Artxibo rtf
(30 - 2004ko Urtarrila)

LAS DOS ALMAS DE LA PROPUESTA DE NUEVO ESTATUTO

ANTECEDENTES

Hace un año que el lehendakari Ibarretxe propuso que iba a presentar un plan de encaje del pueblo vasco con el Estado basado en la libre asociación y en una convivencia amable. Tanto el gobierno de Madrid como el partido opositor PSOE no esperaron a conocer a que el plan saliera. Mucho antes de conocerlo desataron todos los demonios de este mundo y otros de más allá. Tomaron posiciones apriorísticas. ¿Será consecuencia del pacto de Lizarra? Me temo que no. Porque los hechos ahí están.

Hay que recordar que fue el PP quien, en1997, rompió el pacto de Ajuria Enea en el que, entre otras cosas, se afirmaba en la necesaria lealtad hacia el cumplimiento del Estatuto. Lealtad que el PP no ha visto necesario cumplirla a pesar que lo firmó en su día y rompió la unión de los demócratas y las reglas del juego en Euskadi. El PSOE y el PP, al alimón, también hicieron fracasar el posterior Plan Ardanza que pretendía recomponer la situación. Poco después, de motu propio y unilateralmente, el PSOE abandona el gobierno vasco en la primavera de 1998, según ellos por ‘lealtad a la Constitución’. Con estos antecedentes, el diputado vasco socialista Ramón Jauregui escribe: "La unidad de los demócratas, la eficacia policial y la colaboración francesa iban reduciendo y casi venciendo el problema de la violencia. Ese camino era bueno. De pronto todo cambió. Los nacionalistas vascos rechazan todos estos parámetros de nuestra política y se inventan otro tren y otras vías". Pero la unión de los demócratas estaba ya rota antes del pacto de Lizarra; había habido una estrategia para romperlo pues las cosas no suceden de la noche a la mañana, en un plis-plas, como sugiere deshonestamente Ramón Jauregui. Ni siquiera fueron los nacionalistas los que se inventan otro tren y otras vías; simplemente se les echó -o les dejaron solos, que es lo mismo- de aquel tren y de aquella vía. Con ello el PP y el PSOE dieron ocasión y vía libre tanto a Arzalluz como a Garaikoetxea para que se iluminaran con ‘novedades’ que, muchos años atrás, rechazaron en las famosas reuniones de Chiberta y que ha dado lugar al pacto de Lizarra con ETA. Afortunadamente el tren de Lizarra fracasó como fracasó también el tren PP-PSOE en mayo del 2001. Al parecer nadie saca lecciones de estos fracasos, puesto que se vuelve a las andadas: no a las propuestas nacionalistas, no a las propuestas del lehendakari, judicialización de todo lo que salga del Parlamento de Vitoria, ni siquiera hay acuerdo en el cupo y conciertos, y, en general, no a todo lo vasco. Como consecuencia se está volviendo a empujar al PNV hacia los brazos del MLNV como si en ello estuvieran las vías de solución de los distintos conflictos que en Euskalerria y en el Estado padecemos. El PP y el PSOE no pueden llevar mejor estrategia para revitalizar al MLNV, a pesar de su ilegalización, que la que llevan.

Como rechazan sentarse a la mesa a discutir nada -Aznar ha abierto un modelo de aislacionismo ultramontano- no quieren saber nada de ningún "nuevo modelo de relación con el Estado español, basado en la libre asociación". No se quiere saber nada de uniones voluntarias ni libres asociaciones ni lo que queremos muchos vascos. Se hacen oídos sordos a todo lo que suene a vasco. Es el mundo autista del no; no porque no. Pero quedarse en el NO, es feo, por corto. ¿Cómo disimularlo? Pues dando el segundo paso sin haber dado el primero: presentando la propuesta como lo que no es, en Euskadi, en Europa y en todo el mundo. Todo vale. Es secesionista, es anticonstitucional, es rupturista -se dijo antes de conocer la propuesta- y se repite lo mismo después de conocerla. Y, lo que es más grave, dicen que la propuesta de Ibarretxe es el plan de ETA.

