Artxibo rtf
(26 - 2003ko Urtarrila)

BURUJABETZA VS. SOBERANÍA

(II)

SOBERANÍA Y CUESTION NACIONAL

A finales del s. XIX, a la teoría de la soberanía de Reyes o Cortes (o de éstas con el Rey) sobre "Navarra y las Provincias Vascongadas", se le había ido añadiendo la concepción nacional de España, a la que se le definirá como una nación única de la que forman parte todos sus habitantes y cuya voluntad general se expresa en las Cortes de Madrid. El argumento nacional, como fundamento popular de la soberanía de las Cortes, está ya perfectamente consolidado en tiempos de Cánovas del Castillo. Para él las naciones son "grandes instrumentos providenciales", hasta el extremo de considerar a cada nación como una verdadera "obra de Dios". Pero ¿qué es una nación?. Según el mismo Canovas, "un conjunto de hombres reunidos por una comunidad de raza, o parentesco, y de lengua, que habita un territorio o país extenso, y que por tales o cuales circunstancias están sometidos a un régimen o gobierno". Cánovas presume que tal definición corresponde a España, pero no a Navarra o a los otros territorios forales vascos, ni al conjunto de Vasconia, ni a ninguna otra realidad social de lo se llamaron las Españas en la península ibérica. Esta cuestión es tan esencial para Canovas que llegará a manifestarse en estos términos:

"Si por cosa imposible, quisiera la mayoría de una nación sujetarse voluntariamente a otra de raza, historia o nacionalidad diferentes, muy bien podría emigrar con tal propósito, abandonando la tierra patria por la extranjera, mas no negar a la minoría su derecho a conservar colectivamente una constitución personal, y a proseguir apacentando el espíritu de sus adeptos en unos mismos recuerdos de gloria, llorando por igual manera los afrentosos, arrodillándose en los propios templos y venerando las tumbas mismas que veneraron sus padres, soñando el porvenir que ellos soñaban, odiando y amando lo que amaban u odiaban ellos; manteniendo viva por fin, en sus entrañas, aquella conciencia moral, aquella alma, aquel principio espiritual en que, la una a título de causa, y la otra a título de efecto, LA NACIÓN Y LA NACIONALIDAD CONSISTEN, SIN DUDA ALGUNA.»

Aplicando esos mismos conceptos y planteamientos de Cánovas a la sociedad vasca, resultará difícil demostrar que Euskalerria no conforma una realidad específica en todos los aspectos mencionados (raza, lengua, territorio, régimen de gobierno ...), por lo que también podrá ser identificada como "obra de Dios" y tener derecho, aunque fuese socialmente minoritario desde el punto de vista de la adhesión consciente de sus habitantes, a "conservar colectivamente una constitución personal". Si las diferencias institucionales entre determinadas formas políticas de los territorios forales pudieran alegarse como falta de identificación nacional, el hecho de que las principales leyes derogatorias de las mismas hubiesen sido comunes para todos ellos, facilitaba el argumento de su identidad sustantiva común.

El hecho es que, a finales del XIX, emerge la afirmación nacional de Euskalerria, argumentando con los mismos mimbres conceptuales (Dios, raza, historia, constumbres, usos, leyes ...) que los que utiliza Cánovas para afirmar la unidad nacional de España. A la razón histórica para oponerse al expolio del sistema foral –rompiendo unilateralmente el pacto para garantizarlo-, se le añade el argumento nacional, que refuerza a Vasconia como sujeto político originario, previo a Reinos o Estados en que haya podido o pueda integrarse. Euskadi es la patria de los vascos es la respuesta de Arana-Goiri al pensamiento canovista de la época que le tocó vivir.

