Artxibo rtf
(29 - 2003koUrria)

¿QUÉ ES EL MLNV? ( y 4)

2. 10) Principios éticos del MLNV

Los principios éticos del MLNV constituyen una serie de mandamientos que son la traducción al lenguaje ético de los principios revolucionarios clásicos, ya definidos por el pensamiento marxista-leninista. Estos principios los resumiríamos y acotaríamos en tres grandes bloques: el principio de la lucha y la contradicción, el principio de la muerte, y el principio del cambio. Esta es, evidentemente, una selección arbitraria. Pero sirve para ofrecer un perfil reconocible al sistema ético que está construyendo el MLNV con todo su cambio de lenguaje.

El principio de la lucha y de la contradicción: Este es el mandamiento por excelencia. Deriva de la propia conciencia de la lucha de clases. La perspectiva de la lucha de clases, de una sociedad donde las clases se encuentran en lucha, es derivación de una cosmovisión basada en la dialéctica marxista. No vamos a entrar en el análisis del origen o génesis de la dialéctica marxista o su relación con otro tipo de dialécticas. Lo importante para nosotros es que la dialéctica es para los marxistas, para el MLNV, el "alma del marxismo" y el arma principal de la que dispone para el triunfo de la revolución. Aquí no haremos sino leves indicaciones sobre el tema ya que exigiría una grandísima extensión.

La dialéctica marxista, y su derivación, el lenguaje dialéctico, el lenguaje de doble sentido que utilizan los dirigentes del MLNV para llevar a cabo sus fines, afirma la lucha como el máximo imperativo categórico revolucionario. Dice Alain Badiou: "La lucha es el único principio absoluto del pensamiento dialéctico: ésa es la esencia de la dialéctica como filosofía que se ha rebelado". Y la dialéctica marxista afirma también que todas las cosas y que todos los conceptos se encuentran en lucha. Por ello dice Badiou que resulta "imposible tener razón solo y para sí. Se tiene razón contra los reaccionarios". Es decir, se tiene razón luchando en contra de algo. Desde este punto de vista, todas las cosas que existen en la realidad así como los conceptos que representan o reflejan esas cosas de la realidad constituyen una unidad de opuestos en lucha en su interior, donde lo nuevo lucha contra lo viejo, lo revolucionario lucha contra lo reaccionario, y donde lo nuevo destruye a lo viejo y lo revolucionario destruye a lo reaccionario. Esta visión la sintetizaron los maoístas chinos en aquella proposición que recorrió el mundo: UNO (TODO) SE DIVIDE EN DOS. O estas otras no menos importantes: EL MUNDO SE COMPONE DE DOS. TODO ESTÁ BASADO EN DOS. NO HAY NADA QUE NO SEA DOS EN UNO. Como vemos, la visión dual o dialéctica de un marxista es siempre militante, guerrera y combatiente.

Algunos ejemplos nos pueden dar luz acerca de la naturaleza de la dialéctica y del lenguaje dialéctico tal como lo usan los dirigentes del MLNV. Cojamos el concepto de patriotismo o abertzalismo. Los dirigentes del MLNV se presentan como los abertzales por excelencia y han logrado que cuando se hable de abertzales se refieran exclusivamente a ellos. El patriotismo o abertzalismo vasco es para la cosmovisión marxista que detenta el MLNV una unidad conceptual constituida por dos opuestos que luchan en su interior: uno es el abertzalismo nuevo, el revolucionario, el socialista de izquierda que lucha y se opone al abertzalismo viejo, al tradicional, al de derechas, al de Sabino Arana. Cojamos otro concepto: el de PUEBLO que representa y refleja una realidad sociológica. El concepto PUEBLO, como todo lo demás, es una unidad conceptual de dos opuestos en lucha. Por un lado tenemos el pueblo consciente, revolucionario, cuyo faro rector es el MLNV, y por otro lado está el pueblo burgués y contrarrevolucionario, representado por los partidos institucionales. Cuando el MLNV habla de "pueblo" habla de esa parte consciente y revolucionaria, en oposición a la parte reaccionaria y partidaria del status quo. Con el concepto de DEMOCRACIA pasa exactamente lo mismo. Dentro de la misma unidad conceptual tenemos dos opuestos en lucha irreconciliable: por un lado la democracia nueva, la presentativa, la comunista o popular (representada por el MLNV) que se opone y lucha contra la democracia vieja, formal, representativa, burguesa y parlamentaria. Los mismo pasa con otros conceptos que la visión dual marxista divide y enfrenta en lucha irreconciliable: tenemos al concepto de LIBERTAD (revolucionaria y burguesa), INDEPENDENCIA (socialista y burguesa), AUTODETERMINACIÓN (revolucionaria y burguesa) PAZ (revolucionaria y burguesa) ÉTICA... Es evidente que esta metodología de divisiones irreconciliables dentro del mismo concepto o de la misma realidad significa que el MLNV vacía de su contenido real los términos propios del nacionalismo o de la democracia, adaptándolos a la lucha revolucionaria, que recoge así nueva fuerza, manipulando y utilizando para fines no nacionalistas o no democráticos el bagaje conceptual descrito.

El manejo en el pensamiento, en el lenguaje y en la acción de los dos aspectos contradictorios y antagónicos de una realidad o de un concepto, conduce a la desorientación, a la confusión y al engaño del profano en materias dialécticas: el cual, como es natural, no está habituado a esa visión dual sino a la monovisión lógica de un solo aspecto en cada concepto y cada realidad.

