Artxibo rtf
(35 - 2005ko Apirila)

LAS DEBILIDADES DE LA OPINIÓN PÚBLICA

Desgranando el concepto de opinión pública

En un estudio que hizo el profesor de la Universidad de Princeton, Harwood Childs encontró cincuenta definiciones distintas de opinión pública en la literatura existente.. No es de extrañar, por lo tanto, que Hermann Oncken dijera que el concepto de opinión pública es algo que flota y que fluye, y que por lo tanto, no es susceptible de ser encerrado en una fórmula. Aunque, de todas formas, todo el mundo sepa lo que significa.

De lo que no hay duda es que la opinión pública se basa en tres pilares. En primer lugar hace falta que un sujeto opine. En segundo lugar es necesaria la presencia de un tema u objeto del que se opina. Y por último, un ámbito en el que se debate.

El diccionario de la RAE da dos definiciones de la palabra "opinión":

  • Dictamen o juicio que se forma de algo cuestionable
  • Fama o concepto en que se tiene a alguien o algo.

La primera de ellas nos viene a decir que las opiniones son relativas y, por ello, susceptibles de ser discutidas. De ahí que sea más certero hablar de opiniones que no de una sola opinión. La segunda de las definiciones nos apunta que la opinión es un juicio de valor.

En cuanto a que la opinión sea "pública" hará falta que la misma sea una expresión (verbal o no verbal) visible, que el sujeto de la opinión sean personas o colectivos, que el tema a opinar sea una cuestión de origen público o privado (pero que por algunas circunstancias y gracias a la publicidad dada por los medios de comunicación logran llegar al público) y que el ámbito de la discusión sea público.

Las fuentes de la opinión pública

Elisabeth Noelle-Neumann ha dejado escrito en su libro La espiral del silencio que "la causa de la transformación de la suma de las opiniones individuales en opinión pública es la continua interacción entre las personas, debida a su naturaleza social". Pues bien, ello nos lleva a la cuestión siguiente: ¿de dónde sacamos la información para ejercer el juicio? O dicho de otra forma: ¿en qué fuentes bebemos para generar nuestra opinión particular? En primer lugar en la observación directa, la de primera mano, fuerte cualitativamente pero débil cuantitativamente, al contrario que la segunda de nuestras fuentes, la observación a través de los medios de comunicación, muy fuerte cuantitativamente pero de una calidad muy discutible.

En la actualidad vivimos el boom de la información, estamos atiborrados de noticias, de observaciones, y casi todas ellas suministradas por los medios de comunicación, lo que hace que nuestra independencia con respecto a estos "intermediarios" sea cada vez más escasa. Cada vez dependemos más de los mismos. Como decía Lippmann: "¡Qué pequeña es la proporción de nuestras observaciones directas en comparación con las observaciones que nos transmiten los medios!"

¿Pero qué papel juegan estos medios? ¿Son realmente unos intermediarios imparciales entre el objeto a analizar y nosotros?

En realidad los medios no pueden (ni quieren) proveernos de toda la información que disponen. Deben hacer una selección de lo que (bajo su criterio) es más importante. He aquí el primer filtro. Y es que lo que no se publica no existe (¿cuándo nos enteramos del genocidio habido entre hutus y tutsis en 1994 en la región de los Grandes Lagos?, ¿qué cobertura recibió?). Además, la información seleccionada tiene un tiempo de vida, se pone sobre la mesa y cuando interesa se la envía al baúl de los recuerdos (¿alguien se acuerda de Kosovo?, ¿y de Afganistán?). Tenemos de esta forma unas informaciones seleccionadas y con fecha de caducidad.

En segundo lugar, los medios de comunicación tienen dueños, y como es evidente, reflejarán lo que más se acomode a la propiedad del mismo. Existe una línea editorial, que será la que defina el marco de actuación del medio en sí. He aquí el segundo filtro.

