Artxibo rtf
(21 - 2002ko Otsaila)

LA BATALLA DE LA PAZ

-la propuesta de Batasuna-

La propuesta de paz de Batasuna parece que ha obtenido, de inicio, un impacto relativo. El producto no aporta muchas novedades sobre lo ya conocido –‘la montaña parió un ratón’, ha señalado muy gráficamente José Luis Zubizarreta-, aunque llaman la atención las expectativas creadas en determinados líderes y medios políticos vascos que se han apresurado en identificar ‘avances’ o ‘progresos’ en la iniciativa.

"DESPROYECTIZAR".

No podemos negar que Batasuna ha extraído importantes consecuencias de su derrota electoral en el 13-Mayo. Hasta esta fecha, su propuesta estratégica propugnaba la confluencia de diversos sindicatos, asociaciones y partidos políticos para definir y poner en marcha una ‘zona liberada’, con instituciones en clave de ‘contrapoder político’, superpuestas y enfrentadas al actual marco democrático. Eran tiempos de una ‘ofensiva’ que debía llevar a alumbrar ‘un cuerpo institucional’ que tomara en sus manos la responsabilidad de sostener, desde una perspectiva de conjunto, la ‘línea de frente’ que combate al Estado. En este contexto, la propuesta estratégica –heredera del espíritu de los acuerdos del verano de 1998- tenía como destinatarios a PNV, EA y ELA. Ante el rechazo de aquellos partidos a sumarse a un planteamiento de ruptura con la legitimidad de las instituciones vigentes, el MLNV se reivindicaba capaz de materializarla en solitario, aunque amenazara con el recrudecimiento de la confrontación en todos los órdenes y contra todos sus enemigos, incluyendo de nuevo entre estos a los partidos nacionalistas.

Esta última cuestión es fundamental para entender las pautas que sigue la autocrítica realizada por Batasuna y el repliegue ‘táctico’ que supone la ‘propuesta de paz’ que han presentado en sociedad el pasado 26 de enero de 2002. En sucesivas declaraciones realizadas a los medios de comunicación, Arnaldo Otegi ha ido anticipando los puntos fundamentales de esa autocrítica. Así, el dirigente de Batasuna cree que el 13-M ha demostrado cuánto ha calado socialmente la presión de los que hacen "culpable a EH de la confrontación armada" (mayo de 2001), aunque ello no obsta para que señale que, en los últimos dos años y medio, el MLNV "haya abandonado en cierta medida la lucha por la paz y la salida democrática" (julio de 2001) y para que considere "que ese es un grave error, porque la paz siempre ha sido una bandera de la izquierda" (julio de 2001). Recuperar la bandera arrebatada es, pues, la razón aparente que lleva a Batasuna a presentar a todas las fuerzas del país una ‘propuesta de paz’.

En la misma entrevista de julio de 2001, Arnaldo Otegi avanza los trazos esenciales del contenido de esa propuesta cuyo objetivo es recuperar para el MLNV la iniciativa en términos de ‘paz’. Dice el dirigente de Batasuna que "planeamos que hay que desproyectizar la salida democrática y hacia la paz" ya que "en este país, la lucha muchas veces en solitario de la izquierda abertzale a favor de derechos democráticos, y no de su proyecto político, ha hecho percibir que planteamos la salida en términos de aceptación de nuestro propio proyecto político". Pero, si el problema es sólo la percepción, siendo esta percepción falsa y fruto de la confusión creada por la soledad política en la que el MLNV se ha encontrado al defender derechos, ¿qué significado real tiene ese palabro que, al parecer, define la clave de bóveda de la propuesta de paz de Batasuna?; sí sólo se trata de contrarrestar percepciones o imágenes erróneas, ¿qué alcance tiene el verbo ‘desproyectizar’ más allá de lo superficial, de lo que pueda entenderse como simple lavado de cara?, ¿qué tipo de ‘avance’ o ‘repliegue’ de fondo comporta la ‘desproyectización’ citada?

