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(24 - 2002ko Iraila)

EL EJEMPLO DE MIKEL URIBE

Entre amigos, sobre el solar de los suyos, Mikel Uribe recibió el pasado viernes un sencillo y emotivo homenaje. Un monolito. Memoria del horror y el sufrimiento que es preciso no olvidar para rehabilitar a la víctima. Honra perpetua al hombre caído, resarcimiento indestructible del inmoral sacrificio. Un monolito que se levanta en el suelo nativo, arraigado en la tierra y firme en el tiempo. Permanencia sin comodidad ni renuncia, pertenencia sin tibieza, fidelidad al ser y al servicio. Un monolito para el hombre de tal condición que fue, vivió y trabajó, empeñado, constante, leal con su propio carácter.

Del monumento se distingue la ventana que en territorio vasco se abre a aire fresco que pueda templar, atemperar la crispación política. Aire que debe ser viento que arrastre muy lejos el fanatismo del crimen premeditado, del crimen caprichoso encubierto de ‘causa justa’. Aire que interpele a la política, a veces tan hinchada de dogmáticas certidumbres. Y aire que sople esperanzado sobre una sociedad escéptica, necesitada de aliento y confianza.

Mikel Uribe era abertzale, como Korta, Totorika y otros. Hace poco, he oido en una tertulia una solemne majadería. Se decía que ‘las ideas nacionalistas cabalgan sobre el terror y la muerte’. Para el autor de semejante necedad, Uribe podría ser una víctima de sí mismo. Sin embargo, juraría que ante la tumba del gudari Uribe el necio charlatán no diría tal crueldad, sino que callaría miserablemente.

ĦQue injusticia! El estigma que cae sobre la ideas nacionalistas se puede sentir, más brutalmente en las familias de estos asesinados, como un trauma añadido que acentúa su sentimiento de impotencia, como insolidaridad con el dolor concreto que viven, como un muro que les incomunica con otras víctimas y sus trágicas experiencias. Amarga experiencia les espera.

Yo soy de Agirre: "la lucha es demasiado gigantesca y demasiado grandes los horrores que presenciamos, para que todavía subsistan definiciones turbias y posturas indecisas". Ni ‘definiciones turbias’ ni ‘posturas indecisas’. Pero, probablemente, ambas cuestiones están muy vinculadas. De la ‘definición turbia’, de la falta de claridad en la descripción de ETA, no pueden derivarse más que ‘posturas indecisas’, por mucho que vayan revestidas de firmeza.

ETA es sustantivamente una Organización Socialista Revolucionaria. Lo dice en la cabecera de todos sus escritos. Me sorprende, por ello, que todavía llamen ‘asesinos nacionalistas’ a sus miembros. La definición es ‘turbia’. Bien cierto es que son asesinos. Pero, no hay un solo ápice de pureza ni fanatismo nacionalista en el proyecto neorevolucionario que defiende ETA. El terrorismo es hostil a los proyectos, a todos y a cada uno de ellos, de todos los partidos que aceptan el juego democrático, sean nacionalistas vascos, españoles o no sean ninguna de las dos cosas. El MLNV, en realidad, se considera en guerra con todo el resto del mundo. Pero, cree necesario discriminar al enemigo para derrotarlo. Al decir de Mao, "para aniquilar las unidades enemigas una por una".

Tremendo infortunio de los que combaten a ETA, de los que son sus potenciales víctimas. Conocer que los terroristas persiguen "aniquilarlos uno a uno" y no ser capaces de salir de esa miserable espiral de división, de confrontación, de insolidaridad, de alejamiento humano, alimentada al la vez por ‘definiciones turbias’, ‘posturas indecisas’ y por la peligrosa enfermedad de la polarización, que exige adhesiones ciegas y sin quebranto y paraliza el diálogo político.

Esta aspera realidad puede llevarnos a la desesperación. La disyuntiva inevitable es, hoy como ayer, la que nos lleva a optar entre la libertad y la imposición. El combate contra la violencia ilegítima, contra el terror, es una exigencia derivada de nuestro compromiso con la libertad. Pero, nuestro compromiso con la libertad nos empuja a no comprometerla más de lo necesario en la lucha contra el mismo terror.

Es el ejemplo de Uribe y de tantos otros. Frente a los malhechores cuya obsesión revolucionaria amenaza con arruinar la imagen de lo vasco como trayectoria democrática y modelo a imitar, los ertzainas como Uribe renuevan la vigencia del talante secular de los vascos. El reflejo del vasquismo falsario, útil al proyecto de ruina planetaria del MLNV, sucumbe inexorablemente ante la emergencia del genuino proceder del vasquismo más auténtico, ‘arraigado en la tierra’ y ‘permanente en el tiempo’, fiel a los suyos, entregado a su comunidad política, amante de sus instituciones.

 

Joxan Rekondo