Artxibo rtf
(27 - 2003ko Martxoa)

¿QUÉ ES EL MLNV? (2)

1. 6) Ensayo de breve historia del MLNV

En este apartado pretendemos plantear una visión panorámica del MLNV desde sus comienzos hasta nuestros días. Su contenido sumario debe juzgarse, pues, desde el esfuerzo de sintetizar tanta materia en tan poco espacio. Queremos resaltar la coherencia y la racionalidad del MLNV a lo largo de toda su existencia como movimiento político: ese es el objetivo fundamental. Para ello iremos describiendo las diferentes etapas de su desarrollo, las aportaciones que va asumiendo, la adaptación a los diversos ciclos sociopolíticos y la fidelidad a sus orígenes. Hemos subdividido el devenir del MLNV en 7 etapas temporales diferente: 1) El desencadenamiento de la espiral (1967-1971); 2) La fase insurreccional (1971-1976); 3) La ofensiva contra la reforma (1977-1981); 4) La estrategia negociadora (1981-1988); 5) Los años de reflujo (1988-1993); 6) La socialización del sufrimiento (1993-1999); 7) Lizarra-Garazi 1 y 2 (1999-). Existen solapamientos y premoniciones por las cuales en cada una de las etapas pueden atisbarse rasgos que llevan a la siguiente, pero nos hemos querido centrar en los rasgos esenciales que caracterizan a cada una. También aparecerán pocos nombres propios, pero es que sólo unos pocos cada vez han llevado las riendas del MLNV. Cabe matizar infinitamente más, pero no es el caso que atañe a este ensayo de síntesis. Empecemos:

El desencadenamiento de la espiral (1967-1971). Dentro de esta etapa el fin fundamental es el de hacer que la metodología de reproducción de la violencia acción-represión-acción tome cuerpo. La acción revolucionaria de ETA tiene que presuponer una reacción por parte del estado que sirva como acicate a una nueva acción, más legitimada y más fuerte, con mayor apoyo popular. Se trata de plantear un ciclo de acciones y respuestas con miras a poner los pilares del movimiento en marcha. El caldo de cultivo de la organización armada, dentro de un contexto como el de la dictadura franquista, es precisamente la respuesta indiscriminada que el régimen pueda ejercer y que, finalmente, ejerció. La espiral es el componente inicial del mecanismo de la Guerra Popular, su detonante. Tengamos en cuenta que ETA inicia su andadura sobre una página en blanco: sobre un País Vasco donde las fuerzas antifranquistas ni se plantean el uso de la lucha armada y donde el trauma de la guerra civil ha creado una predisposición contraria a toda acción violenta. Es la respuesta del régimen, una respuesta que afectó al conjunto de las fuerzas antifranquistas y al conjunto de la población vasca, la que hace que ETA, una organización pequeña, de el salto para convertirse en la fuerza político-militar determinante que ahora conocemos.

El mecanismo de la espiral, que, como ya dijimos, fue aprobado durante la V Asamblea, es un mecanismo básico dentro de la acción de los grupos armados revolucionarios. Sirvió a ETA, en esta etapa, para descender a un nivel de base y reclutar la gente necesaria no sólo para la lucha armada sino para implementar los militantes necesarios en las otras áreas (en la cultural, en la política, en la obrera). Así describe K. De Zunbeltz en un texto clásico esta técnica: "La represión y la acción revolucionaria crecen juntas y se condicionan mutuamente (...) a partir de ciertas nuevas condiciones, las medidas de represión engendran mayores acciones revolucionarias; y como las acciones revolucionarias son a su vez contestadas con aún más espectaculares medidas de represión, se produce un proceso en espiral donde la actividad revolucionaria y la represión se empujan a niveles más altos cada vez. En este proceso acción-represión-acción el principal perjudicado es el Estado opresor, o sea, la clase dominante que se encuentra tras él. En efecto, los medios de que dispone un Estado para reprimir a las masas, aunque grandes, son limitados".

La espiral es un medio de totalización de la guerra, de implicación, al modo que describe John Keegan la acción guerrillera de Tito y Mao. El éxito de la espiral fue evidente. El proceso de Burgos (1971) representa la culminación de ese proceso. Dentro de ese proceso, José Antonio Etxebarrieta, una de las figuras claves de la V Asamblea de ETA, lanza en cara al tribunal militar el éxito de tal estrategia: "¿Cómo puede explicarnos el hecho de que en el año 1969 (...) se hayan producido en el País Vasco 3 muertos por disparos de la fuerza pública (señores Urteaga, Murueta, Fernández), 4 heridos por disparos de la misma fuerza (señores Arana Bilbao, Miguel Echevarría, Francisco Javier Izco y Enrique Guesalaga), casi 2000 detenciones (según datos incompletos, pues las detenciones gubernativas del estado de excepción no han sido publicadas), un número aproximado de 250 exilados (conforme al número de requisitorias conocidas), un total de 93 condenas por el Tribunal de Orden Público (excluyendo absoluciones y acusaciones retiradas) y 62 condenados por tribunales militares de esta misma región militar, que totalizan 1000 años de condena?". El sarcasmo es evidente. Esta era la reacción que ETA quería desencadenar por parte del estado franquista.

La fase insurreccional (1971-1976). Nos encontramos en otras circunstancias. La organización armada sale del juicio de Burgos con una fuerza y con un prestigio sin igual. Aunque existan algunos tropiezos internos (como la escisión de la VI Asamblea) ETA se recompone y persiste en los principios de la V Asamblea. Las acciones armadas empiezan a abundar: asesinatos, secuestros de empresarios, cobro del impuesto revolucionario. Todo ello culmina con el asesinato del presidente del Gobierno español Carrero Blanco (1973). Esta acción demuestra que, más allá de la capacidad probada de ETA de hacer reaccionar al Estado como quería, que la violencia sirve también para agitar las contradicciones de un régimen que se encontraba en un proceso de descomposición. Tras esta acción ETA se divide, por propia decisión de la dirección, en ETA militar y ETA político-militar (1974). Así explicaba ETAm esta escisión:

"sabemos que a todo el pueblo le ha dolido esta escisión, difícil de comprender entre dos organizaciones sin ninguna diferencia ideológica, ni de objetivos a largo plazo. Ambos grupos buscamos el desarrollo de una revolución popular vasca dirigida por la clase obrera (...) La diferencia estriba en los ritmos del progreso de este proceso revolucionario, lo que nos ha llevado a adoptar estructuras excluyentes". (nuestro subrayado).

Las diferencias se referían a que los miembros de ETApm, en contacto directo con aquellos militantes políticos que querían organizar los frentes civiles del movimiento, veían la posibilidad de un alzamiento generalizado no sólo de Euskadi sino de España para acabar con el régimen y, entonces, se trataba de hacer agitar sus contradicciones, en conjunción con la acción del movimiento obrero vasco y español y con los partidos revolucionarios de la extrema izquierda española. Se planteaba una estrategia basada en la insurrección armada a corto plazo. Por ello decía Moreno Bergareche, "Pertur", uno de los líderes de ETApm: "la situación política actual (primavera 1975), caracterizada por un enorme auge de las luchas de masas en todo el Estado y por una profunda crisis en el seno de la oligarquía, es francamente pre-revolucionaria". Son estos momentos en los que ETApm trata de extender la lucha armada a Galicia y Catalunya, creando ex profeso grupos armados al estilo de ETA, y toma contacto con militantes de la izquierda del Partido Comunista español para llevar a cabo algunas acciones, como la voladura del la Cafetería Rolando. Según una declaración contemporánea de ETApm Euskadi "es la punta de lanza en la lucha de los pueblos del Estado Español".

En cambio, ETAm no era tan optimista y pretendía alejar lo máximo posible la acción armada de la acción política en tanto la represión que se cebaba contra la organización podía arrasar con las estructuras políticas que se estaban montando. En 1975 se crea KAS, como organismo de coordinación donde tomaban parte tanto las estructuras militares como las civiles (se habían formado EHAS, como derivación del frente cultural, LAIA, como derivación del frente obrero, y otros organismos que se adherían a la trayectoria histórica y política que representaba ETA). Este sería el núcleo de todo el entramado del MLNV durante la transición.

Como ven, tanto ETApm como ETAm disienten no en cuanto a sus diferencias respecto a tal o cual reivindicación nacionalista, como tendemos a creer actualmente, sino que disienten en función de la efectividad a conseguir en términos netamente marxista-leninistas. Este es el caso respecto a la ETA de los 70 como para la ETA de hoy día, como veremos a continuación....

