Artxibo rtf
(31 - 2004ko Maiatza)

DEMOCRACIA Y MEDIACIÓN COMUNICATIVA

Uno de los retos a los que se enfrenta la sociedad vasca, en su empeño por solucionar con fórmulas democráticas sus problemas de convivencia, es el de la organización social de la comunicación entre todos los vecinos o ciudadanos.

El régimen democrático, en su sentido más original de la experiencia ateniense en la época de Pericles, consideraba ciudadano de Atenas a cada vecino genuino(1) de cada una de las vecindades que conformaban la ciudad común. El hecho de ser ciudadano tenía su expresión más sustancial en su participación activa y directa en los procesos comunicativos de proposición, debate y decisión, así como en los procesos de ejecución y control, sobre las condiciones públicas en las que debían discurrir sus relaciones sociales(2) .

La calidad de la participación depende de la calidad de la comunicación. La falta de comunicación o una comunicación que distorsione los contenidos propuestos por los diferentes vecinos o ciudadanos afecta, como es natural, negativamente a la calidad de la participación consciente, voluntaria, autónoma y responsable de todos los ciudadanos en el proceso deliberativo-decisorio.

Tal proceso puede desglosarse en fases diferentes, de las cabe destacar cuatro: a) fase definitoria de agendas (definición y jerarquización de los retos a los que se enfrenta la comunidad políticamente constituyente o constituida); b) fase de presentación de propuestas para afrontar dichos retos; c) fase deliberativa sobre las propuestas y los razonamientos sobre ellas; y d) fase decisoria.

La democracia demanda, idealmente, que todos los ciudadanos puedan participar en condiciones de igualdad en todas las fases. Tales condiciones de igualdad varían, dependiendo de la lucha y relación de fuerzas entre quienes las garantizan y favorecen, de un lado, y quienes las impiden y dificultan, del otro, lucha que es parte sustantiva y permanente de la historia de las experiencias democráticas. La fuerza de las armas y la fuerza de la palabra, el arte de la milicia y el arte de la oratoria, la lógica y la poesía, la necesidad material y la devoción religiosa, ... pueden utilizarse en un sentido u otro. Así fue en la Atenas de Pericles y así es hoy.

Sin embargo, han cambiado notablemente las condiciones sociales en que tal lucha se desarrolla. Las nuevas condiciones sociales de mediación comunicativa (prensa, radio, teléfono, TV, internet e Intranet ..., son armas de doble filo:

  • de un lado, permiten ampliar y profundizar la participación de todos los ciudadanos, pero,
  • del otro, pueden reducirla, en el sentido de condicionar–a través del control de los medios- el contenido que fluye por ellos.

Debe tenerse en cuenta que, en la actualidad, la inmensa mayoría de los ciudadanos participa en el debate deliberativo político a través de nodos comunicativos indirectos o virtuales (que han sustituido a las plazas y mercados de las vecindades de antaño como lugares de información y comunicación). La organización social concreta de dichos nodos y su modo de funcionamiento real afectan muy significativamente a las fases a), b) y c) del proceso deliberativo-decisorio.

Nuestra opinión es que, hoy, en relación a los problemas políticos que más preocupan a los ciudadanos, la mediación ejercida por los medios de comunicación afecta muy negativamente a l proceso de profundización democrática en la sociedad vasca. Personas que se informen sobre la realidad política vasca en fuentes distintas encontrarán graves problemas de entenderse en la discusión necesaria para aclarar los contenidos sobre los que vaya a decidirse.

Como ejemplo puede citarse la comunicación que vehiculan la prensa en relación a las propuestas más discutidas sobre lo que debe hacerse en relación a la situación política vasca.

