Artxibo rtf
(23 - 2002ko Ekaina)

Tres libros sobre el MLNV

ETA contra el Estado, las estrategias del terrorismo,
Ignacio Sánchez-Cuenca, Tusquets, Barcelona, 2001.

El Movimiento de Liberación Nacional Vasco, una religión de sustitución
Izaskun Sáez de la Fuente Aldama, Descleé De Brouwer, Bilbao, 2002.

Dentro de ETA, la vida diaria de los terroristas
Florencio Domínguez, Aguilar, Madrid, 2002.

La primacía de lo político-estratégico

A medida que el tiempo avanza y que los estudios menudean existe un alejamiento, fatal para mí gusto, de lo que es una historiografía "política" sobre el tema. Y como "política" entiendo la perspectiva que contempla conscientemente un movimiento y una organización armada actuantes, que condicionan nuestro medio y nuestras opiniones, y que, por tanto, exigen en su análisis un esfuerzo más allá de lo académico; la reflexión política es necesaria no en tanto toma de partido por un proyecto u otro, sino como perspectiva global de cómo el MLNV y ETA influyen en los actores políticos vascos y españoles. Entonces se conseguiría, a mi entender, una visión más equilibrada del asunto. ETA y el MLNV son actores presentes durante los últimos 30 años. La realidad de ETA y del MLNV se encuentra pululando en un paisaje cotidiano que no hay que descuidar. En función de la aplicación de una estrategia y de un determinado modelo de actuación sociopolítico por parte del MLNV en ese tiempo ininterrumpido parecería obvia la existencia de una serie de cuestiones que ya no habría que debatir. Eso, desgraciadamente, no es así.

Los libros de Florencio Domínguez y de Izaskun Sáez de la Fuente plantean claramente esta paradoja: el primero de ellos se centra en la vida interna de la organización armada y nos muestra una realidad donde ETA no es la máquina de precisión que podemos suponer, sino una organización chapucera, donde sus miembros son profundamente infelices e incluso les dan ataques de locura. Con ser verdaderos los casos que expone y habiendo datos muy interesantes que salen por primera vez a la luz (como la connivencia entre ETA y el servicio secreto sandinista, así como otras conexiones internacionales, como la cubana) la impresión es rematadamente falsa, ya que analizar a ETA independientemente de la acción política que genera el conjunto del MLNV es minimizar y caricaturizar su influencia real. No se nos explica las razones de por qué una organización tan humanamente falible es capaz de persistir durante tanto tiempo y es capaz de condicionar la política vasca y la española de una manera tan clara. El hecho de que en 1992 ETA pierde no sólo su cúpula sino sus mandos de recambio y el que sea KAS (la dirección política del MLNV) la que reconstruya la maltrecha organización armada no le dice nada al autor, aunque narre el suceso. Tampoco incide en la voluntad del MLNV en crear, desde la sociedad civil, ámbitos sociales para la inserción gradual de militantes juveniles en una organización armada que a principios de los 90 tenía problemas evidentes de reclutamiento. Este intento, además, tiene éxito y presupone el acceso de toda una nueva generación de jóvenes dentro del entramado de los organismos violentos del MLNV, constituyéndose en realidad social inequívoca. La conexión política entre ETA y el conjunto del MLNV mediante una dirección oculta pero monolítica es la clave de la fuerza de ETA y de su capacidad de regeneración frente a los golpes policiales y frente a sus propios fallos. Dice el autor en su epílogo: "hemos ignorado con demasiada frecuencia que ETA está formada por individuos tan corrientes y vulgares como los que no formamos parte de esa organización, si no más. Pensamos que la actividad terrorista requiere complejas cualificaciones o grandes redes de apoyo y no nos damos cuenta de que si se tiene la voluntad de matar es tan sencillo que hasta los miembros de ETA son capaces de hacerlo". Este tipo de triunfalismo jactancioso resulta nefasto: "la voluntad de matar" en un contexto como el de occidente, donde las desigualdades sociales y los agravios nacionales no generan de una forma necesaria una respuesta violenta, representa un desarrollo de las formas de conciencia y manipulación ideológica por parte del conjunto del MLNV que, evidentemente, el libro de Florencio Domínguez ni siquiera llega a rozar. ¡el problema es que no nos hemos dado cuenta que nos hayamos ante una organización armada ineficiente y chapucera! ¡es que matan porque son idiotas! Si ese es el balance que hay que hacer acerca de los 30 años de acción político-militar del MLNV está claro que nos encontramos muy cerca de la sicomagia de Jodorovsky: imaginemos las cosas de otra manera y cambiarán por sí mismas. Desgraciadamente este no es el caso.

