Artxibo rtf
(16
- 2001ko Ekaina)

¿UN FUTURO INTELIGENTE?

El día 13 de mayo pasado 1.780.336 vascos/as estábamos llamados a las urnas, para elegir nuestros 75 representantes al Parlamento de Gasteiz. De ese número total de ciudadanos/as, hicimos ejercicio del derecho de sufragio activo 1.421.302 ciudadanos/as. Se abstuvo en la votación el 20,17% del censo electoral, con unos índices de participación muy similares en los tres territorios históricos.

Los resultados habidos han dado como gran triunfadora a la coalición EAJ-PNV/EA. Un total de 599.746 votantes, que suponen el 42,73% de los votos emitidos, han otorgado 33 escaños al nacionalismo vasco. Uno de cada tres vascos y, prácticamente, uno de cada dos votantes, han decidido depositar su confianza en el proyecto político liderado por el candidato Juan José Ibarretxe. De las seis legislaturas que hasta la fecha hemos conocido, los mejores resultados que había experimentado esta opción política lo fueron en las elecciones del 26 de febrero de 1984, en las que bajo el liderazgo de Carlos Garaikoetxea, EAJ-PNV tuvo 451.178 votos, que suponían un 42,01% de los votantes y un total de 32 escaños. Se ha incrementado el porcentaje, el número de votos y el número de escaños.

Podemos obtener, por el momento, dos datos objetivos: que nos encontramos ante unas elecciones con el mayor índice de participación de nuestra historia y, en las que el nacionalismo vasco ha obtenido el mejor resultado electoral de esa misma historia: 140.789 votos más que en las elecciones de 25 de octubre de 1998 y 6 escaños adicionales, con un incremento porcentual del 6,03%.

Un tercer dato también objetivo es el descenso electoral de EH, que ha sufrido un claro descalabro, con el menor apoyo social conseguido hasta la fecha por el MLNV, inferior, incluso, al que tuvo en las elecciones del 84, en las que un 14,65% de los votantes decidieron otorgar su confianza a esta opción electoral. En las actuales, EH ha obtenido el 10,17% de los votos, descendiendo un 7,74% respecto de las del 98, lo que ha supuesto una disminución de 81.217 votos y una pérdida de 7 escaños: 142.784 vascos/as se han mantenido fieles a la opción que representaba EH, bajo el liderazgo electoral de Arnaldo Otegi.

En el ámbito de los partidos llamados constitucionalistas, el mejor resultado electoral lo ha obtenido el PP: 323.918 votos, que suponen un 23,08% de los válidamente emitidos, 1 escaño más que en el 98 –hay que tener en cuenta, su acuerdo con UA-, y un incremento de un 1,69% respecto de los apoyos que tuvo en estas últimas elecciones, que se derivan de 56.437 votos más.

El PSE-EE/PSOE pese a tener un incremento del 0,28% de los votos, respecto de los que tuvo en 1998, al ser un incremento relativo menor que el que ha obtenido el nacionalismo vasco y el PP, ha visto disminuir el número de escaños en 1, pasando de 14 a 13, escaño que ha perdido en Bizkaia, indudablemente por la pérdida de hegemonía política que ha experimentado en sus tradicionales feudos de la margen izquierda, en los que la coalición EAJ-PNV/EA ha pasado a ser la primera fuerza política.

Por último EB-IU se ha mantenido en porcentajes similares a los habidos en las elecciones del 98, obteniendo un escaño en Gipuzkoa del que carecía. Si en los anteriores comicios tuvo un 4.65% de los votos válidos emitidos en este territorio, en los habidos el pasado domingo ha alcanzado el 5,22. La satisfacción ha sido doble: por un lado, por la mejora habida en su representación parlamentaria y, por otro, por la imposibilidad que tienen el PP y el PSE-EE/PSOE de poner en tela de juicio la legitimidad del escaño obtenido. A este respecto conviene subrayar que la crítica que hicieron estos dos partidos, en relación a que la Ley 6/2000, de 4 de octubre, por la que se modificaba la Ley 5/1990 de 15 de junio de elecciones al Parlamento Vasco, en el sentido de rebajar del 5 al 3%, el mínimo del total de votos válidos emitidos en la respectiva circunscripción para acceder al reparto de escaños, modificación, que se denunció como un favor político por los grupos políticos gobernantes a EB/IU, ha perdido todo fundamento práctico, dados los resultados que ha obtenido.

Desde el punto de vista de la cohesión política territorial, Bizkaia y Gipúzkoa registran similares porcentajes de voto, con una mayor presencia parlamentaria del PP en la primera en detrimento de EH, que tiene 2 escaños más en la última que los que ha obtenido en la primera. La gran sorpresa ha venido en Araba, en la que EAJ-PNV/EA ha pasado del 28.31% de los votos válidos emitidos al 33,85%, convirtiéndose, también, en la primera fuerza en este Territorio Histórico. El PP ha obtenido, 9 escaños, tantos como el nacionalismo vasco y el 32,71% de los votos.

