Artxibo rtf
(33 - 2004ko Azaroa)

NOTAS PARA EL DEBATE SOBRE

LAS RELACIONES VASCO-EUROPEAS

(I)

 

1. INTRODUCCIÓN

La propuesta de un «Tratado por el que se instituye una Constitución Europea» y el referéndum sobre su aceptación son actualmente la ocasión para replantear el debate sobre las relaciones vasco-europeas. La gran mayoría de las personas más directamente afectadas por dicho Tratado –es decir todos los que tenemos nuestra vecindad administrativa en algún territorio de la Unión Europea- nos identificamos sólo en segundo o tercer lugar como ciudadanos europeos, porque, en general, seguimos anteponiendo nuestras identidades locales, nacionales y/o estatales a la europea. A pesar de ello, son pocos los que creen que puedan hacer realidad sus aspiraciones –incluso nacionales- fuera de un espacio europeo compartido. Por ello, el contenido social concreto del debate sobre Europa incluye preguntas sobre su incidencia tanto en nuestra vida local cotidiana como en nuestra posición global en el mundo.

El debate público, la discusión abierta, el razonamiento dialéctico, ... son parte sustancial de cualquier proceso democrático basado en la participación personal, libre y responsable, de los vecinos y ciudadanos en las deliberaciones políticas que les afectan. Y como el proceso constituyente europeo nos afecta, es nuestra responsabilidad participar en el debate sobre el mismo.

La cuestión del Tratado, con ser importante, debe situarse, sin embargo, en un contexto más amplio, planteando cuestiones que trascienden, en cualquier caso, el tema del referéndum. Esta observación es particularmente útil para quienes asistimos / participamos en este largo proceso constituyente, sin poder contribuir con nuestros puntos de vista a través de una representación política más directa en los foros institucionales en los que se deciden los contenidos de este Tratado y de otros acuerdos.

Los vascos nos preguntemos por las consecuencias positivas y negativas que dicho Tratado vaya a tener en el desarrollo de las relaciones económicas, culturales y políticas a las que aspiramos tanto en el ámbito vasco como en el conjunto de los espacios en los que nos hallamos implicados. El debate sobre Europa incluye, por tanto, el debate sobre el Pueblo Vasco, sobre España y sobre Francia, en fin, sobre el conjunto de realidades sociales e instituciones políticas que nos afectan.

En debates que afectan a contenidos complejos e interdependientes resulta útil ganar cierta distancia para ampliar la perspectiva. Aunque es bien cierto que la única perspectiva verdaderamente productiva es la referida al futuro transformable, es igualmente cierto que las experiencias históricas pasadas nos aportan lecciones útiles para evitar errores y mejorar los aciertos. Por esta razón, voy a dividir en cuatro partes la exposición de estas notas:

    • Contrastes vasco-europeos en la Edad Moderna
    • De la experiencia vasca de la Revolución Francesa
    • Del Primer Gobierno Vasco a la actualidad
    • Europa como reto

2. EXPERIENCIAS VASCO-EUROPEAS DEL PASADO

He oído decir al escultor Chillida que el Pueblo Vasco es europeo desde la Prehistoria. Y Elías de Tejada, en nota preliminar de su estudio sobre EL SEÑORIO DE VIZCAYA, afirma: «Vizcaya es un pueblo vasco, y por vasco español, que supo serlo en tanto grado como para merecer el destino de construir la postrera trinchera de las Españas contra el espíritu europeo» (Francisco Elías de Tejada, EL SEÑORIO DE VIZCAYA (hasta 1812), Edic. Minotauro, Madrid 1963)

Estos juicios antagónicos en relación a lo que el Pueblo Vasco sea en relación a Europa obedecen, de un lado, a la historia contradictoria tanto de Euskalerria como de Europa y, del otro, a la diferencia de perspectivas -de quienes analizamos su mutua relación- al definir el propio futuro que, sin duda, condiciona -en forma de intereses y deseos- la interpretación de un mismo (?) pasado.

El Pueblo Vasco, por su milenaria vecindad –al menos- a ambos lados del Pirineo, puede ser identificado, efectivamente, desde la Prehistoria viviendo en una parte señalada de Europa.