La ofensiva contra la Reforma (1976-1981). ETAm, de la mano de su jefe político José María Beñaran Ordeñana, Argala, jefe también del comando que mató a Carrero Blanco, ya había advertido en su Agiri de 1974 que la deriva del régimen no iba hacia una insurrección popular en contra del franquismo, sino hacia un régimen de democracia burguesa, y que, por tanto, había que reorganizarse y utilizar los aspectos legales del nuevo régimen que pudieran coadyuvar en la lucha revolucionaria:

"(...) el desarrollo de la estrategia aceptada en la V Asamblea, no nos ha llevado a una situación de guerra popular de liberación, sino que, junto a la lucha del resto de los pueblos del Estado Español, nos ha conducido a las puertas de un proceso democrático burgués (...) El pueblo vasco no ha conseguido crear un ejército popular de liberación, pero su lucha junto a la de los pueblos vecinos, y los límites que el desarrollo económico impone la estructura dictatorial del Estado, impiden a la oligarquía continuar sosteniendo el sistema fascista".

Son las luces y las sombras de una eficacia probada de la acción de ETA. No se contemplaba evidentemente la dejación de la lucha armada, ya que no existía renuncia alguna a los objetivos revolucionarios de destruir el régimen burgués:

"(...) tampoco podemos jugarnos todas las cartas a la democracia (que de ningún modo puede considerarse el marco político donde los trabajadores vascos puedan ser libres) porque ello significa liquidar el único elemento verdaderamente inasimilable por la burguesía, la única garantía de conseguir nuestros objetivos finales: la lucha armada".

Por tanto, ETA tenía que adaptar su metodología político-militar a la nueva situación:

"no es presumible que vaya a tener posibilidades de éxito tomar una posición ilegal dentro del marco democrático. Es decir, que será preciso ocupar un lugar en las instituciones democráticas: partidos políticos, sindicatos, etc".

ETApm asumió este diagnóstico en 1976 y decidió plantear dos objetivos: 1) "agudizar en el campo opresor las contradicciones entre los intereses de amplios sectores de la burguesía y los ultras del aparato estatal, a través de las acciones violentas"; y 2) "a nivel del campo popular, constituir una serie de plataformas en los diversos niveles de lucha y lanzar un programa mínimo agrupando a las fuerzas políticas abertzales y populares". No nos vamos a extender en la enrevesada historia política del MLNV durante este periodo. Sólo apuntar que preveía la existencia de un régimen de democracia representativa, que planteaba la organización de una serie de organismos legales dentro del nuevo régimen, que proponía un "programa mínimo" con el objetivo de agrupar "a las fuerzas abertzales y populares" y que persistía en el uso combinado de la lucha armada con la lucha política y la lucha de masas en las nuevas circunstancias.

Vale la pena que nos refresquemos la memoria frente a las declaraciones de tantos ex miembros de ETA que afirmaban que la voluntad de esta organización durante el franquismo era propiciar el advenimiento de la democracia, tras la cual el uso de la lucha armada sería inconcebible. En todo caso, se celebra una asamblea conjunta de ambas ETAs (la VII en 1976) donde se decide reagrupar a las organizaciones armadas, crear un partido comunista dirigente vasco y crear una Unidad Popular. De esta manera, se quiso formalizar el esquema maoísta mediante el cual, como decía Mario Onaindia quien fuera luego secretario general de EIA, se podría "combinar desde una organización política la lucha armada, la participación parlamentaria y la movilización hacia el poder popular". Este esquema ternario tendrá diferentes readaptaciones a lo largo de la historia del MLNV pero permanecerá incólume.

Es verdad que el movimiento se bifurca: que no hay fusión de las organizaciones armadas; que no se constituye conjuntamente un "partido comunista vasco dirigente"; que, finalmente, EIA, el partido que iba a serlo, se niega a formar parte de la Unidad Popular HB como partido dirigente (propuesta que le hizo ETAm a EIA y que rechazó, aunque, como Mario Onaindia no deja de decir "resultaba bastante tentadora"). Las diferencias que se dan son diferencias de enfoque: mientras que para EIA y ETApm la etapa "neodemocrática" de transición al socialismo la constituía el Estatuto de Gernika (que era, en aquellos momentos, el "objetivo táctico" desde el cual se tenía que dar el salto revolucionario, bajo la hegemonía de una organización que abarcara a la izquierda de Euskadi frente al PNV), para HASI (derivación de EHAS) y para ETAm ese escalón táctico lo constituía la Alternativa KAS. El umbral lo ponían más alto y fuera del proceso de institucionalización que se que gestaba en Euskadi. La conformación de ambos movimientos es paralela y se deriva de las conclusiones ideológicas y organizativas de la VII Asamblea: en un caso EIA (partido dirigente) ETApm (organización armada) y Euskadiko Ezkerra (movimiento de masas y unidad popular); en el otro KAS (Bloque dirigente) ETAm (organización armada) y HB (Unidad popular).

Esta tríada constituye lo que Mao Zedong apunta como "las tres armas mágicas" para lograr la revolución, y es expresión concreta del esquema de "guerra popular". La continuidad con la V Asamblea se mantiene, con el avance de superar el esquema abstracto de frentes que no había dado resultados prácticos. Una vez adaptados a las nuevas circunstancias políticas, tras el fracaso electoral cobrado por parte de la izquierda derivada de ETA, dividida ante las elecciones de junio de 1977, y la amnistía que se dio en el mismo año (mediante la cual sale hasta el último preso de ETA) ambas organizaciones armadas lanzan una ofensiva militar sin parangón con cualquiera de las que se dieron en el franquismo, matando a decenas de policías y militares y, en plena crisis económica, atacando duramente al empresariado vasco; y consiguen retomar el efecto retroalimentador de la espiral, al propiciar respuestas represivas muy fuertes por parte del nuevo gobierno democrático de UCD, con muertos por la fuerza pública y la persistencia masiva de la tortura y de la guerra sucia (por parte de la organización parapolicial el Batallón Vasco Español).

En este panorama, la sensación de prolongación del franquismo por parte de la población vasca es evidente hasta 1981, fecha en la que, una vez constituido tras la aprobación del Estatuto de Gernika (1979), el Gobierno Vasco empieza a poseer una entidad ejecutiva cada vez mayor. El espacio de tiempo que abarca este apartado fue el caldo de cultivo ideal para que una nueva generación de militantes, que esta vez habían trabajado en las luchas obreras y sectoriales de fines del franquismo, engrosen las filas de la organización armada y sus organismos adyacentes.

Hacia la negociación (1981-1988). Una vez resueltos los dos problemas fundamentales, el de la organización de movimientos políticos y sociales "legales" actuando en connivencia estratégica con ETA pero desligados orgánicamente de la organización armada, y el de activar la espiral retroalimentadora bajo las nuevas circunstancias, surge la cuestión de cómo graduar esta política dentro del nuevo contexto de lo que definen –y siguen definiendo- como "democracia burguesa". Y cómo graduar, también, los ritmos de la lucha armada. Para ello se crea la Alternativa KAS como "programa mínimo":

"este programa configura, a través de unas exigencias mínimas de libertades democráticas y nacionales, el único marco que consideramos válido para el desarrollo de una dinámica de tipo democrático". La función de tal programa sería aglutinar "las clases populares vascas para obligar a la oligarquía... a ceder en sus posiciones actuales".

La Alternativa KAS representaba un "programa mínimo" que actuaba de escalón hacia el "programa máximo" -la abolición lisa y llana del régimen de democracia representativa- y como tal programa mínimo era y sigue siendo, en sus diversas modalidades, una alternativa "táctica", es decir, una alternativa que debía y debe atraer a sectores no revolucionarios de la sociedad vasca y española.

Huelga decir que todavía, hoy y ahora mismo, no hemos salido de este paradigma, de hecho, la estrategia actual del MLNV tiene como finalidad evitar toda propuesta política que no se adapte, palabra por palabra, a la eternamente "nueva" Alternativa Democrática. Constatamos la curiosa similitud entre la propuesta del "mágico Folio" o –programa mínimo- de Elkarri y el también programa mínimo de la Alternativa Democrática. Es así que a pesar de que hablamos en pasado de la Alternativa KAS del MLNV es la predecesora de la Alternativa Democrática de ETA de 1995, de la declaración de Lizarra-Garazi de 1999 y de la propuesta de paz de Batasuna del 2002. El resto de los textos son adaptaciones del "programa mínimo", cuya función es la de aglutinar fuerzas en contra de un enemigo concreto (generalmente el representante en el poder del Gobierno español) y poseen el mismo carácter táctico. ¿Qué significa esto?