Efectivamente, el demócrata convencido que oye hablar a los del MLNV de democracia, el independentista que oye defender a los dirigentes del MLNV la independencia del País Vasco, el patriota vasco que lee la defensa por parte del MLNV del abertzalismo a ultranza, quedarán atrapados en uno sólo de los aspectos que componen la visión dual sin que vean ni sospechen el otro aspecto opuesto. Y quedarán convencidos de que, como él, los del MLNV son auténticos independentistas, demócratas y abertzales. A lo más no estará de acuerdo con algunos de los que él considera métodos violentos y poco éticos. Cuando la realidad es que el MLNV monta todo un aparato estratégico, organizativo y lingüístico, con la intención de hacer bascular el poder que otorga la conciencia y la problemática nacionalista para sus propios fines de aprovechamiento revolucionario de lucha contra el sistema planetario capitalista, contra su modelo de democracia representativa y contra su expresión estatal y local, el propio nacionalismo vasco y el entramado institucional que lidera.

La moral marxista, en este sentido, presupone un darle la vuelta a la moral tal como la entendemos la mayoría de los mortales. Así lo ilustra Badiou: "La rebelión es alérgica a la máxima de la moral de Kant: "Debes, luego puedes" (...) La moral es una prescripción derrotada (...) Como materialista, la razón obrera dice: Puedes, luego debes". Badiou nos plantea aquí dos cosas: primero, una petición de principio ("puedes, luego debes") que es otra forma de plantear el imperativo de la lucha en relación a la "rebelión", a la "revolución" que es la emergencia de dicho principio; y, en segundo término, la técnica de la inversión de los valores morales, de darle la vuelta a los valores morales, la constancia de una moral revolucionaria frente a la moral reaccionaria al uso –lo que no significa que en función de los intereses de la lucha concreta no se pueda enarbolar la moral tradicional y la propia ley contra las que se lucha.

Lenin convierte a la lucha de clases en el faro rector del universo ético del marxismo. Decía a los jóvenes comunistas rusos:

"toda la educación, toda la instrucción y toda la enseñanza de la juventud contemporánea deben inculcarle la moral comunista. Pero ¿existe una moral comunista? ¿Existe una moralidad comunista? Es evidente que sí. Se pretende muchas veces que nosotros no tenemos una moral propia, y la burguesía nos acusa muy a menudo de que nosotros, los comunistas, negamos toda moral. Esto no es más que una maniobra para suplantar los conceptos y engañar a los obreros y campesinos. ¿En qué sentido negamos nosotros la moral, la moralidad? La negamos en el sentido en que la ha predicado la burguesía, deduciéndola de mandamientos divinos. A este respecto decimos, como es natural, que no creemos en Dios, y sabemos muy bien que el clero, los terratenientes y la burguesía hablaban en nombre de Dios para defender sus intereses de explotadores. O bien, en lugar de deducir esta moral de los dictados de la moralidad, de los mandamientos divinos, la deducían de frases idealistas o semiidealistas que, en definitiva, se parecían siempre mucho a los mandamientos de Dios. Nosotros negamos toda moralidad de esa índole tomada de concepciones al margen de la sociedad humana, al margen de las clases. Decimos que eso es engañar, embaucar a los obreros y campesinos y embotar su conciencia en provecho de los terratenientes y capitalistas. Decimos que nuestra moralidad está subordinada por completo a los intereses de la lucha de clase del proletariado. Nuestra moralidad dimana de los intereses de la lucha de clase del proletariado... por eso decimos que, para nosotros, la moralidad tomada al margen de la sociedad humana no existe, es un engaño. Para nosotros, la moral está subordinada a los intereses de la lucha de clase del proletariado". (nuestro subrayado)

La lucha de clases es la expresión de la guerra entendida como política y revolución. El lenguaje bélico de la toma de poder constante y permanente del marxismo se eleva a rango de mandamiento moral. De una moralidad que es "científica" y de combate, pues está enraizada en la dinámica social del juego de poderes, que es la forma abstracta de nombrar la propia lucha entre los grupos sociales antagónicos. Dentro de nuestra etapa actual, el lenguaje de Lenin queda anticuado. Nadie dice creer explícitamente en la "lucha de clases" o en "los intereses del proletariado". Por ello, Michel Foucault reprochaba al marxismo haberse empleado demasiado en subrayar el término de "lucha de clases" cuando realmente había que subrayar el término de "lucha". Así se abre paso a la revolución lingüística que, en estos últimos años, ha cambiado radicalmente el lenguaje del marxismo, adaptándolo a estos tiempos de primacía de lo ético.

La transmutación de la lucha según que circunstancia (por ejemplo, en el caso de la lucha nacional, en la cual según Mao "la lucha de clases toma la forma de lucha por la liberación nacional") y la transformación de los sujetos sociales de cambio radical (del proletariado clásico al "obrero social" de Toni Negri) pretenden expresarnos el cambio de situación histórica (tras la caída de los regímenes del Este) y la necesidad de persistir en la "lucha" contra el Capital. "Siempre hay razones para luchar" decía el viejo Mao. La cuestión consiste, para el MLNV, en encontrar las razones que valgan hoy para llevar adelante esa lucha. La lucha es el imperativo categórico revolucionario. Decía Alain Badiou: "Toda verdad se afirma en la destrucción del sinsentido. Toda verdad es así esencialmente destrucción. Todo lo que únicamente conserva es únicamente falso. El campo del conocimiento marxista es un campo de ruinas". Y culmina: "La verdad marxista no es una verdad conciliadora. Es por sí misma dictadura y, si es necesario, terror".