Dos de los ejes argumentativos en relación a la cuestión vasca siguen siendo el ''Acuerdo por las libertades y contra el terrorismo'' suscrito por PP y PSOE en diciembre del 2000 y la propuesta de ''Una iniciativa para la convivencia'' presentada por el lehendakari Ibarretxe desde septiembre de 2002. Reflejan, sin duda, dos modos de afrontar problemas vitales que afectan a nuestra convivencia política, por lo que la posición de los ciudadanos sobre su contenido puede resultar decisiva para orientar la solución. Tal toma de posición, en un contexto de responsabilidad democrática, debiera ocurrir previo conocimiento y debate público abierto sobre sus diferentes aspectos. Y dado que la mayoría de los ciudadanos accede al conocimiento de las iniciativas políticas y participa en el debate sobre las mismas a través de los medios de comunicación, es razonable preguntar si éstos sirven para tal fin.

En el VI Congreso Vasco de Sociología se han presentado los resultados de una amplia y meticulosa investigación que analiza el modo en que ha venido informando la prensa sobre el ''acuerdo'' y la ''iniciativa'' citados. Sabido es que ambas propuestas fueron y siguen siendo interpretadas de forma muy contradictoria. Nada más conocerse el ''acuerdo por las libertades y contra el terrorismo'', Ibarretxe declaró que «no se puede decir que sea un acuerdo contra ETA, porque no aporta nada nuevo en la lucha contra el terrorismo, sino contra el nacionalismo vasco, en el sentido de que lo que se hace es consensuar que en el futuro sólo será posible que el PP y el PSOE puedan realizar pactos con PNV o EA si éstos renuncian a sus ideas». Por su parte, Aznar calificó la "iniciativa para la convivencia" del lehendakari como un plan para «romper la convivencia entre los vascos». Tales interpretaciones y (des)calificaciones son consustanciales al debate democrático. Pero la confrontación entre opiniones, sin dar a conocer aquello sobre lo que se opina, se reduce a propaganda. La citada investigación analiza, precisamente, si el ciudadano, llamado a pronunciarse para avalar una u otra opinión o interpretación, recibe a través de la prensa información veraz sobre el contenido real de las propuestas.

Para ello se han estudiado los diccionarios completos de varios miles de artículos de prensa, que se refieren al acuerdo entre el PP y el PSOE en torno a la cuestión vasca, y de ellos un 50% recoge expresamente la referencia a las libertades o democracia y al (anti)terrorismo, conceptos claves del documento suscrito por ellos.

También hemos analizado el contenido de más de diez mil artículos de prensa que tratan de la propuesta de "una iniciativa para la convivencia", generalmente identificada como Plan Ibarre-txe. Pero, en este caso, sólo un 6 % de ellos incluye referencias expresas a "convivencia" y "soberanía compartida" o "cosoberanía", categorías o principios sustanciales y centrales de la propuesta.

żA qué puede deberse tal desproporción al informar del contenido de una u otra propuesta, independientemente de que se esté a su favor o en su contra? El catedrático Marc Carrillo ha denunciado, recientemente, «un notorio déficit democrático en la gestión de los medios de comunicación audiovisual» (''Información en elecciones'', "El País", 2004-02-29) y ha recordado los principios de ética democrática a los que debiera ajustarse la organización social de la mediación comunicativa, insistiendo que "el primer compromiso ético del periodista es el respeto a la verdad", según reza el Código Deontológico de la FEPA.

El notable déficit de información veraz en la prensa, al menos al informar sobre propuestas fundamentales referidas a la cuestión vasca, no puede explicarse apelando al azar o al despiste involuntario. Que sólo un 6% de una muestra tan amplia de artículos de prensa que versan sobre la propuesta presentada por Ibarretxe incluya las referencias a "convivencia" y a "soberanía compartida", condena a un porcentaje altísimo de ciudadanos que decidan su voto por lo que hayan leído en los medios sobre ella, a optar sin conocimiento sobre su contenido originario. El hecho de que en la citada investigación "Gara" y "La Razón" ofrezcan los porcentajes menores (3,3% y 3,5%, respectivamente), nos permite apuntar a la sobreideologización política de la prensa como hipótesis razonable para explicar lo que ocurre.

