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(33 - 2004ko Azaroa)

Valoración política de la conferencia de Iñaki Galdos, Secretario de EA de Guipúzcoa, en Donostia (2004-IX-03)

Acudimos a la conferencia que dio Iñaki Galdos, secretario de EA de Guipúzcoa, en el Hotel Londres con una cierta expectación. Nuestras esperanzas no quedaron defraudadas. Es evidente que en el espacio de una hora y pico escasa no es posible abarcar toda la complejidad de nuestro confuso y convulso escenario político. El esfuerzo de síntesis fue considerable, puesto que Iñaki Galdos tocó prácticamente todos los temas políticos importantes. Resulta novedosa la ambición de un político nacionalista de enfrentarse a esos temas. Nuestro objetivo con este breve trabajo será el de reseñar algunos de los contenidos expresados por el secretario de EA de Guipúzcoa y añadir nuestros propios comentarios, con el humilde objetivo de impulsar el intercambio de ideas entre nacionalistas, algo que consideramos muy necesario.

Demasiadas veces nos encontramos con que las respuestas de los líderes nacionalistas al aluvión de cuestionamientos y desinformaciones provenientes de nuestros adversarios suelen componerse con desdeñosas brevedades y con peticiones de principio (el derecho de autodeterminación, Euskadi es una nación...) que por muy legítimas que sean hay que adaptar al momento. La confusión entre estrategia y táctica, entre objetivos estratégicos y objetivos tácticos, entre lo que se quiere como objetivo general y lo que se hace como política concreta, es un grave problema del que el nacionalismo no es capaz de librarse de una vez. Por ello, la visión concreta y abarcadora de Iñaki Galdos, tiene esa distinción como mérito añadido, pues no confunde el derecho de reserva de los vascos respecto a nuestros reivindicaciones con la necesidad de aplicar una política práctica en el seno de una sociedad plural, donde la pluralidad atraviesa también a personas y a agentes políticos y sociales:

"(...) Las dificultades para avanzar en el proceso de construcción nacional no son únicamente en relación con los estados español y francés, también residen en las diferentes opciones nacionales, culturales y políticas de la ciudadanía vasca (...)

El absolutismo con el cual algunos líderes nacionalistas suelen agitar nuestros derechos nacionales es, pues, contraproducente, pues no va dirigido exclusivamente en contra de un ámbito (el estatal) que niega unos determinados derechos, sino que se enfrenta con la falta de un consenso explícito dentro de la sociedad vasca. Por ello, repone Galdos: "..es absolutamente necesario alcanzar puntos de encuentro entre visiones tan dispares de lo que es la sociedad vasca en la actualidad y el camino que debe emprender..". Y es que "alcanzar puntos de encuentro" es una exigencia que se encuentra por encima de cualquier reivindicación nacional, ya que sin ese consenso previo dentro de la sociedad vasca, tal reivindicación nacional sería vacía y formalista. El nacionalismo vasco parte de una sociedad concreta que pretende representar en un sentido más allá de lo político, ya que la identidad y la historia son componentes básicos de cualquier sociedad. Por tanto, el nacionalismo es el sujeto político más interesado en llegar a un acuerdo entre las opciones políticas enfrentadas.

