Artxibo rtf
(38 - 2006ko Apirila)

Cuando los mitos se vuelven lanzas

El tinerfeño José Diaz Herrera ha publicado un libro titulado "Los mitos del nacionalismo vasco" (Ed. Planeta) que ha sido presentado en varios sitios, y cuenta con gran apoyo mediático. Según el propio autor como "otros historiadores se limitan a contar lo que les dicen los nacionalistas sin hacer ninguna comprobación", él ha recorrido tanto la documentación clasificada del FBI, CIA, y el Departamento de Estado Norteamericano, como archivos italianos, ingleses o a los archivos familiares vascos y a los boletines de ETA con lo que ha confeccionado un libro de casi 900 páginas. Se le ha presentado desde los aledaños del PP como un libro riguroso, ponderado y que todo el que tenga curiosidad por el tema del nacionalismo vasco, debe leerlo.

El prologista, César Vidal, da el tono del libro: "el papel del nacionalismo vasco en la oposición a Franco fue mínimo -algo no tan sorprendente si se tiene en cuenta el escaso peso de esas fuerzas políticas cuando no su práctica inexistencia a lo largo de cuatro décadas- hasta que en los años sesenta la aparición de ETA volvió a otorgarle un papel trágicamente notable en la vida nacional". Como el papel del nacionalismo vasco fue mínimo, Diaz Herrera se ha molestado por nada y le dedica casi en exclusiva 500 páginas al PNV, a los gudaris, al Lehendakari Aguirre, y a los servicios vascos de información. Otras 300 páginas a alear indistintamente PNV y ETA, siguiendo patrones conocidos del franquismo y del PP y del PSOE. Y en las 100 restantes se explaya en lo mal que gestionan los nacionalistas el Concierto, además de las consabidas xenofobia, racismo y demás lindezas. No se olvida, tampoco, de sacar a pasear varias veces a Sabino Arana, eso sí, cargando tintas y aislándolo de su contexto, porque sino no tiene la sal y la gracia que le quiere dar a su libro.

Si nos atenemos a ciertas formalidades el libro deja de ser riguroso por goleada, pues contiene innumerables errores en bailes de números y fechas y que dan lugar a sucesos increíbles. Por ejemplo, datando la muerte de Eustaquio Mendizabal, Txikia, el 19 de abril de 1973, "que antes de morir voló el Club Marítimo de Neguri, en noviembre de 1973" (pág.613). Me temo que tal suceso no es verosímil ni para el que escribe un libro de 900 páginas. Existen errores de apreciación geográfica, refiriéndose a las ‘Provincias Vascongadas’ como "ese mayorazgo de apenas 10.000 kilómetros cuadrados, la mitad de la superficie de Extremadura" (pág 838). Lejos de la mitad, dejémoslo en casi la sexta parte de Extremadura. Hay errores que denotan la falta absoluta de cariño del autor a corregir ciertos fallos antes de publicar nada, porque al nombrar los siete herrialdes que componen Euskal Herria, sustituye ‘Benafarroa’ por ‘Bembane’, (pág.826) un pueblo ignoto del sur mozambiqueño. O cuando cambia las adscripciones políticas: a Mikel Isasi Gabilondo le pone del PSOE cuando es del PNV (pág.801). O cuando "la suma de votos de PP-PSOE (el 50,8)" debería poner 40,8 referida a las elecciones del 13 de mayo del 2001 (pág.786). Se denotan también cambios de criterios no justificados: en la pág 757 se dice: "al desaparecer las Juntas Generales de cada territorio…"y en la página siguiente en referencia al segundo Concierto Económico de 1887 dice "los representantes de las Juntas Generales de las tres provincias…" ¿En qué quedamos? Hay también algún error cultural al admitir que en Bizkaia habia hulla, cuanto todo el mundo sabe que había hierro pero no carbón. Se da la paradoja, por esa desidia de no corregir errores, que Jose María de Urquijo e Ybarra, fundador de la Gaceta del Norte, fusilado el 5 de setiembre de 1936 en Polloe, tiene "una entrevista con Pio XII", que fue Papa a partir de marzo de 1939 (pág 156). Otra perla: según el autor, en 1893 hubo en San Sebastián un movimiento anti-Sagasta, "manipulado por el PNV" (partido fundado en 1895) que costó tres muertos (págs 718-719). Y así sucesivamente en otros casos. Algunos de estos sucesos no están documentados y estoy persuadido que, en la gran mayoría de los casos, son errores premeditados que hacen que la lectura del libro no sea fácil pues inducen al lector a la duda sistemática. Si además se encuentra uno con frases como "¿o que aún hay vascos que se creen descendientes del nieto de Noé y que Dios habló en euskera en el paraíso terrenal?" (contraportada) le hace preguntar a uno, ¿con cuántas paparruchadas mas me voy a encontrar en las 900 páginas del libro?

A este respecto, el libro empieza bien. Como quien no dice nada el autor deja caer en la página 26, la motivación que le ha llevado a escribir el libro. El licenciado y máster José Diaz Herrera, valiéndose de la superchería hitleriana de atribuir todos los males de Alemania a los judíos, escribe, sin que le tiemble la pluma: "Los nacionalistas han sido los causantes de gran parte de las calamidades y desgracias ocurridas en España en los siglos XIX y XX, donde el rencor, las ansias de revancha y el odio a lo español han sido los elementos aglutinadores entre diferentes generaciones de vascos ofuscados en los mismos planes secesionistas".

Es decir, José Diaz nos responsabiliza a los vascos, de ser los culpables del desastre de Trafalgar de 1805, de la invasión napoleónica de España, de la pérdida del imperio español en América, del ‘desastre del 98’ con la pérdida de Cuba y otras posesiones españolas, del desastre de Annual, de los mutuos crímenes entre la derecha e la izquierda durante la II República, del Alzamiento Nacional del 36 y consiguiente Guerra Civil, de las luchas intestinas entre republicanos españoles, de los cuarenta años de franquismo y, me temo, que también de la muerte de Kennedy. Muchas cosas para un partido como el PNV nacido en julio de 1895.

Con tal punto de vista, en la que la culpabilidad está graciosamente asignada de antemano, el linchamiento de la víctima, los vascos, está asegurado, al menos en el estilo torvo que lo va a hacer.

El autor comienza con un tema delicado, poco estudiado, y en la que sucedieron cosas cuanto menos curiosas, por cuanto no había antecedentes: La guerra de la Convención (1793-95). Esta guerra fue declarada, debido a la ejecución del rey Luis XVI, al gobierno de la Convención francés por las monarquías europeas de la época, entre ellas la de España. En cuanto a los vascos se refiere, los franceses ocuparon partes y zonas del territorio vasco en Gipuzkoa y Bizkaia y también la zona norte de Navarra. Eran épocas en las que las ideas de la Ilustración habían triunfado en la revolución francesa, y tenían bastantes seguidores en el País Vasco, donde el brazo de la Inquisición llegaba muy mitigado y los libros ilustrados, que eran prohibidos en el resto de la Corona, en Gipuzkoa era común encontrarlas en las bibliotecas privadas, y en menor medida, también en Bizkaia. Estas ideas causaron un impacto tremendo tanto en la sociedad vasca como en la española. Muchos prohombres vascos consideraron las ideas ilustradas con naturalidad, pues, sin hacer análisis previo, las consideraban semejantes a los usos sociales vascos (la nobleza universal significaba de hecho la no existencia de estamentos en el seno de la sociedad vasca) y por lo tanto lo veían con visión continuidora de lo vasco. Sin embargo, en la sociedad castellana, esas ideas eran perseguidas, pues atentaban a los intereses del estamento superior y se produjo la escisión: unos lo vieron como ideales liberadores y otros como atentatorias a su condición social. La invasión napoleónica de España en1808 puso de manifiesto tres escisiones: los liberales españoles que recibieron con los brazos abiertos la Constitución de Bayona pues contó con la aprobación del rey de España (Fernando VII); los liberales españoles que no aceptaban esta situación (¿rebeldes?); y por fin los reaccionarios españoles que consideraban esos ideales contrarios a la tradición, y por tanto, a su condición nobiliaria. La nobleza, como no era un todo homogéneo, estaba presente en los tres campos de la escisión. En esta situación surgió, de dos de los tres sectores, la guerra contra Napoleón. De esto que sucedió en la España de 1808, algo parecido ocurrió en Euskadi quince años antes, en 1793. Con el avance de las fuerzas francesas, las autoridades de Donostia (o al menos algunas de ellas) entregaron la ciudad -militarizada- a los franceses, quizás porque simpatizaran con ellos. Y manifestaron su deseo -inaudito incluso para aquél tiempo- de convertir a Gipuzkoa en una república bajo la protección de Francia (con sus usos y costumbres salvaguardados) a sabiendas de cómo acabaron las repúblicas vascas allende el Bidasoa, borradas de un plumazo, en julio-agosto de 1789 por el jacobinismo francés. ¿Intereses? ¿Ambiciones personales? ¿Ingenuos? ¿Traidores? ¿Miedo?. Vaya usted a saber. Pero también es verdad que otro sector de la sociedad gipuzkoana, reunidos en Junta en Arrasate-Mondragón se opuso al sector entreguista. La situación se estabilizó provisionalmente con la paz de Basilea de 1795. Y la sangre no llegó al río, al menos en Euskadi, pues los entreguistas ocuparon cargos políticos en años posteriores en Gipuzkoa. Pero la sociedad vasca estaba ya tocada, confusa, y dividida ante los acontecimientos desplegados por los revolucionarios franceses. Lo mismo que la sociedad española, aunque ésta mucho más dañada, pues un sector de los llamado despectivamente "afrancesados" tuvo que morir en el exilio a partir de 1814. El pintor Goya es representante de este éxodo. El rey emblema -que lo mismo sirve para una causa como para su contraria- Fernando VII, siempre por encima del bien y del mal, no corrió la misma suerte que Goya, aunque estaba en el mismo bando. Llama poderosamente la atención que tanto los liberales de la Constitución de Cádiz de 1812, como los muchos liberales del entorno de Fernando VII tuvieran las mismas raices jacobinas que los perdedores ‘afrancesados’, caso único en Europa. Obvio decir que lo vascos no participaron en absoluto en ese primer exilio de una mitad de españoles. La guerra napoleónica y el posterior exilio es sólo la primera de una serie de calamidades que inmediatamente después cayeron sobre la sociedad española en el siglo XIX. Calamidades que el autor denomina en su conjunto ‘suicidio de España’, suicidio cuyos causantes fueron ‘los nacionalistas vascos’. Que el lector ponga su calificativo a tamaño desvarío.