Pero esta tradición milenaria no es ajena, de hecho, a la pervivencia de su identidad preindoeuropea, que, al parecer, tal como manifiesta su lengua -sin tronco familiar que le aporte ramas hermanas- expresa un modo de existencia cultural no asimilado en el modo y grado en que lo ha sido el de las comunidades de su entorno por los hábitos que han resultado dominantes en Europa.

Todo ello ha afectado y afecta a las relaciones vasco-europeas, tanto a la definición de su mundo de valores como a la institucionalización de las relaciones de autoridad y de uso o disfrute de los bienes.

Analizando, p.e., la vida política de la Atenas de Pericles con el sistema institucional tradicional de los Valles del Pirineo Navarro, no puede uno sustraerse a la tentación de hacer comparaciones, constatando ciertas coincidencias, a la vez que grandes diferencias. Lo mismo ocurre al comparar las épocas medievales y modernas del Pueblo Vasco con las de sus comunidades vecinas.

No resulta fácil hacer una evaluación global del pasado político vasco en su relación con otros procesos europeos, dada la falta de información sobre muchos aspectos. Pero disponemos de documentación relativamente bien contrastada sobre algunas experiencias de relación política vasco-europea que resultan de interés para comprender algunos problemas presentes y que, por ello, se convierten en factores que pueden ayudar a plantear mejor la proyección futura de dicha relación.

2.1. Contrastes vasco-europeos en la Edad Moderna

2.1.1. Pase foral versus absolutismo real

La salida de la Edad Media y la consolidación de la Edad Moderna en el ámbito de las instituciones políticas europeas supuso, en general, una mayor desconsideración de la voluntad popular en la legitimación de las leyes que, cada vez más, se consideraron como un atributo exclusivo de la voluntad real.

En esos siglos la teoría política y la práctica institucional europeas van a estar dominadas por las monarquías absolutas, a cuyo poder se le presume un origen divino -como máxima legitimación en una sociedad heredera de la religiosidad medieval-.

Lo que llama la atención de cualquier analista del modo de vinculación del Pueblo Vasco con las monarquías europeas modernas tanto española como francesa es la quiebra del absolutismo como norma básica de su relación, al establecer que cualquier disposición real que no se ajustase a la tradición, uso, costumbre y fuero -interpretados por los representantes del propio pueblo en sus respectivos territorios- fuese obedecida pero no cumplida.

El procedimiento institucional, por el que las disposiciones reales eran sometidas a examen y discriminación de la representación de cada territorio vasco, recibe el nombre de «pase foral», «uso» o «derecho de sobrecarta».

El Fuero de Vizcaya lo define en estos términos:

"Otrossi, dixeron: Que havían por Fuero, é Ley, é Franqueza, é Libertad, que cualquiera carta, o Provisíón Real, Que el dicho Señor de Vizcaya diera, o mandare dar, ó preveer, que sea, ó ser pueda, contra las Leyes, é Fueros de Vizcaya, directe o indirecte, que sea obedecida, y no cumplida» (Tít. 5, Ley XI).

 

Con idéntica claridad se expresa la tradición navarra al respecto, tal como cabe colegir de la lectura de la Ley 2 del Título del Fuero de Navarra según la Novísima Recopilación de Elizondo (1735), donde se establece:

«Que las cédulas dadas en agravio de las Leyes del Reyno, aunque sean obedecidas no sean cumplidas».

José Miguel de Alzaola -poco sospechoso de interpretaciones nacionalistas de la historia vasca- reconoce lo que, todo el que se acerque al estudio político de la época moderna europea y repare en el hecho vasco, se ve obligado a confirmar:

"Las Cortes, pues, y las Juntas actuaban como verdaderos jueces de la constitucionalidad de las disposiciones regias.

La concesión o denegacion del pase foral y la negativa a votar impuestos antes de reparados los contrafueros, eran quizá las más trascendentales de todas las facultades de las Juntas vascongadas y de las Cortes de Navarra, y desde luego las más significativas, en una época como la Edad Moderna caracterizada por el absolutismo monárquico. Cuando se estimaba que la disposición regia era contraria al Fuero, las órdenes del rey eran, conforme a la fórmula consagrada, «obedecidas, pero no cumplidas»: lo que significaba, hablando en plata, que no se procedía a su aplicación» (J.M. de Alzaola, Vasconia y su destino, II Los vascos ayer y hoy -Vol. 1- pp.242)

El sujeto que dirimía, en última instancia, la constitucionalidad de las disposiciones reales era, por tanto, la asamblea representativa de cada territorio vasco.

