Artxibo rtf
(28 - 2003ko Ekaina)

ESTAMOS DONDE ESTÁBAMOS

Un análisis, aunque apresurado, de las elecciones habidas el pasado 25 de mayo debe empezar por encontrar como positivo el alto grado de participación electoral. El índice de abstención ha disminuido, de manera notable, comparándolo con los resultados de las elecciones del 99: del 35,20% al 30,16%. Hemos tenido el porcentaje de participación electoral más elevado en unas elecciones municipales en la CAV, desde la llamada restauración democrática. En el caso de la CFN, si efectuamos la misma comparación, se ha incrementado también el índice de participación electoral, de un 67,66% al 72,28%. Los vascos peninsulares nos podemos de esta forma felicitar con nuestro compromiso con el modelo institucional que tenemos diseñado y, con el alto grado de refrendo popular que tienen nuestras corporaciones locales y provinciales.

Frente a este elemento de satisfacción, existe una cuña en la legitimidad democrática de la representatividad obtenida por los partidos políticos democráticos, derivada de la imposibilidad que han tenido más de 145.000 vascos de poder elegir a sus concejales y procuradores. Según los datos provisionales que, al día 26 de mayo, facilita el Departamento de Interior, el número de votos nulos en elecciones a Juntas Generales ha sido en Araba de 11.462, en Bizkaia de 56.300 y en Gipuzkoa de 64.054. Por otro lado, según datos del Parlamento Foral de Nafarroa, los votos nulos han alcanzado 21.289, el 6,51% del censo electoral. En las elecciones de 2001 al Parlamento Vasco, el número de votos nulos en la CAV, ascendió a 6.219, frente a los 131.816 habidos en las recientes elecciones. No dispongo para la redacción de estas líneas, de los votos nulos habidos en las anteriores elecciones en Nafarroa. En cualquier caso es seguro que nos encontraremos con una proporción similar. Una desviación tan notable sólo tiene como explicación el que ha obedecido a la estrategia política diseñada por el MLNV. Desde la perspectiva estricta de los DD.HH la existencia de tal número de ciudadanos que se han visto privados de su derecho de participación por una decisión del TS y del TC, a juicio del autor, claramente contraria a derecho, y que, consecuentemente, no van a verse representados en las instituciones locales y provinciales, introduce una evidente quiebra en la configuración de las nuevas corporaciones locales, provinciales y autonómicas, éstas últimas para el caso navarro. Se dan, incluso, algunos casos, en pequeños pueblos de Gipuzkoa como Leaburu o Irura, por poner un ejemplo, en los que existe un evidente caldo de cultivo para el conflicto, al ser el número de votos nulos superior al de votos emitidos. Si no me equivoco son doce en total, con mayorías tradicionalmente pertenecientes al ámbito de Batasuna. Voy a dedicar algunas líneas a esta cuestión.

Por un lado, al que suscribe le ha llamado la atención la posición que han tenido algunos que se definen como constitucionalistas en relación con la privación del derecho de participación, recogido en el artículo 23 de la Constitución española, a un número importante de ciudadanos, puesto que la susodicha privación es contradictoria con el propio discurso constituyente al ser la participación política un elemento constitutivo de la nacionalidad. Esto es, lo que distingue a un ciudadano del estado de alguien que no lo es, es justamente el llamado ejercicio de los derechos políticos y, singularmente, los derechos de sufragio activo y pasivo. La negación de este derecho "uti cives", para participar en los asuntos públicos supone dejar al margen del proceso constitutivo de la voluntad política de las instituciones, -que, por definición constituyente, surgen de la constitución-, a un elevado número de personas, que se sitúan así al margen del modelo institucional diseñado en la Constitución del 78. No parece coherente, desde una lectura en clave dogmática constitucionalista, apartar de la representatividad a un importante número de ciudadanos vascos, en la medida en que los titulares de esta situación jurídica, así garantizada constitucionalmente, son las personas físicas y no otras personas o entes, como las asociaciones o los mismos partidos políticos.

Una vez constatada esta violación de un derecho fundamental, a juicio del autor, se plantea el problema político de qué hacer con el número de votos nulos. La situación se presenta de manera cualitativamente distinta en aquellos municipios en los que son superiores al de emitidos, que en aquellos otros en los que no se opera esta circunstancia. En los primeros la legitimidad democrática de los ediles municipales que han resultado elegidos está en entredicho. La lógica democrática debe encontrar un punto de equilibrio entre el déficit de refrendo popular de los elegidos con la gobernabilidad de los respectivos ayuntamientos, porque también está el derecho de los que han votado a participar y, el derecho de todos, a que las instituciones locales resuelvan con eficacia los problemas públicos. Se ha hablado de la creación de comisiones gestoras. No he profundizado en el estudio de esta cuestión, sin embargo, a priori, parece una alternativa.