Sólo una mente enferma puede presentar la propuesta de Ibarretxe como que es el plan de ETA. Aznar y todo su gobierno sabe, porque han leído las tesis y sentencias del juez Garzón, de que ETA es un "movimiento revolucionario socialista vasco", por lo tanto, no nacionalista en la noción habitual del término. Pues bien, el MLNV ha dicho por activa y por pasiva que su enemigo es el estado español y francés. El gobierno vasco también es su enemigo, pero no un enemigo secundario sino un enemigo de primera línea. Porque al nacer del Estatuto de Gernika, se convierte en una prolongación del Estado español y una prolongación muy importante por el peso de la propia sociedad vasca, no sólo jurídica sino políticamente. Ellos, el MLNV, siempre han combatido dicho Estatuto tanto en el Parlamento vasco como en otras instancias. Desde esferas del MLNV se vuelve a reescribir estos días que "ha emergido una insatisfacción nueva, que se autocalifica como no-nacionalista", insatisfacción que, por nueva, no hace referencia al ámbito del PP-PSOE sino al propio del MLNV y niegan "que sean los nacionalistas los que definan el problema y la solución". Eso sí, ellos pueden definir que "la normalización pasa por satisfacer a las dos partes: la abertzale y la vasco-española". ¿Hay algún dirigente político bien informado que pueda diferenciar lo que desde el MLNV diferencian -y engloban al mismo tiempo- lo abertzale no-nacionalista y lo nacionalista no-abertzale?

La propuesta de Ibarretxe al concebir el nuevo Estatuto como pacto con las instituciones españolas -aun en el caso hipotético de que su propuesta tuviera éxito y se llevara a efecto- también se convertiría para los dirigentes del MLNV en enemigo de primera línea, pues su naturaleza pactada no cambiaría a sus ojos la naturaleza de ser prolongación del Estado Español pues no estaría orientada hacia revolución socialista que pregonan. Es más, un pacto como el que Ibarretxe propone, no está directamente orientada a la ‘derrota’ de ETA y del MLNV, sino a sentar, con la mejor de las intenciones, mejores bases sobre las que pudiera cimentarse la victoria democrática. Su propuesta mas bien parece orientada a consolidar al Estado español, con una interpretación amplia de la Constitución, por mucho que a Mayor Oreja y similares les parezca lo contrario, al solucionar el histórico conflicto del encaje del pueblo vasco que la falta de libertades ha creado en estos últimos doscientos años.

Obvio es indicar que la propuesta de Ibarretxe no tiene virtualidad alguna directa para solucionar el problema revolucionario que plantea el MLNV y que, es claro, que nada tiene que ver con la problemática histórica derivada de la abolición foral. Pero sí crearía nuevas condiciones de futuro para incrementar y reforzar la necesaria unión de todos los demócratas para acabar con toda esa lacra mafiosa de secuestros, atentados, muertes asesinatos, amenazas, impuestos revolucionarios, chantajes etc, que tanto pesan a las víctimas de ETA.

LA PROPUESTA DEL NUEVO ESTATUTO

El 25 de octubre pasado el lehendakari Ibarretxe, ante el Parlamento Vasco, hizo pública su propuesta de nuevo Estatuto para la comunidad autónoma vasca. Las reacciones que ha suscitado, la verdad, no son nuevas. Desde un año antes, en que hizo público su deseo de presentar su plan, ya estaban tomadas las decisiones tanto por parte del gobierno español y del Partido Popular que lo sustenta, como del partido opositor, el PSOE, que lo secunda: aun sin conocer el plan en detalle se toma la decisión de rechazarla de plano y se monta una campaña mediática de crispación y descalificación de todo lo que del lehendakari Ibarretxe provenga

Una vez conocida y hecha pública el plan por el propio lehendakari se reformulan los elementos de dicha campaña:

