Artxibo rtf
(27 - 2003ko Martxoa)

GUERRA EN IRAQ, ┐CERCO A CHINA?

LEGALIDAD INTERNACIONAL. Por medio de la resolución 1441 de 8 de noviembre de 2002, el Consejo de Seguridad de las UN decidió "que Iraq ha incurrido y sigue incurriendo en violación grave de sus obligaciones con arreglo a las resoluciones" que las Naciones Unidas han adoptado desde la guerra del Golfo (Resolución 687, de 3 de abril de 1991). Con la 687 se había conminado a Iraq a destruir o neutralizar, bajo supervisión internacional, todas sus armas químicas y biológicas, existencias de agentes, subsistemas y componentes relacionados e instalaciones de investigación, desarrollo, apoyo y fabricación de las mismas; a destruir todos los misiles balísticos de alcance superior a 150 km, partes conexas e instalaciones de reparación y producción. Además, en virtud de la citada Resolución, se disponían los medios que se consideraren necesarios para la aplicación de la misma, evitando declarar la ‘cesación oficial del fuego’ hasta la aceptación expresa por Iraq de las condiciones prescritas por la misma.

La resolución 1441, aprobada por unanimidad, no deja de constatar, ‘falsedades y omisiones’, ‘incumplimiento’ y ‘obstrucción reiterada’ en la actitud de Iraq que, desde diciembre de 1998, no ha permitido ‘ninguna forma de vigilancia, inspección y verificación’, lo que ha llevado al Consejo de Seguridad a reconocer la amenaza que el incumplimiento por Iraq de aquella resolución 687 conlleva para la paz y seguridad internacionales y a advertir a los dirigentes del país asiático de las ‘graves consecuencias’ a que se expondrían de persistir en esta actitud.

Hasta aquí, siquiera sintéticamente, los términos en los que se ha configurado hasta el presente la legalidad internacional en lo que afecta a Iraq o si se prefiere en lo que afecta a Saddam Hussein. Los discursos formales que enarbolan los diplomáticos se articulan en torno a qué combinación de medios puede resultar la más eficaz para instaurar en Iraq dicha legalidad.

EL CONSEJO DE SEGURIDAD Y LOS ‘INTERESES MUNDIALES’. Por ahora, nadie discute que es el Consejo de Seguridad de la ONU el más adecuado intérprete -con sus acciones o las omisiones forzadas por el veto de alguno de sus miembros- del cumplimiento de la ejecución de sus propias resoluciones y que en su seno se debería dilucidar la magnitud de los recursos a utilizar para imponerlas.

En este contexto se han producido el debate abierto entre los diferentes pareceres representados básicamente por EEUU y Reino Unido por una parte y Francia y Rusia por la otra, las intensas gestiones de sus diplomacias ante terceros países y probablemente una nueva decisión del Consejo, sin celebrar a la hora de escribir estas líneas. Caso de que no la hubiera, EEUU y sus aliados podrían escudarse en una interpretación necesariamente amplia de la 687 (específicamente de sus apartados 33 y 34) y de la 1441, para sostener que es innecesaria una nueva resolución del Consejo de Seguridad que autorice la intervención militar en Iraq.

Pero, a la real existencia de una organización mundial como es la ONU no corresponde la existencia de ‘intereses mundiales’ que, aunque puedan ser pluralmente interpretables, sean reconocibles y puedan enmarcar como principios éticos el debate sobre las cuestiones mundiales o la ‘gobernanza’ mundial. La ONU es un juego de intereses de las partes que la conforman, al menos de las partes que conforman el Consejo de Seguridad y, más precisamente, de sus cinco miembros permanentes. La ONU, por tanto, decepcionaría al Kant que propugnó ‘ciudadanía mundial o cosmopolíta’, esperanzado en el advenimiento progresivo de un estadio de ‘paz perpetua’ y daría la razón al Kant que reconoció que ‘al nivel de la cultura en que se halla todavía la humanidad, la guerra sigue siendo un medio ineludible para hacer avanzar aquella’.

┐MANDAN LOS INTERESES ENERGÉTICOS? En este contexto, sin embargo, no es nada extraño que, junto a la agria disputa en la que se han sumergido las diplomacias más relevantes del mundo y Europa, se haya producido una gran movilización impulsada por medios e intelectualidad con gran repercusión ante la opinión pública con la advertencia de que, tras la amenaza de intervención bélica en Iraq, en realidad se articulan otras causas como pueden ser el acceso a sus reservas de energía o la configuración de un nuevo statu quo regional en Oriente Medio. Pero, resulta difícil o imposible deslindar las diferentes posiciones que mantienen los Estados de los intereses que sin duda defienden.