Un problema distinto es aquél que surge en aquellos municipios en los que el número de votos emitidos es superior al de los votos nulos, aun cuando éstos últimos sean superiores al de la lista más votada. El modelo democrático se articula fundamentalmente a través de la participación política, de manera que las sociedades más democráticas son aquellas en las que hay un mayor grado de intervención en el ejercicio del poder político por la sociedad civil. Este derecho a la participación tiene como principales instrumentos para hacerlo posible a los partidos políticos, puesto que, a su través, se procede a la formación y manifestación de la voluntad popular. Sin embargo, nada impide y, es más resulta deseable, el arbitrar otros sistemas de participación que supongan una mayor implicación de los ciudadanos en la gobernabilidad de los ayuntamientos, más allá de la rígida estructura partidaria. En este sentido el artículo 18 de la Ley de Bases de Régimen Local recoge como un derecho y deber de los vecinos el de participar en la gestión municipal de acuerdo con lo dispuesto en las leyes, y, en su caso, cuando la colaboración con carácter voluntario de los vecinos sea interesada por los órganos de gobierno y administración municipal. Del mismo modo nada impide que los propios ayuntamientos arbitren sistemas de participación a través de sus propios reglamentos orgánicos. De ahí que en aras de atemperar el atropello cometido y dentro de los márgenes que permite la legislación vigente, puede ser interesante arbitrar la creación de consejos de naturaleza consultiva en los que se faculte la intervención de ciudadanos o asociaciones que no han podido hacer uso de sus derechos de opción política, mediante los mecanismos de representación que se estimen oportunos.

Son momentos, en cualquier caso, de gran incertidumbre política en los que, más allá de estar a la espera del planteamiento táctico que vaya a desarrollar el MLNV, que ha encontrado cobertura a su tradicional discurso victimista con la privación del derecho de sufragio de que ha sido objeto, el nacionalismo vasco debe liderar una estrategia que posibilite la participación activa de todos los ciudadanos, cualquiera que sea su ideología, en las administraciones locales, al margen de que sus planteamientos puedan ser rechazados por unos y otros. Lo básico resulta el liderazgo en un discurso que vaya dirigido a una mayor profundización democrática y una defensa a ultranza de los derechos fundamentales.

Si comparamos el número de votos nulos con los resultados electorales que tuvo HB-EH en las autonómicas de 2001, también podemos concluir que no ha habido en líneas generales un trasvase de votos del MLNV a la coalición nacionalista vasca. Los 143.139 votos con una porcentaje de abstención del 20,2% que obtuvo EH en el año 2001, se sitúan incluso en un ratio inferior a los 167.988 que, en el ámbito de la CAV, resultan de la suma de los votos nulos más los que ha obtenido Aralar.

La misma conclusión se puede obtener tomado en cuenta los votos a candidaturas. Debe tenerse presente a este respecto que el porcentaje de voto se calcula sobre el numero de votantes deducidos los votos nulos y en blanco. Así, en una comparativa entre dos convocatorias electorales, un porcentaje similar de voto, implica un descenso real de refrendo electoral, si ha habido, como es el caso, un elevado número de votos nulos. Desde la perspectiva del ejercicio efectivo del voto esta conclusión se observa claramente en Gipuzkoa si comparamos estas elecciones con las autonómicas de 2001. El porcentaje de voto para los nacionalistas vascos en estas últimas fue de un 44,69% mientras que en las actuales ha sido de un 44,55%. En Bizkaia el nacionalismo vasco ha obtenido en estas últimas elecciones un 47,75%, mientras que en las de 2001 obtuvo un 43,77%. Sin embargo si computásemos el voto nulo como un voto a Batasuna, el porcentaje sería, asimismo, de un 43,77%. Una primera conclusión que parece que debe obtenerse es que el electorado vasco nacionalista se mantiene fiel, en líneas generales, a la orientación de voto que emitió en las elecciones en las que salió elegido el Lehendakari Ibarretxe. Pero esto, siendo importante no me parece lo más destacable. Lo que genera una mayor preocupación es que se confirma lo que desde el nacionalismo vasco se ha venido denunciando: que el proceso de ilegalización de Batasuna, con el objeto de su eliminación de las instituciones políticas, se está revelando como un elemento no sólo ineficaz sino contraproducente en la lucha contra ETA. Al mismo tiempo los datos están acreditando como un error el entender que se va a proceder a la captación del electorado del MLNV mediante una apuesta por el soberanismo, en una opción contraria a la tradicional posición de nuestro pueblo a favor del pacto y de la libertad y, en un discurso, que carece de raices en la tradición foral y que se inserta en la concepción jacobinista francesa que inspiró, por otra parte, al constitucionalismo español. Los resultados electorales habidos, con un nulo trasvase de votos de la opción batasuna a la coalición nacionalista acreditan el fracaso de este plantemiento táctico.