El libro de Florencio Domínguez, sin embargo, tiene la virtud de traernos ante los ojos el día a día de la organización armada. Más allá de toda épica, igual que la propia autobiografía del ex militante de ETA Soares Gamboa, la realidad emergente es absolutamente deplorable. El autor nos describe, a un nivel de funcionamiento interno, "una organización como ETA, donde lo individual es una excentricidad y en la que prima la supeditación a la voluntad del colectivo establecida por la cúpula dirigente". Es la perspectiva clásica del colectivo revolucionario donde el militante es siempre un soldado del partido –y esta perspectiva también se aplica a organizaciones no militares del MLNV, por ejemplo la organización juvenil Jarrai/Haika/Segi, donde el modelo de militancia es análogo. Los dramas humanos derivados de ello son múltiples: los militantes armados, abandonados casi a su suerte en alguna localidad francesa, que deben vivir fuera de la ley y fuera del apoyo de su propia organización, son el producto sangrante de esa vida clandestina. La locura, en esas circunstancias, no es inusual. Y todo ello está adobado con textos personales de múltiples miembros de ETA. Por otro lado: Florencio Domínguez refuta la perspectiva de una organización al albur de sus miembros más activos: la disciplina es la virtud fundamental –como se ve claramente con el caso de Urrusolo Sistiaga. No hay lugar para el mesianismo ni para el personalismo dentro del cosmos burocrático de ETA –parte, como no, del más amplio cosmos burocrático del MLNV. Finalmente, la descripción del mecanismo de crítica y autocrítica, asimilación lineal de las formas de comunicación interna derivadas de los más clásicos Partidos Comunistas, nos da cuenta de la sofisticación del control que ejerce la organización sobre sus militantes, obligados a dar cuenta de sus actos y emplazados a "autocriticarse" cuando la crítica alcanza a la cúpula.

