre otros aspectos de ella derivados, como la idea de pueblo, lenguaje, universo simbólico...

 

Como bien nos indica Francisco Garmendia en el prólogo, la originalidad del libro no subyace  “tanto en dar respuestas que analiza, sino en la formulación de la pregunta, abriendo así la posibilidad de reinterpretar aspectos importantes del debate actual sobre la identidad, que, en el contexto presente de nuestra sociedad, está sobredeterminado por el antagonismo político expresado muchas veces en términos nacionales”. También nos apunta que el debate sobre la identidad nacional se está dando en términos verdaderamente confusos y comenta que “esta confusión, impuesta desde el poder, provoca acciones y reacciones que se alimentan mutuamente. El debate público actual sobre la identidad en relación al Pueblo Vasco y a España o a Francia se halla, así, cautivo de los proyectos de homogenización nacional obligatoria emprendidos desde los poderes estatales y de las reacciones que su implantación crea en las gentes que subjetivamente no se identifican con la nacionalidad impuesta”.

 

Estas afirmaciones las considero totalmente acertadas. Parece que en esa pugna entre naciones-estado contra naciones sin Estado se estuviera estableciendo de una manera apriorística y taxativa el  cómo ser  individuo de una u otra nación. La lucha nacional  se da en dos frentes; por un lado, ese en el que en cada una de las naciones que se solapan o entremezclan  trata de conseguir la adhesión subjetiva de cada uno de los ciudadanos, y otro, posterior, en el que se le establece cómo y de qué manera se es miembro de esa nación. Estas formas de gestionar el hecho nacional son parciales, reduccionistas y cercenadoras de toda la virtualidad y riqueza que emana de la colectividad nacional. Una nación o un pueblo no pueden escapar a su carácter esencialmente abierto, caracterizado por una plasticidad derivada de  la pluralidad en los modos en que cada uno de los ciudadanos entiende su adhesión a la colectividad.

 

Toda esta pugna se materializa en acciones y reacciones políticas, en estrategias y en debates emprendidos desde una visión muy cortoplacista, desde una perspectiva que ha derivado la política a una mera gestión o defensa administrativa. Parece que a los gobiernos y a los ciudadanos les sobrepasa el día a día de la política y que contaminados de este excesivo espíritu institucional-administrativo, han perdido toda perspectiva de pueblo y empobrecido y vaciado el hecho identitario.

 

Al hilo de esto, serán muchos los que me contravendrán afirmando que si bien, durante siglos un pueblo ha perdurado más allá de poseer o no una realidad administrativa, hoy es el día en el que son los logros insitucional-admistrativos los únicos que van a posibilitar éste desarrollarse como tal y los únicos que van a poder blindarlo ante un mundo globalizado tan cambiante.

 

 Todo esto es cierto en parte, ya que, si bien, hoy por hoy una lengua, por ejemplo, no tiene garantía ninguna de perdurar si no se le reconoce un status y una legalidad, no es menos cierto que en el mundo globalizado en el que vivimos garantía, lo que es garantía de subsistencia, no la tienen ni por tener ni las lenguas habituales de habla masiva. Es más, recordaría yo aquí una de las tesis de sociólogos como Anthony Giddens en la que afirma que de la mano de la globalización, a la que está sometida el mundo, se está dando una localización. Los criterios de eficacia y eficiencia en la gestión de los recursos han ido poco a poco mundializando los mercados y es el grado de mundialización de los mercados el que ha desencadenado una posterior mundialización de las lenguas, de las culturas, de la información, la que desencadenado movimientos migratorios no tradicionales y la que, en definitiva, ha ido minando poco a poco el poder de los Estados. Este proceso como tal, crea injusticias y oportunidades. El proceso es tan natural como imparable y será la gestión del mismo a partir de un nuevo paradigma de Estado lo que lo convierta en justo o injusto. Tan natural es este proceso de mundialización como el consiguiente proceso de localización. No se contravienen entre sí, sino que se dan de una manera complementaria e inseparable. En este caso, la localización responde a la naturaleza antropológica del hombre. Un hombre que psicológica y antropológicamente está indefectiblemente abocado y determinado a abrazar primero a una comunidad natural suprafamiliar para, posteriormente, poder abrazar al mundo.

 

Como hemos indicado, el hombre no puede nadar desprotegido en el mundo, necesita de los asideros de las comunidades naturales. Es ahí donde radica el quid de la cuestión; aquellas comunidades que logren ser verdaderamente asidero y referente identitario de un colectivo de ciudadanos serán  las que consigan salir a flote en un proceso de mundialización donde, per se y a priori, ningún pueblo está a salvo. Es cierto que hay grandes naciones (vinculadas también a grandes mercados) que por de pronto tienen garantizada su persistencia, así como la capacidad real de asimilar a muchos otros pueblos/culturas minoritarias. Pero, quitando esas pocas grandes naciones, el resto perdurará o no en función del modo en que sepa dar respuesta real a la inquietud identitaria.

 

Cualquier comunidad natural con o sin Estado queda inexorablemente arrojada a un entorno más virulento, más interactivo, donde las amenazas de asimilación y de homogenización alcanzan un grado mucho mayor. A su vez, en este contexto, las comunidades que realmente  sean capaces de ofertar ese amparo o "asidero de comunidad" del que el hombre antropológica y psicológicamente se ve necesitado, esas, gozarán de la oportunidad de perpetuarse en la historia, de desarrollarse y explotar todas las virtualidades y potencialidades que tienen como pueblo y de poder ahondar en el desarrollo de sus universos simbólico-culturales. Parece que se nos abren tiempos en los que los Estados ya no sean capaces de ofrecer nada per se, si no es porque sus estructuras de estado coincidan y respondan a las comunidades que bajo ellos subyacen. Son tiempos, en los que la "estructura Estado" parece quedarse grande, torpe, inoperante, imposibilitada para dar soluciones reales; tiempos, en los que al Estado se lo está comiendo por encima este mundo global, y, por debajo, las comunidades verdaderamente naturales.

 

En este escenario hasta ahora descrito es donde procede ahora más que nunca una profunda reflexión teórica acerca del concepto de lo que es un pueblo o nación, de la identidad nacional, de lo que es el lenguaje de un pueblo, de por qué una comunidad es nación y otra no, de por qué unos pueblos han perdurado en la historia y otros no. A partir de este proceso reflexivo se nos abre a su vez la oportunidad de hacer una diagnosis de la salud de la que goza nuestro Pueblo Vasco, de poder atisbar y proyectar el futuro que le puede deparar, así como, en su caso, corregir todo error que pudiéramos evidenciar y, así, enderezar el rumbo que está tomando. Una reflexión profunda, una verdadera reflexión que nos permita ahondar en la esencia más profunda que explica la existencia de un pueblo, es ahora más necesaria que nunca, tanto a nivel universal como a nivel particular, y en nuestro caso, para Euskalerria.

