Artxibo rtf
(23 - 2002ko Ekaina)

┐CÓMO SE REORGANIZA LA ESTRATEGIA DEL ‘SOBERANISMO REVOLUCIONARIO’ TRAS EL 13-M?

┐QUÉ ES EL ‘SOBERANISMO REVOLUCIONARIO’? En la Euskadi moderna, soberanía es equivalente a ‘ámbito de decisión’. La cuestión no es pacífica. Se discute mucho sobre ello y se aportan no pocas razones convincentes. Las sociedades modernas son plurales, de variadas estructuras, con el poder distribuido de tal manera que es muy difícil identificar un núcleo de autoridad suprema, indivisible e inalienable. La sociedad vasca moderna es también muy compleja y, por ello, no extraña que un concepto como el de ‘soberanía’ origine serias polémicas.

Pero, nuestro interés no pasa por entrar en esa discusión conceptual. Demos por superada, que evidentemente no lo está, esta controversia(1) y aceptemos como válido el axioma, que algunos tildarán de soberanista, de que ‘una sociedad libre puede aspirar a una asociación política que debe estar condicionada por sus propias decisiones’. Una asociación o comunidad política que se sostenga sobre las instituciones que sus ciudadanos han aceptado con libertad, con un reconocimiento general de derechos políticos para todos los que la componen y un pacto de respeto a las claves de convivencia que han hecho posible la asociación. Un país en provecho de todos, sin duda. Y los compromisos de Ibarretxe ante el 13-M –ético, político y democrático- se corresponden consecuentemente con esta postura.

No es este, sin embargo, el proceder del que para mejor entendernos vamos a llamar ‘soberanismo revolucionario’. Bajo el título ‘la soberanía: una necesidad popular’, Arnaldo Otegi y Joxe Mari Olarra definen que "soberanía significa fundamentalmente, que los recursos financieros, naturales, culturales de nuestro país sean gestionados sin interferencias y en beneficio de una mayoría social progresista y socialista que la izquierda abertzale pretende liderar y articular". Soberanía, pues, significaría poder para que el MLNV pueda ejercerlo en su propio servicio, sujeto a su ‘liderazgo y articulación’ y sin concesiones a la ‘minoría’ que denomina como ‘no progresista’ y ‘no socialista’. De ahí que "soberanía y socialismo... un espacio llamado Euskal Herria soberana, un espacio llamado socialismo vasco" sean "los ejes estratégicos únicos y viables que permitirían aglutinar al pueblo vasco en torno a nuestra estrategia nacional, popular y progresista, que instale a nuestro país en ese tan ansiado escenario de paz que todos anhelamos" (GARA, 17/02/2001).

El ‘manifiesto por la soberanía’ que suscriben ambos dirigentes de Batasuna viene a fundamentar este tipo de ‘soberanismo’ en factores políticos que "considera imprescindibles para decodificar la actual coyuntura política". Estos factores definitorios de lo que en adelante vamos a llamar ‘soberanismo revolucionario’ son tres: primero, aquel que relaciona la ‘victoria de las fuerzas populares vascas’ con la acción de "inutilizar el actual marco autonómico"; segundo, la reivindicación del acierto histórico de las tesis del MLNV, en especial la que propugna que "no existen espacios intermedios de reivindicación y estrategia entre la autonomía y la soberanía"; y tercero, la constatación de la "más absoluta debilidad estratégica" de los estados español y francés lo que dispone una buena oportunidad para acometer un proyecto de ‘ruptura soberanista’.

DECEPCIONADOS CON IBARRETXE. Debido a la influencia de estos factores, precisamente, para el ‘soberanismo revolucionario’ no es suficiente –acaso sea, además, un tanto frustrante- la victoria de Ibarretxe el 13-M. Este ‘soberanismo’ intuye que la reivindicación de la ‘consulta’, la reclamación de que ‘el futuro de los vascos’ dependerá de lo que éstos acepten a través de sus ‘decisiones colectivas’, parecen escaparse cada día de dicho paradigma ‘soberanista’. Es cierto. Las afirmaciones de un Ibarretxe "convencido de que las soberanías e independencias no van a existir" (Bruselas, 24-I-2002) son tributarias de la tradicional línea de lealtad al federalismo europeo del nacionalismo vasco, que postula una mayor confianza en el mecanismo del ‘pacto libre’ entre pueblos ya que "la clave de la convivencia entre pueblos no es subordinar o imponer, sino compartir libremente" (Parlamento Vasco, 25 de octubre de 2001), que en el absolutismo y autosuficiencia que caracterizan a la ‘soberanía’ de cuño más clásico. Esta opción por ‘compartir libremente’, que aleja además el riesgo de un ‘choque crítico de soberanismos’ en la propia Comunidad de la que es lehendakari, convierte a Ibarretxe y su entorno en políticamente inservibles para todos aquellos que sostienen un proyecto de ruptura –"una cadena de actos de desobediencia", al decir del profesor Mario Zubiaga(2)- soberanista.