Más adelante, en el apartado sobre la forma en la que se logró el Estatuto vasco de 1936, incide en la ilegalidad del proceso, en la última sesesión plenaria del Congreso en Madrid: "El acto que se va a celebrar es manifiestamente ilegal. De los 473 diputados de que se compone la Cámara, los 205 de la Confederación Española de Derechas Autónomas y de Renovación Española están ausentes, lo mismo que muchos de los casi doscientos socialistas, comunistas y republicanos. En el hemiciclo se encuentra apenas medio centenar de padres de la patria……. El texto a votar –aprobado por aclamación sin que ninguno de los diputados conociera su contenido- no ha pasado los trámites reglamentarios de su presentación ante la cámara y su estudio en Comisión" (pág.50). E insiste "el problema que plantea el Estatuto de Elgueta (el de 1936) es que para su aprobación, lo mismo que para su modificación posterior, se necesitaban los votos de los dos tercios de la cámara, es decir, 315 diputados, una cifra que sólo se hubiera podido alcanzar resucitando a los muertos y abriendo de par en par las cárceles franquistas y republicanas… y al no existir el quórum necesario, en el hemiciclo, el Estatuto fue una ley manifiestamente ilegal y su cumplimento no vincula a nadie" (pág 51)

Desde luego la situación era especial, pues la guerra civil había abierto la espita de los odios, venganzas y revanchas entre españoles. Los dos bandos en que estaba dividida España se tenían muchas ganas.

La situación del 36 fue especial pero no singular. Hay legalidad y hay legitimidad. Y las dos son verdades relativas y no absolutas. Porque hubo otra situación anterior similar a la que nadie presta atención. Me refiero a la Constitución de Cádiz de 1812. ‘Los padres de la patria’ que se reunieron en Cádiz, ¿lo eran como consecuencia de unas elecciones o se arrogaron una representación popular que no tenían? Toda España estaba dominada, entonces, por los franceses, excepto -pintorescamente- la ciudad de Cádiz, que estaba sitiada. Gobernaba en España el rey José Bonaparte al amparo de la Constitución de Bayona, con el beneplácito y refrendo del anterior rey de España Fernando VII y apoyado por un sector social nada desdeñable de la sociedad española de la época. Todo legal. Sin embargo, para otros españoles -reacios a la causa del rey José- parecía más legítimo apoyar la constitución realizada por un grupo de amigos reunidos en Cádiz, con la ‘soberanía del pueblo’ como el fetiche que ‘legalizara’ su rebelde actitud. Porque de soberanía no tenían nada: ‘legislaban’ para toda España (incluido todo su imperio) desde un salón ubicado en la islita de san León -hoy desaparecida- de Cádiz. Muchísimo menos territorio y población que Bizkaia, que fue el territorio en el que de facto se aplicó el Estatuto de 1936.

Respecto al Lehendakari Jose Antonio Aguirre, el canario Jose Díaz, hace acopio de todos los epitetos que los franquistas le dedicaron, añadiendo algunos nuevos de propia cosecha: lehendakari (presidente) ochomesino, Napoleonchu, sus ansias de poder acaban de cavar la tumba a la República, megalómano, el hombre que facilitó parte de los medios para que Franco ganara la guerra, pretendía heredar el imperio económico de Neguri, presidente provisional y accidental de la provincia de Vizcaya, nazi, aliado de Hitler, orgulloso, emperador de los vascos, etc.,

Respecto a su gobierno, el autor emplea términos como Gobierno vasco de ficción, republiquetta vaticana, republiquetta de pacotilla, gobierno sietemesino etc.

Y su acción de gobierno le hace -a los ojos del autor- desde luego responsable no sólo de los muertos de las ofensivas republicanas de Brunete y Belchite, sino de la misma victoria de Franco pues "su gran "hazaña militar" fue entregar toda la industria siderometalúrgica vizcaina intacta a los sublevados. En el momento en que el 60 por ciento de la producción de hierro y acero estuvo bajo control franquista, el destino de las armas se volcó rápidamente del lado de sus adversarios" (pág 77). La caída de Bilbao no fue tan importante como indica el autor, ni el ‘el destino de las armas se volcó tan rápidamente’: a pesar del desbarajuste de la República española, la victoria franquista tardó en llegar diecinueve meses más. Sin duda que el autor preferiría ver, después de la caída de Bilbao, una Bizkaia arruinada con sus industrias desarboladas y a sus gente viviendo ¿de qué?. Prefiere promover un estado de calamidad social que reconocer su frustración de no poder responsabilizar a los vascos de la destrucción de su propio pais. Se pierde una guerra y el lehendakari Aguirre apoyado por los nacionalistas, se marcha del país dejándola en condiciones que las gentes que se quedaban pudieran seguir viviendo desde el día siguiente. Los nacionalistas al oponerse a la destrucción de su propio país, con la excusa de que esas industrias iban casi íntegras al bando enemigo, realizaron un acto de civilización. Bizkaia ni era Rusia ni tampoco esa España de los odios. Las razones militaristas que argüían los dinamiteros no evitaban que la guerra se estuviera perdiendo por otras razones. Y es que en la guerra, tampoco vale todo.

Uno no sabe ubicar la meliflua personalidad de José Díaz: el libro lo presentan varias personalidades del Partido Popular; en algunos párrafos parece familiarizado con la literatura marxista; hay críticas a Zapatero como si se los hubiera copiado de declaraciones de políticos ‘populares’, a veces aparece como de derechas y otras se duele por los republicanos; hay cosas que dice en el que no situa muy bien al PP; en unos episodios parece franquista, en otros antifranquista, en fin un lío, pero llama la atención su punto de crueldad en el tema de la liberación de los presos franquistas de las cárceles vascas. Aguirre junto a la política de defender las industrias vascas de su destrucción, tomó la decisión de liberar los presos un poco antes de la caída de Bilbao, no fueran a ser víctimas de matanzas inútiles de última hora, como las de los barcos-prisión, en manos de anarquistas, socialistas o comunistas. Y dice: "Jose Antonio Aguirre Lecube prefiere actuar así a entregarlos a los montañeses, que necesitaban mano de obra para abrir trincheras. Es la primera traición de Aguirre a la República" (pág.192).