 

En este sentido, las ideas y reflexiones que nos aporta el libro de José Antonio Artamendi son de especial interés. Utilizar la lente Zubiriana para arrojar  luz a muchas de las cuestiones arriba adelantadas es, además de original, muy oportuno y pertinente. Zubiri posiblemente jamás pensó que sus reflexiones sobre la sustantividad del ser y sus aportaciones acerca de la esencia abierta de muchas realidades sustantivas pudieran ir tan lejos, y servir, como es en nuestro caso, como guía para ahondar en conceptos tales como el de nación o pueblo,  identidad, conceptos todos ellos usados y desgastados, pero conceptos de los que muchas veces no somos capaces de dar cuenta por lo menos con el rigor que procediera. La idea de J.A. Artamendi de  llamar a  Zubiri , de   nutrirse del extenso legado metafísico que nos ha dejado para abordar el tema de la identidad nacional me parece  brillante y a su vez ambiciosa; una idea que a través de su libro consigue materializar y  hacer realidad de una manera espléndida. Senda por la que voy a intentar seguir caminando y así extraer más conclusiones.

 

Los criterios metafísicos y de análisis de la realidad Zubirianos son muy adecuados para el asunto que en el libro y en este artículo nos atañe como es la descripción del hecho identitario y de la esencia nacional de una forma integral y profunda. El análisis que en el libro nos presenta es un análisis que dista mucho de saciar las ansias de dar soluciones concretas a aparentes problemas nacionales concretos. Posiblemente porque esos problemas nacionales concretos ni tan siquiera sean problemas nacionales y por tanto, tampoco sean susceptibles de ser solucionados en términos nacionales; Y es que, a mi entender, y muy en consonancia con el parecer de J.A. Artamendi, parece que realmente para abordar el hecho nacional debiéramos alejarnos y guardar distancia respecto al bullicio del día a día de la política.

 

Mi artículo pretende seguir caminando por esa senda Zubiriana que J.A. Artamendi nos ha abierto y, como no, tomando en todo momento su libro como referencia, explotar al máximo muchas de sus reflexiones  y partir de ellas poder proyectar otras que me puedan parecer oportunas. Al final del artículo, con la intención de completarlo, pongo un anexo sobre la filosofía Zubiriana en lo que hace referencia a la persona. Para ello tomo referencia de diversos libros de Zubiri, pero, sobre todo el libroNOCIÓN DE PERSONA EN XAVIER ZUBIRI” de Blanca Castilla.

 

 

2. LOS CONCEPTOS DE PUEBLO-NACIÓN E IDENTIDAD NACIONAL A TRAVÉS DEL PRISMA ZUBIRIANO.

 

Tras habernos introducido, aunque sea someramente, en la filosofía de Zubiri en términos abstractos, voy a intentar en trasladar la filosofía Zubiriana al análisis de pueblo, nación e identidad nacional. Muchas de las conclusiones a las que en este tercer apartado  voy a hacer mención son afirmaciones extraídas del libro José Antonio Artamendi. Otras, serán conclusiones que yo extraigo a partir de la aplicación directa de la filosofía de Zubiri al asunto nacional.

 

3.1 CONCEPTO DE PUEBLO/NACIÓN

 

En sus libros de metafísica Zubiri no baja a un nivel tan concreto de definición y se centra más en analizar aspectos sociales más genéricos a los que ya he hecho mención en el apartado anterior, aspectos que intentan cimentar la dimensión esencialmente social del hombre. Este vinculo ineludible del hombre con la sociedad y de la sociedad con el hombre los explica, como ya descrito anteriormente, a través de términos y conceptos como el “ser con”, “ser desde”, el concepto de sociedad, el concepto de comunidad, los conceptos de habitud y haber humano y el fenómeno de la “apropiación”.

 

A través de esos términos nos queda muy claro esa vocación social del hombre y ese vínculo bidireccional ineludible que se establece entre el hombre y  “los demás”. El hombre parte de un “ser desde los demás” (más allá de la deuda biofísica), para posterior mente “ser con los demás”. Bajo esta perspectiva Zubiri explicaba el vínculo del individuo con los demas (sociedad) a partir de esa afirmación en la que dice que mi realidad está afectada por la realidad de los “otros” en cuanto realidad.

 

Este vínculo trastoca de lleno el “haber humano”. El “haber humano” describe el modo y contenido del que se vale el hombre para enfrentarse a las diversas realidades que se le presentan. Pues bien, bajo ese término de “haber humano” quedan recogidos conceptos como lenguaje, tradición, usos y costumbres e instituciones. Conceptos todos ellos que no siendo razón pensante, sí son razón pensada; conceptos, que, aunque no de una manera absoluta, intervienen y condicionan nuestra manera de pensar y de enfrentarnos al mundo. Conceptos que materializan de una manera innegable la presencia de la realidad de los demás en nuestra propia realidad y nuestro enfrentamiento a la realidad externa. Es decir, en mi realidad está de una manera ineludible la realidad de los demás. A esta presencia de la realidad de los demás en mi haber individual, Zubiri lo denomina fenómeno de “apropiación”.

 

Mediante este fenómeno de “apropiación”, decía, que hago propias posibilidades y oportunidades que me brindan los demás para así poder llegar a un desarrollo más completo de mi vida y de mi personalidad. Esto lo vemos materializado en infinidad de saberes que van desde las cosas más mundanas, pasando por todos los saberes que hacen referencia al confort y seguridad (medicina, construcción, vestimenta, alimentación, tecnología en general...para acabar en contenidos socio-culturales (modos políticos de gestionar lo social, derecho, métodos económicos y de producción...) o en contenidos si se quiere más trascendentales (valores morales, cosmovisión, universo simbólico, religión...).

 

¿Cómo se explica entonces a partir de esa vinculación del individuo a los “demás” el concepto de “pueblo”? De hecho, partiendo de las reflexiones Zubirianas nos encontraríamos con que cada individuo se vincula a los demás en tanto que “demás” y por tanto sin límite alguno. Esa red de “yo con los demás” no debería de tener límite ninguno y, por tanto, nos encontraríamos que cada individuo debería estar vinculado por igual con “todos los demás”, es decir, con toda la humanidad. Sin embargo, esto no es así; como bien indica J.A. Artamendi en su libro, el universalismo es una falacia. Como bien nos indica Artamendi, todo ser humano, por serlo, ocupa un espacio y un tiempo, es decir, está localizado.

 

Esta localización va más allá de su significado puramente material. Detrás de él quedan recogidos los contenidos que recoge y explica la existencia de un pueblo (lengua, lenguaje, universo simbólico, valores, etc.) Hoy es el día en el que muchos pueblos están física y materialmente más cerca que nunca (para empezar todos los pueblos pertenecientes al desarrollado occidente) y sin embargo, su existencia, su hecho diferencial, muy lejos de extinguirse, se ha fortalecido. Entonces, ¿a qué se debe esto?

 

Un pueblo para existir como tal ha de justificar su existencia a través de la “apropiación” que el individuo hace de él. Como ya he dicho, gran parte del fenómeno de la “apropiación” del individuo  se da a partir de ese “demás universal (mundo global), pero hay otra gran parte, posiblemente menos material y más constituyente de lo que es la identidad del individuo, que la recibe a partir de un “demás más local”, de un demás que constituiría la comunidad natural a la que en la introducción hacía mención.

 

3.1.1. Aportación de la comunidad natural/nación

 

Para explicar esa vocación primeramente social que tiene el hombre puede que tengamos que apelar a argumentaciones que quedan fuera del desarrollo de la filosofía Zubiriana hasta ahora mencionada. En términos antropológicos está más que probado que el individuo en cuanto individuo no se puede enfrentar por sí solo al mundo en su globalidad y que necesita de la perspectiva más particular que le aporta la comunidad natural. Voy a mencionar algunas de las aportaciones que tiene que dar una comunidad para que pueda ser considerada como tal.