Pero, los ‘síes’ que llevaron a Ibarretxe a la cabeza del Gobierno Vasco el pasado 13 de mayo de 2001, decepcionaron desde muy temprano, acaso desde su misma formulación, a Batasuna (‘Ibarretxe es un fraude’), Aralar (‘Ibarretxe es prisionero político de su ámbito’) o ELA (que acusa al Gobierno de Ibarretxe de ‘hacer el indio’ en materia de autogobierno). Y desde el mismísimo día 14, el ‘soberanismo rupturista’ comenzó a tomar posiciones ante la ‘nueva etapa’ que anunció el lehendakari. Aunque era incomprensible que se pudiera desdeñar el ‘efecto’ Ibarretxe tan prematuramente, a la vuelta del año 2001 ya se puede hablar de la puesta en marcha de un conjunto de movimientos combinados que pretenden poner en cuestión o desbordar –que es el término al uso- la legitimidad del discurso del actual lehendakari.

En esa línea convergente, en los últimos seis meses se han conocido diferentes iniciativas. A saber, la propuesta de pacificación de Aralar; las propuestas de ‘paz’ y ‘construcción de Euskal Herria’ de Batasuna; y los ‘apuntes para un proceso soberanista’ del sindicato ELA. Parecen iniciativas de sesgo diferente, incluso enfrentado. Aralar y AB han roto con Batasuna y todas estas rupturas transmiten algo de traumático por el seguimiento que de todo tipo de medios han merecido. ELA a su vez se ha distanciado notoriamente del sindicato LAB. Parece que todo el mundo quiere romper con el ‘núcleo duro’ del MLNV. ETA ha intervenido, además, en varias ocasiones para subrayar los desencuentros con Aralar y AB lo que parece confirmar la gravedad de los mismos. Pero, en aparente contradicción con este hecho, repetimos que todas las iniciativas concretas citadas, aunque lo expresen en términos diversos, convergen en sus fundamentos, ‘Ibarretxe es el lehendakari de unas instituciones que no se corresponden con lo que quieren los vascos’. Es decir, estas instituciones son ‘insuficientes’, son ‘inservibles’ o ‘perpetúan la dominación española’. En consecuencia, como veremos, todas las iniciativas coinciden en que la situación vasca es de ‘dominación ajena’ o ‘déficit democrático’ y valoran de manera afín los factores políticos ‘imprescindibles para decodificar’ la coyuntura que proponían los Otegi-Olarra en su citado artículo ‘la soberanía: una necesidad popular’.

┐UNIDAD O DIVISIÓN? La mayoría de los medios entienden o quieren entender la división, la aparición en el seno del MLNV de visiones contrapuestas, como un claro síntoma de debilitamiento del movimiento. Sin embargo, para la filosofía marxista la división es la condición necesaria que hace posible la unidad. Y la capacidad de aceptar la escisión es la condición necesaria para el éxito. En 1873, Engels aleccionó a Auguste Bebel (editor de ‘Der Volksstaat’, órgano del Partido Socialdemócrata Obrero alemán) contra el descarrío al que puede conducir sucumbir ante la veneración de la unidad formal y subrayó, siguiendo a Hegel, que ‘un partido demuestra su triunfo por el hecho de que se divide y puede soportarlo’(3). Dicho de una manera actual, sostenemos que la división de Batasuna no abre un proceso de deterioro en su seno, sino que se concibe como una de las condiciones imprescindibles para que se inicie un proceso de recuperación. Así, planteada esta cuestión en términos electorales, la división de Batasuna puede ser necesaria para recuperar para la unidad que representa ‘la izquierda abertzale’ el ‘principal y los intereses’ (en gráfica expresión de Patxi Zabaleta) de aquellos 80.000 votos perdidos a favor de PNV-EA.

