Las comunidades de los territorios forales de la
Vasconia peninsular, con Navarra a la cabeza, a lo largo de la historia
moderna de la que tenemos noticia, se resistieron a que ningún
Rey o sus Cortes del Reino al que se hallaren vinculadas o unidas, decidiesen
unilateralmente sobre sus usos, costumbres o leyes. La disposición
adicional del Estatuto de Gernika (1979) y la interpretación netamente
pactista del Amejoramiento del Fuero (1980) revelan la actualidad del
rechazo a decisiones unilaterales por parte del Parlamento y Gobierno
españoles en cuestiones que afectan a la CAV o a Navarra.
Precisamente la conciencia del incumplimiento del espíritu
y de la letra del contenido pactado en el Estatuto de Gernika de 1979
ha provocado en quienes hace 25 años fueron sus promotores y defensores
más exigentes (con inclusión de aquella disposición
adicional) con el refrendo de los ciudadanos de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa,
la necesidad de hallar nuevas fórmulas que garanticen el respeto
a la voluntad de la sociedad vasca en las decisiones políticas
que le incumben.
El debate sobre el incumplimiento del Estatuto y la necesidad
de actualizar un nuevo pacto discurre, además, mezclado con la
discusión sobre el modo de hacer frente a la violencia ilegítima
de ETA:
- según unos, mientras exista ETA no puede plantearse ni el cumplimiento
cabal del Estatuto y mucho menos su desarrollo en el sentido de tener
más en cuenta la voluntad de la sociedad vasca en las políticas
que le afectan, porque podrían interpretarse como una concesión
a la acción de la misma ETA, que pretende legitimar sus acciones
de terror como derecho de resistencia contra los poderes que le impiden
al Pueblo Vasco ser y decidir libremente;
- según otros, mientras no se cumpla íntegramente el Estatuto
y no se respete la voluntad presente y futura de los vascos, ETA seguirá
alimentando la cantera de nuevos jóvenes que se opongan al sistema
vigente de los estados y estén dispuestos a combatirlo con todas
las formas de lucha, incluida la armada.
Mientras haya ETA no se hallan todos los vascos en condiciones
de decidir libremente. Mientras los vascos no decidan libremente sobre
su futuro no podrán combatir eficientemente a ETA. Ambos asertos
contradictorios se complementan, en el momento actual del debate sobre
la libre decisión de los vascos.
En este contexto, en el tránsito del año
2004 al 2005, están planteadas varias iniciativas políticas,
cuyo debate va a condicionar el futuro institucional de los ciudadanos
vascos. Entre ellas la más elaborada es la Propuesta del Gobierno
Vasco para la Convivencia en Euskadi, discutida en la Comisión
del Parlamento Vasco y lista para ser votada en su pleno del 30-12-2004.
Pero como alternativas con vocación de sustituirla deben citarse
la presentada por la Izquierda Abertzale en Anoeta el 14-11-2004 y la
formulada por el PSE-EE como Bases para la actualización y reforma
del Estatuto de Autonomía en diciembre de 2004. Tampoco deben
olvidarse las iniciativas del PP para consolidar el frente constitucionalista
en términos de mononacionalidad española, o el empeño
de UPN para impedir la profundización de la colaboración
y unión entre Navarra y la CAV.
En el debate sobre todas estas iniciativas late una pregunta
básica: ¿Quién o quiénes son competentes para
decidir qué sobre qué asuntos o cuestiones- y de qué
manera en relación a los vascos?
En dicho debate hay mil cuestiones que se solapan entre
sí. Y entre ellas hay cuestiones netamente éticas que, a
mi juicio, están en la base de algunos de los desencuentros más
profundos.
El desarrollo y desenlace de la Propuesta de Nuevo Estatuto
para la Convivencia promovida por el Gobierno Vasco bajo el liderazgo
del Lehendakari Ibarretxe está condicionado en su misma raíz
por la inexistencia de unos principios éticos compartidos entre
quienes expresan las diferentes opciones o líneas políticas
principales en Vasconia.
Para comprender la trascendencia de los presupuestos
éticos en la política deben tenerse en cuenta puntos como
éstos:
- Los principios y criterios que guían el modo de actualizarse
personalmente en la historia conforman la identidad ética de
los sujetos.
- Las instituciones políticas (conformadoras de las condiciones
públicas de relación social entre personas y pueblos)
son, a la vez, efecto y causa de las identidades éticas de
sus actores.
- La ética política tiene como su contenido principal
el modo en que las personas son sujetos responsables al enfrentarse
al reto de su realidad histórica concreta, lo que incluye el
modo de ejercer la libertad de decidir y el modo de asumir los deberes
que se derivan de las decisiones asumidas.