¿Cuál tendría que ser la base de tal acuerdo dentro de la sociedad vasca? Galdos se muestra contrario a "...plantear Nazio Eztabaidagunea como un foro alternativo al Parlamento Vasco". Y añade: "Estando como estamos en un momento clave de la historia de nuestro pueblo considero que debemos tener claro cuál es el marco prioritario en el que deben configurarse los escenarios del futuro...". Es una cita muy acertada. Si se quiere profundizar en una reforma, ésta ha de partir de la propia legitimidad estatutaria. El parlamento vasco es el foro. No podemos arriesgar el valor de lo conseguido por promesas de un futuro paradisíaco que nunca llegará porque lo que se pretende (por parte del MLNV, creador de Nazio Eztabaidagunea) es horadar la representatividad del parlamento de Gastéiz y restar legitimidad a la iniciativa de Ajuria Enea, el Plan de Gobierno. Es por ello que el secretario de EA de Guipúzcoa afirma, "el carácter integrador, realista, abierto, pactista de la propuesta de nuevo Estatuto está en plena sintonía con el modelo de sociedad que, desde el nacionalismo, aspiramos a construir..". Tras la resaca de Lizarra-Garazi, se trata así de que el nacionalismo recupere sus rasgos históricos, aquellos que lo hicieron fuerte en 1936, con la fundación del Gobierno Vasco y con su restauración en 1979. Este es un nuevo punto de partida, que significa la prosecución de un camino ya trazado.

En este sentido, la reflexión de Galdos tiene como punto de arranque toda una panorámica histórica, acerca de un nuevo ciclo, que se abre inmediatamente antes y después de las elecciones del 13 de mayo del 2001. Este es un gran acierto, porque nos encontramos con uno de los poquísimos relatos del cambio de rumbo del nacionalismo, cambio de rumbo que constituyó un cambio de línea política, tratando de recuperar la descascarillada dignidad política tras el fiasco de Lizarra-Garazi. Y este cambio de rumbo presupone además el recambio generacional del nacionalismo vasco, que se aleja de los presupuestos de las personalidades que estuvieron a punto de llevarlo al desastre. Las vicisitudes de la conformación del proyecto de nuevo estatuto y de la coalición EA-PNV revisten el mayor interés. En la definición del Plan del Gobierno Vasco, la condición, formulada por Galdos, de que "sólo podrá materializarse en un escenario de ausencia de violencia" es, a nuestro entender, la más problemática.

Este nos parece un punto crucial. No se puede ceder la manija de los acontecimientos al MNLV. Estaríamos cometiendo el mismo error que en el 2000. El atentado del militar Blanco (enero 2000) condicionó el acuerdo de legislatura de entonces. Tal y como explica Galdos:

"(...)el eje estratégico EA-PNV la realizó además desde el convencimiento de que la colaboración electoral e institucional ha sido percibida por la sociedad de manera muy positiva, ya que ha podido superar con éxito una época de altísimo riesgo de fractura social e institucional(...)"

Entonces se mantuvo por parte de los nacionalistas que el atentado suponía un misil a la línea de flotación del "proceso de paz" cuando en realidad lo que suponía era hacer recaer las consecuencias del crimen a la entente formada por PNV, EA y EH. El atentado buscaba limar la legitimidad de Ajuria Enea y comenzar el camino hacia el desbancamiento de Ibarretxe como Lehendakari. Las consecuencias de aquel error deben ser tenidas en cuenta para mañana. No se puede condicionar una apuesta política de ese calibre a un hipotético escenario de fin de la violencia... porque ese escenario siempre será o no será posible en función de lo que haga el MNLV. Esta es la verdadera razón por la que pensamos que hay que buscar un acuerdo con el PSE sobre esta materia. Si el nacionalismo arrastrara al PSE a un acuerdo con PNV-EA y ETA comete un atentado, las consecuencias de la situación creada van a recaer en la propia ETA y crearán todavía más contradicciones en su seno. Por el contrario si ETA comete un atentado y el nacionalismo está aislado las contradicciones volverán a recaer sobre el mismo. Para nosotros el quid de la cuestión está aquí: si se quiere una reforma estatutaria en la que la interlocución sea del PNV-EA y lograr réditos políticos hay que llegar a un pacto de Estado de mínimos con los socialistas. Esto blinda la situación: por una parte, la reforma no se pondrá en entredicho y por otra es un antivirus a una hipotética acción armada. Es por esto por lo que ETA ahora va a dar leña al PSOE, lo que pretende es aislar al PNV en su camino y poder gestionar o domesticar el Plan Ibarretxe a su manera y desde su propio interés. Todo el PSOE admite hoy una reforma estatutaria como algo inevitable. Sería necio esperar a que el PP vuelva al poder o que el PSOE se instale en la prepotencia para plantear una negociación con el Estado.