De acuerdo con esta misma lógica filosófica, en los días inmediatamente siguientes al 13-M, algunos dirigentes de Batasuna defendieron la necesidad de replantearse la composición formal de la oferta electoral del MLNV con el fin de poder contener con eficacia a los votantes más alejados del mensaje actualmente predominante. Advertimos que lo más difícil es ver ‘recomposición’ allá donde se está produciendo un proceso que formalmente tiene todas las características de ‘descomposición’.

Por poner un ejemplo: el teórico de Batasuna, Iñaki Gil de San Vicente, disecciona el comportamiento de los votantes de EH (hoy Batasuna) de 1998, los representa y los cuantifica en tres colectivos, que inscribe en sendos círculos concéntricos y denomina, en función de la fidelidad política que han manifestado históricamente hacia la coalición, como ‘núcleo duro’, ‘círculo medio’ y ‘círculo exterior’. El ‘núcleo duro’ lo conforman los votantes de EH (140.000) en las pasadas autonómicas. El ‘círculo medio’ (20.000) son votos perdidos el 13-M, acaso apoderados por la angustia que generó el clima que se vivía, pero en todo caso recuperables. El ‘círculo exterior’ (60.000) es difícilmente recuperable para Batasuna. Sobre esta base, Gil de San Vicente dice que hay que plantearse un trabajo de establecimiento de relaciones con los grupos alejados del ‘núcleo duro’, lo que nos sugiere una actitud de ‘recomposición’. Pero, Gil de San Vicente considera que tratar de "presentar el mismo modelo propagandístico-electoral" a estos dos últimos grupos es una "ingenuidad", lo que nos hace entender que para contener la fuga de votantes considera conveniente ‘descomponer’ la oferta electoral del MLNV en ‘dos modelos’ que presenten discursos matizados a colectivos con un bagaje político que también es diverso(4).

Los 60.000 del ‘círculo exterior’ no sólo han sido afectados por la ‘angustia resistente’ ante el peligro real de un desembarco español. Son, asimismo, un colectivo sensible a la presión de una opinión pública cada vez más exigente contra el terrorismo y, por lo tanto, cuestionan la legitimidad del ‘uso de todas las formas de lucha’, coartada bajo la que se desenvuelve la acción de ETA y la ‘Kale Borroka’. En este contexto, resulta bastante comprensible la evolución que ha operado en el seno del MLNV. El tiempo en que se mueve este colectivo de votantes es ya otro, es el tiempo del rechazo abierto de ETA y, por ello, el reclamo de la ‘nueva etapa’ de Ibarretxe es una atractiva oportunidad para ellos.

La cuestión, por consiguiente, no es tanto si a los 60.000 citados se corresponde un espacio electoral nuevo que no tiene reflejo en el mapa político actual como que ese colectivo de votantes no se consolide bajo el patronato de un nacionalismo que reconoce la legitimidad del Estatuto del año 1979. De ahí el convencimiento de Patxi Zabaleta en "que la izquierda abertzale será a medio-largo plazo un solo espacio político" (DEIA, 7/04/2002) y su apuesta por sumar votos que el PNV-EA obtuvieron el 13-M: "todo préstamo hay que recuperarlo además con réditos, no sólo con el principal" (El Correo, 22/04/2002).

Ese ‘espacio político único a medio-largo plazo’ que trata de incluir a todo lo hoy denominado ‘izquierda abertzale’ –más propiamente, MLNV- y aspira a ‘recuperar el principal y los réditos prestados’ al PNV-EA el pasado 13 de mayo, no podría sostenerse ni siquiera como proyecto si desde hoy mismo no tuviera, a pesar de la ruptura de Batasuna y de las divergencias existentes entre los grupos escindidos, unos contornos estratégicos definidos y convergentes.

ESPIRAL DE ANTAGONISMOS. Gil de San Vicente nos recuerda a Lenin: "dos pasos adelante, uno atrás". Indudablemente, el 13-M es el ‘paso atrás’ que obliga a la reflexión, a reexaminar las condiciones concretas en las que se desenvuelve la política vasca y reconocer los puntos más dinámicos de conflicto, a recontar las fuerzas y a reajustar las estrategias y los métodos de intervención política para sacar el máximo partido a la situación. Pero, después del ‘paso atrás’ el leninismo prepara los ‘dos pasos adelante’. Eso no significa que consiga efectivamente adelantar esos ‘dos pasos’, sólo significa que los ‘prepara’, que los diseña y que los entrena. Es la llamada ‘primera etapa del conocimiento político’. Y es la etapa que por ahora nos interesa analizar. Más tarde, el acierto o el error, el éxito o la derrota de estos planes o estrategias sólo podrá ser evaluado por su adecuación a la práctica política, la lucha real, en la que intervienen asimismo adversarios y enemigos.