Haciendo abstracción del voto nulo, a los efectos de no complicar excesivamente la redacción de este texto, en el otro extremo, el PP mantiene sus posiciones en Nafarroa, donde UPN obtiene prácticamente el mismo porcentaje que el que tuvo en las elecciones del 99: de un 41,37% a un 41,40%, en Araba de un 29,2% a un 28,86% y en Gipuzkoa del 14,7% al 15,11%. En el territorio histórico en el que tiene un significativo descenso, a pesar de mantener el mismo número de junteros, es en Bizkaia en el que pasa de un 19,8% a un 16,7%. El PP parece así como el partido que ha obtenido un mayor descenso electoral en estas elecciones municipales. En Araba se da, además, la circunstancia de que UA, -partido adalid de la desmembración territorial de la CAV con su slogan de un Estatuto alavés y Alava como Navarra-, ha desaparecido del consistorio gasteiztarra y únicamente mantiene uno de los dos escaños que ocupó desde 1999 en JJGG. El descenso electoral de UA con solo 9675 ciudadanos afines a sus propuestas es constante desde las elecciones autonómicas del 94, con lo que lleva camino de convertirse en un partido testimonial. El contrapunto a estos resultados lo ha dado el nacionalismo vasco, con el mejor resultado obtenido en los pueblos alaveses en las elecciones municipales habidas hasta la fecha, mientras que el PP ha tenido un claro estancamiento, y únicamente conserva su poder local en los pueblos de la Rioja alavesa.

Una hipótesis a la hora de interpretar estos resultados electorales del PP, es la consideración de que la ciudadanía vasca se muestra contraria a la política de confrontación que ha caracterizado a este partido en los últimos años, y apuesta por opciones de diálogo entre las fuerzas políticas, con la misma intensidad con que rechaza políticas autoritarias.

No puedo dejar de reconocer mi sorpresa con los resultados que el PSE-EE ha obtenido en la margen izquierda del Nervión, con la excepción de Trapagaran, municipio este último en el que el éxito del partido socialista se ha debido más a errores del nacionalismo vasco, -incapaz de presentar una alternativa consistente y que fracasó en la oportunidad que tuvo cuando ocupó la alcadía- que a aciertos de la política socialista. El caso de Barakaldo se puede entender por el error electoral del socialismo vizcaíno al prescindir de Carlos Pera. Así mismo el resultado en Sestao no podemos menos que relacionarlo con la división provocada por las expulsiones habidas en el partido y con el surgimiento de la agrupación de vecinos por Sestao. El PSE ha experimentado un claro estancamiento en Santurtzi y ha disminuido el refrendo popular en Ortuella, lo que tiene una especial significación si tenemos en cuenta quien ha sido su alcalde durante los últimos años y la posición que ocupa en el socialismo vizcaíno. El socialismo guipuzcoano ha tenido un mayor éxito. Recupera Zumárraga donde ha pasado de 5 a 8 concejales situándose como la fuerza política más votada, y consolida sus posiciones de fuerza en Eibar, Lasarte-Oria, Irun y Errenteria.

En relación con las capitales de la CAV, Bilbao ha experimentado, de manera meridiana, lo que podemos definir como el "efecto Azkuna". Así se ha pasado de las elecciones del 99 a las de 2003 de un 31,09% a un 41,31%. La segunda fuerza que ha tenido un mayor incremento porcentual ha sido IU-EB, con casi 5 puntos. El PSE-EE dos puntos y el PP se ha mantenido en su índice de participación. Donde se observa la influencia del candidato nacionalista es en el mayor incremento que ha experimentado el voto a la coalición PNV-EA si tomamos como referencia las elecciones al Parlamento Vasco de 2001, en las que la coalición obtuvo el 38,83%. Esos 2 puntos y medio pueden interpretarse por el arrastre electoral que ha ejercicio el personaje. Lo que no comparto es la tesis del origen de dichos votos que algunos han interpretado como un trasvase del electorado de Batasuna. Más me inclino a la posición de que su origen ha estado en los votantes del PP. Así el PSE-EE ha mantenido porcentaje similar en estas últimas elecciones con el que obtuvo en las del año 2001. Por otro lado, si proyectásemos el voto nulo, como si hubiera ido dirigido a Batasuna –en el caso bilbaino a la plataforma Herria Aurrera- nos encontraríamos con un 5,35%, similar al 5,87% que obtuvo EH en las autonómicas. El PP, sin embargo, ha bajado de un 30,10% a un 25,92%. Teniendo en cuenta el mayor índice de abstención habido en nuestro último proceso electoral, la conclusión a la que parece que hay que llegar es que el mayor voto a Azkuna ha tenido su origen en su aceptación por una parte del electorado del PP, que se ha mostrado conforme con su gestión al frente del consistorio bilbaino.