A veces nos parece que los artículos, declaraciones, notas y propuestas del MLNV forman parte de un ‘puzzle’ que hay que componer para adquirir una clara comprensión de lo que se pretende decir en realidad. En declaraciones realizadas en las mismas fechas (julio 2001) a otro medio, el miembro de la Mesa Nacional de Batasuna, Fernando Barrena precisa un poco más el sentido que tiene la dichosa palabreja: "decimos que la resolución democrática del conflicto hay que desproyectizarla, aunque no se puede hablar de paz desde la asepsia o desde el planteamiento de que no se practique ninguna violencia. Tan difícil es hablar de paz sin justicia social como hablar de distensión o de paz sin derechos". En definitiva, que ‘desproyectizar’ significaría aparentar cambio donde no lo hay tanto. Significaría, en primer lugar, retomar la ‘bandera de la paz’ en aquellos mismos términos con los que ETA elaboró el pliego de imputaciones a los partidos nacionalistas que le llevó a justificar la ‘suspensión técnica’ de la tregua en julio de 1999 y el retorno a las armas en noviembre de 1999, se trataría, pues, de retomar una ‘paz’ diferente y en conflicto con la que defienden los demás a la que se descalifica como "paz aséptica, una presunta paz que mantendría tal cual el viejo status quo, la pax romana, la ‘paz de los cementerios’. En absoluto la paz basada en la justicia y en los derechos democráticos" (ZUTABE nº 85). ‘Desproyectizar’ querría significar, en segundo lugar, que Batasuna pueda ‘hablar de paz’ con toda tranquilidad, sin que por ello tenga que exigir ‘que no se practique ninguna violencia’ y sin ese exigente e incordiante apremio a que la condene. Para este dirigente, solicitar que ‘cese la violencia’ o que Batasuna condene a ETA es encerrar la ‘propuesta de paz’ en un proyecto político. Las consecuencias de lo que Barrena propone van, además, más lejos. ‘No se puede hablar de paz’, nos exhorta, desde un posicionamiento de rechazo a la violencia. En conclusión, sólo podrían hablar de ‘paz’ genuinamente quienes la arruinan, quienes arrebatan al pueblo vasco, a sus gentes, diariamente ese "bien escaso en su historia", tal y como es calificada en propio preámbulo de la Propuesta de Batasuna.

NUEVAS PRIORIDADES EN EL CONFLICTO.

Con estos antecedentes, no podríamos esperar gran cosa del anunciado ‘parto de los montes’ en lo que a satisfacción de las esperanzas de cese de la violencia de ETA se refiere. Cuando Batasuna habla de ‘paz’ no significa que da la espalda a la violencia o al terror de ETA. Quien quiera ver en este hecho una RENUNCIA, aunque sea a plazo diferido, de los revolucionarios vascos al uso de la violencia o de cualquiera otro medio ilegítimo volverá a equivocarse. Tras el 13-M, en este tema no hay variaciones sustanciales en el posicionamiento estratégico del MLNV y de sus grupos. Dicho esto, debemos constatar que el cambio sólo se produce con relación al nuevo escenario que ha quedado configurado a consecuencia de las elecciones. Es un hecho que el MLNV se recoloca forzado por ‘el análisis concreto de las circunstancias concretas’ en que se desenvuelve hoy la lucha de clases en Euskadi. ETA, MLNV y Batasuna han percibido que se ha abierto una ‘nueva etapa’ que ha resituado las prioridades del conflicto en una dimensión diferente.

La contradicción principal, la batalla principal, no ha variado de naturaleza para ETA y el MLNV y sigue identificándose con el conflicto entre la Euskal Herria proyectada por ETA y los Estados (incluida en estos la Euskalerria realmente existente). Resituar las prioridades del conflicto significa que el MLNV, con el objetivo de radicalizarlo y recuperar el protagonismo para los revolucionarios vascos, se impone concentrar el principal trabajo de agitación de la estrategia político-militar en un tajo diferente o, en los bélicos términos que utiliza el movimiento, en un frente hasta ahora subsidiario. En consecuencia, lo más importante, lo más ‘novedoso’, de la propuesta de Batasuna es el desplazamiento del foco principal del conflicto y las tareas que conlleva: antes, la prioridad era la creación y puesta en marcha de una trama vasca de contrapoder al margen de lo que dijeran, aceptaran, reconocieran o hicieran los Estados con la determinación de enfrentarse a su reacción; hoy, la prioridad es el combate para obligar a los mismos Estados a "reconocer el derecho de autodeterminación". Antes se quería institucionalizar un ‘territorio liberado’, una especie de zona de exclusión para el Estado. Hoy, se busca el Downing Street vasco. La fase anterior se desarrollaba bajo el slogan ‘construir Euskal Herria sin esperar las decisiones de París o Madrid’; la nueva fase reclama ‘un acuerdo político entre Euskal Herria y los Estados’.

