Artxibo rtf
(36 - 2005ko Uzta
ila)

CONTRADICCIONES DEL DEBATE ACTUAL SOBRE

DEMOCRACIA Y PAZ

"La relación entre democracia y paz -o entre paz y democracia- es uno de los implícitos sobre los que se mueve y remueve el debate actual sobre la cuestión vasca. La paz es posible en un sistema fascista, en un estado revolucionario y en una democracia. La democracia no es la paz, sino el modo más humano de construir permanentemente la paz política haciendo uso incluso de la fuerza legítima, si preciso fuere. Alcanzar la armonía civil (paz) precisamente a través de la libre participación de todos los ciudadanos (democracia) es una utopía tan difícil como bella en la que necesitamos seguir creyendo, para no dejar de creer en nosotros mismos. El ideal de la democracia o de la libertad ha exigido a muchos amantes de la paz defenderse con las armas contra quienes querían imponer o perpetuar tiranías de diverso origen. Confundir, por ello, paz con democracia o democracia con paz, a pesar de aspirar a conjugar ambas a la vez, es quizás actualmente uno de los mayores peligros para vernos privados de las dos.

Apenas hay entre nosotros ciudadanos que no se confiesen demócratas. Ni en Euskadi, ni en España, ni en Francia, ni en Europa, es significativo el porcentaje de ciudadanos que se plantee la resolución de los problemas políticos fuera de la democracia. Pero existen diferencias profundas hasta el antagonismo entre los vascos tanto sobre el sujeto, como sobre el contenido y método que deben ser hegemónicos al resolver democráticamente las cuestiones que nos afectan económica, cultural y políticamente. Por lo que no debemos engañarnos: de tal democracia, tal paz. No todos los que anhelamos la paz, luchamos por la misma democracia, por lo que tampoco buscamos la misma paz. Mientras se acepte que la paz es una condición previa al desarrollo democrático, tenemos guerra para rato (guerra en sus diferentes formas de guerra «popular» o «sucia» o «paralela», con sus acciones terroristas, amenazas 'populares' e intimidaciones 'civilizadas')."

Los dos párrafos transcritos son los primeros de un artículo publicado a finales de 1999 bajo el título "Democracia y paz. La cuestión vasca hoy". En fechas anteriores se habían publicado en la prensa vasca y española más artículos con titulares que incluían expresamente las referencias a la "paz" y a la "democracia". De las hemerotecas cito a modo de ejemplo los siguientes:

MEDIO

FECHA

AUTOR

TÍTULO

EL PAIS

19970307

JOSE MARIA BENEGAS HADDAD

PAZ, DEMOCRACIA Y TERRORISMO.

EL CORREO

19980320

CARLOS GARCIA DE ANDOIN

Paz por democracia

EL CORREO

19980404

FERNANDO SAVATER

Democracia en paz

EL DIARIO VASCO

19980918

EDITORIAL

Paz y democracia

DEIA

19981207

JOSE RAMON SCHIEFLER AMEZAGA

Democracia y pacificación.

DEIA

19990406

JUAN JOSE BAÑOS LOINAZ

Paz y ¿democracia?.

GARA

19990928

PATXI ZABALETA / JOSE LUIS URIZ

Tregua, democracia, paz.

DIARIO 16

19991204

PERNANDO BARRENA

Avanzar en la democracia para conseguir la paz.

La lectura de dichos artículos evidencia que, efectivamente "existen diferencias profundas [...] tanto sobre el sujeto, como sobre el contenido y método que deben ser hegemónicos al resolver democráticamente las cuestiones que nos afecta".