Y la lucha no se da en abstracto o por que sí, sino en contra de alguien, en contra de un enemigo. Para que haya un "campo de ruinas" necesitamos algo que arruinar. Por eso afirmaban los voceros del MLNV durante la época de Lizarra que había que crear "un solar" limpio de "interferencias institucionales" (léase Gobierno Vasco, léase cualquier organismo que ejecute o represente la legalidad) para construir desde el mismo a la nación vasca. En uno de los textos históricos de ETA, el principio de lucha queda meridianamente explicado:

"Nos interesa la finalidad de la actividad revolucionaria, la destrucción del aparato estatal en territorio vasco. Es la finalidad principal de la actividad revolucionaria; por consiguiente, todas las demás finalidades de la lucha, tales como la euskaldunización del pueblo vasco, su formación política, su organización etc, deben subordinarse a ella".

La "destrucción del aparato estatal", o lo que es lo mismo, la destrucción de la posibilidad de los aparatos estatales español o vasco de poder gobernar, es el fin supremo al que el resto de las reivindicaciones deben doblegarse. El principio de la lucha mete a las reivindicaciones políticas y el resto de los principios dentro de un esquema de pura estrategia, de pura utilización de ellas. Es necesario extender y potenciar la lucha. Por ello decía la organización juvenil JARRAI del MLNV:

"el movimiento popular tiene que generar conflicto (...) si un movimiento trabaja realmente en la buena dirección, necesariamente, molestará a los que dominan el orden establecido y surgirá el conflicto. Es en el conflicto, en la lucha, donde crece realmente la conciencia y donde surge la militancia".

Es el "conflicto", la posibilidad de plantear una escalada de enfrentamiento, el test que define la corrección del movimiento. Por ello decía ETA:

"Los pasos que se están dando en la recuperación del euskera tienen que notarse en todos los ámbitos de la sociedad, el superar una contradicción concreta tiene que generar otras diez, hay que multiplicar la tensión".

El elemento sustantivo es el de "multiplicar la tensión", cada contradicción superada "tiene que generar otras diez". Todos estos textos son coherentes con la filosofía general del marxismo y del MLNV en tanto asimilación entre política, revolución y guerra. Toda acción política y social deben su naturaleza genuina a ese elemento unificador que es la lucha, el conflicto, la tensión, la contradicción, sin el cual no valen nada. El euskera, la autodeterminación, la igualdad social, todos son puros principios abstractos que no tienen valor sino echan leña al fuego de la caldera de la lucha.

El principio de la muerte. Afirmaba Mao Zedong: "El antiguo escritor chino Sima Chien decía: "Aunque la muerte llega a todos, puede tener más peso que la montaña Taishan o menos que una pluma". Morir por los intereses del pueblo tiene más peso que la montaña Taishan; servir a los fascistas y morir por los que explotan y oprimen al pueblo tiene menos peso que una pluma". Esta claro el significado de esto; el peso de la muerte es producto del emplazamiento del sujeto humano víctima de ella. Si es un "héroe ético", un militante, un compañero de lucha, pesa (debe pesar) como una montaña; si es la de un enemigo del pueblo, entonces nada pesa, porque no era nadie; o no era otra cosa que el representante/engranaje de una de las categorías sociales del poder establecido. Eustakio Mendizabal "Txikia", líder de la rama militar de ETA durante el franquismo, afirmaba siguiendo, sin duda, a Mao Zedong:

"Morir por los intereses del pueblo/ tiene el peso de los montes/ pero vivir como servidor de los fascistas/ y morir para el opresor/ tiene menos peso/ que la pluma gris de un pajarito (...) Morir como sirviente sin ideal/ no vale absolutamente nada/ el que muere por el pueblo/ sin embargo da luz a la vida/ no todas las aguas son saladas/ ni todas las muertes muerte".

El militante tiene que "ver" esta verdad antes de aplicarla y convertirla en realidad material. El mandato político, de carácter general, se convierte en mandato ético personal. El tema de la "muerte" en ETA ha sido motivo muchas veces para regodeo telúrico y disquisiciones antropológicas, obviando la función concreta que posee este valor, desde la perspectiva que el miembro de una organización armada tiene que matar o morir, y tiene que hacerlo en el contexto de una sociedad con unos determinados valores, unos tabúes, etc, y dentro de una organización con una función estratégica particular. Afirmaba uno de los informantes de Miren Alcedo, "Sartre decía en alguna obra, no recuerdo cuál, que un pequeño burgués está dispuesto a morir antes que a matar"(Miren Alcedo, op., cit., p. 145). O tenemos también aquella afirmación sarcástica del poeta vasco Gabriel Aresti: "las madres de ETA sufren cuando les matan a sus hijos y sobre todo cuando sus hijos matan" (Del poema de Gabriel Aresti titulado "Josepa Mendizabal Zaldibian" –"Josepa Mendizabal en Zaldibia", Aresti, "Gabriel Arestiren literatur lanak"-"Trabajos literarios de Gabriel Aresti", volum. 5, San Sebastián, Susa, 1986, p. 21. Original en euskera: "Etarren amek asko sofritzen dute semeak hiltzen dizkietenean, eta batez ere semeek hiltzen dutenean").