La idea de la soberanía nacional de Vasconia, en cuanto forma nueva que adquiere entre los vascos la conciencia de ser sujetos de comunidad política no derivada de voluntades ajenas a la suya propia, es históricamente respuesta defensiva. Esta respuesta encontró eco social favorable proporcional a la agresión sentida contra sus intereses o aspiraciones económicos y culturales, por efecto de las intervenciones de los gobiernos español o francés, que, en sus contrafueros, trataban de ampararse en que sus monarcas, cortes o estados-naciones gozaban de la soberanía a la que no podían aspirar las "provincias" vascas.

Esta idea de la soberanía vasca o navarra tenía, de todos modos, argumentos en el discurso foral tradicional sobre la naturaleza original e independiente de sus gentes e instituciones, de modo que sus vínculos históricos con los Reyes de las Españas o con el Rey de Francia (incluso de Inglaterra) debían interpretarse como uniones voluntarias o pactos por acuerdo mutuo.

En cualquier caso, la construcción de la réplica vasca al discurso francés y español de la soberanía nacional sitúa la cuestión de sus relaciones en términos nuevos.

En adelante, por lo que afecta a la Vasconia peninsular, se irá ahondando la sima entre quienes estiman que las Cortes españolas están facultadas para legislar unilateralmente sobre Alava, Bizkaia, Gipuzkoa y Navarra, de una parte, y quienes consideran a las Asambleas o Juntas libremente elegidas por sus gentes –en cada territorio o en conjunto- las únicas legítimas para decidir y pactar sobre las condiciones políticas que les afectan, de la otra.

La posición ideológico-estratégica de cada parte se traducirá en diferentes líneas políticas, que se conformarán en estrategias y tácticas diversas. Aquí destacamos cuatro líneas, que nos parecen principales para entender la situación actual por lo que respecta a la soberanía y al soberanismo.

  1. La postura de quienes defienden la soberanía unilateral de las Cortes Españolas sobre las instituciones forales –o, en su caso, nacionales- vascas o navarras, se traducirá en dos líneas políticas principales:
    1. La que persigue la máxima nivelación de los territorios vascos con las provincias comunes, eliminando las trabas forales para la homogeneización nacional española de todos los vascos peninsulares.
    2. La que atiende condicionalmente a algunas de las particularidades del sistema histórico privativo de Vasconia, al objeto de garantizar que sus gentes se integren en la unidad nacional de España de la forma más voluntaria posible.

  2. Quienes defienden que la voluntad institucional histórica o actual de los vascos, a través de cada uno de sus territorios o de su unión voluntaria, es previa a la de las Cortes españolas y a la voluntad general que ellas representan, concretarán sus opciones en dos formas dominantes de línea política a lo largo del siglo XX:
    1. Negar legitimidad democrática al proceso desarrollado a partir de 1839, exigiendo la vuelta a las condiciones previas de pacto voluntario, para actualizar su contenido por acuerdos bilaterales entre los representantes legítimos elegidos por las diversas comunidades forales de Vasconia, de una parte, y la Corona o las Cortes españolas, de la otra.
    2. Dar una forma nacional e independiente a la realidad social vasca, erigiéndose en sujeto político soberano, al modo de los estados nacionales que se reconocen como tales internacionalmente.

A lo largo del s. XX han tenido vigencia desigual las cuatro líneas políticas apuntadas. Se trata de líneas "ideal-típicas" que, consideradas de forma aislada y pura, no sirven para explicar en su totalidad la realidad de la historia concreta de los vascos, pero resultan útiles para resaltar algunos aspectos diferenciales de un proceso complejo. Ateniéndonos al papel que juega la soberanía en cada una de dichas líneas, parece razonable deducir las siguientes conclusiones:

    • Las líneas políticas 1.1., 1.2. y 2.2. parten de la preeminencia de la categoría soberanía, atribuida a uno o a varios de los sujetos intervinientes, como condición previa de cualquier acuerdo sobre las condiciones públicas en que van a desarrollarse sus relaciones:
      • En las líneas 1.1. y 1.2. sólo se reconoce la soberanía del estado-nación español que se expresa como voluntad legislativa en sus Cortes Generales de Madrid, presumiendo que en ellas queda incluida la voluntad nacional general de todos los ciudadanos de la Vasconia peninsular.
      • En la línea política 2.2. la voluntad nacional general de los ciudadanos de Vasconia se expresa en las Asambleas que ellos libremente elijan de forma independiente.