El libro de Izaskun Sáez de la Fuente parte de otro tipo de enfoque: para la socióloga vizcaína el hecho sustantivo del MLNV es su universo simbólico: la ikurriña, el euskera, la alusión a una nación vasca y a una historia inexistente, todos estos factores son los que determinan la naturaleza del movimiento. Se trata al MLNV en términos de continuidad con el nacionalismo vasco del PNV. Es una pena que la autora pase de largo por los escritos de la propia organización armada, donde la ruptura con el PNV en sus tres ámbitos fundamentales (en el de respeto de la legalidad –el Gobierno Vasco-, la adhesión a un modelo de democracia occidental y la asunción de los principios cristianos y humanistas respecto al valor de la persona) queda meridianamente clara, por ejemplo en las conclusiones de la organización en su V Asamblea (1966-7). Los esfuerzos para tratar de explicar la coexistencia entre una ideología revolucionaria marxista-leninista y una ideología nacionalista dentro del MLNV es uno de los aspectos más llamativos del libro. La autora afirma que la autodisolución de HASI, partido de KAS, en 1992, "tiene lugar en el momento en que se erosionan gravemente los principios marxistas que habían inspirado, en un sentido amplio, su creación e inserción dentro del movimiento". Y para demostrarlo nos trae esta cita: "[el marxismo], plenamente vigente para ayudarnos a comprender la naturaleza de las diferentes contradicciones que recorren a nuestro pueblo, precisa no ser interpretado en clave lineal (...) y estar abierto a innovaciones de muy diversa índole (...) la eliminación de etiquetas, adjetivos y calificativos (...) son ejemplos significativos de este enriquecimiento teórico". La socióloga vizcaína interpreta la remodelación y readecuación del marxismo a un mundo post-socialismo real como una dejación de principios, en contradicción flagrante con su propia cita. No es este el único ejemplo de desajuste palmario entre explicación del fenómeno y de ilustración de la explicación con una cita que afirma, exactamente, lo contrario. Cuando Izaskun Sáez nos da cuenta de que, tras la caída de los regímenes del Este, "la nueva coyuntura exige cierta readecuación", afirma que, en esas circunstancias, "KAS se reivindica anticapitalista y socialista, pero en un sentido tercermundista y no marxista-leninista, aferrándose para ello a los principios del nacionalismo revolucionario". Digamos, primero, que, unas cuantas páginas antes, la autora refiere que en 1975, ETA "rompe definitivamente con el esquema tercermundista de tintes maoístas" (énfasis mío). En segundo lugar, el "nacionalismo revolucionario" es una construcción ideológica derivada de Mao Zedong (como así lo han afirmado siempre teóricos del movimiento, como Federico Krutwig y Francisco Letamendia), por tanto resulta crasamente erróneo afirmar la contraposición entre "nacionalismo revolucionario" y "marxismo-leninismo", binomio que está bien atado en los textos oficiales de ETA, por ejemplo en la Carta de los Presos de Burgos (1972); Mao Zedong, evidentemente, a pesar de que inventa y aplica el nacionalismo revolucionario, no renuncia al marxismo-leninismo sino que el nacionalismo revolucionario es la aplicación de la línea nacional de aquel. En tercer lugar, la cita de KAS, que sirve de fundamentación para la socióloga, dice: "nos encontramos abocados a escoger entre el comunismo y el caos", tras hacer un elogio de las fuentes de enseñanza venidas de Argelia, Vietnam y Cuba, contraponiéndolas al comunismo de la Unión Soviética. ¿Un comunismo que no es marxista-leninista? ¿Cuba y Vietnam no son regímenes marxista-leninistas? Las explicaciones de Izaskun Sáez se acercan peligrosamente a la cuadratura del círculo en este caso y en la posterior explicación de los desarrollos ideológicos del colectivo J. Agirre, donde este grupo explica, desde el punto de vista del MLNV, la adaptación de la ideología revolucionaria a las nuevas circunstancias: donde estos afirman readecuación la socióloga lee renuncia. Con ese cacao mental, con ese fundamento tan mal dispuesto, toda teorización acerca de universos simbólicos y comunidades de creyentes se difumina en una reflexión sobre el vacío o, lo que es peor, se centra sobre la cáscara engañosa, sobre el celofán nacional, del que el movimiento se auto inviste para seguir aplicando la práctica de la guerra popular y prolongada del viejo Mao.

Sería injusto dejar de señalar uno de los aspectos más positivos de este libro: el análisis sociológico pormenorizado acerca de la evolución de la base social del MLNV en relación con las bases sociales de otros partidos. Aquí se ve claramente el rechazo del electorado del MLNV a toda confesionalidad cristiana, en tanto que la secularización que ha afectado a nuestro pueblo encuentra en el MLNV su punto culminante –y en tanto a que la sociología del MLNV es análoga a la de cualquier grupo de extrema izquierda. Así como la distancia, cada vez mayor, entre las características de este movimiento y la base social correspondiente al nacionalismo (PNV y EA). Es una pena que la autora utilice esas evidencias para construir una teoría acerca de la transferencia del hecho religioso a una especie de religión nacional, que sería la base de la ideología del MLNV. La ideología del MLNV no está constituida únicamente por su universo simbólico (donde también entran Che Guevara y toda la parafernalia mítica de los revolucionarios del siglo XX) sino, fundamentalmente, por su estrategia y por sus formas de organización, que son las que crean comportamientos, hábitos y pautas. En este sentido, el MLNV es un "movimiento de liberación nacional", es decir, es el reflejo vasco de una estructura y una forma de organización político-militar convencional, que adaptan sin distinción también otros movimientos, ya que todos ellos son adaptaciones locales de formas ideológicas y organizativas internacionales. ¿Qué tiene que ver el MLNV con otros "movimientos de liberación nacional"? Esta es la primera pregunta a responder: si el MLNV es producto exclusivo de Euskadi o se corresponde con una determinada eclosión de movimientos a lo largo de todo el mundo.