  • que tiene disposiciones que cuestionan el núcleo mismo de la Constitución de 1978
  • si antes hablaban de un desconocido "Estado libre asociado" que Ibarretxe nunca ha utilizado en los documentos que han salido en la prensa, ahora dicen que "el Estatuto de libre asociación con el Estado español" no tiene cabida en el marco constitucional.
  • califican como falacia y farsa el hecho que el lehendakari presente su plan como "propuesta de convivencia" y niegue rotuntamente que su plan tenga carácter rupturista.
  • atribuyen al nacionalismo (sic) justificar con el plan su "huída soberanista" y transferir a los demás la culpa de una ruptura inexorable.
  • atribuyen al lehendakari "convertir la imposibilidad jurídica de llevar adelante su plan como argumento para ganar las elecciones del 2005".
  • dicen sobre el plan que "a nadie le cabe en la cabeza que pueda instaurarse una "libre asociación" entre Euskadi y el resto de España a través del desgarro que genera toda adopción de decisiones unilaterales".
  • o que, nadie puede suponer que la posición del Gobierno presidido por Aznar; la de las dos grandes fuerzas políticas españolas y las máximas instancias judiciales del Estado constitucional puedan verse sometidas a la imperativa aceptación de la lógica contenida en el proyecto del lehendakari.
  • atribuyen al nacionalismo gobernante argüir que "los causantes de la ruptura no son los que se van, sino los que se quedan; no son quienes se empeñan en supeditar la convivencia al logro de las aspiraciones nacionalistas, sino los que tratan de convencer a los abertzales de que la convivencia no será posible si no renuncian de una vez por todas a la quimera soberanista".
  • le atribuyen carácter impositivo, o imperativo, por unilateralidad de propuesta además de disgregador.
  • se dice que el pacto que propone Ibarretxe deja a muchos ciudadanos fuera, desde el momento de que su inspiración general, véase el preámbulo, es nacionalista. Etc, etc.

Aunque ocasionalmente se ha tocado algún punto concreto del plan Ibarretxe la tónica dominante de la ofensiva mediática del gobierno de Madrid es la descalificación y la judicialización de todo lo que del gobierno o Parlamento de Vitoria salga. Nunca han expuesto, y se echa de menos, las razones e interpretaciones en las que basan sus sucesivas negaciones. Sustituyen razones por consignas viscerales.

En mi opinión el llamado Plan Ibarretxe o la nueva Propuesta de Estatuto vasco tiene dos partes: una parte política y otra parte más técnica.

A.- Parte Política:

El núcleo político de su propuesta se fundamenta en el pacto: pacto a realizar entre las instituciones vascas y el gobierno central.

En este aspecto es donde más se diferencia respecto del Estatuto de 1979. Pues mientras ésta es, en general, una carta otorgada el nuevo Estatuto quiere tener una naturaleza pactada entre instituciones. En su día el lehendakari Garaikoetxea se esforzó en acentuar que para él y, el pueblo vasco que representaba, el Estatuto de Gernika tenía naturalaza de pacto; pero no es suficiente que una de las partes lo diga para que lo sea. Se publicó como ley orgánica. Pero es una ley que no se cumplió. El golpe militar del 23F se hizo para que no se cumpliera y desde entonces se está trabajando para que se siga sin cumplir, es decir, el Estatuto marca unas reglas de juego que no sirven porque los sucesivos gobiernos centrales de Madrid no quiere que sirvan.

En cuanto que es una propuesta inconstitucional cabe decir que el fundamento de la propuesta de Ibarretxe, el pacto entre las instituciones vascas y el gobierno de Madrid, es constitucional. En efecto, la Constitución de 1978, en su disposición adicional, "ampara y protege los derechos históricos de los territorios forales". Y el meollo de esos derechos no es otro que el pacto secular, siempre renovable, entre las instituciones vascas y la Corona; es decir, en la actualidad, entre las instituciones vascas Diputaciones- Gobierno vasco y el gobierno de Madrid. Es el pacto lo que históricamente hemos desarrollado los vascos con otras esferas políticas, más que lo que modernamente se denomina derecho de autodeterminación. En realidad el pacto es un un instrumento político y una fuente jurídica anterior a tal derecho y está amparada y protegida por la Constitución y por lo tanto es un patrimonio político a defender de primer orden.