    • La línea política 2.1., sin embargo, no parte de la soberanía como valor preeminente, sino más bien de su negación –ya que niega poder soberano a Reyes y Cortes españolas (o francesas) para decidir unilateralmente sobre Vasconia-, y establece el pacto libre y voluntario entre sus representantes legítimos como principio sustantivo para decidir las condiciones públicas de sus relaciones.

Líneas estratégicas en acción

Las líneas políticas basadas en la única soberanía nacional española representada por las Cortes de Madrid han resultado dominantes en relación a Vasconia o Euskalerria por parte de los diferentes regímenes y gobiernos españoles que se han sucedido en el siglo XX. En la aplicación de estas dos líneas pueden combinarse políticas harto diferentes en relación tanto a los contenidos como a las formas. Podrán anular Conciertos o favorecer su recuperación, permitir formas de unión vasca o impulsar soluciones uniprovinciales. Y estas formas podrán servir para impulsar políticas culturales, económicas y sociales contradictorias –incluso antagónicas-. Liberales, conservadores y socialistas –de diversos tonos, además- pueden hallarse entre los protagonistas de dichas políticas.

Las diversidad de modalidades e intensidades en su ejecución –sea en épocas o en relación a territorios distintos- puede explicarse mejor atendiendo a razones de oportunismo táctico que a cambios de principio, al igual que ocurriera en el proceso del desmantelamiento progresivo del régimen foral en el XIX . Pero las diferencias son evidentes incluso entre quienes consideran que la soberanía legislativa en relación a "Navarra y las Provincias Vascongadas" reside en el Monarca español o en las Cortes españolas o en el pueblo español. Algunos de ellos no tendrán inconveniente en aceptar grados de autonomía legislativa y ejecutiva, que a otros, que comparten su misma doctrina sobre la soberanía, les parecen casi separatismo.

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Frente a estas posiciones se sitúa, en primer lugar, la línea política 2.1., la que podemos denominar como genuinamente pactista. Dicha línea parte de la denuncia de las leyes no sujetas al "pase foral" o "derecho de sobrecarta" que desde 1839 redujeron la realidad institucional vasca a una autonomía impuesta o delegada por las sucesivas Constituciones españolas, ninguna de las cuales ha gozado de legitimidad democrática suficiente en Vasconia. Ya en el mensaje remitido por las Diputaciones Vascas, el l7 de diciembre de 1917, al jefe del Gobierno español, señor García Prieto, al plantear la cuestión de su autonomía, se insiste: "Pero no es suficiente esa autonomía para el desarrollo de la actividad y el esfuerzo de los habitantes de esa tierra.[...] Mas en el caso de que el Gobierno de S.M. no se aviniera a acceder a los deseos de las provincias vascongadas en el sentido de una plena reintegración foral, las Diputaciones, sin hacer dejación ni por un momento de los derechos históricos que se han invocado en todos los tiempos por las corporaciones que hablaron en nombre de Vizcaya, Guipúzcoa y Alava, consideran necesario, que se ensanchen los términos de su autonomía actual, aprisionada dentro de los límites demasiado estrechos y embarazosos".

Y a esta demanda de las Diputaciones en 1917 le seguirá la de los municipios vascos que elaboraron el denominado Estatuto de Estella en 1931: "Según acuerdo adoptado por unanimidad en la Asamblea, los municipios vascos declaran solemnemente que la aprobación de este Estatuto no supone renuncia a la integración foral plena, concretada en su anhelo a la derogación total y plena de las leyes del 25 de octubre de 1839, del 16 de agosto de 1841 y todas cuantas bien con anterioridad o posterioridad a estas fechas, hayan conculcado de alguna manera los derechos sagrados de este País". Proposición igualmente defendida en el Estatuto de 1933: "El régimen que aquí se establece no implica descripción extintiva de los derechos históricos de Alava, Guipúzcoa y Vizcaya, cuya plena realización, cuando las circunstancias lo deparen, estriba en la restauración foral íntegra de su régimen político-administrativo".