En el tema de los gudaris, con gran suficiencia académica, José Díaz dice "… la conquista de Vizcaya se convirtió en un paseo militar para las tropas del general José Solchaga" (pág.77) o "los valerosos gudaris, expertos en correr grandes maratones delante del enemigo…" (pág 277). Aquí habría que matizar y hacer unos pocos números para ver lo relativo de las situaciones, que ‘correr grandes maratones delante del enemigo’ se deben a muchas razones sin necesidad de incluir la humana cobardia o miedo. En efecto, si tomamos como referencia ‘el maratón de los gudaris’ digamos que Vizcaya (2.200 kilómetros cuadrados) fue conquistada tras 60 días de ofensiva del enemigo. Cantabria (5300 kilómetros cuadrados) aguantó apenas 10 dias de ofensiva, lo que da un ‘maratón republicano’ catorce veces más rápido. Si nos fijamos en la provincia del Sahara español (1975) -que oficialmente era territorio nacional como Ceuta, Melilla o Asturias y tenían representación en las Cortes españolas-, el ejército español cumplió su obligación de garante de la unidad de España escapándose lo más rápidamente posible del territorio. Considerando que los legionarios españoles tuvieron un tiempo de evacuación de 6 meses para un territorio desértico de 250.000 kilómetros cuadrados, ante la ofensiva de un abigarrado ejército de 300.000 desheredados y desarmados marroquíes, el ‘maratón de los legionarios españoles’ ante tal enemigo fue treinta y tres veces más rápido. Se desmembra un tercio del territorio nacional y no pasa nada. Aplique el autor, también, su ciencia académica para calcular también ‘el maratón del ejército francés’ en 1940 y de otros ejércitos europeos.

Me asombran los amigos de José Diaz Herrera, que le consideran hombre informado, ponderado y científico, cuando pienso que ni él mismo se entiende. En efecto, pretende pasar lo que todo el mundo conoce como ‘la Guerra Civil española’, como ‘una guerra civil entre vascos’: escribe en la pág.174, sin pelos en la lengua: "Declarada la Guerra Civil entre vascos…" ; "Aguirre se inventó que su nación había sido "invadida" por tropas extranjeras cuando los únicos que luchaban en uno y otro bando eran sólo vascos: unos…amaban a España y otros llevaban casi cuarenta años deseando su aniquilación…" ( pág.77). " Los requetés, esos valerosos soldados vascos que se habían levantado contra los otros vascos, los separatistas,…" (pág. 722). Pero héte aquí, que en un ataque de cordura inesperado, él mismo desmiente lo anterior criticando precisamente el decreto franquista del 23 de junio de 1937, y reconoce lo que todo el mundo sabe: "Obviamente no fue así. Por el contrario, el que se alzó en armas contra la República, el poder entonces constituido, fue un sector del ejército, acaudillado desde Navarra por el general Emilio Mola y desde Canarias y Marruecos por Francisco Franco" (pág. 775).

Del episodio del bombardeo de Gernika recoge desde la trinchera franquista que "nacionalistas y republicanos que hicieron del bombardeo de Gernika un símbolo de la crueldad de sus enemigos estaban dispuestos a actuar de igual manera y a cometer atrocidades similares"(pág. 92). Esto de la atribución de ‘actuar de igual manera’ y ‘atrocidades similares’ está bien siempre que se indique en qué consiste la similitud y donde se actuó de igual manera. El autor no lo hace. Porque quien hizo de Gernika ‘símbolo de crueldad de sus enemigos’ fue Franco quien durante cuarenta años hurtó, con su propaganda, la verdad histórica atribuyendo el frío y premeditado bombardeo alemán -tres horas y media bombardeando y ametrallando a gentes que huían del infierno- a quienes nada hicieron por destruirlo e inventó la falacia de los dinamiteros ‘rojo-separatistas’. ¿Cuándo y dónde actuó el enemigo de igual manera, Sr Díaz?

A lo largo de todo el libro es continua la intervención del autor en involucrar a los nacionalistas vascos en los crímenes cometidos por socialistas, anarquistas y comunistas. Es verdad que estuvieron juntos en el mismo bando republicano, pero no estuvieron mezclados, cada partido mantenía sus milicias, de ahí que las responsabilidades de cada cual eran bastante nítidas. Frases de este tenor ‘fueron fusilados por socialistas y nacionalistas’, ‘los dirigentes del PNV ordenan: hay que darles matarile’, ‘el PNV no sólo no estuvo a la altura de las circunstancias sino que sus dirigentes provinciales fueron los responsables políticos de las matanzas y asesinatos masivos de sus opositores’ (pág.150), ‘al PNV no le interesa que sea oido por el Papa y ordenan que se le detenga antes de llegar a San Sebastián’, ‘luego se supo que el Sindicato de Trabajadores Vascos había reclamado para sí el honor de enviarle al otro mundo’, ‘ los nacionalistas toleran y a veces participan en el cruel y sádico exterminio de sus compañeros de clase’, etc. están distribuidas por todo el libro. Sin duda, José Díaz se hace eco del inmisericorde lenguaje de Aznar de atribuir responsabilidades gratuitas al PNV en los atentados y secuestros de ETA.

Con la caída de Bilbao y la entrega a los italianos de lo que quedaba del ejército vasco en Santoña, en agosto de 1937, terminaba la actuación vasca en defensa de la legalidad republicana en la península. Los nacionalistas, en su conjunto, eran reacios, desde luego, a seguir con la guerra fuera del territorio vasco.

Pero la Segunda Guerra Mundial estaba a la vuelta de la esquina. La República Española en el exilio, por su parte, se convirtió en chasco y fraude político porque sus dirigentes dejaron de pedalear, y cayeron en luchas intestinas y peleas de campanario sin utilidad alguna. El lehendakari Aguirre, por el contrario, siguió pedaleando y cosechó éxitos memorables aunque los esfuerzos de tantos vascos en el exilio no tuvieron la recompensa que soñaron de una Euskadi libre. Tampoco otros, que también hicieron terribles sacrificios, consiguieron sus espectativas, como los polacos. Lo que deja un cierto sabor amargo en quienes en aquellos esfuerzos participaron.

Hay varios aspectos a destacar de este nuevo periodo de 1940-1960. José Díaz Herrara, quiere ganar puntos, vivir a cuenta de los vascos y ser original. No se cómo saldrá de este envite.

Todo interesado en estos sucesos sabe que el Lehendakari Aguirre, fue a visitar a su familia en Bélgica, en Le Panne, cerca de la frontera con Francia, cuando quedó aislado por la ofensiva alemana y no pudo volver, en mayo de 1940. Desapareció en Bélgica y sus comunicaciones al exterior fueron muy escasas. Sólo un núcleo muy restringido de amigos sabía de su existencia. Nadie más. Pero José Díaz inventa que "aprovechando el viaje, pretende entrevistarse con los nazis" para crear, supuestamente, un protectorado nazi en Euskadi. Y titula un capítulo de su libro, que trata de esta parte de su vida, como Un nazi rumbo a Nueva York. Utiliza como apoyo el diario que Aguirre escribió de su peripecia y que se publicó a mediados de los noventa del siglo pasado. De frases del diario que sólo expresan el valor narrativo del momento, José Díaz deduce entrevistas de Aguirre con personajes nazis de los que no da nombres. Vamos, nada que ver entre la frase que entresaca del diario con sus deducciones.¡Hasta le atribuye al lehendakari una petición de entrevista a Canaris, quien se niega a recibirle porque no quiere desairar a Franco apoyando a sus enemigos! (pág.321).

De toda la documentación que el autor aduce haber tenido acceso, hace omisión o, simplemente, no conoce el Mensaje de Navidad (Gabon) de 1940 del Lehendakari. Escrito desde la clandestinidad, en Bélgica, lo envía al exterior. En ella marca la línea de actuación de él y la de su gobierno en el exilio. En un momento en el que todo el mundo pensaba en la inevitable victoria nazi en Europa -incluido el embajador americano en Gran Bretaña, el padre del presidente Kennedy- cuando la Unión Soviética estaba en paz con los nazis desde 1939 y Estados Unidos no había entrado en guerra todavía, cuando, en una palabra, únicamente la Gran Bretaña es el único país que se enfrenta a los nazis, Aguirre, hace lo contrario de lo que los demás esperaban: proclama la línea de combatir al nazismo, y aliarse en la lucha con la Gran Bretaña.

Y lo hace desde una posición personal muy comprometida, pues correría el mismo destino que Companys, el presidente catalán, si la Gestapo le detuviera. Apostó, movido por su fuerte convicción democrática, contra todo pronóstico, al caballo ganador. Y fue un todo un éxito porque además de ganar, fue apoyado por la inmensa mayoría de los vascos, así los exiliados como los asentados en otras partes del mundo, desde Sudamérica hasta Filipinas.

Tanto el Mensaje de Navidad indicado como la trayectoria política posterior del Lehendakari desmiente con claridad la falacia que, por original, José Díaz inventa. Todo

lo que presenta en su libro sobre el ‘Aguirre nazi’ es, en efecto, auténticamente de juzgado de guardia.