El pacto en sí, no tiene nada de ofensivo ni descalificador. Pero sucede que para la mentalidad jacobina, de los de la "soberanía del pueblo español", en el que se nos incluye por imperativo legal a los vascos como elemento muy minoritario, excluye de la Constitución, con soberbia y gratuidad, formas tan democráticas como el pacto para solucionar problemas que esa misma mentalidad ha creado de forma impositiva y manu militari en el pasado. A pesar de todo seguimos sin conocer las razones por las que acusan inconstitucionalidad a la propuesta de nuevo Estatuto. Sólo oimos consignas.

Sin embargo, la línea pactista tiene mucho futuro por delante y en muchos ámbitos políticos, incluído en España, por mucho que los llamados ‘constitucionalistas’ se empeñen en malutilizar nuestros impuestos en campañas mediáticas insultantes.

El hecho de que al nuevo Estatuto se le quiera dar rango de pacto exige algunos cambios en lo que a la aplicación de la Constitución de 1978 a Euskadi se refiere: no tendría lugar, por ejemplo, la aplicación del artículo 155 en Euskadi, por el que el Estado puede unilateralmente eliminar libertades autonómicas; o el cambio de composición que sugiere para el Tribunal Constitucional con la creación de una segunda Sala Especial que entendería de los conflictos Euskadi-Estado. Son cambios lógicos que exige el razonamiento paccionario y no se cuestiona ningún "núcleo constitucional" sino su aplicación razonable en la práctica política que, una interpretación democrática de la Constitución, además, lo permite. Otra cosa es que conversos constitucionalistas como Aznar, los ‘vigilantes de la democracia’, o quienes secundan a éstos, constriñan su interpretación a los valores predemocráticos y franquistoides. Quizás es por esto por lo que no dicen en qué aspectos es la propuesta inconstitucional. No dan razón alguna, y por ello, insultan y mienten.

Quienes califican la propuesta de convivencia del lehendakari como "farsa y falacia" dicen que es separatista y rupturista. La verdad es que mienten como bellacos. No hay nada en esa línea. Sólo es una propuesta de libre asociación. El miedo razonable a un referéndum que se convocaría para ver si el pueblo de Euskadi aprobaría los acuerdos a los que hipotéticamente llegaran las instituciones vascas-gobierno de Madrid no justifica tanta bellaquería.

Y es que en el fondo, los del frente del NO, se mueven por la inercia del pasado franquista, donde todo estaba atado, y son partidarios de la autocracia. Es sospechoso el descrédito que en muchos ambientes tiene el aparato judicial constitucional. No quieren dar el primer paso, que es el de sentarse a hablar, romper el hielo y dialogar cada uno con sus razones; pero son osados en dar el segundo paso sin dar el primero: mentir, descalificar y calumniar. Y montan tremendas figuraciones imaginarias en sus atormentadas cabezas: es que después del pacto habrá nacionalistas que sean independentistas, es que depués del pacto pedirán el derecho de autodeterminación, es que después de esto, habrá nacionalistas que querrán hacer un estado independiente vasco, es que después pedirán....... No tengo duda razonable que después del pacto haya todo eso y pidan todo eso. Pero si el pacto se desarrolla con lealtad y con normalidad no me cabe duda alguna que todo lo mencionado no será lo más destacable de la sociedad vasca del futuro, pues se convertirán en aguas pasadas. Al contrario, si se desarrolla como se ha hecho con el Estatuto de Gernika que se paralizó con el golpe del 23F, podrían venir otras consideraciones no tan amistosas y convivenciales como las del lehendakari Ibarretxe (véase el MLNV). Y en esto tienen mucho que ver aquellos que hoy cierran ojos a una propuesta que en sí es asociativa, sumativa, positiva, razonable un muchos puntos, oscurantista en otros, pero que hay que pulirlo en un debate y en una confrontación leal y democrática. Los que hoy niegan el pan y la sal a la propuesta Ibarretxe son los responsables de los horrores que ahora del futuro temen. Combaten con tremebundos fantasmas de futuro lo que al presente es sólo una propuesta de libre asociación. Propuesta que es discutible, cambiable desde el mismo título como ha dicho el lehendakari. Pero me temo mucho que gente irresponsable tenga capacidad de responsabilizarse en futuro. ¿Donde está la responsabilidad de aquellos gobernantes españoles de finales del siglo XIX que descompusieron los "territorios españoles" de América y Filipinas? Y dónde la de aquellos que enterraron en el cenagal de las guerras de Marruecos a tantos soldados españoles? Y dónde la responsabilidad de aquellos españoles de pro que, no hace tantos años, abandonaron a su suerte lo que decían era el Sahara español?. No en vano, el conocido escritor Arturo Pérez-Reverte, no se cansa de repetir esta idea de maneras varias en sus escritos: "se da cuenta de que España no tiene solución; está regida por reyes incapaces, ministros corruptos, curas fanáticos y gentuza que anula lo bueno que hacen otros". Porque, efectivamente, hay gente en España que sabe hacer las cosas bien. No todo es 23F.