El hecho de que esta línea haya sido, en el s. XX, impulsada o compartida por el nacionalismo histórico vasco, demuestra que no es incompatible con la doctrina, según la cual Euskalerria constituye una nación que debe ser reconocida como tal por la comunidad internacional, con todas las consecuencias que de tal hecho se derivan a los efectos de su organización política diferenciada de otras naciones, con las que evidentemente desea y quiere mantener y desarrollar pactos y convenios en beneficio mutuo. La diferencia principal entre la línea política 2.1. y 2.2. a mi entender, radica en que la 2.1. parte más bien de la negación de soberanías nacionales unilaterales y la 2.2. arranca de la afirmación positiva de las mismas.

Junto al planteamiento de combinar en el mismo proceso la exigencia de libertad con el compromiso de la solidaridad (2.1.), ha coexistido en la tradición nacionalista la posición estratégica de dividir en dos etapas bien diferenciadas el proceso: en la primera, habría que hacer efectivo el reconocimiento político de la nación vasca como realidad no dependiente del estado español o francés, y en la segunda etapa, se establecerían los vínculos de su unión en estructuras políticas (estatales o supraestatales) comunes a otras naciones (2.2.).

La variedad de proyectos socio-económicos y ético-culturales que pueden encerrarse bajo estas líneas políticas es igualmente diversa y contradictoria hasta el antagonismo. La soberanía nacional, p.e., puede servir a contenidos capitalistas y socialistas, reaccionarios y revolucionarios, así como a la defensa de los derechos humanos o a su conculcación, a la responsabilidad solidaria o al abuso corruptor.

MLNV: soberanismo revolucionario contra todo estado

Una novedad histórica de los años sesenta del s.XX fue, precisamente, la conformación de un movimiento vasco revolucionario de contenido comunista bajo la forma de un proyecto de "liberación nacional", expresión consagrada en los años cincuenta por la generalidad de los Partidos Comunistas (incluidos el soviético y el chino) para identificar socialmente la línea política que debían hacer suya las organizaciones de tradición marxista-leninista en los países capitalistas con problemas nacionales.

Independientemente de los variados factores que incidieron en la creación de ETA como organización, desde su V Asamblea (1965), cuenta con una dirección que asume plenamente la orientación ideológica y la metodología de lucha propias de tradición leninista, tal como lo recordarán sus dirigentes en 1971: «ETA quedó definida en la V Asamblea, sin cortapisas de ningún tipo, como organización socialista y, no cabe ningún género de duda en cuanto al tipo de socialismo que definimos: ni humanista, ni reformista, ni nada por el estilo. Que quede claro: marxista leninista».

La causa fundamental de la dependencia de unas personas en relación a otras, y de unos pueblos en relación a otros, según "ese tipo de socialismo", es el capitalismo, por lo que las formas de lucha a emplear en la arena política deberán legitimarse por su utilidad para combatir el sistema social capitalista

La línea política de ETA en sus dos versiones principales –militar y politicomilitar - proclamaba la utilidad de considerar a Euskadi como "marco autónomo de lucha de clases" o como "ámbito vasco de lucha de clases" bajo el eslogan "independentzia eta sozialismoa" , así como la necesidad de combinar el uso de todas las formas de lucha (desde asesinatos y secuestros, hasta la negociación y la participación institucional, pasando por la movilización popular de masas en la calle). Sus diferencias afectaban a dos cuestiones tácticas de la máxima importancia práctica: a) a la forma de combinar esas diferentes formas de lucha y b) a la forma más o menos reformista-rupturista del "marco" o del "ámbito" para alcanzar la iniciativa popular suficiente que les permitiese liderar el tránsito a un nuevo modelo de sociedad que acabase con el capitalismo, considerado como la causa fundamental de toda dependencia social, también de la nacional.