 

A) Modo de actualizar la realidad

 

Como ya he dicho en la explicación Zubiriana del ser del ser humano, el ser del hombre consiste en actualizar su esencia individual en su enfrentamiento con la realidad. Todo individuo a través de su identidad individual tiene una manera propia de enfrentarse a la realidad. Pues bien, esa manera de actualización de la realidad es compleja, y, siendo así, exige la “ayuda” de los demás. Necesitamos valernos de las posibilidades que nos ofrecen los demás para, a posteriori, poder desarrollar nosotros mismos una manera más completa de actualización propia. Hacernos con las posibilidades de otros: “un colectivo adopta la decisión de hacer frente a la realidad de una manera concreta...” (Hablando con Zubiri...p.63)

 

Como dice también J.A. Artamendi, se nos ofrece un mundo institucional y cultural con el que el ser humano se identifica, que precede y sobrevive a los individuos y no tiene existencia fuera de las personas concretas, que es depósito de modos de preguntar y de responder válidos para resolver problemas humanos” (Hablando con...p.70)

 

En definitiva, “cada modo de ser pueblo es una manera de plasmar la posibilidad de existir humanamente” (Hablando con...p.70). También nos dice J.A. Artamendi que “pueblo o nación, es actividad que se enfrenta a la realidad de una manera concreta y hace ser a la realidad, actualizando una de sus posibilidades que corresponde a dicha manera” (Hablando con.p. 72). El pueblo es el depositario de toda una serie de experiencias de las que se abre un mundo que permite actualizar la realidad.

 

 

B) El lenguaje.

 

El pensamiento de da a través del lenguaje. Pero, habría que ir más allá y verlo como el instrumento indispensable para aprehender la realidad y para que el hombre en el desarrollo de su ser actualice su realidad. En este sentido, hablar, es decir, hacer uso de un determinado lenguaje es actualizar, hacer patente la realidad de la que se habla (Hablan con...p.75). El lenguaje es el instrumento que nos pone en contacto con la realidad de la que se habla (Hablando con...p.75)

 

El lenguaje de un pueblo concreto es uno de los depositarios o una de las vías de materialización de toda esa serie de experiencias y pensamientos que, siendo individuales, son compartidos colectivamente. El lenguaje de un pueblo  sería la materialización de ese modo diferenciado de actualizar la realidad que aporta un pueblo.

 

La función comunicativa del lenguaje, función que creemos primordial y principal, sería secundaria, ya que, la función primera del lenguaje es la patentización de la realidad (actualización de la misma). Con el lenguaje, a través de las simbolizaciones de las que se ha ido dotando, aprehendemos la realidad, es decir, hacemos una representación mental de la misma

 

 

El lenguaje como “apropiación”

 

Hay que enmarcar el lenguaje en ese haber humano aportado por los demás, en este caso por los demás que constituyen el pueblo al que pertenece el individuo. Entendiendo el lenguaje como el instrumento aportado por los demás que nos permite, simbolizar, representar y por último, dar cuenta de la realidad, nos damos cuanta de la importancia que tiene como aportación. Si en cada acto de representación y comunicación de la realidad tuviéramos que estar creando de una manera personal ese instrumento de simbolización que es el lenguaje, no llegaríamos muy lejos; no llegaríamos nada lejos ni en el proceso de simbolización (creación del lenguaje) ni en la puesta en común del mismo con los demás a los que nos vamos a dirigir. Una vez más, vemos que el fenómeno de la “apropiación”, en este caso en lo que hace referencia al lenguaje, nos da la oportunidad de desarrollar más a fondo nuestra persona a partir de las posibilidades que nos brindan los demás.

 

Del flujo de experiencias por las que va pasando un pueblo se va generando una determinada simbolización, simbolización que viene plasmada e insertada en el lenguaje. Cada lenguaje es el depositario de todas esas simbolizaciones de un pueblo y así lo atestiguan las características del mismo. Es por esto, por lo que muchas veces se dice que la lengua concreta de un pueblo o el modo de hablar una lengua (lenguaje) refleja las características idiosincráticas derivadas de sus experiencias pasadas.

 

 

Lenguaje/lengua

 

 

Estamos muy acostumbrados a vincular la esencia de un pueblo a que perdure o no su lengua. En lo que se refiere a nosotros, muchas veces hemos oído que con la muerte del Euskara moriría Euskal Herria como pueblo. A este respecto habría que decir que, aunque esa afirmación tiene mucho de cierto, no es correcta del todo.

 

Cuando hablo de lenguaje, hablo de una manera concreta de simbolizar y representar la realidad. Una lengua, en sentido material puede ser una, pero puede dar lugar a diversos lenguajes. De la misma manera, lenguajes muy diferentes, modos de simbolizar la realidad de una manera muy dispar, pueden compartir una lengua común para la constitución de sus lenguajes. El castellano, por ejemplo, es sustento material de muchos lenguajes diferentes, de muchos modos de representación de la realidad diferentes (en toda Latinoamérica siendo el Castellano la lengua común, cada pueblo tiene un lenguaje propio).

 

En este sentido, habría que decir que en pueblos que han desarrollado una lengua propia sólo atribuible a ellos, como es el caso de Euskal Herria con el Euskara, se da una coincidencia entre lengua y lenguaje. Son pueblos en los que, por una razón o por otra, esa manera de propia de enfrentarse a la realidad se ha constituido o se constituyó en tal grado, que se materializa en forma de lengua. En Euskal Herria en la antigüedad, la forma concreta de interpretar la realidad que desarrollaron los protovascos dio lugar a lo que pudo ser el antiguo Euskera. Con el paso del tiempo, no se dio una deriva de manera que lo que se pudiera considerar otro pueblo, adoptara dicha lengua como cimiento y le imprimiera una forma diferente de representar o de simbolizar.

 

En estos casos, en los que se da una coincidencia exacta entre lengua y lenguaje, se ve más claramente la impronta idiosincrática inherente a la lengua. La forma y el modo de cualquier lenguaje será siempre el reflejo directo de la forma de interpretar y vivir que ha desarrollado un pueblo a partir de las vivencias y experiencias por la que ha caminado. Cuando una lengua representa a un solo lenguaje, es decir, cuando se da una vinculación unívoca entre lengua y lenguaje, véase el Euskara,  su gramática, léxico, giros y expresiones, dichos, etc están empapados de rasgos y atributos del pueblo que la habla (las conclusiones que se saquen a partir del estudio del Euskara irán muy de la mano de rasgos idiosincráticos del antiguo pueblo vasco.)

 

Por otro lado, en lo que se refiere a Euskal Herria, habría que decir que más allá de que el Euskara sea su lengua originaria o propia en esencia, el hecho de que como pueblo haya hecho gran parte de su camino de la mano del Castellano, convierte también a éste en vehículo del lenguaje propio del Pueblo Vasco. De esta manera, nos encontramos con que habría también una forma vasca de simbolizar y representar en castellano, aunque ésta, como forma, no sea tan espejo de la forma de representar vasca. Pero, de la misma manera, se podría dar el caso en el que se hiciera  un uso desvirtuado del Euskara en el que, más allá de que realmente se estuviera hablando en él, se estuviera pervirtiendo en gran medida su esencia y manera de representar.

 

 Aún así, aunque se haga un uso desvirtuado de, por ejemplo, el Euskara, el hecho de que lo usado sea una lengua hace que nunca nos podamos despegar del todo de todo lo que esa lengua refleja, ya que, queramos o no, la lengua está constituida como tal y, bien o mal, nos tendremos que atener a las restricciones que ella nos marca.