Acusan también a la propuesta de "huída soberanista". Estos acusadores ni han leído ni les interesa leer el plan. Uno de los mayores aciertos del mismo, en mi opinión, es que quienes han redactado la propuesta han huido del término soberanía. No aparece, en todo el largo documento, en ninguna de sus matizaciones acostumbradas como es ‘la soberanía compartida’, por ejemplo. Y el acierto consiste en enfocar todo el conjunto del plan desde la perspectiva de comunidad de hombres libres que somos. Porque nos consideramos libres es por lo que queremos una libre asociación. Esto es, en mi opinión, una aplicación práctica y moderna del burujabetza vasco que nada tiene que ver con problemas de soberanias ni con aspiraciones soberanistas. Y, por tanto, no existe ninguna "culpa de ruptura inexorable que transmitir a nadie". Esto sólo existe en las alocadas cabezas de quienes agoran rupturas futuras donde sólo hay en el presente una propuesta de libre asociación.

Los que ponen vendas en sus ojos para no ver nada, dicen sobre el plan que "a nadie le cabe en la cabeza que pueda instaurarse una "libre asociación" entre Euskadi y el resto de España a través del desgarro que genera toda adopción de decisiones unilaterales". Que se sepa hasta hoy, no hay tomada ninguna decisión unilateral y por tanto, tampoco se ha dado ningún desgarro. Los que de desgarro hablan ¿porqué no explican dónde radica ello? No hay mas que una propuesta presentada a la sociedad, eso sí, por una de las partes, el mundo nacionalista. Pero no hay ninguna decisión unilateral tomada. Se ha hablado de otras propuestas, como el denominado "Más Estatuto", que no han concretado nada todavía quienes la propugnan. Se han dado en el pasado desgarros -lo hemos apuntado al inicio del trabajo- y han dañado mucho la unión de los demócratas y estamos todavía sufriendo esos daños. Reparémoslos. Pero quienes se consuelan en sus predicciones agoreras, además de no cumplir con lealtad sus compromisos y leyes, no están dispuestos a presentar nada y cierran los ojos al presente. Son quienes siembran tempestades de futuro cuya responsabilidad quieren transmitirla a las víctimas que la sufrirán. Como ha sucedido, en España, en otras ocasiones.

Esos mismos irresponsables dicen también que "nadie puede suponer que la posición del Gobierno presidido por Aznar; la de las dos grandes fuerzas políticas españolas y las máximas instancias judiciales del Estado constitucional puedan verse sometidas a la imperativa aceptación de la lógica contenida en el proyecto del lehendakari". Creo que en la propuesta del lehendakari no hay intencionalidad de imponer a nadie su lógica, entre otras cosas, porque tanto Aznar como las otras instituciones que mencionan, son mayores de edad y creo que saben decir no a las imposiciones. Hay algo, sin embargo, en la propuesta, que podría justificar, en todo caso, ese temor a la imposición. Es la referencia a que en caso de no acuerdo entre el Estado y las instituciones vascas respecto de la propuesta, se lleve a cabo el referendum con la finalidad de incorporarla "al ordenamiento jurídico". Pero esto es un punto más que podría debatirse para reformarlo, eliminarlo o lo que interese hacerse. Pero los que de primeras rechazan el debate y no quieren entrar en ello, lo toman como punto doctrinario que no debe cambiarse y a eso no hay derecho. Los prejuicios, que los hay en todas partes, no deben enturbiar ni la razón.