Es muy posible que a los ‘impacientes’ y especialmente a los EEUU les tiente la riqueza de Mesopotamia, donde como decía Herodoto ‘el suelo rinde normalmente hasta doscientos por uno’, y particularmente el tesoro negro iraquí, sus reservas energéticas. La cuestión a dilucidar es, sin embargo, que si la intención de los norteamericanos fuera preferentemente esa por qué no aprovecharon al máximo la ocasión de 1991 para controlar la explotación y el reparto del petróleo iraquí. Y una interrogante más que deben resolver los que otorgan la máxima relevancia al interés energético de los EEUU en este conflicto, es qué ha sucedido para que los mismos personajes, especialmente Cheney, ligados de forma relevante al ‘lobby’ estadounidense del petróleo que reclamara el fin de las sanciones contra Iraq en 1998, sean hoy los protagonistas principales de la línea dura contra Saddam1.

El interés por el mercado energético está ahí sin duda. Los expertos sitúan a empresas americanas, pero también a francesas, italianas, rusas, o chinas en la lista de interesados por el futuro del petróleo iraquí. Pero, parece que si la guerra se impone, la economía pierde. Y, especialmente, cuando "una guerra complicaría la situación económica en EEUU y aumentaría la incertidumbre que atraviesa la economía mundial" (Horst Köhler, EL PAIS 17-03-2003). Por tanto, la ecuación guerra igual a intereses económicos o energéticos no resulta verificable.

Aunque quien busque en el mundo presente una causa, cualquier causa, vacía por completo de intereses pierde absolutamente el tiempo. Pero, eso no quiere decir que no existan la búsqueda de valores filantrópicos y las causas justas. La gente las valora, luego existen. Para algunos, el mantenimiento de la legalidad internacional es una ‘causa justa’ ante la que decaen los demás argumentos. Para otros, más importante es evitar las guerras como imperativo moral. Entre ambas posturas, pueden darse diversos términos que pueden igualmente sostenerse de manera categórica.

‘STATU QUO’. Legalidad internacional, intereses económicos, ambos factores han sido analizados con la brevedad que permite el objeto de este artículo. No rechazamos la influencia de los mismos. Sin embargo, hay indicios que nos llevan todavía más allá, a barajar otras hipótesis para comprender la actual escalada de la tensión.

Tras la Segunda Guerra, en los EEUU la doctrina dominante rechazaba que su ejército fuera el ‘brazo ejecutor’ de estrategias de reconstrucción política de países extranjeros. Tras el 11 de setiembre, la visión norteamericana ha variado. George W. Bush ha dejado muy clara la nueva posición ante el Instituto Norteamericano de la Empresa el pasado 27 de febrero. Aunque Estados Unidos no tenga ‘intención de determinar la forma precisa del nuevo gobierno iraquí’ cosa que correspondería al pueblo iraquí, Norteamérica tiene el propósito de asegurarse ‘que un dictador brutal no sea reemplazado por otro’ y, a tal efecto, anunció que buscaba un ‘nuevo régimen’ en Iraq, que pudiera abrir ‘un nuevo escenario para la paz en Oriente Medio’. EEUU quiere un nuevo ‘statu quo’ para la zona, quiere en definitiva que la comunidad internacional se comprometa, por decirlo de alguna manera, con el ‘Iraq posterior a Hussein’.

Los intereses petrolíferos pueden ser accesorios en el diseño de esta estrategia. Y la legalidad internacional se queda también corta para explicar la determinación estadounidense. La cuestión iraquí se sitúa, visto lo visto, más allá de lo que revelan las disposiciones del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el denominado ‘procedimiento Iraq-Kuwait’. La denominada ‘guerra de liberación’ –‘asegurar la libertad y sostenerla en un Iraq posterior a Hussein será una empresa enorme’ dice Steve Hadley, viceasesor de Seguridad Nacional de Bush- con el diseño de un ‘Iraq de posguerra’, no está incluida en las resoluciones internacionales adoptadas hasta el presente por el Consejo de Seguridad

La doctrina que guía la política exterior norteamericana ha cambiado de manera radical. De la combinación de disuasión militar y diplomacia de bloque en la ‘guerra fría’, junto con operaciones encubiertas de erosión, se pasó a la diplomacia preventiva y a concebir las intervenciones militares como elemento de resolución de conflictos, con o sin la aquiescencia de la ONU. Ambas concepciones coincidían en la necesidad de una diplomacia vigorosa y una fuerza militar poderosa, aunque sin intervención directa –compatible con la ‘mediación’- en la cuestión institucional. Ahora, sin embargo, el Gobierno de Bush se plantea considerar ‘la seguridad de un modo nuevo’, afrontando las amenazas a ella desde su mismo origen antes de que las veamos ‘otra vez en nuestros cielos y nuestras ciudades’.

