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(37 - 2005ko Abendua)


La socialdemocracia del siglo XXI

¿Qué es ser de izquierdas en el nuevo milenio?

En los inicios del siglo XXI, la socialdemocracia se enfrenta a una sociedad que se encuentra en profunda transformación donde está habiendo importantes cambios económicos, sociales y políticos. Las clásicas políticas keynesianas y de Estado de bienestar están en crisis, mostrándose ineficaces para hacer frente a los nuevos retos surgidos en esta nueva época. Esto genera tensiones que provocan disputas en el seno de los diferentes partidos socialdemócratas lo que en algunos casos, ha provocado retrocesos electorales y pérdida de influencia social. Entre estos cambios que han descolocado a gran parte de la socialdemocracia, podríamos destacar los siguientes:

-         La globalización de los mercados financieros y de los mercados de bienes y servicios limitan el ámbito de actuación y la capacidad de influencia de los gobiernos nacionales en materias clave como política monetaria, fiscal y comercial.

-         Los cambios demográficos, el envejecimiento de las sociedades europeas y la aparición de nuevas formas de pobreza, obliga a los gobiernos a reformar sus sistemas de bienestar, diseñados para sociedades industriales y no para la actual sociedad de la información, marcada por la globalización económica.

-         El alto endeudamiento de los Estados y el cumplimiento en el ámbito europeo de los criterios fijados en Maastricht restringen el margen de maniobra de sus gobiernos  en ámbitos como política social, lo que obliga a la nueva izquierda a buscar nuevos campos de diferenciación con respecto a la derecha.

-         La variedad del tejido social, la individualización de la sociedad, la pluralización de los valores, los cambios de actitudes y hábitos, obligan a la socialdemocracia a redefinir su mensaje, en aras a ilusionar a una sociedad, que se identifica cada vez menos con las ideologías tradicionales y quiere que la política solucione sus problemas reales por encima de cualquier dogma ideológico.

Estos cambios obligan a la socialdemocracia a modernizar y adaptar sus programas, políticas y su estilo de gobierno, para que, desde un enfoque progresista, se contribuya a afrontar y resolver los grandes retos que se definen en el umbral de esta nueva época. La socialdemocracia debe dar respuestas genuinas que le permitan transformar la sociedad desde las instituciones públicas. Para ello, tiene que contribuir a la legitimación del poder público, que tiene que venir dado, de su capacidad de responder y dar solución a los problemas reales que se plantean al ciudadano en la nueva coyuntura sociopolítica. En este quehacer, podríamos definir las siguientes prioridades:

  1. Asumir la realidad de una economía globalizada que, bien entendida, no solamente no excluye la acción política y las políticas sociales, sino que exige su potenciación y control democrático.

La socialdemocracia debe apoyar un desarrollo de una economía global que no solamente no esté reñido con un mayor progreso global, sino que lo posibilite. Valores cuya vigencia es ajena al tiempo, tales como la solidaridad, la igualdad y la libertad deben preservarse en este nuevo contexto económico y para ello la socialdemocracia debe ser su principal defensor. Y esto no quiere decir que no le deban interesar el crecimiento económico, la eficiencia y los equilibrios macroeconómicos. En definitiva, el objetivo sería contribuir a que se cree un escenario donde el Estado eficiente debe jugar un papel clave, donde el crecimiento económico vaya de la mano de una mayor justicia social.

Vivimos en una sociedad donde cada vez más se tiende a identificar y confundir al mercado con la sociedad, al consumidor con el ciudadano. Consecuencia de ello son las mayores diferencias sociales dentro de una misma sociedad y el debilitamiento de la sociedad civil, entendida como un espacio que une la virtud del sector privado – la libertad-, con la virtud del sector público – la preocupación por el bien común. Una sociedad democrática debe definir qué bienes y servicios no satisfechos por el mercado, deben ser cubiertos para toda la sociedad a partir de bienes públicos, respondiendo a una realidad que nos define diferentes ante el mercado e iguales ante el Estado.