Evidentemente, decir que se quiere avanzar ‘dos pasos adelante’ no es concretar mucho. Dependiendo de la longitud de zancada, de la prisa con la que se camina, el ‘paso’ no es el mismo. Por lo tanto, no es ilógico pensar que, entre los que aceptan la necesidad de preparar estratégicamente una fase de ‘dos pasos adelante’ y coinciden en el itinerario que sigue el proceso, surjan diferencias de ‘zancada’ y de ‘velocidad’.

Avanzar en el combate, ‘dos pasos adelante’, significa alimentar su continuidad y exige descubrir la línea de fractura política (‘contradicción principal’) que pueda ser más productiva, en dos sentidos: que esa línea de frente sea un punto débil del enemigo, es decir que exista capacidad de concentrar y mantener fuerzas suficientes para tener en jaque al poder cuestionado y, segundo, que la intervención sobre ella tenga capacidad de globalizar (dinamizar y unificar) todas las luchas contra el estado de cosas existente (instituciones políticas, sistema y sociedad).

┐Cuál es la línea de fractura o de frente de mayor productividad potencial para mantener el antagonismo vivificador de la ‘guerra popular’ en Euskadi o Euskalerria? El diagnóstico del lehendakari Ibarretxe (Parlamento Vasco, 25 de octubre de 2001) arroja una cierta luz sobre esto. Aunque el análisis lleve al lehendakari a posiciones diferentes a las del ‘soberanismo revolucionario’ su observación nos es útil para lo que queremos que no es otra cosa que describir la línea de antagonismo ante la que concentra el MLNV. El lehendakari subraya que "en el Estado español conviven ciudadanos y ciudadanas que legítimamente consideran que su nación es Euskadi, Galicia y Cataluña, con otros que consideran que su nación es España". La línea de fractura que se adivina, de mayor energía combativa concentrada, está situada allá de dónde se produce el ‘choque de soberanismos’ en su grado más agudizado, con epicentro en Euskadi y un potencial de propagación que supera nuestras fronteras.

Por eso, conviene no quedarse sólo con lo anterior y escuchar también la subsiguiente advertencia del lehendakari que señala que "en nuestra propia Comunidad hay ciudadanos y ciudadanas que consideran que su patria es Euskadi, y otros que legítimamente consideran que su nación es España". Con lo que el ‘choque de soberanismos irreconciliables’ que actúa como contradicción principal a agudizar tiene una repercusión particular –que es ‘catarsis necesaria’ para el MLNV, pero que puede derivar en ‘espiral destructiva’ al desenvolverse desde la irreconciliabilidad- en Euskadi, que se convertiría así en el punto más caliente, en un foco de trastornos sociales y políticos sin más solución que ‘avanzar dos pasos adelante’ hacia la revolución socialista.

Asumir el conflicto nacional, este ‘choque entre soberanismos’, es un acelerador revolucionario que está "en el núcleo duro del materialismo histórico y de la dialéctica del desarrollo desigual y combinado, componentes esenciales del marxismo". Para el autor de esta afirmación –el antedicho Iñaki Gil de San Vicente, uno de los responsables de ‘internacional’ de Batasuna- "la experiencia histórica muestra que los procesos revolucionarios que han triunfado han sido aquellos en los que la opresión nacional era una contradicción antagónica asumida conscientemente por las organizaciones revolucionarias"(5). La asunción consciente del ‘conflicto nacional’ y su ‘antagonización’ viene a ser, en definitiva, un mecanismo irreemplazable para que la maquinaria revolucionaria obtenga su mayor rendimiento.

PROPUESTAS SOBERANISTAS. El ‘foco de antagonismo entre soberanismos’, el ‘conflicto Euskadi-España’ descrito en este apartado anterior sigue siendo la ‘contradicción principal’ en torno a la que se producen los movimientos de la izquierda política y sindical vasca. Aunque esta izquierda se presente escindida tanto en el ámbito político como sindical, sus propuestas mantienen importantes elementos convergentes, el primero de los cuales tiene que ver precisamente con la reactivación de ese foco. Todos ellos han presentado en estos últimos meses ‘propuestas soberanistas’, con la intención de condicionar la ya dogmatizada agenda política de la política vasca y acelerar, algunos más y otros menos, un debate soberanista sin solución de conciliación.