El discurso de George W. Bush habla de ‘amenazas’, ‘seguridad’ y necesidad de un ‘escenario de paz’ en Oriente Medio lo que le lleva a disponer la movilización de sus fuerzas para forzar un cambio de régimen que arrastraría por la misma senda a todos los países de entorno en un ‘efecto dominó’. Dick Cheney dice que no se puede dejar este problema al siguiente gobierno. Parece un objetivo demasiado pretencioso para lo que las 687 y 1441 disponen. Pero, ┐es sólo Iraq la amenaza? ┐Es, además, amenaza suficiente para ejercer la autoridad que se reivindica legítima con los medios que se han organizado? ┐Es, en todo caso, amenaza suficiente para poner en riesgo la cooperación internacional en la ONU y la OTAN o la cooperación con la Europa de la Unión? ┐Es eso sólo y es eso todo?

En realidad, factores como la legalidad internacional o los intereses de las fuerzas en litigio e incluso la perspectiva más geoestratégica del ‘statu quo post Hussein’ y su influencia en el convulso escenario de Oriente Medio no se pueden separar de un contexto geopolítico mucho más complejo y amplio (Asia como foco de repercusión mundial) en el que se libra una sorda (pero de graves riesgos) pugna entre potencias y sistemas y a la que se subordinan la legalidad internacional y la disputa por los recursos. El conflicto EEUU-China, la irreconciliabilidad y desconfianza entre los dos sistemas, la búsqueda de la hegemonía mundial sigue ahí. Este es, a la postre, el único punto de vista que nos interesa en este artículo.

┐QUÉ SE JUEGA EN REALIDAD EN ORIENTE? Oriente Medio es un foco de tensiones de resonancia universal. Al conflicto israelí-palestino se une un antioccidentalismo fundamentalista o laico revolucionario de gran capacidad de movilización entre los islamistas2, además del terrorismo que bajo esas coartadas interviene en todo el mundo sin restricción de fronteras. No podemos olvidarnos, por otra parte, el alto interés estratégico que China, como gran potencia asiática de vocación mundial, tiene en el área, que es su verdadero ‘patio trasero’.

El interés estratégico regional de China ha sido crear y potenciar foros para enfocar de una manera conjunta la seguridad asiática y contrapesar la presencia estadounidense en el Sur y en el Pacífico. La ANSEA, con los países del sureste asiático, y la OCS –‘los cinco de Shangai’- con Asia Central y Rusia han sido fruto de una política exterior china que busca un liderazgo regional sobre la base de los llamados ‘Cinco Principios de la Coexistencia Pacífica’3, vigentes desde que los formulara Mao.

En el ámbito mundial, China quiere jugar un papel de liderazgo en la dialéctica de poder global. Los chinos habrían heredado el papel de la Unión Soviética y buscarían configurar un ‘eje horizontal global’ con Iran, Iraq, Venezuela y Cuba (al que cabría añadir Corea del Norte)4. Y, a decir verdad, es este eje, y no sólo Iraq, el que percibe como ‘amenaza’ la nueva política exterior norteamericana.

En este sentido, según el semanario ‘Beijing Informa’, los medios estadounidenses azuzan en verano de 2002 ‘una supuesta amenaza china’ al hacerse eco de sendos informes del Departamento de Defensa Nacional de EEUU y de la Comisión de Revisión de Seguridad EEUU-China, presentados en julio ante el Congreso5. El mismo semanario, portavoz oficial del régimen chino, analiza con gran preocupación los movimientos estratégicos que se están produciendo en los territorios limítrofes con China como resultado del 11-S. Los medios oficiales chinos llaman la atención ante la inestabilidad que están adquiriendo los territorios que limitan con China, constata que la potencia oriental se está involucrando gradualmente ‘en la competencia estratégica con EEUU’ y señala que "la contención de China es un elemento estratégico para el Pentágono, aunque sus planes son todavía más amplios"6. En las mismas fechas, también ‘Gramma’, diario oficial de los comunistas cubanos en el poder, se hace significativamente eco de manera casi literal de lo que manifiestan los analistas chinos7.