La cada vez más aguda confrontación entre las instituciones vascas y Madrid ha polarizado la política vasca y es, probablemente, uno de los factores de más peso a la hora de que el MLNV haya redefinido, en los términos de negociación Euskal Herria-Estados, el foco principal de antagonismo a desarrollar. Además, por propio interés, el movimiento no podía permanecer ajeno a ese escenario que se vive en el país debido a que amenaza con vaciar ‘a chorro’ el depósito electoral de Batasuna a favor de los gobernantes de Gasteiz.

Indudablemente, corren tiempos difíciles para apostarlo todo a la instalación de edificios de contrapoder en la más absoluta de las soledades. Se aguantará mejor, por supuesto, bajo la marquesina de los que, tomando a ETA como síntoma de un conflicto a resolver más que como una expresión de violencia ilegítima, preparan mesas o conferencias en las que la organización terrorista será finalmente imprescindible. Por añadidura, Batasuna pretende no quedarse al margen, sin sacar provecho, de ese contexto social y político que es favorable a las iniciativas, conferencias y metodologías de ‘resolución de conflictos’ que consideran que sin el MLNV en las mismas no se puede avanzar. En este contexto, lo que Batasuna proponga o haga cobra un indiscutible protagonismo, pero ello le exige que centre su política en una política de ‘paz’ y ‘solución al conflicto’ y, de ahí que el nombre que ha elegido Batasuna para su planteamiento del 26 de enero sea ‘propuesta para una solución democrática del conflicto vasco’ y su subtítulo sea precisamente ‘un escenario de paz en Euskal Herria’.

 

LA PROPUESTA CONCRETA DE BATASUNA.

En coherencia con lo que antecede, la propuesta de Batasuna –que se desarrolla en seis puntos- inicia la lucha por hacerse con la ‘bandera de la paz’ nombrándola tantas veces como puede. En un texto relativamente breve, la palabra ‘paz’ se menciona hasta en 30 ocasiones y casi siempre se pone en relación con las ‘contrapartidas’ que debiera conllevar aquella para que se la pueda distinguir con precisión de la ‘paz aséptica’ del enemigo, que a juicio de ETA sólo pretende mantener inmóvil el ‘statu quo’.

Si Batasuna avanza o se repliega, habrá que decir que sólo lo hace hasta la mal llamada Alternativa Democrática, ni más ni menos. Ese es el punto 0, el origen estratégico de todo lo que ha propuesto y ha hecho el MLNV en los últimos 7 años. Es decir, para adaptarse al nuevo momento político, lejos de plantearse abandonar la cobertura a la violencia o lejos de comprometerse a aceptar las decisiones que han adoptado los vascos como legítimas, Batasuna vuelve a las fuentes de ETA y retrocede en el tiempo hasta abril de 1995, a la reivindicación del atentado contra Aznar, para tomar el pulso político al nuevo escenario sin perder un ápice de ortodoxia.

La Alternativa Democrática de abril de 1995 se planteó en un contexto de gran conmoción por la campaña de violencia y ‘socialización del sufrimiento’ que desencadenaron ETA y los grupos de Kale Borroka al alimón. La alternativa se resume en dos puntos que interactúan, pero que forman un todo dialéctico. El primero de ellos se refiere a una negociación y pacto con el Estado que conlleve el "reconocimiento del derecho de autodeterminación y la unidad territorial". El segundo se remite a lo que "hay que debatir y pactar entre los ciudadanos vascos" con relación al ejercicio de la autodeterminación y la nueva configuración institucional,... Como hemos dicho, ambos puntos conforman un sistema contradictorio, pero complementario, de vasos comunicantes. Es el interés concreto de la lucha el que convierte a uno u otro en prevalente. Cuando se ha desarrollado con fuerza uno de estos aspectos ha perdido relevancia el otro, aunque no haya desaparecido. Por ejemplo, desde verano de 1998, ETA ha tratado de representar aquel segundo aspecto de ‘debate y pacto entre fuerzas vascas’ previsto en la Alternativa Democrática y la consiguiente creación de un ‘sujeto político vasco’ por medio de los acuerdos de Lizarra y los pactos con los partidos nacionalistas vascos (ZUTABE nº 85). La reclamación del ‘reconocimiento de la autodeterminación’ ante el Estado perdió fuerza, aunque no se abandonara, ante la apuesta estratégica del 98.