Significa que ninguna de esas propuestas es una propuesta para finalizar el conflicto. Decía HASI (partido dirigente del MLNV durante este periodo): "entendemos que la lucha política debe orientarse al logro de una ruptura escalonada de los muros de la reforma. Entendida así la lucha, el logro de los puntos contenidos de la Alternativa debemos tener preparados los siguientes". Y eso es así porque "mientras haya capitalismo no habrá paz" "la guerra es consustancial al capitalismo". Y es que ninguna de estas propuestas garantizan, en ningún momento, el fin del conflicto. Por eso dice la Alternativa Democrática de ETA de 1995:

"en la medida en que haya condiciones nuevas y medios democráticos, ETA adecuará su actividad a la nueva situación del conflicto, sin abandonar sus objetivos políticos últimos". Consideración que no deja de repetir: "en la medida de que surjan nuevas condiciones y medios democráticos, ETA sin cejar en sus últimos objetivos políticos (...) adaptará su actuación a la nueva coyuntura del conflicto".

En caso de aceptación o de negociación de tal alternativa o de la alternativa que venga (véase la Propuesta de Paz de Batasuna o el "folio" de Elkarri) hay una adaptación "a la nueva coyuntura del conflicto" a "la nueva situación del conflicto", es decir, se plantea una etapa de avance, de cesión del enemigo, frente a la que el MLNV debe tener "preparados los siguientes" puntos de la siguiente alternativa y la consiguiente adaptación de ETA a la "nueva situación del conflicto". Durante esta etapa, pues, se da el esquema de la propuesta de negociación en base a la Alternativa KAS y, mientras tanto, sigue en marcha la estrategia de "presión" político-militar desencadenada por los agentes armados, políticos y sociales del MLNV.

La escisión del PNV en 1985 es recibida como algo muy positivo y se abre la posibilidad, para el MLNV, de hegemonizar el espacio nacionalista. Las expectativas no pueden ser mejores. En 1988 se consigue, finalmente, la tan ansiada negociación con el PSOE en el gobierno. Mientras tanto, el MLNV se constituye como tal hacia 1987 y consta de un Bloque Dirigente (KAS), un "partido el pueblo, socialista revolucionario" (HASI), la organización armada (ETA), el sindicato (LAB) y organismos populares y de masas como las Gestoras Pro-Amnistía, AEK, Comités Antinucleares, etc. El proceso de formalización del MLNV ha terminado, aunque no obsta para que, en el futuro, hayan más adaptaciones. Son tiempos de euforia, como reflejan las palabras del conocido dirigente de LAB Joselu Cereceda: "sólo se mantiene, y con fuerza, el MVLN. Y ello ocurre por su coherencia, por mantenerse firme en la defensa de unos sencillos puntos perfectamente entendibles y que su no aceptación por los poderes reales muestra a las claras la irracionalidad de los mismos. Se trata, como es sabido, de los puntos de la alternativa KAS, defendidos por ETA, el bloque KAS y HB. La acentuada represión a la que está sometido el pueblo vasco no es sino síntoma de que pronto se aceptarán sus irrenunciables propuestas. Y como se está respondiendo a la misma significa que este pueblo jamás será vencido. O que la partida no terminará en tablas".

Los años negros: (1988-1993). Esta es la etapa más negra de la historia del MLNV: los partidos políticos democráticos, constitucionalistas y nacionalistas, firman el Pacto de Ajuria Enea, -auténtica Bestia Negra para el MLNV- que lo deja aislado políticamente; las organizaciones pacifistas toman la calle y movilizan a miles de personas, haciendo perder al MLNV un espacio que se creía exclusivo; la ruptura de la tregua y de conversaciones con el PSOE y el Gobierno español sume a parte de la base social del MLNV –que había interiorizado la negociación como sinónimo de paz- en el desánimo y la desmovilización; ETA empieza a tener problemas para reclutar a más gente; la represión del estado se hace más selectiva, y la dispersión de los presos lleva ese desánimo a las propias cárceles; en 1988 acaba la guerra sucia y se terminan las acciones del GAL, con lo que la población vasca comienza a ver al MLNV como más violento que el propio estado; en 1992 cae la cúpula de ETA en Bidart y sus sustitutos (con lo cual tiene que ser el brazo civil, KAS, quien reorganice la depauperada organización armada), mientras que la oportunidad desestabilizadora de las olimpiadas del mismo año se escapa de las manos; y last but not least la crisis del socialismo real y la caída de los regímenes del Este, corta de cuajo el aliento de ofensiva y la posibilidad, real, de desestabilización del sistema, que antes se contemplaba y deja a la luz los crímenes del totalitarismo comunista, desprestigiando en general el proyecto revolucionario del que forma parte el MLNV...

La misma crisis burocrática y administrativa de los partidos comunistas afecta al movimiento, que se encuentra ante estructuras ingentes que ha construido, estructuras que no puede llenar y que son poco operativas a un nivel de trabajo de base. En fin: toda una acumulación de desgracias que se reflejan en importantes retrocesos electorales y en una perdida de moral generalizada. La ponencia Oldartzen (1994), trabajo de reflexión y programa político que elabora el MLNV para poder superar esta situación, es suficientemente clara acerca de todos estos puntos. Respecto a la situación internacional dice:

"no cabe duda de que el mundo actual no es el de hace diez años. Tras la desaparición del enfrentamiento entre los bloques que lideraban EEUU y la antigua URSS, el imperalismo se ha impuesto a muchos niveles, de tal manera que tanto las fuerzas de izquierda como los movimientos de liberación nacional progresistas se encuentran en una situación muy difícil".

Se acusa de haber puesto excesiva confianza en la victoria electoral y, consiguientemente, en la lucha electoral ("tras la escisión del PNV se extendió la idea de una acumulación de fuerzas inevitable, y la errónea impresión de una victoria electoral comenzó a imponerse" p. 55; "el trabajo en torno a las elecciones y los medios de comunicación ha sido desproporcionado" p. 58); de que "desde que se rompieron las conversaciones de Argel, la estrategia de la Izquierda Abertzale se ha articulado en función de la Negociación (...) el Estado volvió dicho proceso en contra nuestro" (p. 55); también se acusan de cortoplacismo: "debemos situar el desarrollo de las diversas formas de lucha y el de la lucha armada y su evolución (...) en el contexto del inmediatismo y del síndrome del reloj" (p. 60).

En definitiva, el MLNV admite que no se han visto resultados concretos para la estrategia que se estaba llevando y que el hundimiento de la burbuja negociadora, por falta de una perspectiva a largo plazo como corresponde a todo intento revolucionario de transformación social, ha provocado la desbandada. La ponencia Oldarzen constituye un ejercicio exhaustivo de autocrítica. Pero no desde la perspectiva de que el MLNV se plantee renunciar su naturaleza revolucionaria, a la lucha armada o a la destrucción del estado de cosas vigentes; todo lo contrario. Oldartzen, como su propia denominación euskérica propone, es una llamada a la ofensiva, al apuntalamiento y a la renovación de los viejos principios y –sobre todo- a dar una vuelta de tuerca más a la estrategia de la violencia. Una vuelta sangrienta y remozada a los orígenes.

La socialización del sufrimiento (1993-1998). Para el MLNV, se trata de "recomenzar" la labor, de adaptar los viejos principios revolucionarios a las nuevas circunstancias. Y, para ello, la adaptación del viejo principio de la ofensiva y de la implicación inherentes a la Guerra Popular. Ya en la fase anterior el jefe político de ETA, José Luis Alvárez Santacristina "Txelis", había esbozado la estructura de los futuros comandos de la Kale Borroka, su actuación en la calle y la posibilidad de que este fuera el futuro vivero de militantes de ETA, que, a principios de los 90, encontraba serios problemas de captación de activistas.