 

 

Lenguaje comunitario versus lenguaje individual

 

El lenguaje, como manera de hablar de un pueblo concreto, es lo común que hay en la manera de hablar de los diferentes sujetos que componen un pueblo. En este sentido, cada individuo tiene una manera concreta hacer uso de la lengua, un lenguaje. Sin embargo, los miembros que conforman un pueblo comparten una base común en ese instrumento para enfrentarse con la realidad que es el lenguaje. Cada individuo tendrá realmente el suyo, pero éste, tendrá como base el aportado por sus “demás cercanos”, es decir, por su pueblo. Esto es, en “mi” lenguaje que es “mío” está el lenguaje de los “demás” sin dejar de ser mío. En el leguaje propio de cada cual, es decir, en el método personal de cada cual de actualización de la realidad,  se da de una manera inexorable la presencia de los demás.

 

 

3.1.2 Naturaleza del pueblo o nación en términos zubirianos.

 

En este apartado pretendo analizar si un pueblo tiene o no sustantividad bajo el prisma de la filosofía Zubiriana, o de tenerla, si la tiene de una forma plenaria.

 

Zubiri nos dice que la sociedad no es una mera vinculación de individuos, pero como tal, tampoco goza de una sustantividad plena. Afirma que la sociedad es tan sólo un momento de la sustantividad de los individuos que la conforman y que, como la sustantividad de los individuos es una estructura, hay que decir que la sociedad consiste en un momento estructural de los individuos entre sí. También afirma que la sociedad es una estructura de realidad común.

 

En este sentido, queda bien claro que la sociedad no goza de sustantividad plenaria. Se podría discutir acerca de si goza de cierta sustantividad, aunque no sea en plenitud. Hay que decir que en  numerosas ocasiones Zubiri hace de mención de las “cosas” como sustantividades, aunque posteriormente recalque que no gozan de sustantividad en términos plenarios. Es más, como ya he indicado en el segundo apartado, tan sólo los hombres y el cosmos en su globalidad gozarían de sustantividad en sentido pleno.

 

Por tanto, podríamos decir que un pueblo como tal sí goza de sustantividad aunque no sea en plenitud. Aún partiendo del supuesto de que, como ente, careciera de ella, el hecho de que esté conformado por individuos y que éstos gocen de sustantividad en plenitud, nos permite decir que el mismo gozará indiscutiblemente de las características de los miembros que lo conforman, aunque sea en grado menor. En este sentido, hay que decir que un pueblo goza en grado menor, pero goza, de los atributos que Zubiri reconoce a una realidad sustantiva: clausura/unidad e individualidad.

 

Clausura

 

Un pueblo tiene como característica fundamental un alto grado de clausura. Esta clausura explica que sea en sí mismo y no sea un “para” otro fin. Puede que un pueblo conforme otro ente mayor como pudiera ocurrir por ejemplo con Alemania respecto a lo que es Europa. De todas formas sobra decir, que un pueblo, en tanto describible como tal, tiene que gozar de un alto grado de clausura con respecto a pueblos vecinos y, en general, con respecto al resto de pueblos de la humanidad.

 

Como ya he dicho, esta clausura no se da en grado absoluto y variará en función del pueblo al que nos estemos refiriendo. Muchas veces es muy difícil establecer la marca diferenciadora existente entre dos pueblos que comparten vecindad. Muchas veces es muy difusa esta línea a partir de la cual decimos que hemos pasado de un pueblo a otro. Esto se debe en parte a  que los pueblos están conformados por seres humanos y estos, cuando se encuentran a caballo entre dos pueblos,  recogen en su identidad nacional improntas de los dos. El paso de un pueblo a otro no se da de una manera abrupta, es decir, de blanco a negro, sino que se hace a través de zonas de transición. Esas zonas de transición surgen de la identidad compleja de los individuos que conforman los pueblos. En esta compleja identidad se pueden yuxtaponer dos o más adhesiones y contenidos nacionales.

 

Este último fenómeno por el cual la personalidad de un individuo recoge más de una identidad nacional no sólo se da en zonas de transición entre pueblos, sino que también se dar en otras circunstancias muy dispares: individuos que han tenido experiencias vitales en pueblos diferentes, individuos con progenitores de pueblos diferentes o por el simple sometimiento que puede hacer un pueblo con otro.

 

El conjunto de pueblos en los que está dividida la humanidad no está tan discretamente diferenciado. Existen grises entre los blancos y negros de los pueblos, de la misma manera que existen grises en las identidades nacionales de los hombres que conforman los pueblos.

 

Individualidad

 

De la individualidad en la sustantividad de un pueblo se podría decir algo similar a lo que he dicho sobre el atributo de clausura.

 

Un pueblo, al ser el que es, goza indiscutiblemente de un alto grado de individualidad. De todas maneras, el hecho de que muchos pueblos se parezcan o el simple hecho de que pueda someterse a debate si un determinado conjunto de individuos es tan sólo una comunidad o dos o más, es reflejo de que esta individualidad no se da en un sentido absoluto.

 

Ser el mismo siendo siempre diferente.

 

Toda sustantividad está en un proceso continuo de actualización de su realidad. Zubiri afirmaba que el ser del ser humano consistía en ese continuo proceso de actualización de su realidad. Ese “ser siendo”, ese “ser gerundivo” es lo que caracteriza la sustantividad plenaria que es el ser humano.

 

Pues bien, un pueblo también actualiza en cierta manera su realidad. La actualiza a través de las continuas actualizaciones de su realidad que hacen los individuos que lo componen. Este proceso de actualización de un pueblo se da en cierta manera, ya que, no se da en sí en el pueblo como sujeto con unidad, sino a partir de sus miembros. Aún así, en la realidad de cada uno de los miembros de un pueblo están los demás, está la realidad de los demás, y, por tanto, a partir de la realidad común que comparten, se podría hablar en cierto modo de un pueblo que es siendo y que vive su ser de una manera gerundiva.

 

Habría que decir, por tanto, que un pueblo es siempre el mismo siendo siempre diferente. Aquí subyace la característica de linealidad que tiene un pueblo. En este sentido, en su ser siendo, en su caminar lineal, ningún pueblo es más pueblo en un determinado o fijado momento concreto de su historia. Un pueblo jamás puede o debe abortar su linealidad y debe desarrollarse como pueblo actualizando su realidad de una manera continuada. Será pueblo porque sigue siendo el mismo aunque sea diferente. Cualquier intento de negación de esa linealidad, bien por traer una foto del pasado al presente o bien por la negación de un pasado andado o de un presente que se está andando, atentará contra la esencia del pueblo, la pervertirá y pondrá en peligro la subsistencia del mismo.

 

3.2. LA IDENTIDAD NACIONAL

 

Hasta ahora he definido qué es pueblo o nación, pero ahora me toca definir el concepto de identidad nacional. Decía  al definir pueblo que, éste es un momento de la sustantividad de los individuos que la conforman. Pues este momento estaría estrechamente vinculado al concepto de la identidad nacional.

 

La identidad nacional es la otra cara de la misma moneda; sería el espacio concreto de la identidad total del individuo en el que se inserta la realidad de los demás. Sería ese espacio del haber individual donde entran los “demás”

 

 

3.4. ORIGEN Y DESAPARICIÓN DE UN PUEBLO.

 

La pregunta sobre el origen de los pueblos va de la mano de pregunta sobre por qué se constituyo la humanidad en pueblos abortando por completo cualquier intento universalista.