Los principales desafíos a los que el nuevo milenio debe hacer frente en un entorno económico global como el actual, son los siguientes:

- El mantenimiento de la integridad y dignidad del ser humano debe ser el principio y el fin, lo que no quiere decir que no se compatibilicen el desarrollo de políticas sociales y de bienestar con adecuadas políticas macroeconómicas que fomenten el crecimiento económico.

- No podemos rechazar la globalización en si misma, sino el hecho de una globalización sin ley, no sujeta a normativa nacional o internacional alguna y por tanto abandonada a su capricho especulativo. La misión de la socialdemocracia es controlar la globalización y legislar y regular democráticamente los conflictos que de ella se derivan.

- La globalización permite visualizar los diferentes ritmos a los que caminan la política y la economía. La política se está adaptando mal y tarde a los vertiginosos cambios económicos lo que trae consecuencias sociales desastrosas. En estas circunstancias, el control democrático se ha vuelto difícil, pero ello mismo obliga  a combatir las distorsiones del mercado en la distribución de la riqueza y accesos a recursos, a contribuir a un mercado más solidario, a defender el medio ambiente frente a los intereses de las grandes empresas, a gestionar eficazmente el uso y disfrute de los bienes públicos, en definitiva, el Estado debe preservar el bien común al mismo tiempo que se adapta a las cambiantes coyunturas económicas.

- Favorecer el predominio de la sociedad civil sobre el mercado, es decir promover la figura del ciudadano sobre el consumidor. Se trata como afirman algunos dirigentes socialdemócratas europeos de “estar a favor de una economía de mercado pero no de una sociedad de mercado”. El mercado y la política no deben olvidar que una de sus funciones principales es apoyarse mutuamente.

- El Estado además de velar por el funcionamiento eficiente y sostenible en términos sociales de los mercados, debe encargarse de asegurar un reparto justo del bienestar que genera el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información, como Internet. Como en alguna ocasión ha comentado el ex presidente norteamericano Bill Clinton , refiriéndose a la necesidad de hacer más esfuerzos para reducir las desigualdades a nivel mundial en materia de educación, "si hasta el pueblo más pobre obtiene un ordenador, una impresora y acceso a Internet, tendrá abiertas las puertas a la Enciclopedia Británica y con ella a la cultura",

- La socialdemocracia debe realizar las reformas necesarias que permitan al Estado ser el actor principal y dinamizador en áreas claves como la sanidad, el empleo, el transporte y la educación. No podemos dejar que el Estado se convierta en un mero receptor pasivo de las víctimas de los desequilibrios y reajustes de los mercados. El Estado debe favorecer como principio fundamental, la igualdad de oportunidades, que en la práctica supone el mejor programa preventivo de redistribución de la riqueza. La desigualdad de oportunidades genera diferencias significativas e irreconciliables en el reparto de la riqueza.

- .La socialdemocracia debe dinamizar el mercado laboral mediante por un lado  generando mayores inversiones públicas y por otro lado, llevando a cabo reformas laborales que consideren no sólo la flexibilidad de las empresas, sino también la de los trabajadores. La flexibilidad y la movilidad son conceptos que se van a convertir en inherentes a las carreras profesionales de los trabajadores. Debe asimismo definirse a favor de políticas que fomenten la movilidad de empleo, dentro de un marco regulador que preserve la no creación bajo este principio de empleo barato y precario. Esto implica contar con sistemas de educación y formación continuos que permitan el reciclaje de los trabajadores y del establecimiento de un sueldo mínimo digno y superior al imperante en la mayor parte de los países occidentales. Esto exige que los sindicatos, empresarios y el gobierno colaboren y faciliten la innovación tecnológica dentro y fuera del trabajo, en caso contrario, llevarán a los trabajadores al fracaso.

- El futuro de los partidos socialdemócratas va ir unido a la capacidad de renovación y transformación de la realidad cambiante, sin que ello suponga sacrificar valores de igualdad (lo que no implica igualitarismo) y de libertad. Mientras que para el capitalismo, no hay más razones que las que la economía entiende, para la democracia los valores prioritarios son los del consenso político. En el compromiso entre ambos, la socialdemocracia es el espacio político en el se prioriza la defensa de los intereses de los más débiles de la sociedad., donde se lucha por una mayor humanización de la economía y de la sociedad.