A los que atribuyen al nacionalismo gobernante que "los causantes de la ruptura no son los que se van, sino los que se quedan; no son quienes se empeñan en supeditar la convivencia al logro de las aspiraciones nacionalistas, sino los que tratan de convencer a los abertzales de que la convivencia no será posible si no renuncian de una vez por todas a la quimera soberanista", hay que repetirles que en la propuesta de Ibarretxe no hay soberanismo sino burujabetza y que son dos cosas excluyentes entre sí y nada tiene que ver lo uno con lo otro: porque nos consideramos pueblo libre queremos proponer al Estado español sistemas de libre asociación con ella. Eso es burujabetza. No hay más. Y eso de "los que se van y los que se quedan, etc" no es mas que una frase literaria que se quiere vestir de política. Y la política no es, en su fundamento, literatura.

También le atribuyen a la propuesta del lehendakari carácter impositivo, o imperativo, además de disgregador por unilateralidad de propuesta. Pero vamos a ver: alquien presenta una propuesta y, formalmente, es unilateral porque alguien tiene que hacerlo. ¿Pero es el plan disgregador, impositivo, imperativo?. Que digan dónde, en el plan propuesto, se dan esos supuestos. Lo único imperativo en todo este caso es que los que cierren los ojos al presente quieren imponer su criterio de no hacer nada, de que la sociedad se paralice, de que la vida quede inmóvil en una foto fija. La vida no es eso y los que hoy no quieren ver, tarde o temprano, se darán con las esquinas.

Dicen también que el pacto que propone Ibarretxe deja a muchos ciudadanos fuera, desde el momento de que su inspiración general, véase el preámbulo, es nacionalista. Lo único de verdad en esta frase es que su inspiración general es nacionalista porque la propuesta se hace desde esta orientación política. Pero a nadie que no lo sea se le obliga a comulgar con ello. No es mas que una propuesta a debatir y habrá cosas que cambiar. Sólo se quedan fuera los que no presentan nada ni quieren debatir nada. Pero la responsabilidad es de ellos y no del lehendakari. Tampoco el preámbulo de la Constitución española es nacionalista y sin embargo con la lectura amplia de la misma, creo que pocos pueden sentirse excluidos. En cambio con la lectura que hace Aznar de ella son muchos los vascos y no vascos que sienten que la Constitución es un libro muy gordo que cualquier día nos van a agredir con ella en la cabeza. Y esto ya no es democracia.

B.- Parte técnica:

La parte técnica de la propuesta tiene muchas y variadas facetas. Quizás demasiadas, que hace que su lectura nos distraiga del fin de esta propuesta: una libre asociación con el Estado español a través de un pacto. La excesiva prodigalidad del texto hace resaltar algunos claroscuros. Veamos tres claroscuros de menor calado:

1.- Metidos en su articulado se hace especialmente llamativo el artículo sexto de la propuesta. En ella hace referencia a "Las relaciones con la Comunidad Foral de Navarra". Parece que, para reforzar la ‘ortodoxia nacionalista’, es preciso mencionar las relaciones con Navarra en documentos que se hacen pasar por tales. Recuerda a la época en que algunos socialistas solían escribir Revolución, así con R mayúscula, para reafirmar su fidelidad ideológica. En este caso, bastaba con readecuar el siguiente artículo, el nº 7, que trata de las relaciones de la Comunidad de Euskadi con las demás regiones del Euskalerria, para soslayar estas fidelidades pueriles.

2.- Es mi parecer que, tratar sobre ‘ciudadanía’ y ‘nacionalidad’ en este documento complica las cosas. Aunque hay también más temas que no debían haberse mencionado porque son propios de otra fase de debate –destaco aquí la distribución de facultades entre la Comunidad de Euskadi y el Estado- porque alargan la propuesta innecesariamente, pues –repito- lo más importante, en mi opinón, es consolidar y consagrar definitivamente el mecanismo paccionado más que conseguir determinadas facultades concretas. Máxime cuando lo que se busca es la integración social en torno a este plan.