 

Es cierto que muchas de las causas que explican la diversidad de la pueblos son de tipo material: barreras y distancias geográficas, diferencias climatológicas, pertenencia a continentes diferentes. También puede haber disgregación de pueblos a partir de rumbos políticos diferentes o como resultado de enfrentamientos bélicos.

 

Sea cual sea la causa por la que se originó un pueblo, esté perdurará en la historia en tanto en cuanto sepa preservar su esencia. Y un pueblo preserva su esencia si sigue aportando al individuo una manera atractiva y concreta de enfrentarse al mundo. Hoy es el día en el que la distancia entre los pueblos es cada vez menor, el día en el que en sí, cualquier pueblo puede extinguirse de un día para otro. El individuo, por otro lado, no está capacitado para enfrentarse por sí sólo al mundo, para hacerlo necesita llenar su haber de las posibilidades que le brindan los demás. Desde este punto de vista, que un pueblo subsista o no en un mundo más turbulento y globalizado que nunca dependerá de su capacidad o no de aportar una fórmula concreta para enfrentarse al mundo y del atractivo comparativo de la misma con respecto a la de otros pueblos. En este aporte subyace la perduración de un pueblo como tal.

 

 

 

3. ANÁLISIS DE LA POLÍTICA VASCA A PARTIR DE LAS CONCLUSIONES EXTRAÍDAS

 

Muchas de las conclusiones extraídas a partir de la aplicación de la filosofía Zubiriana a los conceptos de pueblo y de identidad nacional me son de utilidad en el análisis de la política vasca.

 

 

4.1 Errores que se cometen al definir quién es miembro o cómo se es el miembro del pueblo vasco.

 

 

Decía en el punto anterior que un pueblo no goza de sustantividad per se. Es más, que si guarda muchas de las características de una sustantividad plenaria, se debe a la sustantividad en sentido pleno de la que goza cada uno de los miembros que la componen,

 

El hecho nacional nace de abajo arriba, el individuo confiere al pueblo y no, de arriba abajo, es decir de un pueblo predefinido establecer cómo se es miembro del mismo.

 

Como ya he venido diciendo, un pueblo, aún teniendo en cierto grado los atributos sustantivos de individualidad y clausura, es plástico y flexible, fruto de la diversidad de los individuos que lo componen.

 

Euskal Herria aún siendo algo objetivo, es difícil de definir, ya que, los vascos aún compartiendo una base común hacen un ejercicio individual y diferenciado de su pertenencia. Vasco se es de muy diversas maneras porque la identidad nacional se vive siempre desde un plano propio y personal y porque, la identidad nacional convive con otros muchos aspectos de la vasta identidad individual.

 

En este sentido cualquier intento de definir como se es vasco será impositivo y artificial y atentará en todo momento con lo que es la naturaleza del pueblo.

 

De esto pudo pecar el nacionalismo vasco en sus orígenes, momento en el que trató de definir lo que era vasco y lo que no era, así como, cómo se era vasco. Esto derivaba  del principio de las nacionalidades que, a fines del siglo XIX, llevó aparejado un reduccionismo de lo que era la cuestión nacional y afectó a todos los nacionalismos por igual.

 

En nuestro día es el MLNV quien intenta definir y demarcar estrictamente con mojones  cómo y de qué manera se es vasco. Esto es totalmente erróneo y constriñe en todo momento toda la riqueza que puede emanar de un pueblo. Un pueblo es algo flexible y fresco, derivado de la frescura que emana de la diversidad  de sus miembros. Con el Pueblo Vasco, en este sentido, debe ocurrir lo mismo. En el caso del MLNV el hecho cobra más gravedad si cabe, ya que, conocemos que su esencia puramente marxista-leninista y no nacionalista le ha llevado a usar elementos nacionales, como puede ser la lengua, de una manera totalmente desvirtuada y desnaturalizada. Estos, han utilizado elementos del universo simbólico-cultural vasco al servicio de la lucha revolucionaria de clases, de un modelo de ruptura con los poderes establecidos que nada tiene que ver con la preservación de lo vasco o la nación vasca.

 

 

4.2 Errores que se cometen cuando se obvia el atributo de “ser siendo” propio de todo pueblo y del Pueblo Vasco en particular.

 

Como ya he afirmado y recalcado, la naturaleza cuasi-sustantiva de un pueblo nos lleva a afirmar que el ser de su ser se da siendo. Hay que tener muy en cuenta que un pueblo es siempre el mismo siendo siempre diferente.

 

Un pueblo es pueblo en tanto en cuanto perdure su esencia, pero esta se va actualizando en el transcurso de la historia. Un pueblo va cambiando, aún siendo siempre el mismo (misma esencia), es siempre diferente. Va cambiando, muchas veces por influencias de otros y por decisiones y caminos por los que va optando por de forma voluntaria.

 

Cualquier intento de congelar el devenir lineal imparable de un pueblo lo pervierte y puede poner en peligro la subsistencia del mismo.

 

En el caso del Pueblo Vasco, eso se puedo dar en los inicios del nacionalismo tradicional, inicios en los que se puedo añorar una imagen del pasado de cómo ser vasco. Nos encontramos con que en tiempos de Sabino Arana parecía que se añoraba y ensalzaba la manera de ser del antiguo baserritarra. En este punto habría que decir que esto no destacaba de los modos que los nacionalismos de la época adoptaron (cada cual tenía su propio mito rural) y era también derivación del trauma de la abolición foral y de la irrupción de la modernidad.

 

Hoy en día, es el MLNV, una vez más, quien atenta contra este principio del “ser siendo”, contra el principio de devenir histórico de un pueblo. Frases como: “desde el 78 no ha habido avance alguno en este pueblo”  o “el Euskara no ha avanzado en absoluto en 25 años de Estatuto” intentan romper en los nacionalistas toda percepción y conciencia de linealidad. Aunque la linealidad en sí no se rompe, saben que cualquier proyecto nacional, y en nuestro caso el vasco, queda trastocado irreparablemente cuando el corpus social pierde la conciencia del “ser siendo”, cuando se pierde la conciencia de la linealidad, más allá de que ésta se haya roto realmente o no.

 

El MLNV sabe muy bien que trastocando nuestra linealidad de pueblo trastocan de lleno nuestro proyecto. Bajo la apariencia de navegar en el mismo barco (el nacional), ellos desde su barco (el revolucionario de clases) se guardan muy mucho de cuidar su “ser siendo” para así, reventar el nuestro.

 

4.3 El Pueblo Vasco perdurará en tanto en cuanto perdure su manera concreta de enfrentarse a la realidad.

 

Más allá de que muchas veces perdamos el sentido del rumbo obcecados por materializar nuestras aspiraciones de pueblo en realidades institucional-administrativas y políticas, un pueblo perdura si consigue mantener esa manera concreta de enfrentarse al mundo y la adhesión a la misma, frente a otras, por parte de los individuos.

 

En este sentido, la crítica la dirijo al nacionalismo. Tras el pacto de Estella y el posterior Plan Ibarretxe y su consiguiente aspiración al “derecho a decidir”, parece que no estuviéramos “siendo” pueblo mientras esos logros no se alcancen.

