Artxibo rtf
(39 - 2006ko Abuztua)

"Cambio de Destino" o cambiar para evitar cambiar

Jon Juaristi firma la autoria del libro "Cambio de destino", concebida como un libro de memorias. Y en ella, además de temas literarios y poéticos, trata de sus amigos (muchos de ellos ex etarras) y de su trayectoria política.

Digamos que hay dos modalidades de ex etarras: uno, aquellos que sentimental o afectivamente así como ideológicamente han roto con ETA –o más propiamente con el MLNV-. Dos, aquellos que tomando como cohartada el rechazo de la violencia ( que, que muchos casos puede ser una reacción sincera) están ubicados fuera del ámbito del MLNV pero trabajando a favor de sus intereses.

El mismo Juaristi nos cuenta de numerosas personas, todas ellas ex etarras, que están situadas en otros partidos, en el PNV, en el PSOE, en EA, en IU, y él mismo se sitúa en el ámbito de PP aunque sin afiliarse, según él, por dejadez (p. 388)

El problema es determinar a cuál de los dos grupos o modalidades de ex etarra pertenece Jon Juaristi. Se irá viendo a lo largo de este trabajo.

Es conveniente recordar aquí un par de rasgos de su propia personalidad: "porque da la casualidad -dice- de que soy, en efecto, bastante soberbio y además rencoroso" (p.184). Sobre la soberbia opina que "se cura admirando a mejores gentes que nosotros" (p.185). Sobre el rencor, mutis. No dice nada. Pero el libro habla por sí mismo.

Llama la atención que el libro trata con gran corrección todo lo que al euskera se refiere y con traducciones mejor que bien de un idioma que estudió por su cuenta. Pero sistemáticamente deja trufado por todo el libro "eusquera","euscaldun" y "versolari". He consultado opinión a personas de muy distintas edades para saber a qué obedece esta salida de pata de banco. Las opiniones, curiosamente coincidían: es una provocación.

Y añado, provocar qué. Pues provocar bajas pasiones en determinado sector social. La tendencia a excitar las bajas pasiones puede estar relacionado con otra idea que el mismo Juaristi, entrando en la treintena, escribe en la p.172: " El poema al que San Sebastián se refiere, escrito a finales de los setenta, es una breve elegía que desemboca en lo que es el motivo recurrente de mi poesía de esa época: la transmisión del deber de la venganza, el resentimiento hereditario de la subcultura nacionalista".

Algún exquisito culterano puede interpretarlo como una licencia poética. Pero las licencias poéticas deben servir para embellecer el poema no como instrumento para falsear la realidad o alimentar rencores. Mientras un estudio sociológico no aclare este punto, mi experiencia personal de conocer a muchas familias nacionalistas tradicionales, que sufrieron la guerra civil y posterior represión franquista, de distintos pueblos de Bizkaya y Gipuzkoa, en ninguno he atisbado la "cultura de la venganza como deber". Y desde luego, Juaristi no lo ha aprendido de su familia. Ese "deber de venganza" no es hereditario de una cultura ambiental que haya vivido el autor , sino más bien parece un particularismo derivado de su propia personalidad de tendencia rencorosa, sobre todo hacia el nacionalismo jelkide, abertzale.

En realidad, tanto el despertar las bajas pasiones de ciertos sectores sociales como alimentar la "cultura de deber de la venganza" deben ser elementos instrumentales necesarios de lo que el título de uno de los capítulos del libro dice: Jugando a la lucha de clases. Si es que todavía puede Juaristi llamar con sus 54 años bien cumplidos, "jugar", a enterrar millones de muertos que tal causa ha producido en todo el mundo, Euskadi incluida, y absorber el sacrificio de otros muchos millones de trabajadores -generaciones- que se decían liberados de la explotación capitalista. Ahora, los que promovían esa la lucha de clases, impulsan el neoliberalismo desde la Europa Oriental y Rusia hasta China y Vietnam, pasando por el Asia Central, en sus versiones estatal y privadas para seguir absorbiendo el sacrificio de más generaciones de trabajadores, quizás, con el oscuro deseo de recomenzar su frustrada misión de transformación social desde otra posición de combate, convirtiendo lo pasado en un mero ensayo respecto del futuro.