Por ello resulta importante la recuperación de
un suelo ético común entre sujetos afectados por las decisiones
mutuas. Y en tal sentido son retos urgentes de la sociedad vasca:
- Reconocer como sujetos de decisión a todas las personas
- No negar a unas personas el derecho constituyente que se les reconoce
a otras (por ejemplo para garantizar institucionalmente su identidad
lingüística o libertad de pensamiento y de creencias o
su autopertenencia [uni- o pluri] nacional o su religión) al
organizar la convivencia social.
- No subordinar las condiciones públicas de desarrollo de las
identidades personales a una única dimensión (nacional,
estatal, religiosa, ...) y menos aún a una única de
las formas posibles de vivir cualesquiera de dichas dimensiones (p.e.
identidad nacional vasca, española, francesa, ...).
- Incluir en el reconocimiento de los derechos el deber de solidaridad
activa para hacerlos efectivos en la convivencia comunitaria (superando
la tentación "democrática" de ignorar a las
minorías en cualesquiera de los ámbitos decisorios de
los que se trate).
Pero no basta la declaración de principios abstractos en un papel
"ajeno" o "neutro" que no vincula realmente, sino
que es preciso acertar en la formulación ética de los principios
y de las propuestas en torno a los cuales debe girar la reflexión
deliberativa y el proceso decisorio, de modo que la formulación
de cada iniciativa y propuesta política (así como el argumentario
de su defensa) debe preservar el suelo común ético.
Ello es posible si se comparten valores y principios
éticos desde los cuales se juzga sobre la legitimidad ética
de las ideas e instituciones propuestas en razón de su funcionalidad
para hacer efectivos de una manera concreta aquellos valores y principios.
Con el ánimo de contribuir a la crítica
ética del actual momento deliberativo, me atrevo a formular las
siguientes observaciones:
- Crítica ética a los pronunciamientos del frente constitucionalista
- Justificar el incumplimiento de pactos suscritos y democráticamente
refrendados en lo que hagan o dejen de hacer quienes declararon
la guerra a dichos pactos, es abandonar la suerte de la convivencia
a la voluntad de saboteadores sociales o militares.
- No debe condicionarse el debate sobre el ordenamiento vigente
y sobre los posibles cambios del mismo (en cualesquiera de los sentidos)
a lo que haga o deje de hacer una persona o un grupo que se opone
al ejercicio de la libertad de todas las personas para participar
en dicho debate
- Tanto los que quieren mantener como quienes quieren cambiar las
condiciones públicas que afectan a las relaciones sociales
de los vascos tienen el mismo derecho de iniciativa en el debate
sobre los sujetos, contenidos y métodos de decisión
que afectan a los vascos.
- Cualesquiera de las decisiones que afecta a la convivencia de
los vascos, institucionalizada contra la voluntad libremente expresada
por éstos en sus ámbitos actuales de decisión,
conllevará un déficit de integración democrática.
- Crítica ética a los pronunciamientos del MLNV
- La sociedad vasca ha tenido en el conjunto de los últimos
25 años la posibilidad de optar entre las diferentes propuestas
políticas que se han ido definiendo desde partidos y grupos
distintos hasta el antagonismo, por lo que la oposición revolucionaria
armada contra los resultados institucionales derivados de aquellas
opciones no tiene ninguna justificación ética o democrática.
- No puede éticamente apelar a la voluntad popular futura,
quien no respeta la voluntad popular presente.
- A la sociedad, en sus diferentes ámbitos, corresponde,
no sólo responder a la preguntas, sino definir el contenido
de éstas.
- Quien pospone el respeto a los resultados electorales a que su
contenido coincida con la propia voluntad particular es totalitario
(al modo en que lo fueron Hitler, Stalin o Franco).
- Crítica ética a los pronunciamientos del nacionalismo
histórico
- Los vascos no seremos lo que decidamos sólo los vascos,
aunque los vascos tenemos el deber de oponernos a las decisiones
que anulan nuestra condición de sujetos en procesos decisorios
que afectan a nuestro desarrollo personal y comunitario.
- Nadie llega a ser lo que desea o quiere ser en su totalidad, por
lo que abundar en el discurso de que un nuevo pacto nos va a permitir
a los vascos ser lo que queramos resulta engañoso y puede,
por ende, ser fuente de frustraciones graves.
- Hay cuestiones en las que debemos llegar a acuerdos con los que,
no siendo vascos, pertenecen al universo actual de nuestras relaciones
sociales.
- En cualesquiera de las opciones políticas que prosperen,
para que sean éticamente justas, debe garantizarse el ejercicio
de las libertades personales (de lengua, nacionalidad, religión,
educación, ...) por parte de todos los ciudadanos afectados.