Finalmente, en lo que hace la referencia a las capitales, Bilbo y Donostia tienen a la coalición vencedora como la primera fuerza política. Únicamente escapa a este panorama general Gasteiz, en la que la primera fuerza es el PP con un 35,27% de los votos, si bien conviene subrayar que EAJ-PNV/EA han pasado del 23,59% al 29,10%, esto es, han experimentado un incremento del 5,51% y el PP, que ostenta la alcaldía de la capital vasca y preside la Diputación Foral, ha tenido un respaldo electoral inferior en un 3,78% al que tuvo en las anteriores elecciones autonómicas. A la luz de estos resultados el candidato popular, probablemente, no mantendría las manifestaciones que hizo en la campaña, poniendo a los alaveses como espejo donde mirarse para el cambio que reclamaba.

A grandes rasgos estos son los principales números de los pasados comicios electorales, en los que, desde una perspectiva técnica, ha resultado de una eficacia y brillantez, saludada por todos, el dispositivo electoral montado por el Gobierno Vasco.

A la vista de los mismos, hay unas conclusiones previas que, creo, que pueden ser generalmente compartidas. Una primera es el alto grado de civismo y compromiso democrático de los vascos que fueron llamados a las urnas, con unos porcentajes de participación político-electoral del todo inhabituales en los países de nuestro entorno socio-cultural y, similares o superiores niveles de desarrollo económico.

La segunda es el refrendo de las instituciones derivadas del Estatuto de Gernika. La principal función que tiene todo proceso electoral, es una función legitimadora, de manera que porcentajes elevados de abstención introducen dudas razonables sobre la confianza del electorado en el sistema. Siguiendo este criterio, el alto grado de participación, mayor que en cualesquiera otras elecciones habidas hasta la fecha, pone de manifiesto que los vascos de las tres provincias que forman la CA de Euskadi, conceden al Parlamento y Gobierno vascos, el papel institucional más importante para el desarrollo de su vida cotidiana, y residencian en la Cámara legislativa vasca, la condición de depositaria de su voluntad política.

En tercer lugar hay que subrayar el descalabro de las opciones frentistas, que se ha acentuado en el caso de aquella opción que se niega a condenar la violencia terrorista. La opción de EH, que obtuvo su mejor resultado electoral con ocasión de la tregua de ETA, ha obtenido el peor con la ruptura de la misma. Con ello no cabe más que una conclusión: el que existe un hartazgo, en el tradicional electorado de EH, respecto del uso de la violencia para la obtención de fines políticos y que se reclama, por ese mismo electorado, el cese de cualquier expresión de violencia, a la vanguardia del MLNV y al resto de las organizaciones pertenecientes al mismo que pudieran practicarla.

Del mismo modo, los llamados partidos constitucionalistas, que se presentaron bajo la consigna común de la libertad constitucional, de tal forma que con su advenimiento al poder, los ciudadanos y cargos públicos, amenazados y extorsionados por ETA, y el vandalismo callejero, iban a contemplar un futuro ausente de toda coacción, han recibido como respuesta el rechazo de la ciudadanía vasca a un opción de gobierno construida bajo una utilización, en muchas ocasiones demagógica, del dolor y el sufrimiento de las víctimas de la violencia, y por una utilización mediática, pública y privada, escandalosamente sectaria, que ha generado una reacción contraria, en una sociedad todavía pequeña, en la que las relaciones personales y el "boca a boca", siguen ejerciendo un papel destacable en la formación de opinión política. En este sentido, se hace obligada por el constitucionalismo español, una revisión del "Acuerdo por las libertades y contra el terrorismo" que formalizaron el PP y el PSOE, que pretendía asociar violencia con autodeterminación, con el objetivo espúreo de criminalizar, legítimas y democráticas aspiraciones del nacionalismo vasco.

El PSE-EE/PSOE se ha visto, además, penalizado por su incapacidad para crear una estrategia propia, por el continuismo que ha tenido respecto de la marcada por el PP, que ha abanderado el liderazgo de "lo español", tal como hizo el partido socialista bajo el liderazgo de Felipe González. El socialismo vasco necesita una reflexión profunda, dirigida a replantear un proyecto político alternativo al del PP, con señas de identidad nuevas y, probablemente, con una profunda renovación de sus cargos directivos.

Los vascos de Bizkaia, Gipuzkoa y Araba lo que han traslado con su voto es que forman una sociedad que no es dicotómica, que no se desenvuelve en una especie de tensión dialéctica, de oposición de contrarios, sino que, desde su condición comunitaria vasca, que tiene al euskera como su principal seña de identidad, es una sociedad plural, dialogante, moderada, abierta, que lo que pretende es la convivencia en libertad, en libertad de sus ciudadanos y en su libertad como pueblo

El rechazo del frentismo político y la aceptación del pluralismo como valor intrínseco a la sociedad vasca, necesariamente llevan a la unidad democrática, en base a unos principios básicos genéricamente compartidos. Construir esta unidad sobre una reproducción mimética del Pacto de Ajuria-Enea sería, en mi modesta opinión, un error, ante la derivación a que llevó el acuerdo, que terminó convirtiéndose en un escenario de condena de las actuaciones terroristas etarras, sin aportar nuevas ideas en orden a la pacificación de Euskalerria. Tres son las claves sobre las que ha de construirse el nuevo acuerdo:

1º) El respeto a la voluntad de los vascos, libre, democrática y pacíficamente manifestada y, el acatamiento de cuantas resoluciones dicten sus instituciones representativas.