Este dato es previo e independiente de si una propuesta es más acertada que otra, o si es oportuna y procedente. Sólo tratamos de averiguar por qué son sus contenidos tan desigualmente reconocibles para quien se informa sobre ellos a través de la prensa.

Pueden apuntarse razones de tipo histórico y específicas a la institucionalización de ciertas tradiciones mediáticas, presentes a lo largo de la transición posfranquista. Tradiciones como la de la Efe y su entorno, o la del ideario revolucionario de ilustrados y de menos ilustrados, en fin, la de todos aquellos que, como los falangistas o los leninistas, han considerado los medios de comunicación, no como plazas para el debate democrático, sino como cauces y correas de agitación social para realizar históricamente "sus" verdades. Sin el sobrepeso de estas tradiciones no se explica que el debate público sobre la realidad vasca esté sobredeterminado por la razón jacobina de la unidad de España, de un lado, y por la utilización subversiva de las contradicciones que genera la contestación de los vascos contra ella, del otro. El sometimiento a la lógica de estos polos equivale a imponer a la sociedad vasca una dialéctica viciada, porque sirve de coartada para no respetar la voluntad de los vascos y para excluir, ignorar o tergiversar cualesquiera propuestas que traten de afrontar los problemas desde otros enfoques distintos, como el defendido por el lehendakari Ibarretxe o cualquier otro que se presenta.

Soy consciente de que esta razón ideológica, aun siendo necesaria, no es suficiente para explicar lo que está pasando con los medios de comunicación. Desde la escasa independencia económica de algunos de ellos ­obligados a callar o a hablar no por el deber ético de informar verazmente, sino por necesitar ayudas y anuncios condicionados­, hasta la todavía deficiente consolidación de una tradición de periodistas que, a su vocación de tales, unan el conocimiento profundo de los temas sobre los que informan y la libertad ética para ejercer su profesión de forma veraz y honesta, pueden citarse, seguramente, otras mil razones concomitantes. Pero sin un compromiso explícito personal, profesional e institucional a favor de la idea democrática de una red de medios de comunicación al servicio del descubrimiento de la verdad de los hechos y de los procesos, a través de la información fidedigna y del debate plural sobre su interpretación, poco se avanzará en la solución del déficit apuntado.

Es, sin duda, fundamental que acertemos en el enfoque democrático correcto al enfrentarnos a la violencia ilegítima que nos ataca y nos destruye en sus variadas formas, cuestión a la que me he referido en numerosas ocasiones. La concienciación y movilización popular en tal sentido tiene actualmente, sin embargo, uno de sus grandes escollos en el hecho de que estamos alimentando un auténtico agujero negro de incomunicación entre los ciudadanos afectados, debido a que escasea la información veraz y sobreabunda la propaganda al presentar y debatir en los medios las propuestas políticas en liza sobre la cuestión vasca.

Considero, por ello, que la (re)generación de procesos comunicativos internos y externos, es uno de los retos más básicos y urgentes que debemos asumir, para favorecer la integración democrática tanto local como global al afrontar nuestra convivencia presente y futura, en cuestiones económicas y sociales, así como en las culturales y políticas.

Este reto es responsabilidad y compromiso de todos y cada uno, porque sólo a través de la implicación activa de las personas afectadas pueden resolverse de manera democrática los problemas planteados por el propio desarrollo democrático.

F. Garmendia

1 Ni los esclavos adscritos a las casas, ni los residentes venidos de otras vecindades, eran considerados vecinos genuinos, por lo que tampoco adquirían la condición de ciudadanos de la polis ateniense, no estando facultados, en consecuencia, a participar ni en el agora ni en los órganos de gobierno.

2 No debe entenderse nieguno de estos principios en términos absolutos. El mismo Pericles es ejemplo de líder militar inigualable (por tanto desigualmente elegido). Sin embargo valen como principios ideal-típicos que han servido –y a nuestro juicio debieran servir para distinguir el modo democrático de gobierno político de otros.