La adopción por parte de ETAm de una táctica de liderazgo popular basada en una línea de ruptura focalizada en su forma nacional (independencia y soberanía nacional), como medio para desbancar a la dirección del nacionalismo histórico vasco en el protagonismo de la defensa de los intereses populares vascos, ha condicionado el entendimiento entre los representantes de las cuatro líneas apuntadas a lo largo de toda la transición hasta nuestros días.

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Estos son algunos de los antecedentes que condicionarán el debate sobre la línea política a desarrollar en relación a la cuestión vasca en el proceso de transición postfranquista.

F. Garmendia

1Estas referencias pueden hallarse en la antología de citas de Cánovas del Castillo publicada como anexo del libro de Manuel Fraga Iribarne, titulado Pensamiento conservador español (Ed. Planeta, Barcelona, 1981). Recomendamos la lectura de dicha antología a quienes estén interesados en comprender la actualidad del paradigma canovista en la concepción nacional que de España tienen algunos ciudadanos.

2 Canovas del Castillo, A.: Problemas contemporáneos, Tres Tomos-, Discurso Ateneo, 6 de noviembre 1881.

3 El Real Decreto de 28/02/1878, por el que, "establecida la unidad constitucional en las Provincias Vascongadas", se impusieron las primeras quintas y la restricción de la libertad económica, sustituyéndola por los Conciertos Económicos, al justificar por qué no se procedió a una homogeneización fiscal con el resto de las provincias, se indica que sería, "difícil y arriesgado [...] prescindir de un modo violento de instituciones seculares encarnadas, por decirlo así, en cada uno de los vascongados, y que constituyen su manera de ser social, política y económica".

4 Ejemplo de este discurso tradicional del nacionalismo histórico vasco es la intervención completa del Diputado Aranzadi en el Congreso de Diputados de Madrid (1918). Ese año es la primera vez que el nacionalismo vasco está representado en aquel Congreso (con seis Diputados) y Aranzadi, a la vez que reclama el respeto debido a la nacionalidad vasca, para que quienes "libre y voluntariamente" quieran desarrollarla (manteniéndola o recuperándola), encuentren las condiciones favorables para ello, asevera que sus demandas "no contienen programas de odios, ni rencores, porque salvando esas características de nuestra nacionalidad, queremos que vengan días venturosos para España; queremos que, como obreros de unas mismas empresas, trabajemos con afán, con verdadero entusiasmo para hacer más beneficiosa la labor común: nosotros queremos que las distintas nacionalidades que integran el Estado español, unidas por vínculos de afecto, intensifiquen sus facultades, intensifiquen su cultura y trabajen con ardor, con entusiasmo, en las empresas que todos interesen, libremente aceptadas, para que así sea mayor el resultado y el beneficio común".

5 Información interna y abundante sobre la definición ideológica y organizativa de ETA puede hallarse en DOCUMENTOS Y, Hordago, Editorial Lur, Donosita 1981 El Volumen XII es particularmente importante. Para contrastar la pervivencia de esa línea ideológica pueden consultarse: BASES IDEOLÓGICAS (1978) del Herriko Alderdi Sozialista Iraultzailea -H.A.S.I., partido de la tripleta ETA(m)-HB-HASI, así como los escritos del Colectivo J.Agirre, publicados después de la autodisolución de HASI en 1992

6 Para comprobar la identidad estratégica y la diferenciación táctica entre ambas tripletas (ETAm-HASI-HB y ETApm-EIA-EE), basta analizar el Manifiesto Presentación de E.I.A.(Euskal Iraultzarako Alderdia) de 1977 y las Bases Ideológicas de H.A.S.I. de 1978.