Se podría decir que la Administración Bush ha variado la orientación de su política en Asia. Las primeras señales de su gabinete habían sido prometedoras para los intereses del gigante socialista. Cuando todo parecía indicar una mejoría en las relaciones chino-norteamericanas: la visita del vicepresidente chino Hu Jintao a EEUU, la adhesión del presidente Bush a la idea de ‘una sola China’, la devolución de visita por parte de EEUU, la apertura de un oficina del FBI en Beijing,... los informes antes citados ponen de manifiesto ante los mandatarios estadounidenses que la postura estratégica junto con el desarrollo militar de China constituyen una amenaza.

EL DESERTOR CHINO. Aunque los analistas chinos acusen a los citados informes de exagerar el poderío militar de China y achaquen su autoría al llamado complejo militar-industrial, debido a su interés en incrementar los gastos militares, al parecer EEUU contaría con datos muy relevantes acerca de la auténtica capacidad militar china y sus intenciones estratégicas.

El escritor irlandés Gordon Thomas, especialista en temas de Inteligencia, publicó en el diario EL MUNDO el pasado 1 de octubre de 2001 un artículo muy interesante en el que revela datos que, según señala, forman parte de un informe de la CIA que causó gran impacto en el Gabinete Bush. Un desertor de alto rango, el coronel Xu Junping, director de Estrategia del Ministerio de Defensa, cuya última misión habría sido ‘supervisar todas las operaciones secretas del SSEC –servicios secretos chinos- contra Occidente’, había informado que China suministró al régimen talibán modernísimos equipos de defensa electrónica (conseguidos a través del espionaje a empresas auxiliares de los ejércitos británico y alemán) o que el SSEC realiza operaciones de espionaje a objetivos clave de la economía y la industria de Gran Bretaña, especialmente la industria relacionada con el área de defensa.

Además, el coronel Xu habría explicado que "China ha burlado las sanciones contra Saddam para rearmar a Iraq con armas nucleares. En la actualidad, Iraq tiene capacidad para producir misiles nucleares de largo alcance"8. Los planes futuros del SSEC serían inducir una ‘cadena de crisis cada vez más graves’ y para ello se propondría, siempre de acuerdo con lo que habría revelado el citado desertor, proporcionar armas biológicas e ingenios nucleares de pequeño tamaño a grupos terroristas para que ataquen a EEUU y Gran Bretaña. Con la ayuda de China, Irán e Iraq, "se habrán convertido en potencias nucleares en el año 2005"9.

Finalmente, de la información dada por Xu la inteligencia norteamericana habría trabajado un escenario sombrío: "el SSEC explotará la situación actual de estancamiento económico, que alcanzará su cenit en el año 2015. Todo indica que, para entonces, podría darse un importante conflicto bélico. Los principales protagonistas serán China y EEUU, aunque Gran Bretaña y la OTAN se verán implicadas de manera inevitable"10. Según subraya Gordon Thomas en el artículo, fuentes de la Casa Blanca habrían confirmado que el presidente Bush tiene una copia de este informe sobre la mesa de su despacho.11

┐CERCAR A CHINA? Es muy probable, pues, que la denuncia de los analistas chinos y cubanos tenga base firme. Puede que no haya ‘cerco a Saddam’. Es probable que la intención de EEUU al intervenir en Iraq sea tejer cuidadosamente un cerco en forma de U que llegue desde el Mediterráneo hasta el Pacífico, para prevenir la que considera amenaza china. Un cerco que no sería sólo político y militar, sino que también tendría una vertiente económica.

Aunque las grandes potencias se ‘abstengan de declararse enemigos mutuos públicamente’, el ‘cerco a China’ se iría estrechando, según los analistas del ‘Beijing informa’, EEUU estaría limitando el ‘espacio estratégico’ alrededor de China mediante la alianza y la cooperación en diferentes niveles con Japón, con Corea, Filipinas, Tailandia, Malasia e Indonesia; mediante las relaciones con India y Pakistán, a los que se les han levantado sanciones y embargos vigentes desde 1998; configurando un nuevo escenario con países amigos en Medio Oriente que obstaculice la actual relación de China con los países islámicos antinorteamericanos y a través de la presencia militar intensiva en Asia Central.

