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(22 - 2002ko Apirila) La coalición entre EA y PNV ante el 2003 La verdad sea dicha, no acierto a comprender a qué profundas razones se debe el apremio con el que algunos nacionalistas ante las próximas elecciones locales y forales del 2003 desean dar por concluida la coalición electoral entre PNV y EA, cuyo éxito popular rompió en mayo del pasado año todos los pronósticos. De todas formas, quisiera recordar que la coalición nacionalista no ha nacido en mayo de 2001. Hace años que ha estado echando raíces. Los partidos nacionalistas han colaborado en el gobierno de las diversas instituciones vascas con normalidad y de una manera continuada desde 1995. Dicha cooperación se intensificó a partir de las elecciones locales y forales de 1999. Y EA y PNV lo reconocieron así a la hora de materializar el acuerdo por el que se presentaban a las elecciones vascas del 2001 en listas conjuntas. Es indudable que este proceso de colaboración entre los dos partidos nacionalistas (PNV y EA) ha sido uno de los factores ilusionantes y decisivos para el triunfo de los nacionalistas el pasado 13-M. Y la colaboración ha sido posible, más allá de las diferencias que realmente subsisten entre los dos partidos, porque en los últimos años se ha compartido una experiencia, un diagnóstico, responsabilidades y prioridades y, por encima de todo, se ha elaborado un programa de trabajo conjunto que vence, de acuerdo con el mandato popular, en el año 2005. No parece lógico ni oportuno, por lo tanto, que ese eje de colaboración se comience a desmontar a los pocos meses de que el pueblo lo haya ratificado con el mayor respaldo electoral que el nacionalismo haya tenido en la historia. La coalición nacionalista de mayo de 2001, precisamente, se justificó en base a tres importantes razones. En primer lugar, "la positiva experiencia de trabajo" que han desarrollado el PNV y EA en el ámbito de las instituciones en los últimos años. En segundo lugar, la oportunidad de liderar en conjunto "un nuevo escenario de integración a construir entre todos". Y, en tercer lugar, la necesidad de "contribuir de la manera más eficaz a la configuración de mayorías institucionales". Razones, las tres, cuya vigencia es difícilmente discutible. Sin menospreciar la citada trayectoria de colaboración ni el factor de gobernabilidad de las instituciones, la necesidad de cumplir el compromiso político de conducir al país a "un nuevo escenario de integración a construir entre todos" sería razón suficiente para consolidar por sí sóla la actual alianza con la vista puesta en un futuro que, muy probablemente, no se alcanzará en esta legislatura. Si se trata de trabajar por lo que el lehendakari define como "un programa de futuro que no tiene intención de cerrar puertas, sino de abrir caminos", no tiene ningún sentido que los nacionalistas que lo apoyan nos encerremos en nuestras diferencias. De hecho, el mensaje político de Ibarretxe y de la coalición que sostiene su gobierno, que se sustenta en los llamados compromisos ético, democrático y político, ha impregnado ya el nuevo discurso institucional del nacionalismo en su conjunto. Sobre esos cimientos, el compromiso adquirido por EA y PNV es "poner todos los medios necesarios" para construir el nuevo escenario sobre principios de centralidad. Y los medios que se precisan son liderazgo, iniciativa, responsabilidad y trabajo para desarrollar un proyecto común. Si queremos que el eje del proyecto común sea sólido, vertebrador y cuente con un amplio respaldo social, no cabe otra decisión que impulsar con resolución la colaboración estratégica entre nacionalistas a todos los niveles para hacer crecer los ámbitos de trabajo en común, en lo local, en lo territorial y en lo nacional.
El trabajo en común, sin embargo, no significa renunciar al debate o al pluralismo en el seno del nacionalismo. Hoy, en el contexto que vivimos, la sociedad vasca quiere que colaboremos por encima, y no en detrimento, de nuestras diferencias. El impresionante número de votos que la coalición PNV-EA cosechó el 13-M del pasado año es una expresión clara del mandato popular. Y este mandato nos exige fidelidad y nos convoca a la tarea de asegurar la continuidad de la coalición nacionalista como colaboración estratégica amplia y como mensaje compartido. En este sentido, las cuestiones que los nacionalistas en conjunto debiéramos debatir y dilucidar de cara al futuro son aquellas que puedan ayudar a consolidar el mensaje y línea políticas que han resultado triunfantes en el pasado mayo; aquellas que prestigien el liderazgo de las instituciones legítimas de los vascos; aquellas que favorezcan a integrar a la sociedad vasca con estas mismas instituciones; aquellas que secunden fórmulas de seguridad pública y solidaridad activa frente al terrorismo y aquellas todas que contribuyan a la resolución constructiva de los problemas sociales, económicos, culturales y políticos del pueblo al que nos debemos. Ninguna de las cuestiones planteadas es sencilla de enfocar y resolver. Tampoco se puede hacerlo desde un único punto de vista. Todo esto es, sin duda, sujeto de debate. Pero, el debate debe clarificar, debe reducir lo complejo para que las soluciones sean factibles. La complejidad, la diversidad y el pluralismo siempre han existido en el mundo nacionalista. En los últimos años, las diversas opciones del nacionalismo han competido entre ellas por conseguir el apoyo de los votantes. En mayo, no obstante, la experiencia común y el diálogo han facilitado un acercamiento entre esas mismas opciones que la sociedad vasca, como signo que anticipa y define el nuevo tiempo que ya vivimos, ha premiado de una manera evidente. Hemos comprendido que, para afrontar todas los problemas de la agenda política con éxito, se necesita abrirse a los políticamente más cercanos, sin mermar la identidad propia, para hacer más fuerza, para representar mas eficazmente los intereses de la sociedad a la que pertenecemos en un contexto político cada día más atravesado por los múltiples intereses que intervienen constantemente en la opinión pública. Por eso, para muchos votantes nacionalistas, es incomprensible la hipótesis de que no haya coalición entre PNV y EA para las elecciones locales y forales. En el fondo, todos esperan que al final la habrá. Pero, ¿a qué viene entonces esta ceremonia de confusión? Muchas veces se ha dicho que "sólo quién tiene responsabilidad puede actuar irresponsablemente". Pues bien, apelamos a que no incurramos en irresponsabilidad en todo aquello en lo que nos hemos responsabilizado ante nuestro propio pueblo. Joxan Rekondo
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