No podía faltar, tampoco, el aspecto esperpéntico del buscavidas que reescribe la historia. Dice en la pág.494: "Veamos porqué el PNV impidió, entre otras cosas, la muerte de Hitler, poco antes del hundimiento de Alemania". Sin comentario.

Sobre el tema de los Servicios Vascos de Información se puede decir que va sobre los mismos carriles, ya que el autor titula uno de los capítulos del libro como "De políticos a txibatos", así, con grafía euskérika. Mantiene el tono de confusionismo general de su libro porque unas veces habla de Servicio del Información del PNV -es decir, servicio de partido- y otras, Servicio de Información del Gobierno Vasco. Los llamados Servicios Vascos no era un organismo que dependiera del Partido Nacionalista Vasco, había nacionalistas en sus filas si, pero había también muchos que no lo eran e incluso gente variopinta. Su director fue el irunés Pepe Mitxelena, que dependía del lehendakari Aguirre.

Como orientación general de esta temática se puede decir que José Díaz se ha inspirado en las líneas narrativas que, en los medios que hacen opinión, difunden muchos ‘ex etarras’. Hay dos tipos de ex etarras: aquellos que han cambiado de forma y de contenido, los que han roto, en lo fundamental con su pasado, y; los que cambiando de forma no lo han hecho de contenido. Es decir, que con la nueva forma adquirida están trabajando, en otros ámbitos, al servicio de la línea del MLNV. Son etarras o, miembros del MLNV, que trabajan en el exterior. De ahí su nombre ‘ex etarras’. La acepción normal del término ex etarra les sirve de perfecta cobertura para su labor. Estos ‘ex etarras’, no necesitan hacer muchos esfuerzos para hacerse con la nueva forma: basta que condenen verbal o literariamente la violencia armada de ETA y condenen al nacionalismo vasco en la forma que hacen desde el PP para acercarse a ellos; y basta con que condenen también del mismo modo la violencia armada de ETA y condenen al nacionalismo en la forma que se hace desde el PSOE (guiños vasquistas incluidos) para acercarse a este ámbito. Pero también hay ‘ex etarras’ en el ámbito del PNV, que van a lo mismo que los anteriores: para ello, condenan la violencia de ETA con el mismo ritual y deben hablar, en este caso, de modo que parezca nacionalista con todos sus tópicos y, al poder ser, con un poco de estridencia (soberanismos, territorialidad, Nafarroa, etc). Los hay también quienes bajo formas de organizaciones tipo ONG, pues reciben subvenciones, andan moviéndose indistintamente por todo el interespacio modelado por el PNV, PP, PSOE y el MLNV y que parece no tienen amo.

Bajo la inspiración de algunos de estos ‘ex etarras’, o quizás porque él mismo sea un ‘ex comunista’ -vale la definición anterior-, José Díaz atribuye a algunas personas -y a la propia organización de Servicios- connotaciones anticomunistas que, hoy, en 2005, sólo interesa a los propios comunistas, pues creen que con más anticomunismo promocionan al socialismo y al comunismo. Siguiendo esta senda, en la pág. 399 José Diaz nos muestra la "cara oculta" del trabajo de los Servicios: " La cara oculta de su trabajo fue perseguir a los partidos políticos de las democracias de Hispanoamérica, delatar los planes de los disidentes a Estados Unidos y vigilar a los exiliados en beneficio propio. Así se da la dolorosa contradicción de que mientras Aguirre no deja de preconizar la independencia del País Vasco, sus agentes se infiltran en los movimientos nacionalistas portorriqueños, filipinos, panameños, dominicanos y cubanos y actúan como chivatos con el único objetivo de fomentar el colonialismo de Estados Unidos sobre sus respectivos países".

Este autor ubica a los vascos distrayéndose de su propia causa y de la labor para con los aliados para dedicarse a fomentar el colonialismo de Estados Unidos en beneficio propio. Más adelante, en la pág. 432, insiste en la misma idea: "en contra de sus convicciones políticas, se encargan de delatar a movimientos de liberación de Puerto Rico, Filipinas, Panamá, Santo Domingo y otras naciones". Puerto Rico era territorio cuasi-americano y hablar de movimientos de liberación en el período 1942-1945 en Panamá y Santo Domingo es inflar un globo de aire, porque no había nada. Es verdad que los Servicios Vascos actuaron en esos países y en otros varios más, pero los agentes nazis o franquistas a los que combatieron nunca conformaron un movimiento de liberación en ningún sitio. Los ‘movimientos de liberación’ a los que alude sólo bullen en la cabeza de los ‘ex etarras’ a quienes José Díaz les hace oidos y presta su pluma; por lo demás, son movimientos revolucionarios de nuestra época, y no de aquélla. En referencia a Cuba el autor escribe, en la pág. 416, un episodio que no tiene por dónde agarrarlo de lo absurdo y falaz que resulta: "El 12 de noviembre de 1956, Antonio Irala viaja a Cuba como agente de la Basque Intelligence Office, con un billete pagado por el FBI, con el fin de estudiar la forma de crear una oficina, con personal vasco, que se dedique a combatir el comunismo en la isla. Se encuentra con varios dirigentes comunistas españoles que viven refugiados en esa ex colonia española. Propone que se investiguen sus actividades para evitar que acaben contaminando con sus ideas al grupo de Sierra Maestra". José Díaz incluye un confuso informe que dice que es "informe de Antonio Irala" del 11 de octubre de 1943, pero que bien pudiera ser también ‘informe de Galíndez(¿) sobre Antonio Irala’ pues en su segunda línea aparece la frase "…Irala es de la opinión…… tras viajar por Cuba y Sudamérica se ha encontrado…".

En fin, los hechos son que esa supuesta oficina se encuentra ante una auténtica misión imposible, por doble motivo. Por un lado, la evidencia de que Fidel era ya comunista para cuando fue a Sierra Maestra. Por otro, el 12 de noviembre de 1956 no había ningún "grupo de Sierra Maestra" que contaminar pues Fidel desembarcó en la Sierra más tarde, el 2 de diciembre de 1956. Y el detalle que da cierta verosimilitud al episodio como "el billete pagado por el FBI" resulta ser mentira, porque la familia ha desmentido que el sr. Irala estuviera nunca en Cuba (Diario Vasco, 5/10/05). Sería un acto brillante que el autor nos indicara los documentos, desclasificados o no, en los que basa el episodio.

El verdadero dolor que constriñe al autor le viene de tener que contrariar su línea de infundios al no poder ocultar la cara brillante de los Servicios vascos que él mismo relata, por la boca pequeña, de esta escueta pero inmejorable manera: "El Servicio de Información vasco espió las actividades de los nazis en América del Sur, los movimientos y planes de sus agentes, incordió a los franquistas y les impedió expansionarse en Latinoamérica" (pág.399). Y en verdad que la marina mercante española, las oficinas ministeriales de Madrid y las Embajadas españolas en el exterior tuvieron constancia de las actividades de los hombres de Pepe Mitxelena. Si esta es su conclusión, ¿porqué se dedica entonces José Díaz a escribir páginas y páginas de una historia que no es? No tiene otra explicación que la del autor que quiere ser deshonesto con sus lectores, que en su mayoría han pagado los 27 euros que cuesta el libro y que en lugar de informarles, les desorienta y confunde. ¿Por qué?. Mas adelante veremos que el autor es un brillante desinformador.

Estos éxitos no se logran por casualidad. Tiene que haber detrás, sobre todo, un gran equipo humano. En el activo de Pepe Mitxelena -que contó con el firme apoyo de su familia- está que en el período 1942-1945 ninguna persona que trabajaba en su red fue detenida ni por la Gestapo ni por la policía franquista. Y su trabajo no era fácil: consistía en pasar información a través de la frontera ocupada en ambas vertientes. Sobre Mitxelena se puede añadir la devoción que le tuvieron algunos de los que trabajaron con él. Ricardo Nalda -que aparece citado en el libro- era miembro de una familia republicana de Bilbao y no era nacionalista, pero en una entrevista que le hicieron pocos meses antes de morir, hace unos cuatro años, en una residencia de ancianos de San Sebastián, dijo al periodista que no perdiera el tiempo con él, que era más interesante trabajar sobre una biografía de Pepe Mitxelena, que, en su opinión, era una de las grandes inteligencias que Euskadi había dado en el S.XX.