3.- Se dice en la propuesta, en el artículo 63-3: "El Parlamento Vasco regulará el régimen jurídico [...] de los bienes comunales". ¿Es que los bienes comunales -que no coincide con los bienes públicos- son acaso propiedad del Parlamento vasco, del Gobierno vasco, de las Diputaciones, o de los municipios para atribuirse semejante facultad? ¿O, son mas bien, unos bienes que no se regulan por el régimen de propiedad, sino por el principio de la utilidad y beneficios que pueden reportar a la comunidad que los utiliza y, por tanto, único sujeto que puede establecer su régimen jurídico?

Existe otro claroscuro de mayor gravedad, donde lo oscuro domina lo claro. Me refiero a las dos almas a que la propuesta de nuevo estatuto político hace referencia: por un lado se ancla en "el respeto y actualización de los derechos históricos"; y por otro, se refiere al "derecho a decidir su propio futuro tal y como se aprobó en mayoría absoluta el 15 de febrero de 1990 en el Parlamento Vasco, y de conformidad con el derecho de autodeterminación de los pueblos".

1.- El preámbulo hace referencia a que "El Pueblo Vasco es [...] depositario de un patrimonio histórico, social y cultural singular" olvidándose de su patrimonio político también singular, en la que la cultura del pacto -lo foral- ha sido parte principal, practicada, además, por todos los territorios que integran Euskalerria. ¿Es un simple olvido o, más bien, es una dejación vergonzante de un partido político que dice defender los derechos que, como pueblo, nos asiste y que además están reconocidos? La cuestión se plantea con crudeza porque no es lo mismo olvido que dejación. Y es muy importante aclararlo.

2.- El preámbulo mismo hace referencia al "derecho de autodeterminación de los pueblos", en mi opinión, con una visión absoluta como tal derecho. El no relativizar ese derecho invita a olvidar que, en la práctica, se ha utilizado de un modo contradictorio: por un lado, la práctica democrática de que junto a la ley de las mayorías quede también regulada legalmente de que las minorías sean reconocidas y respetadas; y por otro, el ejemplo negativo de los Balcanes donde tal derecho fue utilizado por todos, serbios, musulmanes y croatas, como arma ideológica para justificar el odio al diferente y justificar así la guerra de todos contra todos. Es innecesario, además, recurrir formalmente a tal derecho para ejercerla democráticamente. Porque ¿qué nos aporta a la cultura del pacto foral y a la de nuestros derechos históricos reconocidos el ejercicio de tal derecho? ¿Proporciona más claridad que ambigüedad? ¿Más certeza jurídico-política que inseguridad? ¿Más integridad social que desgarros?. Además, hay otra cuestión delicada que me atrevo plantear: ¿acaso estamos digeriendo inadvertidamente el chantaje político que, sobre nosotros, ejerce la violencia del MLNV, al advertir éstos que es bueno que se incluya ‘el derecho de autodeterminación’ -sin matices- en la propuesta?

Discernir sobre estos dos puntos que se acaban de mencionar es de importancia capital a la hora de enfocar bien tanto el debate del plan Ibarretxe como su buen final.

4.- Aunque se menciona "el respeto al régimen foral privativo de los Territorios Históricos" y a las "Instituciones Forales de los Territorios Históricos" y se les asigna iniciativas de tipo legislativo en el Parlamento Vasco no queda claro la concepción con la que se diseña el reparto competencial entre las Instituciones Comunes y las Forales.

Las dudas provienen de la indefinición misma del plan: ¿el plan se cimenta en el derecho de autodeterminación o en los derechos históricos reconocidos?. Esto es lo que debe aclararse antes que discutir el articulado. Porque llegaríamos a objetivos diferentes.