Las bases que planteaba el MLNV para la ofensiva, en este periodo, eran: 1) la apertura de un nuevo frente, el frente de la lucha callejera y de la implicación de jóvenes menores de edad en esas actividades; 2) la extensión de la violencia, tanto la violencia callejera derivada de los nuevos grupos como la violencia armada de ETA, a nuevos objetivos –cargos políticos, jueces, periodistas, sedes de partidos políticos etc- "socializar el sufrimiento" en tanto a que, como decía el miembro de la mesa de HB Joseba Alvárez, "lo que estaba pasando en los últimos años era que los presos y otros tantos problemas eran exclusivamente de la izquierda abertzale. ¿Cuál es la solución? Socializar las consecuencias de la lucha"; "socializar las consecuencias de la lucha" es plantear el modelo de implicación de Tito y de Mao, es decir, que la población sienta cerca "las consecuencias de la lucha" de tal manera que no le quede más remedio que implicarse por las malas o por las buenas; 3) la actualización de la Alternativa KAS para las nuevas circunstancias. Decía Oldartzen: "hay que actualizar y presentar de modo más comprensible la alternativa, teniendo en cuenta la evolución experimentada a diferentes niveles en los últimos años" (p. 83); el carácter de esta seguía siendo el mismo, no se rebajaba un ápice: "es un error considerar la Alternativa KAS como un programa político, pues la Alternativa marca las bases de un acuerdo político con el estado. Desde esta perspectiva no es una opción partidista sino la base de los derechos democráticos para todo el pueblo" ; la Alternativa se planteaba desde la perspectiva del "déficit democrático" que afecta a Euskadi y a España y el MLNV pretendía proyectarse como "la base de los derechos democráticos para todo el pueblo"; dicha actualización tomará cuerpo el 20 de abril de 1995 con la denominada "Alternativa Democrática", propuesta por ETA; 4) integrar al PNV dentro de una alianza con el señuelo de una nueva tregua, y cambiar así la correlación de fuerzas que marcaba el Pacto de Ajuria Enea respecto al aislamiento del MLNV. Por ello decía ETA: "mediante una disminución de la "kale borroka" sobre sus intereses (los del PNV y EA), conseguiremos confundir nuevamente al PNV y a EA, e iremos preparando una nueva tregua que consiga romper definitivamente sus amarras con el Estado español".

Es evidente que la postura era doble: atacar a los partidos nacionalistas mediante la "kale borroka", mediante la destrucción de sus sedes y el acoso a sus cargos municipales, ofreciendo a la vez la mano tendida, el señuelo de una nueva tregua. La operación empezó a dar sus frutos: el asesinato de Gregorio Ordóñez, concejal del PP de San Sebastián, marcaba el silbato inicial de lo que iba a ser el ensayo más ambicioso del MLNV por extender el terror y el miedo hasta la última población de Euskadi. Pretendía también romper tabúes y barreras mentales, imágenes fijas hechas acerca de cual podía ser el próximo objetivo de ETA o de la kale borroka. Los asesinatos contra policías y militares se extendieron a nuevas capas sociales y nuevos "sujetos". También procede el MLNV a la reorganización de todo el movimiento: el anquilosamiento burocrático que había resquebrajado a los regímenes comunistas también se había cebado en el MLNV. Por tanto, el MLNV reforma toda su estructura y la propia naturaleza de su cúpula, KAS. KAS deja de ser la representación de un conjunto de siglas y pasa a constituirse en núcleo de militantes acreditados; se formaliza un grupo de militantes de KAS, por encima de la adscripción a las siglas de cualquier organismo del MLNV, que actúa como comisariado político. Este comisariado político posee la función de controlar y coordinar la labor de los organismos de base del MLNV; de esta manera, se dispone de una estructura formal –la que corresponde a cualquier organismo del MLNV, con sus órganos de representación- y otra informal, pero más auténtica –la que se deriva directamente de KAS o del organismo que lo sustituya, ya que KAS será ilegalizada.

De esta manera se acerca más la cúpula a la base y se acentúa el control de aquella sobre esta. Es un proceso lógico de simplificación de la organización y de control de la misma cuando resulta especialmente necesario reforzar el control de la base, por la línea especialmente virulenta que se va a desencadenar mediante la "socialización del sufrimiento". La función de KAS –o del organismo que lo sustituya, como será el caso de EKIN en 1999- era inequívoca: "construir el motor político de la izquierda abertzale, recrear el corazón político que haga moverse a la izquierda abertzale". Es calificada como "columna vertebral" del MLNV.

Fuera del ámbito formal del MLNV, pero coadyuvando en su estrategia, tenemos la operación de Elkarri, la formación de un grupo pacifista desde las coordenadas del MLNV. Este grupo respondía –y sigue respondiendo- doblemente a la necesidad de plantear un discurso "pacífico" desde coordenadas no adscribibles al Sistema y, por tanto, de plantear, desde las propias contradicciones de la base del MLNV, un espacio compatible entre la acción sangrienta de los grupos callejeros y de la organización armada y ese discurso pacifista; y, por otro lado, Elkarri respondía –y sigue respondiendo- a los requerimientos y los deseos de la cúpula del PNV de ver fisuras dentro del movimiento. Desde ese discurso aparentemente pacífico, Elkarri planteó –y sigue planteando- en todo momento la igualación entre la acción del Estado y la acción de los grupos violentos del MLNV –en el caso del secuestro de Ortega Lara, por ejemplo, igualando y equiparando el secuestro a la política de dispersión que llevaba el Gobierno español-; la exigencia de no aislamiento de HB en los momentos de acción armada más duros –por ejemplo, tras el secuestro y asesinato del concejal del PP, Miguel Angel Blanco-; una interlocución con los grupos pacifistas oficiales, que dio lugar a las Conversaciones de Maroño (1993) y que supuso la desactivación ideológica de estos, más la propia legitimación de Elkarri –por ello decía Cristina Ubani, representante de Denon Artean "cedimos en los principios para conseguir la paz, y nos quedamos sin paz y sin principios". Y, finalmente, una interlocución directa con la cúpula del PNV que le otorgó financiación oficial por parte del Gobierno Vasco.

Nunca debemos olvidar que los momentos más activos de Elkarri se dieron en el contexto de máxima inhumanidad por parte de la acción del MLNV y, por tanto, su acción supuso un colchón político de utilidad innegable para el movimiento. Elkarri también cumplió –y cumple- la función de otorgar un plazo al fin de la violencia (el primero de ellos lo fijó para 1994), siempre en la línea de otorgar credibilidad a las propuestas de paz provenientes del MLNV, e incluso propuso un plazo para su propia autodisolución sino llegaba a resultados, plazo que, evidentemente, no cumplió. Elkarri ha sido justamente calificada como "la mejor diplomacia del MLNV. Aquella que en las más extremas situaciones de guerra o enfrentamiento puede pasearse por los despachos del enemigo sin ser reconocida".

La unidad de acción de los sindicatos ELA-LAB es otra de las operaciones muy positivas, para el MLNV, dadas durante este periodo –a pesar de que ETA, mientras tanto, asesinó a una buena media docena de militantes de ELA. En definitiva, durante esta etapa se ponen los pilares de la siguiente: por un lado, se acreciente la "presión" armada, se diversifican los modos de violencia y las personas que toman parte en ellos (logrando la implicación de una nueva generación, que, en la próxima etapa, pasará a reorganizar ETA y el conjunto del MLNV), se consigue echar atrás la estrategia pacifista, se pone al PNV contra las cuerdas desde esa presión violenta y desde la amenaza de una bipolarización política en Euskadi, cosa que le haría perder la hegemonía electoral; se hace el planteamiento de una propuesta –la Alternativa Democrática de ETA- que será la base del futuro acuerdo de Lizarra; y se atizan las contradicciones entre los partidos democráticos de tal manea que el Pacto de Ajuria Enea pierde su vigencia y su operatividad. También hay rasgos negativos: la constancia, por parte de la mayoría de la población vasca nacionalista o constitucionalista, de que la violencia viene por parte del MLNV, la ruptura definitiva con las dinámicas de base que en los 80 todavía desbordaban a los partidos institucionales y la reacción popular –como en 1997 tras el secuestro y muerte del concejal del PP Miguel Angel Blanco- que, en cuanto encontró el cauce y la ocasión, era capaz de poner contra las cuerdas al MLNV. El encarcelamiento de la Mesa Nacional de HB y el cierre de EGIN en 1998 mostraron claramente la indiferencia o el aplauso callado de la mayoría de la población vasca. Pero todo esto se vino abajo gracias a un espectacular golpe de efecto: la tregua.