El Nobel Santiago Ramón y Cajal solía aconsejar a sus alumnos e investigadores jóvenes lo siguiente: "No hay problemas pequeños. Los problemas que parecen insignificantes son grandes problemas que no son entendidos" ("Consejos a un jóven investigador"). Con este consejo invitaba a los jóvenes a tomar el camino de la ciencia, un camino ciertamente trabajoso. Es la ciencia la que convierte un problema pequeño en un problema grande. Urgar un supuesto pequeño problema y descubrir que abre la puerta a un nuevo universo, y por tanto, desconocido, no gusta al común de los mortales. El estudioso debe modelar su propia mente a los nuevos ámbitos y ser audaz. Los tópicos no le valen. Por el contrario, los problemas pequeños, los tópicos, los lugares comunes, hacen que la vida fluya de modo aparentemente más fluido y sencillo Pensar cada paso que se haya de dar es un handicap a la fluidez y al dejarse ir. De ahí la tendencia de muchos a querer seguir ignorando lo nuevo, siguiendo la ley general del mínimo esfuerzo. Pero la vida presenta también otro lado: sucede que, bajo el influjo de la ignorancia, de la superchería y de los tópicos se crean grandes problemas, problemas irresolubles, que representan un terrible obstáculo al desarrollo humano, y que la ciencia, el conocimiento, o el simple cambio de punto de vista, trastocan en sencillos problemas.

Y aquí interviene un problema de la actitud: ¿qué se prefiere, la ignorancia y los tópicos con sus pros y contras, o, el conocimiento con los suyos? Promover la ignorancia, o promover el conocimiento es un problema de actitud; y conviene indagar porqué se toma una u otra, porque cualquiera que sea ella, es una actividad consciente.

José Díaz escribe: "Durante decenas de años la organización terrorista ETA ha jugado con dos mitos: que se trataba de un movimiento de liberación social en defensa de la clase trabajadora para formar un Estado socialista y que su principal objetivo era acabar con el franquismo para facilitar la liberación de los pueblos de España de la Dictadura" (pág.505). Es evidente que ha leído los objetivos de ETA y del MLNV, pero los tergiversa, convirtiéndolos en mito: el que ‘su principal objetivo era acabar con el franquismo para facilitar la liberación de los pueblos de España de la Dictadura’ el autor se lo ha sacado de la manga durante la redacción de ese capítulo. Respecto del otro hay que decir que MLNV (en el que ETA es una organización del mismo) es un ‘movimiento de liberación social y nacional -las dos a la vez- en defensa de la clase trabajadora para formar un Estado socialista’ del que el autor omite ‘lo nacional’. Y lo omite porque no quiere dar explicaciones a sus lectores de cómo la liberación social y nacional se hacen a la vez y no secuencialmente, primero uno y después otro. Opta por ello hacer mitología de la realidad convirtiendo en tremendos tópicos separatistas lo que son aspectos de la ‘liberación social’ del movimiento. Y no quiere entrar en el meollo de este último aspecto porque es aquí donde reside el mito de todo el movimiento izquierdista mundial que pasa por verdad revolucionaria. En efecto, ningún movimiento revolucionario que se reclame socialista y haya conquistado el poder ha hecho otra cosa sino profundizar en un capitalismo de estado -manteniendo la naturaleza explotada del trabajo-, o los más modernos están utilizando el neoliberalismo para consolidar todavía más al partido que dirige ‘el socialismo de características chinas’ (caso de China), por lo que la liberación de la clase trabajadora sigue siendo el gran mito que seguirá recorriendo el s.XXI sin que surja, por parte de los supuestamente interesados, ningun sistema alternativo de producción que elimine la explotación del trabajo. Pero José Díaz, prefiere no denunciar este gran mito y actúa de esta otra forma: es conocedor de la finalidad de ETA y del MLNV porque ha leido sus escritos, pero a continuación se da la vuelta y nos dice: "…su estrategia se encaminó siempre a crear, con la inestimable ayuda del PNV, las condiciones objetivas y subjetivas que le permitieran promover la secesión del País Vasco del resto de España" (pág.505) que es el tópico con el que Franco nos inundó, y los partidos demócratas aceptan como oro de ley, con el que justifican sus políticas antiterroristas, sin resolver problema alguno.

Y, montado en el tópico, escribe como lo haría un ‘ex-etarra’o un miembro del Foro de Ermua: "En lugar de disolverse y pedir perdón por sus atentados, que ascendían a una docena, los terroristas deciden aliarse con el PNV en un Frente Nacional para elaborar un Estatuto Vasco e imponerlo por la fuerza en Madrid". ETA, y por extensión el MLNV, nunca ha sido partidario históricamente del Estatuto Vasco y, por lo tanto, sobra lo de ‘para imponerlo en Madrid’. ETA (MLNV), por el contrario, siempre ha sido partidario de un frente, que no es precisamente el ‘frente abertzale’ que sueñan algunos ilusos nacionalistas, sino un frente revolucionario en el esté incluido -más bien embridado- el PNV, basado en sus propias alternativas tácticas y, de este modo alcanzar su objetivo: llevar la revolución a España y Francia. A esto, el MLNV le llama ‘acumular fuerzas’.

Y llegamos a otro tópico, franquista y ‘ex etarra’, aceptado por los demócratas: "Su aniquilación (la de ETA) era tan sólo cuestión de tiempo de no haberse cruzado por medio el Consejo de Guerra de Burgos y la actuación del PNV dispuesto, como siempre, a hacerle el ‘boca a boca’ a los terroristas para obtener ventajas políticas". Es decir, algo parecido a: estábamos a punto de liquidar a ETA pero, en el último momento, aparece el PNV y, zas, lo reactiva.

Por lo visto, los ‘ex etarras’, los franquistas y neofranquistas, los ‘ex comunistas’ y demás gente pretende cargar en espaldas ajenas tópicos que ellos mismos han fabricado. No quieren considerar, por ejenplo, el antecedente cubano, donde fue el propio Fulgencio Batista el que difundió la figura de Castro como líder revolucionario cuando montó el juicio de Santiago de Cuba en julio de 1953. Sólo faltaban las cámaras de televisión, que entonces no existían.

El Consejo de Burgos fué algo parecido, aunque de gran dramatismo por parte de quienes lo vivieron. El Estado hizo de ello una cuestión nacional, pues se trataba, al parecer, de una cuestión mayor: la unidad nacional. En realidad lo internacionalizó. Se quería dar un castigo ejemplarizante a los ‘separatistas vascos’ -tópico habitual- y sucedió lo que sucedió: "hemos utilizado este juicio como plataforma para exponer la teoría revolucionaria y la opresión que sufre nuestro pueblo. De ser simples acusados, pasamos a ser acusadores y gracias a la solidaridad internacional hemos desenmascarado el sistema, hemos celebrado un juicio al fascismo y denunciado la situación que vive nuestro pueblo", entresaca Jose Díaz de la Carta de los 16 militantes del Consejo de Guerra. Este documento habla de ‘exponer la teoría revolucionaria’, no habla de separatismos. El PNV colaboró, como el que más, a salvar vidas. O, ¿qué esperaban quienes ahora le recriminan, apoyar las sentencias de los militares?. Lo cierto es que tal y como planeó el régimen franquista la celebración del Consejo tuvo una gran incidencia en la calle y en Europa. Hasta el Vaticano intervino pidiendo clemencia, oponiéndose a la ejecución de las sentencias.

Fue tremendo porque gentes insensibles a la política, tanto en Euskadi como en todo el Estado, en todas sus capas sociales, percibieron nítidamente el fragor callejero y el mediático (las algaradas universitarias, las huelgas de Madrid, etc. no fueron, de modo alguno, organizadas por el PNV ) y quedaron sensibilizadas a favor de los enjuiciados y en contra del régimen. Y tuvo sus resultados: el Consejo de Guerra de Burgos fue el factor determinante para que, a partir de 1971, surgieran multitud de partidos de izquierda en Euskadi y en España. Partidos todos ellos independentistas pero no separatistas (más adelante se intentará aclarar el matiz). Atribuir al PNV el resucitamiento de ETA es tan disparatado como afirmar que el franquismo jamás existió. Pero por lo visto, hay autores, que leen una cosa y comentan otra, tanto mejor si no tiene nada que ver con lo leído si con eso sirve al tópico.

Pero, las grandes situaciones, ejercen su influencia sobre un amplio espectro social, y superando los ámbitos singulares, el tópico de ETA como movimiento ‘separatista’ tiene larga y, por desgracia, sana vida. No sólo porque así le presentan sus contrarios en nuestros días (el franquismo, el PSOE, el PP y asociaciones satélites) sino porque también han hecho mella en otros ámbitos como en el PNV. En efecto, dentro de la familia nacionalista -PNV- (excluyo de ella, obviamente, al MLNV) hay varias sensibilidades que a través de la historia han actuado de formas diferentes pero sin mostrar estridentes diferencias entre ellos. Y el tema ETA se ha vislumbrado de dos maneras: entre los que les consideran ‘nacionalistas -abertzales- descarriados’; ‘coincidimos en los fines pero no en los medios’ (Uzturre) ; ‘unos sacuden el árbol y otros recogen las nueces’ (Arzalluz) y los que, tomando en consideración lo que el MLNV escribe y hace políticamente, les toman como movimiento revolucionario, que tienen sus objetivos propios, y nada que ver con los de la familia nacionalista.

