Artxibo rtf
(35 - 2005ko Apirila)

Saratxaga y la renovación del modelo cooperativo

Luxio Ugarte, ┐Sinfonía o Jazz? Koldo Saratxaga y el modelo de Irizar. Un modelo basado en las personas. Barcelona, Granica, 2004.

Este libro plantea un fenómeno curioso. La convergencia de dos tendencias y dos modelos, el uno internacional el otro local. Por un lado, tenemos el fenómeno de cambio de valores en el mundo de las compañías, con el nuevo énfasis en la personalización, en la miniaturización, en la globalización, en las características generales de lo que se ha venido a llamar "la tercera revolución industrial", con el cambio de énfasis del producto al mercado; y, por otro lado, un fenómeno local, el del modelo cooperativo de empresa derivado del grupo MCC, que se adapta a este fenómeno internacional aportando características propias y un conjunto propio de valores. Y dentro del fenómeno cooperativo vasco, el caso de la empresa Irizar, liderada durante tantos años por Koldo Saratxaga, que es la muestra palpable de la adaptación del modelo cooperativo a las nuevas circunstancias socioeconómicas.

Este libro está constituido por el largo diálogo entre el antropólogo Luxio Ugarte y Koldo Saratxaga. Ello lo hace de lectura más ligera, sin perder por ello sus virtudes descriptivas de un modelo de gestión peculiar. Nos encontramos, también, ante un ensayo de doble biografía, pues la historia de Saratxaga se entrelaza con la de la empresa Irizar. El componente personal es primordial, pues del humus de la experiencia del propio Saratxaga y del conjunto de personas que conforman Irizar nace la nueva andadura de esta vieja empresa, andadura de indudable resonancia y que nos trae enseñanzas en campos tan diversos como son los de la gestión empresarial y la justicia social a secas.

Para Saratxaga, el aspecto principal de cualquier organización o cualquier compañía es que está formada por personas, y que, por tanto, la realización y el beneficio de estas es el objetivo de tales organizaciones. Desde el momento en el que, en Irizar, se establece el cambio semántico entre "departamento de recursos humanos" al de "departamento de personas" ya se está planteando un cambio de enfoque, al acercar lo abstracto que posee toda organización a su unidad fundamental, que es la persona.

Saratxaga deja bien claro que, con la persona como eje, sus valores primordiales se derivan de una doble enseñanza biográfica. Por un lado, está su vida, hasta los diecisiete años, en un caserío de Sopuerta, experiencia que, según Luxio Ugarte, le dio cuenta de "la noción de trabajo, como valor, y cuasi como religión... así como las nociones de libertad y responsabilidad". De su encuadramiento en un modelo orgánico, como el de la familia y el del caserío, Saratxaga extrae la conclusión del trabajo, "como valor", es decir, como finalidad positiva y la cuestión de una autonomía individual basada en una responsabilidad colectiva, ligada a la empresa o a la familia.

Por otro lado, la formación primaria que recibió en una escuela de frailes derivada del nacionalcatolicismo, produjo "en Koldo un rechazo a todo aquello que tuviera que ver con el poder por el poder, la sumisión y la dominación, por la fuerza, "a los siete años comenzó mi rebelión personal contra el "poder", contra la imposición y ese tener que hacer o creer porque si" . Desde la experiencia más inmediata, y tomando una referencia positiva y otra negativa, se nos expresa aquí de forma reconocible el concepto vasco de Burujabetza, que se basa, precisamente, en esa libertad responsable y solidaria, en el valor del trabajo como finalidad social, y el rechazo a la dominación por la fuerza y a toda forma de imposición.

Saratxaga vivió el tránsito del franquismo a la democracia representativa y se considera un "hombre del 68". Su apuesta por el modelo cooperativo se debe, pues, a una exigencia de justicia social "Al final si quieres cambiar algo es necesario elegir entre dos caminos; el que te conduce a una guerra abierta y frontal contra la sociedad de consumo y los poderes establecidos y por lo tanto, cruenta y en desventaja o te decides por trabajar para mejorar la situación desde dentro del mundo de las organizaciones industriales". El espíritu de rebelión frente a las organizaciones de tipo verticalista y centralista, donde el poder de decisión y la información es patrimonio de unos pocos, y el espíritu comunitario, derivado de su propia experiencia, son los dos ejes que le llevaron a aceptar y acrecentar los planteamientos derivados del modelo cooperativista.

La aventura que nos cuenta Saratxaga no hubiera sido posible sin la existencia previa del movimiento cooperativista vasco representado por MCC. Es dentro de este ámbito donde ha podido nuestro biografiado poner en práctica sus convicciones acerca de lo que tiene que ser una organización industrial. Para Saratxaga, Irizar "es un proyecto de empresa diferente. Al constituir un proyecto de personas, te consideras integrado más en una realidad social que en otra únicamente industrial y material. Te sientes mucho más cerca de personas que de recursos materiales, tecnológicos y económicos". Si bien la concepción organizativa de Irizar resulta aplicable a cualquier compañía u organización, la existencia de MCC ha supuesto un añadido de valores propios, desarrollados por el movimiento cooperativista a lo largo de sus muchos años de vida.