Pues bien, todo esto significa que la mayoría de las observaciones que recibimos son de segunda mano y filtradas dos veces. Y aún así pensamos que de alguna manera el peso de la generación de la opinión es soportado por nosotros mismos, sin pensar en todo lo que inconscientemente absorbemos. Mezclamos nuestras percepciones directas y las filtradas, y con ello conformamos nuestra opinión. De lo que se deduce que los medios de comunicación tienen una influencia extraordinaria en la opinión pública, tanta, que la conforman.

Ya lo decía McLuhan: "el medio es el mensaje", lo que viene a decir que, en el caso de la televisión, la atracción la generan las imágenes, independientemente de los contenidos, que satisfarán o no al televidente.

El valor de la opinión pública

En la Antigüedad, Aristóteles definía la opinión pública como "la opinión de los ciudadanos", Cicerón como "el apoyo del pueblo", Demóstenes como "la voz pública de la patria", Heródoto como "la opinión popular" y Tito Livio como "la opinión unánime". En el siglo XVI para Maquiavelo era "la imagen que los súbditos tienen del príncipe". Y en el siglo XVIII Hume la consideraba como "una fuerza política que sostiene o derriba los gobiernos". Estas citas demuestran la gran consideración e importancia que ha merecido el concepto de opinión pública a los pensadores de todos los tiempos. Y es que si es verdad que sin la aprobación de la opinión pública no hay gobierno que mil años dure, el interés en encauzar a esta misma opinión pública por los derroteros que convenga a los grupos que controlan los medios de comunicación ha de ser inmenso. Controlar la opinión pública no deja de ser más que la forma más acabada de controlar el poder.

Y si echamos mano otra vez al diccionario del la RAE nos iremos enterando de que "controlar" significa ejercer el control, y que "control" significa comprobación, inspección, fiscalización, intervención, dominio, mando y preponderancia. O sea que controlar la opinión pública es intervenirla y dominarla. Y todo ello con un propósito, por lo que la opinión pública (y con ello todos los sujetos que la conforman) se convierte en un medio para conseguir un fin determinado. La masa es acrítica, nada creadora, fácilmente manipulable. Hacer de los individuos masa, he ahí el objetivo.

Ante la manipulación no podemos permanecer quietos, hemos de saber quién manipula, para qué manipula y cómo manipula. Pero esto excede, evidentemente, de los límites de este artículo.

La luz del alba

En la primera aparición electrónica de Goiz-Argi, ya en los últimos estertores del año 1999, se decía en su editorial de presentación que la función que quería cubrir la publicación era la de servir de lugar de encuentro (aprovechando las oportunidades que nos prestan las nuevas tecnologías) para quien quisiera hacer su aportación al desarrollo de la idea de Burujabetza, y asumir también la función de válvula de escape ante los cada vez más concentrados medios de comunicación.

Ha pasado el tiempo, y estamos ante el número 35. ¡No está nada mal!. Pero la tarea que Goiz-Argi se ha auto-asignado no tiene límite: evitar que mucha gente se quede muda. Y es que como dice Elisabeth Noelle-Neumann: "los medios suministran a la gente las palabras y las frases que pueden utilizar para defender un punto de vista. Si la gente no encuentra expresiones habituales, repetidas con frecuencia, en favor de su punto de vista, cae en el silencio; se vuelve muda".

Y estoy seguro que Goiz-Argi dará cobertura a toda esa gente que piensa en términos de Burujabetza y que de otra forma podría quedarse sin voz. Y también estoy seguro que seguirá contribuyendo a desmasificar a la gente, a abrirles los ojos, a hacer que estén alertas ante la manipulación, a darles ideas que les faciliten pensar con más rigor, y a promover la creatividad de los que se sienten incómodos en la flacidez.

Y que con este número 35 y con los que vendrán, la luz del alba continúe, poco a poco, sustituyendo a la lúgubre oscuridad. Hala bedi!

Manu Manzisidor