En el seno de la familia nacionalista se han hecho ponencias, charlas, debates políticos. Nunca con ETA y el MLNV como tema central -hablo del período 1976-2004)-, sino como algo que está como telón de fondo, soslayado y convertido en tabú. En estas condiciones se confían en el hecho que conforman una mayoría social con influencia y en la pericia y en los contactos de los que dirigen la nave peneuvista. ¿Los errores? Prácticamente no existen y si los hay, no se repetirán por segunda vez por eso, las responsabilidades políticas nunca aparecen ni como destituciones ni como dimisiones. En este sentido es llamativo lo que atribuyen a Egibar del Acuerdo de Estella: "Si fracasa rodarán cabezas". Por activa, no rodó ninguna. En otros partidos democráticos europeos, por menos motivo presentan dimisiones o hay destituciones; por salud democrática. ¿Porqué se prolonga en el tiempo esta situación de no tratar a fondo el tema del MLNV? En el fondo es una actitud que se deduce del consejo de Ramón y Cajal comentado anteriormente: se prefiere seguir con los tópicos que facilitan el apacible discurrir de la vida -no se ven mas que ‘problemas pequeños’, pero sin solucionar ninguno- que acudir a la ciencia o al simple cambio de punto de vista, que no cuesta dinero y puede aportar soluciones, además de entretenimiento.

Esta actitud seguidista del tópico se da también en otros ámbitos socio-políticos, desde el PP al PSOE, desde IU al MLNV (que también aquí los hay), y cabe tildarla de reaccionaria porque es un obstáculo para el desarrollo de las fuerzas democráticas en la resolución de los problemas concretos.

El primero que tildó de ‘nacionalistas’ y ‘separatistas’ a los de ETA fue Fraga Iribarne, en los primeros años sesenta, siendo Ministro de Información y Turismo con Franco. La revista ‘El español’ se encargó de difundir este tópico. El marxismo no existía para Fraga. Influyó en mucha gente nacionalista, de la vieja ola, la de la guerra civil y en los jóvenes vascos que querían ver cosas nuevas. Con estos mimbres resultó el Consejo de Burgos.

Más tarde, en la etapa democrática, el general Andrés Cassinello expuso, en los cursos de El Escorial de 1982, su tesis al considerar en ETA "al independentismo como sustancia y al marxismo como adherencia". Lo que parece progreso -introduce el tema marxista- resulta todo lo contrario porque está mal introducido -exactamente al revés-. Es a partir de esta época cuando aparece un nuevo formato de agente político: los ‘ex etarras’. Estos, denostan a la propia ETA, por sabiniana y nacionalista, consideran el marxismo meramente anecdótico rebajando su papel a los militantes que lo profesan y no a su dirección. Ponen de moda los ‘mitos nacionalistas’ y dan pábulo a las tesis de Cassinello, reforzándola. Sus efectos son tremendamente perniciosos y nada míticos:

ETA sigue cometiendo atentados, contra supermercados y cuarteles, no hay modo que desaparezca de la vida social las acciones terroristas ni su apología. Para incrementarlo se inventa el GAL. Son los "ex etarras" los mas interesados en sostener y difundir el análisis-tópico de Cassinello porque es la gasolina que necesitan para incendiar la pradera social. Y dan por descontado su anuencia con la extrema derecha para que el tópico se siga consolidando.

De ahí que la conjunción entre los prejuicios antivascos y antinacionalistas de ciertos sectores derechistas con elementos interesados en fomentar desinformación hacen que la alta dirección del Estado cometa errores, y, los partidos que la sustentan, también. No es de extrañar que todo ello afecte al PNV a cometer errores complementarios.

Un poco antes, en febrero de 1981, tiene lugar un acontecimiento que asienta definitivamente la base sobre la que se desarrollará la política post-Suárez y la mayor parte de la vida democrática española: el golpe militar Armada-Tejero, motivado para reconducir el tema autonómico -dice José Diaz-, cuando lo preciso es decir reconducir el problema vasco. El autor participa de la teoría franquista-‘ex etarra’, de que el Estatuto Vasco es consecuencia de una excesiva generosidad de Suárez y como el recorte del Estatuto puede causar frustación, que es lo que carga las metralletas de ETA, "se niega a pagar precio político a los de las pistolas.". Pero resulta que las pistolas, en este caso, no son de ETA, y las fuerzas políticas sedicentes democráticas españolas han pagado y están pagando precio político a las fuerzas golpistas, que son quienes, de facto, han hecho la relectura de la Constitución, y con la que se vive desde el primer gobierno González (1982) -LOAPAs y demás leyes y sentencias judiciales restrictivas- hasta hoy. Caso único en las democracias europeas, la española es, en todo caso, la más

parecida a la democracia turca, en la que las autoridades civiles -Estado, partidos, justicia- viven temerosas de las lecturas constitucionales del sector levantisco de la milicia. En el caso de la reforma del Estatut catalán, recientemente, también se les ha oído.

La singularidad de la democracia española proviene acaso propiciada por ‘la situación vasca’, que al no haber sido estudiada correctamente, invita a emitir continuamente mensajes fraudulentos. Pero el dilema persiste: ¿qué actitud tomamos, la de promover la ignorancia recurriendo a tópicos y ver sólo "problemas en apariencia pequeños" o recurrir a la ciencia, al conocimiento y al cambio de punto de vista para convertir en auténtico pequeño problema lo que parece irresoluble? ¿Preferimos los tópicos o seguimos la vía que Ramón y Cajal nos invita a seguir?

Complementario con lo anterior José Díaz saca a relucir un tema que tiene un frecuente uso como arma arrojadiza, pero cuando uno se introduce en el problema resulta que no es tan sencillo como el autor quiere aparentar y surgen ramificaciones. Dice: "…A pesar de sus diferencias tácticas y estratégicas, en los momentos de dificultad, ETA y el PNV han mantenido un cordón umbilical subterráneo y poco conocido, que ha permitido el paso de la sabia vivificadora de una organización a otra" (pág.675), y más tarde insiste en lo mismo, " Aunque el simple relato de las relaciones subterráneas y secretas entre la banda terrorista y el llamado nacionalismo moderado puede llenar páginas enteras…." (pág. 698).

Para sostener su tesis, José Díaz, echa mano del clásico ‘resucitamiento de ETA’ del Consejo de Burgos como si el franquismo nunca hubiera desempeñado ningún papel en ello; ni la acción de los comunistas y los incipientes socialistas (todos en la clandestinidad) no tuvieran tampoco ningún rol en el tema. Porque la oposición antifranquista, por el hecho de serlo, se opuso al Consejo de Burgos y trabajaron codo con codo, junto con el PNV, para evitar ejecutar las sentencias. ¿Les hace ello a comunistas y socialistas -a pesar de sus diferencias tácticas y estratégicas, en momentos de dificultad- acreedores de mantaner con ETA un cordón umbilical subterráneo y poco conocido? Si así fuera, José Diaz nos hace ver que los ‘cordones umbilicales subterráneos y poco conocidos’ no ligan sólo a ETA y el PNV, abarcan también a otros ámbitos. ¿Será que ve únicamente desde la trinchera neofranquista? En el tema de las conexiones subterráneas de ETA, ¿porqué quedarnos únicamente en el ámbito, siempre sospechoso, de la izquierda?

Resulta que Díaz arroja el anzuelo y el cebo más lejos todavía, cuando refiriéndose que a través del Concierto Económico el PNV es la encargada de repartir sinecuras, prebendas y canonjías afirma: "Lo peor de todo es que los partidos políticos que sucedieron a la UCD en la gobernación de España (PSOE y PP) han persistido en esta situación discriminatoria, a sabiendas de que con ello no contribuían a la integración de los vascos en la unidad constitucional, sino a fomentar el separatismo" (pág.776) Porque para semejante afirmación datos tendrá el canario Díaz, para acusar también al PP que, cultiva cordones umbilicales subterráneos y poco conocidos con los ‘separatistas de ETA’. Acusar al PP de "fomentar el separatismo", -después de los tremendos esfuerzos realizados en la lucha antiterrorista- difícilmente se le ocurre a ningún militante del PP ni a ningún neofranquista. A ninguno de ‘dentro del PP’ se le ocurre semejante acusación. Es que realmente Díaz, por muy antivasco que sea, ¿es del ámbito del PP? Me temo que no. Sospecho mas bien, que es un agente -y no el único- del poco conocido y subterráneo cordón umbilical entre ETA y el PP. En definitiva, es un informante desinformador profesional de ETA en el ámbito del PP.