Según estos comentarios, todavía existía, en el País Vasco, el ñoño sentido sacral de la vida humana atado a la concepción cristiana de sacrificio previo (dar la vida antes que quitarla), el sentido de responsabilización propia antes que el juicio sobre el prójimo. La idea, siempre reaccionaria, del "pecado original" o la "mala conciencia" burguesa. La función de esta ideología era interpretada como un reconocimiento tácito del monopolio de la fuerza que en esos momentos tenía el estado franquista, es decir, como una forma de conformidad con el status quo. La concepción de Guerra Popular venía a hacer tabla rasa con tanta barrera mental. Frente al perdón, Federico Krutwig oponía el retalión, el concepto guerrillero maoísta de devolver "ciento por uno", como alimentador de la espiral: "esto es lo que queremos exponer bajo "retalión". Cada medida del enemigo deberá ser sobrepasada con una nuestra mayor" (Vasconia, p. 339). Los enemigos debían considerarse como "entes infrahumanos" "No se debe tener para ellos otro sentimiento que el que se posee frente a las plagas que hay que exterminar. Cuando ello no represente un peligro para el guerrillero estos torturadores deberán ser eliminados por medio de tortura. Si las fuerzas de ocupación siguieren con sus medidas de tortura no se deberá nunca dudar en el empleo del retalión para exterminar a los familiares de los torturadores y a los agentes de la autoridad civil o militar" (Vasconia, p. 340). Y prosigue, extendiendo el campo de los objetivos: "Tampoco deberá nunca dudarse en extender esta acción contra aquellos que directa o indirectamente ayudan al opresor. Autoridades extranjeras que se pongan al servicio y ayuden a los enemigos deberán ser retaliadas. Se deberá asimismo suprimir aquellos políticos que ayudan moral y materialmente a los enemigos de Vasconia" (Vasconia, p. 339).

De paso, y en consonancia con la guerra anti-imperalista, se tiene que exterminar a los soldados norteamericanos: "Se deberá hacer saber al mundo que el pueblo vascón está dispuesto a ir hasta la última consecuencia y eliminar a todos los obstáculos que se opongan a su camino, entre ellos a todos aquellos que con cinismo yanki ayuden a los opresores" (Vasconia, p. 340). Finalmente, en caso de armisticio o negociación, aunque "la población de Vasconia deseara ansiosamente el fin de la guerra" (Vasconia, p. 337), esta tenía que continuar hasta la victoria final. La degeneración moral que algunos atribuyen a la organización armada en función del redoblamiento destructivo de la misma, no tiene evidentemente en cuenta la concepción de antagonismo total y sin posible conciliación que recogía su ideario originario, al cual ha seguido siendo fiel. Por otro lado, esta aparente visceralidad deriva de uno de los autores de cabecera de los militantes de la V Asamblea, Franz Fanon, donde la distinción entre "opresores" y "oprimidos" presuponía, de facto, por encima de toda particularidad personal independiente de la categoría social, el exterminio paladino de los primeros. La "muerte", los "sufrimientos", tanto los de los enemigos como los de los propios revolucionarios, eran manifestaciones de una determinada dinámica social, la irrupción del cambio histórico que como las catástrofes naturales debía necesariamente causar esa mortandad, so pena de no cumplir el objetivo citado de lucha, imperativo categórico de todo revolucionario.

Así lo ilustraba el escritor francés Maurice Blanchot: "Los Terroristas son aquellos quienes, queriendo la libertad absoluta, saben que por ello quieren incluso su propia muerte, quienes tienen consciencia de esta libertad que ellos realizan, y quienes, en consecuencia, mientras vivos, actúan, no como hombres vivos entre hombres vivos, sino como seres privados de ser, de pensamientos universales, de puras abstracciones, juzgando y decidiendo más allá de la historia, en nombre de toda la historia. La eventualidad misma de la muerte ya no tiene importancia. En el Terror, los individuos mueren y esto es insignificante. <Es, dice Hegel en una frase célebre, la muerte más fría, la más llana, sin más significado que la de cortar la cabeza de una coliflor o tomar un sorbo de agua.> ¿Porqué? ¿No es acaso la muerte la realización de la libertad, es decir, el momento de significación más rico? Pero ella es también el punto vacío de esta libertad, la manifestación de esto hace que semejante libertad es todavía abstracta, ideal (literaria), indigencia y platitud. Cada uno muere, pero todo el mundo vive, y para la verdad esto significa también que todo el mundo muere. Pero el <está muerto>, es el lado positivo de la libertad hecha mundo: el ser se le revela como absoluto. Al contrario, <morir> es pura insignificancia, evento sin realidad concreta, que ha perdido de drama personal e interior, ya que ya no existe lo interior. Es el momento cuando Yo muero significa para mí que muere una banalidad que no hay que tener en cuenta: en el mundo libre y en estos momentos donde la libertad es aparición absoluta, el morir no tiene importancia y la muerte no tiene profundidad. Esto, es el Terror y la Revolución –no la guerra- los que nos lo han enseñado" (Maurice Blanchot, De Kafka á Kafka, Paris, Gallimard, Folio, 1981, p. 33-34. Nuestra traducción).

Junto con ideas acerca del "sujeto", de la "muerte de la interioridad" o, más estrictamente, la muerte del "yo" –motivos todos ellos del antihumanismo del 68- Blanchot quisiera desprender a la "muerte" de toda objetualización metafísica. Claro está que la muerte de un revolucionario "pesa más que una montaña", como decía Mao, y que la de un reaccionario "menos que una pluma". Pero el hecho intrínseco del perecimiento biológico de las personas por la utilización o el padecimiento de la violencia revolucionaria es arrojado al telón de fondo del movimiento histórico, a un plano más elevado de observación y evaluación. En este sentido, la verdad afirmada por Mao es "táctica" –es decir, se encuentra ligada a las necesidades inmediatas y presentes de la lucha, que exige tras cada muerte del militante revolucionario el "retalión" como forma de reproducción de la violencia; mientras que la verdad afirmada por Blanchot es "estratégica" –en cuanto a la pura evaluación de la vida humana, desde la perspectiva global del cambio social. Más allá de su valor estratégico, la vida humana no vale nada.