El segundo de los elementos convergentes es que todas las propuestas (Batasuna/LAB, Aralar y ELA) se distancian escrupulosamente de las propuestas del lehendakari, al que acusan de estar ‘subordinado a compromisos’ que ‘impiden superar el marco’ que representa (Aralar), de participar de la ‘negación a Euskal Herria’ (Batasuna/LAB) o de ‘recrear el statu quo a través de un discurso neoestatutista’ (ELA). En realidad, aquí se produce el desencuentro esencial entre lo que para el lehendakari, y para el PNV y EA, son "instituciones y marcos jurídicos que hemos construido hasta ahora por la voluntad democrática de los vascos y vascas" (Programa Electoral, 13-mayo-2001) a los que se debe respeto democrático y que, para ELA, adolecen de "una insuficiente legitimidad democrática", para Aralar de "déficit democrático" y para Batasuna "niegan los derechos más básicos de nuestro pueblo". A estas ‘instituciones y marcos jurídicos’ citados se achaca una ‘partición territorial’ que, para los tres colectivos, se debe tratar de superar con el reconocimiento del ‘conjunto de Euskal Herria’ como sujeto.

En tercer lugar, coinciden en considerar a ETA como una ‘expresión de ese conflicto’, como la expresa manifestación del ‘déficit democrático’. Otegi ha señalado en el pabellón Euskalduna (27/04/2002) que la "paz es cambio político, es la modificación del status quo". Análogamente, para ELA, "la vía soberanista es radicalmente incompatible con la acción armada", pero su ‘cese definitivo’ se debe simultanear con la "muerte del Estatuto y la consiguiente opción soberanista" ; para Aralar, las acciones de ETA "son resistencias que el propio proceso debe superar"; y Batasuna, finalmente, parece inscribir esta cuestión tras el equívoco enunciado de uno de los consensos que propone y que se refiere a ‘la desmilitarización de Euskal Herria’. Complementariamente, ELA y Aralar quieren significar es que un ‘proceso soberanista’ no debe estar vinculado al vaivén que provocan las decisiones de ETA, que ante un escenario de agudización de la ‘confrontación soberanista’ podría recuperar la legitimidad de protagonizar la resistencia popular armada y no cesar en sus acciones(6). El proceso, consecuentemente, debe blindarse. Ni será impugnado a causa de la persistencia de las acciones terroristas ni estará sujeto a la disciplina de ETA. De ello se concluiría, en una expresión más matizada de ELA, que el inicio de la ‘vía soberanista’ no debe subordinarse a la ‘servidumbre’ de ETA, lo que coincide además con la ‘primacía de la política’ que postula Aralar.

Las propuestas manifiestan un cuarto punto de convergencia en lo que se refiere a la composición formal de las fuerzas impulsoras del ‘proceso soberanista’ y todas ellas asignan un papel especial de liderazgo y representación nacional a la ‘pista de aterrizaje’ Udalbiltza. En las tres se subraya el carácter abierto de las iniciativas y se propugna como primer paso ‘una amplia alianza política y social’ (ELA), ‘un acuerdo entre fuerzas políticas y agentes sociales’ (Aralar) o un acuerdo dirigido ‘a todos los agentes sociales sin excepción’. Así como ELA enfoca sus ‘apuntes’ con la vista puesta en una ‘consulta popular soberanista’, Aralar y Batasuna profundizan de una manera esencialmente coincidente en los contenidos que cabrían incluir en una hipotética ‘agenda del consenso’ entre las fuerzas políticas y sociales. En el fondo, ‘alianza’ y ‘consenso’ son componentes del mismo mecanismo de ‘cambio’, tal y como lo explica Mario Zubiaga, profesor universitario y miembro de la corriente ‘Piztu’ de Batasuna: "Toda transición o cambio político gradual suele combinar una coordinación de esfuerzos entre aquellas fuerzas sociales y políticas que promueven un cambio de régimen, y un consenso entre éstas y los sectores más remisos del mismo. La combinación de hegemonía por el cambio político y consenso amplio que lo facilite e impida la perpetuación del conflicto no sólo es paradójica, sino que es imprescindible para la consecución de cualquier cambio político satisfactorio. Las fuerzas del cambio no pueden renunciar a la hegemonía pero tampoco deben olvidar que cualquier cambio político estable precisa de un cierto grado de consenso"(7).