Y saliendo del ámbito estricto de los partidos, ¿porqué no pensar que, efectivamente, también entre ETA y el Estado hay subterráneos poco conocidos de cordones umbilicales? Pepe Mitxelena consiguió, en su tiempo, introducir los tentáculos de los Sevicios de Información vascos en los despachos oficiales franquistas. ¿Porqué otros, como ETA, no van a conseguir introducir sus ‘cordones umbilicales’ en los tiempos que

corremos? También puede haber aunque, quizás, con menor complejidad debido a su menor nivel de lucha, cordones subterráneos poco conocidos entre ETA y el Estado francés. ¿Porqué no? Los alemanes lo hicieron antes de la invasión de 1940.

Si al PP José Díaz le acusa de ‘fomentar a sabiendas el separatismo’¿Qué mensaje criminal -del tipo ‘solución final del problema judío’ nazi- no estará enviando a los militares levantiscos tipo Armada y Tejero? Y, de paso, como quien no dice nada, ¿qué papel están desempeñando las personalidades del PP que presentan su libro?

Es de suponer que ETA tenga su cordón umbilical también con el PNV. Porque en el PNV, junto a personas responsables con la cabeza bien amueblada no faltan personas relevantes con una personalidad mas impulsiva que razonada, influenciable, por estar abierto a toda influencia pero con alergia a las buenas. Y los hay quienes alardean de sus contactos con el MLNV. Son aquellos que piensan y sienten que los etarras son ‘nacionalistas-abertzales’ los que tienen más boletos que ningún otro de ser elementos del cordón umbilical de ETA. Lo bueno o lo malo, según por dónde se vea, es que muchas veces actúan como tales sin tener consciencia de que lo son, pues, como otros muchos, están desinformados o intoxicados por exceso de información, sobre la naturaleza de ETA-MLNV. Y algo de esto sucede, cuando Carlos Garaikoetxea y Xabier Arzalluz firman calladamente con ETA, en junio de 1998, el contestado documento precursor de los Acuerdos de Lizarra de 1998. Destaca lo mal informados que estaban los dos dirigentes que firmaron tal documento convencidos como estaban que ETA hablaba el mismo lenguaje ‘sabiniano’ que ellos, y una vez echada la firma piden, ingenuamente, puntualizaciones a ETA sobre algunos puntos ya firmados. Los deberes se deben de llevar hechos y no improvisarlos. Los Acuerdos de Lizarra tuvieron varios impulsores, con motivos contradictorios, siendo el principal el MLNV, pero también la impulsaron los movimientos políticos realizados por el PP-PSOE en los años 1997 y 1998, así como las gestiones de los muchos agentes de los diferentes ‘cordones umbilicales’ del MLNV que empujaban hacia lo mismo. Por poco consiguen, entre ambos dos, Garaikoetxea y Arzalluz, que el Lehendakari fuera Mayor Oreja y que PNV y EA pasasen a la oposición de la mano de Batasuna que, además, era el verdadero propósito del MLNV a través de aquél disparatado acuerdo.

Cuando uno elije un objetivo y un camino para alcanzarlo, si el camino no es el correcto, cuanto mas se ande por él mas perdido se hallará. Lo correcto, entonces, no es cambiar el objetivo para seguir caminando por la misma senda que nunca sabremos a dónde nos llevará; sino cambiar de camino, y a través del ensayo y comprobación, -sin dogmatismos- encontrar la vía correcta que nos lleve al objetivo. Esto sería lo razonable, pero en la política celtibérica, y en algunas autonómicas, lo más importante es mantenerse en el camino, aunque sea el malo, estar en la silla, aun a costa de cambiar el objetivo. Y así los problemas se van acumulando, y el político sólo está mirando su ombligo.

¿Cuál es el camino político sobre el que circulamos? Se podría decir en una sola palabra: jacobinismo. El jacobinismo es un punto de vista en la que la unidad formal cobra gran importancia. Dentro del término ‘unidad formal’ el término dominante es ‘formal’ y el secundario ‘unidad’. Es más importante ‘lo formal’ que la ‘unidad’. De hecho, un estado jacobino como Francia, intentó crear la Gran Francia con Argelia e Indochina como pivotes. Todo quedó en intento porque esas colonias dejaron de ser francesas por los problemas que traían a la metrópoli mantener el aspecto formal de la unidad centrada en la Asamblea Nacional Francesa. Y ahora ni son Francia, ni hay ligazón tipo Commewealh ni nada entre esas comunidades. En el Estado español, se desmienbra el Sahara español y Marruecos queda con todo ello, sin más, en 1975. Y dentro de la península está el problema vasco, largo de casi dos centurias, que se enfoca siempre desde el punto de vista jacobino y en el que sólo se ven soluciones traumáticas poco civilizadas como la ‘ solución final’ sugerida por Díaz Herrera..

En la Euskadi actual no hay un único ‘conflicto’. El MLNV con sus corifeos ‘ex etarras’, hablan ‘del conflicto’, en singular, cuando en realidad hay dos conflictos diferentes superpuestos: Uno es la que deriva de 1839 cuando se incluye a los vascos en el mundo jacobino de la Constitución de 1837; el otro es el que deriva de la voluntad revolucionaria marxista-maoista del ETA y del MLNV. Son dos conflictos distintos y la tentación del atajo está cerca: ¿porqué no matar dos pájaros de un tiro? Solo que el tiro elegido hasta ahora es el del ‘separatismo’ y se opta por la política del mono: ‘leña al mono hasta que se integre en la constitución’. ¿En qué constitución? En la de la lectura de Armada-Tejero, no hay otra. Resultado: los dos conflictos persisten. Lo lógico sería cambiar de camino, cambiar de punto de vista, enfocar los problemas desde otro lado para mejorar la situación y la población vea mejorada su situación general. Y este cambio, aunque dificil pues hay intereses que se oponen -ETA y los jacobinos a ultranza se unirían en esto- es posible siempre que hubiera una relación de fuerza favorable a ello.

El cambio que se precisa no es unilateral, no son el Estado ni los partidos españoles los únicos que debieran reflexionar. Al PNV también le corresponde su parte, porque también está imbuido, de jacobinismo y tiene problemas que ni los ha resuelto, ni están en vías de ello. Olvidándose de la rica variedad institucional vasca, de carácter consuetudinario y popular, no exento de unidad sociológica y cultural, se ha preferido un parlamento vasco de esquema jacobino, de brillante unidad formal, mezclada con aditamento que, dicen sus partidarios, es confederal -cada territorio cuenta con 25 diputados cada uno-, y por eso el diputado alavés se cotiza con menos votos que el bizkaino. Una mezcla que hace que la representatividad sea la que es. Y dejan otros 25 sitios vacantes para cuando Navarra decida integrarse, eso sí, "democráticamente" en el Parlamento de Vitoria. De ello deriva que ‘Nafarroa Euskadi da’ sea un típico eslogan jacobino. Y ello tiene unos resultados concretos: el PNV no pasa en Navarra de ser un partido pequeñito cuasi-marginal en el conjunto de la sociedad y potencialmente a merced del MLNV versión Aralar. Y es que el jacobinismo es el mismo, tanto si se trata de desterrar la ikurriña de Euskadi, como de extenderla a Navarra -que tiene sus propios símbolos- con la excusa ‘Nafarroa Euskadi da’. El PNV lleva en esto todas las de perder, porque una ortodoxia nacionalista mal entendida -jacobina-, nunca conseguirá que los navarros renieguen de sus símbolos ni de instituciones que son suyas, que, por otra parte, siempre las han tenido, para integrarse en otra de reciente constitución. Enfocada de esta manera, ‘la integración’ es una causa perdida, porque la vía elegida es incorrecta. El PNV es, en Navarra, un partido pequeño que seguirá siendo más pequeño en el futuro sino cambia de enfoque.

De ahí que se haya propuesto al PNV desde hace, nada menos que cinco o seis décadas (veánse los escritos ideológicos de Antón de Irala depositados en el Archivo del Partido Nacionalista y en otros posteriores de la colección Bultzagileak) el alejamiento de la tentación de asirse a fórmulas absolutistas como soberanía, independencia, etc, porque son fórmulas confusas -como luego veremos- y orientadas a la imponer las cosas por la fuerza. Conviene alejarse de ellas porque son formulaciones poco civilizadas.

