Artxibo rtf
(30 - 2004ko Urtarrila)

China: siglo XXI

Fue en septiembre del año pasado. La pequeña Hu Haiqing, Hai para sus amigos, con sus 33 añitos bien llevados, se unió en feliz matrimonio a Mao Daolin, un mocetón de 40 años. Todo normal, salvo el pequeño detalle de que la novia era nada más ni nada menos que la hija del Presidente chino Hu Jintao (los chinos ponen en primer lugar el apellido) y el futuro "cabeza de familia", casualmente, uno de los hombres más ricos de China. Al afortunado (nunca mejor dicho), se le calcula una fortuna (entre acciones y opciones de compra y según la agencia Reuters) de más de 150 millones de dólares. Ella había estudiado en EEUU (en los 90), él estuvo trabajando en San Francisco, se casaron en Hawai, hicieron el viaje de novios por los USA, y fijaron su residencia en China. Todo muy chinatown, ¿a que sí?.

Los tiempos corren que da gusto. Antes, a los cerdos capitalistas se los cepillaban, ahora, se casan con ellos. ¡A esto se le llama un cambio!. Y es que el Partido Comunista Chino (PCCh) presentó el 22 de Diciembre ante la Asamblea Nacional Popular (órgano legislativo) una propuesta de enmienda a la Constitución que de ser aprobada (esto siempre está garantizado) hará que se reconozca por primera vez la propiedad privada: "la propiedad privada obtenida legalmente no podrá ser violada". Con esta reforma, y según el Gobierno chino, los principios que guiarán su actuación serán "el marxismo-leninismo, el pensamiento Mao Zedong y la Teoría de las Tres Representaciones de Jiang Zemin".

Estimado lectores, estoy seguro de que para Uds. el marxismo-leninismo y el pensamiento Mao Zedong no tiene secretos, pero ¿a que la Teoría de las Tres Representaciones (TTR para los expertos) les ha pillado un poco de sorpresa?. ¡Pues no se apuren, que para eso leen el Goiz-Argi!. Pero antes vamos a hacer una pequeña incursión estadística del gigante oriental.

China (incluido Tibet) tiene una extensión de casi 10 millones de kilómetros cuadrados y pronto alcanzará los 1.300 millones de habitantes. Esto es, ¡un mundo!. Su crecimiento económico del 10% en los últimos años, su integración en la Organización Mundial del Comercio (OMC), su apuesta por el capitalismo en el plano económico, los bajos costos de su mano de obra y el potencial futuro de su consumo ha hecho que las multinacionales la consideren objetivo prioritario. De esta forma, y según Actualidad Económica, un obrero chino ganaría unas 12 veces menos que la media estatal española, y un directivo medio unas 17 veces menos. Esto la está convirtiendo en una inmensa fábrica. Tan es así que ya el 70% de los juguetes del mundo se fabrican en China, así como la mitad de la producción textil mundial, el 95% del regalo promocional, ... Es también líder mundial en bicicletas, relojes, motos, calzado, televisores, aire acondicionado, frigoríficos, lavadoras, cemento, acero, arroz, trigo, ...

Pero el coste de la mano de obra es sólo una de sus "virtudes", ya que el desprecio de las autoridades por el medio ambiente, la corrupción generalizada (como en todo totalitarismo), así como la prohibición de crear sindicatos independientes, la convierten en un paraíso (¿socialista?) para la gente sin escrúpulos. Por cierto, como ha sido siempre, aunque antes lo intentaban disimular. Y ya que estamos en el tema les voy a citar un proverbio de los disidentes de la Europa del Este en la época comunista y que decía: "El capitalismo es la explotación del hombre por el hombre. El socialismo es lo contrario".