La racionalidad del MLNV

El libro de Ignacio Sánchez Cuenca tiene una virtud muy positiva: parte de la admisión de una racionalidad dentro de ETA. Como puede deducirse de los párrafos anteriores, esta admisión es ya un paso muy importante de cara a superar perspectivas reduccionistas (la de Florencio Domínguez) o explicaciones ideológicas derivadas del color de los carteles electorales, del olor de las consignas y de los happenings políticos (la de Izaskun Sáez de la Fuente). De esta manera, también, se admite, al fin, que ETA es una organización armada y como tal debe de disponer de algún tipo de pensamiento estratégico, algún vislumbre de para qué mata. ETA no puede ser exclusivamente una empresa eternamente ruinosa o el puro ritual de la exaltación de los ancestros con ocasionales sacrificios de sangre.

La admisión que hace Sánchez-Cuenca acerca de dicha racionalidad no deja de ser peculiar: "En este trabajo, la idea de racionalidad que manejo es muy poco exigente: consiste únicamente en actuar de forma coherente con el orden de objetivos o preferencias que uno tiene". Se trata, evidentemente, en el caso de ETA, de una racionalidad política en torno a una serie de objetivos políticos. Si, desde mi perspectiva personal, tal idea de racionalidad se queda corta ante un fenómeno tan complejo y enrevesado como el del MLNV, donde el contenido ideológico tiene un peso fundamental, sirve, al menos, para insuflar un adarme de sentido común frente a la multiplicidad de teorías que engordan de forma inútil los estudios sobre el tema. Veamos como.

Tres son las teorías que nuestro autor distingue como paradigmáticas en el rechazo de la admisión de que existe una racionalidad política en las acciones de ETA: 1) La teoría de la inercia de la violencia; 2) La teoría del sustrato antropológico de la violencia; 3) La teoría de la naturaleza mafiosa del MLNV.

La teoría de la inercia de la violencia. Esta teoría la defienden algunos ex miembros de ETA así como otros investigadores. Afirma, por ejemplo, Mario Onaindia: "No estamos, pues, ante una organización con una ideología más o menos clara que le lleve a perseguir unos objetivos con unos medios adecuados". Y en consecuencia Kepa Aulestia plantea que "aun si aceptásemos que la actividad de ETA respondió en algún momento de su historia a la búsqueda de objetivos políticos, y a determinados planteamientos estratégicos, habría que reconocer que desde hace mucho tiempo dejó de funcionar así, y hoy ETA está cautiva de su propia existencia". También dice Florencio Domínguez "que el mantenimiento del grupo y el ejercicio de la violencia se han convertido en objetivos principales de ETA, por encima de los fines políticos alegados". Hipótesis sostenida también por Fernando Reinares ("el objetivo de la propia supervivencia tiende a prevalecer sobre otros fines de índole programática"), y por el propio Francisco Letamendia, en su segunda etapa historiográfica. Esta es la teoría del "circuito sin interruptor", por la cual, tras una etapa en la que ETA actuaba por motivaciones políticas, estas, al final, quedan en un segundo plano frente a la acción violenta.

