Artxibo rtf
(32 - 2004ko Uztaila)

POR LA COALICIÓN EA-PNV

Van a hacer cuatro años de la gloriosa victoria nacionalista del 13 de mayo del 2001. Resulta evidente que esa fecha abrió todo un ciclo político, afectando a los partidos y agentes sociales no sólo de Euskadi sino del propio estado español. El 13 de mayo y la ascensión de Ibarretxe fue un presagio del 14 de marzo y la ascensión, no menos sorprendente, de Zapatero. Es ya una constante histórica que las derrotas de los partidos en el gobierno en Euskadi (ocurrió con UCD en 1979, ocurrió con el PSOE en 1994, ocurrió con el PP en 2001) sean preludio de una alternativa de gobierno a nivel de todo el estado español. Y no es cuestión astrológica ni climática. Es muestra de que Euskadi sigue siendo el escollo que encuentra la política española. En Euskadi no se da alternancia porque no hay alternativa nacionalista al nacionalismo, porque la apuesta de los partidos estatalistas ha sido liquidar políticamente al nacionalismo vasco y a lo que representa en materia de identidad y autogobierno. La coartada moral de ETA se quebró contra las mentiras del 11 de marzo y ese camino se demuestra ya intransitable. El PSOE, partido oportunista donde los haya, se apunta a la línea de la reforma del estatuto (a la que hacía casi una década se apuntaba ya el PSC) haciendo eso de lo que se le acusa de forma tan justa: seguidismo al PNV y al Gobierno Vasco en general, que con el Plan Ibarretxe desencadena todo un proceso que afecta al estado español por entero.

A esto le podemos añadir la situación del MLNV, desplazado de forma casi total de la línea de antagonismo político gracias al Plan Ibarretxe y con un déficit de entusiasmo interno que es dramático, aparte de los duros golpes policiales que quiebran de forma rápida la moral de la tropa. Ante este panorama, donde el PP se encuentra encastillado en su monólogo cada vez más solitario, el PSOE quiere cambiar de caballo político y el MLNV sigue en sus horas bajas, el nacionalismo vasco no aprovecha la oportunidad de su historia. La victoria del 13 de mayo no ha servido de aprendizaje para muchos líderes nacionalistas. Es cierto que en el PNV ha ocurrido un relevo en la dirección que supone un giro político de 180 grados; que la victoria de Imaz sobre Egibar no es mera retórica, sino continuación del cambio de línea política que planteó Ibarretxe antes de las elecciones del 2001. Es cierto también que en Eusko Alkartasuna hay una visión más equilibrada y realista de lo que tiene que ser la construcción nacional y su compatibilización con una labor institucional. Pero las sombras, a día de hoy, parecen mayores que las luces. El enfrentamiento interno de los dos partidos nacionalistas (y el que se da entre ellos) se ve intenso, es a la vez soterrado y abierto y drena fuerzas que tendrían que ser utilizadas para la socialización y extensión del Plan Ibarretxe y para concienciar al pueblo vasco de que en estas circunstancias es necesaria una mayoría nacionalista lo más amplia posible frente al gobierno español.

Los problemas internos de los partidos nacionalistas han incidido en su propia capacidad electoral, ya que en las últimas tres elecciones el nacionalismo ha ido bajando del techo marcado por el 13 de mayo. Es más: en función de los resultados de las últimas elecciones, el PP y el PSOE sumarían más votos (y representantes) que la conjunción del PNV, EA, IU e incluso Aralar. Hay una evidente relajación del nacionalismo, una especie de concentración en sus problemas internos, una dejación de la socialización de la propia alternativa (el Plan del Gobierno Vasco) con consecuencias sociales y electorales que podrían ser desastrosas. Aquello que parecía tan fácil y que fue imposible en el 2001, un gobierno conjunto PP-PSOE, podría ser hoy en día mucho más probable, porque el PP se apuntaría con cualquier condición a dicha coalición y porque el PSOE no podría resistir la tentación de una posibilidad de gobierno con un PP subordinado y con todos los recursos del Gobierno Vasco a su disposición.