Hoy, la propuesta denominada ‘Konponbide demokratikorako proposamena no es nueva, es un calco de la primera parte de aquella Alternativa de abril 95. La exigencia a los Estados de ‘reconocimiento de Euskal Herria’ y de su ‘unidad territorial’, la ‘desproyectización’ del derecho de autodeterminación, la ‘amnistía general’, la ‘desmilitarización’ referida a las fuerzas armadas del Estado son cuestiones que se repiten casi en los mismos términos. Ni siquiera es novedosa la apelación a una ‘pluralidad’ de ‘partidos y proyectos’ que la Alternativa de ETA reconoce desde su formulación pero que no se refleja en la aceptación de la pluralidad de comunidades políticas que constituyen lo que hoy es el País Vasco o Euskalerria. La ‘propuesta de paz’ de Batasuna, en el contexto político que vivimos, demuestra el interés de este grupo político en enfriar, sin congelar, el ‘espíritu del 98’ y el segundo punto de la Alternativa Democrática a favor del primer punto y, con un equipaje programático más ligero y menos exigente para su propia periferia, afrontar una confrontación abierta y bilateral, de desgaste, con los Estados –aunque con uno más que con el otro- en busca del ‘reconocimiento’, del Downing Street.

¿SE ABANDONA LA TAREA DE CREAR ‘CONTRAPODER’?

"Bietan Jarrai" simboliza la capacidad del movimiento revolucionario vasco de ocupar todo el espacio político mediante una disposición plena para el combate, utilizando para ello medios incluso contradictorios (legales e ilegales, institucionales y de masas, pacíficos y violentos,...). La Guerra Popular siempre aspira a ser total, abierta en todos los frentes. Que, tras la propuesta de ‘paz’, cobre importancia la lucha ‘por el Acuerdo y el reconocimiento’ con los Estados, no significa que se cierre el tajo en el que la Udalbiltza de Batasuna mantiene una imponente estructura y una actividad intensa y continua, en el que se han organizado movimientos de desobediencia y contrapoder que ya afectan a muchos sectores de la vida pública de los vascos.

El MLNV nunca ha cerrado un frente que sea productivo. Se ralentizarán los pasos, en interés de la nueva línea de trabajo, hacia aquella ‘transición por la vía de los hechos’ que se proponía en la fase vencida, que se materializaba mediante unas elecciones constituyentes y la elección de una Cámara de Representación Territorial y una Asamblea Nacional Constituyente en posición de ruptura con las instituciones vascas legítimas. Pero, al decir de Otegi, "las piezas del puzzle de la izquierda abertzale están bien situadas, lo que hay que hacer es adecuarlas al momento político" (mayo 2001). De la misma manera, la revista ‘ZUTABE’ de ETA, en su número de septiembre de 2001, reivindica la compatibilidad entre "el planteamiento de negociación y la lucha armada de desgaste contra el enemigo" y "la labor de creación de contrapoder que se conoce como ‘construcción nacional’".

De esta forma, bajo la ‘bandera de la paz’, el movimiento revolucionario vasco podrá participar, de pleno derecho y de manera protagonista, en todo aquello que se plantee en el marco de la ‘resolución de conflictos’, mientras sus militantes practican el axioma que postula que "el movimiento popular tiene que generar conflicto" ya que "es en el conflicto, en la lucha, donde crece realmente la conciencia y donde surge la militancia" y mientras sostienen que "el movimiento popular ha de crear y mantener ‘espacios liberados’, en los que el hecho nacional y transformador sea mayoritario, reconocido naturalmente, sin oposición" (Todas las citas son de los Cursillos de Jarrai en Usurbil, 1995). En efecto, ‘espacios liberados’, ‘sin oposición’,..., como parcelas de ‘contrapoder’, de despotismo alternativo, que se extienden por todos los sectores y lugares de Euskalerria.

Es conocido que para Batasuna, los marcos de negociación y de diálogo son "en sí, un espacio de lucha, un frente de confrontación" y no un marco de conciliación o de equilibrio. En definitiva, la ortodoxia del MLNV exige generar conflicto para tomar parte en la solución, a la vez que se encienden más focos de conflicto enfrentados a la autoridad de cualquier marco de resolución. En definitiva, no por ofrecer una ‘propuesta de resolución de conflicto’ se renuncia a jalonar nuevos conflictos o a crear estructuras de contrapoder que radicalicen el enfrentamiento con los Estados en otros ámbitos.

