Artxibo rtf
(31 - 2004ko Maiatza)

Estupidez o mala conciencia

- ┐Cambios en China?-

Con el pretencioso título ‘Giro en China’, el grupo Vocento (El Correo, El Diario Vasco) opina en la editorial que reproducen sus medios vascos en fecha 6 de marzo de 2004 acerca del ‘informe sobre la labor del gobierno’ que el primer ministro Wen Jiabao ha presentado ante la Asamblea Popular Nacional china el pasado 5 de marzo. Del sustantivo ‘giro’ que el grupo de comunicación ha percibido en la situación china que describe se podría desprender un acontecimiento trascendental, un ‘giro sistémico’ o una evolución constatable a un sistema diferente. El grupo de comunicación principia el ‘giro’ en el abandono de ‘las inaplicables tesis maoístas’ para pasar a la denominada ‘economía de mercado socialista’.

La realidad, sin embargo, es que no cabe hablar de ‘giro chino’. Acaso, los acontecimientos se podrían definir como un repliegue que recupera el enfoque de una etapa que, en 1952, el PCCh creyó ver superada, la etapa de Nueva Democracia. Los ZEE son Nueva Democracia, la adaptación constitucional para incorporar modalidades de propiedad no públicas es asimismo un retorno al orden vigente en el periodo de Nueva Democracia. En puridad, se trataría de un retorno a Mao, a su pensamiento, desde la crítica al voluntarismo que guió sus actos como gobernante. Así lo justifica, por ejemplo, el investigador japonés Okobe Tatsumi: "Al abandonar la Nueva Democracia y lanzarse hacia el socialismo en los años cincuenta, China... dejó de beneficiarse de los efectos modernizadores del desarrollo capitalista y ahora está tratando de volver a la Nueva Democracia". Apuntándose asimismo a esta interpretación, el politólogo norteamericano Edward Friedman subraya la disposición de los actuales gobernantes a oponer y reivindicar el Mao inicial de la fase de Nueva Democracia (1949-1952) frente al ‘trágico Mao final’. De la vinculación de los impulsos de Deng Xiaoping y de Jiang Zemin al pensamiento de aquel Mao – "para el presente, la nueva democracia, y para el futuro, el socialismo: éstas son dos partes de un todo orgánico, guiadas por una y la misma ideología comunista"- deriva precisamente la continuidad del sistema en lo esencial. Una continuidad que no es lineal en muchos aspectos, aunque si lo sea en la apropiación continuada del poder político por parte del Partido Comunista.

No hay ‘giro’, sin duda. Pero, la editorial de Vocento nos permite advertir la escasa capacidad de ‘juicio crítico’ de la que hacen gala los medios occidentales en relación a China. La apertura china al capital extranjero nubla la vista de medios que, aunque ligados al interés económico, parecen serios hasta llevarlos al punto de decir soberanas estupideces incomprensibles hasta desde el punto de vista del interés que defienden. Como ejemplo, esta concentración de simplezas en una sólo frase: "es posible que el Gran Dragón esté aún lejos de cumplir con lo que en parámetros occidentales se consideraría respecto a los Derechos Humanos, ...pero desde la perspectiva de lo que China era, lo que hoy es y lo que sus gobernantes pretenden que sea, el discurso de Jiabao sólo puede ser interpretado desde su faceta más positiva". Enfada el despreciable eurocentrismo que destila la frasecita que apela a ‘parámetros occidentales’ de derechos humanos pareciendo significar, por una parte, un patrón de derechos humanos diferente para Occidente o acaso sugiriendo, por otra parte, una genética cultural refractaria a los derechos humanos y la democracia en Oriente (falsa imagen de una identidad china atada al confucianismo, cribado éste por el poder político para su propio servicio, recurso que ha sido habitual de todos los despotismos chinos). Pero, el éxito y el simbolismo del movimiento liberal y democrático del 4 de mayo de 1919 refuta históricamente la ‘boutade’ del indocumentado editorialista de Vocento. Y la diáspora china, la evolución democrática de Taiwán, la cultura liberal de Hong Kong y la disidencia reprimida en Tian’anmen (en el 70 aniversario del movimiento de 1919) demuestran que los chinos en la actualidad no viven fascinados por el gusto del autoritarismo, sea confuciano o marxista-leninista.

Por lo demás, no hay variación apreciable en el lenguaje del primer ministro Wen Jiabao (que, por cierto, recurre a expresiones tópicas, del tipo ‘desarrollar la democracia socialista’ subrayando precisamente la inquebrantabilidad de los fundamentos del sistema) que nos lleve a albergar alguna esperanza para un mínimo progreso de los Derechos Humanos en China, ni aún en el caso de que éstos fueran entendidos conforme a los más restrictos parámetros orientales que, sea por estupidez o mala conciencia, Vocento cree genéticamente adecuados a aquel Estado. Por lo tanto, lo que era China en un pasado más reciente, lo que hoy es y lo que sus gobernantes pretenden que sea es, a buen seguro, lo que los chinos no quisieron que fuera y no quieren que sea.

 

Xabier Iparragirre