«la singularidad constitucional de las entidades vascas -singularidad cada vez más llamativa, a medida que iba progresando el absolutismo, y gracias a la cual hizo éste en Vasconia avances mucho menores que en otros sitios- consistió en el mantenimiento del principio de la primacía del Fuero sobre la voluntad real: principio que era general en la Edad Media y que fue cayendo poco a poco en desuso, o quedó abolido de un plumazo, en los restantes dominios de las Coronas de España y de Francia, así como en muchos otros países de Europa» (ibd.)

Cabe decir, por tanto, que el Pueblo Vasco -en su diversidad institucional de sujetos políticos- presenta una original y eficaz oposición a la moda política del absolutismo monárquico de la época moderna de Europa, estableciendo con sus respectivos Señores o Reyes vínculos sujetos a pacto de mutua solidaridad.

¿Que resulta mas acorde con el «espíritu europeo»? ¿El absolutismo moderno o la posición ejercida por los vascos contra él? ¿El punto de vista de un único centro de poder o la concurrencia de varios centros de autoridad?

2.1.2. Hidalguía universal versus división nobleza/plebe

La proclamación de la nobleza universal constituye un hecho insólito en la historia política europea y, es sin embargo, fenómeno generalizado en el País Vasco desde muy antiguo. En el Valle del Roncal de Navarra, por ejemplo, la proclamación se verificó en sus Ordenanzas Municipales con anterioridad a la aparición de los Fueros de Vizcaya.

La proclamación de la nobleza universal se formula en el Fuero de Vizcaya en las Leyes 13 y 16 del Título 1:

«Otrosí, dixeron: Que todos los naturales, vecino é moradores de este dicho Señorío de Vizcaya, Tierra-Llana, Villas, Ciudad, Encartaciones, é Durangueses, eran Notorios Hijos -Dalgo, é gozaban de todos los privilegios de Homes Hijos- Dalgo».

Y el Compendio del Fuero de Guipúzcoa proclama para

«todos los naturales de la dicha Provincia, que probaren ser originario de ellas... la condición de hijosdalgo en propiedad y posesión, aunque prueben lo susodicho con testigos naturales de dicha Provincia, y les falten testigos pecheros, y la vecindad de los padres, y los abuelos (...) en lugares de pecheros: porque no hay ni lo uno ni lo otro en la dicha Provincia».

En estas declaraciones subyace la construcción de un discurso social por el que los vascos quieren hacer prevalecer -como evidencia política- su condición de nobles por el simple hecho de ser hijos y miembros de una determinada Comunidad Vasca. Intento, a todas luces extraño, cuando en cualquier otra región europea se reservaba tal título a unos pocos, a quienes los demás debían servir.

¿Cuál es, pues, el sentido y alcance de este peculiar fenómeno?

Todo ello arranca de la experiencia de muchos de los vascos que habitaban o moraban «en las partes de Castilla y otras partes». Resulta que en los pueblos de dichos territorios «les echaban pechas e imposiciones u otras cosas que hombres hijosdalgo no debían contribuir". Los vascos consideran injusta una tal discriminación y «por evitar dichos agravios y otros que de ello se seguían» exigen ser tratados al igual que cualquier otro hombre hijodalgo, según Fuero de España.

Vemos, pues, que el proceso de esta construcción social es relativamente sencillo en lo que a su núcleo se refiere: si para ser libre es preciso declararse nobles, los vascos proclamamos nuestra nobleza universal.

Los vascos se ven obligados a justificar el hecho insólito y único de pertenecer universal y originariamente a un pueblo de nobles, mientras en los pueblos circundantes no se concebía una comunidad sin dividirla socialmente entre nobleza y plebe.

Y los vascos, una vez implicados en el debate- encuentran argumentos en favor de su original situación en el hecho igualmente original de su lengua, el euskera que, por su carácter de lengua isla, permitía, en cierto modo, aislar y diferenciar al pueblo vasco. Y en su afán por demostrar que se trataba de un pueblo único y singular, lo identificarán con los descendientes de Tubal, quien -en la tradición recogida por Alfonso X El Sabio- fue el primer poblador de la peninsula ibérica.