Además, el ‘cerco a China’ se valdría, según las mismas fuentes, del debilitamiento de la ‘estrategia energética’ de China, para la que el control de los recursos de petróleo y gas natural de Medio Oriente, Asia Central y Mar Caspio por parte de EEUU podría poner en riesgo su despegue económico y colocaría al gigantesco país en una posición de clara inferioridad estratégica ante los norteamericanos.

Más allá del concreto escenario de los acontecimientos bélicos, ésta podría ser la disposición virtual de las fuerzas en el tablero asiático. En este juego de apariencia tan siniestra, podríamos concluir que EEUU trataría de poner cerco a China para zafarse de la amenaza que ésta supone a sus intereses. De la inteligencia dialéctica de Mao pudimos aprender que para defender estratégicamente los intereses de ‘uno’ contra los de ‘todos’, hay que actuar tácticamente ‘todos contra uno’, aislando al enemigo principal. La idea misma de cerco está unida a la imagen táctica de ‘todos contra uno’. Pero, vista la escasa habilidad del Gabinete Bush a la hora de mantener los viejos amigos y conseguir nuevos y la rápida erosión de su credibilidad en Europa y el mundo, la interesante cuestión que podría abrirse en torno a esta imagen del ‘cerco’ podría ser ésta: en realidad, ┐quién cerca a quién?

┐ES ‘JUSTA’ ESTA GUERRA INMINENTE? Hay quienes creen que, en el ámbito de los intereses estratégicos, el recurso a la ética no tiene salida. No podemos aceptar esa postura. Pero, aunque recurrir a la violencia es de difícil justificación en los tiempos que corren, tampoco es aceptable que toda violencia sea condenable moralmente. De hecho, la guerra ha sido históricamente considerada como un recurso crítico, como último recurso, pero ineludible ante algunas circunstancias. Por ello, la cuestión consecuente es dilucidar cuándo es ‘justa’. La materia no parece fácil, ya que aunque exista un consenso tácito en lo que se refiere a que existen guerras justas e injustas, no existe acuerdo alguno en cuanto a la valoración ética de las condiciones que harían estrictamente necesaria una acción bélica.

Según Michael Walzer, "la guerra siempre es juzgada dos veces, la primera en relación con las razones que tienen los estados para entrar en combate, la segunda en función de los medios con que llevan a cabo su designio"12. Y, aunque él mismo propone un tercer momento para juzgar también la guerra, relativo a sí al acabar la guerra se ha conseguido una situación mejor que el ‘statu quo ante bellum’, necesariamente nos deberemos limitar a juzgar de esta guerra que se nos anuncia, con lo que conocemos hasta el momento de redactar este artículo, ‘las razones’ y con lo que deducimos de las informaciones publicadas, ‘los medios’.

En el capítulo de las ‘razones’, se podría aceptar, en virtud del incontestable incumplimiento de la legalidad internacional por parte de Iraq y de la calificación por parte del CS de esta actitud como ‘amenaza a la paz y seguridad’ mundiales, que hay ‘causa’. Pero, parece claro que la ‘legitimidad’ de una guerra que traería causa de esa amenaza debería venir avalada por una autorización explícita de las Naciones Unidas, aunque ello parece imposible porque hay varios países que expresan serías dudas sobre si se dan las condiciones de ‘ultima ratio’ y ‘proporcionalidad’ de la intervención militar ante la magnitud, que muchos de ellos discuten, de la amenaza. Desde este punto de vista, por tanto, esta guerra que viene es muy deficitaria en términos de justicia.

Si, además, los contendientes no garantizaran la inmunidad de los no combatientes o utilizaran armas desproporcionadas o de destrucción masiva, se violarían asimismo las reglas de la ‘guerra justa’. Hay serias dudas sobre ambas cosas. Es decir, hay argumentos suficientes para pensar que habrá víctimas entre los no militares y que Saddam estaría dispuesto a utilizar armas químicas y biológicas, si en efecto dispusiera de ellas. De ser así, ‘la justicia’ saldría también malparada en el curso de la guerra.

La cuestión de la ‘justicia’ de la guerra no se acabará, sin embargo, hasta conocer el ‘statu quo post Hussein’ en Iraq, en el tercer momento que plantea Michael Walzer, de tal manera que podamos juzgar algo que hoy solo podríamos conjeturar: ┐traerá el final de la guerra una mejor situación "para los hombres y las mujeres corrientes y sus autodeterminaciones domésticas"13 en Iraq?