La dirección de Eusko Alkartasuna, en este sentido, está dando pasos realmente preocupantes. La apuesta por romper la coalición e ir en solitario a las elecciones generales españolas y europeas se ha mostrado como un rotundo fracaso. Y, sin embargo, la ejecutiva nacional de EA pretende persistir y profundizar en ese camino. Resulta nítido que hay gentes, dentro de la dirección de EA, que prefieren la destrucción del proyecto de EA, su fracaso político y su desaparición electoral (que ya preludian las dos nombradas citas electorales), antes de reeditar la coalición con el PNV, que es lo políticamente más apropiado para la pervivencia de EA y para el propio país y lo que pide su propia base política y electoral. Esta actitud es coherente con líderes de EA con sensación existencial de déficit de identidad abertzale que pretenden subsanar esa imaginaria tara política acercándose lo más posible al MLNV. Gentes que se dedican a oponer construcción nacional y construcción social, retomando los paleolíticos debates que inició ETA a mediados de los años 60, debates que siempre terminaban en detrimento de lo nacional y donde se entendía lo "social" como fuelle para las estrategias violentas. La inclusión de EA en el Nazio Eztabaidagunea del MLNV es un paso nefasto que no es más que el botón de muestra de esa deriva.

La dirección de EA olvida sus referentes históricos, tira por la borda toda su labor institucional, liquida su propia alternativa política (el Plan del Gobierno Vasco), olvida la declaración ética que se encuentra grabada en el frontispicio de su fundación como partido y da la espalda a la propia voluntad nacionalista, que apuesta por una mayoría nacionalista como la del 13 de mayo, para acercarse a un políticamente agónico MLNV, cuya reacción es la de aquel que se ahoga y que quiere arrastrar al fondo del mar a su salvador. Esto sólo se entiende desde la profunda amnesia política de algunos líderes de EA, su olvido de los referentes fundacionales del partido, y del deseo no disimulado de otros de formar alternativa política con el MLNV, aunque sea a costa de quebrar la coherencia del partido y de llevarlo al desastre político-electoral.

Aunque en el PNV la situación sea un poco mejor, los estertores de la época de Lizarra constituyen todavía un pesadísimo lastre. Joseba Egibar está utilizando su cuota de protagonismo político en el sentido de acercarse lo más posible al MLNV, cediendo a Batasuna concejalías y enfrentándose al presidente del EBB cada vez que considera necesario. Mientras tanto Xabier Arzallus, en siniestras apariciones públicas, persiste en su habitual indignidad moral, lanzando loas a Arnaldo Otegi y afirmando que no es ningún demérito que este haya pertenecido a ETA.

El nacionalismo cerró en falso el error de Lizarra y por ello se enfrenta con sus fantasmas, que tratan de salir de sus tumbas políticas para encaminarlo por la senda del desastre que se preveía antes del 13 de mayo. Y, sin embargo, esta es la ocasión de renovar el autogobierno, de refrendar esa renovación mediante la voluntad popular. Sorteando las medidas legales que el PP pretendía establecer para evitar un pronunciamiento del pueblo vasco, las siguientes autonómicas son el test a través del cual puede surgir una mayor mayoría partidaria de un nuevo consenso y con fuerza política y moral suficiente como para que el gobierno español presidido por el PSOE tenga que avenirse a una reforma del autogobierno que lo deje libre de las taras que ha mostrado hasta ahora. Nos encontraríamos ante un proceso constituyente, ante la posibilidad de una catarsis política, la purificación de esta última década de encontronazos y crispaciones entre instituciones y partidos.

Son necesarias dos mayorías consecutivas, la primera, la mayoría nacionalista y progresista, ampliada, del actual equipo del Gobierno Vasco (con la coalición EA-PNV como primer puntal) y la segunda, la mayoría de aquellos que convengan en un modelo de autonomía reformado, con la intención de encaminar el contencioso político vasco por la vía de la normalidad. Pero si no hay coalición todo esto se va al traste. Por Euskadi, por la paz y por el nacionalismo es necesario que la coalición EA-PNV se haga de nuevo.

 

Jokin Alkorta