2º) La desvinculación entre violencia y autogobierno vasco. En este sentido, ni resulta justificable la paralización del desarrollo y profundización de éste último, hasta tanto cese toda expresión de violencia, como tampoco es aceptable la adopción de estrategias políticas, no compartidas por la mayoría social de nuestro pueblo, en orden a la consecución de un escenario de paz. Ambas opciones suponen condicionar el principio democrático al uso de medios violentos, de raíz antidemocrática, generando una perversión inaceptable para un demócrata.

3º) La rebelión popular vasca frente a cualquier expresión de violencia, singularmente la que atente contra las personas y bienes de cualesquiera ciudadanos, cualquiera que sea su ideología y procedencia. Existe una cierta tendencia, en los países democráticos, de considerar que corresponde, única y exclusivamente, al ejercicio de la función policial la responsabilidad de reprimir toda expresión de violencia. Esta reflexión, que puede ser adecuada para la lucha contra la violencia común, no es eficaz ante estrategias que pretenden subvertir el orden democrático, que requieren de una participación activa de la sociedad civil. Desde esta perspectiva, los partidos nacionalistas, en función de su liderazgo social, tienen el deber de solidarizarse, rebelarse y hacer frente, de manera activa, a cualquier actuación que mediante el ejercicio de la violencia, atente contra cualesquiera sectores sociales, por minoritarios que sean.

Dos últimas reflexiones, para no hacer excesivamente largo este artículo.

El resultado electoral habido cuestiona el Pacto de Lizarra. Si bien los acuerdos de Estella tienen una formalidad democrática, materialmente han servido a la estrategia de confrontación dirigida por ETA. El escenario político, en cuanto a la causa de la libertad, y el apoyo electoral a la opción mayoritaria, ha variado sustancialmente a partir de la rescisión por el nacionalismo vasco, del acuerdo pactado, en base al incumplimiento del pacto firmado, consistente en que "el proceso de negociación y resolución propiamente dicho, que lleva implícitos la voluntad y el compromiso de abordar las causas del conflicto, se realizaría en unas condiciones de ausencia permanente de todas las expresiones de violencia del conflicto". Retrotraernos a tiempos pasados, tal como se reclama por EH, sería absolutamente injustificable y contrario a la voluntad de los votantes de la coalición EAJ-PNV/EA.

El último comentario hace referencia justamente a esta coalición. El proceso electoral habido ha supuesto una apuesta decidida por la unidad de acción del nacionalismo vasco, confirmada por el refrendo de los votos. Las ejecutivas nacionales de ambos partidos tienen, a este respecto, una doble responsabilidad que se proyecta, hacia adentro, en las relaciones interpartidarias y, hacia fuera, entre partidos y gobierno. Respecto de la primera cuestión, ambas ejecutivas tienen el mandato de los electores de consolidar y profundizar, en las formas jurídicas que estimen oportunas, una colaboración, lo más estrecha posible, en aras de la gobernabilidad del país y la causa nacional vasca. Finalmente, en relación con la labor del gobierno, los vascos/as hemos reclamado un gobierno de todos y para todos, por lo que resulta obligado pedir a las ejecutivas de ambos partidos, dadas las experiencias traumáticas habidas en un pasado no tan lejano, una mayor sensibilidad hacia esta cuestión, de manera que el todavía hoy lehendakari en funciones, pueda marcar, con la libertad y autoridad que se derivan de su victoria electoral, las grandes líneas estratégicas, plurales e integradoras, que hayan de orientar el futuro de nuestro pueblo para los próximos años.

La noche electoral, Juan José Ibarretxe, en expresión que ha hecho fortuna, sostuvo que había que administrar las victorias con inteligencia. El tiempo nos dirá el uso que se vaya a hacer de ella.

 

 

Kepa Bilbao Gaubeka

Deusto, 15 de mayo del 2001

 

Pdta.: Al tiempo de escribir estas líneas, escucho con pesar la noticia sobre el atentado terrorista dirigido contra el periodista Gorka Landaburu. Ante esta violación flagrante de la voluntad popular, nuevamente llevada a efecto por ETA, la unidad democrática implicaría la movilización social inmediata, pacífica y democrática, de los ciudadanos de Zarautz en defensa de la integridad física de la persona agredida, dirigida al aislamiento social de aquellos que, desde el autismo político, la cobardía o el mero colaboracionismo, se negasen a la rebelión frente a este nueva expresión antidemocrática de violencia.