 

Más allá de que esas aspiraciones sean lógicas y deseables, no hay que perder nunca de vista que la realidad de pueblo existe más allá de esos logros. Esos logros se  podrán dar o no, pero Euskal Herria perdurará mientras sepa ofrecer un universo simbólico concreto, una manera concreta con la que quien quiera considerarse vasco se enfrente al mundo y sea así más humano.

 

Aquí hay que decir que si no cuidamos bien la naturaleza y el motivo de existencia de del Pueblo Vasco, de muy poco valdrá  Euskadi autonómico, libreasociado o independiente.

 

 

 

Igor Goitia

 

 

 

  1. ANEXO: UNA PRIMERA APROXIMACIÓN A LA FILOSOFÍA DE ZUBIRI.

 

 

Como complemento a lo ya explicado, voy a tocar alguno de los principios relevantes de la filosofía de Zubiri.

 

1.1 SUSTANCIA-SUSTANTIVIDAD

 

Zubiri ante del término ya muy clásico en filosofía de “sustancia” coloca el término de “sustantividad”. Sustantividad es, en cambio, suficiencia en el orden constitucional.(sobre la Esencia, pag 157) Sustancia y sustantividad serían momentos diferentes, de tal manera, que se puede dar el caso de encontrar sustancias sustantivas y sustancias insustantivas, sustancias, que, como elementos forman parte de un compuesto superior pero, que de por sí, no gozan de suficiencia en el orden constitucional. La sustantividad es la suficiencia de un grupo de notas para constituir algo propio; es la suficiencia en orden constitucional (El hombre, realidad personal. Revista de Occidente nº1 pag. 22).

 

Una de las características primordiales de la sustantividad no es la unidad de las sustancias que la conforman sino su unidad estructural. La sustantividad queda caracterizada por un conjunto de notas concatenadas interdependientes que constituyen una forma clausurada. Estas notas son las notas constitucionales, es decir, las notas de tipo formal que no tiene carácter adventicio.

 

CLAUSURA

 

La sustantitividad es un sistema clausurado con suficiencia constitucional y aunque en principio llamamos sustantitividades a las cosas materiales o a los seres vivos que encontramos en el universo, excepto el hombre, la plenitud dentro del universo cósmico sólo lo tiene el todo, es decir, el Cosmos. Los astros y los seres vivos no tienen en sí mismos  plenas sustantividades, a pesar de que tienen una mayor unidad u actúan con mayor independencia. En este sentido, habrá que decir que las cosas vienen a ser notas de un todo más complejo y sistémico, dotado de unidad: “El Cosmos no es un “orden”...sino que es la unidad primaria de éstas. Toda cosa es “una” tan solo por abstracción. Realmente, cada cosa es un simple fragmento de Cosmos de suerte que ninguna tiene plena sustantividad. Las cosas no son estrictamente sustantivas; sólo son fragmentos cuasi-sustantivos... (Sobre el Hombre p. 466).

 

INDIVIDUALIDAD

 

La individualidad es otra de las características intrínsecas a la sustantividad y en este sentido, habría que decir que cada una de las cosas materiales del mundo tampoco son estrictamente individuales y, consecuentemente, tampoco son plenariamente sustantividades. En referencia a la individualidad ni siquiera el Cosmos lo sería, ya que, aún siendo indiviso en sí, tampoco es algo dividido de lo demás.

 

A primera vista podría parecernos que los átomos y moléculas sí gozan de esta individualidad, pero, no es así; no se tratarían de sustantividades individuales sino de sustantividades singulares, realidades numéricas que no se distinguen plenamente de las demás más que por ser otra más.

 

Los seres vivos estarían en un segundo estadio posterior, ya que se tratan de combinaciones funcionales dotadas de cierta independencia del medio y control del mismo. La vida sería para Zubiri el primer esbozo o primordium de sustantividad individual. La individualidad en los seres vivos se dará en sentido más pleno en tanto en cuanto avancemos más en la escala zoológica.

 

De todas maneras, el hombre se encontraría en un tercer estadio, en la zona de la realidad del mundo: “Sólo en el hombre (y eso por su inteligencia) asistimos a la constitución plenaria y formal de la estricta sustantividad: es la “inteligización” de la animalidad” (Sobre la Esencia p. 173).

 

A través de la inteligencia, el hombre se enfrenta con el medio y consigo mismo como “realidades”: “El animal humano, en efecto, posee, entre otras peculiaridades, una inteligencia intransferible por la que se enfrenta con las cosas y consigo mismo como realidades. Gracias a ello la cuasi-sustantividad individual ha abocado a una estricta individualidad” (SE p.242).

 

Dicho de otra manera, el hombre, a través de su capacidad y continuo ejercicio intelectivo escapa de las diferentes leyes de estímulo-respuesta a las que está inexorablemente abocado el resto de los animales del mundo, mientras éstos son animales de estímulos, el hombre, en contraposición es un “animal de realiddaes”.

 

El hombre por tanto, no forma parte de nada, goza de sustantividad en estado pleno si atendemos a sus características de clausura y de unidad primaria que se ven materializadas a través de su independencia y control del medio por un lado, y a su enfrentamiento con las cosas como realidades, por otro.

 

 

1.2 EL HOMBRE PARA ZUBIRI

 

La realidad humana a diferencia de otras sustantividades no se agota en un sistema de notas. De esa nota constitutiva y esencial de ser “animal de realidades” deriva su estructura a una complejidad mucho mayor: “En primer lugar esas notas hacen del animal de realidades una forma de realidad y un modo de implantación en ésta. Y en segundo, esta realidad humana, según su forma y modo de realidad, es actual en el mundo, en la unidad respectiva de la realidad en cuanto a tal; es decir, el hombre tiene un ser propio” (El hombre y Dios p. 47).

 

El hombre es una realidad de realidades, y en este sentido, la percepción que tiene de las cosas/seres en forma de realidades interactúan a su vez sobre lo que es su propia realidad. Antes no la he mencionado, pero otra de las características de las sustantividades, sea cual sea su grado de plenitud, es la de estar formadas por un conjunto de notas que son “de suyo”. Pues bien, en el caso del hombre, este conjunto de notas además de ser “de suyo”, “es suyo”

 

El animal se topa con las cosas  a nivel de estímulos. El hombre en cambio, se encuentra con realidades, aprehende realidades mediante un sentir intelectivo. Hay un puro sentir que no es intelectivo, pero en el hombre no hay ninguna intelección que no sea sensible, que no sea impresiva. La inteligencia humana sólo tiene acceso a la realidad de una forma impresiva. Esta es una de las grandes aportaciones de la filosofía de Zubiri: “En su esencial irreductibilidad, sin embargo, sentir humano e inteligir humano ejecutan conjuntamente un solo y mismo acto por intrínseca unidad estructural... (Notas sobre la Inteligencia Humana p.115).

 

Como ya he dicho, para Zubiri el hombre es una realidad que, como forma de realidad, no solo es “de suyo” sino que además es “suyo”. Tiene una realidad que es suya, a diferencia de lo que le puede ocurrir a un animal. La persona no es el sujeto de actos, ni una nota o sistema de notas, sino que es la forma de realidad humana en cuanto realidad: es una realidad previa a cualquier acto o ejecución. Zubiri recalca que la persona es una realidad con carácter primariamente constitutivo y no operativo. La “suidad” sería por tanto una de las características fundamentales del hombre, no en cuanto a poseedor de su vida, sino en cuanto a poseedor de su propia realidad: “El hecho de que una realidad pueda decidir libremente entre sus actos no le confiere el carácter de persona, si esa voluntad no le pertenece en propiedad, es un mío en el orden de la realidad, no en el orden moral o en el orden jurídico (SH p 111).