El principio del cambio. El principio del cambio, como el resto de los principios, es un principio geoestratégico, un principio de carácter bélico aplicado aquí a las categorías del lenguaje ético. La idea del "cambio" o de la "transformación", que es una idea de tipo común, es útil y tiene su aplicación en el campo de las maniobras bélicas bajo ropaje ético. Y nos referimos a maniobras bélicas en un contexto donde también toman parte organizaciones políticas, sociales y movimientos populares de las que se constituye el MLNV. El "cambio" no hay que entenderlo en una única forma, es decir, como sinónimo de "transformación social" en el sentido de destrucción o combate contra el orden existente. También son "cambio" las remodelaciones/fusiones/apariciones/desapariciones/cambios de nomenclatura de los organismos del MLNV y del propio MLNV. Nos referimos a cómo se mueven las fichas en este ajedrez político. Y es que la constitución del MLNV en un "múltiple infinito", en la suma de muchas cosas diversas y aparentemente contradictorias, es una forma de dispersión con carácter de estrategia. Esta dispersión resulta puramente táctica ya que el "militante" del MLNV tiene que actuar dentro de esas organizaciones con la intención de que converjan en una sola política (en el caso de la función de JARRAI, como organización juvenil del MLNV:"JARRAI, superando las situaciones circunstanciales y las diferentes realidades tiene que crear una sola vía política (ildo politiko bakarra gauzatu behar du)".

La multiplicidad y dispersión poseen tres fines: 1) Enganchar a la persona con inquietudes sociales o nacionales alrededor de algún tipo de movimiento u organización; 2) Proyectar la realidad virtual de la impersonalidad y ecuanimidad de un movimiento atado a una problemática concreta –de un movimiento que, en realidad, trata de "crear una sola vía política" o que cuenta con militantes del MLNV que tienen ese objetivo-; de esta manera, cualquier manifestación de problematicidad es "síntoma de un conflicto", ocultando, así, la voluntad explícita de crearlo (pues también dice JARRAI: "hay que generar conflicto"); 3) Otorgar al MLNV en su conjunto una unidad mayor y más efectiva que la que tendría desde una sola organización o desde una sola obediencia formal; la obediencia informal, la convergencia aparentemente espontánea, atrae también adhesiones espontáneas y da apariencia de objetividad a la política precocinada del MLNV.

Por tanto, debemos entender que en la dinámica cambiante del escenario social y de la aceleración bélica que el MLNV mete dentro de ese escenario pide ese principio de cambio como realidad estratégica fundamental. Pero no debemos confundir este "cambio" con un mero pragmatismo o con un puro impulso natural de adaptación: es un principio porque afecta a cosas que aparentemente son fundamentales, es decir, hay un cambio de apariencia que quiere dar a entender un cambio de esencia. Lo que pasa es que la esencia no cambia nunca. Expliquémonos. Dice el colectivo J. Agirre, citando a Foucault, que la única Política con mayúsculas es "aquella que se propone explícitamente la emancipación como meta; a lo que tiene por horizonte no la gestión del estado, sino su reducción y extinción (...) Una actividad política consiste en la libre organización de una actividad singular". El modo de hacer política parlamentaria no sería política sino mera gestión o administración de lo establecido; es la lucha por la "reducción y extinción" por el estado aquella que tiene "la emancipación como meta" y por tanto es, para el MLNV, Política con mayúsculas. Y prosigue:

"S. Lazarus enumera algunos modos históricos de esta concepción política: el modo revolucionario (presente en la revolución burguesa), el modo de clase (política de clase de la época de Marx), el modo volchevique (vinculado a Lenin). Modos históricos unidos a acontecimientos, nombres singulares y escritos. Política, por lo tanto, secuencia, no invariable, no existente siempre. Política acotada en el tiempo y vinculada a situaciones históricas determinadas y a países concretos. Política que continúa mientras continúe un sujeto fiel organizado que la construye en el tiempo". Y concluye el colectivo: "(...) el sujeto no es más que la referencia finita, la encarnación en la presentación histórica de esa verdad emancipadora y de su traducción concreta que es el proyecto".

Es decir: se da un proceso de acumulación de experiencia histórica, de apropiación de técnicas y enseñanzas revolucionarias y, por otro lado, se propone falta de apego a sus denominaciones o a sus identidades históricas –algo intrínsecamente necesario, pues de lo que se trata es de persistir en un modelo de conflagración total, quitando el lastre de experiencias históricas –como la de los países comunistas- que arrojan el manto del desprestigio sobre cualquier proyecto político. Es una manera de recomenzar una labor truncada en 1992 por la crisis del comunismo. Finalmente, "el sujeto" –el grupo revolucionario- "no es más que la referencia finita, la encarnación en la presentación histórica de esa verdad emancipadora". Las formas de lucha, de organización y de nomenclatura deben subordinarse a las condiciones de desarrollo de "esa verdad emancipadora", o sinónimo de cambio revolucionario. El teórico del MLNV Iñaki Gil de San Vicente, cuando habla de la combinación de planos necesario para llevar a cabo la revolución, afirma en un escrito del 2001:

"Muchas lecciones nos pueden dar sobre la interrelación entre lo electoral, lo sectorial, lo nacional y lo internacional dentro del conjunto de métodos de lucha de nuestro pueblo, aunque, como hemos dicho, su comprensión de la globalidad de los cambios capitalistas sea más intuitiva que teórica. Sus lecciones innegables provienen de la experiencia militante en la calle, en el barrio, en los movimientos populares, etc., y en base a ella han desarrollado una teoría concreta del proceso de liberación nacional que ha demostrado su superioridad sobre las sucesivas teorías --socialdemócrata, stalinista, maoísta, trotskista, consejista y autónoma, marxista-leninista, etc.-- que la izquierda abertzale ha ido contrastando y superando desde la década de los sesenta del siglo pasado".