Lizarra-Garazi 1 y 2 (1998-): Llevar adelante dos líneas contrapuestas pero con vocación de complementariedad resulta tarea ardua, porque lo que se consigue con una se puede perder con la otra. Por eso la tregua de ETA llegó en el momento justo. El MLNV había agredido, en mayor o menor medida, a todos los agentes políticos y sociales que le rodeaban; desde sostener una línea de acoso contra los cargos municipales del PNV y de EA y una estrategia de ataque contra los locales de estos partidos hasta llegar a su línea estrella de asesinato de concejales del PP y políticos del PSOE. Pero la desilusión y la ira popular suponían el desgaste psicológico de su propia base social. Y las medidas policiales y legales en contra del MLNV, en un momento de máxima hostilidad popular, hacían mucho daño. Por ello afirmaba proféticamente Carmen Guisasola, en una consulta que Francisco Múgica Garmendia "Pakito" dirigió a doce miembros encarcelados de ETA de relieve, respecto a una posible tregua, que

"es necesario reestructurar la Organización a todos los niveles, separar estructuras que eviten caídas en cadena. El problema no es la tregua o no, sino de parar cuanto antes para reestructurar todo y hacer una nueva Organización".

Recomendaciones que se siguieron puntualmente, en vista del relevo generacional efectuado en la organización armada y en los organismos rectores del MLNV. Estos nuevos dirigentes del movimiento habían sido educados en la cultura de la confrontación y la tierra quemada, con lo que la prolongación del "conflicto" quedaba garantizada. Por otro lado, existía una cúpula del PNV anhelante de tregua. Tras el rechazo por parte de los partidos políticos constitucionalistas del plan Ardanza (1998), un plan elaborado con la intención de plantear un diagnóstico unificado acerca de la pacificación por parte de los partidos políticos democráticos, se siguió la línea que ya Joseba Egibar había propuesto en 1992 en sus conversaciones con HB: que ETA plantease una tregua y que HB y PNV firmasen un acuerdo para conseguir la autodeterminación y llevasen una línea de actuación conjunta.

Esta línea, que ya había sido precocinada por los interlocutores "blandos" del MLNV, como Elkarri o como Patxi Zabaleta y había sido sabiamente vendida a la cúpula del PNV, iba a culminar en el acuerdo de Lizarra (1998), al que se adherirían también EA y otros organismos sociales y sindicales. La convicción generalizada entre los nacionalistas era que el MLNV se encontraba en las últimas y que había que construirle una "pista de aterrizaje", de tal manera que la izquierda revolucionaria vasca tuviera una baza política, una excusa, para abandonar su estrategia político-militar. La perspectiva del MLNV era diametralmente opuesta: aprovechar el intervalo de la tregua para acometer a la reorganización de ETA, en sus labores de reclutamiento y aprovisionamiento, y plantear una operación política a largo plazo por la cual, al contrario de lo que ocurrió en 1988, el que pagase el precio de la ruptura de expectativas de la tregua ya no fuera exclusivamente el MLNV sino también, y sobre todo, los partidos nacionalistas en el Gobierno de Lakua. Esto ya era previsto por ETA en unas declaraciones realizadas en 1991 donde se señalaba el peligro de que

"la sociedad vasca (incluso sectores proclives a los planteamientos del MLNV) entre en una dinámica de perdida del pressing necesario, de fuerza, en definitiva, donde el retome de la actividad operativa (ante la previsible marcha atrás, estancamiento, o falta de contrapartidas mínimas) pueda tener unos costes importantísimos".

Para el MLNV Lizarra era -y sigue siendo en la forma diferente que pueda tomar en un futuro- una "pista de despegue" un instrumento de hegemonía e iniciativa respecto al nacionalismo. Las elecciones de octubre de 1998 para el Parlamento Vasco son un auténtico éxito para el MLNV, que ha cambiado de nombre a Herri Batasuna por el de Euskal Herritarrok. Arnaldo Otegi afirmó que eran un éxito "teniendo en cuenta lo que ha pasado estos dos últimos años" –es decir, la culminación de la "socialización del sufrimiento", el secuestro y asesinato de Miguel Angel Blanco-, dando por bueno y uniendo a la estrategia de Lizarra con la estrategia de la etapa anterior, con lo cual se autentifica la perspectiva de largo plazo y el carácter no definitivo del "alto el fuego unilateral" que marcó ETA tras la firma del Pacto de Lizarra, mas la admisión de que la tregua y las acciones violentas se complementan. No vamos a entrar en polémicas acerca de si el PNV y EA firmaron un pacto secreto con ETA, aunque tanto Joseba Egibar como Carlos Garaikoetxea desmintieron, en su día, haber tenido conversaciones con la organización armada, cosa que luego se demostró falsa. Lo cierto es que el punto relativo a la exclusión de los partidos constitucionalistas de las instituciones y el no propiciar alianzas con ellos se cumplió a rajatabla.

El nuevo gobierno de Juan José Ibarretxe, elegido ese 25 de octubre, contaría con el apoyo puntual de EH, y, por eso, fue este un gobierno en precario, como se demostraría múltiples veces. Inmediatamente después se crearía Udalbiltza, una agrupación de municipios que recogía a los representantes municipales del PNV, EA y EH de las seis provincias históricas vascas, agrupación que para el MLNV tenía rango de "primera institución nacional", mientras que para el nacionalismo no era otra cosa que un instrumento de diálogo interinstitucional e intercultural entre vascos de diferentes demarcaciones y estados. Para el MLNV está claro que hay que "limpiar de interferencias institucionales" (léase del Gobierno Vasco o Navarro) el escenario y propiciar "un solar" desde el cual construir la nación vasca. Tras veinticinco años de autogobierno el MLNV quería –y quiere- dar a entender que –y aquí se trata del pilar sobre el que se asienta la Construcción/Destrucción de Euskadi por parte del MLNV- que no se ha construido nada. O peor aun: quería –y sigue queriendo- plantear una "construcción nacional" virtual que arramble con la "construcción nacional" real derivada del Estatuto de Gernika.

Y es que la incompatibilidad de fondo entre el proyecto nacionalista, institucional, legalista y de gestión, y el proyecto del MLNV, anti-institucional, a-legal y de creación de organismos de sustitución del poder vigente, es mucho más profunda que las coincidencias formales que términos como "autodeterminación" o "soberanismo" quieren dar a entender. La asunción, por parte de numerosos líderes nacionalistas, de que "el Estatuto ha muerto", por mucho que pueda justificarse en función del incumplimiento de estatutario por parte del Estado, supone un auténtico desarme unilateral que es considerado por el MLNV como una victoria y como un punto de no retorno. Así lo afirmaba ETA, una vez rota la tregua: "el fin del alto el fuego no hay que entenderlo como una derrota del proceso abierto. La lucha y el debate se encuentran en otro punto y nivel (...) Los que decían que el Estatuto de la Moncloa o nada, se encuentran bajo el influjo de renovar el Estatuto y la apuesta a favor de la Independencia". Esta no es sólo una constatación sino una advertencia; pues el líder de EH, Arnaldo Otegi, avisaba de que "la apuesta paz por paz y Estatuto traerá 30 años más de guerra".

Es señalable en el estilo de Otegi el "traerá" sin sujeto, como el "lloverá" o "hará sol", aunque para cualquier viandante queda claro quién tiene la capacidad para prolongar "30 años más de guerra" en Euskadi. La tregua de ETA fue un gran fiasco. ¿Por qué? 1) Fue una tregua que tenía un aspecto público y otro aspecto privado y secreto; el problema es que por parte de ETA –y los partidos nacionalistas connivieron en ello- no hubo auténtica disposición de paz en tanto en que se constituyó en fiscalizadora de la tregua y mintió por ello al pueblo:

"aunque el alto el fuego va a mostrar su carácter indefinido entre la gente, el mismo va a tener un primer plazo de cuatro meses para que EAJ-PNV muestre su voluntad de cumplir los compromisos que ha tomado, estando condicionado su alargamiento y su carácter definitivo en función de esos compromisos".