 

Ser propiedad significa que me pertenezco en sentido plenario. El pertenecerme, el ser en propiedad es algo constitutivo  de mi realidad, de tal manera que el momento de ser “perteneciente a” forma uno de los caracteres esenciales de mi realidad en cuanto a tal. La persona se encuentra en sus manos y es más allá del sentido animal de “pasar y quedar” por la vida, la persona asiste al transcurso de la vida.

 

En este sentido, la voluntad no explica en absoluto la individualidad subsistencial del hombre. La voluntad concierne a algo de lo que es el hombre, pero no concierne al carácter de independencia subsistencial. El hombre a través de la inteligencia (tomando la inteligencia como elemento constitutivo y no meramente diferenciador) se convierte en autoposeedor de su propia realidad.

 

Personalidad-personeidad

 

Ante la habitual pregunta filosófica de si la persona es o si ésta se va modulando con el transcurso del tiempo, Zubiri responde con los términos de personalidad y personeidad. El hombre comienza siendo personeidad y sigue siendo siempre personeidad, porque cada persona siempre es la misma, pero se va modulando a lo largo de la vida, de tal manera que uno nunca es el mismo. La personalidad se trataría de un acto segundo. Personeidad y personalidad son  dos aspectos inseparables de la misma realidad. Pero entre ambos conceptos no se da una separación discreta: la personalidad es el momento de concreción de la personeidad; son dos momentos de una realidad única, la persona humana

 

La personeidad no es la condición necesaria para ser agente, puesto que se puede actuar sin ser persona, pero de los actos derivados un ser con personeidad deriva que éste sea autor de los mismos. La personeidad constituye el punto de partida para el desarrollo de la persona mediante sus actos, que constituye el nivel de la personalidad. De todas maneras, hay que decir que para Zubiri la personalidad no consiste en una acumulación de actos, “sino la cualidad que esos actos imprimen a la realidad que es su ejecutor” SH 11).

 

Por todo esto, se puede decir que la persona está caracterizada por su apertura: abierta y llamada a su propia realización. Los actos califican a quien los produce: “Y es que el hombre no sólo ejecuta unos actos, en una u otra forma se los apropia” (SH p,113) y, por tanto, más allá de una posesión formal, se va modelando gradualmente una forma de ser y pensar.

 

 

El “yo”

 

Zubiri el primer encuentro del hombre con las cosas que le rodean lo resume a través de todo lo que el “me” puede envolver. Así, en ese primer encuentro, el hombre dice “me siento bien”, “me siento mal”, “me parece bien”, “me voy a ver tal cosa”. Dicho “me” constituye la forma medial, la forma primera con la que el hombre es suyo en los actos de su vida.

 

Posteriormente, se da otro paso, el paso por el que se comienza la fase de personalización que antes he descrito. Ese tramo evolutivo queda recogido según Zubiri por la partícula “mi”. Ese “mi” describe cómo organizo mi mundo, mi vida, cómo paso del mero encuentro con las cosas a la organización mental de las mismas y, de esta manera, pasen a formar a formar parte de mi poseer.

 

El último paso sería aquel por el cual el hombre transforma esas cosas reales que forman parte de “su” mundo en realidades que interactúan con y en su propia realidad, así como la van moldeando. El “me” propende al “mi”, así como el “mi” al “yo”.

 

Este paso del “me” al “mi” y del “mi” al “yo” son la materialización continua de mi personalidad o, lo que es lo mismo la “actualización” del ser de mi realidad sustantiva.

 

Sin olvidar que es la “personeidad” el acto primero. La reactualización sería el acto segundo, acto por el que persona es la realidad que se pertenece a sí misma, o lo que Zubiri llama “intimidad”. Este segundo acto viene reflejado a través del “mi”, que transciende a todo, tanto al sujeto poseedor, como a lo poseído, como al modo en el que se da la posesión. Lo que ocurre es que como, por ejemplo, el acto puede desaparecer, nos fijamos en el sujeto, y de ahí, ese “mi”.

 

La suidad, que es la persona, se materializa en la actividad que le es propia, va formando su ser: “no es un ser independizado de la realidad. El ser de la realidad sustantiva consiste en revertir  por identidad a la realidad de quien es acto segundo. Y esta “reversión” es a lo que he llamado “intimidad”” (Estructura Dinámica de la Realidad p. 224)

 

El “Yo”

 

Llega un tercer momento en el que el “mi” cobra todavía más precisión, en el que no puedo quedarme en el “mi” y paso al “yo”. El “Yo” no es sujeto lógico, ni sujeto metafísico, sino que es la actualización en el mundo de la suidad personal. El “Yo” está puesto en  la realidad. Es la propia realidad sustantiva, la que pone la actualidad mundanal de mi persona. Para Zubiri el “Yo” no es un estadio primario ya que, lo primario es la realidad y es el “Yo” el que vuelve sobre la propia realidad y constituye esa unidad entre ser y realidad a la que Zubiri llama “yo mismo”. El ser de lo sustantivo es siempre un acto ulterior.

 

 

 

1.3 LA COLECTIVIDAD PARA ZUBIRI

 

 

 

El “ser con” del hombre

 

La persona es una realidad pero no es una realidad aislada. De hecho ninguna realidad del cosmos lo es, ya que, están abiertas a las demás en “respectividad”. Sin embrago, el caso de la persona es diferente porque, como ya dije, por un lado es un todo que goza de individualidad y clausura absoluta, y, por otro, está constitutivamente abierta y en comunicación. El hombre está en apertura con las cosas, con las demás personas y, de algún modo, consigo mismo (abierto a su propia realidad).

 

Zubiri no admite la distinción entre hombre y exterioridad; las cosas, la exterioridad forman parte del ser mismo del hombre aunque no formen parte de él, pero tampoco son un añadido al hombre. Zubiri, bajo la influencia de Heidegger, resume está idea a través del “ser con” que es el hombre. Y dice que este “ser con” es un momento intrínseco  y formal de la estructura del hombre, no advenido, lo mismo que la respectividad se trataría de algo no añadido y consustancial a toda sustantividad.

 

En lo que se refiere a las cosas, Zubiri distingue entre “cosa-realidad” y “cosa-sentido”. La primera sería cada cosa con lo que tiene “de suyo”, la segunda, en cambio, llevaría inherente otra actualización más respecto de los actos vitales que el hombre va ejecutar con ellos (madera versus mesa).

 

Además del concepto de “cosa-sentido”, Zubiri utiliza el término de “posibilidad”, término con el que describe todo el abanico de posibilidades que se derivan de las acciones ejecutadas con las “cosas-sentido”.

 

 

El “ser desde” del hombre.

 

El hombre tiene en su “sí mismo” algo que concierne a los demás hombres. Los demás aquí no serían algo con lo que el hombre conforma su vida, sino algo que es él mismo. De este “ser desde” se deriva el posterior “ser con” los demás. El “mi mismo” es un “mi mismo” en convivencia y desde esta convivencia hago mi  vida; entendiendo convivencia no de una manera interactiva  sino esencial e inherente a la realidad humana. Esta apertura a los demás está en la estructura misma de la realidad humana y antecede a la posterior interacción. Esto significa que antes de nada el hombre ya lleva a los demás. Antes de que el hombre se dirija a los demás, éstos ya se encuentran insertados en su vida: el niño se encuentra primariamente vinculado a su madre.