Nadie tiene que dejarse engañar por esa "superación" de las "sucesivas teorías" que derivan de la misma matriz totalitaria en tanto que tal superación representa su perfeccionamiento, basado en el desarrollo de "una teoría concreta del proceso de liberación nacional" que tiene como fundamento la práctica de lucha del MLNV a lo largo de su historia. La teoría no es sino un instrumento para "la interrelación entre lo electoral, lo sectorial, lo nacional y lo internacional", lo que significa un marxismo-leninismo puesto al día, libre de las adherencias que pueden desprestigiar del antiguo comunismo pero fiel, como el, en su guerra a muerte contra lo establecido. De ahí esa lealtad inquebrantable del MLNV al modelo totalitario cubano. De ahí el posicionamiento geopolítico del MLNV con todo tipo de tiranías y organizaciones armadas, con tal de que estén posicionadas en contra del "imperalismo" y sus lacayos. Una prueba de este juego lingüístico, cuya función es la de persistir en lo esencial aparentando un cambio esencial, es la propia definición ideológica de JARRAI en su congreso de 1992:

"JARRAI, como todo el MLNV, cimenta su pensamiento y su posicionamiento político en la tradición ("ohitura") marxista. A pesar de todo, no podemos decir que JARRAI sea una organización marxista. Ni que no sea tampoco una organización marxista. JARRAI no tiene que ser esclava de una fidelidad ciega. (...) No se pueden hacer interpretaciones cerradas e inamovibles del marxismo. Al contrario, una de las mayores aportaciones que ha hecho este es que todo está ligado al cambio dialéctico, el propio marxismo incluido. Por tanto, las lecturas estáticas del marxismo están fuera de lugar; resulta imposible y además es contradictorio con la filosofía marxista definir al marxismo o lo que es una organización marxista".

Es decir: desde la admisión, totalmente interesada, de que el marxismo representa una objetividad científica, y no sólo ni principalmente una ideología política, el "cambio dialéctico" –otra forma de llamar al "movimiento de la historia", al instinto revolucionario de la propia historia- captado por la herramienta teórica marxista, exige esa no definición: "resulta imposible y además es contradictorio con la filosofía marxista definir al marxismo o lo que es una organización marxista". Esta afirmación hay que tomarla como un elemento para la práctica política del MLNV, como un mandamiento "ético", ya que, en sus términos formales, resultaría absurda. Es imposible definirlo tras 1992 y la caída del muro, en tanto que no debe ser posible, no se debe actuar en el sentido de esa fijación del marxismo, pues la nueva etapa "ética" de la revolución exige un absoluto camuflaje. La "liberación nacional" –concepto marxista de apropiación de lo nacional- constituye una de las formas de camuflaje del que el MLNV hace acopio para superar los bandazos de la crisis comunista y la bandera para recomenzar el nuevo comunismo.

La política del MLNV es, en gran parte, un juego de máscaras, en la que el factor nacional ha actuado siempre como elemento de despiste del enemigo. Y hoy más que nunca, en tanto que el compromiso revolucionario del MLNV es más fuerte al ser la situación internacional y nacional menos favorable. Pero llegan tiempos mejores: el movimiento antiglobalización, el 11 de septiembre, la gran efervescencia antiamericana en Europa y los países árabes, la resurrección de viejos grupos revolucionarios, como las Brigadas Rojas, representan las nuevas realidades geopolíticas que permiten una esperanza para el proyecto del MLNV de cambio global y mundial. En resumen: la ideología marxista-leninista, inherente al MLNV, plantea la subordinación de las referencias históricas y doctrinales a las condiciones actuales de la lucha. Afirma Alain Badiou:

"El marxismo-leninismo-maoísmo no es un formalismo. Las palabras se toman ahí en el movimiento de destrucción/construcción que es el del conocimiento real. Si se alcanza el objetivo, poco importan los signos. De ahí que las palabras pueden desplazarse; sólo cuenta su poder. La fuerza, ahí también, supera al respeto por los lugares".

Desde la perspectiva marxista "las palabras" son otro campo de lucha y, por tanto, su desplazamiento o cambio no representa una renuncia a los objetivos de la doctrina, sino su adaptación a las nuevas condiciones ya que "sólo cuenta su poder. La fuerza, ahí también, supera al respeto por los lugares". Esos lugares son los hitos históricos del comunismo, que si no inspiran o movilizan o convencen ya no poseen validez porque no sirven para la lucha actual. También afirma ETA en 1984:

"Nuestra organización es ideológicamente marxista, entendiendo el marxismo como un instrumento de conocimiento y de análisis de la sociedad. Pero para nosotros lo más importante es romper con los principios dogmáticos y establecer una dialéctica teórico-práctica que configure las líneas ideológico-políticas de nuestro proceso, tanto en su estrategia como en cada una de sus fases tácticas".