¿HAY CONDICIONES PARA UNA NUEVA TREGUA?

Los resultados del 13-M, la consolidación de la bipolarización Gasteiz-Madrid, la pérdida de credibilidad de ETA entre muchos de los sectores que la apoyaban, la reflexión de Batasuna ante el cambio de escenario, la decisión de este partido de recuperar la ‘bandera de la paz’, la visita a Euskadi de diversas personalidades internacionales en el marco de la Conferencia de Paz de Elkarri, la cadena de éxitos policiales en Francia, la abundante rumorología sobre Asambleas y debates internos en ETA,... ha llevado a que se hable y mucho sobre una nueva tregua que podría declarar la organización socialista revolucionaria de carácter terrorista.

En este contexto, algunos políticos han comenzado a aceptar como dato importante esa posibilidad y empezado a moverse en consecuencia. A pesar de la intervención del consejero de Interior vasco, Javier Balza, que ha advertido muy sensatamente que las conjeturas sobre una hipotética tregua sólo favorecen a la propia ETA, no faltan quienes animan la especulación. Públicamente, todavía pocos. Pero, llama la atención que, de un tiempo a esta parte, se esté promoviendo en importantes medios el retorno a la unidad entre PNV, EA y Batasuna. De este punto de vista, y para desconcierto de una buena parte de las bases de su partido, el exlehendakari Garaikoetxea lo expresaba así no hace mucho en entrevista concedida a Egunkaria, "si superamos nuestras diferencias en la manera de hacer política, estrategia violenta o no violenta, lo normal sería buscar un entendimiento entre todos los abertzales". En el Parlamento Vasco, el portavoz del PNV, José Antonio Rubalkaba, anticipaba asimismo la bienvenida del PNV a una nueva tregua, "aunque fuera una tregua trampa". Más recientemente todavía, Paco LetamendíaOrtzi’ también sugería en el diario DEIA la existencia de "un espacio enorme en el País Vasco para una política de construcción nacional; para lo que todas las fuerzas políticas interesadas en ella deberían remover sin tardanza los obstáculos que impiden de hecho la convergencia".

En este primer escenario se mueven la mayoría de los que apelan a una tregua de ETA. Algunos de ellos creen que el final de la violencia de ETA exigirá la convergencia de los nacionalistas vascos con el MLNV. Esta tesis es tributaria de la que el sacerdote redentorista irlandés Alec Reid, que ha estado recientemente en Euskadi de la mano de Elkarri, formuló para Irlanda. Según recoge el periodista donostiarra Iñigo Gurruchaga, Reid "se declaraba convencido de que los republicanos sólo podían renunciar a la violencia del IRA si el abandono de la violencia estaba acompañado de un reagrupamiento de los nacionalistas del norte y del sur que pudiese ofrecer a los republicanos una nueva fuerza y la esperanza de cumplir sus objetivos mediante la política" (‘El modelo irlandés’). En este sentido, Rafa Díez siempre ha devuelto la misma interrogante en respuesta a quienes propugnan que ‘ETA sobra’: "¿Qué somos capaces de hacer a nivel institucional y social para que los militantes vascos consideren que la lucha armada no es necesaria? ¿Qué nivel de movilizaciones sociales, huelgas generales estaríamos dispuestos a propiciar desde ELA, LAB, HB y el PNV... para reivindicar ese marco democrático mínimo? ¿Qué tipo de comportamiento tendrían que tener los miembros de ELA Ertzaintza en este proceso?". Desde este primer punto de vista, la tregua –si no es puramente ‘táctica’ o a corto plazo, buscando una mejora de imagen o una repercusión electoral positiva- no se podría producir, pues, sin la ‘contrapartida’ de la convergencia de los nacionalistas y afines con las ideas y práctica del MLNV. Pero, tras la pregunta sobre qué somos capaces de ofrecer a ETA para que juzgue innecesario ejercer la violencia contra su propio pueblo, el chantaje a los nacionalistas se hace tan evidente que huelga una mayor valoración.