En fechas posteriores se observa un incremento notable de las apelaciones a la democracia y a la paz principios que deben guiar la respuesta a los retos de convivencia tanto local como global. En el tránsito al año 2000 el Lehendakari Ibarretxe situaba "las claves para alcanzar un escenario de paz en la democracia, la tolerancia, el diálogo y el respeto a todas las ideas" y a finales de ese mismo año, el Rey Juan Carlos declaraba en presencia del mismo Lehendakari que la paz "sólo es posible" cuando existe una "democracia real y efectiva para todos los ciudadanos", en la que se respeten "la dignidad de la persona y sus derechos irrenunciables". A los pocos meses (mayo de 2001) Arnaldo Otegi repetía en Durango: "La paz Euskal Herria se llama democracia". Y así podríamos ir citando declaraciones de políticos que hacen un uso reiterado de ambos conceptos hasta llegar a este año 2005, del que sólo recojo unos pocos ejemplos: en febrero, el secretario general del PSE-EE de Bizkaia, José Antonio Pastor, al condenar los ataques llevados a cabo contra las Casas del Pueblo de Bermeo y Baracaldo, indicó que, si con estos hechos se pretende "lanzar mensajes" a los socialistas vascos, es "totalmente inútil" porque su formación sólo entiende "los mensajes de paz y democracia". A lo largo de la campaña electoral vasca de 2005 las referencias a la democracia y la paz fueron incesantes. En abril, después de las elecciones, un grupo de profesores universitarios de la asociación elkarbide, publicó un manifiesto cuyo título rezaba: "Un pacto por la democracia y la paz". Javier Rojo, Presidente del Senado, declaró en mayo que "La democracia española nunca ha estado mejor para lograr al fin la paz en Euskadi". En junio el Partido Comunista de las Tierras Vascas respaldó con dos de sus nueve votos la candidatura de Juan José Ibarretxe a Lehendakari, para abrir "el camino de la democracia y la paz".

También podría recoger muchas declaraciones fácilmente localizables en las hemerotecas sobre democracia y paz en cuanto principios de solución para problemas globales del mundo, pero basten dos como ejemplo. En la Conferencia Internacional de Barcelona sobre la Enseñanza Superior (2004) doce premios nobeles pidieron una educación que regenere la democracia y fomente la paz. La activista keniana Wangari Maathai, Premio Nobel de la Paz 2004, declaraba que "desarrollo sostenible, democracia y paz son inseparables".

Democracia y paz son, efectivamente, tópicos de uso común. Si se analizan los discursos y razonamientos particulares de las personas que las utilizan comprobaremos, sin embargo, que su contenido, lo que en realidad significan para quienes las usan, es diverso, muchas veces contradictorio y a veces antagónico. Ante este hecho es razonable plantear la pregunta sobre el modo democrático de resolver las contradicciones entre las diferentes concepciones de democracia tanto local como global. Es un problema denso y complejo, porque el contenido y la forma, el destino y el camino, se condicionan fatalmente. Quizás se deba a la dificultad que entraña este problema la moda de las metodologías y de las agendas para abordar procesos de conflicto social, cultural o político.

La discusión sobre el mejor método, en las actuales circunstancias, debiera incluir la clarificación pública de dos cuestiones básicas:

  • la naturaleza de las diferencias en las concepciones que sobre democracia y paz tienen los sujetos afectados; y
  • los modos de afrontar `democráticamente´ los procesos de deliberación y decisión para alcanzar acuerdos estratégicos que más beneficien a una mayor cantidad de vecinos-ciudadanos implicados.

Este punto de vista obedece, sin duda, a una manera de concebir los sujetos, contenidos y métodos del proceso democrático, aspecto sobre el que me pronuncié de forma resumida en el artículo "2003: DEMOKRAZIAZ EUSKAL AUZOETATIK" (GoizArgi, 30 - 2004ko Urtarrila).

Al parecer, sin embargo, prevalece la opinión que prefiere suponer que democracia y paz quieren decir, en el fondo, lo mismo para todos, y por tanto no es necesario dilucidar su contenido económico, cultural, social y político concretos para los diferentes colectivos organizados y para los grupos de ciudadanos afectados. Esta posición es propia de demagogos ilustrados que se creen intérpretes lúcidos de lo que de verdad la gente siente, piensa y quiere, por lo que basta con gestionar sus tópicos de referencia (p.e. igualdad, libertad, democracia, justicia, etc.) para llevarla a su plena realización histórica. Eludir o soslayar el debate sobre los contenidos del proceso lleva a que quien gestione el método o la hoja de ruta imponga su contenido. Y en los casos históricos en que tal cosa ha ocurrido, la calidad democrática del proceso ha sido escasa, cuando no nula o totalmente contraria.

Por ello estimo que la implicación personal de cada ciudadano en el debate sobre los contenidos finales de las diferentes propuestas y proyectos de sociedad es una demanda urgente, si aspiramos a convivir solidariamente, viviendo responsablemente la propia libertad.

 

Francisco Garmendia

 

ANEXO

Otros párrafos del artículo del que se han copiado las citas con las que daba comienzo a este artículo:

"Cuando en el debate actual algunos proponen paz por democracia, no hacen sino intimidar a los ciudadanos a que renuncien a su libertad a cambio de que se les deje en paz. Y cuando otros posponen el ejercicio de la democracia al logro previo de la paz, no hacen sino supeditar la democracia a la voluntad de quienes quieren sabotearla. Salir de ese círculo es, a mi entender, la condición para poder combinar paz y democracia en el sentido moderno, a la vez popular e ilustrado, de la mejor tradición europea, es decir, la que más se aleja simultáneamente tanto de la barbarie hitleriana como de la estalinista.