A su vez, los detractores de «la nobleza universal» de los vascos, en su afán apologético de emparentarlos incluso con judíos y moros, llegarán al extremo de argüir que el nombre de Vizcaínos indica con claridad que se trata de Bis-Caines, dos veces Caines, una vez con Abel y la segunda vez con Jesucristo. Esta ascendencia judía de los vascos quedaría asimismo confirmada por Fuenterrabía, al que se le presume Puerto y Fuente de Rabinos. Se llegará incluso a decir que es evidente la relación de los vascos con los moros porque el mismo nombre de Amezqueta indica que en dicho lugar hubo mezquita.

Hay quienes, con más ignorancia que ironía, se dedican a ridiculizar el mito de nuestra «universal nobleza», desenraizándola del suelo histórico concreto en que nació y creció. Los que así obran en nuestros días olvidan que el mito de la común ascendencia hidalga fue arma laboriosamente trabajada e inteligentemente utilizada para combatir el mito de la natural división entre nobleza y plebe.

El valor -falso o verdadero- del discurso intelectual para demostrar uno u otro mito es difícil de medirlo, ateniéndonos a unos criterios estrictamente academicistas. Son igualmente falsos los argumentos que hacen descender al Pueblo Vasco de Túbal y los que emparentan a los vascos con judíos y moros. Su verdad es de otra naturaleza. Nosotros nos quedamos con la verdad de los que hicieron socialmente plausible la pertenencia de los vascos a una común nobleza, mitificando, al servicio de esta verdad, su propio pasado, para escaparse de los «agravios» que se derivaban del hecho de no ser considerados hidalgos, en tierras en las que prevalecía el mito de la división natural entre nobleza y plebe.

Complemento de la proclamación de la nobleza universal es la serie de disposiciones y garantías del Fuero de Vizcaya, diseminadas en diversas leyes y capítulos, sobre lo que se ha denominado el HABEAS CORPUS, tan alabadas por propios y extraños y consideradas, por algunos, anteriores a las inglesas y más completas que ellas. La Ley XII del título 5 del Fuero de Vizcaya se expresa así:

«Otrosí, dixeron: Que havian de Fuero, é constumbre, é Franqueza, é Libertad, que sobre delito, ni maleficio alguno, público, ni privado, grande, ni libiano, é de cualquier calidad y gravedad que sea, agora sea tal, Que el Juez de Oficio pueda proceder, agora no; que a Vizcayno alguno no se dé tormento alguno ni amenaza de Tormento, directe, ni indirecte, en Vizcaya, ni fuera de ella en parte alguna".

Adrián Celaya califica, por esta razón, al Fuero de Vizcaya como «carta magna de nuestras libertades», y la valora en el contexto de su época y de su entorno europeo, en los siguientes términos (4).

«El Fuero de Vizcaya, también breve, se adelanta a su tiempo en muchos y fundamentales aspectos. Ninguna ley de su época contiene unos mecanismos de defensa de la líbertad y de los derechos humanos que puedan ser comparables a las garantías procesales que se leen en el Fuero de Vizcaya».

La garantía de tales libertades y derechos, a lo largo de la Edad Moderna, resultó ser el reconocimiento de la condición noble de los vascos.

Como puede observarse, se trata de un contraste que justifica las apreciaciones más contradictorias sobre las relaciones vasco europeas. Chillida podría decir que el vasco se adelantó al espíritu europeo y Elías de Tejada que se opuso con todo vigor. En cualquier caso, el contraste es innegable.

 

2.1.3. Trabajo versus propiedad en el disfrute de la tierra

Este contraste adquiere mayor intensidad si comparamos las diferencias del noble común europeo y del noble vasco en sus relaciones con la tierra. El ejemplo de la Comunidad del Valle de Roncal es elocuente.

Según las Ordenanzas del Valle de 1534, llamadas ordinariamente «Capítulas de Unión del valle del Roncal», a las que se hará referencia continua en disputas y discusiones que se originen dentro de la Comunidad o entre ésta y otras instancias, se establece:

«que todo vezino que quiere gozar de vezindad en la dicha valle de Roncal y en los lugares compresos en aquella, aya de tener y tenga cassa o solar de cassa y resida en aquella en todo tiempo del anno, con su muger y familia personalmente, y pague los derechos reales, escepto que si alguno tuviere privilegio o gracia de no los pagar, contribuiga e cumpla en todos e cualesquier gastos y vecindades, que los otros vecinos residentes acostumbran de pagar» (5).