Cabe, no obstante, otro tipo de tregua, cuyos destinatarios fueran los Estados y que demande un periodo de alivio en el enfrentamiento con los mismos, en línea con la rescatada vía de Downing Street, de exigencia de ‘reconocimiento’. Para ello, ETA suele plantear que este tipo de ‘alto el fuego’ debería ir acompañado "de un nuevo periodo de distensión en el que haya avances consistentes y que realmente supongan pasos cuasi-irreversibles". Y añade, "un paso irreversible hubieran sido los acuerdos de Argel" (Reflexiones de ETA sobre la negociación política, 1991). Muy probablemente, ETA sólo declararía la tregua tras constatar una voluntad de negociación por parte de los Estados, siquiera por parte de uno de ellos. Pero, la resolución del Gobierno de Aznar en infligir una inapelable derrota policial a ETA, la determinación de perseguir a su entorno por todos los rincones del mundo y el hecho de que la correlación de fuerzas en este terreno no sea por ahora favorable a la organización terrorista hace prácticamente imposible que se materialice esta hipótesis.

Es cierto que en los últimos 2 meses no ha habido víctimas mortales. Precisamente, este hecho favorece la especulación. Hace diez años, tras la captura de toda la cúpula etarra en Bidart, era común que ciertos dirigentes políticos hablaran de situaciones de ‘tregua tácita’ para referirse a un periodo amplio en el que no se producían asesinatos de ETA. También hoy, allá donde unos resaltan la incapacidad de los terroristas ante el acoso policial otros hablan de debates internos y de treguas inmediatas. Se sigue mirando a lo que hace y dice ETA. La política vasca, sin embargo, no puede estar a merced de lo que ETA pueda o quiera hacer. Además, ETA siempre ha considerado que la violencia y las treguas son el anverso y el reverso de la misma moneda de cambio. Las ha manejado a su único antojo e interés. De sus treguas no ha venido su derrota. Y para cuando alguno de sus sectores ha declarado alguna tregua para posteriormente renunciar al ejercicio de la violencia, otros se han hecho con la legitimación de las siglas, con el apoyo de sus aparatos y con la fuerza de sus armas.

Para ETA, conviene no olvidarlo, "toda tregua debe implicar contrapartidas", aunque "no se trata tanto de que las treguas vayan siempre acompañadas de contrapartidas importantes cuanto de que dichas contrapartidas supongan realmente una consolidación y avance" y, por consiguiente, "la tregua, no se agota en contrapartidas, sino que debe ofrecer una auténtica virtualidad a los avances del proceso, tanto en consolidación como a nivel de la capitalización posterior que de ellos haga el MLNV en general, y HB en particular". (Reflexiones de ETA, 1991). Evidentemente, cuando ETA habla de ‘consolidación y avance’ hay que entender exactamente lo contrario que ‘derrota del terrorismo’. La cuestión no es tanto, pues, de sí el listón político –la ‘contrapartida’ puntual- para que ETA declare la tregua se pone alto o no, sino de que el proceso que se abre de manera subsiguiente debe garantizar, al menos, dos cosas: primero, que ETA no renuncia a nada y que no se somete al sistema que pretende destruir, y, segundo, que el MLNV y Batasuna lideran, protagonizan y capitalizan el desarrollo del proceso político sucesivo. Un liderazgo y un protagonismo que, como es obvio, no les vendrían legitimados democráticamente, sino que vendrían a serlo por la capacidad de fuego de la organización terrorista. Un liderazgo y un protagonismo, por ello mismo, que otorgarían utilidad y perpetuarían a ETA en el ejercicio de la violencia. Y un liderazgo y un protagonismo que, con la presencia garante del terrorismo en la sociedad vasca, llevarían gradualmente al MLNV a una hegemonía política que repugna a la mayor parte del país. Ahí es nada.

La ‘tregua’, por lo tanto, siempre es posible. La cuestión a dilucidar habrá de ser, sin embargo, bien otra, tal que sí los compromisos que vayan a acompañarla serán aceptables por la sociedad vasca y sí respetarán las legitimidades democráticas que hoy el país acepta con total naturalidad.

LA BATALLA DE LA PAZ.

Tregua y ‘contrapartidas’, paz y precio, mantienen una relación biunívoca para Batasuna. La ‘batalla de la paz’, la lucha por apropiarse de la bandera de la paz, se librará en adelante entre los que quieren una ‘paz’ que conserve lo que tenemos, que no deteriore más nuestra convivencia, que respete las decisiones que libremente hemos adoptado los vascos y quienes creen que la paz es algo que deberá implantarse aún a ese coste. Pero, mientras se dilucida esa ‘batalla de la paz’, la paz de ETA sólo es el intervalo que media entre sus graves acciones. En fin, una paz etérea y volátil.

Joxan Beloki