Jon Juaristi, tenía desde joven, según cuenta él, fácil acceso a la bibilioteca de su abuelo, nada común para su época, y se familiarizó, con autores como Pío Baroja, Chaho, Axular, Resurreccción Maria de Azkue, etc. Con trece años se empeñó en aprender el euskera-. Cogió gusto por el poeta Aresti. Hacia los 16años, su primo José Ignacio le pasó el libro Vasconia. Análisis dialéctico de una nacionalidad de F.Sarrail de Ihartza, seudónimo de Krutwig. También le gustó, porque de algún modo representada la antítesis del Quosque tandem? de Oteiza. En un joven como Juaristi, que tenía conocimientos escolares para fabricar cohetes, -que salieron mal-, y fabricar explosivos con detergentes y otros productos aparentemente inicuos, le atrajo al capítulo De re bellica del libro Vasconia que le recordaba la resistencia argelina (p.123). Pero lo se puede entender de un joven de 16 años, no lo es a los 54 años que es cuanto escribe en estas memorias esto: "Donde la vena violenta y enloquecida de Krutwig saltaba más a la vista era en la sección de Vasconia dedicada a la guerra popular. Preveía allí que en un futuro, los terroristas […] tandrían que volar casas-cuartel de la Guardia Civil con todo los moradores dentro, mujeres y niños incluídos." (ps. 122-123). Y a continuación se explaya en rasgarse sus vestiduras al tomarlo ‘como un exceso retórico sin relación alguna con la realidad’. Jon Juaristi sabe de sobra, a estas alturas, que lo de la guerra popular no es original de la vena violenta y enloquecida de Krutwig, que no había ni hay exceso retórico en ello y que está relacionada con alguna realidad ciertamente. Krutwig se limitó a llevar a las páginas de Vasconia lo que no sólo era teoría, sino muchos años de práctica revolucionaria maoísta de guerra popular. La aplicación que hace a la realidad vasca, no hace sino acercar al país, una nueva manera de entender y hacer la guerra revolucionaria –marxista- y su ética correspondiente.

En cierto modo Krutwig era un adelantado en su época. Sólo le interesaba preparar la mecha maoísta en el País. Alguno, sin duda, lo encendería.

Más o menos por la misma época (1967), la policía hizo una redada de militantes de ETA en Bilbao, en la que cayó su primo Alex Aguirrezabal, jesuita de la familia, que había estado en Venezuela y que había tenido alguna familiaridad con las guerrillas venezolanas de Douglas Bravo en algunos ranchitos caraqueños. El juez le recluyó, como jesuíta que era, en la residencia de la calle Ayala de Bilbao. Y de aquí le llamó a su primo Jon, que quería hablar con él. Le fue desgranando su toma de conciencia y compromiso político. Me imagino la escena: un chico culto de 16 años, ante un primo mayor que él en unos doce años, con sotana abotonada, más experiencia de la vida y con gran sombra sobre los jóvenes. "Pero estás hablando de castristas, de comunistas –le dije- ┐Qué tiene que ver eso con el nacionalismo?" "Qué despistado te veo – replicó. Y sentenció a continuación-: En Euskadi, no puede haber liberación nacional sin revolución social y, en España, la revolución fracasará si no se produce la liberación nacional de Euskadi. Bueno, y de Cataluña( añadió esto último con desgana). Aquello ya me sonaba más a lo que había leído en Vasconia. Prefería que se me explicasen las cosas así con claridad y sin zortzicos". (ps.132-133). El primo jesuíta se limitó a citar la literatura política de ETA. No parece que le diera ninguna explicación complementaria, pues ‘tan claro y sin zortzicos’ le explicó….. En realidad, la sentencia a su pregunta actuó sobre el joven Jon como un conjuro: por un lado, "vio" que castristas y comunistas son nacionalistas, por otro, le oculta el profundo españolismo que encierra la segunda frase (la utilización de lo vasco al servicio revolucionario español).

Si a los 16 años no requería ninguna explicación más para entender, a los 54 años Jon Juristi debería haber dado alguna aclaración pertinente al tema de ‘marxismo y nacionalismo’ en sus memorias, en parte, porque tiene más conocimientos de marxismo que a los dieciseis y lo conoce por dentro - no en vano fue a la mili con una colección de libros sobre la teoría marxista del conocimiento (p.255)- y en parte, porque no todos los lectores interesados están tan dotados como él.

Como si estuviera todavía bajo la influencia del conjuro de su primo Alex, escribe en la p.123 "En la línea del nacionalismo revolucionario maoísta…". Ya no tiene 16 años sino 54 tacos y debe aclarar en que consiste el nacionalismo del maoísmo. No lo digo a humo de pajas. Escribe Jon Juaristi en las páginas 100-101: "Tan loable programa, sin embargo, no era algo que estuviera al alcance del nacionalismo tradicional ( o sea del PNV). Hacía falta una organización nacionalista de nuevo cuño. Una organización capaz de frenar los excesos de los tecnócratas, obligando al régimen a endurecerse, a enquistarse, a retroceder hasta la fase puramente militarista."

Juaristi hace diferencia de dos nacionalisnos: nacionalismo tradicional (PNV) y -parodiando a Lenin- nacionalismo de nuevo cuño. Pero su problema es que no explica en qué consiste el ‘nuevo cuño’ que los diferenciaría. En ambos casos, sin embargo, la explicación es la misma y sencilla de entender.