La paz democrática debe sustentarse, en las circunstancias actuales de la sociedad vasca, en dos condiciones básicas: reconocimiento de la legitimidad democrática de las instituciones refrendadas en elecciones libres a las que han venido concurriendo todas las opciones significativas entre los vascos; y reconocimiento de la legitimidad democrática de las opciones de cambio que alcancen las mayorias requeridas en el futuro.

A Arnaldo Otegi le asiste todo el derecho del mundo democrático para discrepar del sistema institucional que la mayoría de los ciudadanos vascos refrendamos democráticamente. El mismo derecho le asiste a Mayor Oreja para oponerse al contenido de un cambio institucional que una nueva mayoría puede proponer y refrendar democráticamente. Pero a ninguno de los dos le asiste derecho (democrático) alguno para cuestionar la legitimidad democrática de tales decisiones.

El error más grave del momento político que vive hoy Euskalerria es el de condicionar su normal desarrollo democrático al logro previo de la paz. Partiendo de tal error, las minorías que, no aceptando la voluntad democrática presente o futura de este pueblo, estén dispuestas a hacer la guerra, impedirán permanentemente su desarrollo democrático. No respetan la voluntad política presente de los vascos, los que no reconocen la legitimidad democrática del Estatuto de Gernika, en su contenido político cabal de pacto, con disposición adicional incluida y con fórmulas de integración de Navarra. Ni el sr. Egibar ni ningún otro tiene derecho a tergiversar el contenido de lo que refrendamos la mayoría (¿es que el PNV pidió el voto a su favor por considerarlo carta otorgada?). Y no respetan la legitimidad democrática del actual sistema institucional privativo vasco, quienes exigen que el pueblo renuncie a hacer uso de opciones de desarrollo institucional democráticamente legítimas. La disposición adicional del Estatuto de Gernika y lo dispuesto sobre la posible integración de Navarra, son principios cuyo desarrollo no debe tener otro límite que el debate democrático civilizado y la aceptación de las decisiones adoptadas en conformidad con las reglas al uso en los sistemas democráticos avanzados.

No hay motivo para el escándalo por el hecho de que se constituyan foros y mesas en los que se hagan explícitas propuestas de contenido cultural, económico y político sobre el futuro desarrollo del País Vasco. Pero la decisión política última sobre dichas propuestas debe pasar, según la trascendencia de los asuntos, por el tamiz de la decisión popular tanto directa como indirecta a través de sus instituciones legitimadas por la mayoría de los vecinos o ciudadanos afectados.

Si de tal proceso sale más reforzada una determinada concepción de España o de Navarra o de Euskadi, no debe ponérsele más freno ni acelerador que el de perfeccionar el proceso democrático de participación libre y permanente de todos los ciudadanos en la determinación de las condiciones públicas que les afectan, aceptando las decisiones por refrendo popular mayoritario y respetando la lucha democrática de las minorías para alcanzar la mayoría.

El Estatuto de Gernika, después de sus dos primeros años de ejemplar puesta en marcha, no ha tenido una vida normal, porque los máximos responsables de facilitar su leal cumplimiento, cedieron a la presión revolucionaria de ETA para reventarlo y acordaron impedir su desarrollo, mientras no se acabase con ETA y se lograse 'embridar al nacionalismo'. La estrategia basada en el pacto estatutario de Gernika, expresada políticamente en los acuerdos Suárez- Garaikoetxea, fue sustituida por el tejerazo, la LOAPA, el GAL y la desconsideración sistemática de las demandas mayoritarias del Parlamento Vasco. Los mentores y cómplices de este giro estratégico al enfrentarse al envite revolucionario de la Alternativa KAS y de la lucha armada de ETA, se han convertido en los mejores aliados del MLNV. Desde ambos extremos se impide la normalización democrática basada en la aceptación de la voluntad mayoritaria y en el respeto a las minorías, con la excusa de que no se dan condiciones de paz, que la dificultan ellos mismos contra la mayoría.

Mientras prevalezca el criterio de que la paz es una condición previa al desarrollo democrático, estamos abocados a una paz impuesta contra la voluntad de la mayoría, lo que no deja de ser una declaración de guerra contra la democracia. Sólo quienes sobreponen la libertad a la paz, serán artífices de la paz democrática."