Esta visión daría lugar primeramente a una perspectiva sicopatológica de la acción de ETA, como lo expone el propio Sánchez-Cuenca: "Los atentados, ahora, serían solamente manifestaciones o expresiones de una conducta patológica". Frente a lo que afirma con justeza que "si ETA fuera simplemente un refugio de psicópatas, sus miembros seguirían matando aun estando fuera de la organización".

Por ello, tras mostrar que algunos de los citados autores partidarios de la teoría de la inercia plantean puntualmente objetivos políticos que ETA quiere cumplir con la comisión de determinados atentados, Sánchez-Cuenca afirma que "Sencillamente, no es cierto que lo único que importa a los terroristas sea garantizar la supervivencia de su organización" . Y desarrolla:

"La organización sólo puede sobrevivir si busca algo más que su mera supervivencia. El objetivo del mantenimiento de la organización no es suficiente para que ésta se mantenga. Una organización cuyos miembros están convencidos de que hagan lo que hagan sus objetivos nunca se llevarán a la práctica no puede sobrevivir mucho tiempo, entre otras cosas porque perderá todos los apoyos sociales gracias a los cuales se mantiene".

"...la propia supervivencia de la organización no puede transformarse en el fin principal. En este caso, la supervivencia es un subproducto, ya que si se persigue deliberadamente deja de ser factible".

"ETA sólo puede reproducirse si conserva la esperanza de ganar su peculiar batalla política".

"El reconocimiento de que el objetivo político es inalcanzable implica el reconocimiento de la derrota. De ahí que si una organización terrorista se reproduce a lo largo del tiempo es porque no reconoce esa imposibilidad en la consecución de sus objetivos".

Concluyendo en referencia, sin duda, a aquellos que estuvieron en ETA o la apoyaron en algún momento y que en la hora de hoy pretenden quitarse toda responsabilidad acerca de la organización donde militaron: "...lo interesante es que aquellos que distinguen entre un periodo en el que ETA estaba legitimada para matar y otro periodo en que ya no es así, están suponiendo necesariamente que hubo un tiempo en que los etarras no eran psicópatas, ni mafiosos, ni pensaban sólo en la supervivencia de sus organización terrorista". Resulta evidente que la partición de la historia de ETA, entre un momento bueno y otro malo para la organización, es un vehículo de absolución para muchos que ahora niegan a su antigua organización la naturaleza política que sigue manteniendo.

La teoría del sustrato antropológico de la violencia. Esta es la teoría por la que diversos investigadores explican la violencia de ETA mediante la alusión a algún tipo de condición esencial inserta en la naturaleza del pueblo vasco o del nacionalismo vasco. Es la teoría del antropólogo Joseba Zulaika de entender "el terrorismo como una forma más de folclor vasco"; "Las ekintzak de ETA son los equivalentes rituales del órdago en el mus" –según este antropólogo. O la teoría de otro antropólogo, Juan Aranzadi, que afirma: "la violencia etarra surge y se desarrolla como un auténtico ritual autoafirmativo de la comunidad vasco-nacionalista". Por tanto, afirma Sánchez-Cuenca; "Siendo los crímenes terroristas un ritual, no pueden entenderse por la eficacia que puedan tener para conseguir el fin político que ETA se marca".

Y, sin embargo, repone nuestro autor: "El componente ritual del terrorismo es completamente genérico: también se puede hablar de las reuniones de los partidos políticos como "rituales", o del "ritual" de la justicia, o del "ritual" navideño de las familias... Se trata de perspectivas que no penetran en el interior del fenómeno terrorista, sobre todo porque el etarra no mata arrastrado por la fuerza "simbólica" del ritual, sino porque cree que la lucha armada es un medio eficaz y legítimo de conseguir la liberación del País Vasco. Aunque esta perspectiva del terrorista nos resulte absurda, sólo tomándola en serio, como un dato esencial del problema, puede llegar a explicarse la acción estratégica de ETA".

Y también: "La instrumentalidad no desaparece por muy delirante que resulte el mundo de preferencias y creencias en el que habita el terrorista". Finalmente: "Hay muy abundante documentación de ETA en la que se discuten diferentes estrategias, sobre el sentido de los atentados, sobre la selección de víctimas, sobre alianzas con fuerzas políticas, sobre la coyuntura política...".