Y es que no se pueden desvincular todos estos agentes de la historia económica, social e incluso política de Euskadi, de una historia que durante mucho tiempo ha sido extremadamente convulsa. Es esa la realidad que tiene que asumir Saratxaga en el momento que aterriza en Irizar. Ya tenía unos cuantos años de experiencia dentro del movimiento cooperativo e incluso había montado una cooperativa, decisión que no duda en calificar de ideológica, en tanto a confianza en un modelo de gestión determinado.

Su aterrizaje en Irizar fue dramático, ya que se encontró con una empresa con todos los defectos de una gestión largamente errónea, envuelta en los conflictos que ello acarrea. El espíritu del modelo cooperativo había degenerado en un movimiento de descomposición por el cual la desresponsabilización y la culpabilización mutua eran la nota dominante junto con el fatalismo y el espíritu funcionarial. Saratxaga, en una dramática asamblea de cuatro horas, trató de invertir la situación, poniendo énfasis en la comunicación de los trabajadores y en la esperanza de que, con un cambio de espíritu, era posible llevar adelante el proyecto empresarial.

La historia de la recuperación de Irizar, de ser una empresa ruinosa a convertirse en referencia mundial en cuanto a gestión y beneficios, parece milagrosa, pero posee la firme base de un liderazgo participativo, cuyo objetivo es el de fomentar la confianza, el respeto y el compromiso de las personas que componen la organización, y la llamada a los orígenes comunitarios de la filosofía cooperativa. Decía Saratxaga: "Hace unos cinco años un alto cargo de MCC, después de participar en un encuentro sobre "la experiencia y el Modelo Irizar", dijo: "Es la primera vez que compruebo el cooperativismo llevado a la realidad". Y tenía razón, porque esto es lo que intentamos hacer comprometidamente".

El título del libro recoge la metáfora con la cual se pretende dar expresión al modelo de gestión. Saratxaga establece la diferencia entre el Jazz o la Orquesta sinfónica: "Lo mío es el jazz, no es la orquesta sinfónica, desde el punto de vista del modelo empresarial. En el jazz prima la improvisación, hay iniciativa, hay ritmo, y al final se logra un resultado armónico. Se percibe la creatividad, incluso cada músico toca más de un instrumento; están permanentemente creando y, sin embargo, nadie les dirige, es un equipo que innova, en tanto que la orquesta clásica repite o interpreta una partitura que no es suya".

Esta visión de la centralidad de las personas, de su capacidad de autorregulación, de su creatividad sinérgica, presupone que estas se encuentran por encima de los recursos materiales y de las estrategias de encargo. Y que eso es, a la larga, lo más eficaz desde el punto de vista del éxito comercial. Por eso no le gusta a Saratxaga la definición etimológica de "empresa", en tanto a organización que encamina unos indiferenciados recursos (humanos y materiales) hacia el objetivo un beneficio, sin tener en cuenta la felicidad y realización de las personas como parte de ese objetivo. Eso significa que en el proyecto de Irizar, se contó con todas las personas, ya que ello era necesario para pretender que la organización fuera algo más que un lugar de trabajo: "Me preocupo mucho por hacer ver a las personas de Irizar que nosotros somos algo más que una fábrica que fabrica carrocerías de autobuses" –dice Saratxaga. El volver la mirada al componente comunitario, relacional, del modelo cooperativista, constituye el valor añadido que obtiene la compañía.

Saratxaga remarca la comunicación entre las personas, entre los diferentes equipos, y también la comunicación con los clientes y los proveedores, como uno de los ejes vertebradores del proyecto y la actividad que más tiempo requiere. Hace una apuesta por la diversidad de opiniones, plantea la asamblea de trabajadores como órgano rector de la compañía –ya que es la que decide anualmente su rumbo estratégico- y sostiene, en convergencia con Kotler y otros especialistas, que la información es un bien que se tiene que compartir entre todos los que forman parte del proyecto, desde el gerente hasta el más humilde trabajador. La consecuencia de un modelo basado en la confianza y la responsabilización, según Saratxaga, es la innovación constante, ya que esta surge de la riqueza de las relaciones personales.

Este es un libro sorprendente y esperanzador ya que, entrando de lleno en el mundo de la gestión y mostrando de forma fehaciente la eficacia de un modelo determinado, toca aspectos de la problemática social que suelen ser ajenos a este tipo de trabajos. Es muestra de que hay un cambio de valores en el mundo de la producción, cambio de valores al que la visión personalista del creador de MCC, Arizmendiarrieta, se había providencialmente adelantado. Pero dado que los valores son un "intangible" es necesaria la determinación subjetiva para renovarlos y actualizarlos. Saratxaga nos da el relato de cómo el cooperativismo puede ser eficaz y un modelo válido de justicia social y satisfacción personal, apelando a esos "intangibles" que conforman una concepción comunitarista tan unida a la forma que han tenido tradicionalmente los vascos de encarar los bienes, la producción y las relaciones entre las personas.

Jokin Alkorta