La tregua era indefinida de cara a la gente de a pié y, sin embargo, contaba con una cláusula secreta, que la hacía rescindible en cuatro meses, si la organización armada consideraba que el PNV no mostraba "su voluntad de cumplir los compromisos". ETA se guardaba para sí la facultad de interpretar el proceso y de actuar en consecuencia, que es lo que hizo; 2) Era una "tregua-trampa" en las mismas palabras de ETA. No olvidemos la cita del apartado anterior donde ETA afirma la voluntad de "confundir nuevamente al PNV y a EA" con una nueva tregua, para que "rompan definitivamente amarras con el estado". Afirmaba ETA: "hay que decir que los servicios de Mayor Oreja leyeron y analizaron BIEN el manifiesto de ETA y que estructuraron su tesis desde ahí: la tregua de ETA ha sido una trampa". La tregua era un instrumento en contra de los Gobiernos de España y de Francia: "¡Claro!: ha sido un instrumento utilizado en contra de los Gobiernos español y francés". Y también contra el PNV y EA: "y una trampa del mismo calibre para PNV y EA ya que su estrategia de hasta entonces se basaba en la dependencia respecto a España. Y también de ahí en adelante si no rompían totalmente con esa dependencia respecto a España".

No debemos confundirnos con la retórica seudoabertzale de la organización que lo que realmente afirma es que solamente ella interpreta el proceso, solamente ella marca los ritmos, solamente ella decide lo que el resto de los agentes políticos y sociales tiene que hacer, solamente ella unilateralmente propone lo que quiere y, en caso de que no se acepte, también rompe unilateralmente. Que es lo que ETA hizo. Eso sí. Durante el periodo de tregua se mantuvo y, en muchos casos, se acrecentó el acoso y el ataque contra los cargos políticos del PP y del PSOE en Euskadi y también hubo ataques en contra de personas del PNV, así como a periodistas, medios de comunicación bajo interdicto, al suministro eléctrico (durante las fiestas de Bilbao). En 14 meses de tregua se dieron más de 400 denuncias de sabotajes y ataques. No era bueno que la sociedad vasca se olvidara totalmente de la existencia de la violencia y, además, había que mantener en calor a los muchachos que luego darían el salto a la organización armada renovada y reforzada. No debemos olvidar que a fines de 1997, los grupos de kale borroka y sabotaje pasan a la clandestinidad. Pues una de las paradojas de todo este proceso es que la nueva generación de luchadores de ETA se fragua precisamente cuando socialmente se piensa que el MLNV es más débil, entre los años 1996-7.

Finalmente, el MLNV quería redondear la jugada mediante un proceso de institucionalización paralelo y contrario al de las instituciones vigentes. Esa era –y sigue siendo- la función de Udalbiltza, la de ser "primera institución nacional" con la función política de iniciar "un proceso constituyente vasco": "aunque no tengamos un encaje legal preciso ni la arquitectura jurídica en los actuales estados, ni reconocimiento constitucional ni internacional, y ni reconocimiento oficial de los otros estados, tenemos que sacar en claro de este proceso el solar del cual se va a construir Euskal Herria". Dentro de este organismo la presencia de los electos del PNV y de EA cumplían la función de otorgar una imagen de pluralidad y de inclusión que, en realidad, no se pretendía respetar. Pues ya concretaron Joxe Mari Olarra y Arnaldo Otegi que este era un proceso de soberanía que

"significa fundamentalmente, que los recursos financieros, naturales, culturales de nuestro país sean gestionados sin interferencias y en beneficio de una mayoría social progresista y socialista que la izquierda abertzale pretende liderar y articular".

La alianza con el PNV también es una colaboración puramente coyuntural. Existe "una mayoría social progresista y socialista" que el MLNV "pretende liderar y articular" y que tiene que gestionar "sin interferencia" todos los recursos de nuestro país. Udalbiltza representa un primer paso hacia esa apropiación de los recursos, empezando por los recursos institucionales vigentes (los Gobiernos vasco y navarro) que, mediante la función que quería dar el MLNV a la Asociación de Municipios, debían subordinarse a los mandatos de esta última o desaparecer. Una de las funciones de esta, entre otras, sería la de "hacer el primer censo nacional de Euskal Herria" en cuyo caso "todos los que quieran ser votantes tendrían que pedir el derecho a voto". Por muy descabellado que parezca este planteamiento nos da noticia del cambio radical que quiere dar el MLNV al régimen de representación política, exigiendo de partida que cada ciudadano tiene que presentarse y pedir el derecho de admisión.

Otra forma de distorsión de mayorías es el propio planteamiento del Pacto de Lizarra, que responde plenamente al esquema de representación de la Alternativa Democrática de ETA, mezclando partidos, sindicatos y "movimientos populares", de tal manera que la representación política queda diluida en medio de la ensalada de siglas. En todo caso, tras la ruptura de la tregua Udalbiltza se divide en función de aquellos que condenan la violencia y los que no –es decir, entre PNV y EA y algunos independientes y los representantes de EH y sus propios independientes; en cuanto que el MLNV no puede ejercer su mayoría en cualquier organismo o lo divide o utiliza medios externos para tratar de imponer su opinión, en la conciencia de que tiene que gestionar "todos los recursos". El criterio de decisión y de decisiones compartidas llevado por el MLNV y su propio criterio de representación no responde, pues, a ínfulas etnicistas, sino a la pura asimilación entre su proyecto político (el MLNV) y la sociedad vasca.

Para poner un ejemplo, en el congreso de JARRAI de 1992 se habla claramente de función de la organización juvenil del MLNV, en relación con el organismo rector del MLNV (KAS): "JARRAI es la organización que hay en KAS para el Movimiento Juvenil Vasco. JARRAI necesita a KAS y KAS necesita una organización que le ayude a desarrollar el movimiento juvenil (...) El status que posee JARRAI dentro de KAS es ser pionera del papel que tendría que tener la juventud dentro de la sociedad". Es decir: el MLNV se considera ya a sí mismo como el modelo de sociedad ideal; lo único que falta es que la sociedad asuma esa realidad, en tanto que cada organismo sectorial y cada movimiento popular del MLNV representa de una forma total el espacio que quiere cubrir; en este caso, JARRAI –o Haika o Segi- como reflejo de un Movimiento Juvenil Vasco que totaliza ese espacio juvenil, con exclusión de cualquier otro organismo o representación que queda ya dentro de las empalizadas del sistema y es, por tanto, parte del enemigo, parte de esa sociedad que el MLNV debe abolir y sobre cuyas ruinas debe construir definitivamente su proyecto.

Por otro lado tenemos la naturaleza de los pactos políticos. Estos comprometen a los agentes políticos, pero el MLNV cuenta con la ventaja de una organización armada que, cuando quiere, da un golpe sobre la mesa y hace caer a los líderes nacionalistas en su misma trampa conceptual de separar a los políticos de los militares, creyéndolos políticamente distintos. La tan buscada autonomía de lo político respecto a lo militar, clave de una cierta interpretación del MLNV, significa, en la práctica, que los militares también tienen autonomía respecto a la política, y no hay manera de comprometerlos. Sin eludir la tomadura de pelo de que tanto políticos como militares son co-responsables de la estrategia del MLNV –con lo que la interlocución puramente "política" del MLNV hacía, de cara a los líderes nacionalistas, un doble juego, al fingir "blandura" y al asumir, a la vez, las decisiones de los supuestos "duros". Dentro de este contexto, el contacto que tuvieron el Gobierno español y ETA en 1999 fue un contacto meramente cosmético, ya que lo esencial de esta operación iba dirigido a los partidos nacionalistas, a que estos rompieran "amarras con el estado". Por eso ETA repite que no hay que confundir "proceso de paz" con proceso de "construcción nacional" y que este es previo al primero:

"algunos sectores de la sociedad vasca han confundido esta situación [la tregua indefinida de ETA] con la distensión, es decir, con un auténtico proceso de paz que no está en marcha aún".