Visto que, en lo estratégico, el nivel de convergencia es casi total sería conveniente conocer si las diferencias que persisten en el terreno de lo táctico, que se trabajarán de acuerdo con el ‘carácter abierto’ con el que se han presentado las propuestas, podrían alejar a los proponentes de toda pretensión de ‘hegemonía’; es decir, si podrían impedir la conformación de una ‘plataforma’ que persista en las tesis de Lizarra y que las concrete y amplíe.

LAS DIFERENCIAS ‘TÁCTICAS’. Que las diferencias respecto a Batasuna se centran en lo ‘táctico’ es una respuesta repetida por el portavoz de Aralar en cada ocasión que le entrevistan. Pero, tampoco es algo extraño visto lo visto. Antes hemos dicho que la aplicación del principio ‘dos pasos adelante’ depende de la longitud de zancada y de la prisa que se tenga. Algo parecido dice ELA en sus ‘apuntes’: "en un proceso soberanista se puede anticipar dónde se quiere llegar, pero difícilmente se puede evaluar el cómo y el cuándo, cuestiones que sólo se pueden ir despejando en la práctica, a través de aproximaciones sucesivas, de aciertos y de fracasos parciales".

Es difícil evaluar la trascendencia de las diferencias ‘tácticas’ en la misma medida en que todas las propuestas adelantan su naturaleza abierta al debate y a las aportaciones. Pero, podríamos concretar en que tanto ELA como Aralar, que son la vertiente moderada del ‘soberanismo’ político-sindical, valoran con mayor concreción el ‘cese de la actividad armada’ de ETA, plantean una cierta gradualidad en la cuestión de la territorialidad, otorgan algún papel subalterno a las instituciones existentes y sugieren ajustar las exigencias tácticas al logro del consenso entre fuerzas políticas y sociales en un nivel que ‘prescinda del Estatuto y sus instituciones’ y que pivote sobre la ‘reclamación soberanista’. Al respecto, dice Aralar que en la fase de búsqueda de consenso hay que excluir a las instituciones ya que éstas están atrapadas "por sus compromisos con la legalidad vigente". Dice ELA por su parte que "lo único que hay que evitar es que se den desplazamientos unilaterales que desnaturalicen el perfil soberanista de la propuesta".

El encaje de estas dos exigencias entre las que se mueve lo ‘táctico’ para ELA y Aralar con los planteamientos de Batasuna no parece difícil. De hecho, respecto a ELA, Batasuna y LAB ya han emitido su opinión. Arnaldo Otegi, aunque de forma ciertamente lacónica, expresó su opinión positiva indicando que "es un documento sobre el que se puede trabajar" (GARA, 6/05/2002). Rafa Díez Usabiaga (DEIA, 6/05/2002), sin embargo, ha sido más explícito y ha ‘calificado muy positivamente’ el documento ya que, en su virtud, ELA "apuesta por un proceso soberanista de hecho y sitúa a Udalbiltza como un instrumento dentro de lo que debe ser una estrategia nacional en el proceso soberanista".

Respecto a Aralar, nadie ha sido tan claro como ETA. En su ‘Zutabe n║ 95’ de mayo de 2002, del cual sobre todo ha transcendido la cuota de crítica que vierte sobre el partido de Zabaleta, ETA confirma que para "defender lo que dicen de palabra", está abierto "todo el espacio" de las estructuras del MLNV. ETA misma, por lo tanto, reconoce lo que por otra parte Zabaleta y su gente siempre han reivindicado. Es decir, que el discurso de Aralar –‘lo que dicen de palabra’- no es ajeno a la ‘izquierda abertzale’. Aralar habla de la ‘primacía de la política’ (Zabaleta, Diario Vasco, 5/04/2002) que, junto con el recurso a lo popular y el programa democrático, es uno de los grandes principios de la concepción maoísta de la ‘guerra popular’. Con la ‘primacía de lo político’ se sobreentiende la existencia de lo otro –lo ‘militar’- sobre lo que lo ‘político’ ejerce su primacía. Con la citada ‘primacia’ se admite la incontrovertible realidad de la violencia ("El marxismo no rechaza de plano ninguna forma de lucha", al decir de Lenin en ‘La guerra de guerrillas’). Y esto es lo que motiva la negativa de Aralar a utilizar el término ‘condena’ –"la trascendencia política de lo que hace ETA necesita un análisis político y muchas veces se pretende confundir con análisis éticos" dice Zabaleta (Diario de Navarra, 8/04/2001). Este discurso no es ajeno para ETA. Lo que pasa es que ETA quiere que los detentadores del mismo –Aralar- hagan lo dicen que quieren hacer desde Batasuna.