 

El mismo aprendizaje del niño parte de una apelación a la madre, ya que, al principio tan sólo cuenta con los recursos de las estructuras con las que nació y luego cuenta ya con recursos de orden superior que le ha proporcionado el aprendizaje. Con este aprendizaje de los demás, éstos se quedan en parte en él para toda la vida a través de los hábitos.

 

El aprendizaje no supondría crear nuevas estructuras sino reconformar las que ya se tienen. Se irá conformando la conducta a través de la conformación de las estructuras morfológica y dinámicas de carácter psicofísico. Esto se dará de una forma paulatina hasta que llegue un momento en el que el niño como ser humano  se tenga que hacer cargo de la realidad.

 

El reconocimiento de los “otros”

 

Como ya he dicho, las estructuras de orden superior del niño se van configurando con esa incuestionable presencia de los “otros” en el niño. Éstos van interactuando sobre él y llega un momento en que esos otros pasan a ser “mi” (mi padre, mi maestro”). Después, poco a poco ese “mi” se torna “yo” y entonces los demás son otros como yo. Zubiri a este proceso lo llama “monadización del ego”, proceso por el que cada uno es “cada cual”

 

De todas formas, la realidad de los demás se encuentra en mi como “mio” pero sin ser el “ego mío”.

 

El concepto de comunidad

 

La comunidad como tal, empieza primero siendo “mía” para posteriormente convertirse en una pluralidad en la que soy yo un ego como los demás y los demás como yo.

 

El hombre se encuentra vinculado inexorablemente a los demás: “No todo lo que hay en el individuo es individual, sino que hay en él cosas que le son superiores”. Pero, ¿En qué consiste la realidad de la dimensión social de los individuos?. Pues bien, nos dice Zubiri que lo social no es una realidad sustancial, pero tampoco es una imitación de los demás. “Según Zubiri, los individuos son el sustrato de lo social, pero lo social es pura y simplemente una unidad de vinculación  de los hombre como forma de realidad. Mi realidad en cuanto a realidad es la que está afectada por los demás en tant oa que realidad. Esto es lo que confiere carácter físico y real a la sociedad sin darle el carácter de substancia” (SH p.259). Zubiri dice el nexo social “es una unidad cuya realidad es ser un modo, y cuyo crácter modal es ser una habitud real de mi realidad en alteridad con la realidad de los demás (SH p.260).  Esta habitud es justo esa aquella que he mencionado antes por la cual los demás funcionan como algo de alguna manera soy yo mismo. Hay que entender esta vinculación a los demás como un modo de enfrentarse con ellos, como un modo de enfrentarse a la realidad que conforman ellos.

 

El haber humano

 

De esta vinculación arriba descrita se deriva el “haber humano” que haría referencia a un modo de vida, una mentalidad y una tradición y recoge conceptos como lenguaje instituciones, usos y costumbres. Ese “haber humano”, como decía para el concepto de comunidad, no es una entidad sustantiva, se trataría más bien de poderes y posibilidades. No tiene razón propia. Sería una suma de inteligencia convertida en puro “haber”. No es mente sino “mentalidad”: forma mentis; El espíritu social que ni piensa ni intelige y que es puramente el resultado del haber inteligido y del haber pensado. Es el modo de pensar de cada cual afectado por el modo de pensar de los demás. Envolvería todo lo que hace referencia a un modo de vida y a la propia tradición.

 

El haber social es lo primero que recibe el hombre de los demás y se materializa en dos formas:  mentalidad y tradición.

 

La comunidad

 

Para Zubiri la sociedad no es una mera vinculación entre individuos, pero como tal tampoco goza de una sustantividad plena. Es tan sólo un momento de la sustantividad de los individuos. Y como la sustantividad de los individuos es una estructura, hay que decir que la sociedad consiste en un momento estructural de los individuos entre sí (EDR p.255).

 

“Habitud” es el término que Zubiri utiliza para referirse al modo que tiene el hombre de enfrentarse con las cosas. Pues bien, esta “habitud” está afectada por los otros en tanto que otros.

 

Al mismo tiempo, Zubiri afirma que la sociedad es una estructura de realidad común. Lo descrito explica  el concepto de comunidad como versión del hombre a los demás en tanto en cuanto que “otros”.

 

La comunión de personas

 

Aparte de lo que es la comunidad, el hombre tiene otra manera de compartir realidad con sus congéneres y esa es la comunión. En la “comunión” a diferencia de la comunidad la versión a los demás no se da en cuanto a “demás” u “otros”, sino en cuanto a “personas”. La comunidad sería una versión a los otros despersonalizada mientras que la comunión sería una versión personalizada.

 

Para explicar este segundo modo de vinculación entre hombres, Zubiri dice que en la “comunión” no es que los hombres se organicen entre ellos, sino que se compenetran.

 

Esta compenetración que da lugar a la comunión ha de poner sobre la mesa la misma realidad o al menos una realidad común a las personas que participan en esa comunión.

 

La compenetración en una misma realidad se da de dos a dos o de uno a pocos más. Muchas veces tras ésta compenetración de Yo-Tú, cualquiera de las dos personas no sería la misma sin la impronta que le ha dejado la otra.

 

La comunión cubre al menos alguna de estas cuatro necesidades radicales del hombre: ayuda, educación, convivencia social y compañía.

 

 

 

El fenómeno de la apropiación

 

“La manera positiva cómo la vida de los demás afecta a mi propia vida en tanto que propia es justamente la apropiación. Solamente en la medida en que el hombre está apropiándose la vida de los demás cada uno es cada cual” (SH P.305)

 

Pero, ¿En qué consiste esta apropiación si la vida de cual es inapropiable, si esencialmente es autoposesión?. La apropiación es una apropiación de posibilidades, a través de la cual hago propias algunas posibilidades que me ofrecen los demás. Cada uno tiene necesidad de desarrollar su vida y su personalidad, pero para poder desarrollarla necesita de las oportunidades que le brindan las instancias y los recursos de los demás. Se da un punto de encuentro entre las necesidades de uno y la ayuda de los demás.

 

El conjunto de posibilidades que me ofrecen los demás forman el cuerpo social. La persona se encuentra insertada en esta realidad social que es un sistema de propiedades solidarias en tanto posibilidades. Dependiendo de cuáles sean las posibilidades que le ofrece el medio social en el que se encuentra, la persona de cierta manera es distinta. 

 

Los usos y costumbres y las formas de vida son necesarias y sin ellos no podríamos vivir. Gracias a que muchas cuestiones se nos dan resueltas (por los demás) se pueden llevar a cabo posibilidades superiores. A través de esa incorporación en el cuerpo social el hombre puede más de lo que podría sólo con sus propias fuerzas.

 

Zubiri dice que la colectividad no ejecuta actos porque, entre otras cosas, no tiene sustantividad, pero los actos sociales como consensuados o emanados de lo que es el corpus social tienen una especie de actividad propia  que actúa a veces independientemente de la voluntad de los individuos que la han heredado.

 

Lo social es dominante, es imponente en el sentido de poder. Lo social como poder es inexorable, no porque sus efectos se produzcan inexorablemente, sino porque el hombre no puede sustraerse a tener que tomar una posición ante ese poder. El hombre podrá dejarse llevar por él o ir contra él pero no puede existir sin él.

 

 

Igor Goitia