 2. Fomentar la creación de una comunidad internacional real que deje atrás las políticas frentistas y de bloques. Esto exigiría el desarrollo de una especie de mundialización democrática en contraposición a una globalización abstracta no sometida a ley alguna.

Hay que apostar por el fortalecimiento y creación de instituciones que tengan capacidad de regulación trasnacional. Esto no supone minusvalorar el papel de los gobiernos locales y regionales. No se puede esperar que la economía global resuelva nuestros problemas, sin instituciones adecuadas. Es más, en el desarrollo de políticas sociales que hagan frente a los nuevos problemas derivados de la globalización, el papel del Gobierno local es vital ya que es el que más cerca se encuentra del ciudadano y a su problemática diaria, convirtiéndose en la principal institución correctora de los principales conflictos sociales que genera la globalización. El desarrollo de la idea de gobierno transnacional, nos debería permitir avanzar en un ideal de “democracia global cosmopolita”, tal como denomina David Held [1] . En este sentido, veo especialmente importante considerar a la Unión Europea como un intento importante en el desarrollo de esta idea y un espacio estratégico vital para las políticas socialdemócratas. Hasta el momento, no se han desarrollado acciones concretas y creíbles de coordinar las políticas fiscales y sociales que estimulen el crecimiento económico, el empleo y la justicia social de una manera armonizada. Por tanto la socialdemocracia tiene como reto fundamental insistir en la necesidad de un ordenamiento político internacional que fomente la universalización de valores como la democracia, la libertad individual y colectiva, y que obligue a una justa distribución de la riqueza.

3. Adaptarse al carácter multicultural cada vez mayor de nuestra sociedad. La llegada masiva de inmigrantes exige la aceptación de definiciones culturales, y religiosas mixtas. El mismo mantenimiento del Estado de Bienestar, en contra de lo que piensan algunos, depende en gran medida de la llegada de extranjeros. La integración social y el respeto a la diversidad étnica, cultural y religiosa, fortalecen la democracia, flexibilizan la economía y fomentan el intercambio de ideas y conocimientos. No se debe permitir que se cumplan los oscuros augurios de quienes, como Samuel Huntington [2] o el mismo Jose María Aznar [3] estiman como sustituto al conflicto Este-Oeste, ya no existente, el de choque de civilizaciones. La socialdemocracia debe jugar un papel clave para lograr que la integración entre lo propio y los aportes inmigrantes se realice, contribuyendo a crear una idea positiva y cosmopolita de la nación.

4. Contribuir al fortalecimiento de la democracia, teniendo una posición clara de rechazo hacia las ideologías populistas y totalitarias.

La globalización, el miedo a la competencia laboral procedente de países extranjeros, la no adaptación a nuevas formas de relación social y las dificultades en el mantenimiento del tradicional Estado de bienestar originan entre otros factores, y tanto en Europa como en América, populismos y apoyos sociales significativos a viejos totalitarismos. Estas ideologías buscan parte de sus seguidores en una izquierda que no sabido adaptarse a los nuevos tiempos, que no ha asumido las transformaciones habidas en la sociedad y que se encuentra desorientada e insegura entre la adaptación que le recomienda el pensamiento único y la negación del sistema.

En Europa, la ultraderecha de Le Pen y Haider obtienen votos y activistas procedentes de votantes desencantados con unos políticos que parecen ajenos a su problemática diaria y que no han sabido dar respuestas adecuadas a los nuevos conflictos derivados de la globalización. Como pueden ser en el caso francés, el incremento de la inseguridad ciudadana y de la precariedad laboral que se achaca a la llegada de los inmigrantes.