El marxismo-leninismo posee el carácter de metodología que sus sustentadores quieren elevar a rango científico. Por ello lo que parece pura desvergüenza u oportunismo es aquí una sistemática, una forma de prestidigitación ideológica muy efectiva y muy despiadada. Puesto aquello que sirve de guía "teórico-práctica" es también motivo de confusión y de engaño del enemigo. El principio del cambio, por tanto, culmina en una claridad que sólo perciben los amigos, los aliados ideológicos, mientras que el resto de la parroquia política se dedica a elaborar análisis acerca de la cuestión vasca. Es un principio de una utilidad innegable, ya que sirve para que el MLNV pueda operar en el doble sentido de "liberación nacional" y de reivindicación de derechos o valores universales, ocultando su verdadera naturaleza revolucionaria.

Estos tres principios abarcan el espacio de valoración que el MLNV hace respecto al mundo y a las personas. El principio de la lucha expresa la constatación de una objetividad total: la lucha de poderes como expresión de la propia dinámica de la naturaleza de las cosas; el principio de la muerte ubica a la persona en ese contexto de lucha de poderes, como ser prescindible en su inexistencia ontológica o como "héroe ético" cuya muerte debe remover montañas; y el principio del cambio traduce el peso que las palabras, hechos históricos y referencias doctrinales; las palabras, como los acontecimientos, se desplazan y deben renovarse en función de la fuerza y del poder que ejerzan. La verdad y la mentira sólo se pueden contrastar en su eficacia revolucionaria. Cualquier otro criterio sería un criterio erróneo. De este modo, el MLNV puede presentarse como algo despiadado o como algo lleno de compasión por el sufrimiento y las injusticias. Esta ambivalencia es aparente ya que está inscrita en la estrategia mediante la cual el movimiento tiene que ejercer su dominio sobre la sociedad donde se desenvuelve.

Decía el antiguo responsable político de ETA, José Luis Alvárez Santa Cristina "Txelis"en un texto que servía de prólogo a una obra del filósofo Ludwig Wittgenstein: "Toda frase, si está bien organizada, tiene ya un sentido, antes de afirmarla o de negarla. La frase "En Euskal Herria se tortura"; por ejemplo, ya tiene un sentido antes de afirmarla o de negarla (...) el sentido de las frases lleva dentro de sí la potencialidad de que ocurra o no ocurra una situación de las cosas. La frase será verdadera si realmente ocurre la situación de las cosas que presenta. Y falsa, si las cosas que expresa no ocurren en realidad tal como dice. Pero en este caso, sin ser verdadera, no pierde sentido, porque propone una situación posible de las cosas. Aquí tenemos la fecunda dialéctica entre el ser y la potencia.." Este párrafo plantea a la perfección la metodología del discurso político marxista y del MLNV y plantea, también, su idea de lo verdadero y falso. "Hay una campaña orquestada" "En Euskadi se está dando una guerra sucia", "el estado español se está convirtiendo en un estado fascista", son frases que pueden ser verdaderas o falsas, pero ya expresan una potencialidad de las cosas, con lo cual ya tienen un determinado poder y, por lo tanto, en función de las circunstancias de lucha, son utilizables y son relegables, en tanto que convenga a la estrategia informativa del momento. De esta manera, lo falso y lo verdadero no son más que diferentes máscaras de una realidad que se quiere conscientemente crear. Por ello dice Alain Badiou citando a Marx:

"Marx ha afirmado de golpe que esa era la vocación inmediatamente política de la dialéctica. Tomar el partido de la destrucción contra la vigilancia metafísica: "En su figura racional es un escándalo y un horror para la burguesía, porque abarca en la comprensión positiva de lo existente también y al mismo tiempo la comprensión de su negación, de su ocaso necesario, concibe toda forma devenida en el flujo del movimiento, o sea, también por su lado perecedero, no se deja impresionar por nada y es por su esencia crítica y revolucionaria".

Tengamos presente el lenguaje mítico-político inherente al marxismo: la "vigilancia metafísica" representa precisamente esa fijación de lo verdadero y lo falso más allá de su potencialidad lingüística, que es sinónimo de la conciencia burguesa; mientras que "la vocación inmediatamente política de la dialéctica" en tanto metodología marxista, posee la función de socavar tal fijación, lo que es "un escándalo y horror para la burguesía" encerrada en su falsa idea del bien y del mal y de lo verdadero y falso, ya que la "negación" de lo establecido exige un lenguaje de carácter crítico y revolucionario. Así se representa la potencia de un engaño que al fin se convierte en verdad por su admisión universal y por su utilidad estratégica. Los dirigentes del MLNV y sus aliados, que pasan toda su vida ocultando la verdadera naturaleza revolucionaria del movimiento, son maestros en estos engaños convertidos en realidad compartida y en instrumento de división y confusión del enemigo.

El anagrama de ETA, un hacha (símbolo de la fuerza) con una serpiente enroscada (símbolo de la astucia) con el lema debajo de Bietan Jarrai ("seguir en las dos" –en la lucha político-militar-), es imagen de esta combinación entre engaño y muerte, entre lo político y lo militar, entre lo humanista y lo antihumanista, entre lo falso (el discurso) y lo verdadero (la muerte). Pero como vivimos de las palabras, entre las palabras y para las palabras, éstas nos pueden alejar del significado de las cosas que ocurren realmente, aunque sean muertes, ataques y destrucción nacional en nombre de la construcción nacional. De ahí la fuerza del MLNV que no deriva exclusivamente de las pistolas sino de las palabras que coadyuvan para que su naturaleza verdadera y sus verdaderos objetivos sigan ocultos y, por tanto, para que pueda persistir en su baile de máscaras y mentiras.