TRES SE COMBINAN EN UNO. En consecuencia, es cierto que la coalición electoral del MLNV, la antigua EH, se había escindido en Dos. Y no es menos cierto que de dicha escisión ha surgido Aralar, partido con todavía poca base organizativa pero con creciente notoriedad en los medios públicos, que quiere ser el partido político que represente a los votos (60.000 en las autonómicas, el ‘principal’ del préstamo a Ibarretxe) situados en la corteza de la esfera de la ‘izquierda abertzale’, corteza a la que quiere además atraer a gentes del PNV y EA (los ‘intereses’).

‘Uno se divide en Dos’ es el principio permanente de ‘la contradicción en el seno de todas las cosas’, hilo vertebrador del materialismo dialéctico marxista. En el terreno de la política, las contradicciones en Uno estallan siempre en favor de la constante mejora de las expectativas revolucionarias, de la superación de lo ‘viejo por lo nuevo’. En la política vasca, el viejo Uno (EH) se ha escindido en Dos (Batasuna y Aralar) y este es el innegable aspecto de la confrontación que se inicia. Para Batasuna, el riesgo que corre Aralar es que este viaje termine en ‘la nada’, en una ‘traición’ (EE). Para Aralar, el riesgo que corren Batasuna y ETA es que terminen aislados y despreciados por ‘las masas populares’ por las que dicen luchar. Son riesgos que, en el proceso que se inicia, han decidido correr. Ambos ha decidido dan rienda suelta a sus diferencias para que salga triunfante lo que les une: el socialismo.

┐Cómo? El axioma maoísta ‘Tres se combinan en Uno’ es útil para explicarlo. La división facilita el inicio de tres líneas de acción para desarrollar una política que es común en lo estratégico. La primera línea de acción la protagoniza Batasuna (LAB) que dirige un discurso y una acción política concreta a su segmento de sociedad, fiel a la trayectoria del ‘acontecimiento fundador’ ETA. La segunda la protagoniza Aralar (ELA), cuyo destinatario es otro sector de la sociedad, distante y sordo a las consignas de Batasuna y hastiado de las acciones de ETA. La tercera línea de trabajo es aquella que se concluye de la actividad mancomunada, que se concreta en el desarrollo práctico de los puntos de convergencia que hemos descubierto en apartados anteriores, y que en ocasiones exigirá una gestión en común no exenta de tensiones entre Batasuna (LAB) y Aralar (ELA).

ÁMBITOS DE ACCIÓN EN COMÚN. Sin descartar la reedición de la unidad sindical ELA-LAB o el inicio de una ‘alianza de partidos soberanistas’, una acción común de este estilo puede desarrollarse sobre todo a través de ‘ámbitos de confluencia’ que se impulsarán a nivel social y de ‘masas populares’. Tanto Aralar como ELA denominan ‘socialización’ a esta labor que Batasuna desarrolla mucho más en su propuesta, en la que se llega a comprometer "en la activación de fuerzas sociales, la movilización y lucha populares". Batasuna precisa, en esta misma línea, que esta activación de fuerzas sociales "para realizar el cambio debe corresponder a los sectores populares, de izquierda y abertzales".

Las diferencias entre las fuerzas políticas, las incompatibilidades entre política y violencia, los desajustes entre discursos partidistas podrían encontrar su ‘espacio de tregua’ o superación en el ámbito de estos movimientos sociales. La disputa entre ‘soberanismo armado’ y ‘soberanismo no armado’ se transformaría, en los nuevos estamentos sociales, en un debate superado por la propia acción práctica a favor del ‘soberanismo revolucionario’, que al sacar la cuestión de la ‘olla a presión’ política se podría desentender de cuestionar, siquiera políticamente, la propia existencia de ETA.