Dentro de esta tesitura ¿Hubo realmente posibilidades de paz durante el periodo de 14 meses de tregua? El encuentro que mantuvieron PNV y EA con ETA en julio de 1999 nos puede dar luz acerca de esta cuestión. Este encuentro entraba en las coordenadas de vigilancia del "proceso" que había propiciado, en 1998, la prolongación del "alto el fuego compartido" tras el primer plazo de cuatro meses. Un año más tarde, la opinión de la organización armada era que existía el elemento de "la flojera de los partidos políticos" y que, por tanto, "ha llegado el momento del tensionamiento y de llevar a cabo un ciclo político" ante el peligro de que "el proceso puede ir pudriéndose, sin concretar donde hay que avanzar". El escaso impulso dado a Udalbiltza por parte de los partidos nacionalistas y el seguir manteniendo abiertos "los puentes respecto al PSOE", excluyendo la participación de EH dentro de las diputaciones forales y en municipios como Bilbao, eran las razones dadas para ello: "de febrero en adelante no se han dado nuevos pasos decisivos y mirando hacia el futuro el mantenimiento de esa indefinición trae un balance negativo". Ante ello, ETA lanza una nueva propuesta, subiendo los niveles de exigencia. Esa propuesta pretende la creación de una Asamblea Constituyente, tomando como base a Udalbiltza, cuya misión es "hacer unas elecciones libres y democráticas en Euskal Herria", haciendo abstracción de las diversas demarcaciones autonómicas y estatales (Comunidad Autónoma Vasca, Comunidad Foral Navarra, Estados Francés y español), cuya finalidad "es elegir un Parlamento de Euskal Herria formado por parlamentarios que representen a las diversas opciones políticas". Esta propuesta no se va a encontrar al albur de la respuesta de los partidos nacionalistas, es decir, estas no van a condicionar la decisión de la organización armada, sino que ETA ya toma la decisión de que "el anterior acuerdo [el alto el fuego compartido] había quedado en suspenso".

La organización armada pone a los partidos nacionalistas ante el todo o nada. Si estos se comprometieran con la propuesta, entonces ETA dejaría de actuar. En el contexto de una Euskalerria real, con sus propias instituciones, sus demarcaciones, sus representaciones electorales diferentes, sus ámbitos estatales, etc, el planteamiento de ETA es inasumible, pues como dice Joxan Beloki, "una vez consumada la ruptura "de facto" con las instituciones vigentes, creadas las condiciones oportunas para recrudecer la espiral de enfrentamiento, puestos los pilares para que el antagonismo y la confrontación atraviesen cada comunidad, cada pueblo, cada barrio, cada casa, cada familia, ETA daría acabada la "defensa armada" en función de que las nuevas instituciones se fueran consolidando y estabilizando. En una palabra, nunca". El MLNV pretende crear el contexto en el cual cada cesión a sus propuestas representa un paso de avance más, dentro del cual, dadas las eventualidades y circunstancias especiales que acompañan a cualquier proceso de paz, siempre existirán las razones para seguir matando, por flojera de los partidos políticos aliados, por cerrazón de los estados, etc. Y esta es una realidad previa, es una verdad eterna, es un engranaje esencial dentro de la dinámica e ideología del MLNV:

"...aunque el marco de la alternativa nos favorece y en esa medida nos interesa, no es nuestro marco, sino un trampolín, un punto de apoyo para avanzar, superándolo. Frente al enemigo, que lo intentará boicotear, recortar, deformar, lo defenderemos, pero conscientes de que la creación de una correlación de fuerzas en todos los terrenos favorables al salto hacia los objetivos estratégicos, supondrá la superación de este marco democrático-burgués".

La insatisfacción como recurso de método, como camino para plantear nuevas propuestas de avance –"una vez realizados los puntos de la alternativa, hay que tener preparados los siguientes"- y como medio para romper los muros de cada etapa cumplida, es el alimento del discurso, de un discurso que tiene que multiplicar las contradicciones y engrandecer los agravios. La estrategia del MLNV produce una impresión engañosa, pues muchas veces confundimos la estridencia de sus peticiones de principio con la percepción de la realidad que tienen sus estrategas. Tal estridencia representa una impostura muy eficaz: siempre existirán opciones intermedias que traten de racionalizar aquello que parece irrazonable, y que traten de acercar a las otras fuerzas políticas a las posturas del MLNV: esa es la función de organismos como Aralar y Elkarri. Por tanto, las exigencias irrazonables del MLNV cuentan con una lectura razonable de las mismas, que es la que aportan Aralar y Elkarri, con lo que cualquier tipo de postura, la razonable y la irrazonable, poseen su momento, su justificación y sus interlocutores acreditados. La postura razonable sirve para que se geste un acuerdo (como el de Lizarra); y la irrazonable (como la propuesta de Asamblea Constituyente que hace ETA en agosto a EA y PNV) para poner, al acuerdo anterior, un listón más alto, es decir, para romperlo y tratar de empezar otro acuerdo desde una postura de avance –y de persistencia de la lucha armada como elemento de condicionamiento y de presión.

Todo el mundo pensaba que esta tregua era definitiva. Los líderes nacionalistas no querían ni hablar de que pudiera darse otra posibilidad. "Esta es la legislatura de la paz", decían. En sus declaraciones a la BBC, ETA, o mejor dicho, sus representantes entrevistados, dijeron que no volverían a tomar las armas a menos que una nueva generación lo hiciera por su cuenta. Los niveles de sarcasmo eran evidentes: al calor de la tranquilidad de la tregua la organización armada acometió a una renovación exhaustiva de sus estructuras, a la captación de una nueva militancia, en los términos que había propugnado la ex dirigente de ETA, Carmen Guisasola.

Y es que a fines de 1997, se habían oído voces pidiendo que los comandos de kale borroka tenían que introducirse en la clandestinidad. El periodo que media entre fines de 1997 y 1999 es importante a este respecto. Mientras la opinión pública y los partidos políticos pensaban que el MLNV se encontraba en sus horas más bajas, el movimiento planteaba una dinámica de expansión y captación dentro de la juventud vasca sin precedentes. La existencia, diagnosticada por el sociólogo Javier Elzo, de una "sociedad paralela" (aquella que había construido el MLNV, con sus tabernas, territorios y calles liberados, sus ritos y sus manifestaciones masivas) permitió el surgimiento de verdaderas "madrassas" donde jóvenes vascos eran adoctrinados en lo que Sartre llamaba el sano principio de la violencia revolucionaria. La consecuencia de todo ello es que, hoy en día, si es verdad que el apoyo a la violencia, a ETA y, en general, al MLNV, es más bajo que nunca, también es verdad que la organización armada y los grupos de violencia callejera disponen también de más gente que nunca y de un relevo permanente. Una nueva generación ha tomado las armas. Más de 20.000 jóvenes en las campas de Elorrio (marzo del 2002) prueban que el MLNV sigue siendo capaz de atraer a sectores juveniles y programarlos ideológicamente para sus fines político-militares.

El comunicado de ruptura de la tregua de ETA (Gara, 28-11-1999) fue un baño de realismo político. Este es un comunicado donde, primeramente, la organización armada hace balance de los avances dados por el MLNV dentro del escenario político gracias al acuerdo de Lizarra-Garazi:

"la estrategia de opresión se quebró: por encima del mayor castigo sin piedad que se había impuesto jamás contra una fuerza política la Izquierda abertzale independentista ha mantenido en pié la posibilidad de una Euskal Herria libre: las mesas político-militares de Madrid, Ajuria Enea y Pamplona no tenían alternativa para la Alternativa Democrática para la paz".

"El Estatuto de la Moncloa y el Amejoramiento Foral Navarro no valían para saciar la sed de los ciudadanos vascos". "Y, al final, las diferentes fuerzas políticas que se han conformado con las migajas que les han permitido España y Francia y que han colaborado con ellas (PNV, EA, ELA) empezaron a mostrar una voluntad diferente".

No cabía otro lenguaje que el de la infalibilidad propia y el del desprestigio de los extraños; para el MLNV el acuerdo de Lizarra era una revalidación de toda su lucha a lo largo de su historia e, inversamente, una invalidación de la estrategia de los partidos nacionalistas. Finalmente se había tenido en cuenta la petición primigenia de cambio de marco jurídico, esa forma de "ruptura" revolucionaria enmascarada en alternativa nacionalista. En ese comunicado la organización armada da también cuenta de los "acuerdos secretos" con los nacionalistas, el primer plazo de 4 meses tras el cual, en función de la fiscalización de ETA, se llevaría a cabo una prolongación del "alto el fuego compartido". La acusación más fuerte cae en contra de los partidos nacionalistas:

"las presiones que España y Francia han ejercido contra PNV y EA han traído los esfuerzos para cambiar la naturaleza del Acontecimiento (Ekimena): tratar de reconvertir un proceso de construcción Nacional en un proceso de paz sin contenido, queriendo ahogar a la Izquierda abertzale en la "normalidad" política y la intención obstinada y traicionera de convertir la interrupción de acciones "provisional" de ETA en una interrupción "permanente".

