Artxibo rtf
(31 - 2004ko Maiatza)

La ‘interlocución obligada’ con el socialismo vasco

Tras las elecciones del 14 de marzo, los discursos políticos que han resultado dominantes eluden el choque frontal. El presidente español Zapatero y el lehendakari vasco Ibarretxe conjugan conceptos similares en su discurso político. Los términos diálogo, reforma estatutaria, plurinacionalidad, convivencia parecen perder la condición de factores de confrontación y se entrevé que enmarcan ya una revisión conceptual cuyo consecuencia más o menos directa sería la superación, por la vía del entendimiento, del alejamiento institucional entre los vascos y los españoles.  

Es cierto, sin embargo, que ‘una cosa es predicar y otra dar trigo’. El gusto por la nueva retórica política no va a ocultar que la tarea consiste en que se deben encontrar soluciones prácticas que garanticen una estabilidad duradera, una normalización política para el reencuentro democrático entre Euskadi-España. Y ello significa que la verdadera ‘piedra de toque’ con la que va a contrastarse la ‘nueva etapa política’ es, en el ámbito vasco, el debate parlamentario sobre la reforma del estatuto y el Nuevo Estatuto del Gobierno Vasco. 

 

En las primeras manifestaciones referidas al tema, ambos Gobiernos mantienen una pugna en el terreno formal, en el de la legitimidad del debate en sus actuales términos, como tratando de hacerse con una simbólica victoria antes de abordar los contenidos de la reforma que ambos coinciden en querer impulsar. La discusión formal es retirar el Plan o continuar adelante (ahora con el posible reinicio de su tramitación parlamentaria, según propuesta de Atutxa). Es cierto que el Tribunal Constitucional ha considerado legítimo el recorrido parlamentario del Nuevo Estatuto y que, a partir de esta decisión, la condición de ‘rectificación’ que plantea Zapatero es una exigencia política que provoca una restricción a la deliberación parlamentaria que no se sostiene en las reglas de juego.

 

Por supuesto, a nadie interesa un nuevo callejón sin salida. La propuesta de Atutxa es correcta. Hasta ahora, la tramitación parlamentaria de la propuesta del Gobierno estaba en entredicho por el recurso del Gobierno de Aznar. Una vez despejada esta incógnita, podría ser políticamente entendible reiniciar el procedimiento de manera que el debate parlamentario se pueda celebrar en un mejor clima de seguridad, sin amenazas a su continuidad.

 

Parece claro, sin embargo, que el problema no está donde se está planteando hoy; el problema no es el de la retirada o no del proyecto. El PSE y Zapatero buscan garantías en relación con la foto final del proyecto de Ibarretxe. No les son suficientes las constantes apelaciones de diversos miembros del Gobierno vasco a que ‘todo el proyecto de Nuevo Estatuto es modificable, desde la primera hasta la última línea’. No les son suficientes la promesa de que habrán de concurrir las condiciones de exclusión de ETA, de un apoyo popular superior al Estatuto del 79 y la aceptación en cada uno de los tres territorios para que este proceso político continúe.

 

Los socialistas, en realidad, quieren compartir el timón. Creen que son ‘el interlocutor obligado’ y que sin ellos ‘no son posibles soluciones compartidas’. Y puede compartirse el timón en la medida en que se comparte la brújula; es decir, si se comparten los principios que orientan el proceso democrático que las instituciones vascas han abierto, por mandato popular, en Euskadi.  A decir verdad, podrían reivindicarse en esa posición de ‘interlocutor obligado’ con una actitud activa de definición de su proyecto de reforma de autogobierno, de ‘más estatuto’, de presentación del contenido de sus propuestas ante el Parlamento y la sociedad. Pero, no se ven seguros por ese lado. Es muy posible que su postura a favor de la ampliación del autogobierno no sea todavía muy consistente, que este debate genere recelos en amplios sectores del socialismo vasco y también es posible que la exigencia de ‘rectificación’ sólo oculte indecisión. La interrogante de fondo es, por lo tanto, si los socialistas vascos están o no dispuestos a recuperar el contenido pactado originario del Estatuto y perfeccionarlo conforme a las exigencias de la sociedad vasca de hoy.

 

En fin, que no tiene sentido anular el debate parlamentario sobre el Nuevo Estatuto. Sin rectificar, se podrá ralentizar, replegar, acomodar para ampliar la participación de los representantes políticos de la sociedad vasca. Pero, de algún modo hay que ayudar al socialismo vasco a que responda a la cuestión planteada y pueda incorporarse al proceso de revisión del autogobierno. En todos los impulsos que la construcción del país ha cobrado en la historia, el socialismo ha sido ‘interlocutor obligado’ del nacionalismo. Hoy también lo debe ser. ¿Sería tan costoso reconocerlo formal y solemnemente? A mí modo de ver, la clave del deshielo podría residir en este reconocimiento y en la conformación de un eje que lidere una nueva etapa de integración popular, sostenido básicamente sobre los nacionalistas (PNV y EA) y la izquierda democrática vasca (PSE e IU), herederos todos ellos de los fundadores del primer Gobierno nacional. En el año del lehendakari Agirre, recuperar su sentido de la política sería el mejor homenaje a su memoria. 

Joxan Rekondo.