Los partidos (Aralar y Batasuna) y los sindicatos (ELA y LAB) podrían seguir discutiendo y diferenciándose sobre su actitud ante la ‘lucha armada’ e incidir además en la cuestión del ‘reconocimiento político de la autodeterminación’ en la dirección que describimos en el artículo ‘la batalla de la paz’ (GoizArgi n║ 22), mientras "una alianza amplia de sectores populares de izquierda y abertzales son el motor del cambio e interlocutor adecuado ante la sociedad vasca en su conjunto" (propuesta soberanista de Batasuna). En realidad, no sería posible ‘un cambio político real si no existe presión social que obligue a ello’ (Mario Zubiaga dixit). A estos grupos les correspondería, por lo tanto, preparar el humus social y político necesario, abonar el contexto de tensión y presión social suficientes para proveer condiciones adecuadas para el ejercicio de los ‘dos pasos adelante’ que impulsarían el proceso revolucionario vasco.

EN CONCLUSIÓN. El debate ‘soberanista’ ha perdido ‘punch’ ante la opinión pública vasca. Pero, ello no significa que no exista. Las operaciones policiales contra Batasuna y la iniciativa legislativa que persigue su ilegalización son puntos de interés mediático que han minimizado el interés por estos movimientos que la sociedad vasca debe conocer, ya que afectan a su futuro. La división en el seno del MLNV se vende como una confrontación entre ‘halcones’ y ‘palomas’ que no refleja la verdadera dimensión de lo que está ocurriendo allí dentro.

Nosotros, por nuestra parte, queremos una sociedad vasca consciente de lo que se juega, informada de lo que se prepara para ella y dispuesta a luchar por sus intereses más sustantivos (identidad, riqueza y convivencia) más que una sociedad ‘avestruz’ que se muestre dispuesta a ilegalizar, segregar u ocultar lo que teme. En realidad, conocer a nuestros enemigos e identificarlos en lo cotidiano es la mejor de las maneras de combatirlos. Esta es una más de nuestras aportaciones a esa tarea.

Por todo ello, no es estéril que se retengan las conclusiones a las que nos lleva este artículo:

  • Para el MLNV, ‘soberanía’ es liderar y articular ‘recursos gestionados sin interferencias y en beneficio de una mayoría social progresista y socialista’.
  • Esa ‘victoria de las fuerzas populares vascas’ pasa por ‘inutilizar el actual marco autonómico’ barriendo todo espacio intermedio posible entre ‘autonomía y soberanía’.
  • La ‘debilidad’ del enemigo estatal (entendido como instituciones, sistema y sociedad en su sentido más extenso) propicia una oportunidad para defender una estrategia de ‘soberanismo rupturista’.
  • Asumir el ‘conflicto antagónico entre soberanismos’ es un mecanismo de eficacia revolucionaria.
  • Tanto Batasuna y LAB como Aralar y ELA coinciden en lo esencial de las propuestas ‘soberanistas’ arriba definidas, en limitar sus diferencias al terreno de lo ‘táctico’ y en apostar por la reedición de una ‘plataforma’ estilo Lizarra.
  • La ‘división’ aparente entre las diferentes propuestas facilita una mayor efectividad de la unidad en la acción política, al favorecerse la aplicación de la regla maoísta ‘Tres se combinan en Uno’ a través de la escisión entre Batasuna y Aralar y la confluencia práctica de ambos.

Joxan Beloki

Notas:

(1) Sobre ella, remitimos al lector a los mucho más trabajados e interesantes artículos de Kepa Bilbao Gaubeka, publicados en los GoizArgi n║ 16 y 20. En el presente artículo, por el contrario, sólo nos interesa la utilidad estratégica del ┤soberanismo┤ para la izquierda vasca.

(2) ‘Hacia una consulta popular soberanista’. Documentos Manu Robles Arangiz Institutua, n║ 4, marzo 2002. Este documento de Zubiaga (miembro de la ponencia ‘Piztu’ de Batasuna) es una de las aportaciones esenciales que ha utilizado ELA para sus ‘Apuntes para un proceso soberanista’ de abril de 2002.

(3) Carta de F. Engels a A. Bebel, 20 de junio de 1873.

(4) Iñaki Gil de San Vicente, ‘Balance del 13-M’, 16 de mayo de 2001.

(5) Iñaki Gil de San Vicente, alusión a su trabajo ‘Independencia, socialismo y juventud’ referida en el Servicio analítico-informativo de la RED VASCA ROJA de fecha 23 de mayo de 2002.

(6) No hay que perder de vista que el comunicado de ETA pertenece a la época en que la tregua ‘indefinida’ estaba plenamente vigente. Dice ETA : "La legitimidad del derecho a la defensa de los ciudadanos es un concepto y una práctica que no hay nunca que perder de vista"

(7) Documentos de Manu Robles Arangiz Institutua, n║ 4 –marzo 2002.