La lógica con la que Galdos critica al PSOE responde al criterio ya señalado de reafirmar la legitimidad de las instituciones vascas. Pues critica a este partido por plantear su proyecto de Reforma de Estatuto sin que pase por el Parlamento Vasco. El PSOE, de esa forma, está aplicando un doble rasero, ya que acepta la legitimidad de la Generalitat en Catalunya de plantear un proyecto de Reforma del estatuto, pero no acepta la legitimidad del Parlamento Vasco para hacer lo mismo. El diagnóstico de Galdos ("difícilmente puedo aventurar alguna novedad positiva, más allá del talante y de las formas, cuando lo que percibo es sobre todo una falta de ideas, y una incapacidad absoluta para abordar la cuestión del estado plurinacional con determinación y valentía...") nos parece, sin embargo, excesivo. Es verdad que se formula antes de que el PSOE derogue la ley acerca de referéndums promulgada por el PP, que es muestra clara de que el cambio de "talante" es algo más que el recurso a palabras bonitas. Pero también es objetable por otras razones.

Sería un error no saber valorar el discurso de Maragall, cuando en el terreno político y teórico es más nacionalista que el PNV. Ya que Maragall es capaz de elaborar un corpus teórico de defensa de una identidad nacional determinada dentro de unas condiciones políticas concretas y revolucionarias: la globalización. Invitamos a leer la obra de Maragall para darse cuenta del alcance político de sus afirmaciones y saber entroncar con la praxis catalana desde los valores de la izquierda en la posmodernidad. Maragall plantea el valor de lo identitario y de lo local en los mismos términos que Anthony Giddens lo hizo en el Labour Party. Euskadi y Cataluña deben liderar el proceso autonómico al igual que lo hicieron en el 78 y para ello no hay que minusvalorar el peso del PSC -aún y cuando su poder en Ferraz sea limitado la capacidad que tiene de crear marcos de opinión en los mass media españoles es cualitativamente muy poderosa. A la reforma se puede ir en bloque Cataluña+Euskadi (PSC+CIU+ERC+ICV+PNV+EA+PSE+EB). Esto desarticula a los posfranquistas y al MLNV. La cuestión es que si nosotros estamos dando carácter de reforma al plan Ibarretxe, debemos pactar con el tripartito catalán y con el PSOE.

Se debería plantear una acuerdo de nuevo Estatuto para 25 años, por poner un plazo. Esto sería el ideal: es pactista, es renovador y no plantea modelos cerrados. Nadie puede criticar el nuevo acuerdo en tanto en cuanto es revisable y se blinda ante el Tribunal Constitucional (esto lo ha dicho el propio Maragall). Las consecuencias pueden ser muy interesantes: por poner un ejemplo, la de transformar el estado de correlación fuerzas en la CAV y Navarra (nacionalismo-no nacionalismo) en (reformismo-antireformismo), lo que aislaría a UPN-PP y al MLNV. Mientras que Aralar debería elegir entre secundar el bloque reformista o quedarse fuera. La cuestión es hacer un bloque reformista fuerte y en base a acuerdos concretos. Un pacto con el PSOE como el de 1986 (reparto de poder) no vale para nada.