 

XABIER IPARRAGIRRE

1 Enric Gonzalez, EL PAÍS, 9 de marzo de 2003

2 Unidos los dos porque comparten posición ante un mismo enemigo universal. De esta idea da buena cuenta Roger Garaudy que identifica ‘antioccidentalismo’ con ‘antinorteamericanismo’ y asigna una tarea común a ambas visiones mediante la ‘fecundación recíproca de un marxismo vivo y una fe viva’ en un frente de rechazo contra el denominado ‘monoteismo de mercado’. Así, el ‘antinorteamericanismo’ no estaría dirigido contra una nación, sino contra un sistema y sus dirigentes, entre los que cita a Thatcher y a Blair, a Chirac y Jospin, Schröder, Solana, Clinton o Albright, Kissinger o Brezinzski.

3 La política de coexistencia pacífica no significa que China acepta que existen intereses y sistemas diferentes que, en lugar de enfrentarse entre sí, deban cohabitar en armonía. Este planteamiento supondría una renuncia ‘de clase’ y llevaría a China a perder el carácter revolucionario de su régimen. "Siempre hemos sostenido que la aplicación correcta de la política de coexistencia pacífica por los países socialistas ayuda a desenvolver su poder, a poner de manifiesto la política imperialista de agresión y guerra y a unir a todos los pueblos y países antiimperialistas y, por consiguiente, apoyar la lucha del pueblo contra el imperialismo y sus lacayos" (‘Coexistencia pacífica –dos políticas diametralmente opuestas’, PCCH-1963, cita recogida de ‘Uno se divide en Dos’, Antonio de Irala, ETOR).

4 Heinz Dieterich Steffan, Rebelión, 14 septiembre 2002: "América Latina ha sido colocada en el campo de batalla de Iraq; sin quererlo y sin darse cuenta. Piensa que las bombas caerán a diez mil kilómetros de distancia y no entiende que su propio destino se decidirá en las próximas semanas. Las fuerzas que han colocado a la Patria Grande en esta delicada y peligrosa encrucijada son cuatro: 1. el eje horizontal de acercamiento entre China, Iraq e Irán y algunos países latinoamericanos, particularmente Venezuela y Cuba. 2. el eje vertical de acercamiento entre Cuba, Venezuela y un Brasil postelectoral gobernado por el presidente Inacio "Lula" da Silva. 3. La situación interna altamente dinámica e inestable en Venezuela, Brasil y Argentina. 4. La imposición del Tercer Orden Mundial ---encabezado por Estados Unidos y apoyado de manera subalterna por la Unión Europea--- con claro contenido y metodología fascistoide. En cuanto a la primera variable, uno de los acontecimientos internacionales más importantes de los últimos años ha sido la creciente participación de China en la escena global, donde ha ido asimilando progresivamente el papel de apoyo a los países del tercer mundo que la Unión Soviética jugó en su tiempo. Dentro de esta nueva praxis y conciencia de sujeto internacional de peso, China ha estrechado lazos con diversos países latinoamericanos, entre ellos los dos que con mayor insistencia defienden su soberanía y su propia vía al desarrollo mediante un proyecto estratégico nacional: Cuba y Venezuela…. Se ha establecido –en la visión de los planificadores imperiales de Washington- una peligrosa alianza entre una potencia mundial no dominada por los Estados Unidos (China); una potencia mundial petrolera y regional en franco desafío a la hegemonía imperial, situada en la zona más volátil y estratégica del planeta (Iraq) y una potencia latinoamericana en rebeldía (Venezuela), junto con el único país liberado y socialista de América latina".

5 Beijing Informa, n║34, agosto de 2002.

6 BI, n║ 34, agosto 2002.

7 Gramma, 29 agosto 2002: "Luego del 11 de septiembre y con el pretexto del combate al terrorismo, el Pentágono ha fortalecido su influencia en la región de Asia y el Pacífico, y negociado su presencia militar desde repúblicas que integraron la Unión Soviética hasta Filipinas. Pienso que no es aventurado decir que el principal objetivo de todo ello es la República Popular China."

8 Gordon Thomas, EL MUNDO, 1 de octubre de 2001.

9 Gordon Thomas, artículo citado.

10 Gordon Thomas, artículo citado.

11 La colaboración de la inteligencia china con los países islámicos –e incluso con Bin Laden- estaría justificada, según el coronel Xu, en que "nuestros servicios de espionaje funcionan bajo el principio de que tus enemigos son nuestros posibles aliados".

12 Michael Walzer, ‘Guerras justas e injustas. Un razonamiento moral con ejemplos históricos’. Paidós.

13 Michael Walzer, obra citada.