No hay que desdeñar el empeño que pone nuestro autor para desmontar estas teorías. Es muy atractivo tratar un tema como el que nos ocupa desde la perspectiva del pensamiento mágico, donde las acciones del MLNV y sus numerosos actos políticos pueden arrojarse sobre el telón de fondo de conceptos como "ritual", "sacramento", "religión de sustitución", etc. Los fenómenos de trasferencia de lo social (de la religión a la política, por ejemplo) sirven para explicar los cambios de mentalidades y la prolongación de ciertas pautas dentro de ese cambio; pero eso no significa que la ruptura que se da entre el mundo tradicional y el mundo moderno no ocurra efectivamente. Frente a esta perspectiva formalista, exploradora de universos simbólicos que no van más allá del diseño de los carteles y los anagramas, Sánchez-Cuenca tiene la virtud de poner en claro la primacía de lo estratégico-político-militar en lo que se refiere a nuestro tema.

La teoría de la naturaleza mafiosa del MLNV. Según esta teoría, "los etarras matan para ganar dinero. La actividad terrorista, desde este punto de vista, no sería diferente de la actividad mafiosa. Se extorsiona y se mata para garantizar el mantenimiento de ingresos económicos. ETA se disfrazaría con ropajes políticos para que su peculiar "negocio" no decaiga". Todo esto es rebatido dando un mero repaso a los testimonios que tenemos acerca de la vida interna de la organización –y la propia vida del militante que se introduce a la clandestinidad dentro de los comandos de Kale Borroka. Para ello trae a colación lo que aparece claramente en los trabajos de Florencio Domínguez: "el propio Domínguez Iribarren ha constatado en sus investigaciones que los etarras no viven precisamente con demasiados lujos.., algo que confirma también un buen conocedor del mundo etarra como es el juez Baltasar Garzón. Si se trata de vivir desahogadamente ingresar en ETA no es la decisión más razonable".

Tras este desglose de teorías parece claro que las hipótesis que las sustentan obvian el componente político-estratégico de ETA y del MLNV y, por tanto, no sirven para calificar al fenómeno desde su carácter fundamental. En este sentido, el trabajo de Sánchez-Cuenca resulta gratificante, al desbrozar un terreno lleno de hipótesis descabelladas que nos alejan de una comprensión cabal del problema. Sin embargo, hay algunas cuestiones importantes con las cuales no puedo menos que disentir con este autor. Pasemos a verlas.

Una racionalidad más amplia

Uno de los pivotes más importantes de la argumentación de Sánchez-Cuenca es la constatación del mecanismo de Guerra Prolongada y de Desgaste como técnica estratégica. Esta técnica de la lucha armada se encuentra abundantemente documentada en los textos de la organización armada. Pues bien: Sánchez-Cuenca ignora mencionar la paternidad ideológica de tal concepción, que corresponde a Mao Zedong, en su estudio "Sobre la Guerra Popular y Prolongada" (1942). A partir de este teórico revolucionario, a lo largo y ancho de la década de los 60, multitud de grupos armados y de liberación nacional asumen la teoría del "nacionalismo revolucionario" como aplicación de la línea marxista-leninista en un determinado marco nacional y la "guerra popular y prolongada" como técnica de lucha. Frente a los recursos inmensamente superiores de los estados coloniales o los estados-nación europeos contra los que tienen que bregar las organizaciones armadas y los movimientos de liberación, la guerra popular prolongada propone la implicación, por activa o pasiva, de la población en esa lucha y la prolongación de la acción armada como medio de hartar al enemigo, en este caso el estado español. Lo había aplicado también el IRA mediante su estrategia de "sickening the british" (hartando a los británicos) y lo había tratado de aplicar la organización catalana Terra Lliure, como bien constata nuestro autor. Frente a las ideas formalistas e irreales de una "victoria total" sobre el enemigo, esta concepción remarca la lucha como algo ininterrumpido, cuya prolongación marca diversos estadios de avance, con lo cual la "revolución permanente" maoísta puede llevarse a cabo en tanto que los conflictos tengan repuntes de mayor o menor intensidad, pero donde la organización armada y su brazo político, como expresiones del emergente modo de sociedad revolucionario, tengan una capacidad de regeneración y de maniobra permanentes.