En efecto, el nacionalismo del maoísmo es fruto de su propia evolución: con las directrices que emanaban del Komitern, la revolución china empezó mal, cosechando derrotas a manos de su partido contrincante, el Kuomintag. Mao aprovechó sus condiciones de la Larga Marcha para zafarse de dicha dirección -que sólo contaban con la experiencia soviética- y desarrolló una nueva estrategia, dividida en etapas, partes, programas, alianzas, con base en el marxismo y en las aportaciones que consideraba positivos de Lenin, referencia indiscutible de cualquier proceso revolucionario. Con ellas Mao triunfó, lo que aportó a la causa marxista mundial nuevos principios teóricos y operativos que no cayeron en saco roto.

En realidad el ‘nacionalismo maoísta┤no consiste sino en aplicar los principios universales del marxismo-leninismo a las condiciones concretas de China y de sus características propias. Nada que ver con el nacionalismo de Chiang-kai shek, su contrincante en el poder. Y todo que ver con el marxismo.

Del mismo modo, el ┤nacionalismo de nuevo cuño’ vasco, el del MLNV -el del autodenominado "izquierda abertzale"- , no es sino la aplicación y su concreción a las circunstancias vascas de los mismo principios universales del marxismo-leninismo. Su "abertzalismo" nada que ver, por tanto, con el nacionalismo tradicional de los bizkaitarras, euskalerriakos y jelkides del PNV. Y sí, en cambio, todo que ver con el marxismo.

En sus memorias, habla del fenómeno marxista vasco como si fuera ‘fenómeno nacionalista’ como si fuera "el nacionalismo meapilas que marcó mi infancia" (p.222).

En la época de su poética "del deber de la venganza" dice que siente "un rechazo abierto de las mentiras nacionalistas, a las que sigo responsabilizando de la gran catástrofe moral que convirtió al País Vasco en una sociedad indecente.- y aclara por aquello de los traumas infantiles –"Nadie me torturó en Gaztelueta." (p.173). Pregunto: a qué nacionalistas se referirá? Siguiendo la línea de su "deber de venganza", no hay duda que se refiere al ‘nacionalismo meapilas’ de su infancia, evitando, eso sí, cargar sobre las espaldas del ‘nacionalismo de nuevo cuño’ esa catástrofe moral.

Su participación consciente en el confusionismo terminológico e intelectual es más que patente: insiste demasiado ‘lo nacionalista vasco┤ y oculta la naturaleza marxista del proyecto del ETA, mejor dicho, del MLNV. Quizás cuando las juventudes de Egi-Batasuna del PNV, se pasaron a ETA V ,en 1972, -en época que junto a Juan Aguriaguerra estaban a la cabeza Arzalluz, Retolaza y otros dirigentes-, ‘lo nacionalista’ que ambiguamente utiliza Jon Juaristi, pudo con ‘lo marxista’ que oculta. Nunca se han dado explicaciones al respecto, salvo alguna humorada. Tomando los puntos tratados en aislamiento, parece que son sucesos deslabazados de épocas diferentes. Tomadas en su conjunto indican una clara tendencia en Juaristi de que su obediencia política actual tiende hacia al MLNV. Parece una incongruencia con su estatus actual, pero tenemos ex etarras parecidos en todos los partidos políticos.

Entre las acusaciones fundamentadas más graves que se le puedan hacer a Jon Juaristi, aparte del citado confusionismo terminológico e intelectual intelectual que ha creado, es que su ‘carácter soberbio, rencoroso y vengativo’ le ha llevado a donde nadie debería de llegar: al pozo degeneración moral más retorcida: en efecto, -dice- " siente un rechazo abierto de las mentiras nacionalistas, a las que sigo responsabilizando de la gran catástrofe moral que convirtió al País Vasco en una sociedad indecente". Pero en lo que a ‘las mentiras macionalistas’ se refiere, hay afortunadamente testimonios que contradicen la tesis de Jon Juaristi, y refuerzan las fuertes convicciones morales de la generación vasca nacionalista de la guerra civil:

- El testimonio de Kepa Aulestia, otro ex miembro de ETA, ingresado en la organización a los 17 años, apresado el año 1975 y amnistiado en 1977, viene a matizar todavía de modo más preciso esta cuestión, en su libro "Días de viento sur":

"Lo que nuestros mayores nos dijeron fue que la guerra es un horror que no trae nada bueno, que genera odio y miseria. En silencio, guardaron su rencor. Hubieran deseado otro final para el 36, pero no querían dejar el odio como herencia para sus hijos. Muchos habían perdido familiares y amigos; muchos más lo habían pasado realmente mal inmediatamente después de la victoria franquista. Pero el mensaje que, entrecortadamente, trataban de depositar en el secreto del hogar familiar podría ser de rabia impotente, pero no de revancha y odio."