Resulta difícil imaginar las reacciones de las personas que, desde la buena voluntad y también desde el deseo de burlar las intenciones belicosas de la organización armada, (y que para ello difundieron expectativas falsas y sin fundamento) habían pergueñado toda la operación política de Lizarra entre las filas del nacionalismo. Las acusaciones de la organización armada eran, desde su perspectiva, verdaderas –aunque obviaban el hecho de que eso mismo era lo que pensaba también el pueblo vasco: que el MLNV iba a entrar en la "normalidad" política; que la tregua iba a ser definitiva. No iba a haber tal "legislatura de la paz"; no iba a darse ese "campo de aterrizaje", esa "salida digna" para ETA; la organización había jugado con las falsas expectativas de paz, con las ilusiones que podía crear un frente nacionalista y se atenía, en ese momento de ruptura, a su postura maximalista, que era la que presentó a EA y a PNV en agosto. Y echaba la culpa de todo a EA y a PNV. Las acusaciones contra "Francia y España" –colocados como entes temáticos donde cabía todo- no son concretas; responden al puro ilusionismo de la presentación del enemigo lejano. Ni siquiera habla ETA de los presos y de las conversaciones habidas con el Gobierno español. La responsabilidad entera cae encima del nacionalismo. Habían recorrido juntos un camino y, de esta manera, ETA dejaba al PNV y a EA en la estacada. Atrapados en su propio voluntarismo sin fundamento. En su falsa interpretación de la estrategia y de la naturaleza del MLNV.

La "propuesta política" de ETA, la propuesta que rechazaron considerar EA y PNV, era la siguiente: "esta es en pocas palabras la propuesta política que Euskadi y Askatasuna da por buena: que los ciudadanos vascos de Álava, Vizcaya, Guipúzcoa, Lapurdi, Navarra y Zuberoa constituyan libre y democráticamente en una única demarcación electoral la elección de un parlamento constituyente soberano. Es decir, que el voto de cada ciudadano vasco tenga el mismo labor a lo largo y ancho de Euskal Herria". Esta claro que una propuesta que pretende borrar de un plumazo la división entre dos estados diferentes y tres circunscripciones no es una "propuesta" convencional, ya que, en realidad, no propone nada, es un pretexto para volver a coger las armas.

Y es que la lucha armada es un elemento irrenunciable, aunque se pueda graduar. Decía el preso de ETA Antón Lopez Ruiz "Kubati" acerca de esta cuestión a propósito de la tregua de 1999:

"...es el mismo marxismo el que nos indica que las formas de lucha estarán en función de la situación histórica concreta. Es posible que haya fases en las que no sea necesaria la lucha armada, aun sin haber llegado a la culminación de nuestros objetivos. Esto no quiere decir que se renuncie a un método válido de lucha definitivamente, sino que hay una situación política táctica concreta que aconseja otro tipo de lucha. Si las condiciones para iniciar un proceso de lucha armada volvieran a aparecer podrá ser ETA u otra organización quien la podría llevar a cabo".

Esta verdad evidente es remarcada por la propia organización armada ETA en el comunicado de ruptura de la tregua: "mucho se ha avanzado por el camino de la libertad de Euskal Herria. La clave de ese avance, como siempre, han sido la lucha y el trabajo silencioso, marchar hacia delante contra la opresión que tenemos encima mediante todas las herramientas que tenemos" (subrayado nuestro). ETA vuelve a formular su visión amplia y estratégicamente coherente de las diversas formas de lucha y su interacción combinada, que no es sino la aplicación de la Guerra Popular a las actuales circunstancias. La lucha armada es irrenunciable porque son necesarias todas las formas de lucha.

El intento de dejar al PNV y a EA en la estacada tuvo, sin embargo, un inesperado fracaso. Las elecciones del 13 de mayo del 2001 son prueba de ello. Celebradas en un ambiente agónico y frenético, marcadas por el cambio de rumbo que dio el nacionalismo demasiado lentamente a medida que los muertos de ETA iban dejando bien claro la irreversibilidad del ejercicio de la lucha armada, dieron al nacionalismo la posibilidad de mantenerse dentro del poder institucional y, por tanto, seguir interponiéndose entre el MLNV y las intenciones del movimiento de plantear un proyecto de "soberanía de hecho" mediante los instrumentos que había creado como contrapoder.

La pérdida de fuerza electoral que sufrió el MLNV, y el fallo de la apuesta por conseguir que Mayor Oreja fuera lehendakari ("preferimos un lehendakari españolista a uno autonomista" decía Arnaldo Otegi), deja al movimiento momentáneamente sin la "llave" del Parlamento Vasco. Así lo afirmaba ETA en un su balance acerca de las elecciones: "con estos resultados la izquierda abertzale ha perdido la llave autonómica para llevar el marco autonómico a un marco de soberanía. Ha sido el fracaso de un intento trabajado durante tres años".

En todo caso, el MLNV persistirá por el mismo camino, tratando de reeditar un nuevo Lizarra-Garazi que le permita desbancar definitivamente al nacionalismo de su poder institucional y social, y pueda así seguir persistiendo en su Guerra Permanente en contra del capitalismo mundial.

Recapitulemos. La historia del MLNV representa a la perfección la constante readaptación de un movimiento revolucionario a las circunstancias cambiantes que le rodean. Los mecanismos de lucha y de transmisión ideológica se suceden, se superponen y se acumulan. La espiral de reproducción de violencia y desestabilización, probada con éxito durante los últimos años del franquismo, es utilizada con una nueva efectividad en la primera etapa de la transición en Euskadi y, más tarde, a mediados de los años 90, adquiere un nuevo impulso beneficioso, al conseguir asimilar los términos de nacionalismo y violencia y al propiciar, por tanto, una respuesta por parte del Estado en contra del nacionalismo como raíz del problema de la violencia. La dinámica de acciones político-militares consigue romper el cerco selectivo de la reacción estatal y pone en el punto de mira de esta a todo el nacionalismo. El MLNV consigue, así, imponer las prioridades políticas, es decir, consigue que los diferentes gobiernos españoles miren el aspecto nacional de su lucha, actuando en consecuencia, y obvien el uso revolucionario de esta, llegando a equiparar al PNV o al nacionalismo en general como brazo político de ETA. El esquema de varios frentes de lucha, en el cual el frente armado, representado por ETA, constituye uno más, deriva en la creación de diversas organizaciones sectoriales que formalizan el esquema burocrático-político-militar del MLNV; de este modo llegamos a la estructura ternaria bloque dirigente (KAS/EKIN)-unidad popular (HB/EH/Batasuna)-organización armada (ETA, grupos de Kale Borroka) que se amplia con multitud de movimientos sociales y organizaciones sectoriales, cuya multiplicación el MLNV busca y propicia. Finalmente, la crisis del comunismo obliga al MLNV a plantear un cambio en el lenguaje y en la organización con el fin de persistir en los mismos objetivos revolucionarios de Guerra Permanente. En este sentido, el MLNV es un movimiento referencia para el resto de los partidos y movimientos revolucionarios europeos y latinoamericanos. Su persistencia y su adaptación exitosa a las nuevas circunstancias son prueba de ello. La lucha por la autodeterminación, tal como la plantea el MLNV, es una lucha por la revolución, una forma de deslegitimación del sistema democrático y una forma de utilización de la problemática nacional vasca a favor de esa revolución. Sus propuestas políticas, bajo la cobertura nacional, son el instrumento para seguir adelante con su modelo de Guerra Popular Prolongada.

La espiral de reproducción, la posibilidad insurreccional (que es más comprensible dada la situación de acoso y de repliegue en la que se encuentran las diversas fuerzas policiales en Euskadi), el modelo de propuesta negociadora (la propuesta de paz que siempre acompaña a la Guerra Permanente), la socialización de la violencia (ampliando el esquema de Guerra Popular) y la unidad de acción mediante la bandera de la autodeterminación, con el objeto de destruir las instituciones vascas y el poder político del nacionalismo; todos estos son elementos que se corresponden con el mismo esquema revolucionario marxista-leninista probado en tantos países. El MLNV, sin embargo, ha estado a punto de ser derrotado varias veces (durante el intervalo de 1988-1992, a fines de 1997) a merced de la reacción política y popular en contra de su violencia, a merced de la unidad de aquellos que defienden, con los diversos matices políticos y nacionales, el sistema democrático actual y sus instituciones. En esta historia del MLNV se encuentran tanto las claves de su persistencia y las posibles claves de su derrota. Falta un diagnóstico acerca de la verdadera naturaleza revolucionaria del MLNV. En cuanto el rey esté desnudo estará vencido. Será sino todavía el principio del fin, si el fin del principio.

(continuará)