La racionalidad que nos propone Sánchez-Cuenca, dentro de este contexto, se limita a la aplicación de la "teoría de juegos", que si bien tiene la virtud de poner en claro la realidad de un enfrentamiento y una interacción entre diferentes actores, constituye una explicación externa al fenómeno del MLNV. La concepción revolucionaria, basada en la igualación entre revolución, política y guerra, derivada de Lenin y de Mao Zedong, con todo un organigrama de estructuración y con toda una serie de pautas estratégicas que han mostrado su efectividad en múltiples ocasiones, es la base de la naturaleza política del MLNV. Dice nuestro autor: "llegado el caso, no hay duda de que ETA renunciaría rápidamente a toda su retórica izquierdista si fuese necesario para conseguir la independencia". Y, sin embargo, es moneda común el pensamiento, entre abertzales, de que las acciones de ETA y el MLNV han perjudicado grandemente el nacionalismo y la causa nacional vasca, en tanto que han propiciado un mecanismo polarizador y de enfrentamiento dentro de la sociedad vasca absolutamente negativo para las reivindicaciones nacionalistas. Por otro lado: treinta años de persistencia del MLNV no han pasado en balde y las pautas de comportamiento, las referencias y los valores de su base política están más alejados que nunca del verdadero nacionalismo. Pongamos el caso que hoy en día los activistas de Jarrai/Haika/Segi se sienten mucho más cercanos a los miembros "extranjeros" (donde se incluyen también españoles) que comparen su ideología revolucionaria y su visión global del enfrentamiento entre capitalismo/comunismo que a los nacionalistas vascos.

De ahí surgen una serie de errores de interpretación. Por ejemplo, cuando Sánchez-Cuenca nos habla de la estrategia de ETA a fines del franquismo afirma: "La insurrección del pueblo vasco obligaría a la metrópoli España a abandonar el territorio ocupado". Esta interpretación viene "corroborada" con una cita de ETA como la siguiente: "Nuestra liberación como clase y como pueblo será posible mediante la insurrección armada del proletariado y del resto del pueblo de Euskadi en una articulación táctica revolucionaria con los otros pueblos que componen el Estado español". Es decir: es tan importante la "insurrección armada del proletariado y del resto del pueblo de Euskadi" como que esta se encuentre en "articulación táctica revolucionaria con los otros pueblos que componen el Estado español". Si subestimamos o ignoramos el componente "internacional" o "global" que tiene la lucha del MLNV en contra del sistema vigente, entonces nos daremos de narices contra la evidencia de que el MLNV combate el sistema en Euskadi y en España y que, por tanto, también ataca al nacionalismo vasco y a sus organismos de gestión política, como, por ejemplo, la Ertzaintza, además de atacar ininterrumpidamente a un grupo social específico, como el de los empresarios, cuya naturaleza étnica "vasca" o su coloración política "nacionalista" no les libra de ser objeto de ataques, atentados, extorsiones, etc.

La interpretación que hace de un hecho político concreto, como el proceso abierto por el pacto de Lizarra-Garazi, se resiente del reduccionismo de su idea de racionalidad. Por ejemplo, cuando afirma que en ese periodo "ETA entra en una nueva fase desde el punto de vista estratégico. Esta nueva fase no se caracteriza tanto por el abandono de los atentados como por el hecho de que ETA asuma la imposibilidad de ganar la guerra de desgaste". La realidad es totalmente contraria: ETA aprovecha el intervalo de tregua para hacer acopio de nuevas armas y de una nueva generación de jóvenes, que acceden por primera vez a la lucha armada desde la experiencia de la lucha callejera. Es más: ETA afirmaba, en uno de sus Zutabes, que la tregua había servido para otorgar mayor incidencia a la lucha armada. Con la tregua la guerra de desgaste no desaparece sino que cambia de forma.