En Suramérica, destaca la figura populista de Chávez en Venezuela que ha emergido gracias a la crisis sufrida por la democracia representativa, motivada por el establecimiento de un sistema clientelista y corrupto.  El beneficiario de la corrupción de los partidos tradicionales ha resultado ser un político excéntrico, populista y que se muestra ajeno a valores democráticos básicos como pueden ser la libertad de expresión y manifestación, como así lo atestiguan los representantes del Gobierno Vasco en ese país hermano.

En general los populismos y las ideologías totalitarias, tal y como lo hicieron el nazismo y el marxismo-leninismo, viven en gran medida de las crisis de las instituciones políticas tradicionales debilitadas por la incapacidad de los gobiernos de dar soluciones concretas a los problemas de una ciudadanía, que ve como las viejas formas de actuación política no se muestran eficaces.

Los Estados y los sistemas políticos no se pueden permitir el lujo de dar la impresión de no poder hacer nada frente a unos problemas sobre los que en realidad disponen de ingentes recursos y posibilidades para intervenir y darles adecuada respuesta.

La izquierda y la derecha clásicas se encuentran en crisis, resultando cada vez más difícil diferenciar entre las políticas de unos y de otros, lo que convierte a la política en una lucha de intereses, en una mera batalla por lograr la poltrona, donde las ideologías tienen un papel secundario. Esto es nefasto para la democracia y es la sensación que gran parte de la población tiene.

Especialmente en Europa y en Latinoamérica, la vieja izquierda, rehén de antiguas ideas totalitarias y de defensa del papel del estado como actor central de la sociedad y la economía, se ha quedado ideológicamente descolocada tras la caída del régimen soviético. Por otro lado, la derecha tradicional se muestra, asimismo, sin la necesaria cintura política para afrontar los conflictos socio-políticos derivados de la globalización.

La capacidad de integración social de los sistemas políticos se ve minada por la creciente existencia de desigualdades sociales y por la exclusión de un segmento significativo de la población de la economía activa. Grandes segmentos de población no se sientes representados y defendidos por los políticos. Las pugnas políticas parece que tienen su origen más en la lucha por el monopolio en la vida política que en diferencias programáticas reales, encontrándose la política recluida en un centro cada vez más estrecho,

Es necesario que la vida política vuelva a polarizarse, que se pongan sobre la mesa programas que representen alternativas reales y diferentes. Tanto en Europa como en Latinoamérica y en lo más cercano a nosotros, en Euskal Herria, puede ocurrir que el deterioro o la desintegración de los centros políticos, haga que surjan y rebroten movimientos populistas y totalitarios que deterioren la democracia.

Una reformulación realista y ambiciosa de la socialdemocracia, que afronte los retos del futuro con flexibilidad e imaginación, es la mejor vacuna contra estos movimientos y la mejor garantía de adaptación a las oportunidades y solución a los conflictos que la globalización conlleva. En el ámbito nacional, la influencia social que puedan ejercer los partidos abertzales en un futuro próximo va a estar en buena parte marcado por la mayor o menor asimilación de estas ideas renovadoras.                  

 

Telmo Agirre-Miramon

 1 DAVID HELD, profesor de Ciencias Políticas en la London School of Economics (LSE). Se trata de unos de los principales analistas de la globalización. En uno de sus libros, Un Pacto Global, Ed. Taurus, sostiene la tesis de que es posible transformar el mundo actual en clave de mayor justicia social y política a través de lo que podría denominarse un gobierno global.

 2 SAMUEL HUNTINGTON, teórico conservador norteamericano, que en 1993, publicó el libro, Choque de Civilizaciones, en el que mantiene la tesis de que los choques de civilizaciones son la mayor amenaza para la paz mundial y un orden internacional basado en las civilizaciones es la protección más segura contra la guerra mundial. Actualmente muchos políticos de derechas mantienen estas tesis a raíz de la amenaza terrorista que supone Al Qaeda.

 3 El 22/09/2004 el expresidente español mantiene en un discurso en la Universidad de Georgetown que el problema de Al Qaeda con España empezó con la Reconquista y el rechazo de España al mundo islámico, con el que se alinea con las tesis de S. Huntington.