En el proyecto se habla de "el respeto y actualización de los derechos históricos". Respetar los derechos históricos significa reconocer que el sujeto de tales derechos, en el caso de la Comunidad de Euskadi, no son el Gobierno vasco ni el Parlamento vasco ni la Lehendakaritza sino que son los territorios históricos de Alaba, Bizkaia y Gipuzkoa, representadas en sus instituciones forales: las Juntas Generales y las Diputaciones. Actualizarlos significa que estas instituciones forales, por acuerdo entre ellas, pueden crear Instituciones Comunes -llámese Parlamento Vasco y Gobierno Vasco- pues, históricamente, existían ya las llamadas Conferencias de Diputaciones. Ellos, los territorios históricos, deben establecer para qué queremos esas Instituciones Comunes, y facultarlos correspondientemente. Y no al revés: ya que el Parlamento vasco no puede atribuirse facultad alguna para organizar las instituciones forales. Sólo a los municipios y al pueblo de cada territorio histórico corresponde tal tarea. Algunas facultades de las Instituciones Comunes deberán ser, obviamente, permanentes y otras a discreción, según necesidades. Y todos tiene el deber de respetar las facultades y potestades de cada cual, una vez establecidas. Me temo que, tal y como está redactado la propuesta, no es esta la vía que guía a los redactores de la misma.

Si el plan se fundamenta en el derecho de autodeterminación que el Parlamento Vasco aprobó en febrero de 1990, la mecánica del proceso y los principios que lo guían son diferentes. Sería un proceso constituyente basado en el ciudadano, no en los territorios históricos, donde la primacía del Parlamento frente a las Juntas Generales y Diputaciones tradicionales sería indiscutible. Como consecuencia, los derechos históricos serían otra vez pisoteados, pero por nosotros mismos, por los propios vascos. Estaríamos en un caso de concepción jacobina especial que podría denominarse jacobinismo o centralismo taimado porque la soberanía parlamentaria se ejercería de facto sin mencionarla en el texto. De hecho, en el plan, el término soberanía no se menciona para nada. Si es esta la intencionalidad de quienes han redactado la propuesta, aceptada por el lehendakari, existiría, entonces, el agravante del engaño, pues convierte "el respeto y actualización de los derechos historicos" en una fórmula de dudosa validez jurídica-política donde la actualización (léase derecho de autodeterminación) sustituye a los propios derechos históricos. De ejercitarse esta concepción tendría otros dos inconvenientes añadidos:

- Por una parte, la desestructuración de Euskalerria en su conjunto, porque Navarra se desarrollaría en virtud de sus "derechos históricos" y la Comunidad de Euskadi tendría otra fundamentación diferente. Se rompe así, en el país, el idéntico plano de libertad de que gozan los territorios históricos con la abolición de la ley del 25 de octubre de 1839. Respecto de los territorios de Iparralde sería preciso que también estos territorios recuperaran su condición de que sus derechos históricos serán también respetados por parte de la Constitución francesa, tarea no imposible puesto que la Constitución española de 1978 ya lo incluye para los territorios vascos que aquí mencionamos. No serán las diferentes administraciones existentes las que desmembraran el país en el futuro sino los diferentes planos de libertad en que a cada territorio histórico pongamos.

- La incertidumbre que significaría cambiar unos derechos singulares reconocidos, por una opción (derecho de autodeterminación) que, en el caso vasco, su aplicación parece más que dudosa en el futuro. Entraríamos en un campo -cuando menos- de dudosa legalidad y legitimidad pues los desgarros sociales serían inevitables.

CONCLUSIÓN

Después de leer la propuesta queda una sensación agridulce. Es positiva la presentación de un plan de libre asociación, porque esa es la obligación de todo hombre libre: asociarse con otros para preservar sus prerrogativas humanas. Es negativa en cuanto no queda diáfana el alma de la propuesta: ¿son los derechos históricos o es un ambigüo derecho de autodeterminación su fundamentación? Porque son dos almas que no se juntan para complementarse y mejorar sino que, como hemos visto, uno destruye al otro. Tampoco se ve, para el futuro, como crear la gran solidaridad vasca si desde ahora se conciben diferentes planos de libertad para sus territorios.

Si se quiere, desde ahora, la máxima integración social y el mínimo desgarro -que lo habrá- debe debatirse sobre el alma que guíe la propuesta definitiva. Si no el futuro que nos vislumbra la propuesta, tal y como está redactada, es poco halagüeña.

TXOMIN ODRIOZOLA