Y cuando afirma: "En cualquier caso, tales acuerdos (los de Lizarra) cobran un sentido que no estaba previsto en la Alternativa Democrática, puesto que se llevan a cabo no como complemento de la lucha armada, sino como consecuencia de que ETA la abandone temporalmente. En el fondo, la tregua es resultado del fracaso de los planteamientos contenidos tanto en la Alternativa KAS como en la Alternativa Democrática". Esto es radicalmente erróneo. El Pacto de Lizarra es la adaptación de las alternativas de programa mínima citadas por nuestro autor a las circunstancias de una alianza política y a una dejación temporal de las acciones armadas. Sánchez-Cuenca subestima constantemente la capacidad de previsión que tienen los dirigentes del MLNV. Estos ya afirmaban, en el año 1994 en el documento Karramarro 1, que "con una nueva tregua confundiremos de nuevo al PNV y a EA y les haremos romper definitivamente las amarras con el Estado". Es decir: la tregua era un instrumento táctico sobre el que se había teorizado desde la ruptura de las conversaciones de Argel en 1988. El problema era que la ruptura de la tregua no cayese exclusivamente sobre ETA y el MLNV sino, principalmente, sobre sus aliados políticos nacionalistas, que cayeron en la trampa vendiendo ese periodo como si fuera un periodo de paz irreversible.

Nuestro autor es demasiado deudor de una perspectiva en la que ETA y el MLNV, desde casi su fundación, se encontrarían en retroceso político constante y, por tanto, todas sus maniobras constituirían nuevas formas de retroceso. Sin embargo, el mismo afirma que el problema del terrorismo se ha convertido en principal objeto de preocupación de la mayoría de los españoles. El MLNV ha pasado al primer plano de la política española y es un elemento que la condiciona de una manera incomparablemente más grande que hace, por ejemplo, una década. El resurgimiento del terrorismo internacional de manos de Al Quaeda y de las Brigadas Rojas, así como la nueva potencia del movimiento anti-globalización son factores muy positivos de cara a la moral de combate del MLNV, que ve que no está sólo, que hay otras fuerzas que se empeñan en la misma lucha en contra del capitalismo mundial y en contra de los capitalismos estatales. En todo caso: Sánchez-Cuenca se ve atrapado en la teoría providencialista por la que ETA se encuentra débil y casi a las puertas de su desaparición hasta el punto de hacer casi causa común con los adalides de que la acción de ETA ya no tiene motivación política: "Por primera vez en su larga historia, ni ella misma sabe muy bien qué pretende conseguir con sus crímenes. En principio, esto es un síntoma de una pronta desaparición. No obstante, sería demasiado arriesgado asegurar que el fin de ETA se producirá en breve".

Sánchez-Cuenca no llega a vislumbrar la jugada última del MLNV en Lizarra: dejar al Gobierno Vasco en precario y con la carga de que las expectativas de paz que habían repartido los nacionalistas se habían quedado en agua de borrajas; es decir, plantear un escenario de tensionamiento máximo, con la posibilidad de que Mayor Oreja llegara a la lehendakaritza y, por tanto, con el escenario real del máximo enfrentamiento anti-institucional. Mientras, la organización armada se había aprovisionado de nuevas armas y de nuevos militantes. La guerra prolongada y de desgaste, simplemente, había cambiado de forma y había emergido de nuevo con todo su vigor.

Todo esto ensombrece las virtudes del libro de Sánchez-Cuenca que, por lo menos, cumple la misión de marcar un nuevo giro al debate acerca de la naturaleza y la estrategia del MLNV, acercándolo a bases más reales.

Imanol Lizarralde