En el caso de Donostia también se da el "efecto Odón Elorza", que ha obtenido 8.000 votos más que la lista del PSE-EE a las Juntas generales de Gipuzkoa. El PSE-EE ha mejorado sus resultados electorales de manera notable en relación con los resultados habidos en el 2001 y también ha superado el triunfo electoral que obtuvo en las autonómicas del 99. Interpretando, nuevamente el voto nulo como voto a Batasuna, se mantiene en porcentajes similares a los que se obtuvieron en las últimas elecciones autonómicas. El mayor descenso respecto de estas últimas se ha operado justamente en el nacionalismo vasco. SE hace necesario un ejercicio de reflexión.

El mismo caso se puede plantear para el PP en Vitoria-Gasteiz, donde mientras PNV-EA y PSE_EE tienen resultados similares a los que obtuvieron en las elecciones de 2001, con mejora parcial de éste último como incremento de más de un 1%, el PP baja de un 35,35% a un 30,90%. De la misma manera que en los dos casos anteriores, el resultado se puede interpretar como un premio a la gestión municipal, llevada a cabo por los que han sido sus responsables en los últimos 4 años, en el caso gasteiztarra, la conclusión no puede ser otra que la contraria. La proyección de Gasteiz Izan obtiene un resultado similar al de las elecciones del 2001. La capital vasca, por tanto permanece estancada en la opciones ideológicas de sus vecinos, sin que aparezca ninguna figura similar a la de José Angel Cuerda, capaz de aglutinar orientaciones de signo diverso.

A los efectos de la mayor cohesión territorial creo que es una buena noticia el resultado obtenido por el nacionalismo vasco en Iruña, en la que, tras casi 25 años sin tener representación en el Ayuntamiento se han conseguido dos concejales y un 7,44% de los votos frente al 4,66%. Si, nuevamente volviéramos a hacer una proyección del voto nulo el MLNV hubiera obtenido un 5,37%, porcentaje notablemente inferior al que obtuvo en las elecciones del 99 con un 19,21%. Al mismo tiempo parece consolidarse la opción de Aralar con un 9,65%.

Un último comentario en relación con esta última opción política y Ezker Batua que, a pesar de su escasa importancia en votos y ediles han logrado un importante éxito electoral. Aralar fundamentalmente en Nafarroa y Gipuzkoa. En el caso navarro, accede al parlamento foral con 4 parlamentarios y más del 7.5% de los votos, situándose por encima del porcentaje de voto nulo. Se incorpora a las Juntas Generales de Gipuzkoa con un juntero y, se sitúa como segunda fuerza municipal en 4 de los 8 municipios en los que se presentó: Aretxabaleta, Bergara, Getaria y Elgeta.

Finalmente el caso de IU consigue incrementar su representación en Gasteiz y Bilbao y entra en el Ayuntamiento de Donostia. Su mayor éxito electoral lo obtiene en Gipuzkoa en donde pasa de 6 a 34 concejales.

No voy a aburrir al hipotético lector con más datos que, por otro lado, puede encontrar con facilidad en las bases de datos existentes al efecto. Las dos ideas centrales de este artículo ya han sido expuestas. Interesa mirar hacia el futuro, tratando de superar ese permanente intento de embridar al nacionalismo vasco, tanto por la actual dirección política del Estado, un Tribunal Consitucional que, desde hace tiempo, ha perdido su independencia respecto de los otros poderes del estado, quebrando con su sujección únicamente a la Constitución y a su ley orgánica; y un poder judicial, sobre el que se extienden sombras de parcialidad, tanto en las fases de instrucción como enjuiciamiento. Esta falta de referentes judiciales o jurídico-constitucionales de imparcialidad me parece de una gravedad extrema, al conducirnos de manera permanente al conflicto institucional, sin cauces de resolución, más allá de la confrontación y de las posiciones de fuerza existentes en cada momento. Esa "guerra" no es buena para los vascos. Por otro lado, una intervención cada vez mayor de ETA, que amparada en la ilegal privación del ejercicio del derecho de sufragio a un importante número de ciudadanos, no dudará en utilizar todos los instrumentos a su alcance para evitar el correcto funcionamiento institucional y privar de hecho, asimismo, de su derecho de participación a cuantos se opongan a sus postulados antidemocráticos. En esta situación la única salida posible es la de generar los cauces que permitan una mayor integración democrática de grupos y personas. Frente a los intentos de privar del derecho de participación de unos y de otros, -bien que de signos y naturaleza que no admiten comparación, pero que sí tienen un mismo fundamento estratégico- la única alternativa factible es la de profundización democrática participativa.

 

Kepa Bilbao Gaubeka