Las Capítulas a las que estamos haciendo referencia fueron recopiladas por representantes elegidos y nombrados «por los dichos alcaldes, jurados, vezinos e concejo y universidad de la val de Roncal», «para fazer, ordenar y asentar las dichas ordenanzas, cotos y paramientos», siendo la finalidad de este ordenamiento institucional:

«para que sepan agora e a los tiempos a venir los alcaldes, jurados, vezinos y concejo e singulares personas del dicho val de Roncal, como se deuen regir en la dicha vecindad del dicho valle y como se an de gouernar en gozar y usufructuar de los dichos términos y montes» (6).

El documento que comentamos destaca que la condición de vecindad exige la adscripción a una casa en la que se reside durante todo el año. Quien no cumpla esta condición no puede intervenir en el ordenamiento cívico-social de la comunidad y tampoco puede acceder al disfrute y goce de los bienes del Valle. Como se podrá comprobar, la intención que anima a los legisladores es que los beneficios que aporta el Valle estén vinculados lo más directamente posible al trabajo directo que realiza cada vecino. Esta es la razón por la que ni siquiera el hijo que herede de su padre la casa familiar podrá disfrutar de pastos y ganados, si no establece y fija su residencia en el dicho Valle. Esta es la forma para no consentir la explotación de haciendas a través de terceros y cortar así posibles cauces de especulación. La contundencia de la norma no precisa de ningún comentario:

«que si algún vecino del dicho valle que de presente es e por tiempo sera, quisiere por via de donación o testamento, dejar vecindad, como casas y heredades, ad alguno que sea vecino forano fuera del dicho val, no ostante que sea hijo o pariente, el tal que tenga vezindad de fuera no puede gozar en los provechos, frutos y gozos del dicho valle con ningún ganado granado ni menudo, sino que venga a residir con su muger y familia, segun que contiene por el primer articulo, y pague los mesmos derechos que los dichos del valle pagan» (7).

Independientemente de la vía hereditaria se institucionalizan asimismo las condiciones en las que se deberán llevar a cabo los traspasos de casa por vía de compraventa, debiendo anunciarse previamente en tres Juntas Generales del Valle para que sea algún hijo de la propia tierra quien acceda a dicha compra, y siendo preceptivo el precio establecido por «dicho y estimación de dos hombres buenos que el dicho valle para ello eligiera y nombrare».

¿Qué es más acorde con el espíritu europeo: condicionar el disfrute de los bienes de la naturaleza (pastos, minas, bosques, etc.) al trabajo realizado por los vecinos o adscribir los bienes en propiedad a personas reconociéndoles el derecho de usar, disfrutar y abusar de ellos?

2.2. ¿Qué podemos aprender de un pasado tan lejano?

Las tendencias contradictorias en el modo de concebir a los sujetos políticos y de definir sus deberes y derechos no deben representarse a modo de una contradicción simplificada entre un polo vasco y otro europeo. En el seno mismo de las historias concretas de las diferentes comunidades de vascones hallaremos las contradicciones que hemos presentado. Si es que el Pueblo Vasco se apartó o se singularizó con instituciones propias de otras modas que resultaron dominantes en sus entornos europeos, se debió a factores tanto internos como externos.

a) Este conjunto de "rarezas" institucionales vascas en el contexto europeo de la época tuvieron éxito social tanto ad intra como ad extra. Ad intra, porque contó, en general, con la aceptación y defensa por parte de la mayoría de los vecinos directamente afectados. Y ad extra, porque mereció el respeto de las monarquías a las que estuvieron vinculados.

b) El respeto por parte de los Reyes funcionó a través del mecanismo institucional, llamado «pase foral».

Por ejemplo, sin la reacción decidida de los propios vascos contra aquellos Parientes Mayores que querían feudalizar sus Valles, hubiese sido muy otra la suerte institucional de los vascos. Pero la ayuda del Rey a los vascos contra sus Parientes Mayores dedicados a banderías, hubiese acabado con el sistema institucional vasco, de no mediar el respeto al "pase foral" o "uso". Ambos factores resultaron ser igualmente importantes. Es lo que empezó a faltar a partir de finales del S.XVIII.

(continuará)

Francisco Garmendia