Algunos dogmáticos del nacionalismo hacen fetichismo del término ‘nacionalista’. Antaño, con el sistema foral el pueblo gozó de libertades. Después se eliminaron esas libertades y se nos introdujo en la jacobina Constitución de 1837. Los dogmático-jacobinos no se dan cuenta que en tiempos de Sabino y años posteriores el principio de las nacionalidades estaba muy en boga. De ahí el término elegido para nombrar el partido recién fundado en 1895. Pero los tiempos cambian. En tiempos de la República se optó la vía estatutaria, pensando que era lo adecuado a los tiempos, y en verdad, aunque dificil fue su obtención, tuvo cuerda y dio ilusiones al país, tanta que cuarenta años más tarde se insistió en lo mismo. Y como telón de fondo la reintegración foral plena. Hoy, en algunos patriotas, bulle más el llamado derecho de autodeterminación, les parece mas actual, aunque no se si es el de Lenin o el de Woodrow Wilson. Hay quienes reclaman la independencia. Pero en todos ellos late algo que es común: el pueblo vasco quiere la libertad, perdida en 1839. Las formulaciones concretas, son diferentes, según épocas, pero en todas, late el mismo deseo de libertad. Hacer doctrina desde el mero término y polemizar artificialmente sobre las formulaciones es estéril y aleja, a quien lo hace, del pueblo. En todo este trayecto de lucha, hemos dejado pelos en la gatera, y el jacobinismo ha cogido fuerza entre nosotros, y crea más problemas que soluciones: Navarra; los territorios de Iparralde; en los inicios hubo profundas diferencias entre el papel de las Diputaciones y el Gobierno vasco por el choque entre las tradiciones forales y la mentalidad centralista inherente al jacobinismo, la LTH, etc.

Hemos hablado de anhelos de libertad. ¿Qué significa para los vascos la libertad? Somos partidarios de considerar la libertad del pueblo vasco como un rechazo de las dependencias impuestas y una aceptación de las dependencias voluntarias, fieles al lema foral "se obedece pero no se cumple": se obedecerá en todo aquello que sea aceptado (solidaridad) y no se cumplirá aquello que se nos imponga (mantener la condición de estar libre). Es una combinación permanente e inseparable de lucha y solidaridad. Se lucha contra la imposición pero se tiene como objetivo la solidaridad. Los dos términos son importantes y según las circunstancias una dominará sobre la otra pero en cada fase y circunstancia se necesitan de las dos a la vez. La libertad se concibe para solidarizarse, pues sin ella, la solidaridad no existe. En euskera llamamos a esto ‘burujabetza’, que es la libertad que tienen las personas adultas sanas, a diferencia de niños, presos y disminuidos varios, que no son ‘bere buruaren jabe’. Y este principio es civilizado porque se rechazan imposiciones apriorísticas: supone libertad para acordar y solidaridad mutua en su cumplimiento. Acordar sin libertad (imponer acuerdos), no son acuerdos; y los acuerdos que no se cumplen tampoco lo son. Términos como, independencia, soberanía, etc, no son equivalentes ni sustituyen en modo alguno al término’burujabetza’ pues pertenecen al mundo del absolutismo político y del imperialismo.

No en vano, todas las actividades de la vida están interrelacionadas, no hay nada que no dependa de algo. La ley de la dependencia es una ley general de la naturaleza. La no dependencia (independencia) va contra esta ley general, es contrario a ’burujabetza’ que, utiliza la libertad para crear solidaridad. Además, hoy día es un término confuso. En efecto, desde el punto de vista jacobino, independencia significa ‘no depender de’ y tiene una visualización formal separadora -creación de frontera-. Desde otro punto de vista, el marxista, que divide la sociedad en dos clases, la trabajadora y la burguesa, independencia significa que la clase trabajadora no debe depender, de ninguna manera, de la clase burguesa. Dicho de otra forma, si en la sociedad capitalista la clase burguesa domina sobre la trabajadora, los marxistas buscan su independencia, es decir, crear la sociedad socialista donde -dicen- la clase trabajadora dominará a la burguesa. Para quien así concibe, independencia es sinónimo de revolución. Nada que ver con creación de fronteras. Para los que sólo dominan el punto de vista jacobino todo independentista es separatista, y al no saber distinguir los problemas, los marxistas se aprovechan de esta deficiencia y hacen la revolución con la discreción ideológica que les proporciona la bandera de la ‘independencia’ , aunque con el mayor ruido posible en la sociedad. En Euskadi ya se conocen los efectos que ello produce: lo confuso del término independencia se convierte en ‘clarísimo’ tanto para jacobinos como, sobre todo, para los jóvenes que son las primeras víctimas.

Así como es conveniente hablar más de un idioma en el mundo de hoy, es asímismo conveniente, dominar al menos dos puntos de vista para evitar la unilateralidad, que es la más perjudicial de las visiones: con un sólo ojo no se aprecian fondos, distancias, matices necesarios para tomar decisiones correctas. Es necesario el paralaje mental. El lenguaje formal ultrasabiniano que ETA utiliza desde 1995, (enterrando, de momento, el anterior ‘pueblo trabajador vasco’) y que tanto gusta a cierto sector del PNV, está concebido para incordiar y encelar tanto a sus dirigentes, como a los políticos de Madrid. Con conocimiento de los dos puntos de vista señalados, quizás, no se habrían deslumbrado quienes firmaron los documentos de 1998, ni cegados quienes, por motivos contrarios, empujaron a ello, por aquello del choque de trenes.

Respecto de la soberanía hay que decir poco de ella, es un término antiguo, justificativo del absolutismo, de la imposición y del imperialismo. Por eso es útil al jacobinismo. Nadie acepta, sin embargo, en nuestros días una invasión ni una dominación, por bien intencionada que ella sea. Dominaciones que los vascos siempre hemos rechazado por ley (institución del Arbol Malato)

El llamado pacto con la Corona de los territorios vascos, se daba en épocas anteriores a la época jacobina. Y duró siglos, con buenos resultados por ambas partes. Cuando la Corona ganaba, los vascos ganábamos y cuando perdía, también perdíamos y mucho en ambos casos. El problema comenzó, cuando con las ideas jacobinas, se construyó otro Estado diferente que no concebía otra solidaridad que la formal, y ninguna ley más que la nacida de la Asamblea que se arroga soberanía. Se eliminaba la libertad de pactar -de la que siempre quedaba a salvo la potestad legislativa de los vascos sobre su sociedad, aunque también se aceptaban leyes reales si no hubiera usos propios- y el acuerdo ya no era posible, porque una de las partes se había arrogado la libertad del otro. Se nos cercenó nuestra burujabetza al quitar la condición de estar libres, y sin esta condición, es imposible acordar nada; y desde entonces, 1839, sólo se abre la vía del rechazo a lo impuesto. Y esto no es ni independentismo ni separatismo. Añorar fidelidades pasadas desde posiciones jacobinas es incongruente. Nunca volverán esas solidaridades si la regulación de la sociedad vasca no se saca del ámbito jacobino por aquellos que la introdujeron y, en concreto, del Parlamento donde aquellos la introdujeron. La solidaridad debe regularse desde la libertad. En eso consiste la responsabilidad.

Cara al futuro, aun siendo importante lograr la paz, y dialogar multilateralmente, considero social y políticamente mucho más relevante, el organizar en Euskadi y en otros sitios, proyectos sociales de relevancia, sistemas productivos alternativos mas democráticos y participativos, involucrar a gente en concebir proyectos de beneficios sociales y culturales, elevar el nivel de coherencia social con participación de todo el abanico político -sin exclusiones- con proyectos que afecten a toda la sociedad vasca y se expanda, si es bueno, por otras zonas. Los que hoy, optan por la violencia, o por la represión pura y dura, es posible que vean que el cambio social pueda venir por la transformación de la empresa. La experiencia que sobre ello hay, indica que la violencia es innecesaria. Transformación en la que la izquierda, toda la izquierda junta, no ha hecho ningún esfuerzo todavía. Porque los próximos años puede que sean épocas de deslocalizaciones de empresas y años de crisis. Crisis que, en realidad viendo con aspecto positivo, son oportunidades de futuro, de cambio a mejor.

Para terminar, decir que, el libro que se ha analizado no encierra valor positivo alguno. Corrijo, algunos documentos y situaciones que narra de la transición, parecen correctos. El autor está interesado en reverdecer viejos odios, que no están olvidados. Además quiere reverdecerlos mediante el sistema del igualitarismo: equiparar maldades e igualar el número de víctimas, como si eso convirtiera a los dos bandos en algo venerable. Inversión de valores. Sobre valores democráticos, positivos, de futuro, ninguno. Se ancla firmemente en redistribuir odios pasados y, al parecer, goza con ello. Recurre frecuentemente al chismorreo, al infundio y a la calumnia. En fin, un libro de intenciones malévolas de autor deshonesto. No recomendable.

J.Berroeta