 

Conclusión

La situación de una sociedad en un contexto de amenaza totalitaria tal como lo hemos descrito en las páginas precedentes resulta compleja en extremo. La amenaza totalitaria del MLNV es más sinuosa por las mismas condiciones en las que se desarrolla. El MLNV consiguió adaptarse a las condiciones de una sociedad democrática y logró, con éxito, aplicar el esquema de guerra popular, prolongada y sin restricciones a esas condiciones. Conseguir combinar la acción política legal con la acción militar y policial ilegal en un ámbito de tiempo dilatado como son estos últimos treinta años presupone la existencia de toda una realidad paralela, creada al unísono con la acción armada. Afirma el sociólogo Javier Elzo, refiriéndose al MLNV: "¿Por qué dura tanto tiempo? Básicamente, y por este orden, porque ETA ha decidido seguir con la lucha armada, ha conseguido crear una sociedad paralela, cuyo núcleo duro la sostiene, y porque el "totum revolutum político-mediático-intelectual" se ha cargado el pacto de Ajuria Enea". El éxito del MLNV se debe tanto a sus aciertos como a los fracasos de sus adversarios. Tengamos en cuenta que el MLNV ya se ha encontrado con otras coyunturas de casi derrota: a principios de los 90 y en el año 1997. La quiebra de la unidad democrática entre los partidos nacionalistas y estatalistas es uno de los factores que permiten al MLNV aprovecharse de la división política reinante y persistir en su escalada.

Dentro del segundo orden de responsabilidades citado por Elzo, el que corresponde a los partidos democráticos, hay que citar, en primer lugar, la responsabilidad de los partidos políticos estatalistas y de los diferentes gobiernos españoles. Antón de Irala estudió en profundidad en tratamiento que han realizado al comienzo de la transición los políticos españoles acerca de la naturaleza del MLNV -y que, desgraciadamente, muchos años más tarde, siguen realizando. La opinión del General Andrés Cassinello, hombre de peso por su cercanía a los círculos del poder y por la influencia de sus análisis, afirmando que el MLNV tiene "al independentismo como sustancia y al marxismo como adherencia", marca la línea general del enfoque de los partidos estatalistas; de ello se deriva la tesis de que el problema no es sólo el MLNV sino fundamentalmente el nacionalismo vasco, centro irradiador y reproductor del problema de la violencia. Por tanto sólo caben dos alternativas: o "domesticar" al nacionalismo, haciendo que renuncie a sus ideales políticos, o conseguir su desaparición política mediante un proceso de culpabilización colectiva del mismo. En estas páginas hemos querido mostrar que la realidad es inversa, que el "independentismo" es la adherencia y el marxismo la sustancia del MLNV, porque así lo dicen y quieren sus dirigentes e ideólogos. La persistencia de los partidos estatalistas en el análisis trazado por Cassinello puede ser fatal, como afirma claramente Irala: "Ese "delenda est PNV", que de tantas formas se viene proclamando, supone de hecho el "delenda est Vasconia". Y ése no es el camino de la paz. Muy al contrario, constituye en sí misma una nueva forma de violencia que a buen seguro va a acarrear tremendas e imprevisibles complicaciones, cuya naturaleza y alcance todos estamos obligados a estudiar".

Hay que citar también la responsabilidad del nacionalismo vasco. El nacionalismo vasco se debate entre la fidelidad al proceso democrático que ha protagonizado desde 1979, mediante el autogobierno conseguido con el Estatuto de Gernika en forma de pacto político, y un movimiento de culpabilización-domesticación impulsado por sus enemigos. A partir de 1998, el nacionalismo comienza a perder esa centralidad y esa fidelidad, abriendo la puerta a su domesticación respecto al MLNV y a su culpabilización por parte del Estado. El nacionalismo sólo puede alejarse de esta doble tenaza reafirmando su estricta fidelidad al proceso democrático que protagonizó. Un proceso democrático real, que creó instituciones y poderes reales, y que es, además, la única garantía de un proceso democrático real en el futuro. En este sentido, el nacionalismo guardó sus reservas frente a la Constitución española pero se encontró abierto a una salida constitucional propia mediante el Estatuto de Gernika, permaneciendo fiel a sus principios y planteando un escenario de política democrática concreta. Ese acierto ha sido, en parte, defraudado por un andar errático que finalmente le ha puesto a tiro de los intentos de domesticación del MLNV. La única manera de salir de este callejón, que lleva de forma directa a su suicidio político y social, es la estricta fidelidad al proceso democrático iniciado en 1979.

Es desde el nacionalismo vasco, desde la obra de Antón de Irala, donde se comenzó el desenmascaramiento de la verdadera naturaleza revolucionaria del MLNV. El lehendakari Ardanza, Iñaki Anasagasti, las ponencias del Congreso Fundacional de EA, han denunciado, en diferentes momentos, esta cuestión. Pero no ha habido persistencia en ello. Muchos dirigentes del PNV y de EA todavía siguen afirmando que sus medios son distintos pero que sus fines son iguales a los del MLNV. No cabe mayor desorientación y desconocimiento del problema. Desconocimiento que puede ser fatal para la suerte futura del nacionalismo y para la paz en Euskadi. Por ello, refiriéndose sin duda al proceso democrático de 1979, decía Javier Elzo: "Sí, hay que recuperar el espíritu de la transición. Antes que sea demasiado tarde".

Imanol Lizarralde