 - Isa González Katarain, que fue también militante de ETA, escribe a su hermana Yoyes: "El atxona [abuelo], con su mal castellano, también nos hablaba de la guerra, de los carlistas, de los nacionalistas, de los que robaban, de los muertos, de las batallas entre la casa y el río... No entendimos, hasta muchos años después, por qué estaba en contra de la guerra." Esta era la actitud real de la inmensa mayoría de quienes participaron o sufrieron las consecuencias de una Guerra Civil que en Euskadi sólo duro siete meses, que fueron suficientes para desear borrarla del recuerdo. No es la sublimación del gudari lo que heredamos como recuerdo de aquella guerra. No es lo que heredó Yoyes. La sublimación del gudari es una recreación producida en nuestra propia generación, y a partir de ahí revivida como revancha por algunas personas de la anterior".

Lo extraordinario de este caso, del caso de la transmisión de la tradición nacionalista en Euskadi en las décadas de los 50 y los 60, es que se da el proceso inverso al que se aferra Jon Juaristi. Dice Aulestia: "Si, fuimos nosotros quienes les engañamos, les convencimos de que los gudaris de hoy eran la reencarnación de los gudaris de ayer".

Es la "nueva generación" la que se encarga de "engañar" a sus mayores y convencerles de la persistencia de un hilo de continuidad entre la lucha de ETA y la de los gudaris del 36.

El mismo autor detalla la función de ese engaño: "Fue la generación que no conoció la guerra la que engañó a sus mayores. El reproche a su pasividad pretendía enmudecerlos lo suficiente como para que se dejaran convencer de que eran los hijos los llamados a lograr la restitución de aquello de lo que los padres habían sido despojados en la derrota".

Me han dicho que Jon Juaristi, miente como un bellaco. No lo sé, porque no le conozco. Pero tampoco voy a ir por ese hilo. Pero sí quiero destacar que he observado que escribe bastantes veces lo contrario de lo que en realidad tiene en la cabeza. Hemos visto ya algunos ejemplos y voy a dar otros. " Yo no sabía aún que, según los historiadores de la derecha, no fue otro el modelo de los partidos comunistas: direcciones leninistas de intelectuales burgueses tirando de las honradas masas proletarias" Y añade: " pero intuía que no era un modelo que repugnara a la Compañía de Jesús." (p.139). Entonces no lo sabría, pero ahora sabe de sobra que el espécimen de ‘direcciones leninistas de intelectuales burgueses’ ni ha existido ni existirá nunca. Engels era un industrial burgués, que vivía de ello, pero su dirección era marxista, nunca fue intelectual burgués. Su obra y hechos lo atestiguan. El mismo caso que el de Fidel Castro o Lenin y tantos otros líderes revolucionarios. No sé a que historiador de derechas le atribuye tal fabulación. No me extrañaría que fuera un invento del mismo Juaristi bajo la consideración de alguna licencia literaria. En cuanto a ‘que no era modelo que repugnara a la Compañía de Jesús’ me imagino que se referirá al sector de los jóvenes jesuítas de sotana que en realidad disfrazaban a esforzados marxistas, y luego hicieron dejación de su condición sacerdotal. No sé si de su condición marxista, no pondría la mano en el fuego.

En la (p.205) escribe, refiriéndose a Krutwig: "…a Koldo San Sebastián se le olvidó que el principal teórico de la primera ETA salió de las filas de la oligarquía vasca". Ya. Neguritarra, que enseñó el marxismo más moderno de la época, el maoísmo, a los jóvenes de la primera ETA. Un caso análogo al de Engels. Como se sabe, no por nacimiento se determina únicamente la naturaleza de personas y cosas.

La carta publicada en Zutik de tres etarras históricos Mario Onaindía, Teo Uriarte y José Luis Zalbide, encerrados en Cáceres, que apoyaban abiertamente a ETA V, hizo mucho daño a quienes se consideraban herederos legítimos de la primera ETA (p.224), los de ETAVI. Su militancia disminuyó. En alguna de las reuniones de distrito es posible que se antepusiera en el orden del día a la misión histórica liberadora del movimiento alguna propuesta de Jon Juaristi como "exponer sus dudas acerca de ciertas tesis de Krutwig sobre la influencia del amor cortés de los trovadores en la lírica popular vasca" (p.124) Juaristi tiene estas cosas. La parroquia se dividió en opiniones varias y discusiones bizantinas que alteraron al vecindario. Y con transfondo policial los pocos que eran se desbandaron. Mala suerte, el de Jon Juaristi.

J. Berroeta