Finalizamos tocando dos temas añadidos: el de la situación de Eusko Alkartasuna y el de la situación de los partidos políticos. Señala, con justicia, que las razones "que impulsaron a miles de vascos a crear Eusko Alkartasuna y a otros miles a engrosar sus filas más tarde, fue la reivindicación que se hacía de un modelo de partido más abierto, más plural, más democrático que lo que hasta entonces existía" y que "un partido plural, debe saber aprovechar inteligentemente el espectro de voces plurales que hay en su seno, precisamente para atraer a espectros más amplios de la sociedad". La apuesta de Iñaki Galdos, de que las diferencias políticas dentro de EA no sean consideradas desde el ángulo del trauma o de la férrea disciplina formal, se corresponde con su práctica, de liderar durante largos años un sector dentro del propio partido, demostrando así que la discrepancia es posible y saludable. Vemos que demasiadas veces los partidos políticos en general defienden la democracia y la libertad de puertas para afuera, y de puertas para adentro imponen formas de restricción y control. Es, por ello, que las palabras de Galdos, avaladas por su práctica, tienen un valor añadido.

Resulta bastante heterodoxo que un líder político se refiera, al fin, al tema de la crisis del sistema de democracia representativa, que no es privativa de Euskadi sino que recorre también Europa y a todo el mundo occidental. Iñaki Galdos señala claramente "la crisis de los partidos políticos como institución". Y añade que estos "han terminado por convertirse, en cierta medida, en instituciones profesionalizadas destinadas a satisfacer las necesidades creadas por la propia organización". Señala el cambio dado a las formas de representación en función de un cambio social del que los propios partidos permanecen voluntariamente ajenos, remarcando

"un factor nuevo que ha profundizado la crisis de los partidos políticos en relación con la sociedad. Me refiero al imparable cambio del que estamos siendo testigos en esta sociedad global de la que se han adueñado, entre otros factores, el individualismo y el conformismo y en la que las nuevas fórmulas de participación social se han desviado hacia instituciones novedosas como las Organizaciones No Gubernamentales"

Esto es real, pero cuidado... esto puede ser bueno...y negativo. Porque no hay una estructura que haya substituido a los partidos. Los partidos son los que tienen que reformarse...o los partidos se transforman...o mueren. Porque la situación que dibuja Galdos no es gratis. Cualquier historiador de la historia reciente lo puede afirmar. Los resultados electorales de Sajonia y Brandenburgo dan miedo. Giddens afirma que el movimiento antiglobalización no es más que un síntoma de la transformación de las estructuras sociales... pero no su solución. Este mensaje autocrítico de que los partidos están en crisis es muy acertado y saludable pero debe plasmarse en realidades de políticas concretas.

En lo relativo a la pluralidad de las opciones nacionalistas y a la necesidad de crear estructuras de partidos realmente transformadoras, creemos que la visión determinista de la izquierda tradicional respecto a el sentido del lenguaje, los mass media, y las instituciones políticas, están superadas en la posmodernidad. Además de la barrera de los Derechos Humanos lo que nos debe separar a una opción ideológicamente residual como el MLNV de una opción socialdemócrata modernista es la nueva dimensión de las relaciones sociales y políticas en la globalización. Volvemos a incidir en Giddens: "...la globalización es más revolucionaria que la revolución francesa en cuanto a que plantea nuevas formas de relacionarse de la persona con el entorno que lo rodea y las consecuencias de esto son totalmente inciertas...". Esto afecta al valor de la forma en la que los partidos son realmente transformadores o se convierten en instrumentos de la inercia de la globalización. Si pretendemos crear estructuras transformadoras es necesario abandonar algunos esquemas del siglo XX...y estos esquemas siguen en vigor en Euskadi porque la izquierda que tenemos en Euskadi es la izquierda trasnochada. Nuestro espejo debe ser el Labour Party de Gran Bretaña y la propia tradición política vasca.

Como se puede ver, la alocución de Iñaki Galdos abarca un espacio político muy grande, tocando casi todos los grandes temas de interés. Resulta esperanzador para el nacionalismo que, al fin, se pueda topar con una reflexión política que se eleva por encima de la mera declaración de principios e incide en caminos provechosos para el ensanchamiento del proyecto nacionalista.

Patxi Salazar y Jokin Alkorta