Los dirigentes comunistas chinos siempre han tenido la sana pretensión de mejorar. Así, Mao Zedong, alias El Gran Timonel, montó un experimento el año 1958 llamado el Gran Salto Adelante, que terminó en un terrible fracaso económico (se pretendía superar en 3 años a Gran Bretaña y en 15 años a los EEUU) provocando la muerte de unos 40 millones de chinos. A su muerte, no les faltó tiempo a los pragmáticos del Partido (con Den Xiaoping a la cabeza) para intentar abrirse al exterior creando zonas económicas especiales y creando un mercado agrícola controlado por el Estado. Pero pronto se vio que lo hecho era, a todas luces, insuficiente. Crisis económica, crisis política, y Tienanmen 89. Muere Den Xiaoping y los reformistas (Jiang Zemin y cuadrilla) se hacen con las riendas del poder. Se intensifican las inversiones extranjeras, se crea riqueza, desigualdad y un campo con más de 900 millones de chinos dispuesto a escapar de su miseria y buscarse la vida en donde se pueda ganar dinero. Las empresas estatales, ineficientes como siempre, deben adecuarse a los nuevos tiempos, y se comienza a hacer una criba entre ellas, provocando unos 200 millones de despidos, succionados en parte por las nuevas áreas económicas. Y ante la necesidad de recurrir a los nuevos empresarios chinos y a su iniciativa para sacar el país adelante, se crea la superteoría de Las Tres Representaciones, que viene a significar que ya se fueron los tiempos de excluir a los cerdos capitalistas explotadores, que se les necesita, y que el Partido se aviene a representarlos, junto a los campesinos, a los proletarios y a los intelectuales. Y es que el Partido es una "madre" para todos.

El Partido Comunista de China, que tiene 65 millones de afiliados, es consciente que si no consigue la mejora de las condiciones de vida de los chinos, su tiempo habrá acabado. Es por ello que apuesta por una liberalización económica, no así política, y que recuerda un poco a los tecnócratas del Opus Dei en tiempos de Franco. Cambiar para que nada cambie, esa parece ser la consigna. ¿Lo conseguirán?.

En Julio de 1964 Mao Zedong ya era consciente de lo peligros que acechaban a "su" revolución. En el documento "Acerca del falso comunismo de Jruschov y sus lecciones históricas para el mundo" decía lo siguiente:

Para asegurar que nuestro Partido y nuestro país no cambien de color, debemos no sólo tener una línea y una política correctas, sino también preparar y forjar decenas de millones de continuadores de la causa revolucionaria del proletariado.

El problema de la formación de continuadores de la causa revolucionaria del proletariado se refiere, en el fondo, a si la causa revolucionaria marxista-leninista iniciada por los revolucionarios proletarios de la vieja generación contará con quienes la sigan llevando adelante, si la dirección de nuestro Partido y nuestro Estado seguirá en manos de los revolucionarios proletarios, si nuestros descendientes proseguirán avanzando por el justo camino trazado por el marxismo-leninismo, esto es, se refiere a si podemos precavernos con éxito contra la aparición del revisionismo jruschovista en China. En una palabra, se trata de un problema importantísimo que afecta al destino, a la existencia misma de nuestro Partido y nuestro Estado. Se trata de un problema de importancia fundamental para la causa revolucionaria del proletariado por cien, mil e incluso diez mil años.

Basándose en los cambios operados en la Unión Soviética, los agoreros imperialistas depositan sus esperanzas de "evolución pacífica" en la tercera o cuarta generación del Partido chino. Haremos fracasar completamente este presagio imperialista.

Si Mao Zedong era la cabeza visible de la 1ª generación, Den Xiaoping lo fue de la 2ª, Jiang Zemin lo es de la 3ª y Hu Jintao de la 4ª, ¿se cumplirá la profecía de los agoreros imperialistas? ¿son Hu Jintao y su camarilla una sarta de revisionistas que han abandonado su obligación de continuadores de la causa?.

Da la impresión que los revolucionarios del proletariado (nomenklatura) han tenido que sacrificar sus puntos doctrinales a cambio de permanecer en el poder (¿indefinidamente?) y no perder sus privilegios. Pero la dialéctica materialista (y en eso los dirigentes chinos han sido grandes maestros) se basa en el cambio, en la sustitución de lo viejo por lo nuevo. Y en China lo viejo es el Partido Comunista. El cambio para que nada cambie es una fórmula con fecha de caducidad.

El siglo XX ha sido el de los totalitarismos, esperemos que el XXI nos aporte menos horror y más inteligencia.

Manu Manzisidor
Enero del 2004